Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor
4 de abril de 2010

La homilía de Betania


1.- ¡PERO CUÁNTO ASOMBRO!

Por Javier Leoz

2.- MARÍA MAGDALENA Y JUAN FUERON LOS PRIMEROS EN CREER

Por Gabriel González del Estal

3.- LA ALEGRÍA DE PASCUA: CONVIVENCIA CON JESÚS RESUCITADO

Por José María Maruri, SJ

4.- RESUCITEMOS CON CRISTO

Por José María Martín OSA

5.- EL SEPULCRO ESTÁ VACÍO

Por Antonio García-Moreno

6.- LA RESURRECCIÓN DE JESÚS DINAMIZA NUESTRA VIDA Y NOS PONE EN ACCIÓN

Por Pedro Juan Díaz

7.- PASCUA: SENTIRNOS CONVERTIDOS DE UNA VEZ.

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


HISTORIAS DE AMOR

(anotaciones de un muchacho, encargadas por un magistrado)

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- ¡PERO CUÁNTO ASOMBRO!

Por Javier Leoz

¡Aleluya, hermanos! ¡Feliz Pascua de Resurrección!

1.- Hemos disfrutado, con la dinámica de la Pascua, y hemos visto que el Señor sigue vivo. Con el testimonio de los apóstoles, seguimos creyendo en el meollo y núcleo de nuestra fe: Cristo no está muerto. Ha resucitado.

¿Nos hemos preocupado por saber algo más sobre el tercer día de la sepultura de Jesús? ¿Qué ocurrió? ¿Qué nos consiguió? ¿Para qué sirvió?

--Por amor a Cristo, lo contrario sería traicionarle por nuestra falta de confianza, nos asomamos con María Magdalena al sepulcro y asombrados descubrimos que no está ahí. Que, Aquel que anduvo por los caminos de los enfermos, lisiados, cojos, enfermos o necesitados, retorna de nuevo pero glorificado para que comprendamos que ha merecido la pena fiarse de Dios. ¡Ha resucitado!

--Por amor a Cristo, porque todavía recordamos muchas de las palabras que nos dirigió previas a su pasión y muerte, comprobamos que su muerte no ha sido en balde. Que, al tercer día, nos aporta vida para todos y savia en abundancia. Que, aquella fuente de eternidad que algunos quisieron sellar, vuelve a fluir pero con una nueva Gracia por parte de Dios: quien la bebe resucitará. ¿Somos conscientes de que, la Resurrección de Cristo, es garantía de la nuestra?

--Hoy, en este día de Pascua, ya no existe aquella oscuridad definitiva que se cernía sobre la humanidad

--Hoy, en este día de Pascua, los cristianos, recordamos el paso del Señor con sabor a triunfo sobre la muerte, la injusticia o el absurdo.

--Hoy, en este día de Pascua, rejuvenecemos al profesar que Dios es nuestro Padre, que Cristo es su Hijo y que, el Espíritu, nos hace renovar nuestra vida cristiana por el Bautismo.

--Hoy, en este día de Pascua, nos sentimos liberados de muchos pesos. El dolor, la angustia, la enfermedad…la cruz de cada día, darán lugar a un alba feliz y esplendoroso. Coloquemos, delante del espejo de la Pascua, los rostros de toda la humanidad sufriente. El Señor, con su Resurrección, ha traído suficiente redención para transformar todo eso en gozo, eternidad y alegría.

2.- ¡Feliz Pascua de Resurrección, hermanos! Dios desea para nosotros una existencia definitiva. ¿A qué padre le gusta perder, poco a poco, a sus hijos? A Dios, que es un “padrazo”, le puede el amor hacia nosotros y, porque le puede, no ha evitado para Jesús lo que, tampoco para nosotros detendrá, la muerte. Pero con una diferencia: la muerte de Jesús ha servido para rescatarnos de un olvido o enigma permanente.

¡Vivamos este momento! ¡Cantemos, proclamemos la Redención de la humanidad por parte de Cristo! Amigos, vayamos al encuentro de Cristo. No miremos en el sepulcro, está vacío. Salgamos con fe a los caminos, a la mesa fraterna, al perdón y a la reconciliación, a la fraternidad y al servicio…..porque es ahí, donde a Jesús, lo encontraremos resucitado, operante, dándonos fuerzas e ilusionándonos en el camino de nuestra vida cristiana. ¿O no? ¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCION!

3.- ME ASOMARÉ AL SEPULCRO, SEÑOR

Y, corriendo más que aquellos que creen,

comprenderé que algo grande ha ocurrido.

Que tu vida, por la muerte,

no ha quedado encerrada detrás de la fría losa

y que, por lo tanto, la nuestra

ha de seguir la misma suerte

ME ASOMARÉ AL SEPULCRO, SEÑOR

Pero, empújame para no detenerme,

porque temo que muchas distracciones del mundo

me dejen plantado ante los grandes escaparates

olvidando aquellos valores eternos que Tú nos traes

ME ASOMARÉ AL SEPULCRO, SEÑOR

Como Pedro, que te negó como yo tantas veces te niego,

entenderé que, mucho nos ama Dios,

cuando desea para mí VIDA ETERNA

cuando, me freno para no llegar a la hora del alba

y dejo que la Resurrección no sea primera noticia en mi vida

ME ASOMARÉ AL SEPULCRO, SEÑOR

Y, si por lo que sea, en la nada sigo sin ver nada

haz que recuerde aquello a lo que tantas veces me resisto:

que has resucitado entre los muertos

que vuelves para devolvernos a la vida

que resucitas para que seamos semilla de eternidad

ME ASOMARÉ A TU SEPULCRO, SEÑOR

Y, entonces, sólo entonces

me alegraré de haberlo encontrado vacío

con vendas y sudario por el suelo

pues, al asomarme y ver todo eso,

estaré intuyendo lo que me aguarda en el futuro:

¿Tú has resucitado?

¡También yo resucitaré, Señor!

¡Gracias, Señor!

¡ALELUYA! ¡HA RESUCITADO!


2.- MARÍA MAGDALENA Y JUAN FUERON LOS PRIMEROS EN CREER

Por Gabriel González del Estal

1.- Sin duda, porque fueron los primeros en amar. Los padres son siempre los primeros en creer en las bondades de sus hijos, porque son los que más les aman. Es tremendo el poder y la fuerza del amor. Por eso, es importantísimo seleccionar y cuidar nuestros amores. Porque a dónde nuestros amores nos llevan, allí vamos de cabeza. A María Magdalena se le había perdonado mucho, porque había amado mucho; Juan era el discípulo amado del Señor. Los dos eran discípulos por amor. Si nosotros queremos resucitar de nuestras inmensas trabas materiales, si queremos vivir como personas resucitadas, tenemos que poner a nuestro cuerpo las alas del amor al Cristo resucitado por el Dios del amor. María Magdalena corrió la primera al sepulcro, cuando aún estaba oscuro el día, y triste y oscura estaba su alma. Era el amor el que le daba luz y alas para llegar a su amado. Juan corrió más que Pedro y, en cuanto vio el sepulcro vacío, creyó en la luz y en la vida de su amado Maestro. Probablemente, a los cristianos de hoy nos falta más amor que doctrina. Queremos distinguirnos por la belleza de nuestros ritos, y está bien que nuestros ritos sean bellos. Pero lo que, de verdad, debe distinguirnos a los cristianos de los no cristianos es el amor que nos tengamos los unos a los otros y nuestro amor a todos los demás. En eso conocerán los demás que somos discípulos del Jesús Resucitado.

2.- Me refiero a Jesús de Nazaret que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo. No hay en el mundo algo más bueno que una buena persona. Seguro que en la hora de nuestra muerte lo que más nos gustaría que dijeran de nosotros es que habíamos sido una buena persona. Que hayamos sido más guapos o más feos, más listos o menos listos, seguramente no habrá dependido tanto de nuestros méritos personales; pero que hayamos sido más buenas o menos buenas personas, sí. Jesús de Nazaret fue una buena persona y lo demostró, entre otras cosas, curando a los oprimidos por el diablo, es decir, liberando de sus enfermedades, angustias y otros males a las personas con las que se encontró por los caminos de Galilea. Jesús de Nazaret no sólo predicaba doctrina; curaba enfermedades, perdonaba pecados y resucitaba muertos. Esta es nuestra misión, la misión de los cristianos: predicar el evangelio y ayudar a la gente a liberarse de sus angustias y de sus males.

3.- Aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Dentro de un orden, claro. Los bienes de la tierra los necesitamos para vivir aquí y no nos queda más remedio que buscarlos. San Pablo lo sabía muy bien y, por eso, lo mismo que les dice a los Colosenses que aspiren a los bienes de arriba, también dice que él siempre procuró ganarse el sustento con el trabajo de sus manos. Se trata de que tengamos una buena jerarquía de valores. Lo primero es lo primero, y lo primero es buscar el Reino de Dios y su justicia, pero sabiendo que el Reino de Dios y su justicia tienen que realizarse también aquí, en la tierra, y que en la tierra tenemos que vivir siempre con los pies en el suelo. El dinero tiene que ser sólo un medio, nunca un fin en sí mismo, un medio para conseguir los bienes superiores de la justicia, de la vida, de la verdad, del bien. Y lo que decimos del dinero debemos decirlo igualmente del poder, de la cultura, del progreso, etc. En definitiva, que el peso del cuerpo no impida volar al alma hasta lo más alto y más santo.


3.- LA ALEGRÍA DE PASCUA: CONVIVENCIA CON JESÚS RESUCITADO

Por José María Maruri, SJ

1.- En la tradición oral de los jesuitas de esta región central de España, hay un sucedido, que recuerdan con fruición los ancianos del lugar, y es de un venerable padre, al que los médicos comunicaron su pronta muerte.

Días después un medico jovenzuelo, salido de no se sabe dónde, le dijo al venerable padre con desmesurado optimismo juvenil: “Padre en diez días lo pongo yo a usted nuevo”, y el padre mirándole con cierto rencor le contesta: “¡Hombre, no!, con lo que me ha costado resignarme a morir”.

No consta en los evangelios si Lázaro tuvo un comentario semejante con Jesús, cuando éste le resucitó, porque hay que reconocer que al fin y al cabo la resurrección de Lázaro fue más bien un capricho de sus hermanas sin contar con él. Alguien diría que loa mujeres siempre se salen con la suya, siembre con cariño, claro, porque son buenas.

Porque una resurrección como la de Lázaro, como casi fue la del venerable padre jesuita, que gracias a Dios se murió, es sólo un regreso, es regresar el domingo por la tarde para el lunes temprano comenzar de nuevo la monotonía de la oficina o del trabajo de casa.

Es simplemente una segunda parte de la misma vida, un capítulo segundo de la misma aburrida novela, en realidad es venir a menos, ¡Hombre, no! Con lo que cuesta resignarse a morir”.

2.- Y esta es la dificultad con la palabra RESURECCIÖN aplicada al Señor, por eso tal vez la evitaron los cristianos durante mucho tiempo hablaban de ida al Padre, de consumación, de victoria sobre la muerte, de nueva vida.

--Y es que el Señor Jesús no muere como el que se va y resucita como el que regresa.

--Resucitar no es dar un paso atrás, sino un tremendo salto adelante.

--No regresa a la vida sino que entra en la verdadera VIDA.

--No re-ingresa en el tiempo, sino que se pierde en la eternidad, para dejar en el andén un futuro muerto que se llevaba por descuido, sino que sale disparado como el AVE (**) por las vías sin término de lo eterno e infinito.

--De vivir en coordenadas de tiempo y espacio pasa un mundo cuyas coordenadas sólo Dios sabe.

--La resurrección de Lázaro fue un milagro, la Resurrección de Jesús es un misterio.

3.- Por eso los evangelistas no cometen el ya viejo error –y todavía muy repetido-- de J. J. Benítez, autor de “El Caballo de Troya”, que trata de explicar la resurrección de Jesús por la conjunción de energías y la aparición de un ovni.

Sino que olvidan el qué y el cómo y nos hablan de los efectos causados en los testigos de esa Resurrección.

--Creen firmemente que Jesús ha muerto y por eso van las mujeres a embalsamarlo de nuevo, porque los hombres son unos descuidados.

--Creen que es un fantasma, pero enseguida se dan cuenta que es el mismo y algo más.

--Las asusta y les llena de paz.

--Reconocen su voz, sus manos y su costado, pero no está sometido a leyes de puertas cerradas o abiertas.

--Come con ellos porque le insisten, pero no necesita comida.

4.- Y así comienzan a ser cristianos de verdad, no siguiendo al Señor hombre mortal por sembrados y valles de Galilea, sino predicando a Cristo el viviente, el resucitado hasta el fin de los tiempos, con el que todo hombre tiene la dicha de poder convivir.

--Porque está donde dos o tres se reúnan en su nombre.

--Porque ha puesto su tienda de campaña de Jesús Resucitado en nuestros sagrarios.

--Porque con el Padre y el Espíritu Santo lo lleva todo cristiano en el corazón.

Esta es la alegría de la Pascua nuestra convivencia con Jesús Resucitado hasta que tras él pasemos la frontera de la muerte para no morir ya más.

** AVE, tren de alta velocidad


4.- RESUCITEMOS CON CRISTO

Por José María Martín OSA

1- ¡Feliz Pascua! Estamos ya en el esplendor del gran Día de la Resurrección de Cristo. ¡Ha resucitado Cristo, el Señor! A pesar de la situación de pecado y muerte que existen en el mundo, hoy la Iglesia unida a su Señor proclama dichosa el gran misterio de la vuelta de Jesús a la vida, pero ahora indestructible y absolutamente gozosa. Dejémonos inundar por la gracia de este hecho que nos llena de esperanza segura y eficaz con la fe cristiana que hemos recibido en nuestro bautismo. La Resurrección de Jesús es la celebración cumbre y central de todo el Año Litúrgico que se renueva cada domingo. Es la verdad nuclear de nuestro cristianismo, como fundamento, contenido y raíz de nuestra fe, esperanza y caridad. Es el momento cumbre de la vida de Jesucristo y del plan de Dios Padre para salvar a los hombres muertos por el pecado.

2.- La Carta a los Colosenses nos anima a buscar los bienes de arriba, junto a Cristo. Recibimos la semilla y el comienzo de una vida totalmente nueva para todos los que creemos en Él, incorporados a la Iglesia que vive de esta luz vivificante de su Resurrección. Cristo resucitó de entre los muertos y es el primero de todos los que por la fe habremos de resucitar con Él. La Resurrección de Cristo es pues el misterio central de nuestra fe, aunque de ninguna manera puede ser constatado por las ciencias de manera directa, pues es un hecho totalmente inédito y trascendente que está más allá del espacio y del tiempo, camino abierto hacia la eternidad que únicamente se conquista por la fe y con la luz de la ciencia humana sujeta a esta fe trascendente y misteriosa.

3.- Demostrar que somos personas resucitadas. Por el bautismo hemos quedado injertados en la muerte y resurrección de Cristo. La fuerza y gracia de este maravilloso acontecer en la existencia de los cristianos puede y debe traducirse de múltiples maneras en la vida cotidiana. Resucitar es tarea y meta de cada día. Nuestra peregrinación por el mundo es conquistar en cada momento el estado de “resucitados” cumpliendo en todo momento la voluntad de Dios. Hacer oración constante es resucitar en la comunión con Dios. Las obras de misericordia que practiquemos con nuestros hermanos, especialmente los más débiles y desamparados… son formas de resucitar. Cuando pedimos perdón o lo otorgamos a quienes nos han ofendido…es resucitar. Ser diligentes y comprometidos en nuestras responsabilidades de estado y cada día, también son formas de resucitar. Cuando nos privamos de algún gusto, una comodidad, un tiempo libre que dedicamos a otros, estamos resucitando. Aceptar con paciencia, amor y generosa entrega nuestras enfermedades, pruebas y desamparos, son facetas de nuestra misteriosa resurrección. Demos testimonio de nuestra experiencia como lo hizo Magdalena con Pedro y Juan y como hicieron ellos con todos: vieron, creyeron y testimoniaron que Cristo estaba vivo.


5.- EL SEPULCRO ESTÁ VACÍO

Por Antonio García-Moreno

1.- RESUCITÓ.- Ya pasaron las oscuras nubes de la muerte, ya se disipó el negro horizonte que oprimía el corazón del hombre. Las cadenas se han roto, el humo de la tristeza se ha esfumado. Ha nacido la luz, ha brotado la esperanza. Cristo ha resucitado. Él es prenda segura de nuestra propia resurrección... Señor, si difícil nos resulta entender tu muerte, más difícil aún resulta entender tu resurrección. Y si incomprensible es aceptar el valor del dolor y la muerte, más, casi imposible, es aceptar la resurrección. Sin embargo, Cristo ha resucitado y nosotros también resucitaremos: la vida no se acaba con la muerte. Con la muerte es cuando realmente comienza. Una vida sin lágrimas, sin penas, sin dudas, sin angustias, sin prisas, sin dolores, sin miedo a nada...

Su mandato fue categórico. Seréis mis testigos desde Jerusalén hasta los confines de la tierra, hasta los límites finales del tiempo. Un pregón vivo que se repite vibrante a lo largo y a lo ancho del mundo y de la historia. Sin apagarse jamás esa luz fuerte de la fe en la resurrección. Prendiendo fuego en las ramas de todo los bosques de la Humanidad. El fuego que Cristo ha prendido ya. Y entre luces y sombras, el fuego continuará vivo, quemando, transformando, encendiendo amores extraños y maravillosos en los mil pétalos de la rosa de los vientos.

El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben el perdón de los pecados. Creer en ti, Señor, creer sin ver, sin meter la mano en la herida de tu costado. Creer en tu palabra. Amarte sin más. Señor, somos débiles, torpes, ciegos, romos. Ten compasión, deja oír tu voz en el fondo de nuestro corazón, repítenos en el silencio del alma tu saludo entrañable: Paz.

2.- EN LA RESURRECCIÓN DE CRISTO.- María Magdalena es una de las figuras más relevantes en estos días de la Pascua. Ella fue la que descubrió que el sepulcro estaba vacío y corrió a anunciar a Pedro lo que ocurría. Luego, arrasados los ojos por las lágrimas, contemplará a su divino Maestro muy cerca y podrá besarle los pies. Era tan grande su amor por Jesucristo que, ya al amanecer, había ido al sepulcro para estar junto al cuerpo yaciente de su Amado. Todos los pecados de su vida, con ser tantos, no pudieron apagar su confianza y su amor. Al contrario, cuando descubre a Cristo, todos aquellos pecados son un motivo hondo y firme para querer más y más al Hijo de Dios, que le había perdonado y defendido. En esta mujer apasionada vemos la fuerza del amor de quienes, a pesar de sus muchos pecados, son capaces de mirar arrepentidos a Dios.

Pedro y el Discípulo amado corrieron para ver qué había pasado. También ellos eran de los que supieron amar con toda el alma al Maestro. Tampoco a Pedro le detienen sus pecados. Él había traicionado a Jesús, pero eso en vez de frenarle, le empuja para encontrar a su Señor y pedirle humildemente perdón, seguro del amor de Jesús que le perdonará. Así, fue, en efecto. Y no sólo le perdonó, sino que lo confirmó en su posición de Vicario suyo y Príncipe de los Apóstoles. Una vez más el amor realiza el prodigio maravilloso de una profunda esperanza y de una fuerte fe en el amor divino.

El Evangelio se refiere con detalle lo que allí vieron. Es tan precisa la narración, que desecha cualquier explicación fantástica. El realismo del relato hace inadmisible cualquier interpretación no histórica. La gran sábana que había envuelto el cuerpo de Jesús estaba plegada. Esto bastó para que Juan comprendiera que Jesús había resucitado. Si el cuerpo de Cristo hubiera sido robado, la sábana no estaría doblada como la encontraron, ni tampoco el sudario de la cabeza estaría sin desenrollar. Según el rito funerario judío, el cadáver era envuelto con lienzos en forma de una sábana grande. Por eso al verla plegada, como vacía y aplanada, no desliada sino todavía plegada, Juan comprendió que el cuerpo de Jesús había salido de ella de forma milagrosa, sin romperla y casi sin tocarla.

De todas formas, es la fe la que apoya nuestra persuasión en que Cristo ha resucitado. Es cierto que tanto san Juan como los demás evangelistas, nos hablan con claridad de las apariciones de Jesús y de cuánto les costó a los apóstoles aceptar esta verdad. Es decir, tenemos fundamento más que suficiente para sostener que Jesús resucitó; pero, en definitiva, sólo por la fe se puede aceptar este hecho y todas las consecuencias que se derivan. Ello explica los ataques contra esta verdad suprema, y también la decidida defensa que la Iglesia hace de esta verdad histórica.


6.- LA RESURRECCIÓN DE JESÚS DINAMIZA NUESTRA VIDA Y NOS PONE EN ACCIÓN

Por Pedro Juan Díaz

1.- Hoy es un día de alegría y gozo. Hoy es la celebración más importante de nuestra fe y de nuestra vida. Proclamamos con gozo que JESÚS HA RESUCITADO. Es el anuncio de las mujeres, con María Magdalena a la cabeza. “Recordaron las palabras de Jesús, volvieron del sepulcro y anunciaron todo esto a los Once y a los demás”. Por eso hoy hacemos memoria agradecida de nuestra historia, esa que Dios ha convertido en historia de salvación. Anoche, en las lecturas de la Vigilia Pascual recorrimos la historia de salvación de la humanidad, desde la creación hasta la resurrección. La CREACIÓN es obra de Dios, por tanto, el mundo no es malo (“vio Dios que todo era bueno”), es el lugar donde podemos encontrarnos con Él, porque en el mundo esta su huella.

2.- Pero no caminamos solos, sino como PUEBLO, un pueblo que vive en este mundo y que a veces siente como su caminar se hace costoso, pero sobre todo un pueblo que está seguro de que Dios está con nosotros, que nos acompaña siempre, para lo bueno y para lo malo, hasta en la muerte. Moisés es el signo de esa cercanía de Dios, de ese estar atento: “he visto… he escuchado… ve a mi pueblo… libéralos”.

3.- Con la resurrección de Jesús hemos renovado, como pueblo, la alianza con Dios, hemos hecho una nueva. El “AGUA pura”, signo de vida, se convierte ahora en sacramento de la nueva vida de los hijos de Dios. El BAUTISMO nos purifica, nos da “un corazón nuevo y un espíritu nuevo”, nos hace “criaturas nuevas”, hijos e hijas de Dios. Y todo esto tiene su culmen y su manifestación más plena en la resurrección de Jesús. El sepulcro está vacío. Las mujeres no encuentran a nadie, y tampoco Pedro, ni el “discípulo amado”. “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. HA RESUCITADO”. Ahora toca dar TESTIMONIO de esa presencia viva de Dios entre nosotros. “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Y Dios sigue cumpliendo sus promesas.

4.- Nuestra vida ha de ser ahora una VIDA NUEVA. No podemos quedarnos en el Viernes Santo, no podemos vivir nuestra fe de luto constantemente. El Cristo de nuestra fe es el Cristo resucitado “y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido”. Pasemos la página del Viernes Santo y celebremos con gozo el Domingo de Resurrección. Hagamos ese paso en nuestra vida y en nuestra fe. Vivamos con gozo la fe en el Dios de los vivos, de la alegría, de la felicidad, de la esperanza, del apoyo y la fuerza en las dificultades, del AMOR por encima de todo. Ese es nuestro Dios, el que quiere una vida digna para todas las personas, para todos sus hijos; y para ello quiere contar contigo y conmigo. ¿Estás dispuesto?

5.- La resurrección es una realidad cargada de esperanza, que dinamiza nuestra vida y nos pone en acción, no podemos permanecer pasivos y resignados. Cristo está vivo en la historia de la tierra, en todos sus triunfos y fracasos. Está en todas las lágrimas y también en toda muerte, como alegría escondida, como vida que triunfa aunque parece morir. Como el grano de trigo, que muere en la tierra para dar fruto. Está incluso en medio del pecado, como misericordia y amor, dispuesto a esperar con paciencia el retorno del hijo.Está en nosotros, en cada uno, en cada persona. Quien cree en Él ha de proclamar hoy con la más grande esperanza: “¡Ha resucitado!”.

6.- Ahora es el momento de mirarnos a nosotros mismos y ver por el suelo nuestras vendas y sudarios; restos que indican aún lo que nos tenía atados a la muerte: nuestros viejos hábitos, nuestras malas actitudes, nuestros tremendos egoísmos e incredulidades… pero también es momento de dejar atrás esas cosas y de salir fuera de nuestro sepulcro y vivir resucitados, hombres y mujeres nuevos, capaces de andar por la vida de otra manera, cargados de fe, llenos de esperanza, libres del pecado y nuevos cristos que vayamos anunciando a todos que Dios les ama e invitándoles a participar de esta misma resurrección.


7.- PASCUA: SENTIRNOS CONVERTIDOS DE UNA VEZ.

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Iniciamos esta mañana nuestra presencia en esta Eucaristía, con muchos recuerdos de los días anteriores. Desde el Domingo de Ramos con su excepcional relato de la Pasión gracias al texto de San Lucas, hasta la Vigilia de anoche. Pero, además, las celebraciones del Jueves y del Viernes Santo, llenas de contenido que, sin duda, nos abrieron el alma al sufrimiento de Jesús de Nazaret. También, la espera del Sábado Santo… En fin es especialmente lógico que, en esta mañana, se nos agolpen los recuerdos de anoche. La Vigilia es, siempre, una gran fiesta de luz y de oración. Hoy, sin embargo, esta “Misa del Día” nos ha podido comenzar a parecer la celebración más como las otras misas de otros días. Las lecturas son menos –muchas menos—que en la Vigilia, y aunque destaca poderosísimamente el bello texto de la Secuencia. Pero hemos de ser conscientes de que estamos ante otra gran novedad. La conmemoración de hoy tiene la importancia de abrir otro periodo prodigioso de nuestro quehacer de cristianos: el Tiempo Pascual. Este tiempo no refleja otra cosa—y no es poco—que aquel periodo de cincuenta días en los que Jesús dio sus últimas enseñanzas a los discípulos. Les preparaba para algo más definitivo que era la llegada del Espíritu Santo. Y desde luego para su marcha a los cielos.

2.- Para los discípulos, este Jesús que iba y venía, que aparecía y desaparecía, no era el mismo. Era él. Pero no era igual. Su cuerpo glorificado, además de tener cualidades que desafiaban a nuestra “esclavitud” en el tiempo y el espacio, tenía otro aspecto. Sin duda, era el reflejo de la divinidad. Y al auspicio de ese brillo divino comenzaron a llamarle el Señor, el Señor Jesús. El término Señor sólo lo utilizaban los judíos para nombrar a Dios. Ya el prodigio de la Resurrección había quitado algunas –no todas—las escamas de los ojos de los discípulos. Se iba a operar, poco a poco, el milagro de su curación como ciegos de espíritu. Los ojos del corazón y de la mente se abrían a una nueva dimensión, impensable e increíble, pero que estaba ahí. Jesús había resucitado, pero ellos intuían que no era una vuelta a la vida con fecha de caducidad, como la nueva vida de Lázaro. Ese cuerpo glorioso que, aunque hasta cierto punto, les inquietaba, les añadía también una certeza de eternidad, jamás entrevista antes.

2.- El Evangelio de San Juan que hemos escuchado es una de las piezas más bellas del conjunto de los relatos evangélicos. Tiene mucho de lenguaje cinematográfico. El apóstol Juan, protagonista del relato de hoy, lo guardaba muy fresco en su memoria, no cabe la menor duda, ya que sería escrito muchos años, muchos años después, por él mismo, según la tradición. Pedro y Juan han escuchado a María Magdalena y salen corriendo hacia el sepulcro. Llega Juan antes. Corría más, era más joven. Pero no entra, tal vez por algún tipo de temor, o más probablemente por respeto a la jerarquía ya declarada y admitida de Pedro. Describe el evangelista la escena y la posición –vendas y sudario—de los elementos que había en la gruta. “Y vio y creyó”. Esa es la cuestión: la Resurrección como ingrediente total del afianzamiento de la fe en Cristo, como Hijo de Dios es lo que nos expresa Juan en su evangelio de hoy. Y es lo que, asimismo, nos debe quedar a nosotros, que hemos de contemplar la escena con los ojos del corazón, y abrirnos más de par en par a la fe en el Señor Jesús.

3.- El fragmento del capítulo 10 del Libro de los Hechos de los Apóstoles sitúa ya la escena mucho tiempo después. El Espíritu ya ha llegado y Pedro sale pujante a la predicación. Eso todavía no era posible en la mañana del primer día de la Semana, del Domingo en que resucitó el Señor, pero está bien que se nos ofrezca como primera lectura de hoy, pues marca el final importante de este Tiempo Pascual que iniciamos hoy. La muerte en Cruz de Jesús, sirvió, por supuesto, para la redención de nuestras culpas, pero sin la Resurrección la fuerza de la Redención no se hubiera visto. Guardemos una alegre reverencia ante estos grandes misterios que se nos han presentado en estos días. Meditemos sobre ellos y esperemos: la gloria de Jesús un día llegará a nosotros mismos, a nuestros cuerpos el día de la Resurrección de todos. Este es otro de los grandes misterios de nuestra fe que no debemos, ni podemos, obviar.

4.- Iniciamos, como decía, el Tiempo Pascual, una cincuentena de días en el que el Resucitado terminó la formación de sus discípulos desde la fuerza del prodigio de su Resurrección. Poco a poco, se fueron dando cuenta que habían convivido con un ser excepcional, con un ser divino, con el mismísimo Dios. Y esos discípulos fueron cambiando. Es verdad que el Señor Jesús les prometió el Espíritu Santo, “que se lo enseñaría todo”. Pero ese tiempo que nosotros ahora llamamos de Pascua fue el camino definitivo de aprendizaje. Cuando, el día de Pentecostés llegaron las lenguas de fuego, el efecto, fue como la del instructor que da un empujoncito a sus alumnos paracaidistas. Toda la “teórica”, toda la técnica para dar el salto, les había llegado a los apóstoles de Jesús resucitado. Por eso son especialmente importantes estos días que comenzamos a vivir hoy. Nos darán la fuerza precisa para sentirnos convertidos de una vez.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


HISTORIAS DE AMOR

(anotaciones de un muchacho, encargadas por un magistrado)

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- No sé si he dormido mucho o poco, ni tampoco exactamente en qué he soñado. Lo seguro es que hoy es un día inolvidable para mí. Las noticias que debería redactar con claridad se cruzan y atropellan en mi interior. Lo primero que he visto ha sido el rostro de María. A la serenidad de anoche, añadía una inmensa satisfacción. No había dormido y, no obstante, su mirada era luminosa. ¿Está vivo? le he preguntado de inmediato. Si, hijo mío, ya te contaré después. Estaba fatigada, pero feliz. Yo quería hacerle más preguntas y ella me ha dicho: ha sido algo parecido a lo de Nazaret, tu, hijo mío, no lo entenderías: ni eres mujer, ni eres su Madre. Soy más feliz que el día que le di a luz en Belén. Me ha emocionada que me llame hijo. Se ve que ha aprendido bien la lección del Señor. Es admirable, ha pasado unos días difíciles de resistir para cualquiera, desde el prendimiento en Getsemaní, hasta la tortura y ejecución en el Calvario. Ha pasado este mal trago, sin desaprovecharlo. El simple hecho de que ya esta mañana me llame hijo, es señal de lo mucho que ha meditado las palabras del Maestro. Nos hemos abrazado. Lamentablemente, la he tenido que dejar.

2.- A la entrada de la casa me he encontrado a algunos de los nuestros. Comentaban que María, la de Mágdala, efectivamente, había acudido al sepulcro muy de mañana. Estaba la piedra corrida, y vacío el interior. Uno cuenta que le han hablado ángeles, otra que el mismo Señor es quien se ha dirigido a ella. Ha venido corriendo, no podía ser otra que la Magdalena, contaba que el Maestro, su Maestro, como siempre le llamaba, le ha encargado que nos lo dijera. ¿Que dijera el qué, pregunto yo? Pues que está vivo y que os añora, que pronto quiere encontrarse con todos. La impetuosidad de esta mujer a nadie deja indiferente, la admiramos, pero, hablando con sinceridad, sentimos una cierta envidia y hasta temor hacia ella. Entre nosotros, allá por el Lago nunca se supo de una mujer de esta clase. A solas, algunos la llaman Judit y otros Jael, quien lea, entienda…

3.- Todavía no nos atrevemos a salir de la casa. Pero Pedro, un poco mosqueado de que sea una mujer la mensajera, dice que no se fía del todo, que se va a comprobarlo. Yo he ido con él. Efectivamente, la tumba estaba vacía y unos ángeles nos han dicho que sobrábamos allí, no nos echaban, cariñosamente, después de volvernos a repetir que por allí no le buscásemos, nos han mandado a anunciarlo a los demás. Nos lo decían sonrientes. Hemos vuelto de inmediato. Nos ha sorprendido un poco su visita. A fuer de sinceros, ni le esperábamos, ni estábamos del todo convencidos. Era el Señor, efectivamente, respiraba jovialidad, tenía buen humor. Nosotros temíamos que estuviera enojado por nuestro abandono aquellos días, pero Él ni siquiera lo ha mencionado. ¡qué delicadeza tiene! Después se ha ido quedamente.

Por la noche han llegado corriendo dos amigos diciendo que se lo habían encontrado por el camino de su pueblo. Pese a que uno de ellos es pariente suyo, no le ha reconocido hasta que les ha partido el pan. Lo ha hecho a su manera, inconfundible. Ellos lo han dejado todo y han venido a contárnoslo.

La noche avanzaba, pero nadie hablaba de ir a dormir. La mirada de María nos abrazaba a todos.

4.- Ha entrado la de Mágdala, venía de ver a sus compañeras, que ahora la acompañaban. Nadie sentía reproche porque el Señor la había hecho y nombrado emisaria de una buena nueva para nosotros, nadie dudaba del amor que por el sentía ella. No se había percatado de que en la estancia, en un rincón, discreta como siempre, estaba María. Cuando la ha visto se ha abrazado a ella y han llorado. Nadie podía separarlas, ni tampoco lo pretendíamos, es un sueño todo lo que hoy hemos vivido. Pero un sueño real, estoy convencido.

Estaréis contentos, mis queridos señores, de cómo ha acabado todo. Tú, el magistrado, esperabas defenderle ante los tribunales, me encargaste que iniciara la información. Ya lo ves ha sido innecesaria. Tú, ofreciste tu tumba para que en ella fuera depositado su cuerpo. Era tuya, te la tenías preparada para ti. Ahora ni te atreves a acercarte, indigno como te sientes de que haya sido escogido algo de tu propiedad, para que se realizara en ella el más portentoso acontecimiento de la historia.

Ya no cabíamos en la casa. Temía yo que estas notas que he ido redactando se perdieran. Te las entrego, apreciado señor, satisfecho de lo que en ellas he escrito.

***** Mis queridos jóvenes lectores, el famoso filósofo Nietzsche nos exigía a los cristianos que tuviéramos mirada de resucitados, si queríamos que él creyera en Cristo. La frase es muy aguda, seguramente que para él era una excusa, no es hora de emitir juicios, sino de aprender la lección.

Nuestra cultura sufre una crisis de Esperanza y nuestras comunidades cristianas reciben el impacto y, como consecuencia, languidecen. Estar triste y desanimado, es todo lo contrario a lo que la fiesta de hoy, la Pascua del Señor, nos reclama.

Estos últimos días, tal vez ayer, día carente de sentido, te has podido preguntar ¿Qué hizo Jesús, su realidad personal, que es mucho más que el cuerpo físico, durante el intervalo de su muerte clínica, hasta su resurrección?

Las Iglesias cristianas orientales expresan su Fe mediante los iconos. No son sus únicas manifestaciones, pero sí las más peculiares. Entre nosotros, si queremos saber algo de un grupo o comunidad acudiremos a los libros o revistas. Entre ellos, esta función la cumplen los iconos. La Resurrección de Cristo se expresa en dos modelos: el del sepulcro vacío, es uno, tal vez el más modesto, el del descenso a los infiernos, el más solemne y precioso. El Señor Jesús, erguido ha penetrado en las estancias eternas. Está dando una mano, saludando, a Eva, nuestra Madre, la otra se la da a Adán. En su entorno aparecen los grandes personajes del Antiguo Testamento. Venció su muerte y quiere que con Él gocen, los que le precedieron y estaban esperando su santo advenimiento” como reza la formula. Es una explicación. Cielo, tierra, justos muertos, discípulos vivos, aprendices de santos, que somos nosotros, todos, todos, hoy formamos una gran comunidad de amigos, entrañablemente unidos y comunicados con una intensidad que ninguna red de internet, ni mensajes SMS, pueden conseguir. Si fuéramos conscientes de ello reventaríamos de felicidad.

No os oculto, mis queridos jóvenes lectores, que os escribo en tiempo de Cuaresma, pero que al hacerlo, vivo los sentimientos de la Pascua que se avecina, que es y será eterna. Ya he empezado a rezar por vosotros. ¿Quién de vosotros, chicos, quiere parecerse a Juan? ¿Quién de vosotras, chicas, se hará amiga de la de Mágdala y empezará a imitarla?

Cada semana me dirijo a vosotros con ilusión, ¡a ver si algún día sois vosotros los que me escribís a mí!

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