Vigilia Pascual
3-4 de abril de 2010

La homilía de Betania


1.- UNA NUEVA VIDA

Por José María Martín OSA

2.- ¡ESTO ESPERÁBAMOS!

Por Javier Leoz

3.- LAS MUJERES, LAS PRIMERAS EN LA RESURECCIÓN

Por Antonio García Moreno

4.- RESURRECCIÓN DE JESÚS: PROYECTO DEL HOMBRE NUEVO

Por José María Maruri, SJ

5.- TIEMPO DE SILENCIO Y TENSA ESPERA

Por Gabriel González del Estal

6.- UNA VIGILIA: MI BILLETE DE VUELTA A LA FE

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


NOCHE DE PASCUA

(seguramente la del 8 al 9 de abril del año 30)

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- UNA NUEVA VIDA

Por José María Martín OSA

1.- Otra manera de de vivir es posible. ¡Feliz Pascua a todos! Celebrar la Pascua no es cuestión de recordar el acontecimiento que cambió el rumbo de la historia humana. Celebrar la Pascua es injertarnos nosotros en ese movimiento que grita a este mundo injusto que otra sociedad sí es posible; que otra manera de relacionarnos sí es posible; que otra manera de vivir y compartir sí es posible. Que la misericordia, el perdón, la ternura y el servicio en bien de los más necesitados es el camino a la vida abundante de Dios. Gritar al mundo que la guerra, la violencia, la arrogancia, la opresión y la exclusión sólo engendran miedo y muerte entre los pueblos y la familia humana. Para nosotros los cristianos la Resurrección es la respuesta de Dios ante un Jesús de Nazaret que parecía ser todo un fracaso. Ante el vil asesinato de Jesús, planificado y ejecutado por las autoridades políticas y religiosas, Dios no pudo permanecer callado; Dios rompió su silencio para decirles a los verdugos de todos los tiempos que ellos no tendrán la última palabra. Con la resurrección de su Hijo Dios manifiesta al mundo que la solidaridad y el amor, que el perdón y la misericordia, que la fraternidad y la igualdad prevalecerán sobre el poder económico y el poder religioso. La resurrección de Jesús es el grito de Dios a toda la humanidad de que la maldad, la violencia, la guerra y la muerte de los fuertes sobre los débiles, de los grandes sobre los pequeños, jamás triunfarán sobre la tierra. Los poderosos de este mundo podrán cantar victoria, pero su triunfo será efímero; sobre ellos caerá su merecido.

2.- Creer en la Resurrección no es creer en un hecho pasado. La victoria de Jesús no se puede reducir a una acción pasada. Celebrar la Pascua no es recordar un acontecimiento del pasado como recordamos el día de la bandera o el cumpleaños de un personaje histórico. Celebrar la Pascua es tomar conciencia de que también nosotros estamos llamados a resucitar a una vida nueva. La victoria de Jesús continúa hoy en todo creyente que es capaz de abrirse al poder de Dios. Creer en la Resurrección es creer en la acción de Dios en la historia; Es creer en el poder de Dios que actúa en los pequeños e indefensos; Es creer que la lucha a favor de la vida de los pobres y desvalidos es mucho más fuerte que las bombas más poderosas de cualquier nación o pueblo. Es creer que hasta de lo más débil y frágil, Dios puede hacer surgir algo nuevo. Hasta la persona más aplastada por el pecado, Dios puede levantarla y convertirla en discípulo.

3.- Creer en la Resurrección es ser capaz de romper con la mezquindad y la mediocridad que todavía queda en nosotros. Es poner la fraternidad por encima de rituales, por encima de movimientos y grupos, por encima de tantas pequeñeces que con frecuencia nos apartan unos de los otros. Es sentir que pertenezco a la comunidad cristiana; que en ella soy acogido y amado; que en mí no hay exclusión para nadie. Es echar fuera de mí todo egoísmo, toda hipocresía, todo orgullo, todo miedo, todo aquello que no me deja ser yo mismo. Es sabernos protagonistas de esta historia, injertados y sumergidos en el camino de Jesús. Un camino que es de lucha, pero también de esperanza y amor. Un camino que da plenitud al hombre y a la mujer y nos abre al gozo de la creación, liberándonos de la maldad para conducirnos hacia la gran fiesta del Reino eterno.

4.- ¿Cómo VIVIR HOY la resurrección? Pienso que todos, unos más que otros, ya estamos viviendo la vida del Resucitado. Jóvenes que, en vez de estar en la playa o viendo TV, comparten la Pascua Juvenil y en las celebraciones del Triduo Pascual es señal de que el Resucitado está actuando en ellos. Un equipo de personas que se olvidan de su propia vida personal para acompañar a los jóvenes en la Pascua Juvenil –también ellos ya están viviendo la Resurrección. Y hay otras personas que a lo mejor no pueden realizar ciertos trabajos, sin embargo, se encargan de traer café, leche, jugos, donas, y bizcocho para que otros puedan hacer el trabajo. Eso también es vivir la resurrección. Dar de nuestro tiempo y nuestros talentos sin esperar nada a cambio –eso también es vivir hoy la resurrección. ¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya, Aleluya!


2.- ¡ESTO ESPERÁBAMOS!

Por Javier Leoz

No hay Cristo sin cruz, pero tampoco cruz sin Resurrección. ¡Aleluya! ¡Cristo ha resucitado! No podíamos dejar a Jesús olvidado en el sepulcro. Mejor dicho, el Padre, que siempre cumple lo que promete hace que celebremos este gran prodigio de amor y de vida: la Resurrección.

1.- Si en la Cruz, Dios nos demostró los quilates de su amor. Con la Resurrección nos enseña lo que esconde el otro lado de la fidelidad y de la pasión, de la entrega y del sacrificio. ¡Aleluya! ¡Cristo nos ha salvado!

Ya no tenemos miedo a la muerte. A partir de ahora, aunque el sufrimiento nos desanime, sabremos que la sombra de la cruz se transforma en un rayo de luminosidad que nos dispara a la eternidad. Es el gran obsequio de la cruz: por la cruz, a la luz. Ahora, en este momento, comprendemos que –seguir a Jesús- no solamente es cuestión de fe: ¡es que merece la pena! Que, en ello, nos va la vida. Sí; hermanos. Hoy celebramos que, nuestra vida, tiene visos de inmortalidad. Que lo efímero se acaba y permanece aquello que Jesús nos señala como definitivo y verdadero: el rostro de Dios. ¿Seremos capaces de vivir con inmensa alegría el Misterio de esta noche?

2.- No nos podemos quedar en las tinieblas del Viernes Santo. Dios merece mucho más. Quiere y desea el júbilo de nosotros sus hijos. La fiesta ya está preparada. Ha pasado el llanto y el luto. Ahora es el momento de la gratitud: con Cristo hemos resucitado. ¡Gracias, Padre!

Si las Palabras de Jesús nos dieron que pensar a su paso por nosotros, su Resurrección es motivo para mudar de muchas cosas y orientar nuestras vidas hacia El. Su Vida (con mayúscula) es Vida (con mayúscula) también para nosotros. ¡Qué herencia nos deja el Señor!

--Resucitó, y resucitaremos.

--Vendrá, y volveremos.

--Vence, y nosotros venceremos

--Viene con nueva vida, renaceremos a una vida eterna

¿Podemos desear, en un futuro, algo mejor que un despertar eterno? Creo, sinceramente, que no. Por ello mismo, esta noche, es la noche entre las noches más santas, la luz más importante entre miles, el horizonte de la meta que nos aguarda, la puerta por la que –al entrar Cristo primero- nos indica el camino a seguir para contemplar el rostro divino de Dios.

3.- Hoy, después de haber escuchado la Historia de la Salvación, llegamos a entender que todo estaba pergeñado desde antiguo. Que los profetas no se equivocaron. Que, el Bautista, acertó de lleno cuando se sintió poco y nada al lado del que iba a dinamitar, con su Resurrección, todos los sepulcros cerrados de la humanidad.

Dios, desde el principio de la Creación, se involucró de lleno para alcanzarnos un Paraíso definitivo y, con su Hijo Jesús, muerto para y por nosotros en plena juventud, nos lo posibilita de nuevo: ¡Marcharemos a una vida totalmente nueva! ¡Resucitaremos! ¡Volveremos a vernos! ¡Disfrutaremos de una eternidad, sin más necesidad para ser felices, que el estar frente a Dios!

¡Feliz Pascua de Resurrección! ¡Es el trofeo después de tanto llanto, fidelidad, pasión y muerte! ¡Gracias, por todo eso, Jesús! ¡Tu triunfo es una victoria colosal para nosotros! ¡ALELUYA!

4.- ¡VIVA LA VIDA!

Es la noticia que, las horas de esta noche,

nos trae a los que vivimos en la tiniebla:

Jesús, ha pasado de la muerte a la vida

Y, esta buena nueva, no la podemos esconder

no podemos consentir que se duerma

¡VIVA LA VIDA QUE NOS TRAE JESÚS!

 

Es el secreto a voces de esta noche

lo que da sentido a nuestra vida cristiana

Que, Cristo, no está en el sepulcro

Que, Cristo, se ha alzado victorioso

Que, aún en medio de desesperanzas,

inquietudes, pruebas, dolores, cruces,

traiciones, deserciones o incomprensiones

siempre, un Cristo Resucitado,

nos señalará el horizonte que nos aguarda:

¡LA VIDA EN DIOS!

 

Y es que, en esta Noche Santa,

el Señor, la puerta de la VIDA,

la abre para todo el que crea y espere

para todo el que, con fe,

viva como hijo de la luz del día

para todo el que, con esperanza,

camine sembrando de ilusión y de fraternidad

los senderos de su existencia

 

¡VIVA LA VIDA QUE EL RESUCITADO NOS TRAE!

¿Que moriremos?

¡Pero resucitaremos!

¿Qué sufriremos?

¡Mirando a Cristo, lo soportaremos con entereza!

También nosotros, como Jesús,

en esta Noche Santa

en la que se nos conquista una Vida Eterna

estamos llamados a ser vida en medio de tanta muerte

a impregnar esperanza, donde surge el llanto

a pregonar a Jesús, allá donde es silenciado

Como aquellas mujeres, también nosotros,

que seamos capaces de expandir

a los cuatro vientos

que, Jesús, no está muerto

que vive, hoy y aquí resucitado,

en la vida de nosotros sus hermanos.

¡VIVA LA VIDA QUE NOS TRAE JESUS!


3.- LAS MUJERES, LAS PRIMERAS EN LA RESURECCIÓN

Por Antonio García Moreno

1.- ESPERANZA EN EL DESTIERRO.- El profeta Ezequiel, desde el exilio, recuerda con amargura la torpe conducta de su pueblo, sus pecados cuando habitaba en la tierra que Dios le había prometido. En lugar de agradecer cuanto el Señor les había dado, adoptaron una actitud de orgullo y autosuficiencia, dieron culto a otros dioses y olvidaron al Dios de sus padres. Por eso la cólera divina se desencadenó sobre ellos y fueron echados violentamente de sus casas, deportados a tierra extraña de nuevo.

Pero el Señor es un Dios compasivo que no olvida su alianza. Y al ver la triste situación en que estaban, siente pena y les promete la restauración del pueblo, la vuelta a sus hogares, a su añorada tierra. Serán recogidos de las naciones donde malvivían dispersos, serán purificados de toadas sus inmundicias, les dará un corazón nuevo e infundirá sobre ellos su espíritu. Promesas que recordamos para comprobar que la historia se repite y también de nosotros tiene compasión el Señor.

2.- DE LA MUERTE A LA VIDA.- En la Vigilia pascual puede parecer extraño hablar de muerte. Y sin embargo, en varias ocasiones su oscura sombra atraviesa la escena, la brisa húmeda y fría de la tumba se hace sentir. En realidad es elemento tenebroso que pone de relieve y da contraste a la fuerte y clara luz de la Pascua incipiente. Y junto a la muerte, el pecado, esa terrible realidad de la que proviene no sólo la muerte, sino también cuantos males padece el hombre. Pero el frío y la tiniebla se disipan en la liturgia del fuego que calienta y que da luz, esa luz que comienza tímidamente y que, al clamor del anuncio de la Luz de Cristo, va creciendo hasta inundar de fulgor la negrura de la noche, llenando de claridad las naves de la iglesia... Son símbolos que nos interpelan, que nos animan a morir de una vez al pecado, a resucitar para siempre a la vida de la Gracia, a la vida de Dios.

3.- MUJERES HERALDOS DE LA VIDA.- De nuevo el séquito de la muerte aparece en la liturgia de la vida. Ahora es el sepulcro nuevo donde habían depositado el cuerpo muerto del Señor. Era un huerto, un jardín podemos decir, dentro de esa costumbre tan humana de depositar los cadáveres en zonas ajardinadas, de poner flores frescas en la tumba de los seres queridos, como si quisiéramos espantar los murmullos tristes que suscita la muerte, suplir el fétido olor de la carne podrida con la fragancia suave de unos jazmines o de unas rosas.

Las mujeres fueron las primeras en saber que Cristo había resucitado, como si recibieran el premio por haber sido las últimas en abandonar al Señor en su Pasión y Muerte. También serán las primeras en ver a Jesús resucitado y ser los heraldos aguerridos que, contra la dureza de corazón de los hombres, proclamaron con entusiasmo y convicción de Cristo. Ellas prendieron el fuego del cirio pascual, del primer chispazo del fuego y la luz de la Pascua, que hoy nos anima e ilumina a todos.


4.- RESURRECCIÓN DE JESÚS: PROYECTO DEL HOMBRE NUEVO

Por José María Maruri, SJ

1.- La Iglesia se ha preparado con una larga Cuaresma para esta hora de la noche y ahora exulta en alegría, y lanza las campanas al vuelo. ¿Toda esta alegría… por qué? ¿Por la mera resurrección biológica de Jesús? ¿Por la resurrección como fue la de Lázaro?

De ninguna manera. La resurrección de Lázaro cae dentro de los hechos temporales e históricos que, pueden ser comprobados por la ciencia. La Resurrección de Jesús, su nueva existencia, es algo totalmente nuevo, es el hombre nuevo que no tiene ejemplar ninguno similar a él en la raza de Adán y sus descendientes. Es un ser nuevo, totalmente libre de toda servidumbre al pecado, a la muerte, al dolor.

2.- Creer en la Resurrección no es sólo creer que Jesús fue sacado de la tumba por Dios, es creer, que siendo el cabeza de todos nosotros, el proyecto del hombre nuevo que Dios tiene sobre la humanidad se ha cumplido ya en Jesús y se puede y va a cumplir de una manera plena en todos nosotros.

No es sólo que la resurrección tiene un sentido ejemplar para nosotros, que sí lo tiene también, sino en cuanto que por el hecho de nuestra fe en el Señor y por el bautismo hay una semilla en cada uno de nosotros que se va desarrollando en nosotros, haciendo posible en nosotros el Reino de Dios, liberándonos del pecado, de nuestros egoísmos y odios, de nuestras debilidades, hasta que un día por la muerte esa semilla reviente y se convierta en la maravillosa flor de una vida eterna y feliz, como sucedió con Cristo.

3.- El que cree en mí tiene vida eterna. Ya la tiene. “Hemos resucitado con Cristo, nuestra vida está escondida con Cristo en Dios”. Es ya la vida que tenemos dentro. Somos un ser humano nuevo, distinto, no por nuestras fuerzas ni méritos, sino por la comunicación del Espíritu, que es la vida de Dios.

4.- Por eso somos ciudadanos del cielo, no por pasaporte, sino por naturaleza, esa nueva vida nos de la nueva conciudadanía Nuestra patria es el cielo.

Esa semilla de la fe cuando la cultivamos debidamente, nos va dando una vivencia de lo sobrenatural, va luchando dentro de nosotros, pujando por manifestarse en toda su grandeza y libertad, nos va haciendo connaturales con Dios, y por eso realmente hijos suyos, con la participación de su propia vida.

Es que nos llamamos hijos de Dios y lo somos, y un día aparece lo que ya somos.

5.- ¿Siendo ciudadanos del cielo realmente buscamos las cosas de arriba? ¿De nuestra patria?

--¿Oímos las noticias de nuestra patria con el interés con que seguimos las de nuestra patria de la tierra?

--¿Nos interesan más los periódicos con noticias tantas veces falseadas de nuestra patria terrea, que ese gran periódico de la palabra de Dios que es la Biblia?

--¿Nos interesa más la subida de la bolsa, que la subida o bajada del número de hermanos que creen en Dios con sinceridad de vocaciones sacerdotales?

--¿Nos interesamos más por los programas políticos de los partidos que se disputan el poder entre nosotros, que el programa religioso de Cristo en las bienaventuranzas, en sus declaraciones públicas de los dos grandes mandamientos son, el amor a Dios y al prójimo?

--¿Damos más importancia a la razón y a sus argumentos, que a la fe?

Viendo cómo vivió Jesús, entregado a hacer el bien “pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos”, ¿vivimos nosotros la reocupación por los demás, o nos encogemos de hombros ante las penas y necesidades de los demás?

Señores y señoras, amigos, ¿somos ciudadanos del cielo o puros ciudadanos de esta tierra en que vivimos?


5.- TIEMPO DE SILENCIO Y TENSA ESPERA

Por Gabriel González del Estal

1. Me refiero a la vigilia que realmente vivieron los apóstoles, discípulos y discípulas de Jesús de Nazaret, desde el momento mismo en el Cristo murió, hasta que se enteraron de que había resucitado. Nuestra vigilia, por supuesto, es distinta. Dicho con un poco de humor, podemos afirmar que nuestra vigilia de la noche del sábado tiene truco. Comenzamos la vigilia sabiendo ya que el Resucitado está con nosotros. Pero la vigilia que tuvieron que vivir los discípulos de Jesús de Nazaret fue muy distinta. Ellos no sólo no sabían que Jesús iba a resucitar, sino que ni siquiera lo esperaban del todo. De ahí la tristeza y desconsuelo de los discípulos de Emaús y el no menor desconcierto y abatimiento de los apóstoles. Las mismas María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé, cuando, pasado el sábado, caminaban hacia el sepulcro para embalsamar el cuerpo de Jesús, se decían unas a otras: ¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro? Y, cuando bajan al sepulcro y ven allí a un joven vestido de blanco, se asustan, porque ellas lo que de verdad creían que iban a encontrar era el cuerpo muerto de Jesús. Los apóstoles, entretanto, andaban escondidos por miedo a los judíos. Sí, basta con leer con un poco de detención los evangelios para darse cuenta de que aquel sábado fue, para todos los discípulos del Maestro de Galilea, un día terrible. Un día presidido por el miedo, el silencio y una tensa espera. Y, ¿ahora, qué? se preguntarían. Yo me imagino que en el rincón más hondo y caliente del corazón de los que, con tanto amor y pasión habían creído en Jesús y le habían seguido por los caminos de Galilea, se habría mantenido encendida alguna chispa y lumbre de esperanza.

2. Hoy día la esperanza en la resurrección, tal como seguimos entendiéndola los cristianos, es, para muchos, una esperanza débil y poco operativa. En nuestra vieja Europa, son bastantes los que creen en la reencarnación y son multitud los que no creen en ningún tipo de vida trascendente y eterna. Este ambiente de increencia generalizado en el que vive nuestra sociedad actual puede terminar influyendo en la fortaleza de la fe de muchos creyentes de buena voluntad. ¿Será verdad?, nos preguntan, los más atrevidos, a los curas, abriendo los ojos como platos, esperando que les demos alguna razón contundente que disipe, como por encanto, las dudas que les atenazan. Pero los curas no tenemos certezas matemáticas, ni científicas sobre la resurrección. Tenemos que hablarles de nuestra esperanza, una esperanza necesaria y vivificadora, apoyada en la certeza de nuestra fe. También nuestra esperanza es una esperanza tensa, o mejor, en tensión, alimentada en el silencio de la oración y fortalecida por la fuerza y por la gracia de un Dios que se encarnó para salvarnos. En esta vigilia santa de la Pascua, debemos rezar por los que creen dudando y por los que dudan creyendo, por todas las personas de buena voluntad que creen, en silencio o a gritos, que una persona como la de Jesús de Nazaret no puede haber muerto nunca para siempre. Y, si Cristo vivió para destruir y vencer a la muerte, y la venció, también todos los que creemos en Cristo resucitaremos con él.


6.- UNA VIGILIA: MI BILLETE DE VUELTA A LA FE

Por Ángel Gómez Escorial

1.- En esta noche de la Vigilia de Pascua es cuando se comprende ya totalmente lo que ha sido la Semana Santa, lo que han sido esos días tan especiales en los que Jesús pasaba de ser un hombre conocido, famoso, –querido por unos y perseguido por otros—a convertirse en un delincuente sometido a un proceso terrible, con turbas vocingleras intentando cambiar la voluntad del Gobernador romano, con un recorrido terrible –Vía Dolorosa—por la ciudad de Jerusalén con la cruz a cuestas y con una muerte atroz –de larga agonía—en el Gólgota. Hemos de ser justos. La desbandada de los apóstoles ante la detención de Jesús no es tan extraña o tan afrentosa. La situación creada era ininteligible. Y durante las horas siguientes el desconcierto y el dolor tuvieron que ser enormes.

2.- Nadie fue testigo de la Resurrección, algún autor fantasioso habla como de una explosión atómica, siendo tanta la energía desplegada en la salida de la gruta del Señor Jesús. Esa explosión es la que dejaría fuera de combate a los soldados que custodiaban el sepulcro. Muy fuerte parece eso. De todas formas, es difícil para un ser humano imaginas los modos y los procedimientos de Dios. No creo en la explosión –es una idea mía—si en un golpe de luz, la luz que hoy mismo llega a nuestros corazones después de haber encendido el cirio pascual, presencia viva del Espíritu Santo es nuestra cercanía.

3.- Las lecturas tan numerosas y bellas nos hablan de la historia del ser humano y de su caminar conjuntamente con Dios. Jesús de Nazaret murió para cambiar la historia y para reconciliar a la creación con Dios Padre. Resucitaba para confirmar esa fuerza divina de paz y amor. La tristeza del Viernes Santo se ha esfumado y, en su lugar, aparece la alegría desplegada ante la victoria de Cristo que es para siempre. Y todas estas cosas, toda la felicidad por el triunfo debe llegar –y llenar—nuestro corazón y hacerle rico en esperanza. Es verdad que la vida no es fácil, que el pecado, la desdicha, el dolor, todo ello está ahí.

4.- Quiero revelaros una cosa importante en esta noche santa de luz y de alegría. El fermento que en mi dejó la celebración de una vigilia pascual fue, sin duda, mi billete de vuelta para volver a la fe. Acudí a dicha ceremonia siendo muy joven, cuando iniciaba la separación total de la Iglesia. Pero siempre estuvo presente ese recuerdo localizado en la capilla bizantina del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, de la calle Serrano, de Madrid. Por eso cuando se acerca la hora nocturna para acudir al templo a esperar la Resurrección del Señor pues estoy nervioso y agitado. Creo que eso mismo les pasaría a los catecúmenos que en una noche como esta esperaban su bautismo y su entrada plena en la familia cristiana. Pero para mi ese recuerdo fue con un billete de vuelta. Estaba en mi bolsillo y no lo sabía. Pero un día silbó un tren y yo ya supe que tenía plaza en el ese viaje de vuelta.

5.- Estamos celebrando la resurrección de Nuestro Señor y es, si lo metemos bien dentro de nuestros corazones, lo que nos enseña que podemos cambiar, que nuestra vida puede acercarse más y más a la de Jesús; y ser como Él, porque Él mismo nos lo ha mandado. La resurrección es un triunfo de todos y conlleva la promesa que un día todos tendremos un cuerpo glorioso semejante al de Él. Eso es lo importante y ello es lo que nos ayuda a seguir nuestro camino a la espera de encontrarnos con Él, como los discípulos de Emaús. Y ojalá nosotros sepamos reconocerles de inmediato. ¡Feliz Noche! ¡Feliz Pascua! ¡El Señor Jesús vive, ha resucitado!


LA HOMILÍA MÁS JOVEN

NOCHE DE PASCUA

(seguramente la del 8 al 9 de abril del año 30)

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Le duele y le impresiona a uno la muerte de alguien a quien ama, se le desgarra el alma cuando ocurre. Pero el dolor es una cosa viva, llorar tiene sentido. Una vez enterrado el cadáver el abandono de aquel al que querías, se hace insoportable. Todo, todo, está lleno de la ausencia del amado. Y esta negatividad no tiene ningún sentido. La vida entonces carece de ilusión.

Por las calles de Jerusalén me he encontrado a alguno de los nuestros, nos mirábamos a hurtadillas, avergonzados y nostálgicos. He querido visitar a la Madre del Maestro, esperaba encontrarla destrozada y en cambio está serena. El recuerdo de la cruz le duele. El Cuerpo que sufría en el patíbulo, no deja de atormentarla. Le pregunto: ¿Tú crees que ha desaparecido del todo? ¿Imaginas que vaga sin sentido por el sheol, sin saber qué hacer? No quiero preguntar a sabios, tú eres la que más sabes de Él, ¿qué me contestas? Ella tampoco tiene respuesta, pero está convencida de que su Hijo no ha podido desaparecer. Dios estaba en Él y Dios no muere nunca. Su serenidad me emociona y llena de paz mi espíritu.

2.- El sepulcro quedó cerrado, pero el ritual no se pudo concluir del todo. Las mujeres, María la de Mágdala es la que está más decidida y ya ha conseguido los perfumes y bálsamos que faltaban, dice que al alba, aunque le toque ir sola, aunque no tenga fuerzas para correr la piedra, ella lo primero que va a hacer, es ir allí, va a rociar su cuerpo envuelto, con los más delicados aromas que ha conseguido. Es la única que tiene proyectos, los demás no sabemos que pensar, ni en qué ocupar nuestro tiempo. A decir verdad, si algún titulo le puedo dar a la jornada, yo le nombraría así: día del aburrimiento total.

Al atardecer de este Sabbat, decidimos unos cuantos, hacer compañía a nuestra Señora, la madre del Maestro. No la podemos dejar sola. Es lo más íntimo que de Él nos queda y no la podemos perder. Nos dice que durmamos, que llevamos demasiadas horas sin descansar, que ella velará nuestro sueño. Pero delicadamente, no la hacemos caso.

3.- Por las calles ninguno se atreve a deambular. A nosotros nos falta el Señor, a ellos, a los judíos vecinos de Jerusalén, les importa un comino lo que le haya podido pasar a un galileo. Uno más o uno menos, les trae sin cuidado. Nosotros quisiéramos gritarles que han sido cobardes, que se han dejado perder al mejor de los hombres, al mayor profeta, a quien estaba totalmente imbuido de Dios. Se hubieran reído. Continuamos convencidos que nos quedaremos en casa con la Madre del Maestro. Yo debería llamarla mi madre, me lo dijo Él, pero recordarlo ahora, es superior a mis fuerzas…

4.- ***** Cuando yo era pequeño, mis queridos jóvenes lectores, no existía la Vigilia Pascual. El Papa Pío XII la instauró en 1951. Era por entonces un primerizo seminarista, que me sentía todavía bachiller. Tenía pocos conocimientos de liturgia. Añádase que más que instauración, el anuncio nos sonaba a sugerencia. No había obligación de celebrarla, cosa que para los más inquietos, nos la hacía más atractiva. Hasta bastante más tarde, cuando se estructuró la Semana Santa al completo, no se pudo ver el relieve asombroso, precioso y digno que tenía. Y me temo que muchos todavía no se han enterado. Para que me entendáis, la Vigilia es una fantástica verbena. Una fiesta de bienvenida, que se prepara por todo lo alto. Nosotros sabemos que cuando al amanecer fueron aquellas santas mujeres al sepulcro, constataron que estaba vacío y les dijeron que Jesús había resucitado. No sabemos en que momento sucedió, pero, para no perdernos la celebración del momento aquel, no nos vamos a dormir y nos pasamos la noche entretenidos en lecturas, canciones y sacramentos. Jesús en una noche así, pasó de la muerte a la Vida, del sepulcro donde estaba encerrado, a la libertad absoluta, independiente total del espacio y del tiempo que aprisiona a los vivientes.

En muchos no han calado del todo estos principios y les parece que una noche es demasiado larga para pasarla en la iglesia. No será tan larga la noche que, haciendo cola a la intemperie la pasan algunos, para poder comprar las entradas de un festival o, en un aeropuerto, esperan la llegada del avión donde regresa vencedor su equipo predilecto. Sólo los jóvenes de espíritu saben entenderlo. No importa que a algunos les entre sueño o que a otros no les digan nada las misteriosas lecturas de ciertos profetas. Volviendo al símil del aeropuerto, nadie es capaz de poner atención y entender los periódicos mensajes que anuncian por megafonía las llegadas de los vuelos. Algo así ocurre con los que no queremos pasar la noche prosaicamente dormidos y esperamos asistir a la liturgia de la luz, al pregón pascual, el único texto donde la hierática liturgia latina, se siente poetisa y canta a la cera y a la abeja madre que la fabricó.

Hay que estar atentos e impacientes para que en el mismo momento en que se proclame que Jesús ya no hay que buscarlo en un sepulcro, que ha resucitado, lo cual es mucho más que revivir o que reencarnarse, de inmediato, prorrumpir en aplausos, hasta llorar de emoción. Como lloro yo ahora recordándooslo.

Era una noche de luna llena, la primera de la primavera, la más solemne, la más bella, cuando este misterio aconteció. Fue con mucha probabilidad, os lo vuelvo a repetir, la del 8 al 9 de abril del año 30. No os preocupe que no coincida, se han hecho algunas reformas del calendario y el mismo planeta Tierra no es exacto en sus desplazamientos. Sucedió en domingo, el día del sol, le llamaban los romanos. La primera feria, según la nomenclatura hebrea. El Octavo día de la semana, deberíamos llamarlo siempre nosotros, para señalar su singularidad y trascendencia. La Santa Madre Iglesia decidió que la fiesta fuera celebrada la dominica siguiente a esta fase de la luna. Este año veo que ocurrirá el 30 de marzo, por tanto cuando salgamos de la Vigilia, la noche del 3 al 4 de abril, si podemos verla, estará ya iniciando el cuarto menguante.

No dejéis de fijaros en ella, en la Luna, cuando os asoméis a la ventana, la noche del Miércoles Santo, al final de marzo, es la más presumida del año, la más coqueta, la más impresionante. Ningún astro se le puede comparar. Sonríe orgullosa y satisfecha, mientras nos recuerda que fue ella sola, la que iluminó la primera Pascua.