Domingo de Ramos en la Pasión del Señor
28 de marzo de 2010

La homilía de Betania


1.- LA VERDADERA VIDA HUMANA ES UNA VIDA ENTREGADA

Por Pedro Juan Díaz

2.- RESPLANDECE LA INFINITA MISERICORDIA DEL SEÑOR

Por José María Maruri, SJ

3.- BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR

Por Gabriel González del Estal

4.- EL ENTUSIASMO DE LA GENTE SENCILLA

Por Antonio García-Moreno

5.- CARGAR CON NUESTRA PROPIA CRUZ

Por José María Martín OSA

6.- ¡CLARO QUE SÍ! ¡Y BENDITO MIL VECES!

Por Javier Leoz

7.- DE LA GRAN ALEGRÍA A LA GRAN TREGEDIA

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


DOMINGO DE RAMOS

(seguramente el 2 de abril del año 30 de nuestra era)

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- LA VERDADERA VIDA HUMANA ES UNA VIDA ENTREGADA

Por Pedro Juan Díaz

1.- Esta celebración del Domingo de Ramos es la “puerta” de entrada a la Semana Santa, donde va a ocurrir un hecho extraordinario: la muerte y resurrección de Jesús. Este hecho va a dar un nuevo sentido a nuestra vida, y también a nuestra muerte. Y es que la vida ya no es igual desde que aconteció la SEMANA SANTA de Jesús, hace más de 2000 años.

2.- Esta celebración nos va a llevar a la meta de la PASCUA. La Pascua es nuestra fiesta principal como cristianos. La resurrección de Jesús es el punto de partida de nuestra fe cristiana. Creemos en Jesús resucitado, es decir, creemos que Jesús ha vencido a la muerte, desvelando su misterio con su resurrección. La Pascua es, además, el soporte de nuestra esperanza, porque creemos que también nosotros resucitaremos con Cristo. Por eso, todos los años celebramos en nuestro tiempo lo que sucedió “en aquel tiempo”.

3.- Y todo esto ocurre en una semana, en esta semana a la que llamamos “santa” porque celebramos y actualizamos los últimos días de la vida de Jesús, donde culminó lo que había sido toda su vida, una entrega generosa por los demás, y lo culmina entregando su vida en la cruz por nuestra salvación. Lo recordaremos y actualizaremos en el Jueves Santo, el día de Caritas y del amor fraterno, con la Última Cena de Jesús; continuaremos el Viernes Santo, contemplando a Jesús crucificado; y lo celebraremos con alegría en la Vigilia Pascual, anunciando y proclamando a Jesús resucitado, vivo y presente en medio de nosotros. Son tres celebraciones que forman una sola unidad y a las que estamos llamados como cristianos a participar y a vivir con intensidad.

4.- Todo esto lo hace Jesús como culmen de una manera muy concreta de vivir. Y es que no podemos entender nuestra vida desde una clave cristiana si no es desde una entrega generosa a los demás en el amor y por el amor, es decir, como fue la vida y la muerte de Jesús. Y todo ello lo vemos subrayado hoy por la Palabra de Dios que se nos ha proclamado. Hemos escuchado solemnemente la lectura de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, hasta el momento de su muerte. El próximo sábado proclamaremos con alegría el fruto de esa vida entregada por amor: la resurrección de Jesús.

5.- Pero también en las otras dos lecturas vemos como esa muerte fue la consecuencia de una vida vivida en coherencia con un pensamiento: cumplir la voluntad de Dios en todo momento. Jesús escuchaba cada mañana en sus ratos de oración lo que el Padre quería de él, y eso lo traducía en palabras y acciones de amor y de consuelo hacia la gente, especialmente hacia los más pobres. El profeta Isaías en la primera lectura lo describe así: “mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados”.

6.- Así, poco a poco, cada día, fue haciéndose cercano a los más necesitados, luchando contra las injusticias que venía incluso en la propia religión y poniéndose de parte de los más pobres y de los más alejados de la fe y de Dios. Jesús, siendo el Hijo de Dios, no quiso venir a salvarnos desde el poder, el sometimiento o la imposición, sino desde un amor que se convirtió en entrega generosa por nosotros en la cruz. Por eso la cruz es para los cristianos el signo del Amor de Dios que dio su vida en Jesucristo para nuestra salvación. Es la “kénosis” de Jesús, su despojo, su vaciamiento, su anonadamiento. “Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios… se despojó de su rango… pasando por uno de tantos… se rebajó hasta someterse a una muerte de cruz… por eso Dios lo levantó sobre todo… y toda lengua proclama: ¡Jesucristo es Señor! Para gloria de Dios Padre”. Este es el resumen perfecto de la vida de Jesús. Así lo escribe San Pablo a los cristianos de Filipo y así nos lo recuerda y actualiza hoy a nosotros, los cristianos de El Altet, que nos disponemos a vivir la semana más grande de nuestra fe, la Semana a la que llamamos Santa precisamente por esto.

7.- Que esta celebración de la Eucaristía nos ayude a vivir con Jesús, su Pascua: su muerte y su resurrección. Que nuestro testimonio de fe nos haga decir: “Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor”. Empecemos la Semana Santa con el deseo de caer en la cuenta de todo lo que Dios va a hacer por nosotros, hasta entregar su vida, sin nosotros pedirlo, ni merecerlo, sino por iniciativa suya y por puro amor de Padre. Confesemos juntos nuestra fe en un Dios que se hizo hombre, se rebajó hasta entregar su vida por amor, y es modelo para nosotros de una vida humana vivida en plenitud.


2.- RESPLANDECE LA INFINITA MISERICORDIA DEL SEÑOR

Por José María Maruri, SJ

1.- Hoy damos comienzo a la Semana Santa. En ella se descubre en toda su hondura el drama del hombre ante Dios. Drama de vida y de muerte, de traición y de eterna felicidad.

San Juan de Ávila dejó escrito que era necesario que la lanza del centurión romano abriese el corazón de Cristo para que a través de esa herida pudiéramos los hombres vislumbrar el amor infinito del Padre que entrega a su Hijo por nosotros, y del Hijo, Jesucristo, que se entrega a la muerte por nosotros.

En esta Eucaristía –como en todas—vuelve a repetirse en símbolo y en realidad aquel acto de entrega de Jesús. Y nosotros que, como los discípulos y los judíos, unas veces hemos aclamado a Cristo con entusiasmo como Rey y después le hemos traicionado y abandonamos tantas veces, nos convertimos, por nuestra debilidad y nuestro pecado en protagonistas de la Pasión, tal como la hemos escuchado en el Evangelio. Insisto que ante la Pasión de Jesús no podemos ser meros espectadores o como auditorio pasivo. Cada uno de nosotros estábamos allí, entre aquellos judíos o aquellos discípulos, porque Jesús ofrecía su vida también por cada uno de nosotros. Y es que, para cada uno de nosotros es el relato de cuando nuestro mejor amigo entregó y perdió la vida por todos, por mí, por ti.

2.- La narración de la Pasión de San Lucas sigue una tradición más antigua que las de San Marcos y San Mateo. En ella se suaviza todo lo que sea violencia y dramatismo. No quiere insistir en los sufrimientos, por eso no narra los azotes, ni la coronación de espinas. Y la crucifixión es relatada muy brevemente.

Resalta el señorío de Jesús, que da permiso para su prendimiento y responde con autoridad a los sumos sacerdotes. Y sobre todo resplandece la infinita misericordia del Señor en tales momentos, llamando al traidor por su nombre, curando la oreja del siervo del pontífice, perdonando a los que le crucifican, y prometiendo el paraíso al buen ladrón. Jesús se manifiesta así como reflejo del amor y de la misericordia del Padre hacia nosotros.


3.- BENDITO EL QUE VIENE EN NOMBRE DEL SEÑOR

Por Gabriel González del Estal

1.- La Semana Santa comienza con la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén. Entra montado en un pollino y el pueblo llano le aclama como Mesías y alfombra el suelo con sus mantos y con ramas cortadas en el campo. La escena la conocemos bien los cristianos y seguramente muchos de nosotros hemos participado ya en muchas procesiones, este Domingo de Ramos, llevando nuestro ramo de olivo o de palmera en la mano. Es bueno que reflexiones ahora nosotros sobre la actitud del pueblo llano. ¿Qué veían en Jesús de Nazaret las personas que lo aclamaban? Seguramente, a un profeta que venía a liberarles. Liberarles, ¿de qué? Pues de lo que les tenía atados y esclavizados: de la enfermedad, del hambre, del pecado, de la opresión de los gobernantes, tanto judíos como romanos. Y, ¿cómo iba a liberarles? Entraba sin ejército, sin armas, en actitud pacífica y conciliadora. Les iba a liberar, sin duda, con el poder de Dios; iba a ser Dios mismo el que, de forma milagrosa, los liberara, a través de este profeta. Por eso aclamaban, entusiasmados: “bendito el que viene en nombre del Señor”.

2.- Sí, ¡bendito el que viene en nombre del Señor! Pero, según escucharemos después en el relato de la Pasión, este mismo pueblo llano iba a gritar muy pronto, enfurecido: ¡Crucifícalo! ¿Qué había pasado para que este pueblo que unos días antes había aclamado a Cristo como Mesías, pidiera ahora su crucifixión? Evidentemente, este pueblo se había dejado manipular por las autoridades judías que veían en Jesús a un enemigo declarado de sus hipocresías y ambiciones. Pero también es posible que muchas de estas personas se sintieran personalmente defraudadas porque Jesús de Nazaret no les había resuelto, de manera definitiva, los muchos problemas que les acuciaban a ellos cada día. Habían esperado de aquel profeta al que ellos le habían aclamado como Mesías, que les liberara, con la fuerza de Dios, de todos sus males físicos y materiales y de todos los enemigos del pueblo judío. En cambio, Jesús de Nazaret se había limitado a predicar paz, misericordia y conversión. ¡Amar hasta a los enemigos! ¿En qué mundo se creía vivir este profeta?

3.- Esta actitud del pueblo de Jerusalén es la misma actitud que tenemos muchas veces también nosotros. Mientras todo nos va bien, ¡qué bueno es Dios! Pero, si las cosas se tuercen y nos visita la desgracia y el dolor, ¡qué injusto está siendo Dios conmigo! Un Dios así no nos interesa, porque no nos resuelve, con su fuerza y poder, los muchos problemas que nosotros tenemos cada día. ¡Paz, misericordia, conversión, amor! Qué fácil nos resulta predicárselo a los demás, cuando les vemos enrabietados o deprimidos. Pero, cuando somos nosotros los que nos sentimos abatidos por la enfermedad, o por las desilusiones, o por una crisis material, familiar o social, qué difícil nos resulta creer y confiar en el amor y la providencia divina.

4.- ¿A qué Mesías esperamos nosotros? Pues, al que viene en nombre del Señor. No ha venido para solucionar nuestra crisis económica, o nuestros problemas laborales, o nuestros achaques corporales. Ha venido para invitarnos a una continuada conversión del corazón y purificación de nuestras conductas. Ha venido para animarnos a trabajar en el Reino que él ya instauró: un reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz. Este es el Mesías al que nosotros, en este domingo de Ramos, aclamamos con entusiasmo.


4.- EL ENTUSIASMO DE LA GENTE SENCILLA

Por Antonio García-Moreno

1.- DOLOR, BENDITO SEAS.- El profeta vislumbra la figura del siervo de Yahvé. En varios poemas de subida inspiración dramática, aparece ante nuestros ojos este personaje misterioso, que sufre extremadamente por la redención de los hombres. Él ha gustado el sabor amargo y agrio de la muerte. Él ha experimentado en su carne esa laceración punzante del dolor humano. Por eso es capaz de compadecerse de la miseria del hombre herido, capaz de decir al que está abatido una palabra de aliento.

Las largas horas de la noche en el silencio quejumbroso de los hospitales, el insomnio de los que velan el sufrimiento de los seres queridos. Cuerpos que se extinguen lentamente o se contraen en el dolor punzante. Míralos, Señor, míralos desde tu cruz. Diles una palabra de aliento, consuela su pena. Tú que sabes lo que es sufrir, compadécete de los que sufren. Y también de los otros. Los que llevan su dolor por dentro. Ese dolor que no se ve, el que se clava en el alma. La ingratitud, el desprecio, la vida vacía, la sensación de triste inutilidad. También a esos diles una palabra de consuelo. Hazles ver el sentido del sufrimiento. Anímalos a aceptar la prueba como tú lo hiciste, que sepan unirse a tu dolor para que también el de ellos tenga un valor redentor.

No oculté el rostro a insultos y salivazos –dice el Siervo paciente de Yahvé-. Burlas despiadadas ante ese hombre justo, indefenso y callado. En su pasión y muerte se van desgranando los versículos del salmo: “Dios, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Me acorrala una jauría de perros mastines, me pone cerco una banda de malhechores, me traspasan las manos y los pies, se pueden contar mis huesos. Se reparten mis ropas, echan a suerte mi túnica...”

Semana de Pasión. Los hechos de siempre vuelven a nuestra memoria. Las palabras del poema del Siervo de Yahvé resuenan en nuestro espíritu: Lo vimos despreciado por los hombres, varón de dolores... Humillado hasta el máximo, callando su pena, sin defenderse contra tan tremenda injusticia.

Tú, Señor, soportaste nuestros sufrimientos, aguantaste nuestros dolores. Fuiste herido por Dios, leproso, humillado, traspasado, triturado. Desgarrándote desnudo, colgando de una cruz... Y todo para redimirnos, para liberarnos, para salvarnos, para conseguir nuestro indulto y perdón. Misterio que nos abruma, que rebasa nuestra capacidad de comprensión, que escapa a nuestras posibilidades de reacción. Y apenados por nuestra escalofriante insensibilidad ante tu dolor de Dios crucificado, te miramos queriendo llorar nuestra maldad, queriendo comprender el sentido profundo de estos días cargados del recuerdo vivo de tu Pasión.

2.- CLAMORES DE VICTORIA.- El evangelio de la bendición de los ramos comienza diciendo que Jesús iba hacia Jerusalén, marchando en cabeza. Es un detalle que indica cómo el Maestro precedía a los suyos en el camino hacia la cruz. Todos sabían que ese viaje a Jerusalén podría ser fatídico. Era ya público el odio de los fariseos, los letrados y los sumos sacerdotes que cada vez estrechaban más el cerco en torno a Jesús de Nazaret. Pero el Señor había enseñado a sus discípulos que era preciso negarse a sí mismo, coger la cruz de cada día y caminar hacia adelante en un cumplimiento fiel de la voluntad de Dios. Por eso marcha decidido, para mostrarnos con su propio ejemplo el modo de cumplir las exigencias que implican su doctrina de salvación. Estamos en el pórtico de la Semana Santa, vamos a contemplar el dolor y la muerte de nuestro Señor, a recordar todo cuanto él hizo por nosotros y animarnos a quererle más y a hacer algo, o mucho, por él.

En contraposición del odio de los jefes de Israel, destaca el entusiasmo de la gente sencilla del pueblo. A ellos no les importa la opinión de los gerifaltes, ni temen posibles represalias. Ante la figura amable y majestuosa de Jesucristo su entusiasmo se desborda y le aclaman abiertamente como el Rey de Israel, el hijo de David, el Mesías anhelado. Supieron descubrir al Hijo de Dios detrás de aquellas apariencias sencillas, intuyeron que en aquel hombre joven se ocultaba una persona superior, capaz de redimir al mundo. Llenos de fe y de entusiasmo exclaman: Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor. Son aclamaciones que sólo el Mesías, el Hijo del Altísimo, podía recibir. De ahí que los fariseos se escandalicen y pidan al Maestro que callen sus discípulos.

Si éstos callan, responde Cristo, gritarán las piedras. Es una respuesta valiente y comprometida. El Señor hace frente a sus enemigos. Es el momento de la gran batalla, ha sonado la hora que el Padre había señalado y es preciso acudir a esa cita que le acarrearía la muerte. Pronto el clamor de la victoria se convertirá en tremenda derrota. Jesús lo sabe, pero esto no le detiene. Al contrario, le estimula a la entrega generosa, consciente de que sólo por medio de la cruz llegará el triunfo grandioso de la luz. Con ello comienza la exposición clara de la gran lección de su vida, nos anima a seguirle de cerca, no sólo a la hora del triunfo de los ramos, sino también en los momentos difíciles del Calvario.


5.- CARGAR CON NUESTRA PROPIA CRUZ

Por José María Martín OSA

1- El siervo humilde y obediente nos habla. “El Señor me abrió el oído”, dice Isaías. Todos los días, pero particularmente en estos de celebración pascual, es preciso tener los oídos abiertos, para escuchar la voz de Dios que nos habla en medio de los acontecimientos de nuestro mundo convulsionado. La Semana Santa es como un alto en el camino para recordar y actualizar el acontecimiento central de nuestra fe: la muerte y la resurrección de Jesús. Ese fue el primer anuncio: Jesús vive. El mismo que mataron, Dios lo resucitó. Empezamos hoy con el recuerdo de la entrada profética de Jesús a Jerusalén en un asno. De una manera sencilla y no con la prepotencia de los reyes que imponían su ley, sino como la humildad de un provinciano que llega a la gran ciudad. Como escribió Pablo a los Filipenses, sin hacer alarde de alguna categoría divina, sino como el más humilde de todos y obediente al Padre hasta el final. Con la humildad de un hombre de pueblo, pero con la certeza absoluta de que su causa era la misma Causa de Dios y, por lo tanto, estaba avalada por Él.

3. - La entrega de Jesús por nosotros para liberarnos del peso del pecado. La lectura de la pasión nos recuerda los últimos momentos vividos intensamente por Jesús. No podemos quedarnos con la contemplación piadosa de un cuadro melodramático. La lectura de la pasión debe ayudarnos para descubrir el drama que hoy vive la humanidad y nuestra actitud ante ella. No se proclama la Pasión de Jesús para contemplar o imaginar un espectáculo masoquista que nos muestra cómo unos hombres malos mataron al Hijo de Dios. Tampoco se proclama para que los fieles nos demos golpes de pecho y lloremos desgarradamente por el “pecado de Adán”, ni para sentirnos culpables porque en esa cruz pesada. No podemos olvidar que Él cargó con nuestros pecados. Aceptar nuestra propia cruz nos cuesta mucho, pero nos puede ayudar a llegar hasta Dios. Este cuento nos puede ayudar a comprenderlo:

“Una vez un joven andaba buscando al Señor, pues quería ser su amigo. El Señor estaba en el bosque preparando cruces para que sus amigos le siguiéramos. El joven encontró al Señor y cargó con una cruz. Era grande, pesada y tenía nudos que le herían en la espalda. Un diablejo se le cruzó y le ofreció un hacha. Fue cortando trozos a la cruz para calentarse por la noche. Cortó los nudos y ya no le dañaba. Así, lisa y pequeña, resultaba bonita. Casi podría colgársela al cuello como adorno. Pero al llegar al reino vio que la puerta estaba en lo alto de la muralla. «Apoya la cruz en la muralla y trepa por los nudos», le dijo el Señor. Pero la había recortado y pulido tanto que no podía subir. «Vuelve sobre tus pasos, le insistió el Señor, y si ves a alguno agobiado, ayúdale y así podréis subir juntos los dos con la cruz de tu amigo”.

Ayudemos nosotros a llevar la cruz a aquellos que sufren su peso… Su cruz puede ayudarnos a subir al Reino…

3.- La Pasión hoy en nuestro mundo Abramos nuestros oídos y también nuestros ojos, nuestra mente y nuestro corazón, para descubrir, en la lectura de la Pasión, nuestra propia realidad. Tal vez nos identifiquemos con el que traiciona y vende a su amigo, a su familia, o a su pueblo por dinero. El hombre que facilita su casa para celebrar la cena pascual y provee generosamente para el compartir fraterno. El miedo de los discípulos ante el peligro; la falsa promesa de Pedro de acompañar a Jesús y estar dispuesto a morir con él, y la negación posterior. La debilidad en la oración por parte de los discípulos, el sueño que no los deja ver la realidad y la invitación a estar siempre vigilantes y orantes, pues no es fácil asumir la cruz de cada día. ¿Existen esas realidades en nuestro entorno social, familiar y eclesial? ¿Existen hoy personas que buscan la justicia por medios violentos, como lo quiso hacer aquel que sacó la espada para defender el proyecto de Jesús? ¿Existen hoy personas que, llenas de miedo, abandonan la causa del Reino y se esconden para defender sus vidas? ¿Existen hoy juicios como el que le hicieron a Jesús?


6.- ¡CLARO QUE SÍ! ¡Y BENDITO MIL VECES!

Por Javier Leoz

Iniciamos esta Semana Santa con la histórica Entrada de Jesús en Jerusalén. Aquel que nació pobre en un mísero portal, de nuevo cabalga sobre un insignificante pollino. ¿Preludio de lo qué le espera? ¿Entrada triunfal? ¿Hoy apoteosis y mañana crueldad?

1.- Aclamamos al Señor como lo que es: Rey. Hoy, a Jesús, le decimos que es nuestro Rey y, en Viernes Santo, le diremos “no tenemos más rey que el César”. La vida es así: nos persigue la contradicción, el hoy sí pero, el mañana no. Hoy glorias y mañana fracasos. Hoy, en Jerusalén, todo palmas y júbilo y… a la hora de nona llanto, desnudez, soledad y tristeza. Hoy, en el Domingo de Ramos, ramas recién cortadas y, en la hora de las tinieblas, tan sólo un madero del que colgará Aquel que hoy vitoreamos y ensalzamos. Hoy le cantamos y, en Viernes Santo, le gritaremos: “fuera, fuera”. Hoy le alfombramos los caminos en su ascensión al sufrimiento y a la muerte y, en Viernes Santo, le despojaremos de su fama, sangre y vestimenta.

2.- Bendecimos al Señor por lo que, El, representa. Sube hacia Jerusalén, y aunque hoy todo se tiñe de gozo y de alegría, sabemos que en el horizonte se dibuja la cruz. Que, en un atardecer con sombra de muerte, el Señor dará su vida por nosotros: por ti y por mí. No lo olvides.

El Domingo de Ramos tiene un sabor agridulce. Por un lado manifestamos públicamente nuestra adhesión y homenaje a Jesús pero, por otro, somos conscientes de que por obediencia es conducido, como cordero, hacia el lugar del sacrificio.

Hoy, con las palmas en nuestras manos, con el “hosanna” en nuestros labios; con el color rojo –que nos habla de la sangre y del amor- caemos en la cuenta de que, el Domingo de Ramos, es el pórtico por el que, el Siervo de Dios, entra para derramar su sangre por nosotros.

3. ¡HOSANNA AL HIJO DE DIOS! Cantamos y coreamos en este día. Pero, también es verdad, que –el corazón- nos invita a gritar: ¡No subas, Señor! ¡No avances demasiado! Detrás de nuestro griterío, vendrá la cobardía y el silencio. Al otro lado de la puerta, flanqueada hoy por músicas e himnos, te enfrentarás con el llanto. ¿Merece la pena, Señor, que avances triunfalmente hacia el fracaso aparente que será tu muerte?

4.- ¡HOSANNA AL HIJO DE DIOS! Sí; Señor. ¡Adelante! No dejes asignaturas pendientes. El hombre, el mundo, la tierra, los creyentes, la Iglesia, tus amigos y tus enemigos, los que te conocen y los que te dan la espalda….necesitan de tu salvación y del fruto de la cruz.

5.- ¡HOSANNA AL HIJO DE DIOS! Abramos, en este Domingo de Ramos, las puertas de nuestros corazones. Que el Señor, entre también brillantemente en ellos para que, en esta Semana Santa, podamos compartir con El su eucaristía, su sacerdocio , su amor, su sufrimiento, su cruz, su muerte…..y sobre todo deleitarnos y festejar lo que nada ni nadie puede quitarnos ni ocultar: SU RESURRECCIÓN ¡Bendito, mil veces, sea el Señor! ¡Feliz Pascua del Señor! Entremos, con Jesús, camino de Jerusalén.

6.- LO SABES, SEÑOR

Que con tu entrada en Jerusalén, con asno incluido,

se cumple lo anunciado por los profetas

Que, los que hoy te aclaman, y te exaltamos,

aun recordando tus milagros y tus hazañas,

tus palabras y tu consuelo

muy pronto, a la vuelta de la esquina,

cambiaremos las palmas por el “reo de muerte”

LO SABES, SEÑOR

Que, como Pedro, hoy prometemos amistad sin fisuras

te cantamos himnos y alabanzas

y, mañana, fingiremos no haberte conocido

o esconderemos nuestros rostros

en un intento de no complicarnos la vida

LO SABES, SEÑOR

Que, el arco de triunfo que hoy levantamos

pronto lo brindaremos al mejor postor

a los simples reyes de la tierra

a los que, sin tener palabras eternas,

nos seducen y nos confunden

nos alejan de Ti y nos apartan de tu Gracia

LO SABES, SEÑOR

Que, la corona que te espera,

no es de oro, sino forjada por espinas

Que, el trono que te aguarda,

no está tallado en madera de ébano

y sí esculpida en cruz que produce vértigo y llanto

LO SABES, SEÑOR

Que nuestro sí, mañana será un no

Que nuestros cantos, se convertirán en silencios

Que nuestros vítores, darán lugar a deserciones

Que nuestros gritos, se tornarán en timidez

LO SABES, SEÑOR

Que, tu entrada en Jerusalén,

es el inicio de una aventura teñida de sufrimiento

de sacrificio, prueba y muerte…

pero con redención final

LO SABES….SEÑOR


7.- DE LA GRAN ALEGRÍA A LA GRAN TREGEDIA

Por Ángel Gómez Escorial

1.- La celebración de hoy comienza con gran alegría. La procesión de las palmas es siempre alegre y vibrante. Es cierto que nosotros mismos, como los habitantes de Jerusalén, hace ahora más de dos mil años, hemos participado de la alegría del momento. Muchos –y muchas—se han vestido mejor, más elegantes, o, incluso, habrán estrenado algo, como marca una vieja tradición. Pero –no se puede evitar—la alegría se detiene tras la lectura de la Pasión según San Lucas. Emociona, y mucho, la tragedia, dolor y sufrimiento de nuestro Maestro Bueno. Es verdad que cuando salgamos del templo, hoy, llevaremos la impronta de pesar que marca el camino hacia la Cruz de Jesús de Nazaret. Pero, vayamos por partes.

En los años setenta, cuando Jesús de Nazaret quiso ser transformado en un revolucionario al estilo del siglo pasado, del Siglo XX, se interpretó la entrada triunfal en Jerusalén como un ataque guerrillero contra el poder establecido. Las consecuencias de esa insurrección habrían sido la condena, tortura y ejecución de Jesús. La verdad es que esta teoría no tiene la menor posibilidad histórica, porque la guarnición romana vigilaba desde lo alto de la Torre Emilia donde se divisaba toda la ciudad. Cualquier problema de orden público era dominado enseguida con enorme dureza. Por el contrario, para los romanos, los actos de contenido religioso –procesiones, romerías con cantos y las típicas subidas al templo—no producían inquietud alguna y dejaban que se desarrollasen, aunque algunas veces produjeran algún tumulto por la multitud que participa en ellas. Los militares romanos ya sabían lo que se traían entre manos y desde luego no hubieran permitido nada parecido a un ataque revolucionario. Otros tratadistas del mismo tinte revolucionario relacionaron también la actitud guerrillera de Jesús con la expulsión de los mercaderes del Templo de Jerusalén.

2.- Jesús quiso dejar claro que era pacífico. Entró en Jerusalén sobre un borriquillo y no a lomos de un impetuoso caballo blanco, rodeado de su guardia de corps. Los antiguos reyes judíos utilizaban el borriquillo como, precisamente, símbolo de humildad. El cortejo real era festivo y propio de una romería. Las gentes le saludaban con ramos de olivo –señal de paz—y palmas. Y, desde luego, fue un gran éxito. Y si bien a las fuerzas de ocupación romana el asunto no les importó nada, no ocurrió así con el conjunto de las autoridades religiosas de Israel, que entendieron perfectamente que esa entrada era religiosa y que añadía un talante de paz y de fiesta muy deseado por el pueblo, pero odiado por el sistema oficial del Templo, ya que era todo un cambio. Y fue esa entrada triunfal lo que precipitó la persecución y muerte de Jesús.

3.- La Iglesia y su liturgia –que derrochan gran sabiduría—han puesto en la misa de hoy ese relato completo de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo para que –digámoslo así—no haya duda sobre que celebramos hoy. Por eso, la liturgia tiene una lectura de júbilo, asociada a la procesión de Ramos y el relato íntegro de la Pasión. En este ciclo C hemos escuchado la Pasión según San Lucas que nos da la idea de que lo que se nos relata es testimonio de la voluntad salvadora universal de Dios y de su amor representado en el sacrificio y posterior victoria de Cristo Jesús. Estaréis de acuerdo conmigo que esta lectura en conjunto emociona y deja el alma perfectamente preparada para vivir la Semana Santa –Semana Grande se decía antes--, de la que el Domingo de Ramos es pórtico “físico” e inicio “psicológico”

4.- La paz de Jesús se verá reflejada horas después en su retirada, en su marcha a Betania para descansar con sus amigos, Marta, María y Lázaro. Ante su éxito –y en términos estrictamente religiosos—Jesús podría haber pedido a los Sumos Sacerdotes y Senadores “que le tuvieran en cuenta” dentro de la “religión oficial”. Y quien sabe si esa imposible pretensión de Jesús –fue una de las tentaciones de Satanás en el desierto—de “oficializar” su mesianismo hubiera tenido éxito. Pero tanto Jesús como los líderes religiosos de Israel sabían que eso era imposible. Jesús pedía la vuelta a la religión original de Amor que el Padre esperaba. Los fariseos y saduceos alimentaban un sistema social, político y con formas religiosas, que nada tenía que ver con la misión de Jesús de Nazaret. Por eso, llegada la tarde Jesús se retiró a Betania a esperar el desenlace de su Misión.

5.- Hemos de prepararnos para vivir la Pasión junto a Jesús. Sinceramente, creo que –aun deseando muchísimo participar en las celebraciones colectivas y comunitarias que tendremos en estos días—hemos de abrir nuestro corazón, en solitario, al influjo de esa Pasión del Señor. Y contemplar su sufrimiento y hacerlo nuestro para mejor acompañarle. Nuestro sufrimiento, inspirado en el de Jesús, no es transferible, no es delegable… Ha de ser muy propio, muy personal, íntimo y completo. Y así con el ánimo dispuesto serviremos mejor a nuestros hermanos. Sin olvidar, en estos momentos, a aquellos amigos o familiares que sufren por causa de la enfermedad u otros infortunios. A ellos, nosotros, deberíamos mostrarles que Jesús está sufriendo con ellos y que no están solos. De verdad, aprovechemos estos momentos de la Semana Santa de 2010 y hagamos de ella –si podemos—un acontecer único, profundo, fuerte, pero manso y pacífico, como lo es nuestro Señor Jesús.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


DOMINGO DE RAMOS

(seguramente el 2 de abril del año 30 de nuestra era)

Por Pedrojosé Ynaraja

“Si tropiezas el triunfo, si llega tu derrota, y a los dos impostores, tratas de igual forma…” R. Kipling

1.- Palabras semejantes, le susurraría al oído el Padre Eterno a Jesús, mientras bajaba gozoso la ladera del Monte de los Olivos, aclamado por todos.

Mis queridos jóvenes lectores, se me ha ocurrido redactar las homilías-mensaje de estos días, fajo la ficción de que un hombre importante e influyente de aquel tiempo, piénsese en Nicodemo, y un amigo íntimo, hombre rico, aunque apartado de los asuntos de la cosa pública, como José de Arimatea, le encargaron a un jovenzuelo seguidor de Jesús, de inteligencia aguda y, cosa rara en su tiempo, que sabía leer y escribir, que les anotara los pasos, gestiones y contenidos de las palabras del Señor. Por razones de prudencia no creían conveniente, especialmente el primero, dar la cara por el momento, pero deseaba estar enterado para, llegado el momento muy probable, en que al Maestro le fueran las cosas mal, poder salir en su defensa, apoyado en normas legales y conocimientos de hechos probados. Fue tomando nota el chico y redactando el documento, que entregó posteriormente al mandatario. Desafortunadamente, de nada sirvió y quedó olvidado. Cayó posteriormente en otras manos, que añadieron comentarios por su cuenta. Me limito yo a darle coherencia y fluidez, y ofrecerlo a quien en ello esté interesado. Seguramente el lector estará enterado de los hechos, iluminará la narración algunas precisiones, que los evangelios canónicos no quisieron aducir. Vuelvo a repetiros, mis queridos jóvenes lectores, que es una ficción el relato, no el contenido y que muchos añadidos son míos seguramente puras referencias históricas o geográficas.

2.- FERIA PRIMA, DÍA DEL SOL, DOMINGO, LE LLAMAMOS HOY.

El Señor con sus amigos había pernoctado en Betania, una villa apacible, alejada de la capital a no más de 5 kilómetros. Aunque la víspera ya había estado en Jerusalén y en sus barrios tenía amigos de confianza, no le gustaba al Maestro quedarse a dormir en la capital. Sentía prevención y hasta un cierto miedo.

Se despertó deslumbrante, a todos nos extrañaba su buen estado de ánimo. Él sabría porque estaba tan contento. Salió de casa y nos fuimos con Él. A poco más de un kilómetro está la aldehuela de Bet-Fagé. Antes de llegar indicó a algunos compañeros, que se adelantasen. Vivían allí unos amigos, se paraba a charlar con ellos cada vez que pasábamos por el pueblo. Tenían estos un borriquillo muy joven, en broma le habían dicho la última vez que hablaron: Maestro ¿Cuándo vas a estrenarlo? ¿o es que te da miedo cabalgarlo? Si te gusta, cuando lo pruebes, te lo reservaremos para ti solo… El Señor pensativo no había dicho nada. Hoy, por lo que dedujimos, iba a dar respuesta.

El animal se inquietó cuando le pusieron algún aparejo, pero pronto se calmo. Rebuznó en cuanto se acercó el Maestro, parecía que lo estaba esperando. Sonrió Él y con destreza se encaramó en su grupa, el animal no puso reparo y acepto subir la senda que lleva a la cresta, en no más de ocho minutos. La vista de Jerusalén es espléndida, nadie se cansa de mirarla. Alguien, por la voz parecía que se trataba de un niño, le gritó tratando de llamar la atención, de atraer su mirada. Él sonrió. El padre de la criatura se puso muy contento y extendió su manto para que pasara por encima de él. Muchos otros le imitaron. Aquella fragmentada alfombra blanca se fue extendiendo por todo el camino. Gritó alguien: ¡Viva! Y se le añadieron los demás. La docena que empezamos a acompañarle se convirtió en multitud. Todo el mundo lo advirtió. El pequeño mundo de aquellos barrios, quiero decir. Pero fue suficiente para que se enteraran los de Jerusalén, la gente dominante, los que se creían imprescindibles y a los que nadie había invitado. Su enojo subió de tono y salieron a su encuentro recriminándole que se dejara vitorear de tal manera. No se inmutó. Si ellos callan, hasta las piedras castañearán de gozo, les contestó.

Comentar la entrada en la Ciudad lo dejo para otro momento. No puedo callarme que me he sentido feliz cuando oía aquellos aplausos. El Señor era mi amigo y yo estaba a su lado, no dejaba de repetirme…

3.- *****Hasta aquí llega el relato. Hoy 28 de abril del 2010, domingo que llamamos de ramos, jornada de la juventud, os pregunto yo a cada uno de vosotros, mis queridos jóvenes lectores: ¿te sientes feliz de ser amigo de Jesús? ¿te alegra, te emociona, cuando ves que junto al Sagrario o a una imagen alguien ha puesto un ramo de flores? ¿se te ocurre cuando vas por el campo o la montaña y ves ingenuas flores silvestres, traerle algunas, para depositarlas en la iglesia como homenaje? ¿o le has dejado encendida una vela, para recordarle que tu corazón late como el vacilar de la llama, que es luz, porque de Él la has recibido y quieres con tu gesto agradecérselo?

Pensad estas cosas cuando acudáis a la iglesia. Agitad vuestros ramos. Que se vea desde lejos. Que los indiferentes, los que se oponen a nuestra Fe, lo vean y se pregunten a qué viene este homenaje. Cantad, si sois muchos, con entusiasmo. Musitad unas palabras de agradecimiento si sois pocos. Pero no viváis indiferentes esta preciosa liturgia.

En el interior de la iglesia oiréis el relato de la Pasión que nos legó San Lucas. Proclamarlo hoy es una tradición de la iglesia de Roma. Una advertencia. Esta semana no es de vacación espiritual. Hay que tomársela con atención. Lograréis con ello ser seriamente felices, buen preludio para acabarla, la noche de Pascua, viviendo jubilosamente. No os hago ningún comentario más para este día, será más oportuno que lo haga el viernes. Hoy ha sido, litúrgicamente hablando, un toque de atención.