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FORO DE TEOLOGÍA ECUMÉNICA EN VITORIA (2)

Pido disculpas a los lectores de Betania por lo ocurrido con mi colaboración la semana pasada. Lo escribí en dos tiempos y, al enviarlo, sólo le llegó a Ángel la primera parte, unas seis líneas. Asumo que la informática no es mi especialidad y eso que tengo a mi hijo “ángel de la guarda” en estos asuntos del tecleo.

Se “cortó” mi colaboración en la frase de: “había un ambiente de fraternidad, de comunión y de gran espiritualidad”. Que lo hubiera no significa que mi cabeza permaneciese quieta.

La finalidad del Foro era posibilitar el diálogo entre las diferentes religiones de la Tierra desde el nuevo paradigma cultural. El proyecto es loable. Dios, el hombre y la fe entre ambos. Se me hace difícil, imposible desasirme de mi pensamiento judeo-cristiano y se me ha colado en la anterior frase: Dios, el hombre y la fe entre ambos. Esta frase sencilla que me ha salido espontáneamente no la puede afirmar un budista, ni un hinduista. Después lo explicaré.

Desde instancias de la Iglesia se habla del gran atractivo espiritual que ejerce el Oriente sobre la secularizada sociedad occidental. Nuestra sociedad materialista adolece de espiritualidad y vuelve sus ojos hacia Poniente en busca de plenitud en otras tradiciones religiosas.

Por otro lado corren tiempos de intolerancia religiosa. Ser de una religión concreta parece abocarnos a desconfiar de los que profesan otra. “La palabra Dios es la palabra más vilipendiada de la historia. Por ella se ha matado y por ella se ha muerto”. (Buber) No podemos convertir la historia en una batalla de religiones. Creo que Dios es más grande que cualquier confesión religiosa; creo firmemente que Dios ama al hombre por igual al margen de su credo concreto o su no-credo; creo que Dios nos ha creado para ser en Él.

Pero repito, lo afirmado, es mi visión cristiana del Dios en que creo y del hombre en que creo.

Mientras escuchaba a los ponentes me saltó una alarma: ¿por qué desde una parte de teología cristiana se quiere contemporizar tanto con las religiones orientales?; ¿ellos tienen el mismo interés en abrir cauces de diálogo?; ¿qué es lo que podemos compartir con ellos?, ¿en qué nos pueden enriquecer sin dejar de ser nosotros mismos? Dios es Uno, pero ¿hablamos del mismo Dios, del mismo hombre? No me contradigo con respecto a mi frase anterior. La frase del párrafo de arriba presenta perspectiva cristiana. La de éste la presento ante el espejo de las demás.

Entre mis asignaturas de teología estudié algo de islám, budismo, hinduismo, taoísmo. No me sonroja decir que fue entonces cuando descubrí, saboreé lo que afirma la religión judeo-cristiana-islámica. ¡Dios nos ha creado por amor! De tanto oír que Dios es Amor no captamos gozosamente lo que supuso este descubrimiento teológico en la historia de la Religión ¿Y el hombre? ¿Qué es el hombre para ese Dios? Su lugarteniente en la historia, su criatura por excelencia.

Veamos lo que nos dicen las religiones orientales. El budismo fue una reacción frente al hinduismo. Buda ridiculizaba la creencia hinduista de Branhmán, un Dios tan ocioso que mandó a Brahma crear el mundo. Buda era ateo y su pensamiento filosófico-terapéutico sólo trataba de enseñar al hombre a sacudirse el sufrimiento. La vida es dolor y es bueno aprender a no sufrir. Extinguir los “fuegos de la vida” lleva a cortar interminables reencarnaciones. Mientras que en la tradición judeo-cristiana-islámica el hombre es creado a imagen y semejanza de Dios y tiene entidad propia y referencial con Dios, en el hinduismo el ser humano es “maya”, ilusión, evanescencia, virtualidad. Lo creado es pura manifestación de Brahma; es lo que se conoce como panteísmo. Si el ser humano es pura virtualidad carece de derechos y hasta del derecho de increpar a Dios por sus males. Job lo hizo. A nosotros es lo primero que nos salió del corazón con la tragedia de Haití. Hay, por decirlo en expresión coloquial un rifi-rafe. Jesús, en la cruz, lanza el grito desgarrador de ¡Díos, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?

Ninguna de estas preguntas surge en el hombre hinduista y budista. La idea de la reencarnación suple estas preguntas. Si sufro es porque en mi vida anterior no actué bien. Toda la responsabilidad del sufrimiento cae sobre el hombre, sobre su pasado. De esta forma el dios hinduista sale libre de culpa y el hombre, también, pues el mal se cimenta sobre el pasado. No hay un proyecto global utópico sobre el futuro universal, tanto histórico como más allá de la muerte. No hay responsabilidad histórica para mejorar el mundo. No hay un “Reino de Dios-Brahmánico” que tiene que construirse en la Tierra. Utilizo esta expresión entrecomillada para hacerme entender, aun aceptando que no es correcta. Lo hago como una licencia.

Rahner un teólogo católico acuñó la expresión “cristianos anónimos” para definir a la buena gente de las religiones orientales. Hubo protestas por parte de Oriente. ¿Por qué cristianos anónimos?, ¿Vosotros, os dejaríais llamar hinduistas anónimos? Tienen razón. Si la memoria no me falla fue Dalai Lama quien le contestó a Juan Pablo II: “Santo Padre, usted y yo podemos dialogar, tenemos cosas en común, pero no fuerce esa común-unión porque yo dejaría de ser budista y no quiero dejar de serlo”. Postura noble, sí señor. Pues lo mismo tenemos que hacer nosotros. Dialogar y colaborar en la construcción de un mundo mejor, pero no a costa de perder nuestra identidad cristiana. Nos distancia la cruz. No creo que la cruz sea fuente de salvación, pero sí lo son las causas que le llevaron a Jesús de Nazaret, el Cristo, a morir en ella. Y las causas fueron la mirada humana de un Dios enamorado del hombre e hipotecado por él. Cuando le creó le declaró su lugarteniente y le fue suscitando su responsabilidad para ser su colaborador salvífico en su proyecto de salvación.

En el ecumenismo hay dos corrientes:

que con los siglos las religiones se unifiquen y se diluyan en una.

donde se comparta espiritualidad, proyectos de ética solidaria, pero donde los límites religiosos, sin tener aristas cortantes, tampoco sean líneas imaginarias.

Feli Alonso Curiel

Bilbao, Euskadi, España

NOTA DEL EDITOR.- Feli nos ha enviado lo que ha prometido. Y se lo agradecemos.


LAS CORNETAS DE SEMANA SANTA

Ahora que se acerca la Semana Santa, y que nuestros pueblos y ciudades llenaran sus calles de toques de cornetas, golpes de tambor y esplendidas imágenes, no puedo por menos de acordarme del sufrimiento de esos padres a los que la imagen del crucificado les ofende en lo más hondo. ¡Pobres, que dolor!

Y es que por más que intento no logro comprender como tal cosa puede ocurrir, digo, que la imagen del crucificado sea motivo de agresión, vulnerabilidad de derechos y libertades. Y es que en el “país de las maravillas” en el que se está convirtiendo España (perdón por llamarla así, con nuestra Ñ), ir de polémica por este símbolo tan arraigado a nuestra cultura creo que para nada contribuye a favorecer la convivencia, y si a crear ambiente de malestar a su alrededor. Porque, ¿no hace daño determinados juegos de consolas, que a pesar de indicarnos violencia, los damos permiso para utilizarlos? ¿No hace daño determinados programas de televisión que nos muestran un mundo de mentira, calumnias, incultura, degradación de la mujer incluso? ¿No sería más fructífero que nos preocupáramos por la influencia de las drogas, de la pornografía y del alcohol cuando salen los fines de semana? ¿No será eso lo que debieran retirar?

Creo que el significado del crucifijo se está perdiendo en nuestra sociedad, y claro es así cuando se olvida el amor, la entrega, el sacrificio y educamos en cultura de centro comercial, sexo, fiesta y coche, sin olvidarnos de que damos más importancia al “parecer “que “al ser”. Porque, compañeros de fatigas paternales, lo que ese símbolo significa es la entrega de amor y generosidad a la humanidad; me pregunto ¿No sería mejor educar en el respeto, no solo al crucifijo, sino a cualquier creencia?

Respetando la falta de fe que todo el mundo tiene derecho a expresar, ese judío que aparece crucificado se opuso a la corrupción política y religiosa de su tiempo, estuvo al lado de los más débiles, tales como mujeres, niños, enfermos y marginados, defendió la libertad, igualdad y dignidad de las personas. Creo que a muchos de nuestros jóvenes no le vendría nada mal saber que ese judío con los brazos en cruz significa entrega, amor, esfuerzo y solidaridad. ¿No sería mejor intentar conocer un poquito su mensaje, para así evitar tanta violencia en las aulas, tanto entre compañeros como hacia profesores, incluso a padres? Hacerles ver que por la creencia en el mensaje del crucificado hay muchas personas anónimas que hacen una labor importante con diversos colectivos sociales, incluso, personas que lo están pasando mal, buscan la esperanza en ese símbolo.

Por último, decir que --y siento desmoralizar a todo aquel que piense que la fe de un cristiano depende de la cantidad de crucifijos que tenga un espacio-- en el mensaje que nos dejó Jesús está la aceptación y el amor a todos, aun cuando no respeten nuestras creencias.

Carmen Ramos

Tordesillas, Valladolid, España

NOTA DEL EDITOR.- Un nuevo escrito de Carmen Ramos de gran interés, que refleja hechos cotidianos que a todos nos interesan.


AQUELLA SEMANA SANTA

Cuando el calendario señala “miércoles de ceniza”, inevitablemente me viene a la memoria aquel mismo día, de hace varios años, en el que me encontraba desarrollando mi labor profesional, en Valladolid.

Alrededor de las ocho de la tarde, me acerqué a la Iglesia Catedral, para oír la Santa Misa y recibir la ceniza, para de este modo comenzar cristianamente el tiempo de Cuaresma. Mi sorpresa, fue enorme, cuando observé, que el celebrante, era mi paisano albaceteño, D. José Delicado Baeza, por entonces Arzobispo de aquella bella ciudad castellana, buen amigo y consejero de mi familia.

Al acercarme al altar, para recibir la ceniza, nuestras miradas se cruzaron con cierta sonrisa, sobre todo por mi parte, al sentirme reconocido por Monseñor Delicado, al que hacía varios años, que no veía. Finalizada la celebración eucarística, pasé a la sacristía para saludar a Monseñor Delicado, con un efusivo apretón de manos. Durante unos minutos, hablamos sobre nuestras respectivas familias y recordamos con añoranza, nuestra querida Semana Santa de Albacete. Al despedirnos, besé respetuosamente su anillo pastoral, emplazándonos para volver a vernos en ulterior ocasión, no sin antes, recomendarme vivir la Semana Santa, que hoy se iniciaba, con el recogimiento y el fervor de siempre.

Y uno, apenas sin poder evitarlo, subido en el vehículo de la nostalgia, quiere recordar aquellos días lejanos, de la Semana Santa de los años cincuenta/sesenta, que se vivían con extrema sencillez, recordando que Jesús, había muerto para que nosotros, tuviéramos Vida. Eran días de recogimiento de penitencia y de silencio. Días dedicados a participar en los actos litúrgicos, en Iglesias repletas de fieles. Días, en los acompañábamos con total devoción a Cristo Crucificado y a su Madre Dolorosa, en las distintas procesiones organizadas. Días, en definitiva, dedicados a recordar la Pasión y Muerte de Jesús.

Y también recuerdo, de aquellos inolvidables tristes y santos días, el paso existente entre la austeridad del ayuno y abstinencia del miércoles de ceniza y el Viernes de Dolores, a la alegría del Sábado de Gloria, con la Resurrección del Señor y el repique de campanas. Habíamos comido potajes y rellenos en dulce, los días de abstinencia y ahora celebrábamos la Pascua con alegría y comilonas a placer.

Han pasado los años, y el concepto de Semana Santa, a mi entender, ha cambiado. No digo yo, que ahora, no existan días de recogimiento, de oración y de penitencia. Sin embargo, ahora, generalmente la Semana Santa, se ha convertido en tiempo de esparcimiento. En tiempo, que se dedica a salir a las carreteras, alejándose de la rutina diaria, buscando el sol de las playas, los buenos restaurantes y los bares de copas, para disfrutar a tope de unas pequeñas vacaciones, hecho, que por supuesto es totalmente razonable e incluso merecido.

Quizás, todo aquello transportado a la vida que actualmente nos ha tocado vivir, sea declarado como, excesivo, por parte de personas, que por su situación laboral, apenas le quede tiempo libre. Sin embargo, uno piensa, que no es necesariamente incompatible, los días de vacación y disfrute, con los de recogimiento y oración.

Que es totalmente compatible intentar descubrir, allá donde vayamos, en la carretera, en el restaurante, en el bar de copas, en la playa tomando el Sol, paseando con la familia o acudiendo a cualquier manifestación religiosa, a ese Cristo y a esa Dolorosa, que siempre nos acompañan a cualquier lugar donde vayamos, con la seguridad de que lo encontraremos siempre a nuestro lado. Este amigo desea a sus lectores, que junto con el Crucificado nazca en nosotros el Jesús triunfante y glorioso que venga a iluminar nuestra vida. ¡FELIZ SEMANA SANTA!

José Guillermo García Olivas

Madrid, España

NOTA DEL EDITOR.- Es útil que José Guillermo nos envíe sus recuerdos. Pueden servir de enseñanza a muchos lectores jóvenes. Y, también, a los amigos que tenemos al otro lado del Atlántico.


BETANIA SITIO ABIERTO

Me ha gustado el último párrafo del editorial “¿Estamos convertidos, o no lo estamos?, el que se titula “Betania sitio abierto” y que refiere que en las homilías conviven escribiendo “varios sacerdotes diocesanos, un jesuita, dos agustinos y un sacerdote del Opus Dei”. Decirle, bajo mi criterio, que eso es cada vez menos frecuente en muchas cuestiones y que aunque no dudo que en el seno de la Iglesia colaboren muchos sacerdotes de diferentes “encuadres”, quiero decirle que es así, pero que juntos, aunque no revueltos. Soy sacerdote, todavía joven, de la diócesis de Madrid y cada vez observo que es más difícil esa coincidencia que se da en Betania.

Reciban un cordial saludo.

José Antonio

Madrid, España

NOTA DEL EDITOR.- Muchas a gracias a este sacerdote de la diócesis de Madrid. Es la primera vez que nos escribe y se lo agradecemos. Decirle, asimismo, que, probablemente, la posibilidad de coincidencia de los colaboradores de Betania, se da porque esta web no pertenece a grupo alguno, ni orden, ni nada. Y eso ayuda.


LOS “DIBUJOS” DE BETANIA

Siempre me han llamado la atención los dibujos que aparecen en las primeras páginas de Betania, esos que quedan en el centro, debajo del titulo de cada domingo. ¿Son obra de ustedes? Y si no es así de donde proceden. Me gustaría saberlo.

María Fernanda Sanz

Buenos Aires, Argentina

NOTA DEL EDITOR.- Desde el principio, desde hace ya más de trece años hemos utilizado las ilustraciones procedentes de la web Hermano León Clip Art es una pagina auspiciada por la agrupación franciscana, la Cruz Blanca que atiende a personas desfavorecidas físicas y psíquicas y tiene varios centros en España y algunos fuera. Su mentor es Juan José Perdigones, quien además colaboró muy activamente en el segundo diseño de Betania, ahora vamos por el tercero. Incluimos la dirección del este precioso Clip Art que es de uso libre y tiene muchos seguidores. Y muchas gracias por su interés. A nosotros nos gustan también mucho esos “dibujos”

http://cruzblanca.org/hermanoleon/