Solemnidad de San José, esposo de la Virgen María
19 de Marzo de 2010

La homilía de Betania


1.- EL SANTO HUMILDE Y CALLADO

Por José María Martín OSA

2.- EN JOSÉ, MARÍA Y JESÚS DESCANSABAN

Por José María Maruri, SJ

3.- DESCUBRIR EL VALOR MANIFIESTO DEL VIVIR OCULTO

Por Antonio García- Moreno

4.- LA ANUNCIACIÓN DEL ÁNGEL A SAN JOSÉ

Por Gabriel González del Estal

5.- SIN PALABRAS, DIJO TODO

Por Javier Leoz

6.- UN JOVEN DE UNOS 20 AÑOS

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


JOSÉ, UN HOMBRE BUENO

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- EL SANTO HUMILDE Y CALLADO

Por José María Martín OSA

1.- El Señor confía y valora las capacidades humanas, los deseos sinceros de amar de José, de serle fiel. Por eso, en este día deseamos aprender primero de Dios que quiso contar con sus criaturas –fiado de ellas--para llevar a cabo su plan de Redención: la empresa más grande jamás pensada. También aprendemos de José que no defraudó a Quien había depositado en él su confianza. Jesús recibió de modo especial hasta su madurez los cuidados de José. El que era su padre ante la ley le transmitió su lengua, su cultura, su oficio... Pensemos en tantos rasgos del carácter de Jesús que serían de José, como sucede de ordinario en las familias. La confianza que Dios deposita en José pone de manifiesto hasta qué punto Dios valora al hombre. Somos ciertamente muy poca cosa, apenas nos cuesta reconocerlo, al contemplar la fragilidad e imperfección humanas, sin embargo, Dios no sólo ha tomado nuestra carne naciendo de una mujer, sino que se dejó cuidar en todo en su primera infancia por unos padres humanos; y luego, algo mayor, aprendió quizá sobre todo de su padre, José, las costumbres y tradiciones propias de su región, de su país, de su culto.

2.- La familia de Nazaret fue el primer seminario. La casa de José y María fue la escuela de valores donde Jesús creció en “edad, sabiduría y gracia”. Jesús aprendió de José de modo especial el oficio y así era conocido como el hijo del carpintero. Pero para entonces, cuando Jesús comenzó a ser conocido en Israel, muy posiblemente José habría fallecido. Las narraciones evangélicas no lo mencionan durante la vida pública del Señor. En su infancia, sin embargo, y antes incluso de su nacimiento, sí que nos hablan de José y de su fidelidad. Estando desposado con la Virgen María y comprendiendo que Ella esperaba un hijo sin que hubieran convivido, como era justo y no quería exponerla a infamia, pensó repudiarla en secreto. Así manifiesta su virtud: decidió retirarse del misterio de la Encarnación sin infamar a María y fue necesario que un ángel le dijera: José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, pues lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

3.- José es justo y cumple su misión calladamente. Como dice el evangelista, Dios puede contar con él. No se escandaliza de la concepción milagrosa de María, sino que se dispone, por el contrario, a hacer como el ángel le indica: al despertarse José hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su esposa. Y, sin que la hubiera conocido, dio ella a luz un hijo; y le puso por nombre Jesús. Y así comienza su misión de padre del Redentor según el plan divino. Una tarea sobrenatural –como deben ser todas las tareas humanas-- que vivió confiando en Dios mientras veía que Dios había confiado en él. Tras la visita de los Magos, cuando humanamente podría parecer que las circunstancias mejoraban después de los accidentados sucesos en torno al nacimiento del Niño, un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y estate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo. El se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y huyó a Egipto. Allí permaneció hasta la muerte de Herodes. No sabemos cuánto tiempo permaneció en Egipto con Jesús y María; el suficiente, en todo caso, para que debiera instalarse establemente en un país extraño, emplearse en una ocupación para mantener a la familia, aprender posiblemente un nuevo idioma, otras costumbres..., y sin saber hasta cuándo..., pues el ángel sólo le había dicho: estate allí hasta que yo te diga... Nuevamente resplandecen la fe y la fidelidad de José.

4.- En su fiesta, nos encomendamos al que fue siempre fiel a Dios, al que contó en todo con la confianza de su Creador. Le pedimos nos consiga de Dios la gracia de una fe a la medida de la suya cuando cuidaba de Jesús y de María; una fe que nos lleve a sentirnos más responsables con Dios, que también se hace presente en nuestra vida y confía en el amor de cada uno.


2.- EN JOSÉ, MARÍA Y JESÚS DESCANSABAN

Por José María Maruri, SJ

1.- Cuando se trata de defender la ortodoxia religiosa, los hombres somos mucho más listos que Dios. Aquí tenéis como un escrito apócrifo conocido ya en el siglo III explica el matrimonio virginal de José y María.

“Se criaba María en el templo y recibía el sustento de la mano de un ángel. Cuando tuvo doce años deliberaron los sacerdotes: “¿Qué haremos para que no se mancille el santuario del Señor?” y salieron los heraldos por toda Judea y sonaron las trompetas del Señor y concurrieron todos los viudos con sus cayados que entregaron al Sumo Sacerdote, quien los presentó al Señor y luego los fue devolviendo a los ancianos. Y al entregarlo a José una paloma salió del cayado y se posó en la cabeza de José. Y el Sacerdote dijo a José: Tú estás destinado a tomar bajo tu protección a la Virgen del Señor. Y José contesto: Tengo hijos y soy anciano y ella joven. Voy a hacer el ridículo ante los hijos de Israel”. Y el sacerdote le conminó: “Teme al Señor. Recuerda lo que hizo con Datán, Abirón y Coré, como se los tragó la tierra por oponerse a Dios. No vaya a ocurrir algo en tu casa”. Temió José y tomó a María bajo su protección.”

Y ahí tenemos a José anciano de barbas blancas con su cayado florecido con azucenas, de nuestras estampas religiosas que todos hemos conocido. Evidente demostración de la virginidad de María, ¿cómo no se le ocurriría a Dios?

2.- Poco sabemos de José, pero no tiene nada que ver ni con este relato ni con otros muchos que existen en la literatura apócrifa. Sabemos que se casó con María. Tal vez José pasaría malos ratos dudando de si los padres de su novia lo admitirían o no. Porque José era un inculto, de tal manera que cuando los enemigos de Jesús quieren despreciarlo se preguntan: “Pero de donde ha sacado éste esa doctrina si es hijo de José, es decir de ese patán”.

Además en su expediente laboral no consta ni que fuera maestro carpintero con su propio taller, ni siquiera oficial de primera, ni siquiera carpintero, más bien un manitas que vale para todo, lo cual llevaría consigo que no pocas veces tendría que ir a la plaza del pueblo a ver si alguien le pedía algún trabajillo, sería uno de esos parados sin seguro de paro, de que luego hablará Jesús, tal vez por haber visto a su padre en la plaza esperando un trabajo.

Parece ser que don Joaquín y doña Ana (de los nombres podemos dudar, pero de que la virgen tenía padres no), parece ser que supieron ver en el corazón honrado y bueno de José un tesoro mayor que una desahogada posición para su hija, y se casaron.

José como buen israelita desearía tener con María muchos hijos para que Dios eligiera entre ellos al Mesías esperado, sueno de todo israelita, nació el Mesías de María pero no de José.

3.- El calvario de José y María comenzó ya en los desposorios, San Agustín piensa que José llegó a dudar de María, sea como sea fue tremendo para José y para María. La Virgen que callaba tal vez pensó que tratar de explicar una cosa tan complicada era embrollarlo más y prefirió dejarlo en manos de Dios, que siempre con retraso salió por la verdad.

Lo que es cierto es que José fue en quien María y Jesús descansaban y confiaban par los problemas domésticos. En lo humano nadie influyó tanto en la formación del carácter de Jesús como José. Su espíritu de trabajo, su honradez, su sinceridad, su bondad con todos la aceptación a ciegas de la voluntad de Dios. ¿Qué influjo tuvo José en el “Hágase tu voluntad” que Jesús nos iba a enseñar en el Padrenuestro?

Hombre sencillo y campesino acostumbrado a mirar al campo y al cielo cuántas observaciones suyas habrán quedado en los dichos de Jesús:

-la belleza de los lirios cuidados por solo Dios

-los pajarillos que nunca pasan hambre

-la clase de nubes que traen el agua

-los brotes al punto de abrirse que anuncian la primavera

-la maldad del alacrán con el que el niño no debe jugar

Este es el José que pasa por el evangelio como una sombra acogedora, amable y cariñosa, como tantas personas de nuestras familias que no han hecho nada grande más que ser como fueron. El Señor siga poniendo en nuestro camino muchos Josés que sin hacerse sentir nos amparen y guíen.


3.- DESCUBRIR EL VALOR MANIFIESTO DEL VIVIR OCULTO

Por Antonio García- Moreno

1.- MI PADRE Y SEÑOR SAN JOSÉ.-"Tu casa y tu reino durarán por siempre..." (2 S 7, 14) El rey David recibe la promesa más preciada que un monarca puede soñar, que su dinastía permanezca para siempre. De ordinario, por no decir siempre, las casa reales sufren los avatares de la Historia y terminan desapareciendo. En cambio la casa de David dura por siempre pues un hijo suyo es el Mesías, el salvador del mundo, Jesús el hijo de María, la Virgen Madre que es la esposa de San José, el sencillo y buen carpintero de Nazaret. Es cierto que Jesús nace por obra del Espíritu Santo, sin la intervención de varón alguno y sin que, por tanto, la virginidad de María sufra el menor menoscaba. Sin embargo, era su esposo el que figura como Padre legal del Niño, que recibe su condición de hijo de David, según era costumbre entonces, por la vía legal de su padre adoptivo. Por eso en las genealogías de Cristo aparece siempre la figura de San José, mi Padre y Señor como le gustaba invocarle al fundador del Opus Dei.

2.- HIJOS DE LA PROMESA.- "Por lo cual le fue computado como justicia" (Rm 4, 22) San Pablo recuerda la figura del Patriarca Abrahán y, en consonancia con los métodos rabínicos ?deráshicos?, aprendidos a los pies de Gamaliel, evoca el Antiguo Testamento para comprobar que en la vida de Jesús se realizan por transposición y elevación muchas de las realidades narradas por los viejos hagiógrafos. En nuestro caso se refiere a la fe de Abrahán y a la promesa recibida respecto a su descendencia futura, numerosa como las estrellas de cielo, a pesar de la incredulidad y esterilidad de Sara. Su fe le justificó a los ojos de Dios. Esa fe le llevó a esperar contra toda esperanza, a estar seguro de que sería posible lo anunciado por el Señor, a pesar de la risa lógica de Sara, vieja ya y estéril desde su juventud. Es cierto que Abrahán sólo pudo tener un hijo de Sara, Isaac, y otro de la esclava Agar, Ismael. Pero de ellos nacerían dos pueblos numerosos. Y, sobre todo, estamos lo que por la fe en Cristo somos hijos de Abrahán, cuantos como él hemos creído en la promesa de Dios.

3.- JESÚS OBEDIENTE.- "El bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad" (Lc 2, 51).- Con pocas palabras se nos describen treinta años de la vida de Cristo, los años de su vida oculta, los años de su magisterio callado pero elocuente, sencillo pero de una importancia trascendente para los que, como él, pasan su vida en el silencio de un hogar normal, en medio de las actividades cotidianas, comunes a la inmensa mayoría de los hombres. Una doctrina que nos habla de cuánto de divino puede y debe tener lo que es humano, que extraordinario es lo más ordinario cuando se hace con amor de Dios. Pasar oculto es lo mío, decía San Josemaría Escrivá, enamorado de aquel taller de Nazaret donde el trabajo era oración y servicio bien hecho. Vivir sin afán de protagonismo, que sólo Jesús se luzca, repetía también el Fundador del Opus Dei. Qué fácil es decirlo y que difícil vivirlo. Tendemos a constituirnos en el centro de cuanto nos rodea, nos molesta el más mínimo menosprecio, somos hipersensibles a los agravios comparativos. Hay que rectificar, descubrir el valor manifiesto del vivir oculto.


4.- LA ANUNCIACIÓN DEL ÁNGEL A SAN JOSÉ

Por Gabriel González del Estal

1.- Creo que con la misma propiedad con la que se puede decir que el ángel del Señor anunció a María su futura y divina maternidad, también se puede decir que el ángel del Señor anunció a José su deber de aceptar a María como su esposa y mujer. Así lo dice literalmente el evangelio de Mateo: “el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas en tomar contigo a María tu mujer, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo”. Y así como María dijo su famoso y trascendental “fiat”, hágase, así José “hizo como el ángel del Señor le había mandado”. Y las mismas dificultades que había tenido María para rendirse a la voluntad del Señor, las tuvo José, y quizá mayores, para obedecer la voz del ángel. Muy mal tuvo que pasarlas José, desde el momento mismo en que empezó a darse cuenta de que su esposa estaba embarazada. Seguro que fueron días y noches de un inmenso pesar y de un desconsuelo total. José amaba a María y confiaba en ella; estaba dispuesto a poner la mano en el fuego por la inocencia y bondad de su esposa. Pero las evidencias eran innegables y él no podía negar la evidencia. ¿Qué hacer? Nos dice el evangelio que “como era justo y no quería ponerla en evidencia, decidió repudiarla en secreto”. Esta actitud y esta decisión de José, a mí siempre me ha parecido algo grandioso y admirable. José conocía muy bien las leyes judías y sabía que denunciar públicamente a su esposa, acusándola de infidelidad, podía llevar a esta a morir apedreada en la calle pública. José prefiere renunciar a su esposa, a la que amaba más que a sí mismo, antes que exponerla a una afrenta y muerte escandalosa e inmerecida. El cumplimiento de la Ley era para José mucho menos importante que el bien de su esposa. Su propio bien y satisfacción personal era menos importante que el bien de la persona a la que amaba. En estos tiempos de tanta violencia machista, el ejemplo del amante y buen esposo José puede y debe ser para nosotros un ejemplo a seguir. Si los hombres y mujeres de hoy tuvieran el mismo concepto del amor y del bien que tuvo José, no habría violencia machista, ni tanto divorcio Express, ni tanto egoísmo dentro y fuera del matrimonio.

2.- Hoy, fiesta de San José, es también el día del seminario. San José fue un ejemplo de persona servicial, callada y generosa. Siempre tuvo muy claro que no trabajaba para él, sino que toda su vida estaba al servicio de su esposa María y de su hijo Jesús. A eso se comprometió desde el mismo momento en que decidió creer el anuncio del ángel y obedecer el mandato del Señor. Buen ejemplo para nosotros, sacerdotes y seminaristas. Menos buscar nuestra propia gloria y nuestra propia seguridad económica, social, y hasta religiosa, y más buscar servir, callada y religiosamente, a las personas que necesitan nuestra ayuda. Para nosotros, sacerdotes y seminaristas, el bien de las personas está por encima de rangos sociales y religiosos, y por encima de legisladores y leyes de turno. Ante una persona angustiada, marginada, o simplemente necesitada, nuestra primera obligación es siempre atender y amar a esta persona; el juicio legal, y hasta moral, sobre el comportamiento de esa persona es algo muy posterior. Como hizo José, cuando comprobó que su santa esposa podía ser castigada “legalmente”, como pecadora pública. Jesús de Nazaret envió a sus apóstoles a servir y a curar, antes que a juzgar y condenar.


5.- SIN PALABRAS, DIJO TODO

Por Javier Leoz

Celebramos en este 19 de marzo la festividad de San José. Héroe por y en el silencio. Abierto a Dios, resultó ser un hombre sencillo, prudente, obediente teniendo como galardón su firme respuesta: LA FE.

1- .Poco, cuatro líneas escasas, nos refiere el evangelio de esta figura tan invisible como presente en el corazón de los creyentes. El hombre del sigilo que, con su actitud de obediencia, lo expresó todo. El varón de la fe, que con su confianza, creyó y espero en Dios a pesar de que todos los vientos los tenía en contra. El hombre que, con su vida, contribuyó a la construcción del Reino, a la venida de Jesús, a la calidad de vida de Santa María.

No todo lo que ocurrió en los albores de la vida cristiana, está contenido en los evangelios. Y, qué duda cabe, que el testimonio de San José, su ser justo y bondadoso, se mantiene en pie más allá de los evangelios. Su ejemplo fue caldo de cultivo en los primeros pasos de Jesús de Nazaret. Todo un referente, por qué no decirlo, para Aquel que naciendo en Belén y creciendo en Nazaret, encontró y aprendió en el Patriarca de la Iglesia, el santo temor de Dios y su disposición a colaborar con El.

Por eso, en este día del Seminario, en esta jornada en la que damos gracias a Dios por el testimonio de nuestros padres, en estas horas en que rezamos –muy intensamente- al Patrón de la Iglesia, no podemos menos que admirar su ejemplar servicio a la causa de Dios. Poco nos importa que no fuera excesivamente protagonista. Su silencio sirvió de cobertura para que, Dios, se hiciera presente en María y luego en el Nacimiento posterior de Cristo. Su felicidad, muy al contrario que la nuestra, no estuvo marcada ni sostenida en la apariencia: fue feliz permaneciendo en un segundo plano.

2.- ¿Cómo llegó, San José, a comprender y aceptar la voluntad de Dios? ¿No le causaría pesar, contradicción y amargura aquella fijación de Dios en la que estaba llamada a ser su esposa?

En el corazón, San José, aprendió a escuchar y a localizar a Dios. Es el lugar en cual, como si de un desierto se tratara, fue probado, tentado e invitado a desertar de aquella aventura que, tal vez, le pareció una inmensa locura. ¡Pero, no! En la soledad y en el misterio de aquellas noches, San José aprendió a cribar la bondad de Dios de la maldad del maligno. Soñó, y al soñar, supo poner toda su mente y toda su persona al servicio de Dios. La humildad de San José, y a la vez su valentía, le lanzaron –sin preguntas ni objeciones- a cumplir lo mandado por el Señor.

3.- Como María, también San José, se puso en camino para que el Salvador encontrase pobreza en un pesebre pero riqueza espiritual, bondad en su persona y cariño en sus brazos paternales. ¿Pudo dar más aquel anciano que aparentemente se había quedado sin nada? ¡Si! Su fe. Y Dios, que ya sabemos cómo se le conquista, le agradeció y sonrió su gesto de apertura, colaboración y entrega.

No todo, por supuesto, fue un camino de rosas. Pero, tal vez mirando hacia atrás, comprendería que hombres de Dios como Abraham o de David, dejaron que Dios fuese su guía, su meta y su destino. Y si Abraham creyó, San José también lo hizo. Y si aquel fue padre de los creyentes, San José será el padre terrenal del mismo Cristo. ¡Cómo no asombrarnos, en este día de San José, de la fe gigante e inconmovible del Patriarca de la Iglesia!

Que también nosotros, que gustamos tanto de sueños bonitos e ideales inalcanzables, nos dejemos seducir en el corazón y en nuestra vida por esa presencia de Dios que sólo espera una respuesta: nuestra fe.

4.- COMO SAN JOSÉ, SEÑOR

Quisiera ser hombre de fe y de esperanza

De fe; para no perderte

De esperanza; para nunca dejar de desearte

Quisiera, Señor, que el hilo de mi vida

tuviera el color de mi confianza en Ti.

Que, incertidumbres ni dudas pasajeras,

dinamitasen la mirada que tengo puesta en TI.

Sí, Señor;

como San José, me fiaré y te buscare

me entregaré y colabore contigo

Obedeceré y allanaré muchos senderos

meditaré tu Palabra y la llevaré a mi vivir.

COMO SAN JOSÉ, SEÑOR

Quisiera que, más que mis palabras,

mi vida hablase de Ti y por Ti

Quisiera que, mis noches,

estuvieran iluminadas y, siempre respondidas

o aconsejadas por sueños divinos

Quisiera que, mis amaneceres,

fueran saludados por la mano de Santa María.

COMO SAN JOSÉ, SEÑOR

Ojala que, mis actos y mis pensamientos,

fueran reflejo de la justicia que Tú deseas

Que mis manos, apoyadas en el cayado de la bondad,

regalasen tanto amor como él te ofreció.

COMO SAN JOSÉ, SEÑOR

Quisiera ponerme en pie, y para salvarte,

llevarte allá donde nadie te pudiera herir ni ofender,

lastimar o despreciar, humillar o aniquilar.

COMO SAN JOSÉ, SEÑOR

Quisiera acoger en mis manos, a tu Hijo

Enseñarle sus pasos a todos mis hermanos

Creer como él creyó

Esperar como él esperó

Y vivir, contigo, como el vivió

Silencio, buenas obras….y escasas palabras

Amén.


6.- UN JOVEN DE UNOS 20 AÑOS

Por Ángel Gómez Escorial

1. - Hay una tradición que supone que José ya era un hombre maduro, casi anciano, cuando se casó con María. Y, sin embargo, el conocimiento sociológico del pueblo judío en aquellos tiempos indica que los esponsales se hacían entre parejas muy jóvenes. Esa antigua tradición prefirió hacer a José viejo para justificar su desaparición temprana. De hecho, cuando se inicia la vida publica de Jesús, su padre adoptivo ya no aparece. Suponer su fallecimiento es lógico, pero no así su edad avanzada. En esos tiempos, la mortalidad era muy fuerte y, probablemente, la edad media de los judíos no pasaba de los 30 años. Por tanto, no es arriesgado suponer que José, el carpintero, fuese un joven de unos 20 años cuando se enfrentó al dilema planteado por el misterioso embarazo de María, tal como nos relata hoy el Evangelio de San Mateo. Y por ese camino --con esa idea-- queremos contemplar la ternura joven de ese matrimonio y la generosidad, tal vez ingenua, de José en los primeros momentos, premiada con la revelación de la existencia de su cercanía al Mesías.

2. - Después aparece, asimismo, la enorme responsabilidad de cuidar del Niño Dios, en, sin duda, unas condiciones adversas y peligrosas. Está ahí el viaje a Belén y luego la huida a Egipto. El premio terrenal estuvo en la vida plácida de Nazaret de los primeros años y que se desprende el relato en que se habla del Niño perdido y hallado en el Templo. Ni que decir tiene que meditar en torno a la Sagrada Familia puede ser un buen "trabajo" para este día de San José.

3. - En una de las moniciones se ha expresado –y muy bien—el carácter mesiánico de las lecturas que hemos escuchado hoy. En el fragmento del Capítulo Séptimo del Samuel se habla de la profecía de Natán sobre la herencia de David, será el origen del Mesías y el Señor Dios cumplirá su promesa. Los judíos esperaban esa promesa y en tiempos de Jesús presidía los mejores anhelos del pueblo justo. San Pablo, en su Carta a los Romanos, narra a los paganos ya convertidos otra promesa fundamental: la hecha por Dios a Abrahán y que paso de ser un anciano estéril a padre de todos los pueblos. San José, como Abrahán, es patriarca de muchos. De todos aquellos que se ven –que nos vemos—cercanos a la Familia Santa de Nazaret.

El culto a San José se intensificó extraordinariamente, entre los siglos XIV y XV. Y parece que es una consecuencia del enorme peso que tuvo la devoción a la Sagrada Familia en la Edad Media. En siglo XVII se convirtió en fiesta de precepto. En 1870, Pío IX, recientemente beatificado, proclamó a San José patrono de la Iglesia universal. Y fue el Papa Juan XXIII –también beatificado junto a Pío Nono—quien introdujo el nombre de San José en el canon romano. Estamos, pues, como decíamos al principio, celebrando una fiesta alegre y familiar, auténtico paréntesis, dentro de la sobriedad de la Cuaresma. Y no olvidemos de felicitar a todos aquellos familiares, amigos y conocidos que llevan el nombre de José.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


JOSÉ, UN HOMBRE BUENO

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Poco nos hablan los evangelios del esposo de Santa María y lo poco que sobre él se nos comentan, diría, que hasta nos resulta molesto. Estoy pensando en gente joven que haya oído algo al respecto. Que se casara un chico sin perspectivas de consumar su matrimonio, no es un programa atractivo. Que se le llamara padre de un hijo que no había engendrado, no es envidiable. Más vale no pensar, sería salirse por la tangente, no satisfaría a nadie. Ahora bien, el evangelio es el evangelio y no podemos cercenarlo, ni modificarlo, ni ignorarlo.

Ante el problema se proponen algunas hipótesis. La más común, es la de suponer que era viudo y de avanzada edad, cuando se desposó. Tenía hijos de su anterior esposa y cuesta poco pensar, que su deseo fue ofrecer compañía o buscarla. A nuestra vista, un matrimonio así, resultaría un poco aburrido. De todos modos la visión que se podía tener en aquel tiempo de la unión conyugal, difería bastante de la que pueda tener una pareja de hoy. Hay que colocar las cosas en su contexto histórico.

Otra teoría es que era un joven como cualquier otro, que en principio desconocía los propósitos de Dios respecto a aquella chica que le habían presentado para que fuera su esposa, tal como se obraba entonces, y que, habiéndose comprometido en matrimonio, antes de celebrar la boda, conoció la elección de María y él, por respeto y humildad, decidió no interferir, no acercarse a ella para no perjudicarla. Escogió alejarse discretamente. Este supuesto, para muchos difícil de entender, supondría una delicadeza enorme, respecto a Dios y a su esposa. Pero no es imposible. Almas sublimes existieron, existen y existirán.

2.- Sea como fuere, San José fue un predilecto. Confidente de Dios, que ya es decir. Por lo menos dispuso tres veces de “teléfono rojo”: en Nazaret, en Belén y en Egipto… Un protector del Hijo de Dios, que es tarea importantísima, aunque careciera de escenario. Debe suscitar en nosotros admiración y reflexión. Algo así como nos ocurre cuando estamos ante la llama que perpetúa la tumba del soldado desconocido. (observad, mis queridos jóvenes lectores, que no hablo de quienes, conocidos o ignotos, provocaron guerras injustas)

Fue un trabajador. Seguramente definiríamos hoy su empleo como “autónomo de la construcción”, que ejercía en una población que no llegaba a los 500 habitantes. En otro plano de su historia personal, en el que entra Dios directamente, y utilizando también lenguaje actual, su oficio fue de “logista” en la “operación salvación” que se inició en Nazaret.

No tenemos noticias de su muerte, pero, por el contexto, suponemos que ocurrió antes de que Jesús marchara a ser bautizado y empezara su vida apostólica. En Nazaret hay un sepulcro bastante desconocido por los visitantes. Recoge antiguas tradiciones de una “tumba del Justo” o “tumba luminosa”. Pudiera ser la suya. Me gusta mucho visitarla en silencio. Dado por supuesto que murió acompañado de Jesús y María, es envidiable su partir de este mundo, de aquí que digamos que es abogado de la buena muerte. Siempre es bueno, no lo olvidéis, saber que podemos disponer de un buen abogado, de honradez sin tacha.

3.- A diferencia de tanta “gente importante” de hoy en día, él fue un hombre discreto, fiel a sus tareas y deberes. Por el contexto sabemos que era un esposo que amaba con delicadeza a su prometida (no quiso denunciarla). Que compartía con ella los afanes de buenos padres (¿no sabías que tu padre y yo, te buscábamos ansiosos?, le dice María a su Hijo, después de la aventura del Templo, recién cumplidos 12 años). No era un hombre reservado y huraño (era conocido su nombre y ocupación por los vecinos y familiares). Resta pues, que nos preguntemos: ¿se parece mi vida a la suya? ¿Aspiro a la santidad en el anonimato o necesito imaginar que me tienen preparado un podio donde recibir trofeo y aplausos?