1.- HAMBRE EN EL MUNDO

A veces, si se perdiera la esperanza, tendríamos que pensar que nada se arregla en el mundo. Pero no es así. Cuando no se arregla nada es cuando no se hace nada y se cae en el desánimo. El hambre es una realidad terrible en la vida de la sociedad actual que afecta a muchos millones de hombres, mujeres y niños de nuestro planeta. El hambre tiene, en algunos casos, el efecto de los problemas del clima como pueden ser las grandes sequías que se dan en muchas zonas del planeta. Pero, también –y ello es lo más grave--, el hambre se produce por un mal reparto de las bienes básicos y por la explotación económica.

POLÍTICA NEFASTA

Por otra parte, la política de los países desarrollados respecto a los alimentos es nefasta. Mientras que en esas naciones sobran y se desaprovechan alimentos, en otros no llegan ni para alimentar a la mitad de la población y ante esas carencias se producen problemas de acaparamiento y encarecimiento de los mismos, hasta situaciones terribles. A su vez, hay sociedades opulentas que apoyan las subvenciones y destruyen alimentos simplemente para mantener unos precios de referencia que hagan rentable su cultivo en sus propias zonas. Los excedentes se destruyen en lugar de enviarse a las zonas con carencia e, incluso, cuando, a veces, se envían se venden mediante préstamos que viene a engrosar la deuda de los Estados pobres hasta un nivel que hace imposible su pago.

EL HAMBRE Y LA TIERRA

La Iglesia celebra en este domingo VI del Tiempo Ordinario la Campaña Mundial contra el Hambre. Y hay que decir que son muchas las organizaciones especializadas que luchan contra esa lacra y, entre ellas, en España está Manos Unidas que lleva muchos años actuando. Sus acciones se dirigen a atender los casos urgentes de hambrunas en países subdesarrollados, pero también a promocionar programas en esos mismos países que sirvan para la obtención de alimentos y otros productos básicos y que actúen como motor de desarrollo. “¡Contra el hambre, defiende la Tierra!” es el lema de Manos Unidas en esta campaña de 2010. Y tiene una lectura ecológica que ha de tenerse en cuenta con seriedad. Obviamente la ausencia de cuidado de la tierra en muchas zonas del planeta produce la incapacidad de los campos para producir alimentos. Estos principios de ecología –como ya decimos en alguna de nuestras homilías—están perfectamente reflejados en la encíclica de Papa Benedicto, “Caritas in veritatis” y que merece la pena, en estos días, revisarla y sacar conclusiones válidas para cualquier cristiano. Es evidente que Manos Unidos practica el principio que dice que es mejor enseñar a pescar que dar un pez. Y así es.

HAMBRE CERCA DE NOSOTROS

No podemos olvidar que el hambre no es sólo un problema de lugares lejanos y pobres. Bolsas de hambre las hay en los países desarrollados, como hay bolsas de pobreza extrema. La actual crisis económica ha agravado estos problemas en los últimos tiempos. Y no se olvide que, por ejemplo, en España la acción de las Cáritas parroquiales en la entrega de alimentos se ha multiplicado por 20. Dentro de actuaciones muy plausibles está la organización llamada “Banco de Alimentos” que aprovecha, por ejemplo, lo que sobra en los restaurantes y en los supermercados –y que tiene calidad y conservación normales—para atender a las grandes carencias de nuestras ciudades.

Dediquemos atención especial y démosle la relevancia que tiene al problema del hambre y de la escasez extrema de alimentos. El hambre mata. El hambre es una enorme indignidad para nosotros, para los que tenemos comida de sobra. Ayudemos a quien lo necesita y elevemos constantes plegarias a Dios para que la justicia reine, de una vez, en la Tierra.

 

2.- EN EL UMBRAL DE LA CUARESMA

Ya en nuestra primera página se anuncia que la próxima edición saldrá el lunes 15 con el número doble dedicado al Miércoles de Ceniza y al Primer Domingo de Cuaresma. La cuestión es que nos encontramos en el umbral de la Cuaresma, tiempo fuerte, de conversión y santificación, que nos prepara para los grandes misterios de nuestra fe, como lo son los que celebramos durante la Semana Santa y la Pascua.

No hay nada que refuerce más la formación de los cristianos como la contemplación de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesús. Se ha dicho muchas veces que cada cristiano ha de plantearse esa contemplación activa para mejor comprender, en lo más hondo del corazón, la figura de Jesús de Nazaret. Por ello no podemos dejar pasar la oportunidad de mejorar en nuestra fe, en nuestro amor a Cristo Jesús y en la proyección de este amor hacia los hermanos. Obviamente, tendremos tiempo de ampliar todas estas ideas, pero merece la pena hoy, en los días previos a la Cuaresma, abrir nuestros corazones a la realidad de los grandes misterios de nuestra fe.