III Domingo del Tiempo Ordinario
24 de enero de 2010

La homilía de Betania


1.- LA VOZ DEL SEÑOR

Por Javier Leoz

2.- EL HOY DE LA IGLESIA

Por Gabriel González del Estal

3.- LA PALABRA DE DIOS ENTRE NOSOTROS

Por Pedro Juan Díaz

4.- UNCIÓN Y MISIÓN DE JESÚS

Por Antonio García-Moreno

5.- OIGAMOS LA PALABRA DE DIOS CON RESPETO

Por José María Maruri, SJ

6.- HACER VIDA LA PALABRA HOY

Por José María Martín OSA

7. - LA RELACIÓN DEL HOMBRE DÉBIL CON EL DIOS OMNIPOTENTE

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN

PALABRA DE DIOS

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- LA VOZ DEL SEÑOR

Por Javier Leoz

Cuando todavía siguen vivas en las retinas de nuestros ojos las imágenes de la tragedia de Haití, qué reconfortante es escuchar el evangelio de este domingo “Me ha enviado para dar la Buena Noticia los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista”.

1. - Necesitamos en los momentos de soledad o de prueba, más que interrogantes (que pueden existir) respuestas. Y, la contestación ante tantos cautivos, pobreza, opresión, muerte o angustia, hemos de ser nosotros:

-Nuestra generosidad: para librar a tantos pobres de la esclavitud de la pobreza

-Nuestra oración: para que los que no ven, puedan descubrir la claridad en el horizonte de sus vidas

-Nuestro compromiso: para que este mundo nuestro (bailando sobre tantos contrastes de riqueza y de pobreza, de alegrías y de tristezas) pueda cambiar –poco a poco- con nuestra forma de vivir y de pensar.

A Dios, puede que en algunos momentos, lo echemos de menos. Que, incluso, miremos hacia el cielo pidiendo o exigiendo alguna intervención, algún rasgo de su presencia ante muchos desastres humanos que nos asolan. Pero, el Señor, Aquel que nació en Belén, que va creciendo y desarrollando su vida pública nos recuerda: hoy se cumple esta noticia, esta Palabra que acabáis de escuchar.

2.- Y, cuando miramos tantas escenas dolientes del mundo, no podemos menos que concluir que es verdad: que necesitamos de un Dios que dé salida a tanta miseria. Que, el mundo nuestro, se ocupa –en muchas ocasiones- de los dramas de la tierra en cuanto que son noticia pero que, otras personas (con la cruz en el corazón y la fe en los labios) van procurando (un día sí y otro también) luchar a favor de la justicia y de los más desheredados del mundo. Es entonces, cuando la Palabra se cumple, se practica y se escucha por el testimonio de misioneros, sacerdotes o voluntarios que liberan y sueltan a tantas personas de la pobreza, la muerte o la soledad.

Demos gracias al Señor en este domingo. Lo esperábamos y lo descubrimos en el rostro de un Niño en Belén. Lo ansiábamos y, ahora, lo vemos de pie en medio de una sinagoga dando cumplimiento a lo que los profetas anunciaron durante siglos: el Mesías está entre nosotros.

--¿Seremos capaces de percibir su voz en medio del ruido de la feria que es la vida? ¿Contemplaremos su mano en las manos que ayudan y se solidarizan por los más necesitados?

--¿Acogeremos a ese Cristo sufriente en el sufrimiento de aquellos donde el dolor o la mala suerte aprieta?

3.- Necesitamos, hoy más que nunca, de buenas noticias. De periódicos, radios y televisiones que anuncien que, por fin, el camino del hombre va despejándose con el viento de la felicidad y de la paz. Pero, mientras tanto, una alegría que nadie nos puede robar, una buena noticia que nadie puede eclipsar es que, Jesús, es lo mejor que puede salir a nuestro encuentro. En los momentos amargos, en las horas duras, en la tristeza y en el dolor.

4.- QUE SE CUMPLA, SEÑOR

Tu liberación,

en tantas personas atadas

por el dinero, la infelicidad,

la angustia, la opresión, la apatía,

la mentira, la debilidad o la tristeza.

Tú presencia

en los que quieren vivir y no pueden

en los que levantándose, caen de nuevo

en los que luchando, pronto se cansan

en los que hablando demasiado

no siempre dicen la verdad

QUE SE CUMPLA, SEÑOR

La VERDAD que nos traes, Señor;

e ilumines los caminos de nuestro vivir

los pensamientos de nuestra mente

los pasos de nuestra fe

los proyectos de nuestro existir

QUE SE CUMPLA, SEÑOR

Que vienes a salvarnos

Que te acercas porque andamos perdidos

Que nos hablas, porque estamos huérfanos

Que nos miras, porque andamos solitarios

Que nos amas, porque estamos necesitados

QUE SE CUMPLA, SEÑOR


2.- EL HOY DE LA IGLESIA

Por Gabriel González del Estal

1.- Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Jesús de Nazaret acababa de comenzar su ministerio público. Lo hacía en Galilea, en Nazaret, el pueblo donde se había criado, y lo hacía impulsado por la fuerza del Espíritu. El Espíritu le había ungido para que anunciara el Evangelio a los pobres, para que anunciara a los cautivos la libertad y a los ciegos, la vista, para que diera libertad a los oprimidos, para que anunciara el año de gracia del Señor. Leyendo los evangelios comprobamos que Jesús de Nazaret fue fiel al Espíritu que le había ungido y dedicó toda su vida a hacer realidad la misión que el Espíritu le había encomendado. La pregunta que nosotros, la iglesia de Cristo, debemos hacernos hoy es esta: como miembros de la Iglesia de Cristo, ¿estamos siendo nosotros continuadores de la misión y del programa de trabajo que el Espíritu encomendó a Cristo y que el mismo Cristo encomendó a sus apóstoles y a sus discípulos, a su Iglesia, para todo tiempo y lugar, hasta el fin del mundo? Yo no soy pesimista y no me gusta ver todo negro un campo en el que puedo distinguir espacios blancos, blanquísimos. Veo que la Iglesia de Cristo, nuestra Iglesia, está presente en tierras muy pobres ayudando a la gente a salir de su pobreza, está presente en países donde hay opresión y violencia denunciando injusticias y tratando de liberar a los oprimidos, está presente en lugares donde hay enfermedad y dolor tratando de curar enfermedades e intentando hacer más llevadero el dolor irremediable. En la Iglesia de Cristo hay miembros vivos que, ungidos por el Espíritu, están llevando a cabo el programa que, con palabras del profeta Isaías, Cristo hizo suyo desde el comienzo mismo de su ministerio público. Pero en el hoy de la Iglesia también veo puntos negros que no responden al Espíritu que ungió a Cristo. Creo que una Iglesia demasiado cerca del poder y del dinero, de la ambición social y de la ostentación pública, del consumismo y de la vida muelle, no puede ser Iglesia del Cristo que pasó por la vida haciendo el bien, liberando a los oprimidos y denunciando a los opresores. El hoy de la Iglesia de Cristo es en bastantes aspectos maravillosamente cristiana y, en no pocos aspectos, demasiado anticristiana. Nuestra obligación como cristianos es potenciar lo bueno y desechar lo malo.

2.- El pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley. El profeta Nehemías habla de un pueblo que había vuelto del destierro, que ya estaba de nuevo en Jerusalén y que, después de muchos años, volvía a escuchar con veneración y lágrimas las palabras de la Ley. Sin duda, esta veneración que el pueblo judío sentía por la Ley tenía mucho que ver con su sentimiento de identidad nacional y de considerarse el pueblo elegido por Dios. Pero, en cualquier caso, esta veneración que sentía el pueblo judío por la Ley del Señor debe ser para nosotros que, en gran parte, seguimos siendo herederos de esa misma Ley, un motivo de reflexión. Nuestra ley principal, pienso yo, es el evangelio de Jesús. ¿Lo leemos y lo veneramos con verdadera unción y agradecimiento? ¿Hacemos del evangelio, de la vida de Cristo, nuestro libro guía y tratamos de conformar de verdad nuestra vida según las enseñanzas del evangelio y de la vida de Cristo? ¿No anteponemos muchas veces nuestras pequeñas leyes a la única y verdadera Ley de Cristo? Procuremos no ser como los fariseos que, por ser fieles a las muchas pequeñas leyes que ellos mismos se habían dado, descuidaban e incumplían la verdadera Ley de Dios que, para nosotros, no puede ser otra que el evangelio de Cristo.

3.- Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro. En esta carta a los Corintios San Pablo sigue con su tema del cuerpo místico. Les dice que, como cristianos, todos forman parte de un mismo cuerpo, del cuerpo de Cristo, sin distinción de raza, lengua, pueblo o nación. Todos son cuerpo de Cristo, miembros de un mismo cuerpo y, por tanto, todos deben procurar y cuidar la salud de ese cuerpo. Esta doctrina paulina del cuerpo místico tiene múltiples aplicaciones para la vida cristiana. Debemos estar siempre dispuestos a sacrificar nuestros intereses particulares, cuando estos van contra el bien común del cuerpo del que formamos parte. Esto es algo que debemos tener en cuenta cuando hablamos, cuando pensamos y cuando actuamos. Porque cada uno de nosotros somos irremediablemente distintos, y diferentes son nuestros intereses particulares. Siempre debemos pensar antes de actuar: esto que voy a hacer o a decir, ¿es bueno para el bien común de las personas a las que me dirijo? Cristo, cabeza de este cuerpo místico del que formo parte, ¿haría o diría lo que yo voy a hacer o a decir? Teniendo en cuenta, como decíamos antes, que el evangelio y la vida de Cristo deben ser la norma suprema para todos y cada uno de los cristianos, de los que formamos el cuerpo místico de Cristo.


3.- LA PALABRA DE DIOS ENTRE NOSOTROS

Por Pedro Juan Díaz

Hoy hemos entrado la Palabra de Dios de manera solemne al iniciar esta celebración. La Palabra, que se proclama en todas las celebraciones, ocupa un lugar muy importante en nuestro encuentro semanal. La Mesa de la Palabra y la Mesa del Pan componen nuestra Eucaristía, son nuestro alimento. Y como hoy hay tantas referencias y tan bonitas en las lecturas a lo que es en sí la PALABRA DE DIOS que creo que es importante detenernos y reflexionar sobre ello.

1. La Palabra proclamada en plaza pública como Buena Noticia.- En primer lugar me llama la atención como en la primera lectura los israelitas le piden al sacerdote Esdras que les lea la Palabra de Dios, en concreto el Libro de la Ley, y que lo haga concretamente ante una gran asamblea que está reunida “en la plaza de la Puerta del Agua”, es decir, en una plaza pública. Y la Palabra de Dios es proclamada en plaza pública como Buena Noticia para el pueblo que la pide, la acoge y la escucha con interés.

2. La Palabra acogida con alegría.- También me llama la atención como la Palabra de Dios es acogida con alegría, tanta que “el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley”, pero lloraba de emoción, de esa alegría contenida que a veces nos hace incluso llorar. Es una Palabra que era proclamada a la vuelta del exilio de Babilonia y les daba esperanza, les llenaba el corazón, pensando que su situación mejoraría, que la crisis que estaban viviendo llegaría a su fin y que Dios había estado y seguiría estando con ellos. “Hoy es un día consagrado a nuestro Dios” y “el gozo en el Señor es vuestra fortaleza”. La Palabra sigue siendo esperanzadora en estos tiempos que también son de crisis.

3. La Palabra hecha memoria gozosa.- En tercer lugar, la Palabra les recordaba de dónde venían y a donde iban. Eran el Pueblo de Dios. Dios había estado con ellos en todo momento, tanto en los buenos como en los malos, porque había sido fiel a su promesa: “vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios”. La Palabra era su propia historia convertida en historia de salvación. Era una Palabra hecha memoria gozosa de su propia historia para animarles en su nuevo caminar en una Jerusalén que, a pesar de estar destruida y en crisis, es el lugar donde Dios les quiere. Y ellos deben agradecer a Dios todo lo que ha hecho por ellos y ponerle en el centro de sus vidas. “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. Contigo y conmigo también lo ha estado. Esta Palabra también ha de ser motivo de alegría para ti y para mí.

4. La Palabra cumplida en la vida de Jesús.- Esta Palabra es especialmente cumplida en la vida de Jesús. En Jesús Dios nos ha dicho su Palabra definitiva. Esa Palabra con la que Dios creó el mundo (“hágase”) se ha encarnado en la historia humana y se ha hecho hombre “para anunciar el Evangelio a los pobres, a los cautivos la libertad y a los ciegos la vista, para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor”. Es una Palabra destinada de parte de Dios a los más pobres. Es una Palabra de consuelo, de esperanza de alegría, porque Dios está con ellos.

5. La Palabra llena del Espíritu.- La Palabra que escuchamos en cada Eucaristía, incluso la que leemos en nuestras casas, es una Palabra llena del Espíritu que fortalece nuestra fe y nuestra vida comunitaria y que nos une en un solo cuerpo. “Vosotros sois el cuerpo de Cristo –dice San Pablo-- y cada uno es un miembro”. Todos hemos sido “bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo” que es la Iglesia, la comunidad de la Palabra. Y el Espíritu la convierte en una Palabra viva que, a pesar de los años, sigue siendo actual y da respuesta a nuestras necesidades vitales más profundas. Es Dios mismo el que nos habla a través de esa Palabra, de su Palabra. Es una Palabra personalizada. Hay que escucharla con atención. No se puede proclamar de cualquier manera. Tampoco se puede permanecer indiferente ante ella. Después de cada celebración deberíamos preguntarnos: ¿qué me ha dicho hoy a mí la Palabra de Dios que acabo de escuchar?

6. La Palabra hecha alimento.- Finalmente, es una Palabra viva y eficaz, hecha pan, alimento y respuesta para un mundo hambriento de pan material y de Dios. La Mesa de la Palabra nos lleva a la Mesa de la Eucaristía y el mismo Jesús se convierte en nuestro alimento espiritual. La Palabra y la Eucaristía fortalecen nuestra fe y nuestra vida. Es nuestro alimento semanal. Lo necesitamos “como el comer” para seguir adelante y no desfallecer en el camino. Que nunca nos falta el “pan de la Palabra”, ni “el pan nuestro de cada día”, y que hagamos lo posible para que a nuestros hermanos tampoco les falte, ni uno ni otro.


4.- UNCIÓN Y MISIÓN DE JESÚS

Por Antonio García-Moreno

1.- LAS PALABRAS DIVINAS.-"En aquellos días, Esdras, el sacerdote, trajo el libro a la asamblea de hombres y mujeres y de todos los que podían comprender" (Ne 8, 2). El Libro. Las palabras que Dios inspiró a los hombres. Palabras sagradas, divinas, transidas por la luz del cielo. Un padre que ama a sus hijos no puede permanecer callado. Y Dios es un padre que ama como ningún padre ama sobre la tierra. Por eso, a lo largo de los siglos, nos ha venido hablando a los hombres.

Muchos no le escucharon, cerraron sus oídos a la voz de Dios. Y sus palabras resbalaron en sus corazones como la lluvia sobre la piedra. Pero otros no, otros fueron tierra blanda que absorbe ávida el agua que cae de arriba. Y la semilla produjo fruto abundante y bueno. Fruto de caridad, de alegría, de paz, de fe, de mansedumbre, de continencia. "Y todo el pueblo estaba atento al libro de la Ley". Atento haz Señor que esté atento. Con el corazón en guardia permanente, con la voluntad pronta, con el entendimiento alerta. Para que tu Palabra llene mi vida con la música maravillosa de sus inefables resonancias. Para que acepte tu Palabra, para que la reciba con gozo, para que la busque con ansiedad. Que de todos mis libros, sea el tuyo, la Biblia, el primero, el más leído, el más escuchado. Sea tu Palabra luz para mis pasos, camino para mis pies. Que me cale hasta lo más hondo, que me transforme de barro en espíritu, de oscuridad en luz.

El pueblo entero responde: Amén, amén. Palabra hebrea que ha perdurado a través de muchos siglos. Palabra litúrgica que encierra la síntesis de una auténtica espiritualidad: deseo ardiente de querer lo que Dios quiere, de someterse sin condiciones a los planes del Padre de los cielos... Amén, que así sea, como tú quieres, como tú lo dispones. Sea lo que sea, Señor, amén, amén.

El pueblo entero, nos sigue narrando Nehemías, se echó a llorar. Son lágrimas que brotan de un gozo profundo y sereno, llanto que se desborda como expresión paradójica de una gran felicidad. Los hombres que rigen el pueblo, Esdras y Nehemías, exclaman: "Andad y comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene preparado, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es nuestra fortaleza".

La alegría cristiana como fortaleza del alma. Concede a tus hijos esa alegría, esa fuerza que nos mantenga siempre en pie, felices, contentos, dispuestos a la entrega generosa, optimistas y esperanzados. La alegría de los hijos de Dios, la que nace de un corazón libre, de un corazón enamorado.

2.- LA BUENA NOTICIA.- La vida y la doctrina de Jesucristo no podía quedar enterrada en el olvido. Fue tanta su fuerza y su grandeza que, a medida que pasaba el tiempo, crecía el interés por conocer mejor a Cristo. Por otra parte, sus apóstoles iban comprendiendo, bajo la luz del Espíritu Santo y a la vista de lo que estaba ocurriendo, que el mensaje que predicaban tenía un alcance mayor del que ellos pudieron comprender en un principio. Por todo ello nos dice san Lucas al comienzo de su evangelio que muchos emprendieron la tarea de relatar cuanto había sucedido entre ellos. A pesar de existir esos relatos --se refiere sobre todo a los evangelios de Mateo y de Marcos--, él también desea escribir sobre la vida y enseñanza del Señor. Para esto, nos dice el Evangelista, se ha preocupado de comprobarlo todo exactamente y desde el principio. Así quiere contribuir a que los creyentes conozcan la solidez de la doctrina que han recibido.

San Lucas, en efecto, nos transmite con fidelidad histórica algunos detalles y noticias que los otros evangelistas no refirieron. Relata datos cronológicos que han contribuido mucho a saber cuándo ocurrieron determinados acontecimientos. Por eso, cuantos desprecian el valor histórico de los evangelios se equivocan, por mucho que quieran decir que negar la historicidad de lo ocurrido no merma la fe sino que la acrecienta. Dios ha querido que nos apoyemos en unos hechos tangibles y comportables, no porque nuestra fe haya de ser el resultado de unos razonamientos lógicos, sino porque esa fe, aunque no sea racional, sí tiene que ser razonable.

Después de este preámbulo, san Lucas narra en el pasaje que corresponde a este domingo uno de los momentos iniciales de la predicación de Jesús. El hecho se desarrolla en Nazaret. Ante el asombro de sus paisanos, Jesucristo toma la palabra y explica el pasaje del profeta Isaías que acababa de leer. Su voz es segura, su doctrina clara, sencilla y profunda. Sin la menor jactancia afirma que en él se cumplen las profecías acerca del Siervo de Yahvé, los presagios gozosos del profeta en torno al Mesías. Él ha sido ungido y enviado para proclamar la Buena Noticia --que esto significa evangelio--, a todos los hombres, en especial a los más humildes y desgraciados.

Unción y misión, dos aspectos de la persona de Cristo, que se repiten en aquellos que le siguen y son bautizados; en especial en quienes reciben el sacramento del Orden. Con la unción se sacraliza a la persona y se le encomienda la tarea sagrada de testimoniar sobre la doctrina salvadora del evangelio. Con la misión se le envía para que se vaya por doquier proclamando con la palabra y el ejemplo, cuanto nuestro Señor Jesucristo ha dicho y ha hecho. Seamos consecuentes con esta realidad y hagámonos voceros incansables de la única y auténtica Buena Noticia.


5.- OIGAMOS LA PALABRA DE DIOS CON RESPETO

Por José María Maruri, SJ

1.- Es un caluroso día de agosto, un impresionante silencio aplasta las aldeas y ciudades desiertas de Japón. Encerrados en sus casas se apilan junto a destartaladas radios y escuchan con lágrimas en los ojos la voz pausada de su Emperador-Dios que les anuncia la rendición incondicional. Es la palabra de su Dios que se convoca a su pueblo para que no se deshaga en pedazos, que como fueron fuertes en la victoria sean fuertes en la desgracia y esa voz salvó al Japón. Eran los tiempos finales de la II Guerra Mundial

2.- La primera lectura nos habla de otra convocatoria, de otro pueblo y de otra palabra de Dios. Es un pueblo sin reconocimiento político, empobrecido por el largo destierro, al que sólo mantiene unido la palabra de Dios y el Templo. También en esta ocasión la palabra de Dios escuchada con respeto tiene un efecto, constituir lo que se llama el judaísmo

Y en el evangelio vemos a Jesús acudiendo a la palabra de Dios para comunicar a sus convecinos la constitución de un nuevo pueblo, pero libre de toda esclavitud e iluminado por Dios. Todos tenían sus ojos fijos en Él… La liturgia de hoy está insistiendo en la importancia de la Palabra de Dios.

3.- ¿Y que puesto ocupa la Palabra de Dios en nuestra vida? ¿Tenemos nosotros el mismo respeto que tienen otros pueblos a sus libros sagrados? Hoy en cada casa hay una Biblia, o, al menos un Nuevo Testamento (y espero que no sea un adorno). Ya no hay miedo en la Iglesia a que la Biblia llegue a manos del pueblo. Miedo ocasionado por la libre interpretación de los protestantes, sin caer en la cuenta de aquello del viejo dicho indio: “Si cerráis la puerta a todo error tal vez dejes fuera a la misma verdad” Hay que exponerse al error para conocer toda la verdad.

¿Y ahora que tenemos a mano la Palabra de Dios, tenemos interés por ella? ¿La leemos diariamente? Si siquiera la escucháramos con respeto los domingos. De los que estamos aquí ahora más de la mitad no la han oído porque han llegado tarde…

Mucha culpa la ha tenido la casuística eclesial que nos enseño que cumplíamos (¡Le gustará al Señor que cumplamos con Él, cuando no nos gusta a nosotros!) si llegábamos al ofertorio, poco aprecio se tenía o tenían los moralistas por las demás lecturas.

4.- ¿Por qué llamaremos a la Sagrada Escritura Palabra de Dios si no nos ponemos a tiro para escucharla? Si no nos importa lo que se está hablando, si tratamos a Dios como a esos aburridos presentadores de los concursos en la televisión

--Cuando alguien nos habla es de mala educación no prestarle atención, ¿no?, pues entonces no somos muy educados con Dios.

--Dios nos quiere hablar, pero nosotros tenemos apagada nuestra radio o escuchamos la de otra emisora o estamos distraídos o nos ponemos algodones para no escuchar.

--Los que escuchaban al Emperador del Japón lloraban por la derrota, los que oían a Esdras también lloraban comparando sus dudas con lo que Dios les pedía, los que oyeron a Jesús tenían sus ojos fijos en Él. Nosotros tal vez pensamos que largas son hoy las lecturas.

Que penséis así de nuestras homilías’ y hasta miréis el reloj y hasta lo agitéis pensando que se ha parado, es comprensible, ¡pero que no escuchemos la Palabra de Dios con respeto, con atención y con ilusión…!

Hoy se ha cumplido esta escritura. Hoy nos habla nuestro Dios, no para anunciarnos nuestra derrota, sino para decirnos que nuestra fuerza, nuestro consuelo, nuestra unión como pueblo de Dios está en su Palabra, que la oigamos con el respeto que se merece.


6.- HACER VIDA LA PALABRA HOY

Por José María Martín OSA

1.- Escuchar y aceptar la Palabra. Comenta Nehemías en la primera lectura: "Y todo el pueblo escuchaba atentamente la Palabra de la ley y todo el pueblo respondió Amén". La escucha es un acto de disciplina que exige dejar otros pensamientos y exige concentración. La escucha es un acto de amor. El crecimiento y el cambio, en la vida cristiana, comienza cuando se escucha con atención la Palabra de Dios. La escucha de la Palabra de Dios produce la rehabilitación de nuestro vivir. Respuesta del pueblo: Amén. Adoraron al Señor y su Palabra. La Palabra, no obstante, hay que hacerla vida.

2.- Hoy y no mañana. Dice el Evangelio de Lucas: “Hoy se cumple esta Escritura”. Jesús volvió a su pueblo, Nazaret, enseñaba en la sinagoga y aquel día abrió el libro e hizo la lectura del profeta Isaías. Todos tenían los ojos fijos en él. Terminada la lectura dijo: "Hoy se cumplen estas profecías que acaban de escuchar". Jesús no vino a leer la Biblia. Vino a cumplirla. Un hoy que hace referencia a la actualidad, a nuestra situación personal y comunitaria. "Hoy se cumple esta Escritura"."Hoy ha nacido el salvador"."Hoy estarás conmigo en el paraíso". Hoy debe cumplirse lo que es la Buena Noticia. El cristiano vive siempre en el hoy de Dios siempre presente, siempre buscándonos, siempre amnistiándonos. La palabra y los actos no deben presentar ruptura. Este hoy del que nos habla el Evangelio, nos sigue cuestionando. Si bien es cierto que la liberación de Jesús tiene un matiz de interioridad y afecta al corazón mismo de la persona, también es cierto que esa liberación tiene un marcado acento social, que realiza y quiere hacer presente el Reino de Dios, negarlo sería negar prácticamente todo el Evangelio.

3.- Hoy es el momento en que la Buena Noticia debe llegar a los pobres. Nos conmovemos cuando sucede un terremoto como el de Haití. Es algo normal, humano…Todos somos miembros del cuerpo de Cristo y cuando un miembro enferma, todo el cuerpo lo siente. Pero no se trata de ser solidarios temporalmente. Se trata ser solidarios siempre con los que sufren las consecuencias de la injusticia. Desde hace unos años, muchos cristianos y no cristianos, (ONGs, grupos, Congregaciones, colectivos...), están pidiendo no sólo que se condone la Deuda Externa, sino que se busque una cooperación más eficaz con los países del Tercer Mundo, entre otras cosas, para que no tengan que emigrar, o simplemente que se cumpla con lo firmado por, al menos, los 22 países más prósperos a través de la ONU: dedicar el 0,7% de su PIB en ayuda al desarrollo. No cabe duda que si se cumpliera esto, sería una Buena Noticia para los pobres, un año de gracia. Pero la situación no mejora, los ricos somos cada vez más ricos y los pobres más pobres. Jesucristo vino a hacer con nosotros el camino hacia el cielo. Jesús no vino a predicar el infierno. Vino a abrir las puertas del cielo a todos. Jesús vino a "proclamar el año de la gracia del Señor". Amnistía para todos. Libertad para los cautivos. Buenas noticias para los pobres. Los charlatanes, los políticos, los predicadores, todos nosotros, hacemos promesas y profecías, contamos visiones, ofrecemos la luna, estamos llenos de buenos deseos y qué pobres son nuestras obras. Jesús comenzó su ministerio diciendo el primer día "hoy se cumple esta escritura" y pudo decir el último día: "Todo está cumplido". El libro que leyó Jesús está ahí a mi alcance. Yo también lo puedo coger y leer. Yo, hijo de Dios, también poseo el secreto de la Buena Noticia y como Jesús estoy llamado a evangelizar con la predicación de la vida y de la palabra a todos.


7. - LA RELACIÓN DEL HOMBRE DÉBIL CON EL DIOS OMNIPOTENTE

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Se abre mi texto de hoy con el peso terrible de la tragedia de Haití. No es posible pensar en otra cosa. Y lo primero que tenemos que hacer es rezar por las victimas, sus familiares y todo el pueblo haitiano. Es verdad que lo haremos inmediatamente, después, la oración de los fieles. Pero nuestra plegaría ha de ser constante y salir de los límites del templo. Luego deberemos ser solidarios con los damnificados –un país entero—y dar lo que podamos en la colecta que vayamos a hacer aquí en la iglesia, o de cualquier otra forma. No se puede obviar el pensamiento de que la desgracia llega a un país machacado por la pobreza, el desorden político y social, y un sin fin de hecatombes naturales que afectan a Haití de manera muy seguida desde hace años.

2.- Y a partir de ese pensamiento sobre Haití hay que decir que lo más sorprendente de la relación del hombre débil con el Dios omnipotente es que ese ser comparativamente tan débil pueda oponerse a la voluntad del Ser tan poderoso. La mayoría de los humanos somos transgresores de la Ley de Dios. Algunos lo son muy gravemente con daño a terceros. Otros enarbolando su soberbia se enfrentan y oponen a Dios. Y este Dios lo tolera y diríamos que lo respeta. Entonces se encuentra que la libertad viene de Dios y que es esencia de Dios. El don más grande del hombre es su libertad. Pero el hombre tiende a olvidarla y, despreciando la libertad que Dios le da, se deja oprimir. Muchos de nuestros pecados graves son una forma de opresión. Hemos querido ser libres y nos encontramos amarrados por lo que parecía un buen uso de nuestra libertad. La mayor opresión se produce con la soberbia y con el dinero. Y, sin embargo, vivimos en la época del uso loco de la soberbia y se adora al dinero hasta niveles clínicamente demenciales. Tras consagrar Dios el principio de la libertad absoluta del hombre y ser despreciada por el genero humano y, torpemente, aceptar la opresión ejercida por el Demonio, Él envío a su hijo para "liberar a los cautivos". Y cuando él, Jesús, está leyendo en la sinagoga el texto de Isaías, señala sin ambages, sin rodeos, que pretende hacer a los que le escuchen libres de verdad, liberarles de la esclavitud del engaño, de la falsa libertad.

3.- Pero, claro esa relación del hombre débil con el Dios omnipotente también se inscribe en el nivel de desgracias que el género humano sufre desde su salida del Edén, desde que tomó camino hacia el este del Edén. ¿Manda estas desgracias Dios? No. Bien cierto. Dios, ciertamente, está junto con los que sufren. Y a la pregunta de aquel judío que ante la barbarie terrible y cruel de cada día en un campo de concentración nazi: “¿dónde está Dios ahora?” La respuesta fue clara: “Aquí, con nosotros, sufriendo y dejándose morir”. Los grandes crímenes de la humanidad están generados y gestionados por el pecado. ¿Las desgracias naturales, también? Pues puede ser, sobre todo en su dimensión de daño y mal. Una vez oí de un sacerdote una frase que todavía no entiendo bien, pero que me resulta muy atractiva: “Dios perdona siempre”, el hombre, de vez en cuando, pero la naturaleza, nunca”. ¿Es esta frase un simple jeroglífico?

No. Republica Dominicana es la otra parte de la misma isla y no ha sufrido apenas daños en personas. El epicentro estaría algo más alejado del entorno de la capital haitiana, Puerto Príncipe, donde, al parecer los daños fueron mayores. Pero muy cerca. Japón y algunos lugares de la costa oeste de Estados Unidos –y, entre ellos, San Francisco—son muy propicios a los temblores de tierra. Y apenas hay daños materiales o de personas. La pobreza profunda de Haití ha sido una de las causas de la extensión en su número de victimas, que bien podrían ser más del cuarto de millón. Y si como resulta cierto, bajo el suelo de Haití hay una falla tectónica que provoca los terremotos, debería evitarse las aglomeraciones humanas en tal lugar. ¿Qué es difícil? Claro. La naturaleza no perdona y la pobreza extrema para nada ayuda en caso de una gran hecatombe. Por eso Dios estará junto a los más pobres que han sufrido la devastación. La pregunta que no se puede obviar: “¿y no podría Dios haberlo evitado?” Eso será siempre un misterio que se supera a las limitaciones humanas, como el sufrimiento de los inocentes o la muerte de un niño. Pero si podemos medir que los centenares de muertos de Haití, junto a los que seguirán incrementando la trágica nómina de las victimas, tienen un origen humano, de pecado de la humanidad. ¿Por qué el pueblo haitiano está tan castigado por la opresión política y económica desde hace años y nadie lo remedia, al menos algo?

2. - Porque igual que la bondad que reina en el mundo es un reflejo de Dios, la libertad que poseen los hombres también son espejo de la mirada divina. Cuando un régimen político oprime a sus ciudadanos está en contra de Dios. Los enemigos de la libertad vienen de cualquier parte. Hay dictadores de derechas y de izquierdas. La aplicación práctica del marxismo-leninismo ha sido un ejercicio violento contra la libertad. Pero desde los dictados de clases dominantes también se usa la violencia contra la libertad del hombre y contra su derecho a vivir dignamente. La mejor arma para liberar a los oprimidos es la paz. Puede que sea un camino más lento, pero es muy seguro. Los "libertadores" de la violencia solo engendran más violencia. Y de estos violentos liberticidas, en muy pocos casos han actuado en legítima defensa, y si lo han hecho enseguida han abusado de su fuerza.

Jesús, en la sinagoga de Nazaret, anunció el principio de una liberación pacifica, del reinado del amor. Lo hemos dicho un poco más arriba. Y lo hemos, también, oído en el canto del aleluya que acabamos de proclamar:

El Señor me ha enviado a dar la Buena Noticia

a proclamar la liberación de los cautivos

Y es un muy breve texto que debe servirnos para la meditación, durante esta semana que empieza. Tal vez no haga falta más. Pero, claro, siempre hay más.

3. - Pero siempre hay algo más para nosotros y nuestra vida mejor. Así en el final de fragmento de Nehemías que hemos escuchado se dice: “No estéis tristes, pues el gozo del Señor es vuestra fortaleza”. La consagración del templo, la vuelta al camino marcado por Dios produce una enorme emoción en el pueblo de Israel. Y esa emoción trae lágrimas. Y, entonces, se dice que nuestra alegría viene de Dios, “pues el gozo del Señor es vuestra fortaleza”. La cercanía de Dios y las obras que están cerca de Él dan alegría como símbolo de que estamos en el camino adecuado. Y además el gozo del Señor ante nuestro trabajo bien hecho es, precisamente, nuestra fortaleza. Y de ahí es de donde puede llegar la mejor recompensa para nuestro esfuerzo. Y da igual cual sea nuestra ocupación en el trabajo para Dios y los hermanos. San Pablo en su Primera Carta a los Corintios explica magistralmente esa organización jerárquica –al mismo tiempo igualitaria-- de la Iglesia de Dios. La semejanza a un cuerpo humano con el trabajo interrelacionado de todas las partes de ese cuerpo y la misión principal de la cabeza, pues es un atajo para mejor entender nuestra labor.

Hemos de hacer uso de nuestra libertad absoluta para emprender caminos de santificación y de vida en común con los hermanos. Nadie nos debe empujar hacia donde no queramos, pero una vez que en uso de nuestra libertad estamos dentro de la Iglesia hemos de comprender que existe un gran número de misiones y que todas ellas son importantes para el desarrollo del Reino de Dios. Y ahí hemos de aceptar el trabajo designado. Hemos recibido muchos puntos para la reflexión. Ahora, cuando volvamos a nuestras casas y tengamos un momento de quietud deberíamos releer –hoy más que nunca-- todos estos textos del presente Tercer Domingo del Tiempo Ordinario e iniciar nuestra meditación. Y hacerlo como seres, libres, alegres y solidarios con nuestros hermanos. Y no olvidemos que el gozo de Dios es nuestra fortaleza.

4.- Pero antes de volver a casa deberíamos cumplir con nuestro deber de hermanos y poner sobre los cestos de la colecta para Haití lo más que podamos. E, incluso, desde hoy exigir a nuestros gobernantes que la ayuda no sea efímera, que el problema de la pobreza crónica e inducida del pueblo haitiano termine de una vez y que, por lo menos, comience a reducirse. Pero los pobres y los oprimidos no so están en Haití. Repitamos, hoy más nunca, como jaculatoria de nuestra oración, o como tantra de nuestra meditación:

“El Señor me ha enviado a dar la Buena Noticia

a proclamar la liberación de los cautivos”

A los cautivos de la pobreza, de la ignorancia, a los cautivos por la opresión social y económica. Y que todos, de una vez, seamos capaces de llevar la Buena Nueva a todos lugares, pero sobre todo donde más se necesita.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


PALABRA DE DIOS

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Imagino que vosotros, mis queridos jóvenes lectores, vais cada domingo a misa. Los motivos que tengáis al hacerlo pueden ser diversos. Tal vez una costumbre familiar a la que se le ha añadido el precepto de la Iglesia. Tal vez puede influir que es un encuentro con compañeros que comparten vuestros ideales. Tal vez sentís una piadosa devoción que la asistencia a misa os la satisface. Tal vez…

2.- Cuando pensamos en la misa la identificamos con la comunión Eucarística y no es un criterio erróneo, pero no abarca todo el contenido de la asamblea a la que asistimos. Hoy el acento se pone en otra realidad: en la proclamación de la Palabra de Dios, que no es pequeña cosa. Es interesante que os fijéis en esto, ya que puede darse el caso de que un día, por diversas causas, no comulguéis y os parezca que reunirse para escuchar la Palabra, no vale la pena. Vaya por delante, que la Palabra de Dios es alimento espiritual del alma, de aquí que comunidades cristianas que celebran poco la Eucaristía o como muchas veces le llaman la Santa Cena, sean capaces de progresar.

3.- La cosa viene de lejos. El pasaje que nos describe la primera lectura es una fiel descripción del encuentro del fiel con la Palabra Revelada. Porque si la Biblia es Palabra de Dios, cuando se proclama en la reunión dominical, es algo más que unos simples vocablos con buenos contenidos. Los contemporáneos del sacerdote Esdras, sabían algo de esto. Subido él a un estrado, se puso a proclamar el contenido de aquel libro felizmente recobrado. Observad que le prestan una reverencia inusual, reconocen que no es un libro cualquiera, se postran… les entra tan dentro de sí el contenido, que lloran de emoción, al terminar el acto. Los levitas se han dignado explicar los pasajes que no resultaban fácilmente entendedores. En total pasarían un largo rato escuchando, tratando de entender y pensando lo que en sus vidas debía suponer, el haberse enterado de lo que Dios quería decirles a ellos, pueblo escogido.

Se trata de una celebración judía, pero es fiel reflejo de lo que debe ser la primera parte de nuestra misa dominical. La primera pregunta que debéis haceros, es si recibís con respeto e interés la celebración de la Palabra. Si tratáis de descubrir su contenido, al margen de si el que predica la homilía responde a vuestros gustos, de si es largo o corto su sermón.

La descripción evangélica del presente domingo, responde a una época posterior y muy diferente. Los judíos tenían un templo en Jerusalén, al que debían acudir a ofrecer sus sacrificios y limosnas. Alrededor del Santuario, se extendía la enorme explanada de la que os he hablado en otras ocasiones. Allí los Maestros enseñaban, Pablo fue uno de los que acudió a seguir lo que hoy llamaríamos un master en teología farisaica. Jesús, cuando era un joven de 12 años, se interesó y permaneció allí, olvidando a sus padres, unos días. Sí, los llamados atrios, que eran como los soportales de nuestras plazas, eran lugares de enseñanza, pero como no a todos, ni en todos los momentos, les era posible el acceso y la permanencia allí, de aquí que en un determinado momento histórico, cuando sufrían el destierro, surgieran las sinagogas, que no eran templos, pero que tampoco eran simples recintos para reunión de amiguetes.

4.- Cada sinagoga tenía su responsable. Una especie de director o conserje. No era preciso que fuese versado en la Biblia, él sería quien escogería al que debía hacerlo, el que mantendría el orden y procuraría que no se olvidara la oración, es decir la recitación de los salmos y los cánticos inspirados, que estaban indicados para las diferentes circunstancias. En esta ocasión se presentó Jesús. Era vecino de Nazaret, pueblo antiguo, habitado por medio millar de vecinos, según los cálculos que hoy hacen los arqueólogos. Sabría el director que, pese a haber sido lo que hoy en día llamaríamos un “autónomo de la construcción”, se había formado, seguramente en la vecina Séforis, habiendo aprendido en primer lugar la lengua en la que se habían escrito casi todos los libros inspirados, es decir, el hebreo. Había aprendido también los profundos contenidos religiosos de muchos ellos y las tradiciones que los acompañaban. En la población donde había vivido tantos años, le llamaban Rabí, es decir: maestro. Con estos antecedentes, no es extraño que aquel sábado le ofrecieran la proclamación sagrada y solicitaran que se la comentase. No sabían que texto iba a escoger, Él, el Señor, si que lo tenía muy pensado, pues se trataba de iniciar la campaña de anuncio de la Buena Noticia. Así que buscó el texto de Isaías: “el Espíritu está conmigo, de aquí que os anuncie que, a partir de ahora, las cosas van a cambiar.

--Los predilectos, serán los desgraciados haitianos, que estos días sufren las consecuencias del terremoto.

--A ellos les digo, que no se depriman, que su sufrimiento pasará y será premiada su confianza en Dios.

--A los que ahora son esclavos de una sociedad que los ha marginado y que como consecuencia de la crisis, pasan hambre, humillación y desconcierto, también les anuncio que llegará el final y estas derrotas de ahora, se convertirán en triunfo del mañana, mientras que los que lo tenían todo previsto y ahora viven de renta, serán pobres de solemnidad, en el Reino de los Cielos. --A aquellos que han sido juzgados injustamente por los tribunales o despedidos abusivamente de sus empleos, por las multinacionales de entrañas inhumanas, les digo que mi Padre los está inscribiendo en la lista de sus nuevos amigos.

--Vengo a anunciaros un cambio que os sorprenderá más que el climático, ese que a tantos preocupa. Va ocurrir así, no lo dudéis. ¡Que suerte tendrán los que pongan su confianza en mí! ¿Pensáis que debe cambiar vuestra vida?

--Ahora os digo yo a vosotros, mis queridos jóvenes lectores: ¿Cómo recibís un tal mensaje? ¿Os merece total confianza el Señor?

NOTAS MARGINALES

Pese a que, cuando visitamos Nazaret, entramos en un recinto que lleva el nombre de iglesia de la sinagoga, los estudios arqueológicos indican, que la del tiempo de Jesús, estaba situada probablemente, donde hoy se asienta una mezquita musulmana. No son ellos amigos de escarbar en el terreno, en busca de pruebas. Para cerciorarse, habrá que esperar que cambien sus criterios.

En nuestras iglesias existe el ambón, de más o menos afortunado diseño. En general hay que advertir que debería ser más visible, elevado y ornamentado, convendría que se pareciese al lugar donde subió el sacerdote Esdras. Por mucho que nuestras megafonías ayuden a que llegue lejos las palabras del lector sagrado, la elevación del ministro, ayuda a entender la categoría del texto.

El rabino, en este caso Jesús, se sentaba en la llamada “cátedra de Moisés”. No sé si se conservan muchas de aquel tiempo. Yo solo he visto una. Se trata de la encontrada en la sinagoga de Corazin o Corozain. En este lugar, hay ahora una fiel reproducción, tan fiel que cuando la vi creí que era autentica, pero no, la verdadera está depositada en Jerusalén, en el Museo de Israel. Es un sitial de piedra, de escaso respaldo y poco elevados reposa brazos. Algo que permitía un cierto descanso, pero que invitaba a inclinarse comunicativamente hacia la asamblea.