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EL SUFRIMIENTO Y DIOS

Doy por hecho que todos los que colaboramos en Betania esta semana tocaremos la tragedia de Haití.

Es una constante histórica que siempre que hay una desgracia de tal magnitud, que muchos creyentes eleven los ojos al Cielo preguntándole a Dios por qué lo ha permitido. Sucedió en el terremoto de Lisboa a mediados del siglo XVIII, en las matanzas sanguinarias del holocausto nazi y un largo etcétera. Pero, ¿esta pregunta a Dios es cristiana? ¿En qué Dios creemos cuando se la hacemos? ¿En un Dios intervencionista? Achacarle a Dios la posibilidad de que hubiera podido evitar esta tragedia es culpabilizarle de todas las desgracias del mundo y de la historia. ¿Por qué no evita el hambre, por qué no evita el sufrimiento del inocente? Es la eterna pregunta de la teodicea y que muchos teólogos tratan de dar respuestas racionales en estos tiempos post-ilustrados para que no se den de bruces preguntas precríticas y planteamientos cristianos. Hay intentos de respuestas que crujen con ese Dios anti-mal que nos predicó Jesús.

Tengo algún conocimiento de teología; es algo que ni escondo ni alardeo por ello. Por eso mismo cada vez soy más consciente de la humildad que se necesita cuando se habla de Dios. Creo que el término “permitir” aplicado a Dios hay que erradicarlo porque nos lleva a aporías y, lo que es peor, a que ese verbo se convierta en roca de ateísmo o a esconder intereses eclesiales involucionistas.

Confieso que nunca entenderé que todo un gran teólogo como es Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI, cayera en la tentación de hacer la pregunta retórica en Auschwitz, ante las masacres de los campos de concentración de extermino: “¿Dónde estaba Dios en esos momentos?”, fue su reacción natural y doliente. Al hacerla no fue consciente que estaba dando argumentos a los que siguen encerrados en el dilema de Epicuro y que aboca al ateísmo.

Me encuentro que estos días un obispo recién trasladado a Guipúzcoa (norte de España), traslado que ha sido muy polémico, en su defensa alega que… “(…) si Dios ha permitido mi traslado es (…). ¡Otra vez el verbo permitir..! Tenemos una idea de Dios tan a la imagen del hombre que se nos cuela un Dios antojadizo.

Me niego a que sea legítimo teológicamente hablar de los misterios inescrutables de Dios cuando, en nuestro fuero interno, tratamos de justificar esta imagen de Dios tan cicatera.

Siendo catequista una compañera mía afirmaba que se había salvado por las oraciones de su madre. Yo pensé en la mía que había perdido cuatro hijos bebés y estuvo a punto de perderme a mí. ¿Acaso rezó un Padrenuestro más y por eso me salvé yo y no mis hermanos?. Repliqué a mi compañera y, al hacerlo, defendía a Dios. ¿Acaso Dios va salvando vidas a modo de lotería?

Cuántas veces en nombre de defender nuestra fe, de transmitir experiencias y hechos de vida creemos defender a Dios y lo único que hacemos es desacreditarlo.

Casaldáliga sintetiza en dos preguntas parte de su pensamiento teológico: “Cuando alguien le pregunta a Dios que dónde está, Dios le responde con otra pregunta: ¿Dónde está tu hermano?”

Ante la catástrofe de Haití quiero elevar a Dios una pregunta: “Señor, cuántos muertos hubiera habido si las casas de Haití, el país más empobrecido del mundo, fueran como las de Japón o el oeste de S. Francisco? Ahí está el verdadero culpable, el empobrecimiento y del que somos todos encubridores, aunque críticos, como yo lo estoy siendo ahora.

Dios no ha “permitido” el sufrimiento de Haití. Nada tiene que ver con él. Quizá nosotros sí.

Feli Alonso Curiel

Bilbao (España)

NOTA DEL EDITOR.- Es obvio que la desgracia de Haití llena nuestras páginas tanto en Testimonios, como en Opinión, Editorial, las Homilías y las oraciones de los fieles. Es algo terrible y es lógico que se produzca desconcierto y temor a la hora analizarlo.


NO SEGUIR IMPASIBLES

Estos días limpiando muebles, enseres pensaba en tantas personas que nada tienen que limpiar porque se han quedado sin nada. Me duchaba y pensaba en la de días que transcurrirán sin que muchos vean el agua. Pensaba si ponerme botas o zapatos y me daba cuenta que muchos serán los que nunca tiene esa duda porque irán siempre descalzos. Daba un beso a mi hijo y me venía a la mente la de niños que ya no serán besados porque murieron en trágicas circunstancias.

Hace pocos días pedían ayuda para El Salvador, ahora es Haití ¿mañana? Le doy vueltas a la cabeza y no puedo entender como a estas alturas de la vida puede seguir habiendo tantas diferencias. ¿No es tremendo pensar que mientras nosotros estamos cómodamente en casa hay quien no tiene nada de nada? Tenemos que tomarnos esto que llamamos vida pero que muy en serio. Recapacitar sobre los dones que cada cual tiene, ponerlos en marcha, al servicio de los demás. No podemos seguir impasibles ante tanta desgracia y pensar que nada podemos hacer. Dejemos de pensar en cosas superficiales, abramos los ojos a la realidad, preguntémonos qué podemos hacer nosotros y hagámoslo. Con ayuda económica, humana, intelectual, rezando...... pongámonos en camino que son muchos, muchísimos los que nos necesitan. Lejos y cerca. El paro, la crisis deja cada vez más a personas en la incertidumbre, sin poder comer, sin hogar, sin... pongamos la antena, estemos atentos para saber dónde podemos acudir, a quien podemos ayudar, quien y cómo nos necesita... Seamos familia de una vez.

Maite

Madrid, España

NOTA DEL EDITOR.- La sencillez e ingenio de Maite siempre llama la atención.


HAITÍ: LA ORACIÓN DE JULIA MERODIO

Queridos amigos:

De nuevo llego hasta vosotros, en la sección de testimonios para pediros que nos unamos todos para orar por la catástrofe de Haití. Quizá a algunos, ya os haya llegado un PowerPoint con esta misma oración, pero quiero adjuntarla porque habrá muchos sitios a los que no habrá llegado y lo que importa es que recemos todos, cuantos más mejor. Recemos y ayudemos según nuestras posibilidades; pensemos qué nos gustaría que hiciesen con nosotros si nos encontrásemos en su caso, y obremos en consecuencia. Un abrazo para rodos

EN EL CORAZÓN DE LA TRAGEDIA

¡Es demasiado, Señor!

Nuestra mente no puede dar crédito a las imágenes que se van sucediendo.

Es imposible seguir mirando sin bajar los ojos.

Mires donde mires te topas con el dolor.

Y, Señor, hay allí tantas clases de dolor.

 

Allí está el sufrimiento del que grita.

El sufrimiento del que intenta huir.

El sufrimiento del que duda, del que se revela,

del que no acepta lo que estaba pasando.

El sufrimiento, de los que son empujados, sin piedad,

por la espectacularidad de la catástrofe…

Está: el sufrimiento de los familiares que ven, impotentes,

como devora la tragedia, a sus seres más queridos.

El de las madres al desprenderse de sus hijos.

El dolor de los supervivientes ante la calamidad.

La impotencia cuando el desastre se calma.

El miedo a lo que pueda volver a venir.

La búsqueda de vida donde sólo se vislumbraba muerte…

 

¡Qué abanico de realidades encierra lo que está sucediendo!

La mente humana, con todo lo que tiene de grandiosidad,

no puede llegar a asimilar la magnitud de la catástrofe.

¡Qué multitud de sentimientos desplegaba nuestro corazón herido!

¡Qué impotencia, qué dolor!

Y Tú los sentías todos, Señor.

Tú, has sufrido en vivo y en indirecto, demasiadas catástrofes.

Tú, viste, temblar la tierra, desde la Cruz.

Tú, Señor, estabas en cada uno de ellos,

aunque a nosotros nos fuera imposible reconocerte.

Tú sufriste en tu cuerpo y en tu alma todos los sufrimientos del mundo

para que nadie pueda decir que no tiene sentido el dolor.

Tú diste sentido, al sinsentido, a la impotencia, a la humillación, al tedio,

al miedo, a la duda, a la soledad, a la cobardía, a la desesperanza.

Tú diste sentido a la huída, al desprecio, a la incoherencia.

Tú convertiste lo negativo en positivo,

lo insoportable en sublime, lo perecedero en inmortal.

Por eso te pedimos con fuerza, Señor,

que ahora hagas posible lo que para nosotros es… imposible.

 

Julia Merodio

Madrid, España

NOTA DEL EDITOR. Preciosa oración que puede servir de modelo para nuestras plegarias a favor del pueblo de Haití.


MENSAJE URGENTE A DIOS POR LAS VICTIMAS DE HAITI

Para mí, existen varias posturas ante el dolor que sufre la humanidad. La primera es de rebeldía y angustia que me lleva a una situación nerviosa, que es la más común, por el desconcierto que significa aceptar las desgracias ajenas.

La segunda, el derrumbamiento que me proporciona una gran amargura, contemplando ese monstruo al cual no se puede vencer llamado terremoto, con ese poder destructor que arrasa todo por donde pasa desde lo más importante, vidas humanas hasta los enseres que servían de cobijo a las personas.

Y la tercera, la que sostienen algunas personas cristianas, que posiblemente sean más positivas ante el dolor e intentan no derrumbarse ni resignarse, sino que se entregan a los deseos de Dios y a la fuerza de su Amor.

Con toda sinceridad, la aptitud de estos hermanos, es envidiable. Tienen todo mi respeto, pues efectivamente la fe ve lo invisible, cree lo increíble y recibe lo imposible, sabiendo que la viña del Señor proporciona racimos dulces y amargos.

Todo esto es totalmente cierto, pero he de confesar que ante un hecho como los recientes terremotos que han sufrido nuestros hermanos en la ciudad de Puerto Príncipe la capital más pobre de América, Haití donde han sucumbido cientos de miles de personas atrapadas entre los escombros de los edificios la mayoría de ellos sepultadas en vida, además de miles de víctimas mortales y otras angustiadas por haber perdido todo aquello que poseían y ahora caminan hacia un mundo desconocido, sinceramente no logro entenderlo.

Y es por ello, por lo que siento un dolor profundo en mi corazón, por todas las víctimas de la catástrofe y en especial por gentes con sueños sencillos apenas sin ambiciones, que han perdido personas queridas integrantes de sus familias que vivían lejos, muy lejos de las comodidades que disfrutamos en otros países y que ahora inician un viaje a ninguna parte buscando un hogar donde cobijarse llevando sobre sus espaldas, el peso de la tristeza y de la desesperación.

Uno, ante una tragedia como ésta y sin posibilidades materiales ni humanas posibles para ayudar a todos esos damnificados, solo se le ocurre, convocar a toda la comunidad cristiana mundial, para enviar un mensaje urgente al Dios Misericordioso y Omnipotente suplicándole su Divina Bendición para todos ellos y rogando acoja en su Reino a las víctimas por toda la Eternidad.

Así las cosas, por lo pronto solo me queda tras iniciar este mensaje, rezar una oración por sus almas limpias, puras y sinceras y elevar la vista al cielo gritando con esperanza que el Dios resucitado les fortaleza su fe y que a los fallecidos les acoja en su Reino.

José Guillermo García Olivas

Madrid, España

NOTA DEL EDITOR.- Agradecemos mucho José Guillermo su testimonio. Esta tragedia de Haití está convirtiendo en una sola voz a todos los cristianos.


SACERDOTE COLOMBIANO EN ROMA

Queridos amigos de BETANIA. ES... escribo desde Italia, haciendo mis estudios de especialización en Bienes culturales de la Iglesia en la Gregoriana. Soy sacerdote colombiano, de la Arquidiócesis de Medellín y desde hace tiempo me sirvo del trabajo que cada ocho días cuelgan ustedes en la web. He creado mi propio Blog y quería agradecerles lo que hacen porque de ello también me sirvo y enriquezco a un grupo considerable de personas a quienes considero mi rebaño virtual. Estoy convencido que CULTURA es el nuevo nombre de la FE y por ello trabajo semanalmente. Abajo, luego de mi firma, está el enlace. Muchas gracias por todo. Acompañémonos en el testimonio de Jesús en el mundo virtual que allí hay mucho qué evangelizar.

John J.

http://johnjairoosorioarango.blogspot.com

Roma, Italia

NOTA DEL EDITOR.- Pues con mucho gusto publicamos la nota del padre John


ENVIO ANTICIPADO

Soy religiosa y estoy a cargo, entre otras cosas, de un grupo de catequesis de niños para y necesito material para preparar con ellos la misa del 31 de enero. Les agradezco me envíen algunos posibles guiones. MUCHAS GRACIAS por vuestra colaboración en la tarea pastoral para que los niños, de manera especial conozcan y amen a Jesús

Ale de Jesús

Religiosa del Verbo Encarnado

NOTA DEL EDITOR.- Publicamos este correo a modo de ejemplo para aclarar que los formularios de Betania son inéditos semana a semana y que no podemos tener tal adelanto, como nos pide la hermana Ale. De todos modos, se puede consultar el “histórico” (consultar ediciones anteriores) e ir al año 2007 que contiene los formularios del anterior ciclo C.


DESDE AUSTRALIA, MATERIALES LITÚRGICOS

Señor Ángel Gómez.

Le agradezco inmensamente que haya respondido a mis inquietudes. Estoy de acuerdo con sus anotaciones y trato de ser más clara en mis preguntas. Estoy al frete de unos Grupos de Oración y asisto a otros. En todos hemos comentado las lecturas bíblicas del Domingo, que nos ofrece “BETANIA,” pero en este año, en los grupos quieren reflexionar sobre la lectura que corresponde a cada día. Como Ud. anota, es muy difícil encontrar homilías para cada día de la semana. Solo conozco un programa que las ofrece y se llama MERCABA. Pero desafortunadamente en este año, no armonizan las citas bíblicas con las de toda la Iglesia, pues como Ud. me aclara, son las mismas en todos los Países e idiomas. En resumen: en Sydney, continuaremos comentando las homilías que nos ofrece BETANIA, en los grupos que no piden cambio de lecturas. En cuanto al Calendario Litúrgico, entraré a la página Web. , que nos ofrece la Conferencia Episcopal y que Ud. tiene la bondad de indicarnos. Ofrezco los méritos de una Santa Misa, para que Dios cubra a Ud. y a la obra BETANIA, con la sobreabundancia de sus gracias.

Betania es de maravilla, nos llega como un regalo del amor de Dios.

Su Hermana en Cristo.

Margarita Rincón.

Sidney, Australia

NOTA DEL EDITOR.- Ya le semana pasada publicamos un primer correo de Margarita Rincón sobre sus necesidades litúrgicas. Estamos contentos de haberla podido servir.