LA DIFICULTAD DE ESCRIBIR UNA CARTA

Por Ángel Gómez Escorial

A veces la redacción de esta Carta resulta más difícil que lo esperado. Casi siempre la escribo al final de todo. Después del Editorial y de la Homilía, y no es fácil encontrar argumentos, aunque hoy el terremoto de Haití polariza todo. La posibilidad de que el número de victimas afecta a 250.000 personas, a un cuarto de millón, impresiona hasta lo más profundo del alma. Y ello se junta –ya lo hemos repetido todos—la sensación de que la mala –malísima suerte—se ha cebado con el pueblo de Haití. Junto al caos político y administrativo de esa nación está un conjunto de desgracias naturales –sobre todo los huracanes—que en los últimos años han machado literalmente a Haití. Es además una de las zonas más pobres de la tierra y su población tiene una cota bajísima de esperanza de vida. Eso no ocurre en República Dominicana, “compañera” de isla de Haití. Esta vez, incluso, el terremoto apenas ha afectado allí.

Existe una lógica tentación de preguntar a Dios el por qué de permitir tanta desgracia. Pero es cierto que si entramos en el análisis de las causas de tanta víctima llegamos a la conclusión que es la pobreza y las malas condiciones de las viviendas lo que ha incrementado tan fatídica cifra. Y, por supuesto, Dios no es el culpable de la pobreza, si no el mismo género humano que sigue en la explotación permanente e inmisericorde. E, incluso, en las zonas donde ya no hay nada que ganar, se abandonan del todo. Eso es lo que está ocurriendo en Haití. Recemos por las victimas de Haití enviemos nuestras ayudas y busquemos medidas, en la medida de nuestras fuerzas, para que pueda construirse en Haití una sociedad mejor y que el desorden y la pobreza extremos puedan ser erradicados.

Escribí la semana pasada un editorial y una carta en función de la cuestión del Obispo Munilla en San Sebastián. Mis criterios estaban ahí, tanto en el editorial como en la Carta. Esperaba yo respuestas publicables, y no tanto por organizar una polémica, como para aclarar algunos aspectos. Todas las personas que me han escrito –y no han sido pocas—no pretendían que se publicaran sus comentarios, solo eran para “mi edificación”… Mensajes surgidos a los dos lados de la raya, que yo había trazado. Mi pretendida edificación es más que secundaria y lo importante era que, como en otras épocas, aclaráramos algo mediante un reflejo de opiniones diversas. Parece como si mis interlocutores no quisieran jugársela públicamente. Y casi ha sido la mayor decepción. Casi hubiera preferido que no me hubieran escrito. Bueno, eso tampoco. Siempre es útil leer opiniones de otros, aunque a la postre no sirvan para mucho.

Las últimas noticias de monseñor Munilla, allá en San Sebastián, es que ha ido resolviendo los problemas curiales. Y que las aguas están más tranquilas. Y es que ya se sabe, en cosas de curas, nunca se sabe por donde van a salir. Casi es mejor no meterse en ellas. Amén.