1.- DECÁLOGO PARA EL MES DE NOVIEMBRE

Por Javier Leoz

1.- No olvides que, si vives, es porque otros lo existieron antes que tú. Da gracias a Dios por tus familiares difuntos. Reza todos los días, durante este mes, por ellos. (Jn 11,1-45)

2.- Lee la Palabra de Dios que habla de esperanza, eternidad y perdón. Te situará y te hará ver que Dios cumple lo que promete. (Rm 5,5)

3.- Relativiza situaciones y conflictos. No merece la pena vivir con caras largas ni con cargas. La vida es demasiado corta como para recorrerla sin amor y sin humor. (Mt 18,21-35)

4.- Piensa en qué puedes mejorar y a quién le puedes hacer un inmenso bien. Todos podemos superarnos en algo: carácter, lenguaje, actitudes o egocentrismo. (Jn 8,12)

5.- Lucha por la vida. “Mientras hay vida hay esperanza” canta un viejo proverbio. Defiéndela, en este año de la vida, especialmente en nombre de aquellos que por injustas leyes son aniquilados antes de nacer. (Jn 10,10)

6.- “Cuando la vida te presente razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones para reír”. No te dejes vencer por las dificultades. Agárrate a la oración. (Mt 16,14-66)

7.- Vive el presente como si fuera el último día de tu vida. Encara la noche poniendo tu historia en manos de Dios, como si no fueras a despertar. Te llenará de paz. (Mt 6,19-20)

8.- No olvides los pequeños detalles con los que te rodean. No esperes a que la gente muera para demostrarles lo mucho que les querías. La conciencia, el día de mañana, te lo agradecerá. (Lc 6,36-38)

9.- Vive con intensidad cada momento. Pero, sobre todo, llénalo de fe, esperanza y amor. Entre otras cosas porque, ese momento, puede ser decisivo en tu encuentro personal con Dios: “al atardecer de la vida me examinarán del amor”.(Jn 15,9-17)

10.- Irradia alegría. Ello denotará muchas cosas: el contenido de tu corazón y que, el Señor, camina junto a ti. En el mundo sobran muchas cosas, pero andamos deficitarios de sonrisas, de payasos divinos. (Fil 4,4)

 

2.- EN LA FIESTA DE LOS SANTOS

Por David Llena

Cuando se acerca la fiesta de Todos los Santos, recuerdo aquel símil del estadio de deportes donde nosotros somos los deportistas y desde la grada son los santos quienes nos animan y alientan. Y es que sólo los humanos tienen esa capacidad de superación, esa capacidad de ir más allá, del más difícil todavía. De todos los seres vivos solo nosotros hemos desarrollado todo este entramado en le que vivimos. Y es que sólo nosotros tenemos esa semilla de eternidad, ese soplo del que habla el Génesis, creo que esta es la mayor diferencia entre nosotros y el resto de seres que habitan el universo.

Aquél “multiplicaos y dominad la tierra” es el empuje a crecer a buscar siempre algo más, san Agustín lo expresaba bellamente cuando decía “Mi alma esta inquieta hasta que no descansa en Ti”.

Así que muchos buscamos, anhelamos, pero a veces no sabemos el qué, y precisamente en esta fiesta de Todos los Santos tenemos la respuesta. Muchos hombre y mujeres anónimos que vivieron buscando y anhelando, y guiados por la fe llegaron a encontrar en Cristo ese alimento que sacia, esa agua que quita la sed para siempre, el único Camino seguro hasta el Padre.

Hoy, recordamos a esos santos anónimos que nos sirven de estímulo en las horas bajas, en los malos momentos, que también ellos experimentaron y que con la Gracia de Dios pudieron superarlos y ahora están disfrutando de la compañía del Padre.

Hoy nos vemos corriendo esta carrera que es la vida hacia la meta que es la casa del Padre y ellos desde las gradas no paran de animarnos, pongamos más empeño aún en asemejarnos al único que es Santo: Jesucristo.

 

3.- COMPROMISO DE NOSOTROS LOS CRISTIANO EN LA HORA PRESENTE.

Por Ángel Gutiérrez Sanz (**)

No es fácil ser cristiano en un mundo como el nuestro, no lo es. La gran tragedia del hombre actual es que vive de espaldas a Dios y a todo lo que con Él se relaciona. Diré más. Este hombre es el que no quiere incluso que se hable públicamente de Dios, le molesta que se hable de El y trata de impedirlo. Ha desplegado y está desplegando un gran esfuerzo para que el cristianismo quede encerrado en las sacristías, que nuestras creencias pertenezcan a la esfera de lo privado; está tratando de que el mensaje evangélico no trascienda a la vida pública.

La atmósfera que nos envuelve está cargada de irreligiosidad y por todas partes se respira laicismo: El estado laico, la sociedad laica, la escuela pública laica, la familia, ¿qué decir de la familia?... Se parte del convencimiento que el fenómeno religioso es una cuestión privada. Por desgracia éste es un sentimiento que empiezan a compartir muchos cristianos, al menos implícitamente. Son bastantes los que piensan que su fe han de vivirla de "puertas adentro"; que a Dios hay que llevarle en el corazón, pero que no hace falta ir manifestándolo al exterior. Esto es lo que dicen. Podemos encontrarnos con cristianos en la política y en la vida pública, que aseguran tener una acendrada fe personal y que luego en la práctica y cara al exterior actúan y se comportan como si Dios no existiera. Este sería el principal obstáculo para la evangelización en nuestros días: caer en la trampa de considerar que nuestra fe es sólo un asunto personal y que pertenece a la esfera privada y este sería también el gran triunfo de los enemigos del cristianismo , que los hay.

En estos días vengo escuchando algo que, en forma de halago se viene diciendo del cristianismo de nuestro tiempo y es esto: Los cristianos de hoy son contemporizadores, están aprendiendo a no enfrentarse a los demás, haciendo de sus creencias una cuestión privada y personal, no sacando a relucir sus creencias en público y esto les acredita como cristianos maduros.

Yo no sé si esta imagen del cristianismo es cierta o no, pero si lo fuera, para mí no sería motivo de orgullo sino de vergüenza, porque un cristiano que renuncie a ser fermento del mundo, es porque está asustado, domesticado, acomplejado, o no entendido bien cual es su misión en el mundo de hoy. . Entiendo que el cristiano comprometido ha de serlo a todas las horas del día. Ha de serlo en casa, en la Iglesia, en la calle y en su puesto de trabajo. El cristiano ha de serlo en toda su integridad, sin dobleces ni camuflajes, sin disociar sus creencias de su vida pública o su vida privada. Cristiano es el que toma en serio las palabras de Cristo, que nos invita a ser "luz del mundo y sal de la tierra". Si ya de entrada renunciamos a hacer una manifestación pública de nuestra fe ¿cómo puede ser posible la evangelización? Nadie me puede negar que el cristiano, cuando menos, tenga los mismos derechos de expresar sus convicciones que los que tratan de echarlos por tierra con críticas demoledoras o con burlas descaradas. Ciertamente no son estos cristianos de la doble personalidad y la doble moral los que el cristianismo está necesitando, sino de aquellos que hacen lo posible porque Cristo reine, no sólo en los corazones de los hombres sino en las familias, en la sociedad, en las naciones, en todos los pueblos, en el mundo entero.

Estas y otras dificultades nos habremos de encontrar en nuestra tarea de ser cristianos comprometidos, pero podemos enfrentarnos a ellas, pues aparte del poderoso motivo que encontramos en las palabras de Cristo, existe otro motivo que nos puede ayudar a mantenernos firmes en nuestro propósito. Es llevar un poco de esperanza a un mundo cada vez más deshumanizado. Jesucristo nos ha confiado a nosotros, cristianos del Siglo XXI, que llevemos este mensaje de esperanza, en una noche oscura, a unos hombres y a una sociedad que es la nuestra. Que nunca más se nos pueda echar en cara: Vosotros cristianos, a los que se os confió la luz ¿Qué habéis hecho con ella?

Cada cual sabrá que puede ir haciendo, a nivel personal, aunque sea muy poco, en su vida cotidiana, para poder llevar a cabo esta tarea evangelizadora.

** Ángel Gutiérrez es catedrático de Filosofía y autor del libro “Fieles a nuestro destino”, reseñado en nuestra sección “El Libro de la Semana” en la anterior edición.

 

4.- ESPLIEGO, MENTA Y OTRAS HIERBAS

Por Pedrojosé Ynaraja

Leía el otro día la Biblia, no era mi habitual momento diario de lectura del libro sagrado. No sé exactamente como, cayó en mis manos el fragmento de Isaías 55,13, que menciona varios vegetales. Me sorprendió que se hablara del espliego. Siento una predilección especial por esta planta que alfombra grandes extensiones de la Provenza francesa. La he visto plantada también por Castilla, en campos situados a ambos lados de la carretera que une Burgos con Soria. Estoy hablando de plantaciones y, evidentemente, la disfruto en mi entorno como planta silvestre. Su perfume, más conocido como lavanda, es exquisito. Mientras leía el pasaje, andaba yo pensando en el Señor, que por tierras bíblicas, sentiría su fragancia, cuando se me ocurrió comprobar alguna otra versión de las que habitualmente utilizo. Y aquí vino mi sorpresa: no aparecía ¡qué decepción! Vuelta a empezar, como si nada. Dejé de lado actuales y buenos textos y acudí, como todo quisque hace, al “Google”. Allí sí encontré respuesta. La mención de la planta se hace en la versión, popular durante muchos años, de la Vulgata. El texto latino, que la Iglesia todavía reconoce como suyo, está generalmente muy desacreditado. Descubrimiento de antiguos manuscritos, fuentes muy seguras, piénsese en los manuscritos de Qumram, la han dejado de lado. Pero no hay que olvidar que tanto San Jerónimo, como los otros traductores que intervinieron, manejaron documentos que no han llegado hasta nosotros y que no debemos despreciar olímpicamente. Cuando uno consulta la “Biblia de Jerusalén”, acabo de hacerlo en sus cuatro ediciones, se encuentra que pone espino, que evidentemente es diferente de la planta aromática y medicinal a la que me estoy refiriendo. Copio la nota a pie de página, de la edición del P. Scio de San Miguel, que fue Biblia de cabecera de muchos hogares: “la palabra latina taliunca, según Mariana, del Río, Alapide, por las propiedades, que de ella cuenta Plinto (/;*. xxt.«. 7.) significa eletflitgo, ó alhucema, ó lavandula. Aquí se opone al abeto como una cosa humilde y baja a otra alta y frondosa; pero no en cuanto á otras cualidades : porque si el abeto excede en altura al espliego, este le excede a él en la fragancia, y virtud medicinal. Otros en vez de espliego, traducen nardo céltico, que es planta mucho menor y parecida enteramente al espliego”. Así acaba la nota.

Lo curioso del caso es que consultando otros manuales, veo que la palabra latina que aparece, no es taliunca, sino saliunca y el texto de la “nova vulgata” dice vepribus.

Puede parecer banal el contenido de esta semana, jugueteando con las palabras, he querido demostrar que, en este caso, como en otros, el texto bíblico no es seguro. Los copistas y los traductores, ni tenían conocimientos de botánica, ni se habían establecido las normas de Linneo. En otras ocasiones se trata de palabras que en el original hebreo no salen más que una sola vez y no aparecen en textos paralelos de otras obras literarias, para poder asegurar con certeza a que concepto corresponden. En estos casos la traducción obedece a conjeturas. Pero no se preocupen los lectores, son menudencias. Del mensaje religioso fundamental, no hay duda.

Muchas veces, en charlas íntimas con el Señor, le he dicho en plan de broma: durante tu estancia física, no conociste ni el café, ni el té, yo soy más afortunado que Tú. Hoy he vuelto a revisar textos y asegurarme que la menta sí que aparece en la Biblia. Si me he entretenido en esta consulta es porque, de cuando en cuando, y si dispongo de tiempo, me preparo un “té beduino”. Beberlo, me traslada imaginativamente, al desierto del Sinaí, donde me lo han servido en varias ocasiones y he gozado con él. Cuando ahora lo tomo pienso que Jesús disfrutó de algo parecido, la dulzura sería un poco diferente y le faltaría el toque de té verde, pero estoy seguro de que si estuviera aquí históricamente, a Él también le gustaría lo que yo tomo.