Domingo XXV del Tiempo Ordinario
20 de septiembre de 2009

La homilía de Betania


1.- CON OTRO ORGANIGRAMA

Por Gustavo Vélez, mxy (**)

2.- LOS PRIMEROS SERÁN LOS ÚLTIMOS Y ÉSTOS LOS PRIMEROS

Por Antonio García-Moreno

3.- SERVIR CON HUMILDAD

Por José María Martín OSA

4.- EDUCAR PARA SERVIR

Por Gabriel González del Estal

5.- CÓMO VE JESÚS LA TELE

Por José María Maruri, SJ

6.- ¡CUÁNTO CUESTA SER EL ÚLTIMO!

Por Javier Leoz

7.- LA AUTÉNTICA REVOLUCIÓN QUE EL MUNDO ESPERA

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


DE CANDOR ENVIDIABLE

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- CON OTRO ORGANIGRAMA

Por Gustavo Vélez, mxy (**)

“Cuando llegaron a Cafarnaún, Jesús preguntó a los discípulos: ¿De qué discutíais por el camino? Ellos no contestaron, pues habían estado discutiendo sobre quién era el más importante”. San Marcos, cap. 9.

1.- Desde nuestro lenguaje pudiéramos decir que sus discípulos, sobre todo el grupo de los Doce, le sacaron canas al Maestro. En varias ocasiones Jesús había explicado el sentido del Reino de los Cielos, mediante el colorido lenguaje de sus parábolas. Pero la mayoría continuaba esperando un reino temporal. Materializaban de forma grosera ese ideal de paz, de progreso y de justicia, que tiempo atrás presentaron los profetas.

Pedro, Santiago, Juan y casi todos pensaban que el Señor, luego de otro milagro desmesurado, semejante al los panes y los pescados, se dejaría coronar como rey. Expulsaría entonces a los romanos de su territorio. Cortaría de raíz la corrupción en el sanedrín y en el templo. Y todo sería concordia y prosperidad en ese nuevo reino, copia fiel de aquella edad de oro que el pueblo disfrutó bajo el rey Salomón.

Por simple lógica, los más allegados a Jesús alcanzarían los primeros puestos en ese estado teocrático. Para lo cual se habían hecho ya algunas gestiones. La madre de los Zebedeos le había pedido directamente al Maestro un lugar de preferencia para sus hijos. Lo cuenta san Mateo. Según san Marcos, ellos mismos habían intrigado para lo mismo.

2.- Les hubiera servido a los apóstoles recordar aquel salmo que se rezaba en la sinagoga: “Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad; sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre”. En esta molesta coyuntura, Jesús presenta una unidad didáctica que podríamos titular: “De cómo han de portarse los cristianos en relación con el poder”. O bien: “Acercamiento a un nuevo organigrama, bajo la luz del Evangelio”. O también “Sobre la importancia de los niños en la política de la Nueva Alianza”.

Fue una lección teórica práctica. Primero el Señor explicó al grupo: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. Y enseguida, “acercó a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí”. Con este texto de san Marcos en la mano, podíamos llegar a nuestras familias. Y además visitar las comunidades cristianas, las empresas, los centros educativos, las reuniones sociales. ¿Quién podrá calcular el copioso caudal de envidias, maledicencias, intrigas, chismes, que allí se gestan y ensombrecen la convivencia?

3.- En anteriores épocas el pecado fundamental era el sexo. Los predicadores se estremecían señalando sus nefastas consecuencias. Más adelante, los moralistas satanizaron el dinero. No se tocaba el tema del poder, pues muchos estamentos cristianos lo habían sacralizado. De tal modo que dominar, someter, excluir, destruir eran parte integrante del plan de Dios, en orden a salvar la Iglesia.

Hoy nos enseñan un Evangelio más encarnado. Es decir, más situado dentro de nuestra mortal naturaleza. Por lo cual, hemos de prestar atención a ese enemigo, el poder, que nos aleja automáticamente del ideal cristiano. San Pablo escribió a los filipenses: “Siendo Cristo de condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, pasando por uno de tantos”.

**Como ya informábamos la semana pasada, nuestro colaborador, el padre colombiano, don Gustavo Vélez, fallecía en un accidente fortuito durante un paseo por el campo. Disponíamos de la presente homilía y hemos querido publicarla como homenaje a él. Decir, asimismo, que en Opinión, en Editorial y en la Carta del Editor se trata del Padre Vélez y de tan inesperada y dolorosa pérdida.


2.- LOS PRIMEROS SERÁN LOS ÚLTIMOS Y ÉSTOS LOS PRIMEROS

Por Antonio García-Moreno

1.- EL REPROCHE DEL JUSTO.- Refiere el libro de la Sabiduría que los impíos odian al que es justo, y dicen de él: "Es un reproche para nuestras vidas y sólo verlo da grima; lleva una vida distinta de los demás y su conducta es diferente; nos considera de mala ley y se aparta de nuestras sendas como si fueran impuras; declara dichoso el fin de los justos y se gloría de tener por padre a Dios". Tenían razón según sus ideas, porque eran vidas distintas que conmovían, eran como un grito de protesta, que proclamaban con hechos, sin palabras ni gestos, la fe profunda de los hijos de Dios.

Es lo que estamos necesitando, testimonios creíbles. Lo demás no sirve para gran cosa. Las palabras están perdiendo su fuerza, los hombres están acostumbrándose a oír cosas y cosas, sin que les cale la dura corteza de sus entendimientos chatos... Concédenos, Señor, que nuestra vida, la de cada cristiano, sea como una protesta enérgica, un reproche contundente para tanto paganismo como hay en nuestra sociedad de consumo.

Vidas, obras, autenticidad. Vivir de tal modo el cumplimiento exacto del deber de cada momento, que sin llamar la atención, y "llamándola" poderosamente, seamos testigos del mensaje que Cristo trajo a la tierra para salvar a los hombres. Santos, santos de verdad, es lo que están haciendo falta en estos momentos críticos. Santos que vengan a ser como banderas al viento, como hermosas cometas airosas, símbolos eficaces que llaman, que atraen, que revelan, que transmiten la verdad, la paz, el amor.

A pesar de todo, los malvados siguen tramando insidias: "Veamos si sus palabras son verdaderas, comprobando el desenlace de su vida. Si es el justo hijo de Dios, le auxiliará y lo librará del poder de sus enemigos..." (Sb 2, 17-18). La persecución injusta, las asechanzas, el ataque rastrero, la calumnia, la murmuración, la mentira. La intriga política que aprovecha la buena voluntad del justo. "Lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura, para comprobar su moderación y apreciar su paciencia; le condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupa de él".

Tú, Señor, padeciste en lo vivo el vil ataque de la traición, fuiste víctima inocente de mil insidias. Los mismos que formaban el Sanedrín, el órgano supremo de la justicia de Israel, buscaban injustamente tu condena. Qué ironía, qué paradoja. Los que eran defensores del derecho te condenaron contra todo derecho.

Y Dios, tu Padre bueno y poderoso, te dejó en la estacada. Permitió que la sentencia se dictara y se ejecutara... Pero lo que parecía el fin no era más que el comienzo. Y lo que semejaba una tremenda derrota, fue un rotundo éxito... Ayúdanos, Señor, a comprender, ayúdanos a aceptar, ayúdanos a esperar. Y un día, no sabemos cuándo, la verdad vencerá a la mentira, la luz espantará a las sombras. Y los impíos contemplarán desconcertados el final imprevisto de la Historia.

2.- SE INVERTIRÁ EL ORDEN.- Es consolador conocer los defectos de quienes acabaron alcanzando la santidad. Alienta conocer las derrotas de los que consiguieron al fin la victoria. Los evangelistas parecen conscientes de esta realidad y no disimulan, ni callan los defectos personales, ni los de los demás apóstoles. En efecto, en más de una ocasión nos hablan de sus pasiones y sus egoísmos, de su ambición y ansia de poder. A los que luchamos por seguir a Jesucristo sin acabar de conseguirlo, esto nos ha de estimular para continuar luchando, para no desanimarnos jamás, pase lo que pase. Es cierto que uno es frágil y que está lleno de malas inclinaciones, pero el Señor es omnipotente y, además, nos ama. Si lo seguimos intentando acabaremos por alcanzar, nosotros también, la gran victoria final.

En esta ocasión que contemplamos, los apóstoles discuten sobre quién de ellos ha de ser el primero. Era una cuestión en la que no se ponían de acuerdo. Cada uno tenía su propio candidato, o soñaba en secreto con ser uno de los primeros, o incluso el cabecilla de todos los demás, el primer ministro de aquel Reino maravilloso que Jesús acabaría por implantar con el poderío de sus milagros y la fuerza de su palabra. Juan y Santiago se atrevieron a pedir, directamente y también a través de su madre, los primeros puestos en ese Reino. Es evidente que la ambición y el afán de figurar les dominaba. Como a ti y a mí tantas veces nos ocurre.

Pero el Maestro les hace comprender que ese no es el camino para triunfar en su Reino. Quien procede así, buscando su gloria personal y su propio provecho, ese no acertará a entrar nunca. "Jesús se sentó -nos dice el texto sagrado-, llamó a los Doce y les dijo: Quien quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos..." El Maestro, al sentarse según dice el texto, quiere dar cierta solemnidad a su doctrina, enseñar sin prisas algo fundamental para quienes deseen seguirle. Sobre todo para los Doce, para aquellos que tenían que hacer cabeza y dirigir a los demás.

Ser el último y servir con desinterés y generosidad. Ese es el camino para entrar en el Reino, para ser de los primeros. Allá arriba se invertirá el orden de aquí abajo: Los primeros serán los últimos y éstos los primeros. Los que brillaron y figuraron en el mundo, pueden quedar sepultados para siempre en las más profundas sombras. Y quienes pasaron desapercibidos pueden lucir, siempre, radiantes de gozo, ante el trono de Dios.


3.- SERVIR CON HUMILDAD

Por José María Martín OSA

1.- Reconocer nuestra debilidad y apoyarnos en El Señor. El Libro de la Sabiduría, el último que se escribió del Antiguo Testamento, es como un resumen de la historia de Jesús. La presencia del justo es una acusación continua contra los que hacen el mal, que estos no pueden soportar. Para que sus malas obras no queden en evidencia, prefieren liquidar al inocente. Santiago resalta en su Carta que la ambición y la codicia, el afán desenfrenado de tener y de ser más que los demás, es fuente de discordia y veneno que corroe a las personas y a los grupos. Sin embargo, el reconocer humildemente que estamos necesitados, que “nuestro auxilio es el nombre del Señor” es la fuente de la sabiduría. En el salmo proclamamos que “el Señor sostiene mi vida”, porque sólo apoyándonos en El podemos encontrar el equilibrio que nos falta y evitar así el ansia de dominio y explotación de los otros. Precisamente, en el evangelio de hoy veremos cómo los apóstoles también estaban enfrentados por ver quién era más importante entre ellos. Aquellos discípulos estaban programando su futuro ambicionando grandes puestos en ese reino que Jesús traía, pero ahora el Maestro les plantea otro tipo de ambición: hacer cosas para los demás.

2- El Evangelio de hoy nos propone para la reflexión dos temas muy importantes en la vida cristiana: la humildad y el servicio."Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos". Podríamos decir que estas palabras fueron su lema, el motor de la vida de Jesús. Y él nos las propone hoy a nosotros como programa ¿Es que Jesús condena, con estas palabras, el deseo de sobresalir, de hacer grandes cosas en la vida, de dar lo mejor de uno, y privilegia en cambio la dejadez, el espíritu abandonista, a los negligentes? Puede ser que los cristianos a veces hayan interpretado mal el pensamiento de Jesús y hayan dado ocasión a un malentendido. Pero no es ciertamente esto lo que quiere decirnos el Evangelio. «Si uno quiere ser el primero...»: por lo tanto, es posible querer ser el primero, no está prohibido, no es pecado. No sólo Jesús no prohíbe, con estas palabras, el deseo de querer ser el primero, sino que lo alienta. Sólo que revela una vía nueva y diferente para realizarlo: no a costa de los demás, sino a favor de los demás. Añade, de hecho: «...sea el último de todos y el servidor de todos».En el servicio, en cambio, todos se benefician de la grandeza de uno. Quien es grande en el servicio, es grande él y hace grandes a los demás; más que elevarse por encima de los demás, eleva a los demás consigo. A lo largo de los siglos se ha ido quizá desfigurando la realidad de lo que significa ser humilde; así se llamaba humilde al acomplejado, al que no tiene carácter, al que no termina de aclararse interiormente, y se hacía referencia contraponiéndolo al que tenía su forma de ser y de pensar propias. Santa Teresa de Jesús decía que la "humildad es la verdad", o sea, ser humilde es reconocernos ante Dios, ante nosotros mismos y ante los demás, tal cual somos, con nuestras tragedias y miserias, con nuestros carismas y cualidades. El mundo que nos ha tocado vivir no es un lugar donde se defienda la humildad; yo diría que todo lo contrario, de ahí uno de los choques permanentes con este tipo de sociedad donde los más débiles y los más humildes son marginados. Los cristianos tenemos que ser en el mundo de hoy los mejores defensores de los más débiles e indefensos, no creyéndonos salvadores de nadie sino intentando que todos conozcan de verdad al único Salvador.

3.- Los creyentes en Jesús estamos llamados a ser humildes para servir. Cuando los cristianos hablamos de "opción preferencial por los pobres" no estamos haciendo literatura barata, sino estamos constatando la presencia del Señor en los más débiles y desposeídos. Un servicio desinteresado a los otros, en especial a los más débiles y pobres de nuestro mundo. Tenemos que aprender a despegarnos de nuestros egoísmos y pequeñas apetencias, para comprender el misterio de Cristo. Los discípulos querían el prestigio, el reconocimiento humano y el hacer carrera, no el servicio a los demás. El Reino de Dios es un reino de servidores de los demás. ¡Cuántas veces en nuestras comunidades vemos hermanos y hermanas que van buscando reconocimiento humano a su tarea! La Iglesia no debe parecerse a las estructuras civiles, si lo hace alejará el modelo de Cristo de su ser comunidad convocada por Jesús. Ciertamente, en la Iglesia tendrá que haber una autoridad y una organización, pero el comportamiento tendrá que ser muy diferente a la autoridad profana. En el mundo de la fe la autoridad es servicio. Servir para ser el más grande, ese es uno de los mensajes más importantes que nos dejó Jesús. Su ejemplo fue más allá, Él no hizo solamente obras buenas sino que se entregó a sí mismo en el mayor acto de servicio a los demás, y en su entrega alcanzamos la salvación. Humildad y servicio, dos aspectos del amor al que Dios nos invita. En este comienzo de curso, debemos programar nuestra vida para no buscar la notoriedad o el sobresalir, sino hacer las cosas calladamente con espíritu de servicio, buscando siempre el bien de los hermanos.


4.- EDUCAR PARA SERVIR

Por Gabriel González del Estal

1.- Leyendo el evangelio de este domingo, nos damos cuenta que ya entonces, como ahora, uno de los mayores errores de la sociedad ha sido siempre confundir éxito y triunfo individual con bienestar y felicidad social. En nuestra sociedad actual educamos a los niños, ya desde los primeros años de la vida, para que aprendan a competir, a ganar, para el triunfo individual, para ser más que los demás. Les decimos que van a vivir en una sociedad competitiva, que si no pisan, serán pisados, que, si no son los primeros, serán excluidos. Lo peor de todo esto es que, si damos por supuesto que nuestra sociedad actual es la mejor de las posibles, esto es, en gran parte, verdad. Lo primero que habrá que decir entonces a los niños es que nuestra sociedad actual no sólo no es la mejor de las posibles, sino que es una sociedad realmente mala y desechable. Miren, una sociedad que no conduce a sus ciudadanos a la felicidad, no es una buena sociedad. Nuestra sociedad actual no está pensada para hacernos más felices, sino para hacernos más competitivos, más rentables económicamente. Pero tenemos que saber, y decir, que una mayor rentabilidad económica y un mayor éxito social no equivalen siempre, ni mucho menos, a una mayor felicidad vital. Por eso, los que, de alguna manera, nos dedicamos a la formación de las personas debemos decir, una y otra vez, que una educación encaminada, casi exclusivamente, a conseguir el triunfo individual, el triunfo económico y social, es una mala educación. Cristo lo dijo, de manera clara y tajante, en una y en otra ocasión. Y, claro, los apóstoles no le entendían. Los apóstoles, ya entonces, creían que para triunfar, en la sociedad en la que ellos vivían, había que estar necesariamente entre los primeros. Una persona que se deje vencer, y hasta matar, por sus enemigos, no puede ser nunca un modelo a imitar. Las palabras que ahora les acababa de decir el Maestro eran incomprensibles. Él iba a ser vencido y matado por sus enemigos. No se atrevían ni a preguntarle. La respuesta que Cristo les da sigue siendo para ellos desconcertante: El que quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos. Ellos sabían que su Maestro quería que fueran felices, en esta vida y en la otra, ¿cómo les decía ahora que se hicieran servidores de todos? Seguían sin entenderle. ¿Entendemos nosotros hoy las palabras del Maestro?

2.- Donde hay envidias y rivalidades, hay desorden y toda clase de males. El apóstol Santiago, cuando escribe esta carta, sí había entendido que el mejor camino para ser santo y feliz es el camino del servicio. Las envidias y las rivalidades, -les dice- tan propias de toda sociedad competitiva, son la causa del desorden y de toda clase de males. En cambio, la sabiduría que viene de arriba es fuente de paz y de justicia, de misericordia y de buenas obras. El camino de nuestra felicidad no lo marcan nuestras pasiones, sino un espíritu generoso y compasivo. El servir no nos hace esclavos de nosotros mismos, ni de los demás, el espíritu de servicio nos hace dueños de nuestras pasiones y felices en la ayuda y en la comprensión del prójimo. Hace falta mucha más fuerza y virtud para servir que para mandar. El espíritu de servicio es el mejor camino para encontrar la felicidad y la santidad personal y colectiva. Si educamos a nuestros jóvenes a servir, les estamos poniendo en el camino de una mayor felicidad personal y de un mayor progreso social.

3.- Acechemos al justo, que nos resulta incómodo. En una sociedad mayoritariamente competitiva, como era la sociedad judía y como es nuestra sociedad actual, el justo siempre resulta incómodo para la mayoría. Por eso es tan necesaria la presencia de personas justas en la sociedad. Porque ellos son un freno a la corrupción y una denuncia constante a la banalidad y al sinsentido de tantos valores, o mejor desvalores, que la sociedad nos propone a través de los medios de comunicación y adoctrinamiento de masas. El cristianismo debe ser, valientemente, un frente de lucha contra los falsos valores que la sociedad actual nos propone. En concreto, contra el llamado valor de la competitividad y del rápido éxito social. Debemos esforzarnos en luchar con la misma fuerza y la misma mansedumbre con las que luchó Cristo contra los poderes establecidos de su tiempo. Haciéndolo así estaremos ayudando a la sociedad a descubrir los verdaderos valores que hacen al hombre más feliz y más bueno. Haciéndolo así, estaremos educando, con las palabras y con el ejemplo, a nuestros jóvenes en el auténtico espíritu de servicio, un espíritu auténticamente cristiano y religioso.


5.- CÓMO VE JESÚS LA TELE

Por José María Maruri, SJ

1.- “¿Y que veníais discutiendo por el camino?” Y los apóstoles no supieron qué responder, porque habían venido tratando de quien sería el Presidente, el Vicepresidente o el Ministro de Hacienda de ese Reino que Jesús predicaba.

Y Jesús se sentó. Tal vez, un poco cansado de que los suyos no acabaran nunca de entenderle, de que no es a codazos como asciende uno en el Reino. No es pisando a los demás como se alcanza categoría, no son los más grandes los que aparecen en los periódicos, en las revistas en la televisión.

Y es que el Señor tiene una manera muy singular de ver la televisión, no se fija en los grandes hombres de los que parece depender la solución de los problemas mundiales, de los que manejan ríos de dinero que atraviesan las fronteras, los hombres y las mujeres mundialmente conocidos.

Tras ellos, el Señor ve al cámara de televisión que acumula horas y horas de trabajo para sacar adelante a su familia, a la mujer de la limpieza, que cuando todos se hayan ido, limpiará el escenario pensando en sus hijos, en el hombre que llega con su camión a recoger tanto papel pintarrajeado y mil cosas de deshecho que constituye su oficio con el que saca adelante a los suyos. Rostros anónimos, desconocidos, uno más del montón… pero no para Dios.

2.- “Quien quiera ser el primero que se haga servidor de todos”. El Señor quiere que su Reino esté constituido por hombres y mujeres que no acierten a ser felices más que tratando de hacer felices a los demás, que en silencio pasan dando paz y ayuda a la gente, que olvidados de si mismos no pueden vivir tranquilos junto a los problemas y penas de los demás.

Hombres y mujeres que han comprendido que desde el momento en que su Dios se ha rebajado a ser hombre, es ridículo que el hombre quiera sobresalir, si no es para servir a todos como Dios lo hace.

3.- Jesús, abrazado a aquel niño parece decirnos que no le parece mal que discutamos sobre quién es el mayor en el Reino de los Cielos, no para atribuirnos a nosotros mismos esa importancia, sino para que demos importancia a los que el Señor da importancia.

4.- Nosotros vamos por el mundo dándonos importancia con nuestras tarjetas de visita llenas de títulos, doctorados, puestos importantes. Y algunos son ya tan importantes que ni apellido necesitan, con sólo poner su nombre propio y un número detrás, ya son conocidos, como son Papas y Reyes.

El Señor nos dice que hay muchos en su Reino que no tienen tarjeta de visita, a los que Él mismo les presta la suya, y que cuando uno de estos pequeños se acerca a nosotros trae en su mano la tarjeta de visita del mismo Dios, cuando uno de ellos nos visita es Dios que nos visita, porque él que recibe a uno de estos pequeños a mi me recibe, no porque esa persona se identifique con Dios, sino porque es el Señor el que se identifica con el…

Sentémonos junto a Jesús a ver la televisión y aprendamos a ver en ella a los que no aparecen, a los verdaderamente importantes en el Reino de los Cielos.


6.- ¡CUÁNTO CUESTA SER EL ÚLTIMO!

Por Javier Leoz

Las luchas, las rivalidades. Las contiendas y las envidias. El afán de aparentar y de conseguirlo todo, son en el fondo, muestra de una gran asignatura pendiente: nuestra falta de comunión con Dios. Nos queda mucho por llegar a la perfección en nuestro seguimiento a Jesús.

1.- Quien está en paz, y en perfecta sintonía con el Señor, sabe que aquello que prima en el mundo (ser el primero) no ha de ser la motivación de su existencia. Por el contrario; el cristiano que intenta vivir acorde con la Palabra del Señor e iluminado por el Espíritu, intuye que ser el último significa servir con generosidad, guardar silencio aunque a veces se tengan ganas de hablar, dar como perdida una batalla aunque poseamos mil armas escondidas o resortes para ganarla.

Es un gran misterio la presencia del mal en el mundo. ¿Por qué esto a mí? ¿Cómo puede permitir Dios que ocurra todo esto? ¿Por qué a mí esta injusticia? La respuesta, como siempre, Jesús. Su cruz, su muerte, su pasión….su “ser el último” lo clarifica todo. No podemos dejar sobre los hombros de Dios todo lo que acontece de negativo en el mundo. Siempre recuerdo aquel famoso predicador que, ante una desgracia ocurrida en su parroquia, preguntaba a sus feligreses: ¿Por qué cuando las cosas van bien decimos que obedece a la casualidad o al progreso humano y, cuando van mal, es culpa de Dios?

2.- Nuestra debilidad, seamos cristianos o no, siempre nos acompañará. Lo importante no es que seamos débiles. No es malo que erremos en muchas situaciones. Que nos equivoquemos a la hora de tomar decisiones. Lo pernicioso, para la fe y para nosotros mismos, es creer que nuestros pecados son mayores que la gran misericordia de Dios. Esa misericordia que se manifiesta en el “pagó uno por todos”. ¿Puede hacer algo más Dios por el bienestar y el futuro de la humanidad? ¡Por supuesto que sí! A través de nuestras manos, inteligencia, ciencia y creatividad. Otra cosa es que, como siempre, nos empecinemos en elegir el camino de la destrucción.

La vida cristiana, el bautismo, no es un cheque en blanco. No nos garantiza una vida muy distinta a la de los demás. NO nos evita desgracias. Pero, eso sí, la vida cristiana –nuestro vivir cristiano- ha de impregnar con los colores de la esperanza, la ilusión y el amor a Dios todas las situaciones que nos salgan a nuestro encuentro.

Dios no nos va a proteger, una y otra vez, de los problemas que sacuden a la humanidad. Pero siempre nos dará su aliento para saber cómo y de qué manera enfrentarnos a ellos.

Cuesta mucho, ¡pero que mucho!, ser el último. No entender a veces los designios de Dios. Ver la mano del Señor en aquello que nos sacude diariamente la felicidad, la conciencia o la paz. Pero, es bueno recordar, que el Señor también fue el último en muchas cosas y el primero en resucitar gloriosamente en beneficio de todos nosotros.

Y, por El, hasta merece la pena…..ser de vez en cuando, el último ante los ojos de algunos o ante los ojos del mundo. ¿O no?

3.- POR TI, SEÑOR

Defenderé la justicia,

frente aquella otra que con muchos intereses

se pone de parte del poderoso y olvida al pobre.

POR TI, SEÑOR

Seré incomprendido pero sin echarme atrás,

sabiendo que, Tú, Señor, me acompañas y me guías

con la fuerza de tu Espíritu

por los caminos en los que yo avanzo y me desgasto.

POR TI, SEÑOR

Huiré de la palabrería, huérfana y sin obras,

para dejar –en tu nombre y por tu nombre-

semillas de tu verdad y de tu presencia.

¿Me ayudarás, Señor?

Mira que, grande es la aventura,

y débiles mis fuerzas

Mira, Señor, que la envidia y el orgullo,

las pruebas y la tentación de abandono

salen a mi paso como el sol saluda cada mañana.

POR TI, SEÑOR

Llenaré de misericordia el cántaro del mundo

como la fuente lo hace con una vasija

Inundaré de paz y de concordia cada rincón

como lo hace la brisa del mar en su orilla

Miraré hacia arriba, como el girasol lo hace

buscando su fuerza en el sol que nace

POR TI, SEÑOR

Seré el último ante el mundo

Sabiendo que ante Ti, puede que sea el primero

Seré el primero sirviendo

Aún a riesgo de no ser recompensado humanamente

Seré niño en tus brazos

Para sentirme siempre protegido por tu mano

POR TI, SEÑOR


7.- LA AUTÉNTICA REVOLUCIÓN QUE EL MUNDO ESPERA

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Cuando se lee un evangelio como el de Marcos de hoy, es como para decir que ya no hay nada que hacer, que Jesús pide cosas imposibles o utópicas. O, que sólo personas muy especiales pueden acometer. Por otro lado, la vida que nos rodea parece que nada tiene que ver con lo que Jesús nos dice siempre. E, incluso, bien puede pensarse que ni la misma Iglesia es capaz de seguir los consejos de Cristo. Quién puede aceptar que no debe ser el primero cuando siempre le han enseñado que ha de serlo, o cómo puede tornarse en servidor si los importantes de verdad son aquellos que, de una manera u otra, tiene mucha gente a su servicio. Y, en fin, ser como niños parece una tontería, o, al menos, algo imposible, pues unos hombres y mujeres, hechos y derechos, no pueden adoptar el papel de niños: sería grotesco oír sus gritos o ver sus juegos continuos como los niños hacen.

Corremos, entonces, el peligro de no aceptar lo que Jesús dice, teniéndolo, solamente, como una referencia histórica, muy bella, muy poética, pero alejado de la realidad. Algo así como la famosa comparición de los lirios del campo con los ropajes de los ricos de entonces. Pero si eso es así en nosotros, si seguimos nuestra vida sin profundizar, para cumplirlo, en lo que Jesús nos dice, y queremos seguir viviendo dentro de la fe cristiana, entraremos en un claro fariseísmo, donde unas normas, muy exigentes, tapan el verdadero rostro de Cristo, la verdadera imagen de Dios. Claro que existe dificultad para cumplir todo lo el Señor nos dice hoy y, bueno, lo que nos dice todos los días. Pero la cuestión está en aceptarlo aunque nos parezca utópico y ponernos en el camino de seguimiento con humildad y deseos de ser verdaderos imitadores de Jesús

2.- Es constante la enseñanza de Jesús al respecto de la humildad en el servicio de los demás. Ser el servidor de todos, dice Él mismo en el evangelio de hoy. El ser servidor de todos es un objetivo muy repetido por Él. Muy pocos son –somos-- capaces de entregarse al resto de sus hermanos. Buscamos éxito, singularidad, premios, distinciones. Como máximo, seremos comprensivos y cordiales. Y la mayoría de las veces, ni eso. Y es una vía, una pista. Comenzando por la humildad todo será más fácil. Si asumimos humildemente la dificultad del camino, es que, de hecho, hemos comenzado a recorrerlo. ¿Es, pues, de acuerdo con lo dicho al principio, una utopía el sistema de relaciones humanas que preconiza Cristo? Sin Él, sí. Sin contar con su ayuda, desde luego. Jesús ayuda a quienes se le acercan con gran humildad en el mismo trato íntimo con Él. Y de ella surge el deseo de servir al prójimo. Pero es obvio que resulta difícil. El ejemplo del niño, indefenso y alegre, marca la pauta. El niño no está seguro de sí mismo y espera el apoyo de su entorno querido formado por sus padres, por su familia.

3.- No es fácil asumir bondad y humildad en un mundo que busca la distinción, el éxito; que fuerza la competencia hasta situaciones de violencia real. Y, entonces, ahí con la sabiduría que contiene el ordenamiento litúrgico en los textos de las eucaristías, entra a colación, hoy, el duro texto de la Carta de Santiago perfectamente relacionado con el texto de Marcos. Habla incluso de asesinatos por pura ambición. Ese no es el camino. Cristo nos habla de paz, de amor, de mansedumbre. Ciertamente, de eso hay poco es nuestro entorno. Pero, ¿no es así el Reino de Dios? ¿No es nuestra obligación hacer lo posible por pacificar nuestras conciencias y nuestro ambiente? En el fondo de nuestros corazones anhelamos la paz, pero hacemos poco por instaurarla. La auténtica revolución que el mundo espera reside en cambiar el mundo pacíficamente para llenarlo de amor, de servicio a todos y de oración.

4.- No hay que desesperarse cuando el camino parece difícil o, incluso, absurdo. Poco a poco podremos ir entendiendo lo que Jesús nos dice. Podemos poner un ejemplo que se basa, también, una cuestión polémica de los mismos evangelios. Se ha discutido hacia la saciedad cual es la versión más adecuada de la primera bienaventuranza. Lucas habla de “Dichosos los pobres”, sin más. Mateo escribe “Dichosos los pobres de espíritu…” ¿Son contradictorias? No. Son complementarias. Alguien que verdaderamente se siente pobre en su espíritu terminará siendo pobre de solemnidad. Pero será la aceptación íntima de la pobreza lo que nos ayudará a ser pobres, como el Señor lo quiere. Igual es con todo lo demás… Comencemos, pues, a sentirnos en el espíritu, los últimos, los servidores, verdaderos niños y un día seremos, y haremos, lo que Jesús quiere.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


DE CANDOR ENVIDIABLE

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Mis queridos jóvenes lectores, os escribo con la mente fatigada. Nos hemos despertado en Jerusalén y de inmediato nos hemos desplazado a Hebrón, a visitar las tumbas de los patriarcas y matriarcas. También hemos pasado un buen rato en el desolado paraje de Mambré. Del episodio narrado por la Biblia, que cuenta lo que ocurrió aquí, se han inspirado tantas composiciones artísticas. Recuerdo un bello mosaico en Rábena, una deslumbrante pintura de Marc Chagall, en Cannes, y las múltiples reproducciones del icono de la Trinidad del Antiguo Testamento. Hoy he disfrutado de lo lindo, pero no siempre acabo el día así. De cuando en cuando, tengo la sensación de que todos los que me rodean desconfían de mí. Algunos se aprovechan de mis fallos para desacreditarme y ofenderme. Son momentos de prueba, de dificultad espiritual. Cuando uno escoge la sinceridad y pretende ejercer de atrevido profeta, sufre derrota, roza el fracaso. Todo se le hunde, pero debe aguantar, recordar, a sí mismo convencido, que Dios no le abandona, aunque no tenga la sensación de su presencia. Algo de esto nos sugiere la primera lectura. El autor inspirado piensa en un futuro Mesías. Nosotros reconocemos que anuncia lo que le sucederá a Cristo. En nuestra experiencia a veces dolorosa, de la que antes hablaba, reconocemos nuestra incorporación a su pasión. Y recobramos el coraje valiente.

2.- Santiago es muy concreto, no teoriza divagando. El mal del mundo es consecuencia lógica de nuestro mal hacer. El pecado personal, aun el más oculto, ensucia el mundo. Existe con frecuencia gran corrupción en el ámbito de los poderosos. Nuestro pequeño mal hacer, contamina y facilita el gran mal hacer de los grandes malos hombres. Guerras y quiebras fraudulentas, se originan en minúsculos malos vicios personales. Es tan concreto y claro el sentido del texto, que no me atrevo a añadir nada más.

3.- Os decía al principio que paso unos días por estas tierras que un día Jesús pisó. Caminó Él más que nosotros, por mucho que nos toque ir de un sitio a otro. Pero Él no podía tomar un taxi, cosa que nosotros hacemos de cuando en cuando. Ya os lo he dicho otras veces, que las películas que narran la vida del Señor, nos lo presentan, generalmente, como un inquieto trotamundos. El texto del evangelio de la misa de hoy, nos dice explícitamente que intimaba con sus discípulos, que se preocupaba de instruirlos, que no era un despreocupado de los que le seguían. Era el Maestro por excelencia. Ahora bien todos los que hemos ejercido la docencia, sabemos que la mayor satisfacción consiste en enseñar al que no sabe y quiere aprender, pero exactamente hay que afirmar, que el mayor suplicio es pretender enseñar al que no presta atención, al que no le interesa aprender. Es lo que le ocurrió a Jesús aquel día. Quiso el Señor desvelarles algo de lo que se le avecinaba y al cabo de un rato se enteró que no le habían querido escuchar, enfrascados como estaban, en cavilar quien era el más importante. Como veis eso de fardar y ambicionar viene de antiguo.

4.- Un niño al que nadie ha corrompido, es el ser más maravilloso que uno pueda encontrar. En realidad, cada uno de nosotros, cuando lo éramos, también gozábamos de candor e ingenuidad admirables. Pero después hemos ido ahogando aquello que ennoblecía nuestro comportamiento. Es preciso recobrar el niño que llevamos dentro. Es el mejor antídoto para no dejarse ensuciar espiritualmente. Pero es que cada criatura está impregnada del cariño de Dios. De aquí que el acogerla es albergar al Señor que nos enriquece.

No se trata de ser inmaduro irresponsable. Hay que atreverse a vivir sin malicia, sin desconfianza, sin engaño. Es entonces cuando uno se siente impregnado de Dios.