DE CAFARNAÚN A JERUSALÉN

Por Teodoro Suau Puig

Colección Horizontes

Ediciones San Pablo, Madrid, España

La tentación es muy grande. Querer escribir lo que “falta” de información a los evangelios es una debilidad antigua, aunque, sin duda, atrayente y hasta hermosa. Ahí están los innumerables escritos, llamados apócrifos, que han acompañado el devenir de los cristianos en todos los tiempos, pero llamados así en los primeros años. Ya de manera más moderna el ejercicio de la literatura, el uso de la ficción acompañada de bases o fragmentos reales, ha producido también muchas obras. Hoy mismo está muy de moda la novela histórica, la reconstrucción de épocas y situaciones mediante argumentos que, más o menos, se acercan a nuestras cuestiones más cotidianas.

Respecto a Jesús de Nazaret el uso literario del personaje es antiguo, aunque constante en todas épocas. Incluso ha creado modas como la de Jesucristo Superstar o parecidas. Pero también han aflorado muchas recreaciones literarias que han intentado hacer llegar la figura de Jesús de una manera constructiva o, incluso, con posibilidades pastorales. A mi, personalmente, de todas esas novelas sobre Jesús de Nazaret, la que más me ha gustado es “Cartas de Nicodemo”, escrita por Jan Dobraczynki, escritor, de origen polaco, obra aparecida en 1954 y que continua vendiéndose en todo el mundo, con muchísimas ediciones publicadas.

Teodoro Suau Puig, sacerdote de la diócesis de Mallorca, canónigo de la Catedral de Palma, narra en la introducción del libro que reseñamos que el secretariado de la Pastoral Juvenil de su diócesis le pidió un texto que pusiera al alcance de la gente joven la figura de Jesús de Nazaret y su obra. Y de esa idea surgió la novela “De Cafarnaún a Jerusalén”, sin duda muy bien escrita con un argumento bien urdido que emplea la figura de un joven terrorista –un celote—que se lanza a la lucha armada por odio a los ocupantes romanos que asesinaron a su padre en, precisamente, una venganza contra un atentado terrorista de los celotes. Y que recibe la orden de vigilar a Jesús y ponerse de acuerdo con varios celotes que “militan” en las filas de los apóstoles de Jesús La historia nos dice que, efecto, en el apóstol Simon, el cananeo, pero también llamado el celote, debió pertenecer a los terroristas antirromanos de tiempos de Cristo. El autor también sitúa a Judas Iscariote en esa militancia y, lógicamente, en los acontecimientos de la detención de Jesús…

Lo que importa, obviamente, desde el punto de vista literario, y nunca mejor dicho, es tanto la forma como el fondo del relato. Y ello sirve para acometer el proyecto de Teodoro Suau Puig, de dar una versión hermosa de Jesús, de hacer un retrato asequible, emocionante, sin duda; y muy cercano, a las inquietudes que puede tener un joven y este caso un joven terrorista, que, impresionado por la figura de Jesús, ya no desea el mal, ni la muerte. El fondo es ese: sus capacidades pastorales. La forma un buen uso del lenguaje y del mecanismo de la ficción novelada para tener al lector absorto en su lectura, cosa que Teodoro Suau consigue perfectamente. En fin, que no se trata de contar toda la historia, hay que leerla. Y merece la pena. El autor consigue perfilar un retrato muy llamativo de Cristo, que a mi mismo me ha maravillado. Buen libro –buena novela--, por tanto.

 

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