EL PADRE VÉLEZ Y BETANIA

Por Ángel Gómez Escorial

No fue distintita la aproximación de Gustavo Vélez a Betania que la de otros ilustres colaboradores. Ver, seguir y leer la Web y dirigirse a ella para colaborar. Así empezaron Jesús Martí Ballester, Javier Leoz, Pedrojosé Ynaraja, David Llena, y muchos otros. A algunos, con el paso del tiempo, los he podido conocer. A otros no, como es el caso de Javier Leoz, a quien todavía no he tenido de frente. Y espero que lo hagamos pronto. Algo parecido me ha ocurrido con lectores entrañables, escritores activos de la sección “Testimonios”. Con ellos podemos llevar años de relación, incluso de alejamiento, pero siempre volvemos a tener noticias de los mismos, pero sin conocimiento frente a frente. Bien pudiera ser que este medio de Internet facilite el conocimiento virtual y sea una forma de relación. Claro que puede traer carencias.

SAGACIDAD Y MODERNIDAD

A mi me impresionó la sagacidad y al modernidad del Padre Gustavo Vélez al atajar sus comentarios homiléticos. Y otra característica: solía citar bastante a José Luis Martín Descalzo, persona y personaje que siempre me entusiasmó. Obviamente, entré alguna vez en su página “Tejas Arriba” y reparé en el pseudónimo de Calixto. Pero no tuve nunca una dimensión clara de su popularidad e importancia en Colombia, tanto en la Iglesia colombiana como en la sociedad civil. Ha tenido que fallecer para que yo supiera que era columnista del periódico “El Colombiano” y que sus comentarios eran muy apreciados. Tejas Arriba era el título de su columna y Calixto el pseudónimo periodístico que utilizaba. Tuvo que ser, el repaso a los diarios colombianos on line lo que me hizo descubrir su enorme dimensión de relevancia pública. Ahí estaba --lo publicamos la semana pasada—el mensaje de condolencia, entre otros muchos, del presidente de la Republica de Colombia, Álvaro Uribe.

NUNCA HABLÓ DE SU DIMENSIÓN PÚBLICA

Jamás, ni de pasada, Gustavo Vélez me habló de su popularidad y de su importante presencia en la Iglesia de Colombia. No presumía de nada, salvo de ser discípulo de Jesús. Tal vez, yo no fuera lo suficientemente hábil con él como para preguntarle más cosas, porque, obviamente, hemos mantenido una constante comunicación E-mail. Me pregunto ahora si ha habido omisión por mi parte. Pero lo que es verdad es que nunca busco que me cuenten lo que no me quieran contar y no uso un repertorio de preguntas conducentes a conocer mejor a mis colaboradores. También es cierto que se realiza Betania con poco tiempo y casi siempre –por no decir siempre—hay una gran agobio a la hora de sacar la edición que siempre intento hacer a tiempo.

Supe la primera noticia de la desaparición del Padre Vélez por el también sacerdote colombiano, Bernardo Gómez Cortes, lector habitual de Betania, que comunicó la desaparición de Vélez y pedía que lo publicáramos en Betania para pedir oraciones por la pronta vuelta de don Gustavo… En fin, los acontecimientos fueron precipitándose y, finalmente, apareció nuestro amigo, ya muerto, en una zona cercana a la que fue visto por última vez en su paseo por el campo. El padre Bernardo escribe un comentario en la sección de Opinión, el cual agradecemos. Igual que agradecemos a Julia Merodio, sus palabras sobre el Padre Vélez, en la sección de Testimonios.

DOLOR Y PERPLEJIDAD

Y no tengo mucho más que decir, que me inunda una gran pena, y bastante perplejidad por la inesperada desaparición de Gustavo Vélez, que es la primera baja definitiva de entre los colaboradores de Betania en sus trece años de existencia, aunque tengo la alegría de que nuestra página –y todos los que, de una forma u otra nos relacionamos con ella—tendrá un excelente valedor e intercesor en el cielo, que siempre nos hará mucha falta dados los tiempos que corren. No me queda más que pedir a todos los colaboradores y lectores de Betania que rueguen a Dios por el eterno descanso del Padre Vélez y a sus compañeros sacerdotes que ofrezcan oraciones en sus eucaristías. Aquí, en Madrid, el mismo día del conocimiento del fallecimiento de Gustavo Vélez, se le recordó en la eucaristía de las ocho de la tarde, en la Parroquia de Santa María de la Esperanza, a la que pertenecen los sacerdotes agustinos, Gabriel González del Estal y José María Martín. Julia Merodio, como yo, pertenece a esa parroquia.

En la página de Editorial, vamos a mantener, a continuación, el texto que dimos la semana pasada en primera página sobre el fallecimiento de nuestro querido amigo y compañero, Gustavo Vélez.