Domingo XXIV del Tiempo Ordinario
13 de septiembre de 2009

MONICIÓN DE ENTRADA

Sed todos bienvenidos a la Eucaristía dominical, asamblea de hermanos que se quieren y desean crecer juntos en la cercanía del Señor Jesús. Y en este domingo, nuestro Maestro nos pregunta, a todos y cada de nosotros, sobre quien creemos que es Él y que creemos de Él. La realidad es que somos cristianos desde hace muchos años, intentamos cumplir, pero nunca nos hemos preguntado seriamente quien es Jesús en nuestras vidas. Ojalá la celebración de hoy nos ayude a enfrentarnos con la pregunta que Jesús nos hace y, sobre todo, a intentar responderla. ¿Qué es Jesús para todos nosotros?


MONICIÓN SOBRE LAS LECTURAS

1.- La primera lectura –sacada del Libro de Isaías-- coloca el mensaje de Dios en una situación de soledad y persecución, pero es admirable ver la gran confianza y disponibilidad del profeta. Él no hace oídos sordos, no se excusa, no se echa atrás... él se enfrenta a cara descubierta, confía en su Señor, sabe que es su abogado y que su ayuda llegará oportunamente.

S.- Este salmo 114 corresponde al 116 del Salterio judío, que después la Vulgata latino partió en nuestros 114 y 115. Los versos que escuchamos hoy soy del principio del salmo original y se concreta en la gratitud del salmista a Dios por haberle librado de la muerte. A nosotros, hoy, nos ayuda a dar gracias a Dios, Nuestro Padre, porque no nos ha abandonado en los momentos de peligro.

2.- Esta fe será traducida en obras --como pide el apóstol Santiago en la segunda lectura--, porque las obras nacen de la vida y son signo de una opción seria por Cristo; ya que la acción y la contemplación no pueden separarse.

3.- El examen a todo esto nos lo presenta el evangelio de Marcos y las preguntas que debemos hacernos cada uno de nosotros son. ¿Quién es Cristo para ti? ¿Quieres seguirlo? ¿Estás dispuesto a entregarte, a cargar con su cruz, a perdonar, a reconciliarte?.. La respuesta debe ser personal. Y el Señor espera hoy, ahora, esa respuesta de cada uno de nosotros.

 

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

San Agustín, el Santo Obispo de Hipona, escribió miles y miles de páginas a lo largo de su vida. Todo su quehacer como escritor era hacer oración. Y hoy presentamos esta bella plegaria muy indicada para estos momentos

ORACIÓN DE SAN AGUSTÍN A JESÚS

Señor Jesús, que me conozca a mi

y que te conozca a Ti,

Que no desee otra cosa sino a Ti.

Que me odie a mí y te ame a Ti.

Y que todo lo haga siempre por Ti.

 

Que me humille y que te exalte a Ti.

Que no piense nada más que en Ti.

Que me mortifique, para vivir en Ti.

Y que acepte todo como venido de Ti.

 

Que renuncie a lo mío y te siga sólo a Ti.

Que siempre escoja seguirte a Ti.

Que huya de mí y me refugie en Ti.

Y que merezca ser protegido por Ti.

 

Que me tema a mí y tema ofenderte a Ti.

Que sea contado entre los elegidos por Ti.

Que desconfíe de mí

y ponga toda mi confianza en Ti.

Y que obedezca a otros por amor a Ti.

 

Que a nada dé importancia sino tan sólo a Ti.

Que quiera ser pobre por amor a Ti.

Mírame, para que sólo te ame a Ti.

Llámame, para que sólo te busque a Ti.

Y concédeme la gracia

de gozar para siempre de Ti.


Exhortación de despedida

Hoy si que el Señor Jesús nos ha encargado un trabajo importante. Tenemos que respondernos a nosotros mismos quién es Él, qué es para nosotros. Y si como Pedro, al Apóstol, intuimos la verdad en la respuesta, debemos proclamarla en todos los sitios y hacer partícipe de ella a todos nuestros hermanos y hermanas.