XXII Domingo del Tiempo Ordinario
30 de agosto de 2009

La homilía de Betania


1.- PASTEURIZAR EL CORAZÓN

Por Gustavo Vélez, mxy

2.- LA RELIGIÓN DEL CORAZÓN

Por Gabriel González del Estal

3.- EL CORAZÓN ES LO QUE HAY QUE PURIFICAR

Por Antonio García-Moreno

4.- LA HIGIENE DEL CORAZÓN

Por José María Maruri, SJ

5.- SER AUTENTICOS Y VERACES

Por José María Martín OSA

6.- ES EL CENTRO

Por Javier Leoz

7.- NI PRIMEROS, NI MEJORES

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


CONSEJOS PRÁCTICOS Y ANALISIS CERTEROS

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- PASTEURIZAR EL CORAZÓN

Por Gustavo Vélez, mxy

Se acercó a Jesús un grupo de fariseos y letrados para preguntarle: ¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?”. San Marcos, cap. 7.

A todas las religiones les preocupa la pureza o impureza de sus miembros. Lo cual da origen a diversos ritos de purificación, desde los más sencillos hasta otros más, contaminados de superstición y de magia. El Talmud señalaba a los judíos escrupulosas normas de limpieza, luego de haber tocado un cadáver, o haberse contaminado de otras formas: Nunca se debería usar agua de pozo, considerada impura, sino de alguna fuente. Se vertería del codo hacia la mano, procurando que escurriera fuera de la vasija. Algo semejante se haría con las copas, jarros y platos para los alimentos, que debían ser de metal o de vidrio, pero nunca de barro.

2.- Los rabinos promovían además la rigurosa observancia del sábado, el pago minucioso de los diezmos y la lista de plegarias para cada ocasión. San Marcos, quien escribe para los fieles de Roma que desconocían tales costumbres, explica todo ello. Absorbidos por ese maremágnum de preceptos, algunos fariseos querían obligar a todos a cumplirlos. Con razón se extrañaron porque los discípulos del Señor comían sin lavarse las manos y le reclamaron a Jesús.

3.- El Maestro, incómodo por tan resabiados extremismos, respondió con una frase de Isaías: “El culto que ellos me dan es vacío, pues la doctrina que enseñan son preceptos humanos”. Para nosotros los cristianos de hoy, vale también esta palabra. Quizás le hemos añadido a nuestra fe muchas tradiciones meramente humanas. De allí que numerosos creyentes, a pesar de su buena intención, viven oprimidos entre numerosas observancias. Para ellos es fundamental venerar tal imagen, realizar esta peregrinación, escuchar a este predicador, frecuentar determinado grupo, rezar tales fórmulas.

No negamos que nuestra fe necesite, como toda religión, un material didáctico. Pero no podemos absolutizar tales elementos pedagógicos, descuidando lo esencial: El seguimiento de Jesús, mediante una asimilación de sus valores.

4.- Luego Jesús indica que nada exterior puede marcharnos. Nos contamina lo de adentro: “Los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas estas maldades nacen del corazón y hacen al hombre impuro”.

Pero el autor del salmo 14 nos presenta la otra cara del corazón: “Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda y habitar en tu monte santo? El que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua, el que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino, el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor. El que no retracta lo que juró aún en daño propio, el que no presta dinero a usura, ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra nunca fallará”.

5.- A finales del siglo XIX, Louis Pasteur descubrió que muchos cuerpos físicos podían purificarse de bacterias, sometiéndolos a una temperatura cercana a los 60º. Dicho proceso se llamó pasterización, en honor al sabio francés. Nosotros podemos destruir los gérmenes malignos de nuestro interior, si elevamos el nivel de nuestro amor a Dios y los prójimos. Nos lo enseña san Pedro en su primera carta: “La caridad cubre la multitud de los pecados”.


2.- LA RELIGIÓN DEL CORAZÓN

Por Gabriel González del Estal

1.- Xavier Aymerich, en el cuadernillo de “Misa Dominical”, dice que nuestra fe no se expresa, básicamente, en una religión de formas, cultos y ritos, sino que nuestra fe es una religión del corazón. Me parece acertada esta expresión. De hecho, ya en el texto del evangelio que leemos en este domingo, Jesús critica a los fariseos y los llama hipócritas porque, según la expresión del profeta Isaías, “honran a Dios con los labios, pero su corazón está muy lejos de él”. La palabra “corazón”, en el lenguaje de estos textos bíblicos, significa el centro más íntimo de cada persona, de donde salen originalmente sus pensamientos, afectos y decisiones. En este sentido, Jesús continúa diciendo a sus discípulos que es “del corazón del hombre de donde salen los pensamientos malos, las fornicaciones, los hurtos, los homicidios, los adulterios, las codicias, las maldades, el fraude, la impureza, la envidia, la blasfemia, la altivez, la insensatez”. En definitiva, todo lo moralmente bueno y todo lo moralmente malo sale del corazón. Muchos siglos después, un filósofo alemán, Manuel Kant, afirmaría rotundamente que “lo único bueno en el mundo es una buena voluntad”. Nuestro comportamiento externo y nuestras acciones dependen, muchas veces, de causas que están fuera de nosotros, de la educación que hemos recibido, de la familia en la que hemos nacido, de la sociedad en la que vivimos… Pero el sentir y el querer más íntimo de cada uno de nosotros sale de dentro de nosotros mismos, sale del corazón. Dios no nos va a juzgar por lo que, de hecho, hemos podido hacer en nuestra vida, sino por lo que hemos intentado y querido hacer libremente en cada momento. Al que hace todo el bien que puede hacer y evita todo el mal que puede evitar Dios le juzgará benévolamente, aunque sus éxitos morales y sociales sean pocos y sus fracasos muchos. Por eso, nosotros no podemos condenar a nadie moralmente por lo que hace externamente, porque no conocemos las causas y motivos íntimos que le llevaron a hacer lo que hicieron. Los hombres podemos hacer juicios legales, pero el juicio moral debemos dejárselo siempre a Dios. Sólo Dios conoce el corazón del hombre y, por eso, sólo Dios podrá juzgarnos con equidad. En este mismo sentido, aunque con otros matices, debemos entender también la frase de San Juan, cuando nos dice que, al final de nuestra vida, nos juzgarán en el amor. Por todo esto, hoy nuestra plegaria predilecta debe ser esta: “crea en mí, Óh Dios, un corazón puro”.

2.- Si alguno cree ser religioso y no refrena su lengua, sino que engaña a su corazón, su religión es vana. También aquí, en esta epístola de Santiago, se nos dice que, si engañamos a nuestro corazón, nuestra religión es vana. Y podemos ver, si seguimos leyendo, que, aquí, engañar al corazón significa no practicar la justicia, la misericordia y el amor hacia las personas necesitadas. “La práctica religiosa pura e inmaculada ante Dios Padre es esta: asistir a los huérfanos y viudas en sus tribulaciones y guardarse incontaminado frente al mundo”. En definitiva, lo de siempre: si tengo amor cumplo la ley entera y los profetas, si no tengo amor no soy nada. ¿Les suenan estas frases? Pues vamos a intentar cumplirlas de todo “corazón”.


3.- EL CORAZÓN ES LO QUE HAY QUE PURIFICAR

Por Antonio García- Moreno

1.- El padre de los astros.- Padre de los Astros llama Santiago al Señor en su carta a los cristianos de la dispersión. Con este título indica el autor sagrado que Dios es el Creador y dueño absoluto de los espacios siderales y de cuanto en ellos se contiene. Hoy, cuando el hombre parece haber conquistado el espacio, cuando el hombre fue capaz de llegar a la luna, hoy sabemos mejor que antes que aún es mucho lo que ignoramos, y que más allá hay todavía infinitamente más de lo que por el momento hemos alcanzado vislumbrar. Hoy, al conocer "más de cerca" (muy lejos en realidad) el mundo de las estrellas, podemos penetrar más en la grandeza de Dios, en el poder y la sabiduría de quien ha creado tanta maravilla.

Dios lo ha hecho todo para nosotros, para que nos llenemos de admiración y de alegría por tener como Padre a Dios Omnipotente. Y junto a ese don grandioso de un espacio sin fin, nos concede el Señor el don inmediato de la vida de cada instante; este pensar y este sentir, este sufrir y este gozar, este soñar... Sí, todo lo bueno que tenemos nos viene de Dios, y todo lo que nos viene (incluso lo que nos parece malo) es un bien. Basta con descubrir el sentido último de cada situación, basta mirar las cosas con ojos de fe, con una visión cristiana de la vida.

No basta con escuchar la palabra que Dios ha pronunciado y plantado como excelente semilla en nuestra tierra, a través de la predicación. No basta con conocer el Evangelio, no basta con oírlo, es necesario llevarlo a la práctica. ¿De qué nos sirve saber lo que hemos de hacer, si luego no lo hacemos? No nos sirve de nada, en absoluto. Y cuántas veces nos limitamos a escuchar tan sólo. Con esta actitud, absurda de todo punto, nos estamos engañando a nosotros mismos. Porque en lugar de servirnos para nuestra salvación, la palabra de Dios contribuye a nuestra condenación. Lo que había de salvarnos, nos condena. He aquí lo más paradójico que nos puede ocurrir, lo más grotesco y lo más trágico.

No lo perdamos de vista, al menos por la cuenta que nos tiene: "la religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: visitar a los huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo". Es decir, amar a todos, especialmente a los más débiles. Y, además, vivir limpios de toda corrupción e inmoralidad.

2.- Fariseos hipócritas.- De entre los fariseos aparecen los personajes más aborrecibles del Evangelio. Contra ellos pronunció Jesús sus más terribles palabras. La mansedumbre y la dulzura del maestro de Nazaret se volvieron entonces acritud, ira y duro reproche que llega hasta la maldición.

El Señor no podía callar ante aquellos hombres que despreciaban a los demás llevados de su agudo espíritu crítico, que veían con lupa los defectos ajenos y exageraban las faltas del prójimo, que se fijaban en "peccata-minuta" y descuidaban cuestiones de peso, que daban mucha importancia a lo accidental y muy poca a lo esencial.

En el pasaje evangélico de la presente dominica, se escandalizan de que los discípulos de Jesús coman con las manos sucias, sin haberse lavado antes de comer. Eso iba contra las costumbres y tradiciones que ellos y sus antecesores habían ido imponiendo. Se sorprenden y preguntan a Jesús, en tono de reproche, el porqué de aquella conducta tan poco ortodoxa.

Hipócritas --les dice Jesús--, dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres. Os preocupáis de colar un mosquito, les dirá también, y os tragáis un camello; laváis lo de fuera y dejáis sucio lo de dentro; blanqueáis la fachada y el interior lo mantenéis podrido.

Eran hombres de palabras buenas y de vida mala, de apariencia honorable y de corazón torcido. Fariseos cuya estirpe por desgracia no se ha extinguido. Hipócritas desgraciados que merecen el desprecio y la condenación de Dios. Fariseos que retratan a veces nuestra propia conducta, hecha también de palabras huecas, de apariencias falsas.

El corazón es lo que hay que purificar y rectificar constantemente, especialmente con la práctica de una confesión frecuente de nuestros pecados. No basta con tener vistoso y en orden nuestro escaparate, Hay que preocuparse de limpiar también la trastienda. Tener la conciencia tranquila, iluminada y clara, también allí donde sólo Dios y nosotros podemos ver.


4.- LA HIGIENE DEL CORAZÓN

Por José María Maruri, SJ

1.- El pan nuestro de cada día, la multiplicación de los panes. Yo soy el pan de vida, el pan bajado del cielo, desde hace cinco domingos el ambiente evangélico tiene el olor sano, limpio y honrado del pan. Huele a tahona, a boutique de pan.

Sólo cuando aparecen en escena los fariseos entra una bocanada asfixiante de tubo de escape, o como Jesús va a decir el final del párrafo que acabamos de leer y que la liturgia respetuosamente ha omitido de olor a cloaca.

Los fariseos saben no solo que los discípulos comen sin lavarse las manos, sino que cinco mil hombres comieron pan sin lavarse los manos y les preocupa más la ligera falta legal contra una minuciosa orden eclesiástica, que el hambre de cinco mil hombres.

2.- En todos los tiempos ha habido fariseos que con manos limpias han condenado al hambre a una viuda con hijos.

--Fariseos o Pilatos que con manos limpias han firmado una sentencia injusta.

Fariseos que levantan sus manos limpias a Dios para darle gracias por cumplir todos los ayunos, abstinencias y preceptos dominicales, por no ser como el pobre que pide en la puerta de la iglesia.

--Caras largas de reproche que andan buscando el defecto del hermano a aun en la iglesia en qué se pasa o en qué no llega el sacerdote.

Dios es aire puro que nos deja respirar a pleno pulmón, es oxigeno, es olor a pino de montaña, olor a jara, no enrarezcamos el ambiente con un corazón mezquino capaz de hacer encogerse al mismo corazón de Dios.

En realidad esos fariseos de todos los tiempos buscando el cumplimiento de toda tradición humana, poniendo en ello la perfección, lo que buscan es defenderse de Dios, que está sobre toda ley, por que ser amor no puede encerrarse en una ley, que por ser amor exige mucho más que toda ley, porque lo que exige ahora y siempre es el corazón, y el corazón no tiene límites, el que ama nunca puede decir con esto ya he cumplido.

3.- Dios no mira las cosas, mira el corazón, donde se cocina lo bueno y lo malo del hombre. Es notable que Jesús mientras menciona doce productos malos que salen del corazón, no menciona ni uno solo bueno, y es que lo malo es repetitivo, rutinario, no es creativo, sólo aumenta un número, pero estas manzanas de hoy son la misma manzana de los primeros tiempos.

Para el que ama no hay límites en el campo de la bondad, siempre hay cosas nuevas que hacer, siempre nuevos detalles, porque el amor y la bondad vienen de Dios y Dios es infinito en su variedad.

Hoy se habla mucho de higiene, pero hemos descuidado la higiene del corazón.

No son las manos las que hay que limpiar, es nuestro corazón el que tenemos que limpiar y Dios dirá de nosotros lo que Jesús dejó dicho “Benditos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”.


5.- SER AUTENTICOS Y VERACES

Por José María Martín OSA

1.- Vivir la Alianza con Dios. En los tres primeros capítulos del libro del Deuteronomio Moisés ha pronunciado su primer discurso, en el que ha recordado los acontecimientos desde el monte Horeb hasta el paso del Jordán. Moisés ha recordado en concreto cómo es Yahvé precisamente el que ha comenzado a revelar su deseo de pacto. Ahora le toca a Israel corresponder con su compromiso: cumplir fielmente ese pacto, la alianza. Así es como podrá alcanzar y poseer la tierra prometida.

En el alma de los israelitas se introduce una reconfortante seguridad: el cumplimiento fiel de la ley procura la bendición o ayuda de Dios y con ella el respeto por parte de todos los pueblos; pues no hay otro pueblo que tenga un Dios como éste, capaz de apoyar totalmente a su pueblo.

Israel, pues, escucha los mandatos que su Dios le enseña a cumplir. Así vive la alianza. Vivir la alianza es la misión de Israel; vivirla siendo totalmente fiel a un Dios que se muestra cercano, a pesar de que no se le ve ni tiene figura. Hoy sucede lo mismo: la misión de la Iglesia no es tanto comentar la resurrección de Jesús, cuanto vivirla; porque así hay que hacer presente entre los hombres a Cristo resucitado.

2.- ¿En que consiste ser cristiano? Santiago en su Carta lo dice muy claro: «La religión pura e intachable ante Dios Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas». Por eso es que frente a cualquier clase de apariencias externas, el apóstol Santiago critica con dureza la preferencia por el rico en detrimento y humillación del pobre. La fe en Jesucristo exige el amor al prójimo y excluye cualquier preferencia que se funde en la riqueza o en el poder. Este tipo de preferencias son contrarias y antitéticas al método de Dios, que «ha escogido a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino». Ciertamente la pobreza verdadera es la que nace de la fe, que genera la confianza en Dios y se traduce en el amor al prójimo. La relación entre el amor a Dios y el amor al prójimo, comenta Benedicto XVI en su Carta encíclica, Dios es amor, es inseparable: «ambos están tan estrechamente entrelazados, que la afirmación de amar a Dios es en realidad una mentira si el hombre se cierra al prójimo o incluso lo odia... el amor del prójimo es un camino para encontrar también a Dios, y... cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios» (n. 16).

3.- Estar cerca de los otros y no “separados”. Los fariseos del Evangelio de hoy se creen los mejores. Se consideran los practicantes irreprochables, virtuosos, sin fallos. Pero a Jesús no le convencen y, por eso, les pone en entredicho delante de todos. Señala que sus prácticas son inútiles y perjudiciales. Se encierran en sí mismos, en lugar de avanzar hacia Dios y hacia el prójimo. Se consideran puros, “separados”, que es lo que significa la palabra “fariseo”. Endurecen su corazón y no dejan que Dios entre en él. Están equivocados…Los actos religiosos, aunque se practiquen con fervor, no valen para nada si no estamos cerca de los otros. Servir a Dios es también abrirse a la los otros, sean de la condición que sean. Los fariseos, en cambio, se separan de los otros y creen servir a Dios.

4- Lo que importa es lo que sale de dentro. Posiblemente pocas cosas nos resultan más desagradables de algunas personas como notar que su conducta no responde a los sentimientos de su corazón. También hoy, como hace veinte siglos, podemos dar demasiada importancia a ciertas rutinas en el trato o en el comportamiento en general, que se supone son propias de personas educadas, honradas, trabajadoras, veraces, amantes de la libertad... Puede suceder, y a veces lamentablemente sucede, que nos quedemos casi solamente en cuidar las formas, desentendiéndonos de si esas actitudes nuestras manifiestan auténticas realidades personales Es actual en el hombre el pecado de hipocresía; porque la autenticidad de cada uno, para bien o para mal, está en el corazón. Alentemos, pues, sentimientos generosos, de honradez, de justicia. Lo que sale de dentro del corazón es lo que importa.


6.- ES EL CENTRO

Por Javier Leoz

Va finalizando, poco a poco, el verano y después de estos últimos domingos en los que hemos escuchado el discurso del “pan de la vida”, nos encaramos de nuevo con la Palabra de Dios. Hoy, esa misma Palabra, tiene un denominador común en todas las lecturas que hemos proclamado: coherencia de vida y sentido contenido en nuestra fe.

1. - Las formas, aun siendo importantes, no son esenciales. O, por lo menos, no nos hemos de quedar en las formas. En cuántas ocasiones, la apariencia de una fina arena, resultan ser arenas movedizas. O, en cuantos momentos, una botella que en su etiqueta dice ser buen licor, se convierte en un amargo veneno. ¿Las formas? Sí, por supuesto, siempre y cuando lejos de engañar, sean y tengan por dentro lo que dicen.

Algo así le ocurrió a Jesús Maestro. Se encontró a su paso, con personas que –perdidas y ancladas en puros formalismos- olvidaban lo importante: el amor, el perdón, la caridad. Pendientes del adorno y de las filacterias, de las normas y de las directrices, olvidaban el final de todo ello: Dios. A los fariseos les ocurría lo de aquellos turistas que, de tanto mirar a las señales de tráfico, arrinconaban el disfrute del paisaje y la visión de las poblaciones por las que cruzaban con sus coches.

Jesús quiere poner en el centro de todo a Dios. Todo aquello que distorsiona esa voluntad, que impide llegar hasta el amor de Dios, no tiene vigencia o deja de tener sentido. La ley de Dios, la suprema, es el amor. ¿Qué ocurría entonces? Ni más ni menos que, el conjunto de normas que indicaban cómo llegar hasta el amor de Dios se habían convertido en objeto de adoración, en el centro de toda reverencia. Hasta tal punto que, ellas y sólo ellas, eran causa de salvación o de condenación.

2 - ¿Cuál es el gozo de Dios? Que le amemos desde la libertad y no por obligación. A un padre no se le aprecia porque un papel me dice que soy su hijo, sino porque previamente he sentido su cuidado, su palabra, su protección o su corrección fraterna. Con el amor de Dios pasa tres cuartos de lo mismo: es un amor gratuito, un don que se nos da. ¿Qué ofrecer nosotros a cambio? ¿Un te quiero porque me das? ¡Por supuesto que no! ¡Un te quiero, Dios, porque eres mi Padre y sé que me amas!

Eso, en definitiva, es lo que nos adelantó Jesús con su Palabra y su misma vida. Amar a Dios es cumplir sus mandamientos. Pero, cumplimos sus mandamientos porque sabemos que no solamente agradamos a Dios al hacerlo, sino porque al cumplirlos con libertad y sin excesivas fijaciones o distorsiones, damos con la fuente de la felicidad, de la paz y del amor que Dios nos tiene.

3.- Cumplir por cumplir, no es bueno. Tampoco irnos al polo opuesto. Pidamos al Señor, a Jesús, que nos ayude a poner en el centro de todo lo que somos y pensamos a un Dios que camina junto a nosotros. Un Dios que, en sus justas leyes, nos anima a no olvidarle y a marcarnos un sendero por el cual podamos llegar hasta El. ¿Lo intentamos?

4.- TU ERES MI LEY, SEÑOR

Mi esperanza, en los momentos de fracaso

Mi alegría, en las heridas que producen la tristeza

Mi fortaleza, cuando la debilidad asoma y se cuela

por la ventana de mi existencia

Eres mi ley, Señor;

Contigo aprendo a distinguir entre el bien y el mal

A separar la verdad de la mentira

A diferenciar la humildad de la soberbia

El pecado de la perfección

Porque, Tú eres mi ley, Señor

Te pido que nunca me olvide de Ti

Que nada ni nadie distraiga mi atención

y pueda, en la medida de mis posibilidades,

ser instrumento de tu amor y de tu gracia.

Porque, Tú eres mi ley, Señor

Te pido que me ayudes:

a cumplir con rectitud tus mandatos

a meditarlos día y noche

a llevarlos constantemente en mi pensamiento.

Pero sobre todo, Señor,

Porque tu eres mi ley,

ayúdame a que ningún otro precepto

esté por encima de Ti.

Que ley alguna suprima tu nombre

Que interesadas leyes se conviertan

en un muro que me impidan el verte

que me impidan el encontrarte.

Y si algún día ocurriera, Señor,

que la letra fuera más grande que tu presencia

ayúdame a borrar de mi memoria

todo aquello que me obstaculiza

amarte y entregarme a ti con todo el alma.

Amén


7.- NI PRIMEROS, NI MEJORES

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Se vuelve en este domingo a la lectura del Evangelio de San Marcos, como en el resto del Ciclo B. Durante cuatro domingos de agosto hemos escuchado el discurso eucarístico de Jesús según el relato de San Juan. El episodio que narra Marcos ofrece uno de los muchos enfrentamientos de Jesucristo con los fariseos. El encontronazo de Jesús de Nazaret contra la religión oficial de su tiempo es constante. Y es que un grupo de "especialistas" habían instaurado cerca de mil preceptos obligatorios olvidando lo básico de la Ley que era la permanente misericordia del Padre. Esas normas, algunas de pura higiene --y, por tanto, de valor limitado a su utilidad--, se habían convertido en comportamientos cuyo incumplimiento era considerado como pecado y su reiteración llevaba a la excomunión.

La separación entre los hermanos de Cristo es una de las cosas más dolorosas y escandalizadoras para un cristiano, hemos de añadir que el fariseísmo es lo peor que puede anidar en el corazón de un seguidor de Cristo. El fariseísmo no es otra cosa que la elevación a la categoría de fundamental de lo accidental de un comportamiento adecuado. Además, cuando se convierte en fundamental la norma se tiende a despreciar a quien no las cumple y no lo hace con el rigor impuesto.

Y va a merecer la pena referir un hecho vivido por mí hace unos años Recuerdo perfectamente un episodio duro que nos puede servir de ejemplo. Eran los primeros tiempos de mi conversión y asistí impresionando al gran número de comuniones que se produjeron en una misa funeral dicha en sufragio de una persona de la alta sociedad madrileña. Le relaté a un amigo conocedor de mi nueva situación de cristiano este hecho con la idea de que se alegraría. Pero con un rostro que demostraba un cierto desprecio dijo: “Seguro que la mayoría iban mal preparados para comulgar”. Sin embargo, yo aprecié en los presentes una gran devoción y mucho respeto. Es obvio que entre aquella multitud podría haber alguno que no cumpliera las normas, pero a nadie en estos tiempos se le obliga a comulgar si no quiere. Y por tanto la presunción de defecto de preparación era excesiva y un tanto farisaica. Más tarde, vi yo en este amigo una cierta tendencia al fariseísmo por una excesiva valoración del grupo al que pertenecía.

Esto no quiere decir que yo abogue por una tolerancia que desvirtúe el comportamiento adecuado de los cristianos en todos sus actos y que no se respeten los mandatos --como diría San Ignacio-- de la "Iglesia jerárquica", pero de ahí a mantener un examen permanente de las actitudes de los demás. A veces ciertas fórmulas de esa tolerancia no buscan otra cosa que un camino de abandono del seguimiento de Cristo, pero el mantenimiento a ultranza de una moral basada básicamente en solo los gestos rompe, igualmente, el ideal cristiano.

2.- La norma "antinorma" es sencilla: ni considerarse primeros, ni mejores. La perfección que busca el cristiano no debe ser antagónica con el amor a los demás y con el respeto por sus posiciones estrictas. Otro ejemplo escuchado hace poco fue la contrariedad que sufrió otro amigo que hablando con su esposa a la que quería convertir, ella expresó su gran distancia con respecto al "estado de perfección" que traslucía el amigo citado. Y eso que él no lo pretendía. Es verdad que las confidencias del avance de la propia conversión del marido eran frecuentes en la conversación con la mujer, pero ella las interpretaba como metas inalcanzables. Este ejemplo sirve, pues, para calibrar la necesidad de autentica humildad en nuestras actuaciones. Humildad interna y externa. Tal vez ese esposo había empleado una excesiva jactancia por sus “éxitos” en el camino de cambio. Y ello ponía una barrera infranqueable a su mujer.

Es interesante la reflexión de Jesús en el Evangelio de Marcos de hoy. No es impuro lo de fuera, sino lo de dentro. Del corazón del hombre salen los malos propósitos. Fuertes y duras palabras de Jesús. Pero si ya es muy duro que Jesús arremeta contra un sector muy determinado de la sociedad de su época, lo es mucho más cuando indica que la maldad está en el corazón del hombre y no plantea exclusiones. Hay mucho de malo en nosotros y, a veces, esa maldad evidente nos deja asustados. Hay que purificarse para ir dejando una maldad intrínseca que tal vez sea una constante genética, como diría un científico, pero que puede proceder de esa herencia de maldad mantenida al nivel de la conciencia colectiva de la humanidad y que no es otra cosa que el pecado original. Pero, tal vez, Jesús --que siempre enseñaba-- quiso dar un argumento eficaz contra la soberbia: los buenos están fuera, nosotros no lo somos. Necesitamos de una purificación interior antes de presumir de nada.

3.- En la habitual correspondencia entre la primera lectura y el evangelio, hoy el fragmento del capítulo cuarto del Libro del Deuteronomio, nos muestra como Moisés proclama la excelencia de la Ley por encima de los decretos de otras religiones y de otros pueblos. Y no se equivoca, claro está. Esa Ley viene de Dios y Jesús de Nazaret siempre lo reconoció. No estaba –para nada—Jesús en contra de Ley mosaica, estaba contra aquellos que instrumentalizaron la ley en una serie de cumplimientos –“cumplo” y “miento”—en los que su estructura organizativa, puramente humana, era más importante que la esencia del Dios que predicaban. Es contra la hipocresía de los fariseos contra la se levante Jesús. Las palabras, por tanto, del Libro del Deuteronomio son importantes y encierran gran sabiduría. Además, el salmo 14 nos marca el camino a seguir, expresando lo contrario de lo que los fariseos hacían. Son muy adecuadas para el conjunto litúrgico de hoy los salmos las estrofas que hemos escuchado de este salmo 14.

Hemos comenzado hoy la lectura de la Carta de Santiago que nos acompañará algunos domingos. El apóstol Santiago, pariente de Jesús, fue durante mucho tiempo el jefe de la Iglesia en Jerusalén. Su carta es un prodigio y probablemente no muy conocida. Pero en ella se aplica una medicina eficaz contra la fe abstracta, contra la religión teórica. Es la concreción en el apoyo a los hermanos –en nuestras buenas obras para con ellos—lo que hace nuestra fe fuerte y verdadera. Es un escrito muy realista y de fuerte contenido humanitario y social. Merece la pena, además, de proclamar y oír la Carta de Santiago en estos domingos, repasarla en profundidad en nuestra casa o con nuestras familias, en grupo o individualmente en nuestros momentos de oración. Nos ofrecerá enseñanzas que están muy de actualidad.

4.- La enseñanza que nos traen las lecturas de hoy incide en que tenemos que esforzarnos para no ser hipócritas como lo eran los fariseos de tiempos de Jesús. Hay mucha complacencia en los católicos de hoy en sentirse buenos y despreciar a los "malos". Lo peor de esa complacencia es cuando se auto-justifica mediante la existencia de un cristianismo inoperante, de solo devociones, y que no se esfuerza por servir al prójimo. Lo básico en el cristiano es amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. En el amor por Dios, está la cercanía personal e intransferible a su mensaje. Y, por ello, la Iglesia --de la que él es cabeza-- reúne una serie de comportamientos positivos que nos acercan a lo que llamaríamos un mundo de piedad, que, en realidad, no es otra cosa que el uso constante de la oración. Pero junto a ello, sin rodeos, está el amor al prójimo. Y con el amor a ese prójimo su cumple el principio de la fe con obras. Las conductas de superioridad entre nosotros los cristianos son intolerables. Sirve de ejemplo esa fórmula ideal para llamar al Papa: "el siervo de los siervos de Dios". Seamos siervos, no ambicionemos ser jefes. Seamos sencillos en nuestra religiosidad, que eso no significa dejar u obviar no una sola tilde de la ley.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


CONSEJOS PRÁCTICOS Y ANALISIS CERTEROS

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Cuando uno se ha entusiasmado leyendo a San Pablo y a San Juan, desde los análisis filosóficos y teológicos de uno, hasta las visiones místicas del otro, al llegar a Santiago, siente una cierta decepción, le parece que lo que lee, es prosa barata. Hay que advertir que esta sensación es precipitada. No ignoraréis, mis queridos jóvenes lectores, que, a veces, se encuentra uno por la vida a gente repleta de ideas sublimes y geniales, que no le falta tampoco deslumbrantes gestos y simpatía a borbotones. A su lado, uno se siente acomplejado. Pero pasa un tiempo y descubre que el tal sujeto, es un egocéntrico perdido y un taimado egoísta. ¿de qué le servirán en el presente y el futuro, sus deslumbrantes cualidades si su historia está carente de Caridad?

2.- No se puede negar que el cristianismo supone una cierta ideología, pero el serlo, el cogollo de su esencia, es una manera determinada de vivir. No olvidéis, que al llegar al encuentro eterno, no nos examinarán de teología, sino de amor. A la luz de esta afirmación segura, el prosaico Santiago acierta cuando aterriza y nos dice que el fiel se distingue por visitar huérfanos y viudas y no mancharse de este mundo. Como quien dice: no malgastes, piensa en tu hermano pobre, que tal vez sea el emigrante que busca trabajo, o en el que a pocas horas de vuelo de donde vives, carece de agua, sal o aceite, escuela, vestido o medicinas. Cosas ellas puro ejemplo, pero que las menciono, porque de ellas vamos nosotros sobrados, en cambio, otros suspiran por poseerlas. No seas malgastador, déjate de ser consumista. Expresiones de este tipo imagino yo que son las que utilizaría.

3.- Yo no sé si os habéis entretenido en analizar algunas religiones de gente que vive próxima a vosotros. Sólo un inciso. Si preguntáis a un musulmán, cuales son los atributos de Dios, al que llaman muy legítimamente Alá, los 99 que recitan cuando pasan devotamente las cuentas de su rosario, comprobaréis que no dicen ninguna vez: Alá es padre. Todas las religiones son muy respetables y la mayoría admirables. Son aspiraciones, consejos y normas, para acercarse a Dios. Una mirada hacia arriba, un vector espiritual sentido abajo-arriba, limitado evidentemente por su origen. El cristianismo, en cambio, es dejarse encontrar por Él, dejarse amar y ser consecuente con ello. Se trata de un vector divino sentido arriba-abajo y, dado su origen, la intensidad es infinita.

4.- Para entender los reproches que Jesús hace a aquellas gentes que desprecian a sus discípulos porque no se lavan, hay que tener presente que en aquel tiempo no se tenía conocimiento de de las bacterias, los hongos y los virus. Que el lavado ritual, podía consistir en simple frotarse, sin ninguna pretensión de desinfectarse o limpiarse. Habían introducido unas costumbres, que decían debían cumplirse a rajatabla, olvidándose de lo que era fundamental.

No creáis que la cuestión haya perdido actualidad. Ocurre también hoy, que mucha gente da más importancia a procesiones, bendiciones y ritos, que a la simple generosidad, a la hospitalidad, a la piedad, al amor, sea este humano o se trate de caridad.

Encontraréis por los senderos de la vida, personas que saben muchas cosas, que se condecoran a sí mismos, pero que vomitan odio, envidia hastío y decepción y, al conocerlas, recordaréis lo acertado de las palabras del Señor.