XIX Domingo del Tiempo Ordinario
9 de agosto de 2009

La homilía de Betania


1.- LA “DEPRE”

Por José María Maruri, SJ

2.- TÚ TIENES PALABRAS DE VIDA ETERNA

Por Antonio García-Moreno

3.- ES DIFÍCIL RECONOCER LA SANTIDAD DE LAS PERSONAS CON LAS QUE CONVIVIMOS

Por Gabriel González del Estal

4.- VIDA ETERNA CON JESÚS

Por José María Martín OSA

5.- EL PAN Y SUS OFICIOS

Por Gustavo Vélez, mxy

6.- LA VIDA NO ES SOLO COMER

Por Javier Leoz

7.- EL SEÑOR NOS SALVA DE LA ANGUSTIA

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


COMER PARA VIVIR, QUE ESO ES LO BUENO

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- LA “DEPRE”

Por José María Maruri, SJ

1.- El pobre Elías lo que tenía era la depre… Se sentía cansado de todo. No tenía ganas más que de dormir. Quería morirse. Huía de la compañía de los hombres. Incapaz de ver lo bueno de las cosas, perseguido por lo malo que le acontecía, porque Dios había salido en su favor con aquella profecía de la sequía y había hecho llover cuando Elías dijo.

Y tuvo al Señor a su lado en su lucha contra los profetas de Baal a los que dejó en ridículo. Bueno, en realidad mandó degollarlos, se pasó un poquito ¿no? Elías no ve más que la reina Jezabel le persigue y ya no se acuerda de las veces que ha tenido a Dios junto a él.

Dios viene en su auxilio con un medio muy casero, que coma bien y duerma bien y la depre –la depresión—quedará vencida. No se que dirán los psiquiatras de este medicamento, pero el caso es que Elías cobra fuerzas para un camino de cuarenta días.

2.- Cuántas veces tenemos nosotros la depre, al menos espiritualmente, se nos debilita la fe. Estamos metidos en un túnel sin salida. Nos encontramos a Dios en la vida ordinaria… ¡Si Dios hiciese un milagrito!

Como los discípulos aquellos, su fe se debilita ante un Jesús vecino de su pueblo. Hijo de José el carpintero y de María aquella tan mujer buena que todos recuerdan con cariño. ¡Qué nos dice este aprendiz de carpintero! ¿Qué ha bajado del cielo?

Y en realidad eso es lo que, en medio de la debilidad, ellos quisieran, que Jesús, que ha dicho que ha bajado del cielo, se mostrase ante ellos de manera esplendorosa, rodeado de, rodeado de ángeles y en medio de relámpagos y truenos. Todo muy lejos de la vida ordinaria de una familia vulgar de Nazaret.

Cuando se debilita la fe, entonces empiezan a proliferar las apariciones y las promesas de grandes acontecimientos cósmicos para confirmar esas promesas. La historia está plagada de apariciones y promesas, y de prodigios… Esos prodigios que Jesús se negó a realizar cuando se los pidieron, como confirmación de la fe. Porque al cristiano le basta creer en el gran prodigio de la resurrección de Jesucristo. Y ese prodigio y señal de Jonás si se les dará a los hombres faltos de fe. A otros, no.

3.- Y Jesús que ve a sus discípulos débiles, dubitativos, con depre y que sabe que todos nosotros, a lo largo del camino, vamos a sentarnos muchas veces en la cuneta de la vida, cansados, hartos, tristes, sin saber qué hacer con nuestra vida, les propone una medicación como la de Elías, que comamos su pan, que Él es pan lleno de vitalidad y fuerzas, que es el pan del camino y el camino mismo, que no nos deja morir de hambre y de avitaminosis espiritual.

Cuando nos entra la depre, lo primero que dejamos es la oración, la misa, la lectura espiritual, porque todo nos sabe a paja, a puré de patatas sin sal, a potitos de alimento infantil, incomibles.

Y es lo peor que podemos hacer y nos lo dice el Señor: “este es el pan para que el hombre coma de él y no muera”, “el que coma de este pan tiene vitalidad para siempre. No nos dejemos de morir de hambre cuando nos entra la depre, comamos aun a disgusto, en la seguridad de que ese alimento de Dios al fin será nuestra fuerza en el camino.


2.- TÚ TIENES PALABRAS DE VIDA ETERNA

Por Antonio García-Moreno

1.- Tristeza de Dios.- "Hermanos: no pongáis tristes el Espíritu Santo. Dios os ha marcado con él para el día de la liberación final" (Ef 4, 30). Sorprenden estas palabras del Apóstol. Si embargo, sólo con lenguaje antropomórfico. Sólo aplicándole nuestras categorías mentales podemos entender algo. Es verdad que ese lenguaje aplicado a Dios será siempre analógico, aproximado. Y es que Dios no es sólo aquello que nos dice la Biblia, es eso y muchísimo más, infinitamente más.

Hoy San Pablo nos dice que no pongamos triste al Espíritu Santo, que no pongamos triste a Dios... Misterio hondo este de que el hombre pueda entristecer a Dios. Pero ahí están esas palabras que contienen la verdad. Por otro lado no es difícil imaginar que, si Dios nos ama ilimitadamente, su corazón se llene de pena al ver lo mal que correspondemos a su amor. Dios triste, Dios llorando. He visto llorar a Dios, decía una canción. Lágrimas de Dios porque sus hijos no correspondemos a sus desvelos, lágrimas de Padre que ve cómo sus hijos le vuelven la espalda y se pelean entre sí. Misterio y realidad, tristeza de Dios.

"Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros, como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios como hijos queridos y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por vosotros como oblación y víctima de suave olor". Así Dios cambiará las lágrimas por una sonrisa. Sí, sonreirá al vernos sin amargura en el alma, sin ira en el corazón, sin enfado en los gestos, sin insultos en la boca, sin malicia en los ojos...Todos sonreiremos entonces, y todos dejaremos de llorar.

Imitadores de Dios, hijos queridos, hermanos bienaventurados que se ayudan y se quieren mutuamente. Una vida hecha de espíritu de entrega y de servicio, un paraíso en la tierra...No pongáis triste al Espíritu Santo, y tampoco vosotros estaréis tristes. Alegrad con vuestra vida el corazón de Dios y también vosotros os llenaréis de paz y de gozo. No tenemos hambre

2.- ¿A quién vamos a ir? - Seguimos contemplando el pasaje evangélico que San Juan recoge en el capítulo sexto de su Evangelio. Fue un acontecimiento que suscitó polémica, y también una ocasión para que Jesús expusiera una doctrina tan importante como la referente a la Sagrada Eucaristía. Sus palabras son claras y contundentes, expresión meridiana de la realidad inefable que constituye el augusto Sacramento del Altar. Su carne es verdadera co-mida, alimento espiritual que transmite la vida eterna y alienta en cierto modo la vida terrena del hombre. Pan vivo bajado del Cielo que, más aún que el maná, fortalecerá a quienes caminamos por este desierto que es la vida misma.

Pero aquellos hombres, lo mismo que ocurre hoy con tantos otros, no entendieron a Jesús; o, mejor dicho, no quisieron comprenderle. Le criticaron abiertamente y le abandonaron. Este momento, después de los discursos de Cafarnaún, fue uno de los más decisivos en la vida de Jesús. A punto estuvo de quedarse solo, abandonado incluso de los más íntimos. Sólo Pedro, siendo el portavoz de los demás apóstoles, hizo un acto de fe al exclamar: ¿a quién vamos a ir, si tú tienes palabras de vida eterna?

Las mismas críticas de entonces, de una u otra forma, se repiten en cierto modo a lo largo de los tiempos. Hoy también surge la incomprensión y la incredulidad, la actitud crítica ante las exigencias de la fe que tratan de obstaculizar la marcha del Reino de Dios. Sin embargo, el daño que causen será siempre periférico, por muy hondo que pueda parecer. Siempre quedará un pequeño resto tan encendido y vibrante, que consiga mantener el fuego sagrado y hacerlo prender una y otra vez en el mundo entero.

Dios está empeñado en que la salvación se lleve a cabo. Él sigue tocando el corazón de los hombres, atrayéndolos de forma irresistible. La gracia divina actúa de forma dinámica y moviliza de mil maneras el corazón humano. Podrá parecer en ocasiones que Dios está ausente, pero no es verdad. El está cerca de nosotros, atento a nuestras necesidades, pronto a socorrernos a pesar de no merecerlo. Dios Padre nos habla a cada uno, y de cada uno espera una respuesta que nos lleve a vivir siempre muy próximo a Jesús, el único que tiene palabras de vida eterna.


3.- ES DIFÍCIL RECONOCER LA SANTIDAD DE LAS PERSONAS CON LAS QUE CONVIVIMOS

Por Gabriel González del Estal

1.- Los judíos del tiempo de Jesús, sobre todo sus paisanos, conocían bien a la familia del que ahora decía que él era “el pan bajado del cielo”. Lo más normal para ellos, en un primer momento, era pensar que aquel joven que decía esto estaba un poco, o un mucho, perturbado. Jesús les responde que escuchen al Padre y será el mismo Padre el que los lleve hasta él mismo, que es su Hijo. Y les dice que miren las obras que él hace y comprobarán que sus obras son obras del Padre, de Dios. Los judíos, sobre todo los paisanos de Jesús, probablemente siguieron sin entender. Para nosotros, por tanto, no debe resultarnos extraño que los paisanos de Jesús no le entendieran, lo que yo sí creo que es más extraño es que nosotros, los cristianos del siglo XXI, sigamos sin entender el sentido de las palabras de Jesús. Jesús nos dice que él quiere ser para nosotros <pan de vida, pan vivo bajado del cielo y que, si lo comemos, no moriremos para siempre>. Nosotros sí creemos que Jesús es el Hijo de Dios y vemos todos los días sus obras: su perdón, su misericordia, su lucha contra el mal; comprobamos que él es para nosotros el <camino, la verdad, la vida>. Si no podemos comprobarlo en nosotros mismos, por nuestra arrogancia, o nuestro pecado, sí podemos comprobarlo en muchas otras personas que, cada día, en nombre de Jesús, dan lo mejor de sí mismas, hasta su propia vida, por defender y propagar los valores del evangelio. Lo que tenemos que hacer es limpiar bien nuestros ojos del cuerpo y, sobre todo, los ojos del alma, para descubrir en tantas personas buenas como hay en el mundo el rostro y la vida de Jesús, un rostro y una vida de Jesús en donde aparece, encarnado, el verdadero rostro de Dios. Ver en las personas buenas el rostro de Jesús es ver en ellas el rostro de Dios. Estas personas no pueden morir para siempre, porque el alimento que las alimenta, el pan vivo bajado del cielo, tiene vida eterna. Es difícil descubrir la santidad de muchas personas que viven en nuestro tiempo, pero estas personas existen y, si sabemos mirarlas con sinceridad y con verdad, descubriremos en ellas el rostro de Dios, porque son personas que se alimentan cada día con el pan de vida, con el verdadero pan bajado del cielo.

2.- Sed imitadores de Dios. ¡Qué difícil nos lo pones, Pablo!, podríamos decirle hoy nosotros al apóstol de las gentes. ¡Imitar a Dios! Pero San Pablo no nos pide ningún imposible, sabe muy bien de qué barro estamos hechos. Para imitar a Dios nos pide cosas muy concretas: desterrar la amargura, la ira, los enfados e insultos, toda maldad. Ser buenos, comprensivos, perdonar siempre y vivir en el amor como Cristo nos amó. Se trata de un propósito que debemos hacer todos los días, no de una realidad conseguida de una vez para siempre. Todos los días debemos hacer el propósito de ser buenos, afables, comprensivos, generosos, amando a todos como Dios nos amó. Precisamente, debemos hacer todos los días este propósito, porque nunca podremos decir que ya lo hemos cumplido del todo. El mismo San Pablo lo sabía muy bien, cuando nos dice que no siempre hacía el bien que quería y algunas veces hacía el mal que no quería. Por eso, se esforzaba cada día en ser mejor, tratando de imitar a Cristo. Esto es lo que nos recomienda a nosotros.


4.- VIDA ETERNA CON JESÚS

Por José María Martín OSA

1.- Perseguido a causa de su fidelidad a Dios. Unos 900 años antes de Cristo vivió uno de los “hombres de Dios” más conocidos de la historia de la Salvación: Elías. Fue el “luchador” de Dios para defender al pueblo de Israel de la idolatría en que había caído siguiendo al rey Ajab –y sobre todo a su esposa Jezabel. Elías tuvo que huir. Esta es también nuestra historia de cristianos (cuando de verdad somos cristianos); es nuestra historia de evangelizadores: somos rechazados, perseguidos, ridiculizados…. En la superficie de la historia la mentira le gana a la verdad, la injusticia a la justicia, los poderes del mundo están contra Dios y –en definitiva- contra el hombre. Elías quiere caminar hacia la montaña de Dios, pero el camino es difícil. Se agota. Se duerme en el desierto. Está lleno de miedo, angustiado, perplejo ¡hasta se desea la muerte!

2. - También es así nuestra historia personal: queremos ser fieles, caminar en la dirección de Dios, pero el camino es difícil, duro. Nos agotamos. Siempre es actual el pasaje del Profeta Elías, pero parecería que en el aquí y ahora de cada uno lo fuera particularmente. Tenemos miedos, angustias. Estamos perplejos, a veces, para atrás no podemos volver, para adelante parecería que sólo nos espera el desierto. Las “seguridades” que teníamos se van perdiendo o se perdieron… Elías fue despertado, sacudido, puesto en la realidad de la vida por un ángel: “levántate y come”. Comió. Volvió a querer evadirse de la realidad por el sueño. Otra vez el ángel lo despertó: “levántate y come porque el camino es demasiado largo para ti…” El ángel le reveló su alimento. Nuestra historia es mucho más extraordinaria: la revelación del alimento de Dios nos la trajo el mismo Jesús (más que un ángel: Dios) Yo soy el pan de la vida…” (Jn 6, 32-34)

3.- Estamos llamados a saborear la vida eterna. El domingo pasado, escuchábamos que los judíos estaban entusiasmados por la revelación hecha por Jesús a cerca del pan de vida dado por el Padre, quien dice: "Señor, danos siempre de este pan." (Jn. 6:34) Hoy, nosotros vemos que ésta situación ha cambiado: algunos judíos están haciéndose preguntas, quizás legitimas, acerca del origen de Jesús. De hecho, Jesús había afirmado: "Yo soy el pan de vida; el que viene a mi no tendrá hambre, y el que crea en mi nunca tendrá sed." Esta afirmación había asustado algunos, y por eso ellos protestaron, diciendo: "¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo?" Nosotros también negamos en muchas ocasiones a Jesús y dudamos de El. No dejamos que El entre y transforme nuestra vida. Nos refugiamos en otras seguridades más inmediatas. Nos perdemos entonces el alimento que da la vida que nunca se acaba. Sin embargo, la Vida eterna está a nuestro alcance: esta aquí, en la Eucaristía que estamos celebrando. Jesús sólo nos pide una cosa: que creamos en Él con amor y esperanza! Si lo hacemos así, daremos vida al mundo con nuestro compromiso transformador de la realidad pecadora que nos rodea.


5.- EL PAN Y SUS OFICIOS

Por Gustavo Vélez, mxy

Dijo Jesús: Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron. Este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera”. San Juan, cap. 6.

1.- Los recuerdos no afloran en estricta sucesión histórica. Menos aun en orden alfabético. Regresan de acuerdo con su peso afectivo, según la huella que nos grabaron en el alma. Comprendemos entonces el estilo de san Juan. Quiere recoger las experiencias que vivió cerca al Señor. Pero sus páginas le resultan con frecuencia deshilvanadas y confusas. Lo comprobamos en el capítulo VI de su Evangelio, cuyo tema central es la Eucaristía.

Vale comparar este texto con algún cuadro de Dalí. Aparecen aquí y allá diversos y coloridos elementos que a primera vista no logramos coordinar. Pero enseguida descubrimos cierta coherencia que agrada a los ojos y ofrece un mensaje. Para explicar a sus discípulos el Pan de Vida, el Maestro avanza por etapas. De entrada hace memoria del Maná, ese alimento misterioso con el cual Yahvé socorrió al pueblo peregrino. Un recuerdo que, embellecido por la fe y la leyenda, permanecía vivo en la mente de cada judío.

2.- Unos días más tarde, Jesús alimenta con cinco panes y dos pescados a una multitud. Remedia el hambre de sus seguidores, pero a la vez les certifica su poder. Pasa entonces a explicar de qué pan se trata: “Yo soy el pan vivo”. También he bajado del cielo. Pero “vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron”. En cambio “el que come de este pan, no morirá para siempre”.

El Maestro pudo además recordar un pasaje del libro de los Reyes, cuando Elías llegó a Berseba, la ciudad más sureña de Israel. De allí había salido Abraham a inmolar a su hijo, pero un mensajero del cielo lo detuvo. El profeta avanzó otra jornada y, agobiado por el cansancio se echó por tierra, deseando morir. Pero Dios le envió con un ángel, pan cocido en las brasas y una jarra de agua. Se levantó Elías, comió y bebió, y fortalecido caminó hasta Horeb. Este texto, que se leía ciertos sábados en la sinagoga, iluminaba también la enseñanza de Jesús: “Yo soy el pan de la vida”. Tal vez el Señor lo mencionó en su discurso, pero el evangelista no lo consigna.

3.- Enseguida Jesús les dice abiertamente a los suyos: “Yo soy el pan de vida”. “El que coma de este pan vivirá para siempre”. “El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”. Entendemos entonces la dificultad de aquel auditorio campesino, para captar este mensaje. Nosotros, por el contrario, ya conocemos los gestos y las palabras del Maestro durante su despedida: “Tomando el pan, le dijo: Esto es mi cuerpo”. Y hemos bebido además la tradición de veinte siglos sobre la Eucaristía.

4.- Antes de la Primera Comunión, la tía Mercedes le recalcaba con angustia a su sobrino, la diferencia “entre el alimento común y el cuerpo sacrosanto de Jesucristo”. En cambio David, el catequista de la parroquia, le insistía en la semejanza de esos dos manjares: Ambos quitan el hambre. Nutren y hacen crecer. Nos fortalecen ante las enfermedades. Significan amor y comunión. Son un regalo, que sabe a hogar y sabe a providencia.


6.- LA VIDA NO ES SOLO COMER

Por Javier Leoz

1. Nunca como hoy, la humanidad o gran parte de ella, ha dispuesto de tantos adelantos: comunicación por aire, tierra y mar. Recursos de alimentación o bienes materiales en abundancia y, por contraste, en algunos lugares con tanta escasez y desigualdades.

Nunca como hoy, la humanidad, ha tenido tanto y, por lo que sea, nunca ha tenido tanta sensación de insatisfacción, de infelicidad. Algo ocurre en nuestro globo cuando, tanto personal, dice tener poco apego a la vida. Cuando, la droga, el suicidio u otras prácticas de riesgo se convierten en una llamada de atención que nos debiera de hacer reflexionar: la vida, no sólo es tener, acaparar, aparentar, conquistar, consumir o comer. Es mucho más. Tenemos que descubrir o llegar a algo más que le dé sentido.

No es de extrañar, precisamente por eso, que mucha gente encuentre en el sano altruismo, en la entrega generosa hacia los demás, muchas razones para vivir o sentirse realizado. Y, al contrario, no es de extrañar tampoco que otros –teniéndolo todo- no sepan por donde tirar para alcanzar un equilibrio razonable en su vida.

¿Dónde está la respuesta? Para nosotros, los cristianos, en Cristo. Y desde ahí hemos de trabajar. De poco sirve ser los más adelantados; que la ciencia vaya conquistando campos hasta unos años impensables; que los grandes descubrimientos dejen a parte de la humanidad con los ojos asombrados o que, por ejemplo, el bienestar del hombre –en algunos rincones del mundo- haya alcanzado cotas impresionantes. ¿Es positivo si luego, a continuación, fallamos y faltamos en lo esencial: el hombre?

2.- La apariencia, lo material y lo puramente superficial, se pueden convertir en un cruel muro que nos impida dar el salto a Dios. A los judíos les aconteció lo mismo: estaban tan aferrados a la ley (y a sus propios privilegios) que el paso del código de normas a Jesús les resultaba escandaloso, imposible, inadmisible. Entre otras cosas porque, aquello, suponía desmontar muchas ideas y muchos intereses; apearse de muchos caballos domesticados a su propia medida.

Hoy, como entonces, también nos encontramos con escenas muy parecidas: ¡creo en Dios pero no en la Iglesia! ¡Yo me confieso directamente con Dios! ¡A mí con creer en Dios me basta, me sobran los curas! ¿No será en el fondo que seguimos sin creer en el Dios encarnado? ¿No será que, muchos, seguimos o siguen pensando que Dios es un Dios a nuestro antojo, capricho y sometido a nuestra propia ley?

3.- Ojala, amigos, sigamos avanzando en el conocimiento de Dios. Pero, no lo olvidemos; para llegar hasta El, el único camino es Jesucristo.

Que no reduzcamos nuestra vida a “un ir tirando comiendo.” Que nos preocupemos de buscar siempre razones, momentos, profetas, ayudas para “un ir viviendo creyendo en Jesús”.

4.- PAN VIVO, EN UN MUNDO MUERTO

Fortaleces, con tu pan,

al que hambriento de otros panes

cae bajo el peso de su propia debilidad.

Nos sacias, Señor, con tu ternura

y, cuando falla el calor humano,

te haces encuentro, caricia,

abrazo, respuesta y amor entregado

 

Eres pan vivo, Señor,

en un mundo que, creyéndose seguro,

es zarandeado al viento de su propio egoísmo.

 

Eres pan vivo, Señor,

que, cuando se recibe con fe,

produce el milagro del amor sin farsa

el milagro de la fe sin fisuras

el milagro de las manos abiertas

el milagro de darse sin agotarse

 

Eres pan vivo, Señor,

y quien te recibe, vive eternamente

quien te recibe, cree y espera

quien te come, ama y se entrega

quien te comulga, perdona y olvida

 

Eres pan vivo, Señor;

ayúdame a responderte con mi fe

enséñame a ver más allá de mi mismo

condúceme hasta tu regazo

para que, allá donde yo vaya,

siempre contigo me encuentre.

 

Y, cuando yo crea sentirme demasiado vivo,

haz que, con tu pan,

comprenda que el mundo

está demasiado muerto

cuando es incapaz de reconocerte

como el pan vivo y verdadero sustento.

Amén.


7.- EL SEÑOR NOS SALVA DE LA ANGUSTIA

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Hace un par de semanas, en mi “Carta del Editor”, me refería al Salmo 33. Ahora, tanto en las lecturas de este domingo 19 del Tiempo Ordinario, como en las relativas al próximo, el vigésimo, se incluye la lectura del referido salmo 33. La segunda parte del Salmo 33 la tendremos en la misa del domingo siguiente. Me ha parecido oportuno, entonces, volver sobre el tema, basándome en lo escrito anteriormente. Otra cuestión –todo sea dicho de paso—que muy pocas veces hay en las homilías comentarios sobre los salmos, aunque, obviamente, son parte muy básica y muy didáctica de la misa. Bueno, esa reiteración del salmo 33 para algunos lectores les resultará conocido, pero no así para otros.

Es un texto prodigioso, de máxima actualidad y que puede servir como receta para nuestra oración diaria. El Salmo 33 debe ser leído con mucha atención. Dice. "Yo consulté al Señor y me respondió, me libró de todas mis ansias". Y así fue para mí. Los versos del Salmo son como una narración personal. La angustia está siempre muy presente en los humanos. Y ese mal nos hace vivir peor. El Salmo 33 parece una obra moderna, como si hubiera sido escrito a la medida de nuestra época plena de estrés y sobrado de angustias. Reconozco tener una especial predilección por dicho Salmo. En cierta ocasión, todavía a medio convertir, en un momento grave y difícil, tras la lectura –casi accidental e imprevista del mismo—se produjo el cambio. Me problema se había resuelto de manera casi inmediata o, al menos, yo vi la solución ahí.

No cabe la menor duda que los Salmos son las piezas oracionales de gran importancia, dentro de lo que nos ofrecen las Sagradas Escrituras. Su lectura nos inicia en un tiempo de plegaria de enorme fuerza. No es pues casualidad que la Liturgia de las Horas –la formula de la Iglesia para rezar a Dios cinco veces al día—utilice los salmos como ingredientes principales. Por otro lado, los salmos son de una perspicacia social y psicológica muy notables. Se adaptan a nuestros problemas concretos, en un momento dado nos parece que alguien nos lo ha escrito a la medida, a pesar de han sido redactados hacia varios miles de años.

2.- “Cuando uno grita, el Señor les escucha y lo libra de sus angustias” Esa es mi juicio la invocación más segura. Uno, en el seno de su desesperación grita en ayuda del Señor y este acude de inmediato. El grito ha de ser sincero, no plañidero. Fuerte, inequívoco. Hay en el Salmo algunos versículos de parecida intención y contenido. “Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias”. Se trata de una frase muy parecida, que aparece casi al principio. Y también: “El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos”. Y es que en la tribulación el único consuelo verdadero y eficaz es Dios. “Guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad; apártate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella”. Cambia de “argumento” el salmo y nos enseña el mal camino de la mentira. ¿Nos damos cuenta que en estos tiempos muchas conductas están basadas solo en la mentira y en la simulación? Pues así es. Y esas mentiras no solo son ofrecidas a los demás. Lo peor es mentirse a uno mismo y falsear nuestra propia conciencia. También es muy llamativo lo siguiente: “¿hay alguien que ame la vida y desee días de prosperidad?”. Todos deseamos eso, pues también podemos pedírselo al Señor.

3.- La oferta de ayuda del Señor que conocemos por el Salmo 33 queda muy clara en el ofrecimiento del Señor Jesús de su Carne y de su Cuerpo. Y es que el Sacramento que encierra y contiene dicha donación es sublime y cura todas las enfermedades, físicas y espirituales. Y esto no es una metáfora. La Iglesia tiene muchos testimonios –a lo largo de los siglos—de que la Eucaristía influye indeleblemente en hombres y mujeres para ayudarlos y sacarlos de sus dolencias. El Evangelio de Juan que hemos escuchado hoy contiene esa revelación sorprendente de Jesús de Nazaret. Él es pan bajado del cielo y el que come ese pan vivirá para siempre. Ciertamente, el pan del cielo es vehículo y viático para el mundo futuro, para la eternidad, pero, igualmente, es remedio seguro para las azarosas jornadas de nuestra vida presente.

4.- Elías –lo dice el capítulo 19 del Libro de los Reyes—se ve vencido en plena caminata por el desierto. Una depresión muy fuerte ocupa su mente y quiere morir. Todo en él, en esos momentos, es angustia. Pero Dios, el Señor, por medio de su ángel le envía pan desde el cielo y recobra fuerzas y todo el tino para seguir. Por dos veces el alimento celestial le llega y gracias a él llega al Monte de Dios, al Orbe, donde para los judíos residía Yahvé. Guarda este episodio relación con el evangelio y, por supuesto, con el Salmo 33.

La lectura atenta del fragmento de la Carta de San Pablo a los Efesios es un parte y un todo de los mensajes que hoy nos trae la liturgia de esta misa del domingo 19 del Tiempo Ordinario. Y es que, sin duda, los sentimientos de Elías serían parecidos a los que describe Pablo de Tarso: amargura, ira, enfados, insultos y todos los ejemplos de la maldad. Es la “torcedura” de ánimo que muchas veces al día y durante muchas jornadas sufre un buen número de hermanos nuestros. Bien puede ser por la depresión que es la enfermedad más extendida –dicen—ahora. Pero si buscamos a Cristo –aliento y medicina—recibiremos el amor y este amor nos sanará.

Hemos de reflexionar con calma en ese camino de curación –de consuelo—que nos ofrece siempre esta mesa del Pan y de la Palabra que es la Eucaristía. No dejemos pasar la ocasión de ser más felices. Hoy y siempre Jesús nos ayuda con su amor.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


COMER PARA VIVIR, QUE ESO ES LO BUENO

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Os confieso, mis queridos jóvenes lectores, que el profeta Elías es uno de mis personajes preferidos, admiro su testimonio y aprendo de su proceder. El episodio que nos narra el texto del Primer libro de los Reyes, en la primera lectura del presente domingo, es una prueba de la gran ternura con que Dios trata a los hombres que le son fieles, aunque su temperamento no sea precisamente dulce. El episodio de su vida anterior, lo que le pasó antes de la escena de hoy, fue su victoria sobre los profetas de oficio, del dios extranjero Baal, importado del norte por la pérfida reina Jezabel. Eran 400 los impostores y Elías estaba solo, pero demostró que Dios autentico solo lo era Yahvé. Ahora debía huir de la ira de la reina. El calor del desierto, su soledad y la tristeza de pertenecer a un pueblo que había abandonado su fe, le sumergía en profunda desazón, hasta el extremo de desearse la muerte. Conozco bastante bien ese desierto y los pocos arbustos que lo pueblan. Ciertamente que de cuando en cuando divisa uno alguna acacia, los sittin, pero son muy pocas. La retama es considerada un vegetal sagrado. Anteriormente Agar, con su hijo Ismael, también se había refugiado bajo uno de ellos. Poca sombra dan, pero es lo único que hay, los demás son mucho más pequeños. Elías estaba desanimado, como tantas veces os ocurrirá a vosotros.

2.- No se olvida de Dios en su angustia. El Señor le habla mientras duerme: quiere que continúe el camino. Al despertar encuentra lo que podía haber dejado cualquier beduina: una pita, torta delgada, y preciada agua de algún oasis pequeñito, un pozo a penas visible o una grieta que llora poco a poco gotitas de agua. Estaba cansado y Dios le anima. Le anima a caminar, nada menos que cuarenta días. Quiere hablarle confidencialmente en el monte sagrado. La subida hasta el lugar donde tradicionalmente se dice fue el encuentro, dura casi dos horas. Es un arduo camino y en el lugar quema el sol de día y refresca mucho por la noche. Lo he subido varias veces y he dormido al aire libre, muerto de frío, enfundado en mi saco. Siempre he ido acompañado y en la mochila llevaba buenos alimentos. Alimentos adquiridos en comercios, mejores que el pan de Elías, pero él lo tenía fruto del cariño de Dios y cuando lo he reconocido, he tenido envidia de su suerte. De todos modos a mí Dios tampoco me ha abandonado nunca y aun ahora en mis vejeces, me anima a seguir progresando. A mi me cuesta menos, yo recibo un alimento espiritual que Elías desconocía, la Eucaristía. Soy muy afortunado.

3.- Junto al lago, en la época más bonita de aquella comarca, cuando la atmosfera es nítida y el suelo verde, cosa que solo ocurre en primavera, Jesús discute con la gente, que le cuesta aceptar la doctrina que les predica. Dice y repite que Él es pan, alimento imprescindible para el alma. Les dice que es pan, pero ellos ven que es un hombre hecho y derecho. Para colmo, hasta su familia les es conocida. Añade algo que les resulta más difícil todavía de entender: sus relaciones con el Padre, su identidad con Él. El Maestro no es un buen vendedor, si les cuesta comprender, parece que lo pone más difícil. Se sienten ellos orgullosos de su pasado, del maná que les fue dado en el desierto, pues bien, ahora les recuerda que aquella gente comió y murió. No le pasará lo mismo a quien le coma, a quien le coma a Él. Difícil pone la cosa, y no se trata de un juego de palabras, de un acertijo, es cuestión por el momento de confianza personal en Él, ya lo veréis.