LA ORACION DE Y CON JESUCRISTO

LIBRO DE LA SABIDURÍA: CON TODO EL AFÁN
Por Antonio PavÍa. Misionero Comboniano.

"Por todos los medios buscaba hacer la manera de hacerla mía" (Sb 8,18b).

Iniciamos la relación de este texto con un pasaje de san Bernardo: "Tenemos la necesidad de leer la Sagrada Escritura puesto que por ella aprendemos lo que debemos de hacer, lo que hay que dejar y lo que es de apetecer".

La enseñanza que se desprende de estas palabras es como oro en paño que hay que guardar delicadamente en lo más profundo de nuestro corazón. En su esencia viene a decir que la Palabra de Dios debe de ser cultivada de tal forma, con tal esmero, que llegue a apetecer. No es, por tanto, un libro de estudio, sino un libro para dejarse instruir desde el Espíritu Santo. Por medio de la Palabra recibimos una calidad tal de vida que lo que a primera vista parecen leyes obligatorias se convierten en alimento del alma sumamente apetecible, deseable.

Lo que da fuerza y valor a la aseveración de san Bernardo es que está, como quien dice, entresacado de la misma Escritura. Quiero decir con esto que Bernardo no habla desde sí mismo ya que entonces nos moveríamos en el campo de las opiniones que, como tales, tienen un valor relativo en orden a cambiar de vida. La cuestión es que, como ya he mencionado, su enunciado se apoya en la misma Escritura. Veamos, por ejemplo, cómo expresa la esposa del Cantar de los Cantares --imagen del alma-- sus encuentros con su Esposo/Dios: "Como el manzano entre los árboles silvestres, así mi amado entre los mozos. A su sombra apetecida estoy sentada, y su fruto me es dulce al paladar. Me ha llevado a la bodega, y el pendón que enarbola sobre mí es Amor... Su izquierda está bajo mi cabeza, y su diestra me abraza" (Ct 2,3-6).

La esposa, repito, imagen del alma, no está con su Esposo -Dios- obligada, mirando el reloj, a ver si llega la hora de hacer otras cosas más agradables. No, está a gusto. Está con Él porque le apetece, su fruto es dulce al paladar. Es tan gratificante el encuentro que hasta recuerda gestos concretos que aceleran su corazón: "Su izquierda está bajo mi cabeza y su diestra me abraza".

En realidad está haciendo presente con otras palabras, la misma experiencia que nos narra Salomón con respecto a la Sabiduría y que pudimos ver en textos anteriores. La convivencia con ella era para él fuente de satisfacción y alegría; su amistad, un placer, una ganancia conversar con ella... De ahí que la conclusión que saca y que corresponde al texto presente, no coge a nadie por sorpresa: haré lo que sea, moveré todo lo que tenga que mover, buscaré el tiempo hasta debajo de las piedras, usaré todos los medios habidos y por haber para alcanzar la Sabiduría y hacerla mía.

Con estas palabras Salomón analiza certeramente el núcleo del corazón humano. Éste se mueve, decide, escoge y palpita al ritmo de la intensidad de sus intereses. Salomón se anticipa a nuestro sabio refranero, me estoy refiriendo a aquel que dice que cuando a una persona le interesa realmente algo, mueve Roma con Santiago hasta conseguirlo.

Hay un pasaje del evangelio de Lucas en el que un hombre movió todos los recursos que tenía a su alcance con tal de poder encontrarse, al menos visualmente, con Jesús. Lo hizo porque no iba de cuento, sino que le interesaba realmente. Me estoy refiriendo a Zaqueo, veamos a grandes rasgos cómo fue el encuentro (Le 19,1-10).

Nos dice Lucas que Zaqueo era jefe de publicanos de Jericó. Esta puntualización nos hace saber que era uno de los hombres más importantes e influyentes de la ciudad. Jesús está atravesándola. Zaqueo siente la necesidad de verle, quiere constatar con sus propios ojos quién es ése del que todos hablan y de quien dicen que tiene poder para cambiar la vida de una persona... La cuestión es que hay mucha gente que también quiere ver a Jesús, y esto supone para él un contratiempo pues era de pequeña estatura: “Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura”.

Tiene que escoger. O se sube a un árbol para poder verle, o deja pasar de largo la ocasión. Ahora bien, que Zaqueo, siendo como era un personaje tan importante, se suba a un árbol como un chiquillo más, le podía echar para atrás. Sabe que si lo hace va a ser el hazmerreír de todos, le van a perder el respeto; sabe que su pequeña estatura será por largo tiempo el motivo de conversación de todos los corrillos. Sabe todo esto pero se sube al árbol. Su interés por encontrar la Vida era muy superior a todos los inconvenientes que hemos descrito y que, por cierto, no eran nada leves.

Salomón dijo que buscaría todos los medios para hacer suya la Sabiduría, Zaqueo los llevó a cabo para conocer a Jesús. Salió de su casa, fue a su encuentro y, ante la imposibilidad de verle, se subió a un árbol... ¡Mucho le tenía que interesar a Zaqueo el encuentro con Jesús! Mucho, pero mucho más le interesaba este encuentro a Jesús, Tanto que, olvidándose del griterío, levantó la cabeza, cruzó su mirada con la suya y le dijo: "Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa".