Domingo XV del Tiempo Ordinario
12 de julio de 2009

La homilía de Betania


1.- NOS HA ELEGIDO ¿SE PUEDE PEDIR MÁS?

Por Javier Leoz

2.- ENTRE EL BASTÓN Y LAS SANDALIAS

Por José María Maruri, SJ

3.- SE PUEDE Y SE DEBE VIVIR DE OTRA MANERA

Por Gabriel González del Estal

4.- PREGUNTAS EN LA ADUANA

Por Gustavo Vélez, mxy

5.- AUDACES A LA HORA DE SEGUIR A JESÚS

Por Antonio García-Moreno

6.- MISIÓN URGENTE

Por José María Martín OSA

7.- SIN DINEROS, SIN ALFORJAS

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILIA MÁS JOVEN


PROFETAS Y AVENTUREROS

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- NOS HA ELEGIDO ¿SE PUEDE PEDIR MÁS?

Por Javier Leoz

El día de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el Papa Benedicto XVI, abría oficialmente al Año Sacerdotal. Un Jubileo que, entre otras cosas, está destinado a rezar por todos aquellos que hemos sido llamados al Ministerio Sacerdotal.

1.- Son muchos los nubarrones que se ciernen sobre la vida sacerdotal. No es fácil, hoy tal vez con más severidad que nunca, ser sacerdote. Entre otras cosas porque, ser apóstol, implica no doblegarse ante la voluntad del mundo; ser profeta que anuncie, pero que también denuncie situaciones que llevan a la injusticia, a la degradación de la vida, al olvido o manipulación de los derechos del hombre. Ciertamente, hoy no es fácil ser sacerdote. Menos, por supuesto, ir contracorriente en un mundo tan acostumbrado a ser plastilina en manos del alfarero de la moda.

Al leer la segunda lectura de la liturgia de este día, San Pablo nos anima a continuar en nuestra tarea: ¡DIOS NOS HA ELEGIDO! Y, si el Señor nos ha señalado, nos acompaña en nuestros avatares, dificultades, proyectos, inquietudes y desvelos. No podemos defraudar a Aquel que, en Cristo, nos llama a “ser irreprochables por el amor”.

2. - Nuestra fe, además de personal, ha de ser contagiosa. No podemos recluirla en la caja de cristal que existe en el corazón de cada persona. La fe, como si de una bomba racimo se tratara, explota y se expande allá donde existe un afán evangelizador; donde los cristianos, sintiéndose tocados y elegidos por Dios, no se repliegan y saben que están llamados a ser profetas o altavoces del Evangelio.

Los elegidos no solamente son o somos los sacerdotes; todos, desde el momento de nuestro Bautismo, insertados en el Cuerpo de Cristo que es su Iglesia estamos convocados y urgidos a desarrollar –con nuestros carismas, habilidades, dones, talentos e inteligencia- una misión personal que nada ni nadie en nombre de nosotros podrá realizar. ¿Por qué? Porque cada uno, allá donde está, debe dar su peculiar color a su vida cristiana y, con su vida cristiana, color a todo lo que le rodea.

3.- Hoy, además de sacerdotes, necesitamos cristianos convencidos. Hombres y mujeres que, siendo conscientes de que creen y esperan en Jesús, están llamados a participar de la encomienda de Jesús: “id por el mundo”.

Lo haremos, por supuesto, en comunidad. No está bien llevar a cabo, las cosas de Dios, en solitario. Intentaremos quitar hierro a tantas situaciones que se producen en nuestro entorno. Nos alejaremos de todo aquello que nos haga pensar que, la evangelización, depende sólo y exclusivamente del factor humano y, mirando al mundo –sin imposiciones y con propuestas concretas- intentaremos llevarles la alegría del Evangelio. ¡Cómo no vamos a estar contentos de que el Señor nos haya elegido! ¿Se puede pedir más?

4.- CONTIGO IRE, SEÑOR

Si soy padre, hablaré a mis hijos

de tu poder y de tu gracia

que eres PADRE que protege y anima

que habla, con autoridad, en momentos de indecisión,

y corrige con palabras de comprensión.

CONTIGO IRE, SEÑOR

Si soy madre, les transmitiré a los míos

el amor y la ternura que se dan en tu corazón.

Les haré ver que, en Tí, está la salvación

que tus brazos siempre esperan

que en tu regazo siempre hay un lugar

para, después del pecado, volver al encuentro

CONTIGO IRE, SEÑOR

Si soy hijo, daré gracias a tu nombre.

Por la juventud de mis días

porque, tal ves sin aún yo saberlo,

me llamas a ser de los tuyos

a ser profeta, sacerdote

o amigo que anuncie tu Reino.

CONTIGO IRE, SEÑOR

Si soy sacerdote,

levantaré una y otra vez mis manos hacia el cielo:

para buscar tu fuerza y tu presencia

para que nunca les falte a tus hijos

el pan consagrado de la Eucaristía

o la fortaleza de tu Santo Espíritu.

El perdón, cuando el pecado asoma

Tu Bendición, cuando el mundo

deja de sorprendernos y nos deja tirados en el suelo

CONTIGO IRE, SEÑOR

Si soy cristiano,

bendeciré tu nombre.

Porque me llamas a ser instrumento de tu amor

Porque permites que sea de los tuyos

Porque me hablas de una ciudad eterna

Porque me dices que, los que viven junto a mí,

lejos de ser adversarios, son hermanos.

Porque, cumplir la voluntad de Dios,

sus bienaventuranzas y sus mandamientos

es camino seguro para llegar a buen puerto.

CONTIGO IRE, SEÑOR


2.- ENTRE EL BASTÓN Y LAS SANDALIAS

Por José María Maruri, SJ

1.- Esta lista del equipo de los apóstoles me recuerda siempre la lista del equipo que teníamos que llevar al noviciado cuando ingresamos en la Compañía de Jesús y honra muchísimo a esta institución que es lo único que en los muchos años de vida en la Compañía pidió a mi familia.

Mateo, Marcos y Lucas ponen esta lista del equipo pero no se ponen de acuerdo en el bastón y las sandalias Mateo no admite ni sandalias ni bastón Marcos admite el bastón y las sandalias y Lucas no admite el bastón y se le olvidan las sandalias.

Lo cual quiere decir la poca importancia que dieron ellos a esa lista del ajuar para quedarse sólo con lo importante y es que el Señor les aconsejaba ir a predicar no agobiados por una de esas inmensas mochilas que llevan a veces chicos y chicas para ir a la montaña.

Lo importante es la disposición desprendida y generosa del apóstol, o cura de turno que no debe olvidarse de estas palabras del Señor de que debe dar gratis lo que gratis ha recibido que es la Fe. Esto se lo saben muy bien, más que los curas los fieles y por eso son generosísimos cuando se pide para el Hambre... el Domund, etc. y se les arruga el bolsillo cuando se pide para el mantenimiento de la Parroquia.

Y como los "curas" deben acordarse de aquel dar gratis lo que gratis recibieron los fieles deberían acordarse de lo que en este mismo pasaje pone San Mateo, hombre más acostumbrado a los números y es "que el obrero merece su sustento por eso no está bien que los fieles nos apliquéis la eutanasia pasiva a vuestros "curas" aunque en nuestros casos siempre la Compañía sale generosísimamente en nuestra ayuda.

2.- Sabéis lo que vosotros y nosotros solemos olvidar que el Reino y su extensión no depende de medios humanos y tal vez vosotros y nosotros confiamos más en medios humanos que sobrenaturales.

Allá por los años 20 del siglo pasado –ya hace muchos años-- se discutían los primeros puestos en nuestra Casa Profesa de la calle la Flor (que fue devastada e incendiada por las democráticas hordas republicanas de los años 30) digo que se llenaba nuestra iglesia para oír a un célebre predicador, de gran fama entonces el Padre Alfonso Torres su pensamiento preclaro corría ligero por frases pulidas y concertadas y los más ignorantes, y que no entendían ni palabra, se veían forzados a alabarlo por que eso redundaba en propia alabanza haber escuchado y entendido a tan gran predicador.

Y en esa misma Casa Profesa había otro hombre, ese Padre Rubio –a San José María Rubio-- cuya tumba tenemos en el claustro de la Iglesia de la calle Serrano, y nadie cuenta alabanzas de su predicación, pero todos cuentan que desde el momento que el Padre Rubio, lleno de Dios aparecía en la iglesia se hacía un silencio respetuoso y profundo que llegaba al corazón. Del Padre Alfonso Torres han quedado sus elocuentes sermones del Padre Rubio no ha quedado mas que su santidad. No olvidéis y no olvidamos que eso es lo único que importa.

3.- El Señor acepta la hospitalidad tan propia de la mentalidad hebrea el huésped no debe ser un parásito. La didajé, o enseñanza de los apóstoles reduce a dos días esa estancia del enviado y más o menos concuerda con aquel dicho chino que dice "el huésped como el pescado al tercer día huele mal".

San Marcos insiste en la no hospitalidad, en el rechazo que va a encontrar el que quiera extender el Reino de Dios. El enviado, el pobre cura, no es un representante de una casa comercial, que se vale de la excelencia de los productos y su precio módico para vender sus productos, el pobre cura tiene que hacerse impopular no pocas veces diciendo que está mal lo que todo el mundo dice que está bien, apareciendo como un ensotanado opositor retrógrado del aborto como una señora dijo recientemente en TV, y que lo dijo, claro, porque era una defensora a ultranza del aborto. Y para ella si había sitio en la TV.


3.- SE PUEDE Y SE DEBE VIVIR DE OTRA MANERA

Por Gabriel González del Estal

1.- Sí, se puede vivir como Dios manda, como Cristo quería que vivieran sus discípulos: con una sola túnica y con un solo bastón, sin tener asegurados ni el pan, ni el dinero, ni el vestido. Proclamando, con nuestra vida, un evangelio de conversión y una actitud continua de servicio a los demás. Esto, en nuestro tiempo, no nos va a exigir maldecir el pan, sino todo lo contrario, nos exigirá vivir de tal modo que a nadie le falte el pan que necesita; no nos va a exigir despreciar el dinero, sino saber usar el dinero superfluo en beneficio de los que no tienen el dinero necesario para vivir; no nos va a exigir vestir miserablemente, lo que nos exigirá es no gastarnos el dinero en comprar ropas de última moda, o en atenciones y cuidados corporales puramente estéticos. Se puede y se debe vivir con sobriedad y con moderación en el comer, en el vestir, en los gastos habituales de cada día. Y se puede y se debe predicar esto a los demás: a nuestros hijos, a nuestros familiares y amigos, a todo el que nos vea y nos conozca. El vivir con sobriedad y con un cierto espíritu franciscano, pensando siempre en ayudar a los demás, no sólo no nos va a hacer más infelices, sino que, al contrario, nos pondrá en el camino de la verdadera felicidad. Y los que nos vean vivir de esta manera no sólo no nos van a despreciar, sino más bien todo lo contrario. Pensemos en la resonancia mediática que ha tenido, en estos últimos días, la vida y muerte de Vicente Ferrer, el hombre que, siguiendo los consejos de Jesús de Nazaret, dedicó los mejores cuarenta años de su vida a vivir como un pobre y entre los pobres, gastando todas sus fuerzas físicas y espirituales en ayudar a los más necesitados, en la India. En un periódico, de orientación manifiestamente atea, leí que “la vida de Vicente Ferrer nos reconcilia a muchos con una Iglesia que tanta violencia y destrucción ha creado en el mundo”. Esto nos demuestra que vivir, en este tiempo nuestro, como Jesús de Nazaret quería que vivieran sus discípulos y como él mismo vivió, no sólo no escandaliza a nadie, sino que ayuda a muchas personas a comprender y valorar el verdadero sentido del evangelio que predicó nuestro Maestro, Jesús de Nazaret.

2.- Vidente, vete. El profeta Amós, ya en el siglo VIII antes de Cristo, en el tiempo en el que vivió Homero, predicaba, en Betel, un evangelio no de simple reforma, sino un evangelio de auténtica conversión. Se lo predicaba así al pueblo y denunciaba a las autoridades corruptas, que estaban haciendo de la religión un negocio suculento para ellos. Y, claro, las jerarquías del santuario real y del templo del país, clamaron contra él y consiguieron que el rey le expulsara de su territorio. Predicar la pureza entre gente impura escuece y predicar la justicia a gobernantes radicalmente injustos y corruptos es un oficio arriesgado. La vida de Cristo y la del profeta Amós así lo atestiguan. También en nuestro tiempo y en nuestra sociedad decir la verdad y luchar contra la injusticia tienen poca rentabilidad social y política. Pero nuestra condición de seguidores de Jesús de Nazaret debe forzarnos e impulsarnos a predicar siempre, con nuestra palabra y con toda nuestra vida, un evangelio de vida, de justicia, de santidad y de gracia.

3.- Nos eligió para que fuéramos santos e irreprochables ante él por el amor. Así deben ser los hijos de Dios, así debemos ser todos los cristianos, seguidores de un Maestro que hizo de su vida, pasión y muerte, un testimonio y un ejercicio de amor al prójimo. No aspiramos a ser santos e irreprochables por amor a nosotros mismos, egoístamente, sino por amor a Dios y a nuestros hermanos. El cristianismo es una religión que hace del amor el fundamento y el motor de todos nuestros pensamientos, palabras y obras. <A esto hemos sido destinados por decisión del que hace todo según su voluntad>. Seguro que también nosotros, si estamos <marcados por Cristo con el Espíritu Santo prometido>, haremos de nuestras vidas un testimonio y un ejercicio de amor a Dios y al prójimo. Que siempre sea así.


4.- PREGUNTAS EN LA ADUANA

Por Gustavo Vélez, mxy

“Llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan ni alforja, ni dinero suelto en la faja”. San Marcos, cap. 6.

1.- Ante la aduana de la muerte nos van a preguntar quiénes somos. Pero también qué hemos hecho a favor de los demás. En otras palabras: ¿Hemos sido apóstoles de Cristo? “A la tarde de la vida nos examinarán del amor”, resumió san Juan de la Cruz.

El Maestro envía a los Doce a una misión de ensayo, luego de haberlos conformado como grupo. También el gran sacerdote de Jerusalén se comunicaba con los judíos de otras naciones, por medio de mensajeros oficiales. Para esa primera excursión Jesús les hace una serie de advertencias, que podemos entender como objetivas, o tal vez simbólicas: “Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más. Pero ni pan ni alforja, ni dinero suelto en la faja”. En el texto de san Mateo se especifican tres metales, con los cuales se acuñaban entonces las monedas: Oro, plata y bronce para las más pequeñas. Un pliegue del ceñidor o del lienzo que cubría la cabeza, servía a los judíos de monedero. “Que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto”, añade san Marcos.

2.- Los pueblos orientales aseguran que el huésped trae consigo las bendiciones de Dios. Por lo cual la hospitalidad abre sus hogares a los peregrinos. Así aquellos apóstoles viajeros no necesitarían llevar muchas cosas para su tarea por pueblos y ciudades. Tendrían poder para expulsar demonios y sanar enfermos, ungiéndolos con aceite. Aunque en los textos evangélicos no consta que lo hayan hecho.

El saludo ritual de estos enviados, como lo apunta san Lucas, habría de ser la “shalom”, que hoy todavía se usa entre los judíos. Un deseo de paz que nace del corazón del visitante, y resuena en la familia que lo acoge. De lo contrario, el visitantes se irá sacudiendo vestidos y sandalias y ese don se volverá con él. Si creemos en Cristo, también recibimos un encargo: Atraer a muchos al Evangelio, mediante nuestro testimonio de vida. Y remediar las estructuras injustas que golpean a numerosos hermanos. Tareas que la mayoría de nosotros podemos realizar sobre nuestra propia geografía. Valdría entonces evaluar nuestra honradez y transparencia. Y preguntarnos: ¿Qué hacemos en favor de los demás?

3.- No es justo satanizar el progreso y las comodidades. Sin embargo, cuando poseemos demasiado, se nos asfixia el corazón y no pensamos en quienes nos necesitan. En tiempos de don Pedro Picapiedra, la gente fue quizás más austera y también más solidaria.

Conectado a un cilindro de oxígeno, un enfermo terminal contemplaba las cosas que había a su alrededor: Obras de arte, porcelanas, recuerdos de sus viajes por el mundo. Una colección de pipas ahora inútiles. La caja fuerte disimulada en la pared, libros de muchos temas, fotografías de los parientes. Preciosos muebles…y un retazo de cielo que se asomaba continuamente a su ventana.

De pronto muchas lágrimas le mojaron el rostro. Pero no lloraba de dolor. Era una paz serena y profunda que le envolvía el alma. Verificaba que había sido hombre de bien y había compartido, casi de forma compulsiva, con la gente más necesitada.


5.- AUDACES A LA HORA DE SEGUIR A JESÚS

Por Antonio García-Moreno

1.- Un derroche.- "Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo" (Ef 1, 3). Como otras muchas veces, en los escritos paulinos encontramos lo que técnicamente se llama una doxología, exclamaciones de alabanza a Dios, expresiones llenas de júbilo y de gratitud. En este pasaje tenemos una de las más bellas y extensas doxologías de San Pablo. Comienza con esta frase que todavía hoy es usual entre nosotros: Bendito sea Dios. Una expresión que la gente sencilla y buena sigue repitiendo en circunstancias de alegría y también de penas.

Sí, siempre que el hombre se siente cerca del Señor, por la alegría o por el dolor, exclama con espontaneidad: Bendito sea Dios... Aquí Pablo expone los motivos que le hacen exclamar gozoso esas palabras tan significativas. Ante todo porque Dios nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales, nos ha elegido para que fuéramos santos e irreprochables ante él por el amor. Antes de crear el mundo ya pensaba Dios en cada uno de nosotros, ya nos amaba, ya deseaba favorecernos, ayudarnos, darnos la vida eterna, hacernos felices a través del amor ... Ante todo esto no cabe otra cosa que exclamar llenos de alegría: Bendito sea Dios.

Sigue San Pablo con entusiasmo: "Él nos ha destinado en la persona de Cristo -por pura iniciativa suya- a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia, ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el Misterio de su voluntad".

Un derroche, dice San Pablo. Un derroche porque son infinitos los bienes que Dios nos ha concedido, infinitos en cantidad, y, sobre todo, en cualidad. Bienes que no acabamos de apreciar porque somos tremendamente torpes, tremendamente materialistas. Por eso existe el peligro de que ese derroche por la abundancia, se convierta en un derroche por la inutilidad de su aprovechamiento. Es decir, que todo el inmenso bien que Dios nos quiere comunicar se quede en muy poco, o nada, a causa de nuestra desidia, a causa de nuestra torpeza, de nuestra ingratitud, de nuestra mezquindad... Ojalá recapacitemos, ojalá rectifiquemos a tiempo, ojalá comprendamos el derroche de amor que Dios hace con nosotros y le correspondamos de forma adecuada.

2.- Enviados de Cristo.- El Señor fue preparando de forma paulatina a sus apóstoles; aquellos hombres que, a pesar de sus limitaciones, fueron escogidos para la misión de implantar el Reino de Dios sobre la tierra. Eran hombres rudos, algunos incluso ignorantes, torpes a menudo para entender las cosas de Dios. Sin embargo, fueron generosos, audaces a la hora de seguir a Jesús. Se olvidaron de sus propios defectos y confiaron plenamente en el poder divino.

Para aumentar su confianza en Dios, fueron enviados sin dinero, con lo puesto casi. Ellos no lo pensaron dos veces y marcharon por los caminos de Palestina, recorriendo los pueblos y alquerías para anunciar que la salvación había llegado con Jesús de Nazaret, el joven Rabí que enseñaba la comprensión mutua, la conquista de un mundo mejor a través de la propia renuncia, de la entrega por amor a Dios en el servicio a todos los hombres.

Era una aventura para gente joven, para hombres y mujeres que supieran de amores limpios y nobles, para "locos de remate" que se olvidaran de sí mismos y se preocuparan de los demás. Se trata de una tarea de redención universal, de una guerra donde las armas son la persuasión amable, la oración ferviente, el sacrificio escondido, la santidad personal en una palabra.

Aquellos pescadores y labriegos emprendieron una marcha que ha de durar durante siglos, la marcha de los misioneros evangélicos. Fue la primera misión y tuvo un éxito rotundo. Volvieron gozosos y radiantes porque la paz y la alegría habían brotado al conjuro de sus palabras. Aquello era sólo el principio, una prueba fehaciente de que quienes se ponen en camino en nombre de Cristo, a pesar de sus limitaciones personales sembrarán con eficacia la semilla de la fe, del amor y de la esperanza.


6.- MISIÓN URGENTE

Por José María Martín OSA

1.- Lo que importa es el anuncio, no los medios. Jesús insiste en la urgencias de anunciar y establecer el Reino de Dios cuanto antes, pero nos hace ver que lo importante es el anuncio, no los medios empleados en la evangelización. Por eso nos dice que no llevemos talega, ni alforja, ni sandalias. Por muchos recursos que se empleen hoy en la pastoral, lo fundamental será siempre la transmisión de nuestra experiencia de Jesús de Nazaret. Esto exige en nosotros una conversión de vida y una disponibilidad radical para escuchar su Palabra y anunciarla con valentía. El premio está asegurado, pues nuestros nombres estarán inscritos en el cielo. No es que haya que buscar la recompensa, pues ésta se encuentra ya en el gozo que produce el anuncio de la Buena Noticia. No hay que temer el rechazo, Jesús mismo fue rechazado y nos pide que no nos desanimemos: “sacudíos el polvo de los píes”. Jesucristo nos acompaña en la misión, por eso estamos alegres y seguros de que merecerá la pena. Si echas una mirada a nuestro mundo te darás cuenta de la urgencia de la evangelización, no escurras el bulto lánzate a comunicar a otros lo que tú has conocido.

2.- El Evangelio emplea sólo una palabra para decir qué debían predicar los apóstoles a la gente: la conversión. Nuestro mundo, y cada uno de nosotros, necesita convertirse. No vamos por buen camino, tenemos que volver a revivir nuestro compromiso cristiano. La invitación de Jesús para llevar a cabo este anuncio se dirige en primer lugar a los apóstoles, y hoy a sus sucesores: el Papa, los obispos, los sacerdotes. Pero no sólo a ellos. Éstos deben ser las guías, los animadores de los demás, en la misión común. Pensar de otro modo sería como decir que se puede poner en pié un equipo de fútbol sólo con un entrenador y un árbitro, sin jugadores. Pensó que su misión tenía que continuar, ser permanente, de manera que cada persona, en todo tiempo y lugar de la historia, tuviera la posibilidad de escuchar la Buena Nueva del amor de Dios y ser salvado.

3- “De dos en dos”. Una enseñanza importante: les envía de dos en dos. Eso de ir de dos en dos era habitual en aquellos tiempos, pero con Jesús asume un significado nuevo, ya no sólo práctico. Jesús les envía de dos en dos para inculcar la caridad, porque con menos de dos personas no puede haber caridad. El primer testimonio que tenemos que dar es el del amor recíproco. Es algo que también hay que recalcar hoy. La Iglesia no anuncia el Evangelio para aumentar su poder o el número de sus miembros. Si actuara así, traicionaría el Evangelio. Lo hace porque quiere compartir el don recibido: la Buena Noticia del amor Dios y la presencia de Jesucristo entre nosotros.


7.- SIN DINEROS, SIN ALFORJAS

Por Ángel Gómez Escorial

1.- El Señor Jesús manda a sus Apóstoles a predicar. Han de ir de dos en dos. Y sin medios, sin dineros, sin alforjas. Eso es lo que se ha venido en llamar la pobreza apostólica. A veces las buenas obras –el apostolado, la ayuda a los hermanos—no se llevan a cabo porque especulamos y calculamos en demasía los medios que necesitan para cumplir esa misión. Y al final el primer impulso queda ahogado de tanto planificar. Y no debe ser así. En cuanto el Señor nos lo mande hemos de salir inmediatamente a la calle. Vamos a recibir gracias suficientes para realizar nuestro trabajo. Los Apóstoles van a ser capaces de expulsar a los espíritus malignos y curaran con la unción con aceite. Ya se anuncia aquí lo que será después el sacramento de la Unción, sacramento este que es de vivos y no de muertos. Y que debe recibirse para ser curado y no a modo de extremaunción. Solo el poder divino puede expulsar demonios y curar enfermos. Y esa es la prueba que el Señor va a dar mucho poder a los Apóstoles –y a todos los que quieran dedicarse al apostolado—para mejor cumplir su misión. Y la difusión de la Palabra de Dios debemos confiar más en la ayuda del Señor, que en nuestras propias fuerzas, aunque para evitar tentaciones del Maligno, hemos de poner todo nuestro esfuerzo en ese empeño. Hemos de salir al campo inmediatamente y comenzar a trabajar.

La característica de ese trabajo evangelizador está excepcionalmente bien reflejado en fragmento del Capítulo Siete del Libro de Amós, que hemos leído hoy. El encargo al profeta es muy preciso y sin lugar a dudas. Y así suele presentarnos Dios sus proyectos. Pero eso sí: debemos tener muy abiertos los “oídos del corazón” para comprender su mensaje. Igualmente, Jesús cuando manda a los Doce les indica lo que tienen que hacer, incluso “sacudirse el polvo de los pies o llevar solo un bastón.

2.- Hemos comenzado la lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Efesios. Y ese inicio se ha convertido en uno de los himnos más bellos que utiliza la Iglesia. Pero es además una declaración teológica de gran hondura y la confirmación como proyecto divino de lo que es la Iglesia. La doctrina de Pablo sobre Cristo como cabeza y los demás fieles (la Iglesia) como cuerpo es un designio de Dios que da vida a nuestra actividad común, entonces y ahora. No hemos de olvidar la substancia divina que reside en la Iglesia. No es una organización estrictamente humana, mejor o peor dirigida o intencionado. Es una fundación de Dios, basada en la misión de su Hijo Unigénito para reconciliar al mundo.

3.- Y sirvan estas últimas palabras a modo de epilogo y recordatorio para toda la semana. El comienzo de la Carta de San Pablo a los Efesios se utiliza como himno en la Liturgia de las Horas. La mayoría de los inicios de las epístolas paulinas contiene bellísimos actos de acción de gracias por la conversión de sus discípulos. La obra que conocemos de San Pablo es más que monumental y muy importante para el desarrollo de la Iglesia. Es un compendio doctrinal de tal naturaleza que bien podríamos decir que "ya no ha hecho falta más". Pero la importancia de San Pablo no eclipsa el mensaje evangélico propiamente dicho a cargo de los cuatro evangelistas. En el texto de San Marcos de esta semana hay un encargo para salir a predicar. Es un como un entrenamiento previo apara acciones mayores y futuras. Les da poder para expulsar a los espíritus malos y para curar y no puede dejarse de pensar la gracia recibida. Unos rústicos pescadores van a tener inmediatamente capacidad para exponer que es el Reino de Dios y, además, curaran del cuerpo y del espíritu. Hay siempre en la acción del apostolado una aportación de fuerzas que no parece propia. Ciertamente, no es una cuestión "automática". Donde uno cree que va a ser más fácil convencer, resulta muy complicado; pero, inesperadamente, aparecen otros momentos que todo se presenta como más fácil. Jesús estaba con los apóstoles --predicadores y peregrinos-- que salieron al mundo. Está, también, con todo aquellos que se inician en la misión de llevar la Palabra de Dios a los otros hermanos. Dios está con todos los apóstoles, con quienes ejercen con esperanza el apostolado.


LA HOMILIA MÁS JOVEN


PROFETAS Y AVENTUREROS

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- En la época del profeta Amós, mis queridos jóvenes lectores, el pueblo hebreo estaba dividido y formaba dos naciones: el reino del norte o de Israel y el del sur o de Judá. Ambos tenían sus santuarios. Por mucho que el texto bíblico nos quiera inculcar que el de Jerusalén era exclusivo, en realidad se conservaban los otros lugares sagrados tradicionales, recibiendo trato reverente y conservando sus propios sacerdotes.

Amos era un pobre hombre que ejercía en el sur de pastor y, a ratos libres, recogía frutos de sicomoro y los ponía a secar al sol, consiguiendo lo que hoy llamaríamos un sobresueldo. El sicomoro es un árbol que vuelve a abundar en aquellas tierras. Cuentan que recibe este nombre porque sus hojas se parecen a la morera y sus frutos a los higos. He comido en alguna ocasión y no me han entusiasmado. Lo que pasa es que me los ofrecía una buena mujer de Jericó, recogidos de un gran ejemplar que recordaba el episodio de Zaqueo y por eso lo saboreé con fruición. Pero ya os he dicho que es un fruto de inferior calidad. Y ser pastor, en aquel tiempo, no era ocupación envidiable. Y ya lo veis, a un hombrecito de tan poca talla, se le ocurre a Dios escogerlo para profeta. Ser profeta es responder a una vocación arriesgada. Es estar dispuesto a ir a donde sea y denunciar a quien sea, si así lo quiere Dios. Y sin remilgos, ni descuentos, ni retrasando el encargo. El profeta debe decir lo que por encargo de Dios le conviene oír y cumplir al pueblo.

2.- A nadie le gusta que vengan de fuera a descubrirle sus trapitos sucios. En diplomacia una intromisión en los asuntos internos, supone la expulsión inmediata. La cosa viene de antiguo, el sacerdote de Betel, hoy un villorrio de Palestina, situado al norte de Jerusalén, le irrita que este mocoso del sur le venga de parte del Señor a advertirle de sus errores y de inmediato le indica que se vaya a su casa y a su ocupaciones y que le deje en paz. Aparentemente es lo justo, me diréis. Pero cuando interviene Dios, las cosas pueden cambiar de signo. Es lo que le recuerda el solitario Amos.

Un profeta incomoda casi siempre, recordad a los tales de nuestro tiempo: Casaldaliga, Helder Camara, Abbe Pierre, Proaño, Romero, por citar algunos de los más conocidos. Amenazados de muerte, alguno asesinado, destaca en ellos la fidelidad y valentía sin ningún ánimo de lucro. Claro que lo que os he dicho no siempre se cumple. Estoy pensando en Chiara Luvich o en Teresa de Calcuta, profetas sin duda y de gran talla y que nunca, que yo sepa, ni siquiera fueron amenazadas. ¿Quién de vosotros se apunta a obrar con valentía como Amos?

3.- El fragmento evangélico es encantador. Jesús practicaba aquello que posteriormente se ha venido a llamar formación por la acción. A los incipientes discípulos les lanza a la aventura de la evangelización. Lo propio de las sectas, y de los que actúan con espíritu y técnicas sectarias, es la desconfianza. Quieren siempre estar seguros de sus colaboradores. El Señor, no. Era consciente de que el Padre Eterno había arriesgado su entrada en el mundo a la generosidad de una chiquilla, Santa María, y que le había salido bien. El arriesga la fundación de su Iglesia poniéndola en las manos de inexpertos galileos. Y también le salió bien. Buena prueba de ello es que dura y durará. Porque también en la actualidad confía en nosotros, no de mejor calaña que sus amigos de aquel tiempo.

A las recomendaciones, ropa y calzado aconsejado, hoy llamaríamos equipo de subsistencia. La ruta que les abre e invita a seguir es pura aventura. La aventura que les propone, la aventura que os propone y la que me encomienda a mí también, es apasionante. Os lo aseguro, mis queridos jóvenes lectores, algunos me han propuesto que escribiera mis memorias, ahora que soy viejo, pero yo les respondo que lo interesante no es lo que yo he hecho, lo asombroso es lo que Dios me ha ofrecido. Lo es tanto y en tantas ocasiones que si quisiera contarlo no cabría en ningún libro.

4.- No lo dudéis, si estáis pensando en diseñar vuestro futuro, más que pensar en salidas profesionales o en seguridades económicas, preguntaos a qué aventura os invita el Señor. Tomad una hoja de papel de calidad en blanco y firmad en la parte inferior. Él irá trazando el itinerario. Cuando os tiente la duda, cuando rocéis el fracaso, cuando flaqueen vuestras fuerzas, cuando la niebla espiritual desdibuje vuestro entorno próximo, enseñadle a Dios la hoja firmada en blanco y exigidle, sí exigidle, que escriba en ella, que os avale. Descubriréis entonces que, sin saberlo, estaba a vuestro lado. Es el caminante de Emaús. El acongojado de Getsemaní. El compañero nocturno, con cierta dosis de ironía, como lo fue con Nicodemo. El sufriente angustiado del Calvario. Y, de repente, le notaréis resucitado, dándoos fuerzas y coraje.

Si este verano que empieza disfrutáis de vacaciones, no lo dudéis, en vuestro horizonte contemplad barrios marginales de cualquier gran ciudad, actividades al aire libre en las que podréis entusiasmar con vuestra Fe, no contentándoos con recomendaciones ambientales, posibles cambios climáticos e intercambios culturales. África es una cima espiritual más fascinante que sus montañas. Latinoamérica más encantadora que sus costas caribeñas. India misteriosa, donde la pobreza forma parte de su extenso paisaje, os puede iniciar en caminos semejantes a los que encontraron Teresa de Calcuta o Vicente Ferrer.

Continuaré pensando en vosotros, continuaré rezando por vosotros, continuaré dispuesto a serviros, si solicitáis mi ayuda. Dios es sorprendente y su imaginación portentosa, os lo repetiré siempre.