Esta página de Opinión trae cinco artículos de gran interés. Nos complacemos de presentarlos a nuestros lectores.


1.- BIENAVENTURANZAS DEL SACERDOTE

Por Javier Leoz**

Bienaventurado el sacerdote que siempre mira al cielo, tendrá siempre la oportuna respuesta para los hombres que viven y preguntan en la tierra

Bienaventurado el sacerdote que no olvida a Cristo, porque tampoco el Señor le dejará de lado cuando esté frente a El

Bienaventurado el sacerdote que confiesa y perdona en nombre de Cristo, porque la puerta del cielo se abrirá para aquellos a los cuales tanto se perdonó desde la misericordia de Dios

Bienaventurado el sacerdote que permanece en silencio, porque sentirá la fuerza omnipresente y protectora de Dios

Bienaventurado el sacerdote que es fuerte ante las dificultades, porque sentirá el peso y la dureza de la Cruz de Cristo

Bienaventurado el sacerdote que bendice, ama y acompaña, porque irá dejando semillas del amor de Cristo allá donde sus pies caminen

Bienaventurado el sacerdote que da lo que tiene, porque su caridad será recompensada por el Maestro que tanto hizo y dio

Bienaventurado el sacerdote que busca y avanza en la perfección, porque en la altura de miras estará la grandeza de su vocación

Bienaventurado el sacerdote que cree contra toda esperanza, que pregona a pesar de los rechazos, que avanza a pesar de los frenos del mundo, que alegra los corazones atribulados, que no se amilana ante la cizaña que encuentra a su paso, que siente como suyas las grandes heridas del mundo, que llora con los débiles y es solidario con los pobres de espíritu.......

Bienaventurado el sacerdote que, siendo perseguido o calumniado, sabe que su fuerza y su poder están en la Palabra del Evangelio, en el alimento de la Eucaristía, en la intimidad de la oración, en la comunión con toda la Iglesia.

¡Estad contentos, sacerdotes, porque un gran SACERDOTE ETERNO nos espera en el cielo!

**Javier Leoz Ventura (sacerdote) Diócesis de Pamplona (Navarra-España)

 

2.- AYER VOLVÍ A VERLA

Por David Llena**

Me encuentro fuera de casa por motivos de trabajo y durante el viaje tuve la suerte de pasar un rato junto a Santa Ángela de la Cruz, la santa sevillana y rezar por la familia, los enfermos y los pobres que eran sus predilectos, por la Iglesia, los sacerdotes y las personas consagradas, por aquellos que están en los seminarios y también por Betania.

El tiempo pasó volando, estuve apenas unos minutos junto a ella, donde presenté mis plegarias. Lo tuve que hacer de pie pues no quedaba sitio en la capilla que estaba ocupada por parte de la gente que acudía a misa en la Iglesia de la casa que está junto a la capilla y era tan grande la afluencia que parte de los asistentes seguían la celebración desde la capilla Santa Ángela. Luego pude arrodillarme unos momentos ante Santa Ángela y observé como Sevilla sigue siendo bendecida por Dios a través de esta Santa.

Santa Ángela yace bajo el altar de la capilla y justo a la derecha hay un crucifijo. Desde el principio, ella acogió el crucificarse con Cristo. Según cuenta ella, tuvo una visión donde aparecía Cristo crucificado y frente a Él otra cruz vacía y sintió como Jesús la invitaba a subir a ella. Angelita, que así la llamaban, no lo dudó y vivió crucificada en permanente atención a los pobres y necesitados de la Sevilla del siglo XIX.

En aquel oasis todo sigue igual. Es permanente el fluir de personas: devotos, acompañantes, curiosos, visitantes pero al final todos vienen a compartir sus problemas con Santa Ángela. Las peticiones se suceden, las lágrimas ruedan con facilidad, e incluso por momentos hay que hacer cola para poder arrodillarse delante de la santa.

En la puerta, siempre abierta, nos recibe la sonrisa de una de sus hijas, las Hermanas de la Cruz, pero ya todo el mundo conoce el camino hasta la capilla Santa Ángela. Y sigue volviendo a ser impactante la salida, dejando atrás un ambiente de fe y entrando a la Sevilla del Siglo XXI, con su diario devenir.

**David Llena, laico y casado, es profesor de matemáticas en la Universidad de Almería.

 

3.- TIEMPO DE DESCANSO

Por Pepe Lozano**

Todos pensamos que, cuando llega el verano, o en otra época del año, hemos de tomarnos unos días de vacaciones. Tenemos claro que, si hemos trabajado durante el año, tenemos que descansar algunos días. Las vacaciones las miramos y son un derecho. Pero, si contemplamos la sociedad en que vivimos, nos damos cuenta de que hay muchas personas que no pueden disfrutar de ese derecho, hay muchas gente, casi la mitad de la población, que no tiene vacaciones. Esto quiere decir que, las vacaciones, aunque son un derecho, en nuestra sociedad, el disfrutarlas todavía son un privilegio. Y hay personas, los parados, que están de vacaciones a la fuerza.

Los cristianos, si tenemos vacaciones, nos planteamos cómo vivir este tiempo desde la fe, miramos a Jesús para todos los pasos que damos en nuestra vida. Para Jesús es importante el descanso, pero sobre todo, lo importante es cómo hemos de vivir el descanso, para qué hemos de emplear el descanso, porque “la persona no está hecha para el descanso, sino el descanso para la persona”.

Estamos convencidos que la ociosidad total y absoluta, la inactividad paralizante, no humaniza la persona. El parar de hacer el trabajo diario y de llevar el ritmo ordinario “en tiempo de curso”, no lo entendemos como desembocar en la inactividad, sino en tener un tiempo para hacer lo que nos gusta o lo que, en conciencia, no hemos podido hacer durante el año.

Jesús veía muy claro que tenía que emplear toda su vida en hacer la voluntad del Padre. Este era su trabajo y también su descanso. Al comienzo de su vida pública se tomó “unas vacaciones” de cuarenta días para estar en el desierto y plantearse a fondo la misión que el Padre le había encomendado. Jesús solía celebrar todas las fiestas que vivía el pueblo de Israel, y asistir a las bodas de amigos y conocidos. En su vida pública tomaba tiempo, junto con sus discípulos para orar, descansar y compartir las tareas que iban realizando en la propagación de la Buena Noticia, aunque también es verdad que si se presentaban personas que necesitaban apoyo, dejaba el descanso y atendía con el cariño más grande a los que se le acercaban. Pero está claro que Jesús no era “una máquina de predicar o de hacer milagros”, sabía “parar”, decir “que no”. Era un hombre libre y nos enseña a mantener nuestra libertad por encima de todo. Mirando a Jesús, los cristianos nos planteamos las vacaciones para descansar, pues lo necesitamos, pero sobre todo para cumplir la voluntad del Padre, para convivir más con nuestra familia y nuestros amigos y sobre todo para comunicarnos más con Dios. Nuestras vacaciones no son “las vacaciones del mundo” (con todos los respetos) que se plantean pasarlo bien no importa cómo. Los cristianos no buscamos el pasarlo bien sino la felicidad, y ésta sólo la encontramos en Dios. Por eso el descanso del cristiano, en la sencillez y la austeridad porque estamos en tiempos de crisis y hemos de solidarizarnos con los que no tienen nada, está encaminado a tener más tiempo de oración, a conocer más a fondo la Palabra de Dios, a revisar su vida a la luz del Evangelio y a hacer, si se puede, unos buenos ejercicios espirituales. Las vacaciones de un cristiano o una cristiana, son unas vacaciones “llenas” de contenido profundamente humano y evangélico. Y cuando se acaban se encuentra con más ganas y con más alegría para emprender otra vez su vida diaria, se encuentra más preparado para afrontar los retos que la vida le va presentando porque en las vacaciones se ha enseñado a convivir con Dios y con los demás, (¿viaje al Tercer Mundo?), a saborear la belleza de la vida y a trabajar para que todos tengan vacaciones.

** José Lozano es sacerdote de la diócesis de Orihuela- Alicante

 

4.- DERVICHES

Por Pedrojosé Ynaraja **

Reconozco que del sufismo, corriente religiosa islámica a la que pertenecen los derviches, mi conocimiento era escaso. Se limitaba al recuerdo de una secuencia de aquel curioso documental de hace muchos años, titulado “este perro mundo”, añádase algunas nociones recibidas del “segundo de a bordo” del monasterio de Bose y poco más. Por serias que fueran las explicaciones del querido monje, dominaban las imágenes del film.

Entre las posibilidades que se ofrecían al itinerario por Turquía, estaba el asistir a una ceremonia de derviches. De inicio no me entusiasmaba, pensé luego que en 55 minutos aprendería más de lo que me permitiría la lectura de un libro sobre el tema. Me apunté y asistí.

Me había mentalizado de que se trataba de una sesión mística. El guía de la expedición que públicamente se había declarado “turco de procedencia armenia gregoriana y no practicante” nos habló extensamente sobre el tema, fijándose principalmente en la biografía de sus fundadores y cifrando en dos millones el número de sus fieles. No quedó claro como podía coexistir la prohibición legislativa que sufrían sus manifestaciones religiosas, por una parte, y la libertad con la que actuarían y nosotros los contemplaríamos. Se nos dijo que el que pretendía ser miembro de la congregación, debía someterse a ejercicios de rotación corporal alrededor de un clavo, situado entre el dedo gordo de un pie y su lateral. La herida que con seguridad se le produciría, debería curársela con sal y una vez conseguida la cicatrización, volver a empezar y repetir las veces que fuera necesario. Mientras así se explicaba, iba yo recordando la cuestión de si para llegar al estado místico era necesario pasar por ascesis, como algunas escuelas de espiritualidad defendían, o podía ser un don espontáneo de Dios, cosas estas objeto de enseñanza, en mis estudios del seminario. El clavo hiriente no me parecía peor que los cilicios y disciplinas que en aquellos tiempos se estilaban. Recordaba también una oración budista multitudinaria en la maravillosa basílica de Santa María del Mar de Barcelona, amén del proceso de iniciación que se exige a los miembros de esta corriente espiritual.

Entré en el recinto teniendo presente estas y otras muchas cuestiones, estrechamente vigilado por alguien, al que mis cámaras fotográficas, sus cuatro objetivos y la grabadora de audio, le debían parecer más peligrosas que una bomba de napalm. Por supuesto, su uso estaba terminantemente prohibido.

Reconozco que los movimientos de los seis o siete orantes eran de una exactitud perfecta, semejante a la del mejor desfile militar. Que en nada recordaba una representación teatral. Que su mirada, o mejor su ausencia de mirada, pues, casi siempre tenían los ojos cerrados, sugería una gran concentración mental. La monotonía musical, resultaba más agradable que los sones budistas, sin llegar a la vivacidad y duración de las canciones de Om Kalthoom. Fue entonces cuando se me ocurrió pensar en el “Christus factus est pro nobis…” Y sinceramente me sentí más identificado con la antífona gregoriana. O en la interpretación del texto de Juan de la Cruz, de Amancio Prada, y también el recuerdo me gustó más. Tal vez cuestión de culturas, más que religiosa.

Pensaba por la noche en la poesía de Juan de la Cruz, en la prosa de Teresa de Ávila, en las ñoñas (Urs von Balthasar, dixit) y encantadoras confesiones de la de Lisieux. ¿Se puede entender el “Cántico espiritual” sin conocer el “Cantar de los Cantares”? Me vino entonces a la mente Ramón Llull y su precioso “libro del Amigo y del amado”. (Aprovecho la ocasión para anunciar a los lectores de lengua castellana, que próximamente editará la BAC, la traducción del ingenuo relato de Blanquerna, donde está incluido). De este monstruo de las ciencias humanas, de las lenguas, de los propósitos ecuménicos y de la mística, algunos solo saben que tiene dedicada una calle importante en “la Villa y Corte” (para los foráneos, Madrid).

En fin, mi conciencia cristiana justificó los 30€ que pagué. Quien quiera saber cosas de los derviches y la espiritualidad sufí, en Internet encontrará suficiente información.

** Pedrojosé Ynaraja es sacerdote y párroco en la Diócesis de Barcelona

 

5.- ¡ATENCION TURISTA CRISTIANO!

Por Javier Leoz

1. En verano, no olvides las CHANCLETAS de la fe

2. En verano, no olvides el BAÑADOR de la oración

3. En verano, no olvides el SOL que es DIOS

4. En verano, no olvides la SOMBRILLA de la iglesia

5. En verano, no olvides la LOCION de la caridad

6. En verano, no olvides el REFRESCO de la Palabra de Dios

7. En verano, no olvides la HAMACA de la esperanza

8. En verano, no olvides el BUCEO de los misterios del Señor

9. En verano, no olvides el NADAR contra corriente

10. En verano, no olvides la TOALLA del perdón

11. En verano, no olvides la COMIDA de la fraternidad

12. En verano, no olvides el DESCANSO del silencio

13. En verano, no olvides la EXCURSION a la Eucaristía

14. En verano, no olvides el RELOJ de la prudencia

15. En verano, no olvides la ARENA de las buenas obras

16. En verano, no olvides la MALETA de tu bondad

17. En verano, no olvides la ALEGRIA del domingo

18. En verano, no olvides el AGUA de tu bautismo

19. En verano, no olvides la PRENSA de una buena lectura

20. En verano, no olvides la LIMPIEZA de una confesión

21. En verano, no olvides la FAMILIA de la Iglesia

¡NO LO OLVIDES!