"CARITAS IN VERITATE": LA APERTURA A LA VIDA, CENTRO DEL DESARROLLO

¿UNA ENCÍCLICA CAPITALISTA O ANTICAPITALISTA?

LAS GRANDES NOVEDADES DE LA ENCÍCLICA “CARITAS IN VERITATE”

"CARITAS IN VERITATE": UN DOCUMENTO MORAL, NO POLÍTICO

ENCÍCLICAS SOCIALES, RENOVACIÓN EN LA CONTINUIDAD


"CARITAS IN VERITATE": LA APERTURA A LA VIDA, CENTRO DEL DESARROLLO

Comentario del padre Thomas Rosica, C.S.B., director de “Salt and Light”

TORONTO, (Traducido del inglés por Nieves San Martín.-ZENIT.org).- Publicamos el artículo que ha escrito el padre Thomas Rosica, C.S.B., director del canal de televisión canadiense "Salt and Light" y consultor del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales (rosica@saltandlighttv.org).

TEXTO INTEGRO

Este martes el Papa Benedicto XVI ha hecho pública la tercera encíclica de su pontificado Caritas in veritate ("Caridad en la verdad") un documento importante de la Doctrina Social de la Iglesia. La encíclica , dividida en 79 parágrafos, afronta mucho más que la ética de la economía contemporánea y la crisis económica global, que ciertamente han tenido su influencia sobre Benedicto XVI en la preparación del anunciado texto. Esta obra magna sigue a las dos previas encíclicas del pontificado de Joseph Ratzinger: Deus caritas est ("Dios es amor"); Spe salvi ("En la esperanza somos salvados"), y ahora el análisis papal se concentra en nuestro tiempo.

Benedicto XVI no es un Papa de fáciles discursos breves y la encíclica de hoy da prueba de ello. Quien busque rápidas respuestas a la crisis económica de nuestro tiempo no debería acudir a este documento para buscar soluciones fáciles. La enseñanza papal de hoy es extensa, densa, matizada y compleja, e invita a todos a una seria reflexión sobre la historia de la doctrina social pontificia, con particular atención al documento Populorum Progressio, la rica doctrina social de Pablo VI.

Este texto monumental de 1967 analizaba la economía a nivel global y contemplaba los derechos de los trabajadores a sindicarse, a tener un empleo seguro, y condiciones de trabajo decentes. La doctrina de Benedicto XVI de 2009 trata en profundidad los temas de la fraternidad, "desarrollo económico y sociedad civil", "desarrollo de los pueblos, derechos y deberes, ambiente"; "la colaboración de la familia humana"; "el desarrollo de los pueblos y la técnica".

Hay varias áreas del texto de Benedicto que van contra el modo natural de la sociedad contemporánea y pueden ser fácilmente desechadas por muchos lectores que tienen problemas con la Iglesia, con la autoridad, la verdad y la vida humana. Para mí, de estas áreas depende el meollo de la crisis económica actual, mostrando más allá de toda sombra de duda que la crisis económica es en su núcleo una crisis moral.

Dos importantes ‘leitmotivs' de este pontificado son el relativismo moral y la exclusión de Dios de la sociedad y la vida humana. En la encíclica de hoy, Benedicto XVI escribe: "un cristianismo de caridad sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales. De este modo, en el mundo no habría un verdadero y propio lugar para Dios. Sin la verdad, la caridad es relegada a un ámbito de relaciones reducido y privado".

Benedicto XVI ha repetido continuamente, en los últimos cuatro años, que el rechazo ideológico de Dios y un ateísmo de indiferencia, que prescinde del Creador y que corre el riesgo de llegar a prescindir igualmente de los valores humanos, se convierten en los obstáculos principales para el desarrollo hoy. La encíclica de hoy lo afirma claramente: "El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano".

En palabras de Benedicto: "El anhelo del cristiano es que toda la familia humana pueda invocar a Dios como 'Padre nuestro'. Que junto al Hijo unigénito, todos los hombres puedan aprender a rezar al Padre y a suplicarle con las palabras que el mismo Jesús nos ha enseñado, que sepamos santificarlo viviendo según su voluntad, y tengamos también el pan necesario de cada día, comprensión y generosidad con los que nos ofenden, que no se nos someta excesivamente a las pruebas y se nos libre del mal". Tales palabras non pertenecen al léxico de lo políticamente correcto y la falsa inclusividad. Fluyen de la mente y del corazón de uno de los más grandes pensadores de nuestro tiempo.

La otra área que ciertamente hará reflexionar a muchos lectores o simplemente ser ignorada es la dignidad y respeto por la vida humana "que en modo alguno puede separarse de las cuestiones relacionadas con el desarrollo de los pueblos". Benedicto escribe: "En los países económicamente más desarrollados, las legislaciones contrarias a la vida están muy extendidas y han condicionado ya las costumbres y la praxis, contribuyendo a difundir una mentalidad antinatalista, que muchas veces se trata de transmitir también a otros estados como si fuera un progreso cultural".

"La apertura a la vida está en el centro del verdadero desarrollo --añade--. Cuando una sociedad se encamina hacia la negación y la supresión de la vida, acaba por no encontrar la motivación y la energía necesaria para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre. Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social". Quizás este párrafo resume la crisis y la encíclica de un modo notable: "Los costes humanos son siempre también costes económicos y las disfunciones económicas comportan igualmente costes humanos".


¿UNA ENCÍCLICA CAPITALISTA O ANTICAPITALISTA?

Respuesta de dos participantes en la presentación de "Caritas in veritate"

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- Durante la rueda de prensa de presentación la encíclica social "Caritas in veritate" de Benedicto XVI, celebrada este martes en el Vaticano, los periodistas preguntaron cuál es la postura del pontífice frente al capitalismo y a la Organización de las Naciones Unidas. "No es una encíclica anticapitalista", respondió una de las personas escogidas para presentar a los medios el documentos, el profesor Stefano Zamagni, docente de economía política en la Universidad de Bolonia y consultor del Consejo Pontificio de la Justicia y la Paz. Este texto, aseguró, "ve el capitalismo en su situación histórica".

Sin embargo, el profesor aseguró que el texto "condena el capitalismo cuando se convierte en totalitario, como decía Juan Pablo II" y reitera que ningún sistema económico "garantiza la felicidad". El profesor aclaró que la Iglesia no tiene la tarea de proponer ni desarrollar soluciones a problemas estructurales sino que su objetivo es ir a la raíz de los conflictos sociales.

Para explicarse, puso este ejemplo: "Si nosotros cancelásemos la deuda pero no cambiásemos las estructuras, dentro de 15 años habría de nuevo deuda", el profesor. "Es necesario atacar las estructuras del pecado" aseguró Zamagni haciendo alusión a la encíclica "Pacem in terris" de Juan XXIII (1963).

LA CUESTIÓN DEL LUCRO

Por su parte, el presidente del Consejo Pontificio de la Justicia y la Paz, cardenal Renato Raffaele Martino hizo alusión al tema de los beneficios los trabajadores que ofrecen a las empresas y a la sociedad con su labor. "El beneficio debe extenderse no sólo al sistema capitalista sino a quien participa del mercado", dijo. "¿Es entonces socialista o capitalista?", se preguntó el purpurado italiano. "La característica de la doctrina social está en el hecho de tener presentes a todos los componentes de la sociedad", respondió.

TÉRMINO "CAPITALISMO" AUSENTE

La palabra capitalismo no aparece en la encíclica. Sólo en una ocasión se habla del empresario "capitalista" precisamente superar toda ideología. "El predominio persistente del binomio mercado-Estado nos ha acostumbrado a pensar exclusivamente en el empresario privado de tipo capitalista por un lado y en el directivo estatal por otro. En realidad, la iniciativa empresarial se ha de entender de modo articulado", dice el Papa.

"El ser empresario, antes de tener un significado profesional, tiene un significado humano", asegura. "Por eso es bueno que todo trabajador tenga la posibilidad de dar la propia aportación a su labor, de modo que él mismo 'sea consciente de que está trabajando en algo propio". Para "Caritas in veritate" "todo trabajador es un creador".

EL MERCADO

De lo que sí habla la encíclica es de la economía de mercado. "Si hay confianza recíproca y generalizada, el mercado es la institución económica que permite el encuentro entre las personas, como agentes económicos que utilizan el contrato como norma de sus relaciones y que intercambian bienes y servicios de consumo para satisfacer sus necesidades y deseos", afirma. "El mercado está sujeto a los principios de la llamada justicia conmutativa, que regula precisamente la relación entre dar y recibir entre iguales. Pero la doctrina social de la Iglesia no ha dejado nunca de subrayar la importancia de la justicia distributiva y de la justicia social para la economía de mercado, no sólo porque está dentro de un contexto social y político más amplio, sino también por la trama de relaciones en que se desenvuelve".

En efecto, sigue diciendo la encíclica, "si el mercado se rige únicamente por el principio de la equivalencia del valor de los bienes que se intercambian, no llega a producir la cohesión social que necesita para su buen funcionamiento". "Sin formas internas de solidaridad y de confianza recíproca, el mercado no puede cumplir plenamente su propia función económica. Hoy, precisamente esta confianza ha fallado, y esta pérdida de confianza es algo realmente grave", concluye.

En la encíclica, no se utiliza ni menciona el termino "socialismo" o "comunismo", una prueba más con la que el Papa muestra cómo su objetivo es superar ideologías.


LAS GRANDES NOVEDADES DE LA ENCÍCLICA “CARITAS IN VERITATE”

La “cuestión antropológica” se hace a título pleno “cuestión social”

ROMA, (Por Antonio Gaspari, traducido del italiano por Nieves San Martín.- (ZENIT.org).- Desde hace más de un año, los medios de comunicación de todo el mundo han tratado de dar avances y detalles de la encíclica social de Benedicto XVI. En muchos casos, han contado cosas inventadas. Ahora que la encíclica ha salido, hay que valorar sus novedades y precisar sus desafíos. En particular, ha explicado su proyecto cultural y sus relevantes novedades el arzobispo Giampaolo Crepaldi, secretario del Consejo Pontificio Justicia y Paz, apenas nombrado por el Santo Padre arzobispo de Trieste.

Interviniendo en la Sala de Prensa vaticana el 7 de julio, monseñor Crepaldi señaló la gramática de la encíclica con la frase "el recibir precede al hacer", explicando que la Caritas in Veritate propone una verdadera "conversión" hacia una nueva sabiduría social. En el contexto en el que de los deberes nacen los derechos, el nuevo arzobispo de Trieste afirmó que "hay que convertirse a ver la economía y el trabajo, la familia y la comunidad, la ley natural depositada en nosotros y la creación puesta ante nosotros y para nosotros, como una llamada" porque, según la doctrina cristiana, el desarrollo es una "vocación" que implica "una asunción solidaria de responsabilidad hacia el bien común".

Para hacer que la sociedad sea una verdadera comunidad, cuyas relaciones sean dictadas por la fraternidad, la Caritas in Veritate considera que la verdad y el amor tienen una fuerza social fundamental. La encíclica de Benedicto XVI sostiene que "la sociedad tiene necesidad de verdad y amor" y "el cristianismo es la religión de la Verdad y del Amor", por este motivo "la mayor ayuda que la Iglesia puede dar al desarrollo es el anuncio de Cristo". Verdad y amor son fundantes para la organización social y desempeñan una función de "purificación" para la economía y la política.

Monseñor Crepaldi subrayó que, por primera vez en una encíclica social, el derecho a la vida y a la libertad religiosa encuentran una explícita y consistente colocación en relación al desarrollo. En la Caritas in Veritate (en los puntos 28, 44 y 75) la llamada "cuestión antropológica" se convierte a título pleno en "cuestión social".

"La procreación y la sexualidad -añadió--, el aborto y la eutanasia, las manipulaciones de la identidad humana y la selección eugenésica son valorados como problemas sociales de principal importancia que, si son gestionados según una lógica de pura producción, deforman la sensibilidad social, minando el sentido de la ley, corroen la familia y hacen difícil la acogida del débil.

La encíclica subraya que "no será ya posible implementar programas de desarrollo sólo de tipo económico-productivo que no tengan sistemáticamente en cuenta también la dignidad de la mujer, de la procreación, de la familia y de los derechos del concebido".

Otro de los temas nuevos es el del medio ambiente. El secretario del Consejo Pontificio Justicia y Paz sostuvo que "la ecología medioambiental debe librarse de algunas hipotecas ideológicas (presentes en muchas versiones del ecologismo) que consisten en descuidar la superior dignidad de la persona humana y en considerar la naturaleza sólo de modo materialista, producida por la casualidad o la necesidad".

"El empeño por el medio ambiente --afirmó monseñor Crepaldi-- no será plenamente fructífero si no se asocia sistemáticamente al derecho a la vida de la persona humana, primer elemento de una ecología humana que haga de marco de sentido para una ecología medioambiental". Novedad absoluta también el tratamiento de la encíclica del problema de la técnica que a menudo desemboca en una mentalidad que puede llamarse "tecnicidad".

"El riesgo --subrayó monseñor Crepaldi-- es que la mentalidad exclusivamente técnica reduzca todo a puro hacer y se una a la cultura nihilista y relativista". Para el nuevo arzobispo de Trieste, la Caritas in Veritate es una gran propuesta cultural y de mentalidad al servicio del auténtico desarrollo, porque los recursos a utilizar para el desarrollo no son sólo económicos, sino inmateriales y culturales, de mentalidad y de voluntad. En este contexto, se requiere una nueva perspectiva sobre el hombre que sólo el Dios que es Verdad y Amor puede dar.

Monseñor Crepaldi precisó que "verdad y amor son gratuitos, superan la simple dimensión de la viabilidad y nos abren a la dimensión de lo no disponible". Se trata del principio según el cual la reciprocidad propia de la fraternidad entra plenamente dentro de los mecanismos económicos y es motivo de redistribución, de justicia social y de solidaridad no después o detrás de los mismos. La gratuidad de la verdad y del amor conducen hacia el verdadero desarrollo también porque eliminan reduccionismos y visiones interesadas.

En conclusión, monseñor Crepaldi constató que la encíclica tiene el gran mérito de quitar de en medio visiones obsoletas, esquemas de análisis superados, simplificaciones de problemas complejos, tales como: un excesivo reduccionismo Norte-Sur de los problemas del desarrollo, tras la caída del reduccionismo Este-Oeste; una frecuente infravaloración de los problemas culturales del subdesarrollo; un ecologismo a menudo separado de una completa visión de la persona humana; la atención hacia los problemas económicos en sentido estricto más que hacia aquellos institucionales; una visión asistencialista y no subsidiaria del desarrollo. La atención se dirige una vez más al hombre concreto, objeto de verdad y de amor y él mismo capaz de verdad y amor.

A la pregunta sobre por qué se ha tenido que esperar tanto para la salida de la encíclica, monseñor Crepaldi contó que la Centesimus Annus, la última encíclica social publicada por Juan Pablo II, tardó cinco años en salir, mientras que la Caritas in Veritate ha tardado sólo dos años y medio. Sobre por qué el tema de la paz no haya sido afrontado a fondo, el secretario del Consejo Pontificio respondió que se trata de "una encíclica y no de una enciclopedia".

Por otra parte, cuando se celebró el aniversario de la Pacem in Terris de Juan XXIII, a la petición de escribir una eventual encíclica, el entonces pontífice Juan Pablo II respondió que los Mensajes anuales de la Paz son ya una consistente encíclica.


"CARITAS IN VERITATE": UN DOCUMENTO MORAL, NO POLÍTICO

Por Carl Anderson, caballero supremo de los Caballeros de Colón

NEW HAVEN, Connecticut, USA (ZENIT.org).-Publicamos el comentario a la encíclica "Caritas in veritate" que ha escrito para ZENIT Carl Anderson, caballero supremo de los Caballeros de Colón y un autor de superventas según la clasífica del New York Times.

TEXTO ÍNTEGRO

Mucho antes de la "izquierda" y la "derecha", estaba el Evangelio, y mucho después de que esas etiquetas políticas hayan caído en el olvido, el Evangelio permanecerá. A la luz de esto, es sumamente importante que recibamos la encíclica del Papa Benedicto XVI "Caritas in veritate" como un documento que debería informar nuestra perspectiva. Podemos resumir así el pensamiento del Papa sobre la economía: cada uno de nosotros debe responder a la pregunta de Cristo: "¿Quién decís que soy yo?".

Si nosotros, con Pedro, respondemos "El Mesías", entonces esto debe dirigir el eje de nuestra vida. Nuestra realidad más importante debe ser la verdad de nuestras relaciones. En este sentido, podemos entender cómo la ley y los profetas podrían resumirse en dos mandamientos de Cristo: que amemos a Dios con todo nuestro corazón y a los demás como a nosotros mismos. Así somos capaces de hablar de "Caritas in veritate".

Desde el momento en que aceptamos a Cristo y esos dos mandamientos, ya no podemos volver a formular la pregunta de Caín: "¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?". En su lugar, debemos comprender que nuestro ejercicio de la libertad no puede tomar la forma de una simple acumulación del máximo de riqueza que podamos. Al contrario, todo lo que nosotros hacemos libremente debe reflejar esa realidad y debemos tener en cuenta, en todas nuestras acciones, sus efectos sobre los demás.

No necesitamos ir más allá de las dos primeras palabras del Padrenuestro, que Benedicto XVI cita al final de este documento, para ver la familia humana común a la que pertenecemos. Con esta finalidad, debemos recordar algunos hechos importantes:

En primer lugar, nosotros no debemos preguntarnos cómo esta encíclica respalda nuestra visión del mundo, sino al contrario, cómo debe cambiar nuestra visión del mundo en respuesta a este documento. Los comentaristas deberían evitar la tentación de intentar analizar la encíclica desde sus propias perspectivas o a través de una visión política. Las tesis del Papa dejan claro que un fundamento ético debe trascender la política, y, como aparece explícito en el documento, las soluciones técnicas pertenecen a los actores políticos.

En segundo lugar, el mundo merece una economía de mercado con conciencia, tal y como los eventos de la economía global han dejado claro el año pasado. En 1985, el Papa Benedicto XVI, criticó el marxismo en un documento, por excluir tanto a Dios como a una adecuada función humana y, por tanto, por ser demasiado "determinista". También advirtió que las economías de mercado corrían el mismo riesgo de colapsarse si también excluían o ignoraban el componente ético de la toma de decisiones individuales. Realmente, los acontecimientos recientes han confirmado su conclusión y, por tanto, esta encíclica, y su llamamiento por un sistema moral, son de lo más irresistibles.

En tercer lugar, mientras el debate mundial se centra en las soluciones técnicas a la crisis económica, el Papa Benedicto XVI nos está pidiendo que volvamos a evaluar el fundamento mismo de nuestro sistema. También que construyamos sobre la roca de los valores éticos en lugar de sobre la arena del determinismo.

En cuarto lugar, el Papa nos ha llamado a una realidad económica que debe respetar la vida de todas las personas, incluso las más pequeñas y más necesitadas. Esto es notable y oportuno a la vez, como lo es su indicación sobre la necesaria función que la religión debe desempeñar en el espacio público.

En quinto lugar, esta encíclica es tanto un documento Católico como un documento católico. Verla desde un punto de vista puramente nacional sería tan equivocado como verla desde un punto de vista político. Por ejemplo, sobre la exhortación del Papa por una "redistribución" justa, no puede indicarse ningún país que no distribuya la riqueza de sus ciudadanos de alguna manera. El Papa pregunta si, independientemente del país, esto se hace con justicia.

Los que vivimos en países de economías boyantes, con un nivel de vida mucho más allá de lo que muchos del mundo pueden imaginar, debemos detenerbis para reflexionar sobre esto. Ciertamente tenemos la responsabilidad de ayudar a nuestros vecinos. Podemos y debemos hacer más.

Pero no somos los únicos. ¿Es justo que un "presidente" de un país en un pobre rincón del mundo deposita billones de dólares en una cuenta de un banco suizo, mientras su gente vive con un dólar al día? ¿Es justo que una población muera de hambre mientras una oligarquía aumenta su riqueza? Realmente, todos tenemos derecho a comer y a los servicios básicos.

Un cristiano debe ser una persona para los demás. Es más, no sólo los cristianos, sino todo el mundo está llamado a vivir de esta manera. Durante demasiado tiempo, demasiadas personas se han comportado como si únicamente se debieran lealtad a sí mismos. Todos hemos visto los resultados de esa conducta y sabemos que es un modelo pobre, ética y económicamente.

Ahora, la gente está buscando una brújula moral y sabe que el Papa Benedicto XVI tiene una. Pero si bien una brújula puede señalar el camino, seguirla depende de nosotros.

[Traducción del original en inglés por Patricia Navas]


ENCÍCLICAS SOCIALES, RENOVACIÓN EN LA CONTINUIDAD

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- Después de 18 años de la publicación de la última encíclica social "Centesimus Annus" de Juan Pablo II, este martes se dará a conocer la tercera encíclica de Benedicto XVI "Caritas in veritate".La "Rerum Novarum" escrita por el Papa León XIII y publicada en 1891 marcó un hito en el Magisterio Social Pontificio: era la primera vez que un documento eclesial de este tipo estaba dirigido al tema social y a la cuestión obrera.

Sin embargo, la preocupación de la Iglesia por los derechos y la dignidad humana no es un tema nuevo. Más bien, es una cuestión que se ha tratado a lo largo de su historia que incluso viene desde los padres de la Iglesia, que ha pasado por el medioevo y que llega a nuestros días.

Jesús mismo en su predicación habló muchas veces sobre el ser social y la dignidad del hombre. Condenó pecados como la avaricia, la usura, la esclavitud. Igualmente habló de preocupaciones terrenales como la importancia de un salario justo y de la educación de los hijos y de un orden estructural. En los últimos 120 años las encíclicas más citadas en esta materia son "Rerum Novarum", 1891 de León XIII, "Quadragesimo Anno" (1931) de Pio XI y "Mater et Magistra" (1961) de Juan XXIII. En estos documentos el centro de reflexión es siempre el mismo: el hombre creado a imagen y semejanza de Dios y por lo tanto dotado por naturaleza de una dignidad específica (hijo del Creador), raíz última de todos sus derechos.

De hecho, en la "Rerum Novarum" se afirma que el principio inspirador de la cuestión social es la innegable dignidad de la persona humana. En esta específica dignidad se fundan los derechos inalienables: la vida y la libertad religiosa.En ellos se encuentra el sustento de todos los otros derechos humanos como el uso de los bienes materiales, la propiedad y su función social, el salario justo, la libertad, la participación a la vida del estado, la justicia, la instrucción entre otros.

RENOVACIÓN EN CONTINUIDAD

El magisterio pontificio en el ámbito de la "cuestión social" como se dice hoy (porque en los tiempos de la "Rerum Novarum" se hablaba de la "cuestión obrera"), se ha revelado siempre una innovación en continuidad.Esto evidencia un esfuerzo constante por iluminar las nuevas situaciones sociales a la luz de los principios inmutables del Evangelio, de la tradición de las enseñanzas del pasado.

Cada una de estas encíclicas ha sido una respuesta del magisterio de la Iglesia a los desafíos del momento y por lo tanto al cambio de las dinámicas sociales y económicas y, en el último siglo, también a los nuevos desarrollos que se registran en el campo internacional o geopolítico. Esta visión planetaria, a partir de la creciente interdependencia de los pueblos y de las naciones está ya fuertemente presente en la "Mater et Magistra" de Juan XXIII y después en la "Populorum progressio" de Pablo VI.

Después de la disolución de la Unión Soviética, en 1989, y justo conmemorando el primer centenario de la Rerum Novamrum, Juan Pablo II publica su tercer encíclica social "Centesimus Annus" (1° de mayo de 1991) en la que habla de la necesidad de un nuevo orden mundial, visto a la luz del Evangelio y con los ojos de la Iglesia.

¿QUÉ ES LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA?

En el documento de la Congregación para la Educación Católica titulado "Orientaciones para el estudio y enseñanza de la Iglesia en la formación sacerdotal" se lee lo siguiente: "La doctrina social de la Iglesia, en cuanto saber teórico-práctico, está orientada a la evangelización de la sociedad: incluye, pues, necesariamente la invitación a la acción social, ofreciendo para las diversas situaciones orientaciones oportunas inspiradas en los principios fundamentales y en los criterios de juicio".

La reflexión de los pontífices se realiza por medio del discernimiento cristiano de la realidad interpretada a la luz del Evangelio y de la enseñanza social de la Iglesia , que demuestra así a cada momento histórico su actualidad. Por ello la Iglesia interpreta los problemas de cada época histórica a raíz de la experiencia adquirida en el pasado y expresada en su enseñanza social.

El magisterio social pontificio da así luces para que los cristianos se pongan al frente de las nuevas situaciones con una conciencia bien formada según las exigencias éticas del Evangelio y con una sensibilidad social verdaderamente cristiana, madurada a través del estudio atento de diversos pronunciamientos magisteriales.

NUEVOS PROBLEMAS

En la situación del mundo contemporáneo los profundos cambios en todos los campos de la actividad humana, económica, cultural, científica y técnica han hecho emerger nuevos problemas que reclaman el compromiso de todos los hombres de buena voluntad. Entre estos resaltan el hambre, la violencia, el terrorismo nacional e internacional, del desarme y de la paz, de la deuda externa, del subdesarrollo de países del tercer mundo, de la manipulación genética, de la droga, del deterioro del ambiente etc.

Las encíclicas sociales subrayan también aquellas "zonas de miseria" y de "otras formas de injusticia más bastas", de aquellas de las épocas pasadas, como el hambre, la desocupación, la marginación social, la distancia que separa a los ricos - países, las regiones, grupos y de personas - de los pobres. El Papa Benedicto XVI pretende así en su tercera encíclica actualizar el mensaje de Pablo VI dado en su encíclica "Populorum Progressio", publicada en 1967, sobre el tema del desarrollo de los pueblos. El problema de la crisis económica actual será pues analizado manteniendo la continuidad con sus predecesores: hablando del derecho a la vida como la base de todos los demás derechos humanos y poniendo a Cristo como aquel que da mayor dignidad al hombre y hablando del compromiso social como consecuencia de la vivencia de la virtud de la caridad.