LA ORACION DE Y CON JESUCRISTO

LIBRO DE LA SABIDURÍA: TODO UN BANQUETE
Por Antonio PavÍa. Misionero Comboniano.

"... en su amistad un placer bueno, en los trabajos de sus manos inagotables riquezas, prudencia en cultivar su trato y prestigio en conversar con ella..." (Sb 8,18a).

Continúa Salomón dialogando consigo mismo en el locutorio de su corazón y sacando conclusiones acerca de las excelencias y riquezas que reporta la Sabiduría. La unión con ella es fuente de amistad, placer, prudencia, prestigio, etc. En definitiva, la Sabiduría es un árbol valiosísimo que da permanentemente frutos de inigualable calidad. En esta línea de que es un árbol cuyos frutos alegran el corazón y el alma del hombre, y que su proximidad es tan placentera que constituye un auténtico lujo conversar con ella, creemos que Salomón la está considerando y comparando a la concepción bíblica de lo que es y supone un banquete.

Como sabemos, el banquete en la espiritualidad de Israel no hace solamente alusión a la calidad de los manjares que se sirven en la mesa, sino también a la fiesta que envuelve este encuentro de amistad. Esta fiesta no viene amenizada solamente por los músicos, sino que, por encima de ellos, suena la melodía del afecto y la comunión, melodía que emana del espíritu y del corazón de todos aquellos que están sentados alrededor de la mesa. En este sentido, Salomón nos está hablando de un auténtico y fastuosísimo banquete presidido por la Sabiduría, con la cual se encuentra completamente a gusto y complacido.

Son éstas, figuras del Antiguo Testamento que preanuncian y profetizan el don que se abre al hombre desde y por Jesucristo. Don inaudito, ya que consiste en que le es concedido al hombre llegar a banquetear con Dios. Es ésta una gracia que se sobrepone a todas las circunstancias adversas de la vida, circunstancias que están ahí y que todos las tenemos. Pues bien, ninguna adversidad podrá apagar ni desplazar la fiesta que Dios, con su Palabra, engendra en nuestros espacios más íntimos.

Nuestro Señor Jesucristo conoce a fondo y vive Íntimamente el banquete continuo con su Padre. Tiene para comer una calidad de alimento que el hombre todavía no conoce. Así nos lo hace saber en su encuentro con la samaritana y que nos es narrado por san Juan.

Resumamos convenientemente los hechos a fin de acentuar lo esencial en lo que respecta al tema que nos ocupa, que es este alimento de Jesús. Sabemos que llegó junto con los apóstoles a Samaría y, mientras ellos se adentraron en la ciudad a fin de comprar comida para su almuerzo, Él se detuvo junto al pozo que estaba a las afueras. Sentado en él, cara a cara con esta mujer, le dio palabras de vida que levantaron el ánimo de su corazón sediento y su espíritu insatisfecho.

Terminado el encuentro, la samaritana, a la cual parecía que le habían crecido alas, se puso ágilmente en camino hacia los suyos para darles la buena noticia: Había encontrado al Mesías. En esto llegaron los apóstoles con las provisiones e invitaron al Señor a comer. Él vio en ellos las mismas carencias que había sacado a la luz a la samaritana, por lo que continuó su catequesis, diciéndoles: "Yo tengo para comer un alimento que vosotros no conocéis" (Jn 4,32).

Por supuesto que no entendieron su respuesta: No les cabía en la cabeza que hubiese otro tipo de comida que no fuera la normal y corriente. Perplejos, se preguntaban unos a otros si acaso alguien se les había adelantado y le había ofrecido de comer. Jesús les deja comentar a gusto, y después les abre los ojos y los oídos diciéndoles: "Mi alimentó es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra" (Jn, 34).

Hacer la voluntad del Padre, actuar según su Palabra, tomar decisiones desde su Sabiduría, son todas ellas expresiones que vienen a significar lo mismo. La Palabra, en la cual está la vida (Jn 1,4), es la fuente de la relación entre el Padre y el Hijo. Es siempre una relación de banquete, de fiesta, de comunión. Es tan bella y profunda que no hay dimensión humana para describirla. Limitémonos a decir que es un gran banquete que provoca la mutua complacencia. La del Padre por el Hijo (Mt 3,17), y la del Hijo por el Padre, del cual afirma que obedecer su voluntad/Palabra constituye su manjar exquisito.

Como banquete de la Palabra lo definió el mismo Jesús ante Satanás cuando pretendió disuadirle y apartarle de la misión que el Padre le había confiado. Le dijo: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4,4).

El banquete está preparado. Él mismo, que es la Palabra, se ofrece a compartido, basta abrir la puerta: "Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo" (Ap 3,20).