Domingo XIII del Tiempo Ordinario
28 de junio de 2009

La homilía de Betania


1.- ESE DIOS DE EMERGENCIAS

Por Gustavo Vélez, mxy

2.- DIOS AMA LA VIDA

Por Gabriel González del Estal

3.- NIVELAR, DISMINUIR LAS DIFERENCIAS

Por Antonio García-Moreno

4.- “A TI TE DIGO: ¡LEVÁNTATE!”

Por José María Maruri, SJ

5.- A FAVOR DE LA VIDA

Por José María Martín OSA

6.- LA FE COMO RESPUESTA

Por Javier Leoz

7.- EL DOLOR DE LOS INOCENTES

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


TERNURA DE JESÚS

Por Pedrojosé Ynaraja


HOMILÍA DE SAN JUAN BAUTISTA


PROFETAS A LO JUAN

Por Javier Leoz

(Contiene oración dedicada a todas las parroquias que tienen como titular a San Juan Evangelista)


LA HOMILÍA DE SAN PEDRO Y SAN PABLO


DOS VOCACIONES; UN MISMO ESPÍRITU

Por Gabriel González del Estal


1.- ESE DIOS DE EMERGENCIAS

Por Gustavo Vélez, mxy

“Jesús, entrando donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: Talitha qumi, que significa: Contigo hablo, niña, levántate. Y ella se puso en pie inmediatamente”. San Marcos, cap. 5.

1.- ¿Qué idioma habló Jesús? Cuatro lenguas se escuchaban por aquel tiempo en Palestina. El griego y el latín, en razón de sucesivas invasiones. El hebreo y el arameo. La gente culta se expresaba por lo general en hebreo, mientras el pueblo usaba el arameo, una lengua más dúctil, más apta para expresar matices y describir circunstancias.

Los evangelistas nos conservan algunos vocablos arameos. Por ejemplo, Abbá, Gehenna, Qorbán, Effetá, Gólgota. Y ciertas expresiones: “Elí, Elí, lemá sabactaní”, (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?), el grito de Jesús ya próximo a morir. Y aquella, colmada de ternura, que pronunció el Maestro ante una joven que había muerto: “Talitha qumi”. Es decir: Niña a ti te lo digo, levántate.

2.- San Marcos nos ubica nuevamente a la orilla del lago. Allí le sale al paso al Señor el jefe de una sinagoga, probablemente la de Cafarnaúm, que se llamaba Jairo. Su oficio era responder por el lugar donde se reunía la comunidad cada sábado y promover el orden de las oraciones judías y la enseñanza. Su hija de sólo doce años está enferma. “En las últimas” como señala este hombre, rogándole a Jesús que vaya a su casa. Que le imponga las manos para sanarla. El texto evangélico se interrumpe por la presencia de una mujer que padecía flujo de sangre y al tocar el manto del Señor, queda curada.

Pero enseguida el grupo llega a la casa de la niña. San Marcos, quizá por un relato auténtico de san Pedro, describe la escena de forma minuciosa: Algunos salen al encuentro de la comitiva para decirle a Jairo: No molestes al Maestro que tu hija ya ha muerto. Las plañideras de oficio han comenzado su tarea y el rebullicio de la gente desborda el ambiente. Pero Jesús se abre paso entre el tumulto, con Pedro, Santiago, Juan y los padres de la niña, pidiendo que se haga silencio.

3.- Y aquí derrocha delicadeza y amabilidad: “La niña no está muerta, está dormida”. También, según san Juan, cuando Lázaro ha muerto, el Maestro señala: “Voy a despertarlo”. ¿Una forma literaria propia del arameo, o una manera de serenar a los presentes? Más tarde nos dirá un escritor, “El sueño es la moneda fraccionaria de la muerte”. Luego el Señor toma de la mano a la niña y ella se pone en pie inmediatamente. Ante los signos de Jesús, los evangelistas apuntan: “Los presentes quedaron admirados”. “La multitud se llenó de asombro”. “Los discípulos estaban sorprendidos”. Aquí el evangelista dice algo más gráfico: “Todos se quedaron viendo visiones”.

4.- ¡Hola Jairo! Los lectores de tu historia en san Marcos hemos comentado muchas veces que, en verdad, tenías fe. ¿Pero antes que tu niña se enfermara, cultivaba buena amistad con el Maestro? ¿Compartías con Él sin afanes, cuando los sábados acudía a tu sinagoga? ¿O nos estás dando un mal ejemplo? Porque el Dios de Nuestro Señor Jesucristo es ante todo un amigo. No sólo un recurso desesperado en las situaciones de emergencia. Es Alguien que le da sentido y razón a toda nuestra vida.


2.- DIOS AMA LA VIDA

Por Gabriel González del Estal

1.- Las tres lecturas de este domingo nos dicen, de distintas maneras, que Dios es amante de la vida. Los cristianos debemos ser siempre defensores de la vida de las personas, desde el primer momento de su existencia hasta el último. Amar la vida es defenderla, es valorarla, es construirla; es estar siempre en contra de la muerte, de la destrucción, de la violencia, de la guerra. En el evangelio de hoy vemos a Cristo defender la vida de dos mujeres que estaban a punto de morir. La primera era una niña que tenía doce años. Su padre, Jairo, un jefe de la sinagoga judía, tenía una fe ciega en el poder de Cristo y no le importaron las críticas y las burlas que podrían venirle de los judíos piadosos que acudían cada semana a escucharle a él en la sinagoga. Ante esta fe sincera y valiente del jefe judío, Cristo se apresuró a curar a la niña: <Contigo hablo, niña, levántate>, y la niña se puso de pie y se puso a andar. Cuando la fe es sincera y valiente no se detiene ante las críticas de los increyentes o las burlas de los amigos. El “qué dirán” nunca debe ser un impedimento para que los cristianos cumplamos nuestras obligaciones religiosas y proclamemos y defendamos nuestra fe. El otro caso del que nos habla el evangelio de hoy es el de la hemorroísa, la mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. También aquí la fe sincera y valiente de esta arriesgada mujer fue lo que “obligó” a Jesús a despedirla en paz y con salud. La hemorroísa sabía muy bien que ella era una mujer legalmente impura y que no podía tocar a ninguna persona sin contagiarle su impureza. Así estaba escrito en el libro del Levítico. Pero su fe fue más fuerte que su miedo a una ley que, en su caso, ella sabía muy bien que era una ley injusta. Y Cristo, para quien “el hombre es siempre superior al sábado”, no lo dudó ni un momento: <tu fe te ha curado>. Cuando nos encontramos ante una persona en grave necesidad lo primero que tenemos que hacer es ayudarla a resolver su problema, antes de preguntarle de dónde es, o que por qué está como está. La misericordia y el amor son anteriores a cualquier otro juicio.

2.- Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser. En este libro de la Sabiduría se habla ya claramente de una vida inmortal. Dios no sólo defiende esta vida, aquí en la tierra, sino que quiere que sigamos viviendo eternamente junto a él en el cielo. Los cristianos, los que aún vivimos en esta orilla temporal, sabemos que también hay vida más allá de la orilla del río de la vida terrena, en un cielo nuevo y en una tierra nueva. Esta fe en la vida inmortal no sólo no empequeñece nuestro aprecio por esta vida terrena, sino que le da un sentido y un valor sobre añadido. Sabemos que Dios ha establecido una correspondencia justa entre lo que hacemos y somos mientras aquí vivimos y existimos, con la vida y el gozo del que participaremos en la vida eterna. Esta fe y esta esperanza en la vida inmortal fue una fuente de fuerza y valor para los mártires y para tantas y tantas personas que tuvieron que luchar, en este valle de lágrimas, contra innumerables dificultades e injusticias. Amar y defender la vida en este mundo es también una manera de expresar nuestra fe en la vida inmortal.

3.- Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba. San Pablo les recuerda esta frase de la Escritura a los Corintios, para animarles a ser generosos en la colecta que estaban haciendo en favor de los cristianos pobres de Jerusalén. Las comunidades cristianas de los primeros tiempos fueron un modelo admirable de caridad y de justicia social entre ellos. Fueron verdaderamente Iglesia, es decir asamblea de hermanos que comparten entre ellos todo lo que tienen. San Lucas nos dirá de ellos que nadie padecía necesidad y que todos los que les veían se quedaban admirados de su generosidad y se decían: “mirad cómo se aman”. Aunque es evidente que hoy día la situación es mucho más compleja y distinta, sin embargo este ejemplo de hermandad y fraternidad cristiana de nuestros padres en la fe debería ser para nosotros un estímulo en nuestra lucha diaria contra la injusticia social y la desigualdad lacerante que padecemos. También esto es amar y defender la verdadera vida.


3.- NIVELAR, DISMINUIR LAS DIFERENCIAS

Por Antonio García-Moreno

1.- Sobresalir y nivelar.- Hay en el hombre, como algo congénito, un afán continuo por sobresalir. A veces es un noble afán de crecer en lo bueno, un deseo honesto de mejorar. Otras veces, las más, ese afán va acompañado de orgullo, de soberbia y vanidad. Incluso se intenta sobresalir a costa de los demás, de quienes están a nuestro alcance y pueden, de algún modo, ser un pedestal para levantar un poco más la propia situación.

Es curioso ver cómo ese afán por sobresalir se infiltra a menudo incluso en las cosas más santas. Y así hay quienes hacen gala de ser buenos católicos, o de estar en la vanguardia de la nueva evangelización, aunque sea a costa de los mayores desafueros y papanatismos. Hay que sobresalir, sí, pero a los ojos de Dios y no a los de los hombres. Y con frecuencia el que sobresale ante los hombres desaparece ante Dios, y viceversa. La espiga vacía se mantiene enhiesta, tiesa, sobresale de las demás. En cambio la espiga bien granada se dobla, se oculta en cierto modo entre la mies... De todos modos, es totalmente cierto que Dios enaltece a los humildes y humilla a los soberbios.

El Apóstol dice a los corintios: "...distinguíos también ahora por vuestra generosidad" (2 Co 8, 7).Ahí es donde hay que sobresalir: en la generosidad, en la entrega a los demás. Entrega de lo que uno tiene y de lo que uno es... Bien sabéis lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, por vosotros se hizo pobre, para que vosotros, con su pobreza, os hagáis ricos. Y sigue el Apóstol: Pues no se trata de aliviar a otros y pasar vosotros estrecheces; se trata de nivelar. En el momento actual, vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen; y un día, la abundancia de ellos remediará vuestra falta; así habrá nivelación.

Nivelar, disminuir las diferencias. Evitar que haya quienes derrochen el dinero a manos llenas y quienes sufren al carecer de lo más imprescindible. Que los ricos sean menos ricos y que los pobres sean menos pobres. Así al final habrá una mayor nivelación en el juicio de Dios. Entonces los ricos, pobres ante el Supremo Juez, serán salvados por los pobres, ricos definitivos ante Dios. Lo dijo Jesús: Haceos amigos con las riquezas injustas para que, cuando éstas os falten, os reciban en los eternos tabernáculos.

2.- La humildad, camino seguro.- Jairo era un hombre importante en medio de su pueblo. Y, sin embargo, se acerca al joven rabino de Nazaret, ese mismo que muchos capitostes de Israel rechazaban. Su situación de dolor, su preocupación de padre por la hija que se le muere, le ayuda a superar prejuicios y cualquier orgullo de casta. El archisinagogo acude suplicante al carpintero nazaretano. A menudo es preciso el sufrimiento para domeñar nuestra soberbia y derribar esa latente convicción de que somos mejores que los demás. Jesús atiende de inmediato su petición y marcha con él a su casa para curar a la niña. Podemos afirmar que un hombre humilde es siempre atendido por el Señor. Un corazón contrito y humillado Dios no lo rechaza, dice el salmo Miserere. Y así es, en efecto. La omnipotencia divina, su misma justicia, parece quedar desarmada ante el pobrecito que se sabe sin nada y acude confiado a quien todo lo tiene. Sin duda que el camino de la humildad, del reconocimiento sencillo de la personal indigencia, es el más fácil y andadero para llegarnos, ir y volver una y otra vez, hasta Dios.

La mujer hemorroísa también escoge ese mismo sendero de humildad. Se esconde entre la multitud, se considera indigna de que Jesús le hablara o la mirara a ella, impura según la ley mosaica. Oculta en el tropel de la gente consigue por fin alargar su mano y rozar con sus dedos trémulos el borde de la túnica del Señor. El milagro se produce, Dios vuelve a mirar con la sonrisa en sus ojos a un alma sencilla y humilde.

Junto a su profunda humildad, destaca en estos personajes evangélicos una gran fe, una confianza inquebrantable en el poder y en la bondad de Dios. Jairo no ceja en su empeño, a pesar de que la niña estaba muerta y de que la gente se ríe de Jesús porque dice que se ha dormido. La hemorroísa sabe que todos apretujan a Jesús en su afán de estar cerca de Él. Pero ella sabe también que cuando llegue a tocar el borde de la túnica que viste el Maestro quedará sana de su enfermedad humillante. Y así ocurrió. Y así ocurrirá siempre que nos acerquemos hasta Jesús llenos de humildad y de compunción por nuestras faltas y pecados, confiando en su poder sin límites y en su bondad infinita.


4.- “A TI TE DIGO: ¡LEVÁNTATE!”

Por José María Maruri, SJ

1.- Cualquier religión puede convertirse en una Sociedad Limitada de Pompas Fúnebres. Cuantos de nuestros funerales tienen muy poco de culto de fe en un Dios vivificante y para muchos de los asistentes no es más que un mero acto social.

--Jesús nos dice en el Evangelio de hoy una vez más que Dios es Dios de vivos, que su religión esta muy lejana de plañideras y catafalcos. Que Él ha venido a vencer la enfermedad como camino de muerte y a la muerte misma como término de la vida.

--Jesús se presenta como Verbo de vida, como Verdad y Vida, como Resurrección y Vida.

--Jesús ha venido a darnos vida y vida abundante. Vida que es movimiento, que es alegría, que es luz en los ojos y sonrisa en los labios. Esa vida nace de un contacto vital del hombre con Dios, de mirada a mirada, de corazón a corazón.

2.- La muchedumbre apretuja a Jesús. Son decenas los que le tocan en ellos “no pasó nada”. Solo en aquella pobre mujer.

--Jesús se vuelve y busca con su mirada un rostro en la multitud, entre tantos rostros anodinos, sin expresión, parados, como foto amarillenta de principios del siglo pasado.

--Jesús busca una mirada iluminada, ardiente, busca el rostro de una persona que busca a otra persona.

Esa mirada de Jesús que busca un rostro tiene la misma fuerza individualizada y concreta que el grito de Jesús a la niña de Jairo: “A ti digo, niña, levántate”.A ti… No a otra. Te llamo de tu a tu. Cuando esa mirada ilumina nuestro corazón, cuando ese grito, “A ti digo”, lo oímos en el fondo de nosotros, allí pasa algo, allí nace una nueva vida, acompañada, nace una religión vivificada y vivificante. Allí comienza la verdadera religión, que es el contacto personal con Dios.

3.- Mucha gente se apiña en nuestras iglesias, en las misas dominicales de “más postín”, en las misas masivas en horas punta. Estrujan materialmente a Jesús… ¿Y en cuántos pasa algo…?

--puedo permanecer cerca de Jesús y estar muy lejos

--puedo tocar a Jesús, y no sentirlo

--puedo tratar a Jesús, y no conocerlo.

--puedo hablar a Jesús y no oírlo.

--puedo comer a Jesús y permanecer tristemente “inmune” de contagio personal.

¿No pasa nada en mi vida? ¿Domingo a domingo, no pasa nada?

4.- ¿No es el milagro lo que tiene que pasar? ¿Muchas curaciones hizo Jesús y en cuántos pasó algo?

--pasó en el ciego de nacimiento, que quiere creer en Jesús

--pasó en el endemoniado de Gerasa, que quiso seguirle

--pasó en uno de los diez leprosos, que volvió a agradecer y adorar.

¿Pero qué pasó en los otros nueve leprosos curados? ¿Qué pasó en tantos que traían en camillas para que Jesús los curara? Hubo cercanía con Jesús, hubo curación, hubo diálogo, pero permanecieron lejos… No les pasó nada.

Pues que miremos a Jesús a los ojos y nos mire, que abramos nuestros oídos y le oigamos decir. “A ti te digo, levántate”.


5.- A FAVOR DE LA VIDA

Por José María Martín OSA

1.- Uno de los grandes misterios con los que se enfrenta la humanidad y cada uno de nosotros es la muerte. Dios es un Dios de vivos, no de muertos. Sin la fe, la muerte se acepta con resignación o, simplemente, se ignora mirando para otro lado. Muchos se consuelan diciendo lo que algunos filósofos: “mientras yo estoy, ella no está; cuando ella venga, yo no estaré”. La muerte, sin embargo es una realidad con la que, tarde o temprano, tenemos que enfrentarnos. La muerte de un amigo, de un ser querido, de un hijo, de un padre…nos interpela y nos plantea no pocos interrogantes: ¿por qué tenemos que morir? ¿qué sentido tiene la muerte? ¿qué va a ser de mí cuando muera? ¿todo acaba con la muerte? No vale mirar para otro lado, ni olvidarla. El autor del Libro de la Sabiduría nos dice que no fue Dios quien hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes. Él creó todo para que subsistiera. El pecado es el que causa la desgracia en el hombre. Jesús en el evangelio nos muestra que está a favor de la vida. La muerte es una puerta abierta a una vida en plenitud.

2.- Compartir en tiempos de crisis. La gracia en la que Pablo quiere que participen los corintios se vincula a la gracia que mostró el Señor desprendiéndose voluntariamente por amor de su riqueza en bien de ellos. Pablo busca persuadir en esto a la comunidad de Corinto, pero no para enriquecerse, ni siquiera para enriquecer la tesorería de la iglesia. La contribución en la colecta que quiere realizar está estrechamente relacionada con la ayuda a hermanos con necesidades concretas. Si la Iglesia tiene un proyecto diaconal, podemos contribuir con nuestros recursos, tiempo y dones. Recordamos que los “tiempos de escasez”, más frecuentes hoy que los “tiempos de abundancia”, son oportunidades para ejercitar las relaciones fraternas, pues tenemos la oportunidad de ayudarnos y acompañarnos unos a otros. Esto es más palpable en la profunda crisis económica y social que sufrimos. Es también tomar parte de la gracia de Dios en Jesucristo. Desde una perspectiva social, debemos reflexionar en la desigualdad que se vive en nuestras sociedades: desigualdades de género, culturales, étnicas, jurídicas, económicas. La conciencia de estas desigualdades y la injusticia que propician es el primer paso para enfrentarlas y superarlas. La alternativa para hacer efectivo el “principio de igualdad” paulino implica no el despojar a unos para beneficiar a otros, sino un genuino interés en el bien común y en la dignidad de todos.

3.- Asumir la realidad del que sufre la enfermedad. Jesús de Nazaret pasa del lado gentil del mar de Galilea al espacio de aquellos que son hostiles al mensaje evangélico. Estamos convencidos que el núcleo de nuestra acción pastoral es construir puentes que lleven a la inclusión y a la reconciliación. Ricos y pobres, el lado judío y gentil de todos los mares y de todas las fronteras, jóvenes y ancianos, todos y todas necesitamos ser curados de nuestras incredulidades, dudas, temores y prejuicios. Este jefe de la sinagoga, Jairo, tiene que hacer un desplazamiento teológico. Tiene que pasar del espacio de lectura legalista y fundamentalista de la sinagoga hacia el espacio trasgresor, profético y liberador de Jesús de Nazaret. El gesto de Jesús es siempre sorprendente. Este es un gesto de escándalo porque se supone que un varón desconocido no toca en público a una mujer y además, desde los conceptos de pureza ritual, no se toca un cadáver. Jesús al tocarla asume la condición de la hija del jefe de la sinagoga. Sólo con ese compromiso podemos decirles a los grupos y a las personas enfermas, postradas o vulnerables: ¡Levántate! Para que otros y otras tengan vida en abundancia y de calidad se exige que nosotros toquemos esas realidades y asumamos sin miedo y con valentía esas condiciones. Dios quiere que todos vivamos una vida digna.


6.- LA FE COMO RESPUESTA

Por Javier Leoz

El Papa Benedicto XVI, no hace mucho tiempo, nos sorprendió con la siguiente frase “Nos hemos de liberar de la falsa idea de que la fe ya no tiene nada que decir a los hombres de hoy”. Al acercarnos al evangelio de este domingo, nos encontramos con dos situaciones diferentes pero con una misma respuesta: la fe.

1. - Donde hay fe, siempre nace un intento de superación. No caben los imposibles. Con la fe, es posible hacer frente a los escenarios más embarazosos o arriesgados de nuestra vida.

¡Una cosa te pido, que tengas en fe en mí! Y, qué malo nos sabe, cuando las personas dudan de nuestras capacidades. Es en ese momento cuando se rompe todo, cuando se nos quitan las ganas de hacer algo o de salir al encuentro de alguien.

Jesús, a la hija de Jairo o a la mujer que padecía flujos de sangre, no les pide su carnet de identidad. Ni, tan siquiera mira su procedencia, estatus o religión. Jesús, como siempre, va al fondo: les pide fe. Fe en El. Y, lo demás, vendrá por añadidura.

2.- Muchas veces nos quejamos que, en antaño, parece que los milagros estaban más presentes o que se daban con más abundancia que ahora. No es verdad; todos los días –sin percatarnos de ello- en miles, en millones de lugares y en ambientes dispares, el Señor va haciendo de las suyas. Entre otras cosas porque, hoy como ayer, se va encontrando con gente que sufre, que llora, que muere, que se desangra….pero que no deja de tener fe en Jesucristo.

Este día, por lo tanto, es un momento muy apropiado para interpelarnos sobre la hondura y la radicalidad de nuestra fe. Incluso, sería bueno, que pensáramos cuánto hace que, el Señor, no ha obrado algún prodigio extraordinario en nuestro entorno, en nuestra familia, en nosotros mismos. ¿Tal vez porque no encuentra fe? La fe es la condición imprescindible para la actuación de Dios. Y, hay que reconocerlo, preferimos abandonaros en manos de lo inmediato, echarnos en los brazos de la simple y pura ciencia antes que confiarnos exclusivamente al Señor.

3.- Pidamos al Señor que nuestra fe sea inconmovible y confiada. Que nada ni nadie nos aleje de El. Sólo El puede sacarnos de situaciones que dificultan nuestra felicidad. ¿Tienes fe? nos pregunta el Señor; sanarás, te recuperarás, brillará de nuevo en ti la alegría de vivir.

¿Tienes fe? Entonces no te faltará auxilio en los momentos en los que, por debilidad o enfermedad, veas que la vida se te escapa irremediablemente

¿Tienes fe? Cuídala. Con una oración sincera. Con la escucha de la Palabra de Dios. Con la contemplación. Con el agradecimiento a Dios por haberte hecho hijo suyo por el Bautismo.

¿Tienes fe? No te des por vencido en las causas nobles. Lucha con toda tu alma para que, el mundo que te rodea, deje de ser un flujo de injusticias, de sangre o de desencanto.

¿Tienes fe? ¡Entonces, el Señor, te necesita! Eres de los suyos. Ofrécele, tu fe, como respuesta.

4.- TENGO FE, PERO AYUDAME

Hace mucho tiempo, Señor,

que estoy enfermo:

mis piernas se resisten a progresar

por las sendas de la fe,

buscan otros parajes más persuasivos

menos complicados y hasta menos exigentes.

 

Hace bastante tiempo, Señor,

que mis manos dejaron de abrazar a todos:

buscan lo fácil, la recompensa,

el amor por el amor, la gratitud por lo que dan.

 

Hace no sé cuánto, mi Señor,

que mi cuerpo derrama flujos de sangre:

de apatía y desencanto

inseguridad y altivez

orgullo, prisas, caídas,

pesimismo, desorientación y preocupación.

 

¿Me ayudarás, Señor?

Como la hija de Jairo necesito vida

Como el flujo de sangre

necesito que cortes de raíz

la herida que me debilita y me mata,

la sangre que necesito para vivir o darte gloria.

Sí, Señor; tengo fe pero…ayúdame.

Porque, si miro a mi alrededor,

veo que poco o nada pueden hacer por mí

 

Porque, hace mucho tiempo,

mucho tiempo, Señor, que los que me ven

ya no hacen nada por mí.

Por eso, Jesús, fuente de la salud y de la vida:

ayúdame a salir de las situaciones que me postran

a superar tantos flujos de sangre

que me dejan sin posibilidad de brindarme

por Ti, por tu Reino y por los que me necesitan

Y si me pides algo, mi Señor,

sabes que mi pobre fe,

aunque Tú la puedes hacer más rica

es lo que te puedo ofrecer como recompensa.

Amén


7.- EL DOLOR DE LOS INOCENTES

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Para la celebración de la Misa, el misal adaptado de la Conferencia Episcopal Española sitúa entre paréntesis, con la opción de que no se lea, el episodio de la hemorroísa. Quedaría pues solo la lectura de la resurrección de la hija del jefe de la sinagoga, Jairo. Pero la costumbre hace que en muy pocos templos se abrevie el texto, aun teniendo en cuenta que el prodigio de la resurrección de la niña de Jairo, puede considerarse como “más fuerte” que la curación “involuntaria” operada por Jesús.

Y, sin embargo, la determinación de esa mujer, desahuciada y arruinada por la medicina al uso, de que podía ser curada por Jesús le lleva, simplemente, a rozar su manto. El relato habla de que sintió en su cuerpo la curación y Jesús notó que una fuerza curativa había salido de él. La capacidad de Jesús de hacer milagros, de transformar la enfermedad en salud, la inquietud en paz, siempre atrae. Y muchas veces, los fieles y la Iglesia reza para obtener la curación. La mayoría de los milagros relatados en las causas de la beatificación y canonización de los santos tiene ese contenido: la curación de enfermos. Y en esa frontera del poder real que Dios puede ejercer sobre nosotros es donde debe situarse nuestra esperanza, con la misma determinación que la mujer que tocó el manto entre el apretujón del gentío.

2.- Pero, claro, como decíamos, tiene más "importancia" la resurrección de la hija de Jairo. La vuelta a la vida de un muerto es un asunto difícil y misterioso. Nos resulta más fácil creer en la curación, aunque sea portentosa e inmediata. No obstante lo que importa es la aplicación del poder de Dios y nuestra fe en su omnipotente capacidad para hacer cuanto quiera. No es posible entrar en un camino de explicación de lo simbólico, ni dar "gracia" literaria a ambos pasajes. Hay que creer en lo que se nos narra. La adaptación a los planteamientos más humanos o científicos ha quitado peso y brillantez al relato evangélico.

No podemos leer la Sagrada Escritura como lo haríamos con una narración antigua o con el prospecto de un medicamento. Hemos de entrar en el significado exacto de lo que se nos narra, porque de no haber sido se nos contaría otra cosa. También, podemos evitar ciertas literalidades que vendrían de los modos y modas de la época, pero, en cualquiera de los casos, Jesús pasó haciendo el bien y librando a los oprimidos por el mar y el dolor. Y esto es lo que nos cuenta San Marcos en su evangelio de este domingo. Tal vez, algún día nosotros podamos estar cerca de un hecho sencillo y maravilloso que nos servirá, sobre todo, para mejorar nuestro amor y reverencia por el Señor Jesús.

3.- En la primera lectura –muy breve—sacada del Libro de la Sabiduría se dice. “Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes” Se confirma que el Señor nos hizo inmortales y que el pecado, inspirado por el diablo, rompió esa situación. Y ello está en consonancia con lo sobrecogedor que es el hecho de que se puede producir la resurrección de un ser que ha muerto, como en el caso de la Hija de Jairo, la de Lázaro o la que aconteció con el hijo de la viuda. El Libro de la Sabiduría nos está dando una pauta y que Dios, por mano de su Hijo Unigénito, vuelve a la vida que se perdió. Pero quiero referirme, después, a este tema con una reflexión sobre el dolor de los más indefensos

San Pablo en su segunda carta a los Corintios nos habla de la colecta que se realizó en las Iglesias de Europa y Asia –y por iniciativa suya—para la Iglesia Madre de Jerusalén. Es la consecuencia de la visita que el Apóstol de los gentiles hizo a Pedro y a Santiago. Pablo cumpliría con todo empeño dicha promesa. El largo párrafo que dedica a ello –y que comenzamos a leer en la liturgia de este domingo—da importancia de ello. Para nosotros es un símbolo de la unidad de la Iglesia de Dios en, incluso, esos tiempos en los que los contactos y las comunicaciones eran muy difíciles. Pablo va a viajar a Jerusalén a explicar, con aceptación jerárquica, cual está siendo su labor entre los gentiles y para recibir, de manera fraternal, aprobación para su trabajo apostólico.

4.- Uno de los aspectos más espinosos de la vida humana es contemplar el dolor de los inocentes, la muerte de los niños, la crueldad sobre los indefensos. Alguna madre ha mantenido su inconformismo –hasta su rencor-- por la larga enfermedad de su pequeño o por la malformación del mismo. Es obvio que puede meterse en el mismo saco el tema de la muerte de los seres queridos y otros infortunios parecidos. Si consideramos a Dios como el más poderoso tendemos a suponer que los grandes males ocurren por que Él los tolera. Pero no puede construirse el razonamiento así. El mal está cerca de nosotros y el mal trae muchos deterioros. El fragmento del Libro de la Sabiduría lo dice. "Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes". La pervivencia del mal es otro de los grandes asuntos muy polémicos. Sin embargo, el mal existe y sus transmisores y ejecutores son los hombres y las mujeres. Igual ocurre con el bien. Los humanos hacen el bien y lo acometen hasta el heroísmo. Infringen al mal y llegan hasta lo "absoluto", hasta lo puramente diabólico. Sin embargo, Dios puede cambiar la marcha de los hechos malos. De todas formas, no podemos frivolizar los sentimientos difíciles y encontrados de aquellos que sufren el dolor de los pequeños y los inocentes. Se dice que "Dios escribe derecho con renglones torcidos". Es difícil ahondar en el significado final de algo mientras que no ha se ha llegado al epilogo. Puestos en la presencia de Dios hemos de intentar entender lo paradójico de nuestra existencia.

5.- Ya con el verano completamente “abierto” y con el inicio inmediato de las vacaciones estivales –al menos aquí en el hemisferio norte-- en uso, solo queremos sugerir a todos que conserven el impulso de este tiempo ordinario, tiempo normal y fuerte, que debe reforzar aún más si cabe nuestra disponibilidad ante la Palabra de Dios. Y que, por el contrario, no sea el verano tiempo de olvido. Hay mas tiempo para reflexionar en el eje de nuestras meditaciones, solo puede estar el Señor Jesús. Salgamos hoy del templo con la idea de que ni la distancia, ni el alejamiento, ni las nuevas tierras ni otras gentes, pueden separarnos de la fe que profesamos en común.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


TERNURA DE JESÚS

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Dos relatos se entrelazan en el evangelio del presente domingo. Os los voy a comentar como si fueran dos narraciones sucesivas. Cuando uno llega a Cafarnaún, quisiera poder saber donde estaba el domicilio de Jairo. Lamentablemente no hay indicios. Mira uno, para consolarse, los primeros metros del muro que sostiene la sinagoga, los de color oscuro, e imagina que pertenecen a la que presidía este buen hombre. Debemos imaginarle como uno de los gestores de esta institución, que complementaba, dentro de judaísmo, la función del Templo de Jerusalén. Tal vez más que gestor, a Jairo, se le podría llamar logista, esta gente, imprescindible hoy, que sirve para todo, sin tener claramente definida su función. Os explico esto, porque en el interior de la sinagoga, destacaba el lugar donde se depositaba el Libro Sagrado y la cátedra donde se sentaba el rabino de turno, que dirigía los rezos y explicaba el sentido de las lecturas bíblicas. Esta última función era imprescindible, ya que casi todos los textos estaban escritos en hebreo y la gente de aquel tiempo hablaba arameo, si no se expresaban en el griego vehicular, lengua común en el basto imperio de la ciudad de Roma. La función de nuestro protagonista era fundamentalmente la que hoy llamaríamos de dirección de empresas

Es de admirar que un hombre capacitado para hacer y deshacer en el recinto religioso, con plenos poderes, sea capaz de rebajarse a acudir pidiendo ayuda a un maestro de la alta Galilea, del que con una cierta reticencia, se empezaba a hablar. Solicitar su ayuda implicaba el riesgo de caer en el ridículo, sin tener seguro el éxito de lo que quería solicitar. Pero pedir, rezar, dicho de otra manera, también en nuestro caso, siempre es arriesgarse, y él no tuvo miedo de hacerlo.

2.- Jesús se apresura a cumplir con la petición del padre de una chica que estaba gravemente enferma. Y el buen hombre confía en Él. Cuando están próximos al domicilio, comunican a la comitiva que ya ha muerto la chiquilla. Jesús no se altera, le habla confidencialmente y confiadamente continua a su lado. No va solo. Ni quiere el secretismo de permanecer solitario, creando una atmósfera de intriga, ni se rodea de multitud que le pueda aclamar estrepitosamente. Permanecen en la estancia, los familiares más próximos con los amigos íntimos del Maestro. Se acerca y pronuncia las solemnes palabras: Talita Kumi. No se trata de órdenes militares. En la autoridad del Señor, domina siempre la ternura. Recordad, mis queridas jóvenes lectoras, que, como os he repetido en tantas otras ocasiones, no existía la para vosotras inquietante etapa de la adolescencia. Quien había atravesado la barrera de la segunda infancia, su cuerpo rebosante de vitalidad, reclamaba el cercano encuentro matrimonial y este estado, preparados los chicos por una educación donde comprometerse y ser fiel era un gran valor, les hacía perfectamente aptos para casarse . Jesús lo sabe muy bien, no pierde detalle. Ha salvado su vida, pero es preciso que se alimente, seguramente la enfermedad la había debilitado. La vida debe continuar satisfactoriamente. Los padres ni habían pensado en ello, el Señor sí. Es bondadoso hasta los últimos detalles. Es bondadoso con ella y lo es con todos. Hoy pienso más en vosotras y os recuerdo. Cuando una amiga esté en mala situación, corporal o espiritual, acordaos de Jairo y ocupad vosotras su lugar siendo fieles imitadoras de su proceder. Reclamad la ayuda de Jesús y pedidle que también a ella le diga: talita Kum. Que vuestra oración no desfallezca. Tal vez el tiempo de curación se prolongue, como el camino que le tocó seguir al buen directivo de la sinagoga, pero no os desaniméis.

3.- Las calles de Cafarnaún eran estrechas. La gente apretujaba al Maestro. Vestía Él, como buen judío, una túnica y desde sus hombros pendía el talit, un rectángulo de tela que le servía para cubrir su cabeza en los momentos de oración, que le protegía del frío en otras situaciones o hasta en ciertos momentos le resultaba útil para trasportar ligeras cargas. El talit es uno de los distintivos del fiel hebreo. A uno y otro extremo del tejido, lleva cosido unos flecos acabados en una borla en cada extremo. Es una prenda muy querida. Os cuento unos ejemplos. Cuando el genial judío Marc Chagall, quiso representar a Jesús, sujetó a su cintura, cubriéndole hasta media pierna, pintó un talit. Y en plan más personal, os cuento que un amigo mío, cuando pasó por el mal trago de que su esposa se separara y llegado el momento de repartir sus bienes, le dijo: te puedes quedar con todo lo nuestro, yo solo me reservo el talit que llevaba puesto el día de la boda.

4.- Aquella pobre mujer quería curarse. Su enfermedad no era sólo biológica. En tal trance, la mujer judía, era considerada impura y excluida de la vida social. Valientemente se salta ella las normas establecidas y palpa una de las preciadas borlas del talit del Maestro. No es un acto mágico. El Señor es consciente de sus intenciones, de sus deseos, de sus necesidades. Accede de inmediato, porque también conoce su Fe. Le otorga la curación y le da un don mayor: la paz. Siempre es así Dios. Sus respuestas no son roñosas, rebosan generosidad.

En los dos episodios de hoy reina la ternura. En vuestra vida ¿tratáis de comunicaros, de relacionaros y de obrar con cordialidad? Hoy más que nunca es necesaria esta delicia de bondad.


HOMILÍA DE SAN JUAN BAUTISTA


PROFETAS A LO JUAN

Por Javier Leoz

1.- Cuando disminuye el día en beneficio de la noche; cuando las horas del sol se acortan y las de la luna se agrandan, así es el anuncio del nacimiento de Juan Bautista: la humildad de quien sabrá que, ante el gran sol que es Jesús, se apagarán aquellas otras luces que indicarán el camino para llegar hasta el Salvador.

Su paso no fue inadvertido para muchos ni, por supuesto, lo es para todos aquellos que vemos en el Bautista todo un elenco de actitudes y de virtudes que le hacen válido para entender y comprender, asimilar y marchar detrás de Jesús de Nazaret.

Su valentía y su humildad, su voz y su anuncio siguen siendo de completa vigencia para todos nosotros.

A seis meses del Nacimiento de Cristo, Juan Bautista, en su alumbramiento, se convierte en una llamada a preparar un pueblo sensible a la llegada del Señor. Nació antes para que, la llegada de Jesús, no pasara inadvertida a un pueblo hambriento y sediento de un Dios en carne mortal.

2.- Hoy, en un mundo que es un desierto, sin oasis de esperanza y muchas veces escaso del agua de la fe, el nacimiento de Juan Bautista es ese oxígeno que nos purifica los pulmones para respirar profunda y convencidamente ante la presencia del que está por venir: Jesús

Como siempre, algunos, permanecerán encerrados en las mazmorras de sus propios castillos. ¡Profetas! ¿Para qué? ¿Por qué? Hombres y mujeres, llenos del Espíritu Santo, marchando por delante, manifestando las profundas convicciones de nuestra fe, son los que representan y reavivan el nacimiento del Bautista.

3.- Hemos vivido en un vergel vocacional. Hemos crecido llevados por un torrente de valores cristianos (constitutivos de nuestra identidad y bienestar espiritual y material). Hemos seguido, como pueblo de Dios, las sendas y las palabras de un Jesús que es la gloria y el secreto mejor guardado y más querido de la Iglesia. ¡Profetas a lo Juan!

Si queremos que Cristo siga naciendo en el corazón de una sociedad que, parte de ella, es indiferente hacia Dios, hemos de redoblar el empeño de nuestro apostolado.

Juan bajó al Jordán. ¿Por qué nos cuesta tanto descender allá donde se cuecen los destinos del mundo y proponer sin vergüenza la grandeza de la fe?

Juan se arrimó al Jordán. ¿Por qué la valentía no es distintivo de nuestra comunión con Dios?

Juan se metió en el Jordán. ¿Por qué no alzamos y elevamos nuestra voz con más frecuencia, como lo hizo Juan, ante los corazones obstinados y gélidos?

4.- El nacimiento del Bautista no puede ser celebrado con la hoguera que se enciende en un minuto y en una hora se apaga. El nacimiento del Bautista es llamada a aceptar a un Dios que vendrá en forma de niño en Belén. Es una interpelación seria, en este año eucarístico, a acoger con todas las consecuencias el trasfondo y el fondo de la fe. Sin adulteraciones.

Ojala, que allá donde estemos presentes, podamos decir: “conviene que yo disminuya para que El crezca”. Y sí solamente crecemos nosotros…Dios, poco a poco, se irá haciendo invisible.

5.- ¡FELICIDADES PARROQUIA MIA!

Porque, como Juan, nos invitas a la austeridad y a la búsqueda

Porque, como el nacimiento de Juan, eres motivo de alegría

Porque, como Juan, vas delante y detrás anunciando el Reino de Cristo

Porque, como Juan, demuestras con valentía que tu fe no sólo es palabra

 

¡FELICIDADES PARROQUIA DE SAN JUAN!

Porque, como Juan, sigues gritando en medio del desierto de muchas personas

Porque, como Juan, abres tus puertas para convertir corazones

Porque, como Juan, preparas a jóvenes y mayores ante la llegada de Cristo

Porque, como Juan, perseveras aún en medio de incomprensiones y burlas

 

¡FELICIDADES PARROQUIA DEL ANUNCIO!

Porque, como Juan, predicas que el hombre tiene posibilidad de ser salvado

Porque, como Juan, señalas al que es Rey y Señor

Porque, como Juan, sabes que eres poco comparado con Aquel que te sustenta

Porque, como Juan, darías tu cabeza para que el hombre acogiera el amor de Dios

 

¡FELICIDADES PARROQUIA Y HOGAR DE LAS ALMAS!

Porque, como Juan, alzas la voz de tus campanas para que Burlada se prepare para cuando el Señor llegue

Porque, como Juan, invitas a la conversión y a la penitencia, al gozo y al encuentro

Porque, como Juan, reclamas la atención de aquel que se encuentra lejos y desolado

 

¡FELICIDADES PARROQUIA DE SAN JUAN!

Porque, como San Juan, eres y estás enamorada de tu Señor

Porque, como San Juan, te disminuyes para que Dios crezca en los hombres

Porque, como San Juan, alumbras con la lámpara de tu testimonio

Porque, como San Juan, encuentras tu gozo en anuncias a Aquel que viene

Por todo eso, y por mucho más, ¡FELICIDADES VOZ DE DIOS!


LA HOMILÍA DE SAN PEDRO Y SAN PABLO


DOS VOCACIONES; UN MISMO ESPÍRITU

Por Gabriel González del Estal

1.- San Pedro y San Pablo fueron dos personajes muy distintos. Pedro fue un pescador rudo, probablemente inculto, espontáneo, voluntarioso y con altibajos en su comportamiento. Pablo fue un fariseo culto, apasionado, y, a partir de su conversión, muy seguro de sí mismo, creativo y luchador valiente y decidido. Pedro fue el primero en confesar la fe en el Mesías y sobre él fundó Cristo su Iglesia. Pablo fue el principal predicador y propagador de la fe cristiana y el principal fundador de las primeras comunidades cristianas. Pedro se dedicó principalmente a predicar la fe entre los judíos; Pablo fue el apóstol de los gentiles. Pero lo que más me interesa a mí destacar hoy es que estos dos grandes apóstoles, tan distintos ellos, vivieron y actuaron siempre movidos por un mismo Espíritu, por el Espíritu de Jesús de Nazaret, por el Espíritu Santo. Y esta fue la raíz y causa de su éxito y de su fecundidad. Yo creo que esto, para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, que no permitimos que se dude de nuestra mayoría de edad y de nuestro talante independiente, culto y propio, debe ser un aspecto que debemos tener muy en cuenta. Podemos ser muy distintos en el carácter, en la cultura, en nuestra vivencia de lo religioso, en nuestra vocación y en nuestras actividades; pero si estamos todos llenos de un mismo espíritu, del Espíritu de Jesús de Nazaret, todos caminaremos en la misma dirección, aunque caminemos por caminos distintos. No debe asustarnos la diversidad, ni en la religión, ni en la vida. La diversidad es necesaria y no vamos a poder nunca evitarla, pero es que, además, la diversidad es fuente de progreso y estímulo para la búsqueda. Cada uno de nosotros somos y actuamos como individuos únicos e irrepetibles, distintos a cada uno y a todos los demás, pero, si tenemos el mismo Espíritu, todos colaboraremos al bien común, al bien de la persona, de la sociedad y de la Iglesia. Repito: Pedro y Pablo fueron muy distintos, pero los dos se dejaron guiar siempre por el Espíritu de Jesús de Nazaret y eso fue bueno para la difusión y consolidación de la primitiva Iglesia cristiana. Tratemos nosotros de imitar su ejemplo.

2.- El Señor me libró de todas mis ansias. La fe, traducida en una confianza sin límites en el poder y en el amor del Señor, hizo que San Pedro y San Pablo no perdieran nunca el entusiasmo y la valentía en la predicación del evangelio. Los dos sufrieron calamidades sin cuento, en el cuerpo y en el alma, siendo encarcelados varias veces, continuamente perseguidos y, al final, condenados a muerte. Pero ninguna dificultad les quitó el ánimo, ni el entusiasmo interior. Su fe les dio siempre la seguridad de que el Señor resucitado estaba de su parte y, de hecho, esta seguridad de que el Señor les protegía y les amaba fue la que, realmente, les libró de todas sus ansias. Muchas veces, nuestros miedos y nuestras inseguridades, interiores y exteriores, son simplemente falta de fe. Si sabemos que Dios está con nosotros no podrán vencernos las dificultades, ni el dolor, ni la muerte. San Pedro y San Pablo fueron en esto, como en tantas otras cosas, un ejemplo admirable.

3.- Con esta fiesta de San Pedro y San Pablo termina hoy el año paulino. Es seguro que este año dedicado a San Pablo nos ha ayudado a todos a conocer mejor al apóstol de las gentes. ¿Podemos decir también que este año ha ayudado a los cristianos a seguirle y a amarle con más fidelidad y con más fuerza? Esperemos que así haya sido. Así se lo pedimos, con humildad y confianza, al Señor Jesús, de quien San Pablo se declaró siempre humilde siervo.