TESTIMONIOS Y CORREOS

Por Ángel Gómez Escorial

Esta semana la sección de Testimonios viene amplia y, como dicen los jóvenes, “muy fuerte”. Merece la pena leer siempre dicha página y no quisiera glosarla especialmente aquí y ahora. Los correos publicados hablan por sí solos y mis respuestas a los mismos ya expresan mi opinión. Pero lo que si yo quiero decir es que estos correos de los lectores son como limosnas –en el sentido más santo de esta palabra—para mí. Siempre estoy con la mano adelantada y abierta esperando unos céntimos de comunicación. Y no me pasa solamente a mí. Ocurre con todos los que escribimos en Betania.

MUNDO SILENCIOSO

Se tiene a veces la impresión de escribir para un mundo silencioso, lejano y opaco que, ni siquiera sabemos donde está. Y si no fuera por los sistemas de medición que nos reflejan las visitas, las entradas, y su procedencia pensaríamos que escribíamos para nosotros mismos. Pero no es así, claro. Con una media diaria de unas 3.000 visitas diarias y más 13.000 páginas vistas por jornada, está claro que si nos viene a ver mucha gente. Pero el porcentaje de personas que escriben es pequeño. Se da algo parecido en los medios impresos: las cartas al director en los diarios a veces suponen porcentajes inferiores al uno por diez mil de los ejemplares difundidos.

Una parte importante de las comunicaciones es sobre los servicios que damos. Moniciones, lecturas, plegarias, etc. Es un contenido amplio y lógico. Otra parte, advirtiendo de errores que, también, se agradece porque no es fácil ver todos los fallos que podemos cometer. Luego le sigue la glosa o comentario sobre textos publicados. La mayor parte son de felicitación. Pero otros lectores nos regañan. Unos nos consideran unos peligrosos progresistas. Y otros, unos rancios y antiguos. Bueno también es lógico. Los mejores correos son, tal vez, aquellos que quieren expresar su pensamiento. A veces se nos abren con gran sinceridad, y nos emocionan. Pero todos son bien recibidos. Estos mensajes son nuestro contacto con el mundo real, opuesto, un tanto, al ámbito virtual.

LOS QUE NO NOS GUSTAN

Hay no obstante un tipo de mensaje que no nos gusta nada. Son aquellos que responden al feísimo vicio de “tirar la piedra y esconder la mano”. Critican algo o a alguien pero no quieren que se sepa. Y mucho menos el nombre de quien lo envía. Nosotros respetamos la decisión de que no permitan su publicación. No puede ser de otra forma. Pretenden, tal vez, influir solo al editor o, incluso, asustarle. Entre esos remitentes de correos que no buscan la difusión general, hay mucho fariseo. En fin, decir que aunque este tipo de mensajes no nos gustan, no significa que no los agradezcamos.

Pero como es lógico a lo largo de la historia de Betania –cercana ya a cumplir los 13 años—hemos recibido algunos mensajes verdaderamente impactantes. Y también yo he mantenido correspondencia amplia con muchos lectores que no han querido que sus problemas se conozcan. Espero haber estado a la altura de las circunstancias. Hay muchos recuerdos sobre esto y, en algunos casos, la fuerte satisfacción por cosechar éxito en las ayudas. En fin que 13 años de historia con una sección semanal de correos y testimonios da mucho de sí. Y esa parte de la historia de Betania está prendida muy especialmente en mi corazón. No dejen de escribir nunca, queridos lectores, envíennos una limosnita de comunicación y afecto siempre que puedan. Sinceramente lo necesitamos.