TALLER DE ORACIÓN

EL SELLO DE LA EUCARISTÍA

Por Julia Merodio

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que come de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo. Pues el que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él” (Juan 6, 51 – 56)

La Eucaristía tiene que estar insertada en nuestra vida. Después de tantos años, los cristianos nos seguimos reuniendo para celebrar la eucaristía. Pero no vamos a misa porque somos buenos, sino porque somos pobres. Si no nos sentimos pequeños, pobres, limitados… con actitudes que no responden a lo que nos gustaría ser y creer, no seremos capaces de arrodillarnos ante Dios para decirle: Te necesito.

Estamos llamados a recorrer el camino de nuestra vida en comunidad. Un camino duro, difícil, donde las fuerzas parecen agotarse, pero Jesús abre cada día su mesa, para alimentarnos porque sabe que necesitamos impulso para seguir. ¡Qué importante es que nos sentemos a la mesa junto a Jesús!

En la mesa se revelan las intimidades. La mesa es un lugar de acogida, el lugar de lo gratuito, se reparte sin esperar compensaciones. La mesa es el lugar de la fiesta. ¡Qué importante hacer de nuestras celebraciones una fiesta! Compartir el ellas la amistad, las vivencias, los bienes, los dones de cada uno... Pero:

-¿Son nuestras celebraciones una fiesta?

-¿Nos sentimos acogidos al llegar?

-¿Saludamos a todos con alegría, o sólo a los conocidos, a los cercanos?

Por eso el día del Corpus, es un día importante para revisar cómo va:

• Lo de partir el pan para que llegue a todos.

• Lo de tomar en unión el vino que regenera.

• Lo de entregarnos a los demás.

• Lo de vivir en comunión con todos.

• Para, así responder, si de verdad, queremos donar nuestra vida.

TEXTO PARA LA LECTIO DIVINA.-

De la carta del apóstol san Pablo a los Hebreos 9, 11 – 15

“Cristo ha venido como Sumo Sacerdote de los bienes definitivos. Su templo es más grande y más perfecto: no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado. No usa sangre de machos cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna. Si la sangre de machos cabríos y de toros y el rociar con las cenizas de una becerra tienen el poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, cuanto más la sangre de Cristo, que en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo. Por eso él es mediador de la alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna”

ORANDO JUNTOS CON LA PALABRA DE DIOS

Posiblemente os resulte repetitivo que, todas las semanas, adjunte todos los pasos para la oración. Lo hago para facilitar a las personas que lleguen a la página por primera vez y para aquellas que quieran imprimirlo, porque así no tienen que estar buscando lo de semanas anteriores.

PRIMER PASO.- INVITAR AL SEÑOR PARA QUE NOS ACOMPAÑE.

Si se ora en grupo, el animador –que puede ser cualquier persona del grupo- hará una oración invocando al Espíritu para que les ayude a interiorizar la Palabra de Dios; después puede dar paso a los demás para que se impliquen en la oración.

Si la Lectio se hace individualmente, también se hará la invocación al Espíritu. Para este primer momento, y por si puede servir de ayuda, os adjunto una oración:

Señor:

Hemos pasado Pentecostés, momento fuerte para nuestra fe cristiana. Pero sigue enviándonos tu Espíritu Señor. Tú sabes bien, que hay muchos hermanos nuestros sufriendo toda clase de dolores: paro marginación, accidentes… en un incesante grito de necesidad. Por eso queremos recibir la valentía y la fuerza que recibieron tus discípulos, en el Cenáculo, el día de Pentecostés para, también nosotros, ayudarles a llevar sus dolores con amor, con bondad, con mansedumbre… Queremos ir haciendo un mundo, de cristianos donde no existan exclusiones; un mundo donde todos podamos gustar el gozo de Dios.

SEGUNDO PASO.- LEEMOS EL TEXTO

Todos los participantes en el grupo deberán llevar la Biblia. El animador señala el capítulo y los versículos correspondientes y espera hasta que todos los hayan buscado. Después pide alguien del grupo que lea en voz alta y al acabar la lectura todos permanecen en silencio durante un rato.

TERCER PASO.- NOS DETENEMOS EN EL TEXTO

Sin perder ese clima de silencio, los participantes van leyendo, en voz alta, una palabra o una frase que para ellos haya resultado importante o haya llamado su atención. Después de cada intervención se dejan unos instantes de silencio. Los participantes pueden repetir interiormente las palabras pronunciadas para que todo ello se vaya grabando en el interior.

Cuando esta forma de oración se repita varias veces observaremos que las palabras más corrientes empiezan a tener una relevancia importante.

Una vez que, haya pasado un tiempo prudencial, o ya no haya intervenciones se vuelve a leer el texto en voz alta y muy lentamente.

CUARTO PASO.- GUARDAR SILENCIO

Una vez leído el texto, el animador invita a todos a permanecer en silencio e indica el tiempo que durará (tres o cuatro minutos) con el fin de prepararnos para meditar juntos la Palabra que se ha elegido.

QUINTO PASO.- COMPARTIMOS LO QUE EL TEXTO NOS HA IDO DICIENDO

Se comparte espontáneamente lo que, la Palabra, nos dice al corazón. Procuraremos que hablen todos y se evitará divagar en temas ajenos al elegido.

No es casual que la carta a los Hebreos se plasme en el Corpus Christi. Pablo que ha formado y catequizado a tantas comunidades, se da cuenta de que, un hecho tan impresionante como el de Cristo derramando su sangre por toda la humanidad, no puede quedar en el olvido ni puede ser estéril para los que vayan acercándose al Señor, así decide plasmarlo, en la carta a los Hebreos, para que puedan perpetuarlo a las generaciones que vendrán después.

Por eso nosotros vamos a ser unos de los que vamos a orar con estas admirables palabras: “Cristo ha venido como Sumo Sacerdote de los bienes definitivos” Se nos muestra que, hay unos bienes que no se extinguen, no se apagan, no desaparecen… y Cristo es el Sumo Sacerdote de todos esos bienes.

Detengámonos a ver que bienes son:

-Pronunciémoslos por su nombre.

-Observemos las consecuencias que tienen para nuestra vida.

-Veamos con qué facilidad los cambiamos por otros, más sugestivos, pero

totalmente banales.

Oremos con esta realidad, no tengamos prisa, esperemos que vayan calando en nuestro interior hasta que, la acción de gracias brote espontánea de nuestro fondo.

Después nos habla de un Templo. El templo de cada persona. Un templo que nadie ha manipulado en su concepción y que ha sido el mismo Dios el que ha querido habitarlo.

Todos somos templos de Dios, más grandes y perfectos que cualquier templo fabricado por manos humanas.

Vamos a volver a la oración en silencio y vamos a preguntarnos:

• ¿Veo a los miembros de mi familia como templos de Dios?

• ¿Y a los de mi parroquia?

• ¿A mis amigos?

• ¿A los funcionarios públicos?

• Y cuando yo me muestro a los demás: ¿Me verán como templo donde Dios

habita?

• ¿Qué personas me muestras que están habitadas por Dios?

• ¿A quién se lo muestro yo con mi manera de comportarme?

Si hacemos silencio para acogerlo, de nuestro interior surgirán oraciones de alabanza, de acción de gracias, de perdón, de petición…y llegaremos a la adoración, al prodigio de contemplar tantos presentes.

SEXTO PASO.- OBSERVAMOS LO QUE EL SEÑOR NOS PIDE

En este momento se trata de ver la vida concreta de cada uno a la luz de la Buena Noticia.

Se traerán al compartir las realidades de los presentes y se mirarán formas de actuar, llevando cuidado de no entrar en temas de discusión.

SÉPTIMO PASO.- TERMINAREMOS ORANDO JUNTOS PARA DAR GRACIAS

El animador invita a todos a orar de forma espontánea; también se puede elegir para terminar: un canto, una oración por la paz, el padrenuestro cogidos de la mano…. Y así se irá variando cada vez.