1.- CORPUS: INTERROGANTES PARA RESPONDER

Por Javier Leoz

1) Ante la fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo, examinémonos personalmente. ¿Va nuestra fe más allá de los muros de nuestras iglesias?

2) El Señor, como camino, no puede ser un punto final que, se inicia y acaba en el interior de un templo: es camino que se abre al mundo para que, por ese camino, puedan acceder los hombres y mujeres de nuestro tiempo a la Salvación. ¿Construimos ese camino o lo dinamitamos con nuestra falta de interés o pereza?

3) El Corpus es hacer presente a Cristo, en la figura del pan, por las calles de nuestros pueblos y ciudades. ¿Son nuestras calles, las calles de Jesús? ¿Se respira y se ve en ellas la fraternidad, el amor, el perdón o la paz?

4) El Corpus es el Señor que pasa. Mira con detenimiento nuestras casas, nuestra vida cotidiana. ¿Están abiertas nuestras viviendas a Cristo? ¿Rezamos en ellas? ¿Hay signos visibles de su presencia –rosario, oración, imágenes, etc.- que denoten nuestra pertenencia al grupo de sus amigos?

5) El Corpus es una bendición divina para el mundo; para nuestras familias; para los jóvenes; para los niños... ¡para todos nosotros! ¿Vivimos el paso del Señor, en Cuerpo y Sangre, como una bendición, como un privilegio.o tal vez como una costumbre?

6) El Corpus es un contagiar, con verdadera alegría cristiana, una realidad que está impregnada de tristeza, hambrienta de felicidad, desierta de muchos valores, amenazada por espejismos de falsa felicidad. ¿Vivimos a fondo nuestro bautismo? ¿Intentamos mejorar después de haber comulgado la Eucaristía?

7) El Corpus rompe el silencio que, en el interior del templo, rodea a la Eucaristía. Tributamos, en esta día, un homenaje sentido y profundo al Señor para que, El, nos acompañe –vivo y operante- en nuestro peregrinar por los senderos del tiempo y de la tierra. ¿Nos llena todo esto de alegría?

8) El Corpus, y no lo olvidemos, es una llamada, una invitación a ser personas eucarísticas en nuestra espiritualidad. Y, al perdernos en nuestro ser eucarísticos, a la fuerza brota el deseo de hacer el bien, de contribuir a la fraternidad, de tener deseos de perdón, de misericordia, de honradez. ¿Somos conscientes que, la Eucaristía, es un aperitivo, un adelanto celestial de lo que nos espera en el cielo?

9) El Corpus es una pista de aterrizaje. Si el Señor, desciende al duro suelo para compartir e ir delante iluminándonos en el camino de nuestra existencia, también nosotros nos esforzaremos en dar pan al hambriento; en promover la justicia ante tanta desigualdad y diferencias. ¿Qué puede en nosotros?

10) El Corpus, que es expresión del amor inmenso que Dios nos tiene, nos pone en camino hacia el Cielo. ¿Preparamos ese camino con la arena de la caridad, las plantas del perdón o las piedras de la oración?

11) El Corpus nos empuja a celebrar el gran misterio del amor, Jesús, que se ha entregado para dar auténtica vida a la humanidad. ¿Somos críticos ante la muerte de los inocentes, ante la sistemática confusión del amor con el placer? ¿Luchamos en contra de la mentira que se disfraza de modernismo? ¿Somos sensibles a los dramas de las personas que nos rodean?

12) El Corpus nos lanza al mundo; desde la comunión con El Señor hemos de ir sin temor ni temblor como lo que somos: como cristianos. El Señor va al frente, nos espera y no podemos decepcionarle. Si Jesús es río de agua viva, nosotros –desde ese río- seremos gotas de la misma agua; si Jesús es Pan Vivo, nosotros seremos migas repartidas; si Jesús es la alegría del mundo, nosotros seremos notas que vayan interpretando la música de Dios.

--Que el Señor, mesa inmensa con un sitio para todo comensal que crea y espere en El, nos reúna en este gran sacramento que, por ser tan gigantescamente misterioso y real, salta y camina con gozo, entre flores, cánticos y el testimonio de miles de cristianos, al corazón de nuestros pueblos y ciudades.

 

2.- UNA SUGERENCIA

Por David Llena

Se acerca, lo celebramos este domingo, el día del Corpus. Algunos lugares conservan aún la tradición y lo celebran el Jueves (uno de los tres que relucen más que el sol). Ya desde hace varios años, procuro resaltar la necesidad de fijarnos en la hermana pequeña de este día. Realmente se celebra la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. La “hermana pequeña” es la Sangre de Cristo. Quizá sea por comodidad, o quizá por imposibilidad, no lo sé, pero quien recorre nuestras calles es la Hostia Consagrada, el Cuerpo de Cristo, el Santísimo. Y también, rara es la excepción, cuando comulgamos solo lo hacemos con el pan, casi nunca con la Sangre de Cristo.

No pretendo ser escrupuloso, y sé que la Iglesia en su infinita Sabiduría; es el Cuerpo de Cristo y está guiada por el Espíritu Santo, tiene sus razones para tal actuación, pero es cierto, y así lo recordamos en cada consagración que Jesús en la Última Cena, tomó pan lo bendijo y lo repartió diciendo: “Esto es mi cuerpo” y también tomó el vino y lo convirtió en su Sangre y también lo pasó y todos bebieron. Ahora nos tenemos que “conformar” con el Cuerpo.

Pero también quiero hacer notar, que con la costumbre de comulgar en la mano, hay quienes guardan la Sagrada forma, para otros usos, y por tanto ya sacrílegos sean cuales sean esos usos. Están apareciendo, casos de sectas que buscan desesperadamente este pan para sus rituales y además del asalto a algunos sagrarios, ésta forma es muy frecuente.

Uniendo ambos temas, lanzo mi sugerencia, que muchos ya habrán deducido rápidamente. ¿Por qué no se vuelve a retomar la comunión bajo las dos especies, ya que así lo instauró Cristo y de paso se invita a tomar la comunión en la boca evitando los malos usos que algunos, sin saber lo que hacen, dan a esa forma consagrada? Bueno, ahí está la sugerencia. Doctores tiene la Iglesia para que valoren y dictaminen si es posible o no llevar adelante esta propuesta.

 

3.- PRIMERAS COMUNIONES (II)

Por Pedrojosé Ynaraja

Probablemente que algunos lectores habrán pensado que el planteamiento que hacía respecto al inicio de los chicos y chicas a la comunión era utópico e irrealizable. Desde hace un tiempo, vengo reflexionando y observando que entre nosotros, cristianos acomodados, cuenta más, a la hora de elegir comportamientos sociales, las costumbres burguesas, que los criterios derivados del Evangelio. No podemos ni olvidar, ni ignorar, que desde antiguo, la Iglesia de estos países nuestros, ha mantenido el monopolio de la fiesta. Había que celebrar el nacimiento de un hijo y desde los confites hasta la merienda y los payasos, rodeaban, anulándola, la sacramentalidad del bautismo, que debiera ser centro del evento. La rodeaban de tal manera, con tanto boato, con tanta espectacularidad, que dificultaban la vivencia de aquello que nos incorpora a Cristo.

Llegado el momento de celebrar el amor solemne de enamoramiento, el bien hacer y el bien lucirse socialmente, revestía y superaba en apariencias, al sacramento del matrimonio. Con la particularidad de que preparar la liturgia, los protocolos llamarían hoy, se resolvía en poco rato, mediante una charla amistosa. El envolvente no. Desde escoger el vestido, el lugar del banquete, el menú, el fotógrafo etc. hasta preparar el sistema de recibir los obsequios u organizar el viaje, todo era aparatoso y caro. Con frecuencia oigo que una pareja se ha casado en un restaurante. Como es obvio, se trata de donde se reunieron para el banquete, el compromiso sagrado ha caído en el olvido, si es que llegaron a asistir.

Ante tales deficiencias, se acude a organizar cursos y a obligar a asistir a ellos. Cursos de Primera Comunión. Cursos de Confirmación. Cursos de preparación al matrimonio. Y con ello se quedan tan tranquilos. He leído que en cierta población han dicho: no se celebrarán primeras comuniones en dos años, tiempo que durarán los correspondientes cursillos, que consideran indispensables. Se ha seguido a esta decisión la protesta de los empresarios de restaurantes y los fotógrafos profesionales. Es natural. Pero ¿qué pasaría en este lugar si unos padres han enseñado a su hijo a rezar, le trasmiten su Fe mediante excursiones a santuarios donde el chiquillo aprende a amar a Santa María, le llevan a un colegio de orientación religiosa cristiana (no de mera propiedad del inmueble y de la gestión empresarial por un organismo religioso) visitan juntos instituciones caritativas como el Cottolengo, las Hermanitas de los pobres o los Franciscanos de la Cruz blanca, entidades en las que los padres colaboran. Pasan buenos ratos juntos, visitando monasterios contemplativos, donde los progenitores intercambian preocupaciones y peticiones de ayuda espiritual. (No son imaginaciones mías, hablo de hechos históricos). Pasado el tiempo correspondiente para que el hijo o la hija hayan conocido realidades cristianas, hayan comentado en casa los mandamientos y los textos evangélicos, aprovechando el día que caprichosamente se niega a comer tal manjar o tal bebida, llegará la decisión.

Al largo discurso empezaba interrogando, no le he puesto final. Incorrecto proceder. Ahora lo enmiendo. En el tal lugar, el día que la familia se acerque a comulgar ¿será capaz alguien de excluir al chaval de la comunión? Más aun ¿Tal vez disponen de un fichero donde consten quienes han seguido los cursos? No se pone vino joven en odres viejos. No se cose un retal de tela nueva en una prenda vieja. Reventarían los pellejos en el primer caso, se rasgaría la prenda en el segundo. Es doctrina del Señor que será preciso aplicarla, prescindiendo de costumbres implantadas, por extendidas que estén.