TALLER DE ORACIÓN

SE TRATA DE DAR VIDA

Por Julia Merodio

El Resucitado nos ha traído: la Luz de la Resurrección, el amor de su entrega y la veracidad de sus obras; pero nadie puede decir que lo conoce, si no está dispuesto a vivir como Él vivió.

Siempre impresiona observar que la Palabra de Dios recorra todas las situaciones del ser humano. Cuando, Jesús Resucitado, vuelve a los suyos para comunicarles la gran alegría:

-Los invita a recorrer un camino glorioso dónde Él estará presente.

-Les enseña que el signo de este caminar es el gozo de vivir como personas renovadas.

-Les dice: ¡No tengáis miedo! Yo, siempre, os acompañaré.

-Les enseña sus llagas, donde se fusiona el dolor de la humanidad.

-Les regala su paz: Una paz distinta a la que nos brinda el mundo.

-Y les brinda la oportunidad de guiarlos, protegerlos, defenderlos… y llevarlos a “esos pastos” donde se encuentra el alimento que nutre.

PARA TENER VIDA HAY RESUCITAR

Los textos que esta semana nos presenta la liturgia, llevan implícito el servicio, en ellos se advierte la manera en que hemos de servir a la Iglesia y a los hermanos. Un apoyo, a veces doloroso, tan doloroso como lo que nos ha mostrado Jesús, dando su propia vida.

Pero nosotros tenemos la suerte de haber visto los resultados que tuvo dar la vida, pues eso trajo consigo la Resurrección.

Por tanto, si queremos también nosotros resucitar con Cristo, no podemos eludir la realidad de “dar vida” entregándonos al servicio de los demás.

Esto no lleva implícito hacer cosas raras, ni buscar destinos extraños… se trata de ofrecer nuestros dones a los que viven con nosotros, a los que se cruzan en nuestro camino, a los que intentan vivir a nuestro lado la fe… Se trata de regalar:

-Nuestro tiempo.

-Nuestra sonrisa.

-Nuestra paciencia.

-Nuestra energía.

-Nuestra entereza.

-Nuestros dones.

-Nuestra honestidad…

Se trata de gastarnos por los demás compartiendo con ellos, dejándonos encontrar por los que nos necesitan, perteneciendo a todos… como signo de la universalidad de la Iglesia. Se trata de vivir en fidelidad desde una entrega diaria y silenciosa.

Por eso, la palabra de Dios, apunta algo muy importante: se trata de que estemos todos, de que no se vayan, de que encuentren lo que venían a buscar… Y, con tristeza, vemos que son muchos los que se han ido y se siguen yendo tras esas voces que acarician, esas falsas sonrisas, esos buenos modales, esas propuestas sugestivas… Estamos en un momento clave, no podemos dormirnos en nuestra propia comodidad.

Tenemos que salir a los caminos a buscarlos, sin importarnos el qué dirán, ni la imagen, ni la fama, ni el prestigio… anteponiendo el bien de los demás al nuestro propio.

Porque, Jesús, nos ha enseñado que no basta con preocuparse de los demás, es necesario olvidarse de sí mismo y dejar a un lado tantos intereses egoístas como se nos brindan para que nos apartemos de Dios.

Tenemos que seguir caminando, pero no con la cabeza baja y los ojos cerrados; ni con la mente “fuera de servicio” y la conciencia desactivada… sino poniendo nuestras cualidades y nuestras ideas al servicio de todos a fin de que ellos también se enriquezcan.

Para ello hay que conocer la meta, tener una conciencia comunitaria, estar disponibles y seguir firmes cuando lleguen las dificultades. Seguir avanzando aunque nos llegue el cansancio y nos pueda la fatiga; seguir… sin arrastrar los pies y sin ignorar el paso de los otros; seguir estando muy pendientes de los débiles, de los desalentados, de los abatidos… y caminar a su paso, sin dejar que se nos apodere la importancia de llegar.

Sin ignorar, la gran tarea, que Jesús nos brinda, representada en “la multitud” esos que escuchan de pasada o que no quieren escuchar la Palabra de Dios. Jesús quiere recordarnos que ellos, no son una masa anónima y despersonalizada, que a ellos hay que tenerlos en cuenta.

Cada uno tiene su corazón, su historia, sus lágrimas… Tenemos que dejar el individualismo para aproximarnos a ellos.

Pero hemos de hacerlo sin juzgar, sin criticar, sin fiscalizar… teniendo, simplemente, la manos tendida a cuantos están a la espera.

TEXTO PARA LA LECTIO DIVINA: PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN JUAN 3, 1 – 2

“Queridos hermanos:

Mirad que amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo ha conocido a Él. Queridos: ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejante a Él, porque lo veremos tal cual es”

ORANDO JUNTOS CON LA PALABRA DE DIOS

Posiblemente os resulte repetitivo que, todas las semanas, adjunte todos los pasos para la oración. Lo hago para facilitar a las personas que lleguen a la página por primera vez y para aquellas que quieran imprimirlo, porque así no tienen que estar buscando lo de semanas anteriores.

PRIMER PASO: INVITAR AL SEÑOR PARA QUE NOS ACOMPAÑE.

Si se ora en grupo, el animador –que puede ser cualquier persona del grupo- hará una oración invocando al Espíritu para que les ayude a interiorizar la Palabra de Dios; después puede dar paso a los demás para que se impliquen en la oración.

Si la Lectio se hace individualmente, también se hará la invocación al Espíritu. Para este primer momento, y por si puede servir de ayuda, os adjunto una oración:

Señor:

Hemos llegado al momento más importante de nuestra fe cristiana: el momento de la Resurrección. Pero Tú sabes bien que hay muchos hermanos nuestros sufriendo toda clase de dolores: paro marginación, accidentes… en un incesante grito de ayuda. Mas, lo mismo que tu cuerpo ha salido del sepulcro, haz que también, nosotros, les ayudemos a llevar sus dolores, para que resuciten contigo en esta Pascua. A fin de que vayamos encontrando, un mundo, de resucitados; un mundo en el que no haya exclusiones; un mundo donde todos podamos gustar el gozo de Dios.

SEGUNDO PASO: LEEMOS EL TEXTO

Todos los participantes en el grupo deberán llevar la Biblia. El animador señala el capítulo y los versículos correspondientes y espera hasta que todos los hayan buscado. Después pide alguien del grupo que lea en voz alta y al acabar la lectura todos permanecen en silencio durante un rato.

TERCER PASO: NOS DETENEMOS EN EL TEXTO

Sin perder ese clima de silencio, los participantes van leyendo, en voz alta, una palabra o una frase que para ellos haya resultado importante o haya llamado su atención. Después de cada intervención se dejan unos instantes de silencio. Los participantes pueden repetir interiormente las palabras pronunciadas para que todo ello se vaya grabando en el interior.

Cuando esta forma de oración se repita varias veces observaremos que las palabras más corrientes empiezan a tener una relevancia importante.

Una vez que, haya pasado un tiempo prudencial, o ya no haya intervenciones se vuelve a leer el texto en voz alta y muy lentamente.

CUARTO PASO: GUARDAR SILENCIO

Una vez leído el texto, el animador invita a todos a permanecer en silencio e indica el tiempo que durará (tres o cuatro minutos) con el fin de prepararnos para meditar juntos la Palabra que se ha elegido.

QUINTO PASO: COMPARTIMOS LO QUE EL TEXTO NOS HA IDO DICIENDO

Se comparte espontáneamente lo que, la Palabra, nos dice al corazón. Procuraremos que hablen todos y se evitará divagar en temas ajenos al elegido.

El pregonero del amor es Juan. El ha conocido el amor de Cristo y sabe cómo nos consiguió la liberación; esa liberación que muchos rechazan porque dicen “querer ser libres”

De ahí que, aunque la oferta era para todos, solamente algunos consintieron ser hijos recibiendo al Espíritu de vida y entrando plenamente en su amor.

Yo creo que esta semana tendríamos que silenciarnos y hacer largo rato de oración preguntándonos:

-¿Qué significa para mí ser padre?

-¿Qué aporta a mi vida acoger a Dios como Padre?

-¿Qué representa para mí ser hijo?

-¿Qué exige de mí, el sentirme hijo amado?

Quizá sea este el mejor camino para entender la paternidad de Dios. El ir observando como un padre va muriendo, a multitud de cosas, renunciando a sus gustos, saliendo de su comodidad… para que el hijo viva mejor.

Y ¡cómo no! Estas palabras de Juan me llevan al agradecimiento. Es sorprendente que, Dios siendo Dios, nos regale su herencia:

- La creación.

- El amor.

- La fe.

- La alegría…

Y ¿Cómo? Muriendo por nosotros, entregándose, ofreciéndose… De ahí que, de ahora en adelante, viviremos en constante acción de gracias, hasta que, “el Señor, se nos manifieste y seamos capaces de ver, que somos semejantes a Él al verlo tal cual es”

SEXTO PASO: OBSERVAMOS LO QUE EL SEÑOR NOS PIDE

En este momento se trata de ver la vida concreta de cada uno a la luz de la Buena Noticia. Se traerán al compartir las realidades de los presentes y se mirarán formas de actuar, llevando cuidado de no entrar en temas de discusión.

SÉPTIMO PASO: TERMINAREMOS ORANDO JUNTOS PARA DAR GRACIAS

El animador invita a todos a orar de forma espontánea; también se puede elegir para terminar: un canto, una oración por la paz, el padrenuestro cogidos de la mano…. Y así se irá variando cada vez.