IV Domingo de Pascua
3 de mayo de 2009

La homilía de Betania


1.- UN SOLO REBAÑO Y UN SOLO PASTOR

Por Antonio García-Moreno

2.- VIVIR ORIENTADOS HACIA EL PRÓJIMO

Por Gabriel González del Estal

3.- ME AMÓ Y SE ENTREGÓ POR MÍ…

Por José Maria Maruri, SJ

4.- LA AGENDA DEL PASTOR

Por Gustavo Vélez, mxy

5.- ENTREGAR LA VIDA POR AMOR

Por José María Martín OSA

6.- NO ES FACIL SER “BUEN PASTOR”

Por Javier Leoz

7.- EL PASTOR DE LA UNIDAD

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


LO POLÍTICAMENTE CORRECTO

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- UN SOLO REBAÑO Y UN SOLO PASTOR

Por Antonio García-Moreno

1.- Jesucristo, piedra angular.- En este tiempo de Pascua el libro de los Hechos de los apóstoles ocupa un lugar preeminente en la liturgia de la Palabra. La razón está en que cuando Jesús resucita se inicia el tiempo de la Iglesia. En este pasaje se nos narra el revuelo que se levanta en Jerusalén con la predicación de los apóstoles. Un revuelo que no acaba de calmarse, pues unos hombres que siguen hablando de Jesús de Nazaret, al que los jefes del pueblo habían ajusticiado por falso Mesías... Pero lo sorprendente es que no sólo son palabras las que anuncian semejante noticia. Unos signos prodigiosos confirman la doctrina que predican y, lo que es más, una vida de heroísmo y de entrega total ratifica el mensaje que proclaman.

Ahora es la curación de un cojo de nacimiento, de un pordiosero de cuerpo retorcido, que repetía monótono su cantinela de pedigüeño. Pedro le dijo simplemente: "No tengo oro ni plata, pero lo que tengo te lo doy: en nombre de Jesucristo, el Nazareno, anda". Y el milagro se produjo. Era increíble, en nombre de Jesucristo el Nazareno, en nombre del que había muerto recientemente en una cruz, como un malhechor cualquiera.

Pedro, lleno del Espíritu Santo, responde con claridad y fortaleza. Y nada menos que ante el Sanedrín, el Tribunal Supremo de Israel. Una confesión valiente y decidida, tan distante de sus negaciones ante una esclava y un grupito de siervos. Pedro, el Vicario de Cristo, hablando con libertad, con una claridad meridiana... Hoy también es preciso que resuene la voz de Pedro, con claridad y energía. Vamos a pedirle a Jesús que ilumine y fortalezca, también hoy, al Pedro de nuestro tiempo. Para que siga hablando con voz tan firme y clara que disipe tanta oscuridad como nos circunda.

"Jesús es la piedra que vosotros, los constructores, habéis despreciado y que ha venido a ser la piedra angular" (Hch 4, 11). Esa piedra angular es la que cierra el arco, la que hace de cuña, la que contrarresta las dos fuerzas contrarias del ángulo curvilíneo, la que sostiene, la que culmina. Piedra fundamental y particularmente preciosa. Eso es Cristo para la salvación de los hombres, para la liberación de su pueblo... Pero vino al mundo y el mundo no le conoció; vino a los suyos y los suyos no le recibieron. Pobre hombre, qué torpe eres. Pobre israelita, qué ignorante. Tanto tiempo deseando que llegara el que había de venir, y cuando llega le rechazas, le desprecias, le crucificas.

"Y no hay salvación en ningún otro –continúa Pedro-; pues ningún otro nombre debajo del cielo es dado a los hombres para salvarnos". No hay otro camino que Cristo, no hay otra piedra angular. Sólo Él puede salvar al hombre, sólo Él puede sostener el edificio de nuestra vida personal. Esa vida que tantos vaivenes sufre, esa vida capaz de las mayores alegrías y de las más profundas amarguras. Cristo es nuestro consuelo, nuestro refugio, nuestra solución clara y definitiva. Todas las demás serán siempre soluciones provisorias, un pequeño remiendo para tapar de momento un roto.

Llena Tú, Señor nuestro, esta vida tan sin sentido a veces. Remata este arco de nuestra existencia, contrarresta con tu presencia estas dos fuerzas contradictorias que a menudo desgarran nuestra vida. Sé nuestra piedra angular, culmina la armonía y la belleza de este edificio tan complejo de la vida humana.

2.- Un solo rebaño.- Jesús se nos presenta como el Buen Pastor. No dice un buen pastor sino el Buen Pastor. Ya el profeta Ezequiel, cuando hablaba de los malos pastores de Israel, vaticinó un pastor único que, a diferencia de aquéllos, se preocupe de apacentar a las ovejas, sea el fiel sucesor de su padre David que arriesgaba su vida por salvar el rebaño de las fieras del campo. Jesús llegará más allá todavía. Él no se limitará a arriesgar la vida por su grey, él morirá por salvarla. Por eso nos dice en este pasaje: Yo doy mi vida por las ovejas. En realidad desde que nació fue entregando su vida por los hombres, día a día desgranando su existencia para ayudar a los demás, hasta gastarse del todo en la Cruz.

Pero aquel momento no fue el final. Podríamos decir que fue más bien el principio, el comienzo de una nueva era, la del tiempo mesiánico. Por eso ahora nos vuelve a decir el Señor que da su vida por nosotros. Para eso está presente en la Eucaristía, para ser nuestro alimento y nuestro mejor compañero de camino, para inmolarse como Víctima expiatoria y propiciatoria en el Santo Sacrificio de la Misa. Sí, Jesús sigue vivo y sigue entregándonos su misma vida, para que sea la suya y no nuestra vida la que nos anime y nos impulse a ser sus discípulos fieles, ovejas de su rebaño que conocen su voz, la escuchan y le siguen.

El Señor dice que tiene, además, otras ovejas que no son de este redil. Jesús piensa en las que están fuera, esas que se han extraviado y a las que es preciso ir a buscar y traerlas al mejor redil, el único donde hay seguridad y salvación. Es esa una verdad insoslayable. Es cierto y lógico que a quienes no pertenecen a la Iglesia católica les moleste que digamos que es la única verdadera. Muchos de ellos no admiten ni tan siquiera que haya de haber una sola Iglesia y consideran que la Verdad se encuentra repartida y que nadie se puede arrogar el monopolio sobre esa Verdad. Sin embargo, el Señor ha querido un solo rebaño y un solo pastor. Es cierto que el hombre, ninguno, puede arrogarse ese privilegio de formar el verdadero reducto de salvación, pero también es evidente que Jesucristo ha podido, y lo ha hecho, fundar una sola Iglesia y que para salvarse haya que estar dentro de ella.

Demos gracias por estar dentro del redil de Cristo, sin mérito alguno por nuestra parte. Hagamos cuanto nos sea posible para que todos vengan a este redil. Recemos a Dios por la unidad de todos los cristianos, de todos los hombres. Recitemos la oración del mismo Jesús: Que todos sean uno, que todos aceptemos la voluntad del Señor que ha querido, y quiere, que haya un solo rebaño y un solo pastor.


2.- VIVIR ORIENTADOS HACIA EL PRÓJIMO

Por Gabriel González del Estal

1.- Hoy es el domingo del Buen Pastor, del pastor que vivió toda su vida orientado hacia sus ovejas. Los girasoles viven orientados hacia el sol que nace en el oriente. Los cristianos debemos vivir orientados hacia un Dios que se encarnó en Jesús de Nazaret, en el oriente, y que quiere seguir viviendo encarnado en cada uno de nosotros. Jesús de Nazaret fue una persona que vivió siempre orientada hacia su prójimo. Jesús de Nazaret nació, vivió y murió para los demás, es decir, para nosotros. Nació por amor al prójimo, vivió amando al prójimo y murió por amor al prójimo. Porque vivir orientado hacia el prójimo es vivir amando al prójimo. Nuestro amor al prójimo no debe ser un acto puntual y pasajero, sino una actitud continuada y renovada cada día, debe ser una vida orientada continuamente hacia el otro. Jesús de Nazaret fue el buen pastor durante las veinticuatro horas de cada día de su vida. No vivió ni un minuto sólo para él; fue una persona para los demás, para nosotros. No hizo nada por dinero, ni por el éxito, ni por el poder; lo hizo todo única y solamente por amor a los demás, a nosotros. Nos salvó por amor, gastó toda su vida y la entregó por amor, por amor a nosotros. Esto es algo dificilísimo de conseguir, esto sólo se puede conseguir con la gracia del que se encarnó por nosotros, para salvarnos. Porque el egoísmo está enraizado en la entraña más íntima de nuestro ser. Pero toda nuestra vida debe ser un esfuerzo continuado para salir de nosotros mismos, quiero decir de nuestro egoísmo, de nuestro amor dirigido principalmente a nosotros mismos. Esta es nuestra vocación: el cristiano, el discípulo de Cristo, debe tener vocación de pastor, de buen pastor; nuestras ovejas son todos nuestros hermanos y debemos vivir orientados hacia ellos.

2.- El asalariado ve venir al lobo y huye. El asalariado es el que trabaja por un salario, no por amor a aquellos para los que trabaja. Yo me temo que, muchas veces, también los cristianos somos personas asalariadas, sin vocación de auténticos pastores. Es verdad que todos necesitamos recibir un salario, pero no es verdad, no es cristiano, que nuestro salario sea el principal soporte y la causa única que dirija nuestro trabajo. Debemos entender el trabajo como una vocación de servicio, un servicio que siempre debe ser hecho por amor y con amor a los demás. Por eso, las dificultades y los sinsabores que, muchas veces, nos produce el trabajo debemos asumirlas y aceptarlas con temple cristiano y con amor cristiano. Ver las dificultades y huir puede ser propio de personas asalariadas, pero no de personas comprometidas que entienden su trabajo como una vocación de servicio, de servicio a los demás. En este domingo del Buen Pastor debemos preguntarnos a nosotros mismos: ¿hacemos nuestro trabajo como un servicio de amor a los demás, o simplemente como una condición necesaria para recibir y justificar nuestro salario?

3.- Tengo además otras ovejas que no son de este redil. Los pastores, en Israel, tenían mala fama, porque se les consideraba muy egoístas y capaces de hacer cualquier trampa en beneficio de sus propias ovejas y en perjuicio de las ovejas y de los campos de los demás. Buscaban únicamente el beneficio personal, sin importarles lo más mínimo el beneficio de los demás. Cristo no fue así y no quiere que nosotros seamos así. Para él las ovejas, cualquier oveja, merece su atención. Él quiere que todas las ovejas formen un único rebaño, dirigidas por un único pastor. Nuestras divisiones, dentro de la Iglesia, nuestras capillitas, son consecuencia de nuestros egoísmos. Debemos ampliar el horizonte de nuestra mirada, tender hacia una única Iglesia, la Iglesia de Cristo, dirigida por un único pastor, por el Buen Pastor, sin apegarnos a nacionalismos, ritos o privilegios, orientales u occidentales, que, desgraciadamente, se convierten muchas veces en tremendos muros de división. Cristo debe ser nuestro único Pastor, que sabe hablarnos a cada uno de nosotros en nuestra propia lengua y a través de nuestros propios ritos. Jesús es la piedra angular; bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos. Así lo dijo Pedro, lleno del Espíritu Santo, tal como podemos leer en la primera lectura de este domingo del Buen Pastor.


3.- ME AMÓ Y SE ENTREGÓ POR MÍ…

Por José Maria Maruri, SJ

1.- Jesús sentado en alguna colina, rodeado de niños y de gente sencilla y buena, que escuchan, embobados, las palabras del Señor. Y la misma naturaleza reflejando al Hijo de Dios según aquellos versos de San Juan de la Cruz:

Mil gracias derramando

pasó por estos sotos con presura

y yéndolos mirando

con sola su figura

vestidos los dejó de su hermosura

Tal vez hemos idealizado demasiado la vida de Jesús. En realidad, en cuanto pisó los caminos y sendas de su tierra se levantó tras Él la sombra de una muerte violenta que no le dejaría hasta llegar al Calvario. Y el Señor fue consciente de ello:

a).- Sus vecinos de Nazaret son los primeros que lo arrastran a la cima de colina donde la aldea se acurruca para despeñarlo por un barranco.

Jesús venía a revolucionar el mundo, no con armas, sino con ideas tan antiguas como el primer plan de Dios, que todos somos hermanos y que por tanto no puede haber pobres, marginados, despreciados, que es el cariño y el amor el verdadero poder, no la fuerza bruta, el dinero, la fama, ideas que chocaron contra la sociedad de Jesús y que chocan contra la nuestra.

El Señor no necesitó reclutar una hueste secreta escondida en montes y cuevas del Mar Muerto, como, sin duda, hizo Barrabás, ni espió, amparando en las sombras de las noches de Jerusalén, llevando al cinto puñal o espada, como tal vez hizo Pedro. O los Hijos del Trueno: Santiago y Juan.

Jesús siempre hablé en público y en realidad cuando se encontraba más seguro era rodeado de esa multitud que le escuchaba con atención. Y sólo cuando esa muchedumbre se retiraba a sus casas, Jesús tenía que buscar refugio seguro en sitio seguro y secreto, como fue el Huerto de los Olivos, sólo conocido por los suyos y por Judas, el traidor.

b).- La misma espada de Herodes que decapitó al primo hermano de Jesús, Jesús el Bautista, obligó a Jesús a retirarse a lugares desiertos, porque aún no había llegado su hora.

c).- Huido y escondido se encontraba al enfermar su amigo Lázaro y por su amistad con los tres hermanos de Betania sube a Jerusalén donde ya le habían querido apedrear, que hablando con como hoy, que traducido en lenguaje de hoy diríamos que habían querido pegarle un tiro. Y resucitar a su amigo es el detonante para que los Sumos Sacerdotes firmen el acuerdo de matarlos a los dos, a Jesús y Lázaro su amigo.

d).- Ha llegado su hora. Ya Jesús no huye. A Herodes le llama públicamente zorro. Entra triunfante en Jerusalén. Echa del templo a los vendedores. Fustiga a los poderosos fariseos con aquello de “Ay de vosotros fariseos hipócritas”. La guerra está declarada.

2.- Pero Jesús no muere atrapado en el odio de sus enemigos. Es el mismo el que libremente entrega su vida. Y por esa generosidad le ama el Padre.

El Señor, que sabe que el odio crea odio y el amor crea amor, sabe también que el hombre para recobrar la verdadera de Dios necesitaba una gran prueba de amor por parte de ese Dios Padre, ante todo Padre, que tiene por profesión ser Padre. Y es por eso Él, Hijo de Dios, Dios como el Padre, va a dar la mayor muestra de amor que entre los hombres se pueda dar. Dar la vida por un amigo

Ha llegado la hora de lanzarse a la busca de la oveja perdida entre espinos y breñas, para salvar a la oveja perdiendo Él la vida.

--Me amó y se entregó por mí… Explica la vida de Pablo, de Francisco Javier, del poverello de Asís, de San Juan de la Cruz

--Me amó y se entregó por mi… ¿Tienen alguna resonancia en mi corazón?


4.- LA AGENDA DEL PASTOR

Por Gustavo Vélez, mxy

“Dijo Jesús: Yo soy el buen Pastor, el que da la vida por sus ovejas. Conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí”. San Juan, Cáp. 10.

1.- Ni tan comedidos, ni tan hermosos como aquellos de las estampas navideñas. Los pastores del tiempo de Jesús conformaban un grupo de pésima reputación. Eran “gente de la tierra”, despreciados por las autoridades civiles y religiosas. “Si no fuésemos necesarios para el comercio, comentaba uno de ellos que llegó a ser rabino, ya nos hubieran matado”. Quizás por todo esto el Señor se presenta como un pastor bueno.

El texto de san Juan señala cuáles son sus tareas: Se distingue de un pastor asalariado porque es propio su rebaño y, para protegerlo, arriesga la vida. Además conoce sus ovejas y ellas lo conocen a él y lo siguen. “En verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas. Su vara y su cayado me sosiegan”, añade el salmo 22.

2.- Desde tiempos antiguos los patriarcas y los profetas, experimentados en labores agropecuarias, dibujaron a Yahvé como un pastor. Una imagen que se fue depurando hasta completarse con la predicación de Jesús. Él mismo contará luego que un pastor arriesgado dejó noventa y nueve de sus ovejas a la intemperie, para recuperar la que faltaba. Y el evangelista subraya: Va en busca de la extraviada, la encuentra, la pone sobre sus hombros, regresa a casa, convoca a vecinos y amigos, para compartir con ellos su alegría. San Mateo, al final de la predicación del Maestro, convierte ese temible juez que llega rodeado de ángeles, en un pastor amable que “separa las ovejas de los cabritos”. Pero tan bella estampa se opaca ante una queja del Maestro: “Tengo además otras ovejas que no son de este redil. También a ellas las tengo que traer”.

3.- San Pablo enseña en la carta a los efesios, que la apretada agenda del Pastor es compartida a su vez con los discípulos. “Él mismo dio a unos ser apóstoles, a otros profetas, evangelizadores, pastores y maestros”. Entendemos entonces que, en el organigrama del Reino de Dios, todos somos pastores de nuestros hermanos. Pero un día Jesús escogió a doce, “para que estuvieran más cerca de él y para enviarlos a predicar”. Más tarde los apóstoles declinaron su tarea en los presbíteros, los ancianos de las comunidades. Estos, a su vez, necesitaron supervisores, que son hoy los obispos.

4.- En cada sacerdote descubrimos, más allá de su humana condición, un misterio: La posibilidad de hacer presente a Jesús, de manera más clara, entre nosotros. Algo que adivinan no pocos jóvenes en todos los lugares de la tierra. Mientras tanto, los fieles deseamos que nuestros pastores sepan de muchas cosas, pero ante todo que conozcan a Jesucristo.

Durante una recepción, alguien pidió al actor Drury Lane que, luego de recitar apartes de Shakespeare, declamara el salmo 22, muy conocido en el culto anglicano: Lo recitaré, si el párroco que nos acompaña lo hace también: “El Señor es mi Pastor, nada me falta”.... y de inmediato llovieron los aplausos. Subió luego el sacerdote al estrado y desgranó devotamente los versículos. A continuación, un gran silencio.

-- Señoras y señores, dijo el actor inglés. ¿Notan la diferencia? Yo memorizo el salmo. Pero este clérigo conoce bien al Pastor.


5.- ENTREGAR LA VIDA POR AMOR

Por José María Martín OSA

1.- En ningún otro existe la salvación, sólo en Jesucristo, el Resucitado, así concluye el discurso del apóstol Pedro en los Hechos de los Apóstoles. Esta es la noticia gozosa que nos hace cantar con el salmista “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”. Grande por cierto es la misericordia de un Dios que nos ha hecho este don de ser hijos de Dios. Dice Juan en su Primera Carta que “somos hijos de Dios, pero aún no se ha manifestado lo que seremos; sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es”. Dijo que aún no se ha manifestado, pero no dijo qué es lo que aún no se ha manifestado. Aún no se ha manifestado lo que seremos… Si hubiese dicho: «Seremos esto o seremos así». ¿Semejantes a quién seremos? Sin duda alguna, semejantes a aquel de quien somos hijos y le veremos tal cual es. San Agustín comenta que “si quieres conocer aquello a lo que serás semejante, si quieres conocer a aquel a quien serás semejante, mírale, si puedes. Aún no puedes. Desconoces a aquel a quien serás semejante; en consecuencia, desconoces en qué medida serás semejante a él. Desconociendo aún lo que es él, desconoces lo que serás también tú”. Por tanto, intenta conocer a Jesucristo, ten experiencia personal de El y podrás imaginar como será tu vida cuando estés junto a El en la eternidad.

2.- La imagen del Buen Pastor es muy querida por las primeras comunidades cristianas. Él Buen Pastor “da la vida por las ovejas". Sin haber cometido pecado sufre la pasión por nosotros, carga con nuestros pecados, sube al leño para curarnos. Nos defiende de todo peligro, no perecemos y nadie puede arrebatarnos de su mano. No hay otro guía que nos conduzca por verdes praderas y nos dé la vida eterna. Preguntémonos, ¿a quién seguimos?, ¿quién es nuestro pastor?, ¿qué voces seguimos? El Señor nos advierte sobre los falsos pastores, que se aprovechan del pueblo, se apacientan a sí mismos. Por sus frutos les conoceréis…

3.- “Sé de quién me he fiado”. Celebramos la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. El lema de la jornada es una conocida frase de Pablo: “Sé de quién me he fiado”. Dios nos ha dado muestras más que suficientes para fiarnos de Él. A través de Jesucristo nos ha mostrado la vocación última a la que nos llama: ser hijos suyos, como nos recuerda la segunda lectura. El Papa nos invita en el mensaje que envía a la Iglesia con motivo de esta jornada de oración a orar incesantemente al Señor, el dueño de la mies, para que suscite vocaciones en su Iglesia. Nos pide que oremos, confiando en Dios que tiene la iniciativa en toda llamada vocacional, en todos los ámbitos y espacios eclesiales: en las familias y en las parroquias, en los movimientos y grupos apostólicos, en las comunidades religiosas, en las diócesis. Nos pide especialmente que oremos por las vocaciones sacerdotales y religiosas. En este particular momento, la Iglesia necesita hombres y mujeres que, con generosidad y confianza, entreguen su vida a Dios y a sus hermanos.


6.- NO ES FACIL SER “BUEN PASTOR”

Por Javier Leoz

--No siempre, tener los mismos sentimientos de Jesús, es fácil

--No todos los días, brindar el corazón de Jesús como El lo hace, resulta cómodo

--No resulta gratificante, en una sociedad permisiva, excesivamente hedonista y

caprichosa, indicar senderos que nos llevan a una vida sobria o austera.

1.- Seguimos en este tiempo de la Pascua, atónitos y deslumbrados, por los fulgores de la Resurrección de Cristo. Antes de su resurrección ya nos dejó muchas pistas para que pensáramos qué significaba ser cristianos o discípulos suyos.

No podemos quedarnos exclusivamente en el ser buenos, en afanarnos por un mundo mejor, en compartir algo de lo nuestro (eso lo puede realizar cualquiera que no sea creyente) para afirmar que nuestra vida cristiana ya es “como Dios manda”. Hay que ir más allá.

El Buen Pastor, Jesús, espera nuestra adhesión hacia El. Implica el dejarnos guiar, seducir y regir por su cayado y por su voluntad. Tres huellas, del Buen Pastor, nos pueden ayudar a no alejarnos de El:

La Palabra: nos ilumina. Nos anima en tiempos de dificultades. Nos rescata de atolladeros en los que, por diversas circunstancias, nos hemos metido. La Palabra del Buen Pastor es siempre segura, certera, sabrosa. No escucharla nos lleva, en la mayoría de los casos, a un desconocimiento total de la personalidad y de la misión de Jesús.

La Oración: con la oración, el Buen Pastor, se relaciona personalmente con cada uno de los miembros de su rebaño. Con la oración, Jesús, nos señala la vía que hemos de escoger para no perdernos en las noches oscuras de la vida. Con la oración sentimos la necesidad de entrar en diálogo con Aquel que nos ama, que nos comprende y que nos quiere tal y como somos.

La Eucaristía: sin ella, los amigos de Cristo, nos debilitamos. El cristiano que no vive ni participa de la eucaristía corre un serio riesgo: ser un simple borrego. Se deja ordenar por lo dictados del mundo. Se alimenta exclusivamente por otros alimentos perecederos que la sociedad ofrece, para embellecer el cuerpo o agradar el paladar, pero en detrimento de la belleza del espíritu o del alma.

2.- En un tiempo en el que escasean tanto los líderes, necesitamos de Alguien que presida y motive nuestra existencia. Que nos reconozca con nuestro propio nombre y apellidos. Que nos trate con cierta dignidad y delicadeza. Como Jesús nada ni nadie.

Será difícil alcanzar la meta que Jesús nos propone. Será ardua la tarea de que, los pastores que dirigen la Iglesia, seamos tal y como Jesús se nos mostró. Pero siempre nos quedará el empeño de no abandonar cuando “tantos lobos” intentan apagar la voz de la verdad de Dios y, otras veces, arremeter contra los pastores que –con pecados y virtudes- intentan/intentamos orientar la vida de nuestras comunidades cristianas.

Demos gracias al Señor, en este Domingo IV de Pascua, porque sigue encabezando nuestro peregrinar por esta tierra e, incluso, dando la vida por cada uno de nosotros.

Os pedimos, en este Día del Buen Pastor, una oración por nosotros (por los sacerdotes). Grande la misión que nos ha encomendado el Señor, y muy frágiles en muchas ocasiones nuestras fuerzas. Por nuestras debilidades, pecados e inseguridades.

3.- ¡CUANDO MAS TE NECESITO, SEÑOR!

Te asomas, despertándome de mi letargo cristiano

y me pones en guardia frente a tantas cosas

que debilitan y distorsionan mi amistad contigo.

Cuando más ten necesito, Señor,

eres cayado en el que me apoyo para sujetarme

nunca caer y siempre levantarme.

Cuando, veo que mi nombre se pierde el abismo,

suena tu voz clara y nítida: ¡AMIGO!

Y, compruebo una y otra vez,

que eres Pastor que guarda mis pensamientos en el día

y hasta vela mis sueños entrada la noche.

 

Sí; Jesús.

Siempre surges en el momento oportuno.

Conoces mi vida como nadie

y, a pesar de estar tan llena de briznas,

la pones sobre tus hombros

para, una y otra vez, redimirla de sus pecados y dolencias.

 

Y es que, Tú, Señor,

como Pastor diligente, oportuno y puntual

te haces el encontradizo cuando más te necesito

Si, debilitado por mis esfuerzos, pienso en el abandono

me elevas sobre tus hombros

me cubres con tus brazos

y me rodeas con tus Palabras de liberación

Si, paralizado por mis errores, miro al fracaso

susurras palabras de consuelo a mis oídos:

¡Yo estaré contigo todos los días!

 

Y es que, Tú, Señor,

como Pastor que conoces mis atajos y mis dudas

te presentas cuando más te necesito.

Si, confundido por mil ideas, temo desertar

me confirmas en la fe verdadera: ¡YO SOY!

Si, añorando poder y riquezas,

dirijo mis ojos hacia el escaparate del mundo

me llevas ante el tesoro de tu amor.

 

Y es que, Tú, Señor,

como Pastor, no quieres que –aún siendo débil oveja-

me pierda y me vaya lejos de tu rebaño.

Por eso y por tantas cosas, Señor,

te doy gracias

bendigo tu nombre

avanzo en tus sendas

proclamo tu Palabra

y, hoy como ayer, te digo:

¡TÚ ERES EL BUEN PASTOR!

Apareces siempre

cuando más te necesito

Amén.


7.- EL PASTOR DE LA UNIDAD

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Seguimos avanzando en la Pascua camino de Pentecostés. En este tiempo los discípulos van creciendo en fuerza y en santidad para abriese a una misión extraordinaria: comunicar la Buena Nueva a toda la Humanidad. Y es la figura del Resucitado, del Señor Jesús, lo que une y da fuerzas. Es, sin duda, el único pastor de un rebaño que, aún con diferencias de tiempo y circunstancias, quiere ser uno solo a lo largo del tiempo y del espacio. El Buen Pastor se comienza consolidarse históricamente en la primera Pascua, y cuando Juan escribe su evangelio ya muchos años más tarde esa idea de guía único y misericordioso de todo el rebaño está más que consolidado en la conciencia de los cristianos de finales del siglo I. Era –y es—el Pastor de la Unidad-

Y, en fin, en las lecturas de hoy se testimonia la importancia de Jesús Resucitado, una semana más. Pedro sigue dando –en el fragmento de los Hechos de los Apóstoles que acabamos de oír—muestras de valentía al defender la Resurrección de Cristo y la falta de dirigentes y pueblo judíos que fueron responsables de la ejecución del Salvador. El texto de los Hechos es continuación del de la semana pasada y recoge las consecuencias de un milagro que asombró a toda la ciudad de Jerusalén.

En la Carta del Apóstol Juan se habla claramente del amor del Padre que nos ha llevado a ser sus Hijos, por la gracia de Jesucristo. Y hay una promesa de enorme transcendencia San Juan nos dice que “veremos a Dios tal cual es, porque seremos semejantes a Él”. Es una promesa de eternidad y de salvación que debe estar muy presente en nuestro ánimo, sobre todo en los momentos difíciles, en esas situaciones que parece que todo el mundo se hunde bajo nuestros pies. La promesa de ver a Dios y “verle tal cual es” es de una grandeza inimaginable, pero ahí está y así se producirá.

Y en cuanto al evangelio –también del Apóstol San Juan, como decía más arriba—el mismo Jesús nos marca un estilo de vida que no es fácil, que no es como el deseo de placer o de riquezas nos presenta. Hemos de preferir la puerta estrecha a esa otra más ancha, más brillante, más llena de oropel. Esa es la elección que tenemos que hacer para pertenecer al único rebaño posible, porque es el auténtico. Dicho rebaño a tomado carta de naturaleza en la creación porque el único Pastor, Jesús, dio su vida por las ovejas de, precisamente ese rebaño. Hemos de pensar en ello y tenerlo siempre muy presente, no dando demasiada importancia a las peticiones de liderazgo de muchos, situados, sin duda, en el quicio de las puertas anchas.

2.- ¿Por qué hay tantos rebaños, cuando solo tenemos un Pastor? La desunión de las Iglesias, los cismas, las reformas y las contrarreformas es un todo incomprensible que produce no poco escándalo a los cristianos. Y, sin embargo, ahí está sin aparente solución posible. La Iglesia católica abrió, a partir del Concilio Vaticano II, un camino firme y realista hacia el Ecumenismo. Y centró al problema al señalar que la oración dirigida a Dios es el mejor camino. Luego, estará naturalmente el esfuerzo de cada uno y el camino conciliador de los líderes religiosos. El Papa Benedicto XVI, buen conocedor de las Iglesias Ortodoxas del Este europeo, busca el encuentro permanente para construir el camino de la unidad.

Hay que interpretar que la desunión llegó por el pecado y que siempre hubo factores políticos que provocaron o agudizaron la separación. Serán esos factores los primeros que deben ser eliminados para enfrentarse exclusivamente a los de naturaleza estrictamente religiosa y espiritual. Un solo Pastor y un solo rebaño. Las palabras de Jesús en el Evangelio de San Juan marcan –como decía-- una dirección ineludible y así es muy grave contribuir a la desunión. Esto último punto también debería ser meditado cuando nos enfrentamos los mismo católicos por razones de progresismo o conservadurismo, por pertenecer a este movimiento o al otro, etc. De hecho, si dentro del Rebaño de Roma andamos divididos y suspicaces los unos con los otros, no parece raro que, históricamente, se hayan producido tales brechas entre los cristianos.

4.- En este Domingo Cuarto de Pascua en que la Iglesia conmemora, con toda la Alegría, a Jesús de Nazaret como Único Pastor del rebaño universal de los hermanos y hermanas que viven y trabajan inspirados por el Evangelio de Jesús, también celebra la jornada, pontificia y mundial, por las vocaciones. La Pascua marca el comienzo de la andadura de la Iglesia y, por supuesto, la Pascua es el inicio de muchas vocaciones. No se olvide que los catecúmenos son bautizados en la Vigilia Pascual. En los primeros momentos de la Iglesia esa noche santa era el inicio de muchas vidas cristianas que, por supuesto, algunas de ellas terminaran en el sacerdocio ministerial. Pero, además, la llamada al Bautismo de los adultos se parece en sentimientos –creo yo—a la vocación de entregarse del todo a Jesús para servir a los hermanos que eso es el sacerdocio, el diaconado y la vida consagrada. La referencia de Jesús como único pastor ayuda mucho en la vocación de cristiano. Es nuestro guía y nuestro Maestro en el camino de ser servidor de los demás.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


LO POLÍTICAMENTE CORRECTO

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Habréis observado, mis queridos jóvenes lectores, que en entrevistas a gente famosa socialmente, difícilmente el personaje, se refiere a su fe religiosa. Políticos y otras hierbas, quieren reducir las convicciones fundamentales de la persona, al terreno oculto de la vida privada, ni comentable ni que se deba descubrir. Hoy no está de moda, ni el ambiente lo propicia, declararse cristiano. Se pertenece a una ONG, se es fiel en el reciclaje de la basura, se siente uno preocupado por el cambio climático o por las crisis económicas y basta. Lo otro, no interesa darlo a conocer, o tal vez pase, que no se quiere que los demás sepan, que lo más profundo de su interior está totalmente vacío o desordenado y hambriento. Ahora bien, por mucho que se oculte una tal situación, la verdad es que corroe la duda, desaniman los fracasos, no se ve el futuro con optimismo, la enfermedad propia, o la de un ser querido, le cuestiona y le hiere, sin encontrar ni explicación, ni consuelo. Más que la angustia, moda de otros tiempos, hoy se sufre el hastío. Y no sé que será peor. La valentía es propia, únicamente según parece, de los que escogen deportes de riesgo. De nadie más. Triste equivocación.

2.- Pedro y compañía, habían curado a un pobre hombre que yacía paralítico junto a una puerta de la ciudad. Les pedía limosna y ellos, que carecían de dinero, le habían restituido la salud. La gente estaba asombrada y el apóstol aprovechó la ocasión para hablarles de su Fe. El tumulto que se ocasionó llegó a oídos de la autoridad y los retienen e interrogan. Él, Pedro, no contesta: hemos hecho el bien, y punto, para que así les dejen tranquilos y en paz. Se la juegan. Se atreve a recordarles su mal proceder y echarles en cara la corrupción que desde antiguo tienta al que goza de poder. Añade que para que al pueblo le vaya bien, deben aceptar a Jesucristo, el de Nazaret. Es un discurso que parece, por su estilo oratorio, propio del líder del partido de la oposición, de cualquier parlamento. Pero el Apóstol no tiene tras de sí un grupo político, ni una constitución que le ampare. Se la juega. Eso si que es valentía. Pone en práctica lo que en otro lugar dirá: estad siempre dispuestos a dar respuesta a todo aquel que os pida razón de vuestra esperanza (3,15). Proclama que solo en Jesús encuentra el hombre la salvación.

3.- En la segunda lectura, se enfoca una cuestión que preocupa a muchos y, con seguridad, a bastantes de vosotros, mis queridos jóvenes lectores. Primero decís que el profesor, o el tutor, no os entiende. Mas tarde son vuestros padres los que no os conocen. Algún día pensáis que nadie os comprende, para finalmente, sentir en vuestro interior, que ni vosotros mismos os entendéis. Y no vais errados. No nos entendemos, porque no sabemos lo que somos, como somos, quienes somos. El gran y postrer descubrimiento, ya en la Gloria, será que somos semejantes a Dios. Esto será gozando ya de su compañía. Mientras tanto hay que tener paciencia y aceptar que, para los demás y para nosotros mismos, somos un enigma, un misterio. Y vivir la existencia como una novela de aventuras.

4.- Si el mundo vive ignorando a Dios, de espaldas a Él, prescindiendo de sus enseñanzas, de su Amor, evidentemente que no será capaz de aceptarnos, entendernos y tratarnos con entrañable cariño. Aun los cristianos, por mucho que se esfuercen, serán incapaces de saber exactamente como somos. Pues, por nuestra existencia y por la suya, circula la divinidad, que es inconmensurable e ininteligible.

Para conocer un producto se puede acudir a análisis químicos y bacteriológicos. Sistemas fundados en espectroscopia, cromatografía y carbono 14, iluminarán algo más. Electro encefalogramas y códigos genéticos, llegarán a limites insospechados. Pero siempre invadirá el misterio. Afortunadamente, ya que somos una chispita de Dios, nadie, ni nosotros mismo, podrán expresar en una fórmula lo que somos. Un día sí. El día del gran encuentro. No debemos desesperarnos, aceptarlo es una manera de vivir la Esperanza.

Me he alargado en las dos primeras lecturas y no me extenderé en la que es fundamental, en el evangelio. Pero como aparece en otros momentos, Jesús definiéndose como pastor bueno, lo dejo para otro día.