TALLER DE ORACIÓN

LA VISITA DEL RESUCITADO

Por Julia Merodio

Cuando dejamos que, el Resucitado nos visite, somos capaces de entender que: su plenitud supera cualquier flaqueza; que las puertas del Reino están abiertas de par en par para el que quiere encontrarse con Él; que su mesa está repleta de pan, blandito, para los que buscan saciar su hambre; y que, el que cumple su palabra, nota la felicidad y el gozo dentro de su corazón.

Cuando me disponía a compartir con vosotros el tema, para la oración de esta semana, venían a mi mente dos situaciones que sin buscarlas han llegado hasta mí. Y, en medio de tantos mensajes como nos llegan reiteradamente, ellas encerraban algo valioso que quedó grabado en mi mente.

La primera la he recibido, recientemente, en un correo de Internet. No puedo plasmarla literalmente porque no la tengo, pero lo que presenta es lo siguiente:

“Una profesora pregunta, en una clase de niños pequeños, quién es Jesús para ellos. Cada uno va dando su versión y tratándose de niños las respuestas eran geniales, pero el más tímido de la clase levanta la mano y dice: Mi mamá me ha dicho que Jesús es, como el azúcar en mi leche, que yo no la veo pero que si no estuviese la leche no estaría dulce. Aso es, afirma la profesora, Jesús está en medio de nosotros, aunque no lo veamos, pero si se fuese nuestra vida quedaría sin sabor. Y emocionada continúa: acabas de darnos una preciosa enseñanza, Jesús es, como el azúcar y que está, todos los días, endulzando nuestra vida”

El segundo mensaje me lo brindo la televisión. El domingo de Resurrección, en un determinado momento encendí la tele para escuchar la Eucaristía mientras iba hacía las tareas de casa, hasta que se hiciese la hora de irnos a la Iglesia del pueblo a celebrarla; y en ese momento estaban entrevistando a un misionero que, por estar empezada la emisión no puedo ofrecer su nombre, pero su testimonio me pareció fantástico.

Y fue grande mi sorpresa al comprobar que su misión estaba relacionada con lo de: para mi “Jesús es azúcar”, que os acabo de compartir. Su fusión resultaba perfecta para orar sobre lo que la liturgia nos presenta en este tercer domingo de Pascua.

Contaba el misionero que, cuando llegó a su destino, se encontró con un inmenso campo de caña de azúcar, cuyos trabajadores eran los componentes de su misión. Y decía que el azúcar en aquel poblado no era blanca, sino roja, como la sangre, de las heridas, del oprimido; y su sabor no era dulce sino amargo como el sufrimiento que se ha hecho entrega. El dueño del campo se enriquecía a golpe de mandato mientras los obreros obedecían a golpes de sumisión.

Al juntar las dos situaciones, saltaba a la vista la figura del Resucitado. Allí estaba blanco, como la nieve, endulzando nuestro vivir; mientras que a su vez nos mostraba sus llagas fruto del dolor y la entrega, diciéndonos así: “Aquí tenéis mis heridas, gracias a las cuales podéis gustar la dicha”

Yo fui triturado injustamente, -nos seguía diciendo Jesús- como esos obreros de la misión, para satisfacer los intereses de los que querían guardar sus puestos, sobresalir y seguir enriqueciéndose; a ellos no les importaban ni mis lesiones, ni mis desprecios, ni mi sufrimiento… a ellos, lo mismo que a vosotros, lo único que les importaba era progresar a cualquier precio.

Por eso nosotros, durante esta semana, vamos a pedir al Señor que nos deje contemplar sus llagas para ver, esas cicatrices por donde mana el perdón y la vida en abundancia. Porque las heridas de Jesús no son algo anecdótico, ellas evocan una realidad, la circunstancia de dolor que producen nuestros tropiezos.

Nos muestran a la humanidad herida por nuestra incomprensión, nuestra indiferencia, nuestra dureza de corazón… Nos muestran a este mundo en crisis económica, religiosa y moral donde, muchos hermanos, lo están pasando demasiado mal.

De ahí que cuando Jesús Resucitado nos visita, quiere hacernos observar sus llagas para que tomemos conciencia de:

-Hasta que punto nos amó, para ser capaz de dar la vida por nosotros.

-Y de nuestra incoherencia que, con el nombre de cristianos, somos capaces de obrar de manera distinta a la suya.

Por eso, esta semana, vamos a dedicar largos ratos a silenciarnos para pedir, al Señor, la gracia de reconocer qué actitudes personales, -las de cada uno- porque ellas son, las que producen hoy esas heridas, a tantos cristos como todavía siguen caminando sumidos en su dolor.

Vamos a pedir que sea, el mismo Resucitado el que nos haga reconocer nuestro comportamiento equivocado; pero sobre todo que nos muestre su infinita misericordia, esa que derramó en la Cruz por cada uno de nosotros, para que con Él pudiésemos resucitar.

No puede estar más claro. El Crucificado, es el mismo que el Resucitado, que hoy se hace presente para decirnos:

• Ya no os llamo siervos sino amigos.

• Por eso: ¡No temáis!

• Estaré con vosotros hasta el fin del mundo.

• Y sabed que, el vivir la vida desde esta realidad, no os quitará muchos dolores, pero les dará sentido y los transformará en gozo.

TEXTO PARA LA LECTIO DIVINA: PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN JUAN 2, 1 – 5a

“Hijos míos os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es la víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo de los nuestros, sino también de los del mundo entero. En esto sabemos que lo conocemos en que guardamos sus mandamientos. Quien dice “Yo lo conozco” y no guarda sus mandamientos es un mentiroso y la verdad no está en él”

ORANDO JUNTOS CON LA PALABRA DE DIOS

Posiblemente os resulte repetitivo que, todas las semanas, adjunte todos los pasos para la oración. Lo hago para facilitar a las personas que lleguen a la página por primera vez y para aquellas que quieran imprimirlo, porque así no tienen que estar buscando lo de semanas anteriores.

PRIMER PASO: INVITAR AL SEÑOR PARA QUE NOS ACOMPAÑE.

Si se ora en grupo, el animador –que puede ser cualquier persona del grupo- hará una oración invocando al Espíritu para que les ayude a interiorizar la Palabra de Dios; después puede dar paso a los demás para que se impliquen en la oración.

Si la Lectio se hace individualmente, también se hará la invocación al Espíritu. Para este primer momento, y por si puede servir de ayuda, os adjunto una oración:

Señor:

Hemos llegado al momento más importante de nuestra fe cristiana: el momento de la Resurrección. Pero Tú sabes bien que hay muchos hermanos nuestros sufriendo toda clase de dolores: paro marginación, accidentes… en un incesante grito de ayuda. Mas, lo mismo que tu cuerpo ha salido del sepulcro, haz que también, nosotros, les ayudemos a llevar sus dolores, para que resuciten contigo en esta Pascua. A fin de que vayamos encontrando, un mundo, de resucitados; un mundo en el que no haya exclusiones; un mundo donde todos podamos gustar el gozo de Dios.

SEGUNDO PASO: LEEMOS EL TEXTO

Todos los participantes en el grupo deberán llevar la Biblia. El animador señala el capítulo y los versículos correspondientes y espera hasta que todos los hayan buscado. Después pide alguien del grupo que lea en voz alta y al acabar la lectura todos permanecen en silencio durante un rato.

TERCER PASO: NOS DETENEMOS EN EL TEXTO

Sin perder ese clima de silencio, los participantes van leyendo, en voz alta, una palabra o una frase que para ellos haya resultado importante o haya llamado su atención. Después de cada intervención se dejan unos instantes de silencio. Los participantes pueden repetir interiormente las palabras pronunciadas para que todo ello se vaya grabando en el interior.

Cuando esta forma de oración se repita varias veces observaremos que las palabras más corrientes empiezan a tener una relevancia importante.

Una vez que, haya pasado un tiempo prudencial, o ya no haya intervenciones se vuelve a leer el texto en voz alta y muy lentamente.

CUARTO PASO: GUARDAR SILENCIO

Una vez leído el texto, el animador invita a todos a permanecer en silencio e indica el tiempo que durará (tres o cuatro minutos) con el fin de prepararnos para meditar juntos la Palabra que se ha elegido.

QUINTO PASO: COMPARTIMOS LO QUE EL TEXTO NOS HA IDO DICIENDO

Se comparte espontáneamente lo que, la Palabra, nos dice al corazón. Procuraremos que hablen todos y se evitará divagar en temas ajenos al elegido.

Al orar con estos versículos de la primera carta de Juan, me daba cuenta de que, bastante gente de hoy, en pleno siglo XXI, piensa que el cristianismo es algo que solamente está regido por normas y que hay que vivirlo con un determinado comportamiento para poder “comprar” a Dios.

Que la fe consiste en creer todo lo que nos digan y que tenemos que ser perfectos para que Dios nos quiera.

Pero llegan las palabras de Juan, que conoce perfectamente, la fragilidad del ser humano y nos dice: “Dios, conocedor de vuestra pobreza y vuestra debilidad, sabe que estáis hechos con “materiales de baja calidad” por eso os manda su Palabra para que no pequéis, pero como sabe que sois personas que, antes o después caeréis, ha mandado a Jesucristo para que aboque por nosotros ante el Padre.

¡Qué gran tema de meditación! El mismo Cristo se ha entregado para que nuestro pecado sea absuelto; y, no sólo el nuestro si no el de todo el mundo.

Después de esto, podemos seguir preguntándonos si conocemos a Dios; e incluso la mayoría contestaríamos que sí, pero de nuevo está S. Juan para aclararlo: Si no vivís según el evangelio, por mucho que digáis que amáis a Dios sois unos mentirosos.

¿Acaso nuestra vida de cristianos es falsa?

¿Se basa en la verdad?

La repuesta la encontraremos si nos ponemos ante el Resucitado para decirle que queremos que ocupe el centro de nuestra vida.

SEXTO PASO: OBSERVAMOS LO QUE EL SEÑOR NOS PIDE

En este momento se trata de ver la vida concreta de cada uno a la luz de la Buena Noticia.

Se traerán al compartir las realidades de los presentes y se mirarán formas de actuar, llevando cuidado de no entrar en temas de discusión.

SÉPTIMO PASO: TERMINAREMOS ORANDO JUNTOS PARA DAR GRACIAS

El animador invita a todos a orar de forma espontánea; también se puede elegir para terminar: un canto, una oración por la paz, el padrenuestro cogidos de la mano…. Y así se irá variando cada vez.