III Domingo de Pascua
26 de abril de 2009

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos a la Eucaristía. Encaramos este Tercer Domingo de Pascua con la alegría inmensa que nos da la Resurrección de Jesús. El Resucitado es quien llena nuestras vidas de esperanza, paz y alegría. Hoy veremos como todavía los discípulos tienen miedo. Hay muchos de nosotros que tenemos miedo, que nos angustia el futuro, en estos tiempos malos, de profunda crisis económica. Pero el miedo no sirve para nada, ni responde a la realidad. Jesús responde a ese miedo preguntando: “¿Por qué surgen dudas en vuestro interior?” Es una pregunta que hizo, entonces, a sus discípulos y que nos hace, asimismo, ahora a todos nosotros. Y nos pide que le palpemos, que sintamos su presencia cercana, qué no tengamos miedo. Debemos seguir el consejo de Cristo el Señor y no dejarnos vencer por esos temores sin sentido, al tener a Jesús cerca. Dispongámonos a celebrar nuestra Eucaristía con el júbilo que nos comunica la confianza total que tenemos en Dios Nuestro Señor.


MONICIÓN SOBRE LAS LECTURAS

1.- Continuamos reflejando los relatos de los Hechos de los Apóstoles, que nos narran los primeros momentos de la Iglesia, tras la Resurrección de Jesucristo. Pedro habla a la multitud de Jerusalén, sin rodeos, presentando la culpabilidad del pueblo y de las autoridades en la muerte de Jesús. Pero les invita, también, al arrepentimiento. Pedro expone con valentía como se ha llevado a cabo el principio de la Redención.

S.- El Salmo 4 era utilizado por los judíos como oración de la tarde. E, incluso, por algunos como la plegaria para pronunciar antes de dormir. Es un salmo de agradecimiento y de confianza en Dios, siempre presente en nuestras necesidades. Para nosotros, hoy, es un canto de alegría para estos tiempos gozosos de la Pascua de Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

2.- El Apóstol Juan en su primera Carta –que es nuestra segunda lectura de hoy—nos presenta a Jesús como víctima propiciatoria por todos los pecados, por los nuestros, por los de aquellos hermanos del tiempo de Jesús y por los que tienen que venir todavía. El sacrificio de Jesús en la Cruz es la Redención total para todos los hombres y mujeres de todos los tiempos.

3.- El fragmento del capítulo del Evangelio de San Lucas que ahora se va a proclamar es un compendio de las apariciones de Jesús en esos días posteriores a la Resurrección. Alude a la experiencia de los discípulos de Emaús y también a las presencias de Jesús Glorificado ante los apóstoles reunidos en el cenáculo. Les explica la futura misión predicar la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos de la tierra.

 

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

Este himno de la Liturgia de las Horas, propio de este domingo, nos puede servir para meditar, en estos momentos finales de nuestra Eucaristía, sobre la grandeza de la Resurrección

CRISTO ALEGRÍA DEL MUNDO

Cristo,

alegría del mundo,

resplandor de la gloria del Padre.

¡Bendita la mañana

que anuncia tu esplendor al universo!

 

En el día primero,

tu resurrección alegraba

el corazón del Padre.

En el día primero,

vió que todas las cosas eran buenas

porque participaban de tu gloria.

 

La mañana celebra

tu resurrección y se alegra

con claridad de Pascua.

Se levanta la tierra

como un joven discípulo en tu busca,

sabiendo que el sepulcro está vacío.

 

En la clara mañana,

tu sagrada luz se difunde

como una gracia nueva.

Que nosotros vivamos

como hijos de luz y no pequemos

contra la claridad de tu presencia.

Amén.


Exhortación de despedida

Hemos de salir felices y contentos del Templo. Jesús nos ha enseñado a perder el miedo, a ser alegres, a esperar toda la felicidad de su amor y de su cercanía.