HISTORIAS DE LA NO-VIDA: VEINTE SEMANAS

Por David Llena

Ocurrió hace unos días. Cerca de casa se instalaron unos “okupas”. Sí esa pobre gente que no tiene vivienda y que se instala en una vivienda que no es de su propiedad. ¡Imagínense cuando se enteró el propietario!

Habían forzado la entrada, sin embargo no habían destrozado nada más. Violentaron la puerta de entrada y usaban todos los utensilios de la casa. Incluso las pocas cosas que había en la despensa las habían acabado.

Después del mal rato y por temor a su reacción, el propietario fue a hablar con ellos. Con una denuncia en la mano les invitó a que se fuesen. Ellos solo pidieron unos meses de tiempo durante los cuales tratarían de encontrar otra casa. Nueve meses fue su petición.

Pero el inquilino no podía olvidar la forma en la que entraron. Violentaron la puerta de entrada aprovechando el descuido de su hija que estaba traumatizada por este suceso.

Así el propietario estaba dispuesto a echarlos como fuese, la casa era suya y hacía con ella lo que quería. Además no podían aguantar más aquella situación, pues cada vez se podía deteriorar más el interior de la vivienda.

Además conforme pasara el tiempo podían convencer más a la gente del vecindario de sus “buenos propósitos” y crear una situación insostenible en el entorno familiar de aquella familia que no tenía la culpa de que unos desalmados se hubiesen saltado todas las leyes y se hubiesen instalado en su casa.

La suerte estaba de su parte. Acababa de aparecer una ley, polémica, pero al final se había aprobado por la dejadez de aquellos que estaban en contra, que les permitía antes de que pasasen veinte semanas matar a aquellos incómodos “inquilinos”.

Era una barbaridad, pensó el inquilino, pero todo el mundo le animó a hacerlo, al fin al cabo, eran unos indeseables, incluso eran dañinos para la sociedad, no eran sociables, no respetaban nada, no merecían ni ser personas…

Tenía algo de reparo, no le gustaba la idea de matar pero tampoco tenía mucho tiempo para pensar. Además cada vez odiaba más a aquellos que habían violentado la intimidad de su hogar y estaban perturbando también la tranquilidad de su familia.

Había una serie de matones profesionales, todo legal, subvencionados por el estado que se encargarían de ellos. Sólo tenía que ir a aquellos lugares que se habían especializado durante años en técnicas poco lesivas.

Este era el plan: ganarse la confianza de los okupas para conocer sus costumbres y mientras estuvieran durmiendo inyectarles un veneno que primeramente los dejara sin sentido y luego los matara. Más tarde sacarlos de allí y tirarlos al basurero, pues nadie se haría cargo de pagar unos funerales.

Además como regalo de inauguración de la ley, se ofrecía un servicio de limpieza y reposición que dejaba la casa como antes del incidente.

Y así fue, agobiado por el tiempo, por sus sensaciones, sus deseos y los de la familia, no permitieron seguir a aquellos indeseables. Firmó el papel que desalojaría de aquella manera a los “okupas”.

Ahora se está estudiando la posibilidad de aumentar el tiempo de espera, para que no sea tan precipitado el tomar la decisión, al fin y al cabo, qué más da esperar un poco más. Incluso se está pensando en la posibilidad incluso de ametrallarlos cuando a los nueve meses salgan de la casa, siempre y cuando al menos mueran dentro de la casa para que no dejen de ser “okupas”.

Otras posibilidades es hacerlo también con los inquilinos si alguno alquilase su casa y éstos no abonasen la renta o no les cayeran bien al propietario se les consideraría “okupas” y tendrían el mismo destino. Incluso aunque fuesen huéspedes, si al propietario no le agrada el color de ojos o si prefiere chica en vez de chico, pues se le declara “okupa”, y al cubo de la basura. ¡Para eso es el propietario! Y los derechos del inquilino ¿donde están?

 

ESCARLATA

Por Pedrojosé Ynaraja

Comentan los medios, que nuestra tierra es uno de los lugares tradicionalmente cristianos, donde menos se lee la Biblia. Tal vez sea verdad como lectura privada, pero no hay que olvidar que en la Liturgia de las horas y en la Misa, siempre se leen fragmentos del sagrado texto. Que quede claro, pues, que aunque digan que se lee menos, ningún otro libro lo es tanto como este.

En primer lugar, la Biblia es una de las dimensiones, la fundamental, de la Revelación. Sus contenidos son esenciales para la teología. En segundo lugar, estudiados y meditados, su lectura, enriquece la vida espiritual. No puedo ignorar que muchas personas, con muy buena voluntad, se proponen leer la Biblia y sucumben pronto al intento. No entienden lo que leen, les resulta aburrido o les extraña que puedan suponer alimento espiritual, algunos relatos que hieren su sensibilidad.

Pasan de 500 los ejemplares de la Biblia que poseo. No sé cuantos tratados y artículos referentes al sagrado texto he leído y conservo. Nunca he pretendido rivalizar con los exégetas. Mi papel, una de mis vocaciones, creo yo, es hacer accesible y amena su lectura. No sin estudiar por mi parte el tema. Lo que escribiré hoy, por ejemplo, ha supuesto bastantes consultas, tanto de manuales de papel, como en Internet.

Un señor alemán, padre de una monja, hace muchos años, me habló de la cochinilla. Me contaba que en Canarias, cogerlas de las chumberas y venderlas, permitía subsistir a muchos hippies. Quedó entonces archivado en mi memoria lo referente a estos bichitos.

Conté un día, que la púrpura era un colorante que se obtenía de unos caracoles de mar que viven en el Mediterráneo: los murex, frecuentes hoy en muchas mesas. Más de doce mil ejemplares se necesitaban para conseguir una pequeñísima cantidad de tinte, sacado de las entrañas del animal, después de un proceso de oxidación. Parece que este colorante, conocido desde el segundo milenio A.C., ya fue falsificado de alguna manera. En la Biblia se menciona la púrpura en 86 ocasiones, a veces seguida de la palabra escarlata. Escarlata a su vez es mencionada 49 ¿de que substancia se trataba? Vuelvo al principio. El carmín brillante de origen natural, se consigue de un insecto: el coccus ilicis. Su obtención es sencilla, basta tostarlo un poco y atacarlo químicamente, para conseguir el colorante que teñía las túnicas de los nobles o las capas de los soldados romanos. La gama de color que se acercaba al escarlata, se conseguía, pues, de estos animalitos. Resultando fácil y barato. Hay que suponer que el manto que, en señal de mofa, colocaron a Jesús, sería de tela teñida con cochinilla.

Como las chumberas y las cochinillas de Canarias proceden de México, y dicen que son las mejores del mundo, me ha costado asegurarme de que existían en tiempos bíblicos en la cuenca mediterránea. Cuando he estado seguro de ello, he querido conocerlas y ha sido de nuevo una monja, esta vez italiana, y para más encanto llamada Chiara, la que me ha enviado unos cuantos ejemplares, conservados en alcohol. Evidentemente el líquido esta teñido, pero puedo distinguirlos.

Quien beba bitter, consuma conservas de tomate y este tenga vivo color rojo o utilice barra de labios de la tonalidad de la que vengo hablando, que sepa que se ha conseguido, gracias a este insecto machacado y sometido a procesos químicos. Es el mejor colorante orgánico y completamente inofensivo. Industrialmente se le conoce como E-120.

Que nadie se enoje ni le asquee lo que he contado. La amada del Cantar de los Cantares, ya adornaba sus labios de esta manera e imitar un maquillaje bíblico, sin duda, tiene gracia.

Vuelvo a repetir lo del principio. Pretendo hacer atractiva la lectura bíblica, no banalizarla, aunque pueda parecerlo. Acabo recordando que la mala mujer, la bestia y la perversa gran ciudad del Apocalipsis, vestían de escarlata. Cuesta poco encontrar el episodio, ya que está hacia el final del Libro.