1.- EL CORREO DEL PADRE PEPE

No es la primera vez que un correo publicado en la sección de Testimonios desemboca en un editorial. El Padre Pepe, de Madrid, viene a decir que Benedicto XVI no necesita campañas de felicitaciones, que él se defiende solo y que su problema es que la gente de su entorno nunca le ha leído y no le entiende. Obviamente, interpretamos aquí un poco entre líneas dicho por razones de brevedad.

Hace referencia también a un artículo de Juan Arias publicado en El País y valora la capacidad de Joseph Ratzinger de utilizar la historia –el hecho histórico—para hacer más válida y comprensible tu teología, pero que cree que poca gente le ha leído. Lanza la idea de que no ha recibido Benedicto XVI más ataques que los recibidos por otros pontífices reinantes.

No queremos reflejar aquí la totalidad de ese correo porque pretendemos que se lea con atención y se saquen consecuencias. Hay un comentario posterior, como es habitual, del Editor de Betania que merece también la pena ser leído. Nos parece pues muy interesante su aportación y nos alegra que pueda abrirse el dialogo, al respecto, en la sección de comunicación de los lectores.

 

2.- LA NECESIDAD DE SER GENEROSOS

Las Cáritas parroquiales en España –y supongo que ocurre igual en otros países de Europa—están pasando momentos muy dramáticos porque las peticiones de ayuda superan con mucho los ingresos recurrentes. Hay muchas parroquias que han empleado en los tres primeros de 2009 lo mismo que en todo el año 2007. La crisis económica se hace sentir extraordinariamente en España y de ahí el incremento de las peticiones de ayuda.

¿Somos generosos? ¿Estamos a la altura de las circunstancias de acuerdo con la grave situación que vivimos? Sinceramente creemos que no. En los cestillos de las colectas de las Iglesias aparece todavía mucho “cobre” y pocas monedas de un euro o, por supuesto, casi total ausencia de billetes. Y algunas de estas personas que no son generosos con Cáritas suelen serlo con ONG “civiles” porque suenan más o porque se mueven más en los medios de comunicación. También prefieren enviar su dinero muy lejos, sin fijarse en la penuria que tenemos cerca. Y es que sigue habiendo mucha gente, muchos católicos, que piensan que la Iglesia es rica y que tiene dinero suficiente para atender a todos. No es así.

Un cura, joven, de la diócesis de Orihuela-Alicante planteó en tiempo de Navidad, aconsejar que la entrega mínima en los cepillos fuera de un euro por persona. Lo llamó “la campaña del euro”. Pues está muy bien visto. Hay personas que molestas con la “inutilidad” de las monedas pequeñas de euro –las de uno y dos céntimos—las reúnen en algún lugar para llevarlas el domingo a la Misa. No todos dejan en el “cobre” las piezas de cinco céntimos. Solo reservan las más pequeñas. Pero se puede suponer que es difícil reunir un euro a partir de monedas de 1 céntimo y 2 céntimos. Esto es, como se dice, en España una racanería, una cierta avaricia y el deseo de librarse de algo casi inútil, no hacer caridad.

Nuestras parroquias –y por supuesto Cáritas nacional—tienen muchas necesidades para atender a los afectados por la crisis. Hay, por supuesto, un buen número de inmigrantes que carecen de recursos una vez agotados los periodos de la recepción del seguro de desempleo, pero hay también españoles que han entrado en una dinámica muy difícil, muy difícil. Hemos de tenerlo en cuenta a la hora de depositar nuestras ofrendas en el cestillo. Hemos de ser coherentes, generosos y pensar que hay mucha gente sufriendo.