V Domingo de Cuaresma
29 de marzo de 2009

MONICIÓN DE ENTRADA

Sed todos bienvenidos a la Eucaristía de este Quinto Domingo de Cuaresma. Estamos contando ya las últimas jornadas de este tiempo de amor y conversión. La cuaresma permanece hasta que se inicia el Triduo Pascual, allá en la tarde del Viernes Santo. En fin, el domingo próximo es Domingo de Ramos y es, asimismo, el inicio de lo que también llamamos Semana Santa. Puede verse que nos acercamos a esas fechas en las que celebramos los grandes misterios de nuestra fe. Y hoy Jesús de Nazaret nos va a volver recordar que es necesario que Él sea alzado en la Cruz para que nosotros, para que la humanidad no perezca. Abramos nuestro corazón a esas verdades y completemos nuestra conversión para mejor entender el sacrificio de Cristo, el Señor.


MONICIÓN SOBRE LAS LECTURAS

1.- El libro de Jeremías –nuestra primera lectura de hoy—nos habla de una alianza nueva entre Dios y su pueblo. Los pecados desaparecerán y la nueva ley llegará hasta nuestros corazones por mano del Señor. Ya el profeta anuncia esa nueva alianza que Cristo nos va a traer con su enseñanza, con su Muerte y su Resurrección.

S.- El Salmo 50 ha sido un cántico de Penitencia durante siglos para muchas generaciones de cristianos. Tal vez, el texto latino no comprendido en demasía hizo que este salmo tuviera “mala fama”. Pero es hermosísimo y demuestra el gran amor de Dios hacía su pueblo “al que devuelve la alegría de la salvación”.

2.- El brevísimo fragmento de la Carta a los Hebreos que leemos hoy, refleja bien el drama de Cristo, Nuestro Señor, ante la muerte. Jesús no quería morir, como ningún ser humano en su sano juicio. Pero aceptó su sacrificio, con obediencia total al Padre, para que nosotros viviéramos.

3.- No hay vida donde no hay fruto, ni hay fruto si la semilla no muere. La muerte de Jesús ha dado vida y ha transformado a todos los hombres. Eso nos dice Jesús, hoy, a través de las palabras del Evangelio de San Juan. Y por eso los frutos que nosotros recogemos son todos regalos de Dios. Esto nos muestra que la vida no nos pertenece para vivirla a solas, sino que la tenemos que poner al servicio de los demás.

 

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

Aunque atribuido este bello poema de amor a Santa Teresa o a San Juan de la Cruz la autoría no ha sido demostrado y se considera anónimo. Da lo mismo quien haya sido su autor. Lo importante es que demuestra un enorme amor y veneración por Cristo, por el Señor Crucificado

POEMA DE AMOR

 

No me mueve mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

 

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte

Clavado en una cruz y escarnecido;

Muéveme ver tu cuerpo tan herido,

Muévenme tus afrentas y tu muerte.

 

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera

que aunque no hubiera cielo, yo te amara,

y aunque no hubiera infierno, te temiera.

 

No me tienes que dar porque te quiera,

Pues aunque lo que espero no esperara,

Lo mismo que te quiero, te quisiera.


Exhortación de despedida

Salgamos del templo con la determinación de seguir al Señor Jesús, a toda hora y vaya donde vaya. Y que no nos pase lo que a los discípulos que a última hora lo abandonaron…