Solemnidad de la Anunciación del Señor
25 de marzo de 2009

La homilía de Betania


1.- LA ANUNCIACIÓN: PARA CRECER EN SENCILLEZ

Por Antonio García Moreno

2.- UN ÁNGEL Y UNA VIRGEN

Por Gustavo Vélez, mxy

3.- EL TÍTULO DE ESCLAVA DEL SEÑOR

Por José María Maruri, SJ

4.- CERRAR LOS OJOS Y DECIR: AMÉN

Por Gabriel González del Estal

5.- MARÍA, LA MUJER CREYENTE DISPUESTA A HACER SU VOLUNTAD

Por José María Martín OSA

6.- DIOS SE QUIERE HACER VIDA

Por Javier Leoz

7.- LA FIESTA DE LA LIBERTAD

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


LA ANUNCIACIÓN DESDE EL BIG BANG

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- LA ANUNCIACIÓN: PARA CRECER EN SENCILLEZ

Por Antonio García Moreno

1.- Dios con nosotros.- El rey Acaz desconfía de Yahvé, no cree en la palabra que le promete protección y ayuda. Y se vuelve aterrado hacia sus enemigos, los reyes de Asiria y de Israel, que se han aliado contra él. No se acuerda de recurrir a Dios y se echa a temblar, "como tiemblan los árboles del bosque a impulso del viento". Isaías se presenta ante el soberano y le echa en cara su cobardía, le exhorta a que recurra a Dios, a que confíe en su divino poder. Acaz vacila, no tiene fe, no cree que Dios pueda sacarlo del apuro en el que está metido. Pide una señal -le dice el profeta-, pide un prodigio y Dios lo realizará. Para que no dudes, para que no tiembles, para que creas...

También nosotros adoptamos a veces esa postura absurda para un creyente. Temblar, temer, angustiarse, preocuparse hasta perder la paz. Todo eso es inconcebible en quien cree y espera en Dios, en quien le ama y le adora como Señor Todopoderoso, infinitamente bueno… El Señor le da entonces la gran señal del amor y del poder divinos, el gran prodigio de todos los tiempos. Una doncella, una muchacha virgen, concibe en sus entrañas, sin intervención de varón, al Verbo de Dios, a Dios mismo que baja a la tierra para ser hombre, un niño pequeño y frágil que nace en el silencio de la media noche.

Y el nombre del Niño será Emmanuel, Dios-con-nosotros. El nombre para un semita indica lo que se es. Por eso Jesús es Dios con nosotros. Dios que viene a la tierra para llenarla de amor y de esperanza, de alegría y de paz. Dios que viene a sacarnos de nuestra miseria, de nuestro triste egoísmo. Se acerca la Navidad; se acerca ese silencio de la media noche, roto por el canto alegre del pueblo, por mil villancicos y campanas que cantan y repican con alborozo el milagro más entrañable de todos los tiempos, el suceso más bello de toda la historia. Dios hecho Niño que sonríe y que llora en brazos de su Madre, una muchacha virgen, y muy bonita, que se llama María.

2.- Como los niños.- El relato de San Lucas nos dice que "a los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios" (Lc 1, 26), para anunciar a María que iba a ser la Madre de Dios…Los hebreos habían imaginado de muchas formas la venida del Mesías. Algunos pensaron que llegaría de modo apoteósico, descendiendo desde lo alto hasta el atrio del Templo, ante la expectación y el asombro de todo el pueblo allí reunido. Nadie había imaginado que su venida ocurriría en el silencio y en el anonimato. Mucho menos pudieron pensar que nacería de una joven y humilde virgen de Nazaret.

Toda la grandeza y el esplendor de la Encarnación permanecieron velados en el seno inmaculado de María. Desde que ella dijo que sí a la embajada de San Gabriel, el Verbo se hizo carne y comenzó a habitar entre nosotros, para gozo y esperanza de la Humanidad. Fue uno de los momentos cruciales de la Historia, un hecho que constituye una verdad fundamental de nuestra fe.

El nuevo Pueblo de Dios, la gente sencilla y buena ha comprendido la trascendencia de ese momento y lo ha plasmado en una devoción multisecular, que aún hoy sigue vigente entre nosotros: el rezo del Ángelus. Un breve alto en el camino de cada jornada, para recordar y agradecer vivamente que el Hijo de Dios se haya hecho hombre y esté cerca de todos nosotros.

La Virgen se llenó de temor al oír el saludo del arcángel, no comprendía, tanta era su humildad, que la hubiera llamado la llena-de-gracia y bendita, además, entre todas las mujeres, la más agraciada. Pero el mensajero de Dios la tranquiliza y le explica que ha sido elegida para ser madre, sin dejar de ser virgen, del Hijo del Altísimo, al que pondrá por nombre Jesús, que quiere decir Salvador.

Silencio de Nazaret que preludia la noche de Belén. Sencillez y escondimiento de la actuación divina que ha de frenar nuestras ansias de aparentar y de lucir. María y José, dos almas gemelas en la humildad y en la docilidad a los planes de Dios, son los primeros que recibieron la magnífica noticia. Luego serán los pastores de los campos belemnitas. Después los magos de Oriente que seguían con abnegación y tenacidad el rastro de una estrella. Más tarde Simeón y Ana, dos ancianos que son como niños, según diría Jesús de los que entrarán en el Reino. La fiesta de la Anunciación a Santa María es propicio para crecer en sencillez y humildad, para hacernos pequeños y dignos del agrado de Dios.


2.- UN ÁNGEL Y UNA VIRGEN

Por Gustavo Vélez, mxy

“El ángel Gabriel fue enviado a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David” (San Lucas 1, 26 – 27).

1.- Fray Angélico desde su primoroso arte, nos dejó un exquisito retablo sobre la Anunciación, que se conserva en el Museo del Prado. El ángel y la Virgen aparecen rubios y hermosos. Ella está sentada a la derecha luciendo una túnica color rosa bajo un manto azul. Ante la inesperada visita, ha suspendido la lectura del libro que mantiene sobre el regazo. El ángel viste un traje adornado con franjas de oro, que cae en pliegues hasta los pies. En el ángulo izquierdo del cuadro se ve la mano de Dios, que envía un rayo de luz hacia la joven. Entre ella y el ángel hay un jarrón de nardos florecidos que significan virginidad.

Si este acontecimiento sucedió de modo visible en aquella aldea olvidada, seguramente no ocurriría con tan suntuosa decoración. Si apenas tuvo lugar en el corazón de la Señora, hemos de felicitar a san Lucas, por haber redactado las cosas de modo tan magistral.

Nazaret tiene hoy unos 30.000 habitantes, pero en aquel tiempo no pasaba de ser un pequeño pueblo, vecino a la llanura de Esdrelón. La casa de María, según los arqueólogos, debió ser medio casa, medio gruta, adosada a un espacio donde se guarecían los animales domésticos. Dios nunca ha sido remilgado anota un autor. Se ha abajado ágilmente para que nosotros, como dice el prefacio de Epifanía, “podamos compartir su divinidad”. Ese día, un ángel y una virgen despertaron el prodigio más grande de los siglos. Nos lo enseña el primer misterio glorioso del Rosario: “La Anunciación del arcángel San Gabriel a María Santísima y Encarnación del Hijo de Dios”.

2.- Y el Padre Astete lo explica con su armonioso lenguaje: “El misterio de la concepción de Jesucristo se obró así: En las entrañas de la Virgen María formó el Espíritu Santo, de la purísima sangre de esta Señora un cuerpo perfectísimo. Creó de la nada un alma y la unió a aquel cuerpo. Y en el mismo instante, a este cuerpo y a esta alma se unió el Hijo eterno de Dios. De este modo, el que antes era sólo Dios, sin dejar de serlo quedó hecho hombre”.

3.- El diálogo del mensajero celestial y la Virgen está colmado de citas bíblicas que lo sitúan dentro de la más rica tradición judía. María entiende y a la vez no entiende. Pero cuando el ángel la ha llamado “Llena de gracia”, logra asomarse a la grandeza de Dios, que hace cosas maravillosas entre los humildes. La Virgen responde con humildad y confianza en Dios, pero además con realismo: “¿Cómo será esto pues no conozco varón?”. Gabriel añade más datos sobre ese Dios que realiza imposibles. En ese instante la historia del universo se queda un momento en vilo. Pero enseguida la joven acepta y “El Verbo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros”.

3.- No caben en esta festividad demasiadas elucubraciones teológicas. Fe simple, confianza, asombro integran la mejor celebración. Cuando tratamos de explicar los misterios de Dios es posible que los estemos profanando. Vale más sumergirnos en el sobrecogido silencio que arropó entonces a Nazaret. Para escuchar que cada tictac de la historia cristiana repite devotamente: “Santa María, Madre de Dios”.


3.- EL TÍTULO DE ESCLAVA DEL SEÑOR

Por José María Maruri, SJ

1.- Todos los que nos reunimos hoy aquí, no es día de fiesta, es un día laborable, esta festividad de la Anunciación, pues nos sentimos hijos de la Virgen. Y Ella nos mira también así. La Iglesia siempre ha interpretado aquel: “Mujer, he aquí a tu hijo” un reemplazo del Señor Jesús que regresa a la Casa del Padre, primero por Juan y luego por nosotros.

Pobre Madre, la de los dolores de cabeza que la hemos causado todos desde entonces. Bueno, el mismo Juan, por mucho que los pintores célebres hayan endulzado sus facciones, era nada menos que el Hijo del Trueno, así que, más o menos como nosotros. Vamos a sentirnos alrededor de María, junto a su hijo Jesús y vamos a mirarnos en Ella.

María, la Madre de Jesús y Madre Nuestra, tiene muchos títulos –diría yo doctorados—y el primero el de ser Madre de Dios, y exigidos por éste, el ser Inmaculada y sin mancha, y el que su cuerpo nunca haya sufrido la corrupción del sepulcro. Bueno, y además es Virgen, la siempre Virgen María.

2.- Pero hay uno del que se siente muy orgullosa y que desde que aparece en el Evangelio lo da a conocer a todo el que quiere saberlo. Y es el título de “Esclava del Señor” que se nos ha mostrado hoy en el Evangelio de Lucas de esta Solemnidad de la Anunciación del Señor. Título del que Jesús, su Hijo, aprendió la lección que cuando fue mayor iba diciendo por aldeas y caminos, que el Hijo del Hombre.

A nosotros ese “Esclava del Señor”, cuando cargamos el acento en “el Señor” no nos parece tan mail ni para nuestra Madre, ni para nosotros, porque al fin y al cabo cuanto más grande es el Señor, más ilustre es el esclavo. Pero cuando lo de esclavo y lo de servir no acaba en el “etéreo” Señor, sino en el “concreto hermano”, ya no nos gusta ni para nuestra Madre, ni menos para nosotros, porque no entendemos que todo servicio que pasa por el hermano acaba en el Señor.

3.- Mirando a nuestra madre, tan llena de títulos, tan bendecida y querida por Dios, tan inocente, tan pura, tan alejada de todo ese barro con el que todos volvemos manchados a la Casa Materna, todos nos sentimos mejores, o queremos serlo, o lo aparentamos, que habrá de todo entre tanto hijo.

Nuestro corazón se llena de pureza, de grandes ideales, de aroma de flores. Nos encanta la Virgen Niña, con sus ojos en el cielo y sus manos juntas en oración. Y esa actitud vertical hacia Dios nos ha ayudado no poco a alzarnos sobre el barro y sobre nosotros mismos.

4.- Pero yo dudo, y lo dudo en absoluto de mí mismo, de si al pensar en esos títulos de gloria y grandeza de nuestra Madre, no nos hemos olvidado del único que ella se enorgullece y que, digámoslo así, festejemos especialmente en este Día de la Anunciación: “Esclava del Señor”

Y además si nos hemos olvidado de pedirle a nuestra Madre que despegue sus manos juntas y nos las enseñe de cerca…

--ciertamente manos cálidas que acariciaron al Niño Dios dormido en su regazo.

--manos fuertes de apretar al Niño contra su pecho en la huida de sus enemigos

--manos seguras que impidieron las caídas del Niño en sus primeros pasos vacilantes.

--Pero… manos callosas, endurecidas por el voltear de la piedra que muele el trigo, o por el partir de la leña de fuego

--manos ásperas y cortadas del agua fría del río y de la fuente

--manos manchadas de grasa y hollín

--manos temblorosas cerrando los ojos del esposo querido

--manos que desearon ser de pluma y algodón para recibir el cuerpo llagado del Hijo bajado de la cruz.

Que nuestra Madre nos enseñe sus manos inmaculadas, incorruptas y divinizadas al contacto de Dios, pero callosas, fuertes y estropeadas del servir a los demás.

Que aprendamos a juntar a juntar las manos en oración y a abrirlas al servicio de nuestros hermanos, hijos de nuestra Madre.


4.- CERRAR LOS OJOS Y DECIR: AMÉN

Por Gabriel González del Estal

1.- Me lo decía hace unos días un padre-abuelo, tan creyente como atribulado. Acababa de perder a un hijo, a quien un cáncer agresivo y devorador le había quitado la vida. El hijo estaba casado y tenía un niño de tres años. “Mi hijo, así como su esposa, eran creyentes y muy buenas personas. Vivían, vivíamos todos, muy felices. ¡Cómo ha podido hacernos Dios esto! Sí, ya lo sé, los caminos de Dios no son nuestros caminos, pero… al final sólo nos queda cerrar los ojos y decir amén”. Para muchos problemas y situaciones, tanto personales, como sociales, no tenemos una explicación racional y lógica que nos acalle y nos convenza. Si somos creyentes, tenemos que confiar en Dios y aceptar su voluntad. Esto que decimos cuando tratamos de situarnos religiosamente ante el problema del mal físico o social, vale también para situarnos religiosamente ante muchas otras situaciones extrañas e incomprensibles. A la Virgen María, la joven doncella de Nazaret, tuvo que pasarle algo parecido cuando se encontró, de forma tan súbita e inesperada, ante el anuncio del ángel Gabriel. Su reacción primera fue de susto e incomprensión. “Vas a concebir en tu seno y vas a dar a luz un hijo…” “¿Cómo será esto, pues no conozco varón?” “El poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”. No lo entendía, pero tenía fe y confianza en Dios. ¿Qué podía hacer ella, humilde criatura del Creador? Dios siempre es un misterio y ante el misterio sólo cabe cerrar los ojos de la razón, abrir de par en par los ojos de la fe y decir “amén”. “Hágase en mí según tu palabra”.

2.- Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Este es el mejor programa de vida que puede hacer un cristiano. Este fue el programa que hizo Cristo, cuando aterrizó en cuerpo mortal, enviado por su Padre Dios, aquí en nuestra tierra. La voluntad de Dios es siempre voluntad de verdad, voluntad de vida, voluntad de justicia, voluntad de amor, voluntad de santidad. No nos va a resultar siempre fácil desear que se cumpla en nosotros la voluntad de Dios. El cuerpo frecuentemente lucha contra el espíritu, la sociedad se pone muchas veces de parte de la mentira, buscar siempre en nosotros mismos y en los demás la justicia y la santidad puede llegar a parecernos un intento ingenuo y estéril. Sí, es muy probable que el tratar de hacer siempre la voluntad de Dios nos proporcione más de un disgusto y desazón. Pero, si leemos despacio el evangelio, comprobaremos que este fue el camino que el mismo Cristo recorrió, antes de regresar definitivamente al Padre. Un camino de cruz, antes de llegar a la Luz. Y este fue el camino que nos mandó recorrer a sus discípulos. La Virgen María seguramente ya intuía lo que iba a suponer para ella el decir sí al ángel. Y, sin embargo, no lo dudó un momento: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.


5.- MARÍA, LA MUJER CREYENTE DISPUESTA A HACER SU VOLUNTAD

Por José María Martín OSA

1- María hace la voluntad de Dios cuando dice “Hágase en mí según tu palabra”. María es la mujer creyente, que se fía de Dios. Recibe del ángel este mensaje lleno de confianza: "no temas, María". María, humilde y confiada, libre y obediente es el prototipo de la mujer nueva, el principio de la nueva humanidad basada en el amor y en la confianza en la voluntad de Dios. María quiere alimentarse de la Palabra de Dios, no de otras cosas pasajeras o engañosas. Jesús no pide palabras, sino que espera de nosotros hechos, es decir demostrar que lo que decimos con los labios lo llevamos a la práctica. El que cumple la voluntad de Dios es el que de verdad vive el Evangelio. Hacer la voluntad de Dios es llevar a cabo aquello que gusta a Dios, que es de su agrado. Cuando amamos a alguien buscamos hacer aquello que le hace feliz. Al mismo tiempo, dado que Dios nos ama, su felicidad es que descubramos la vida en plenitud, no una felicidad superficial, sino la verdadera felicidad, que consiste en llegar a ser nosotros mismos. Esto nos conduce al segundo sentido de la expresión “voluntad de Dios”: hace referencia al gran plan, al proyecto de Dios para la humanidad. Dios nos ha creado para que seamos felices. Los padres que aman de verdad a sus hijos tienen expectativas con respecto a ellos. Desean que ellos desarrollen todas sus capacidades, quieren que ellos hagan libre uso de sus dones para convertirse así en adultos. Esto es aún más cierto en el caso de Dios. El desea nuestra felicidad. El proyecto de Dios no es anular nuestra libertad, sino una invitación a que nuestra libertad sea utilizada plenamente a fin de ser cada vez más, a imagen suya, capaces de amar y servir al hermano, que es el camino más directo hacia esa felicidad que todos buscamos. María no sabía muy bien lo que le pedía el ángel, pero amaba a Dios y por eso aceptó lo El le pedía.

2.- Los hombres hemos sido creados para ser felices. Aquél que es plenamente feliz tiene de verdad el derecho de decirse: “he cumplido la voluntad de Dios en esta tierra”. Todos los justos, todos los santos, todos los que han hecho el bien han sido felices de verdad. Jesús sabe que Dios es su Padre, que desea lo mejor para El y el mundo, a pesar de las contradictorias apariencias. Por eso en Getsemaní y en la cruz se pone en las manos del Padre y dice “hágase tu voluntad”. Confía en Dios y es esta confianza la que le da fuerzas para asumir las circunstancias difíciles. Muchos no entienden lo que significa la súplica del Padrenuestro “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Incluso hay quien omite estas palabras, creyendo que Dios nos va a mandar cosas malas. Vattimo, en su libro “Creer que se cree”, se pregunta por qué existe la costumbre de decir “que sea lo que Dios quiera”, sólo cuando algo va verdaderamente mal y no cuando la vida nos sonríe.

3.- La Madre del Salvador es también nuestra Madre porque su Hijo en la cruz así lo quiso: "Ahí tienes a tu Madre". Estamos muy próximos a celebrar el misterio de la Pasión y Muerte de Jesús. María estuvo allí junto a la cruz, como estuvo también con los apóstoles el día de Pentecostés. Aquel “fiat” no será sólo para un momento, sino que lo mantendrá toda su vida. María tiene una misión importante en la Iglesia porque es Madre y modelo de la Iglesia. Nuestra devoción a María debe llevarnos a su Hijo Jesucristo: "Haced lo que El os diga". Todo lo que tiene, todo lo que es María le viene de Cristo. María es la primera cristiana, toda cristiana, hecha enteramente para Cristo. Por eso es la mujer del futuro, la humanidad del futuro, la nueva humanidad que siempre hemos soñado y que Dios mismo soñó. Pero esto sólo será posible si vivimos cerca de Dios, confiados y seducidos por su Amor, como María.


6.- DIOS SE QUIERE HACER VIDA

Por Javier Leoz

En el inicio de la primavera, cuando los valles comienzan a retoñar y los árboles a despuntar en sus yemas, María florece para Dios. No es poesía: es verdad. El seno virginal de una Nazarena, nos traerá un nuevo renacimiento al mundo: Jesús.

1.- Parece, aparentemente, chocar este día de anuncio y de gozo, con el tiempo de la cuaresma que estamos viviendo. Pero, de aquí hasta la Navidad, durante nueve meses María irá haciendo posible que en su interior vaya tomando forma humana el mismo Dios.

De aquí, hasta la Navidad, hay un recorrido que el Padre quiere realizar para mostrarnos –no tanto su grandeza- cuanto su humildad: quiere hacerse hombre. Y ¿qué ha dispuesto para ello? ¿Qué pensó? ¿Lo podría haber realizado de una forma sorprendente? Por supuesto que sí. Pero, Dios, quiso contar con el hombre para hacerse hombre. Una mujer, sencilla y nada complicada, con fe y siempre mirando hacia el cielo, con un “SI” hizo posible esa iniciativa que ya andaba, desde hace muchos siglos, entretejiéndose en el pensamiento de Dios: encarnarse en el hombre.

2.- Recientemente salía a la palestra la iniciativa de la Conferencia Episcopal sobre la ampliación del aborto en España. Lo hacía llamándonos la atención sobre un hecho: se defiende más la protección de las especies animales que la humana. Y, celebrando esta fiesta de la Anunciación, también hemos de considerar que –la especie divina- Jesús, también corre el riesgo de ser aniquilado en muchas conciencias, sesgado en muchos corazones, abortado en muchas almas que son fustigadas por el materialismo, la comodidad, la pereza o el sistema dominante.

Por ello mismo, la Anunciación del Señor, nos trae de nuevo una buena noticia: Dios quiere nacer. Dios desea venir al mundo. Dios se hace hombre. Como siempre, se alzarán voces haciéndonos creer que Dios murió hace tiempo; que hay excesiva población cristiana; que es una provocación para el progresismo, cutre y rancio, que la Iglesia haga renacer la esperanza, a través de Cristo humanado, en las nuevas generaciones.

3.- La Anunciación del Señor nos sitúa de nuevo ante una realidad que no hemos de olvidar: Dios se hace hombre y, ser hombre, es a lo más grande que podemos aspirar. Todo intento y toda iniciativa que vaya en contra de la dignidad del hombre, atenta contra la dignidad de Dios. La Anunciación es un reclamo a favor de la vida. Ir contra una criatura indefensa, silenciosa y desprotegida, es ir contra la voluntad de un Dios que nos regala la vida en un nuevo nacimiento.

Aquí está la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra. Estas disposiciones dejan el camino libre a la intervención del Espíritu Santo: ¡María serás de Dios! ¡La intimidad de Dios comienza a gestarse y a darse forma en el seno de María!

Esas dos decisiones hacen que el Espíritu Santo fecunde a María. Por esas dos decisiones, el Hijo del Padre Eterno comienza a ser el Hijo de María.

Hoy comienza una historia de delicadeza, apertura, amor, fidelidad, obediencia y confianza. Y, cómo no, brotarán instantes y horas de sufrimiento. No todo será un camino de rosas; la cruz y el desaliento, la prueba y el desasosiego saldrán al encuentro. Pero, María, en silencio y con fe, irá repitiendo una y otra vez: ¡Hágase! ¡Hágase!

4.- Cuando muchos se empeñan en borrar del mapa a muchos niños y niñas, Dios opta por ser fecundo. Por ser niño en el seno virginal de una mujer nazarena. También, por qué no recordarlo, un rey de Judea intentó aniquilar al que fue s Rey de Reyes; abortar las esperanzas de un pueblo que tenía los ojos puestos en el Mesías.

Frente a la cultura de la muerte, la Solemnidad de la Anunciación del Señor, nos anima a ser portadores de vida. Pregoneros y defensores de la vida que viene de Dios y que acaba cuando Dios quiere.

Mientras tanto felicitamos a María. Porque, con riesgos, incomprensiones, soledades y escasez, quiere albergar en su interior al Dios de la vida que será hombre como nosotros.

5.- SILENCIO, TERNURA Y PAZ

Viene el ángel, María

Recíbele y háblale

Dile que el mundo necesita de Dios

Que, el cielo nos queda muy lejos

Que, el hombre, juega demasiado a ser “señor”

Llega, el ángel, María

Hazle sabedor de los sufrimientos de la humanidad

Que estamos esperando la salvación

Que, los caminos de muchos,

No son los caminos que van hacia Dios

Silencio...sólo el silencio habla

Porque, en el silencio, el hombre también habla

Porque, en el silencio, María se orienta hacia el Creador

Porque, en el silencio, la semilla del Eterno

se incorpora en un seno virginal y humano

Ternura…ternura para el ángel del Señor

Y, ternura, del mensajero hacia la Hija de Sión

Ternura, de los labios de una Virgen

Ternura, en suave aleto,

Del ángel portador de tanto bien

Paz….con paz queda María

Y, en paz se marcha Gabriel,

Con paz….comienza a germinar la VIDA

Con paz…lleva las buenas nuevas

La singular respuesta

Desde Nazaret hasta el Edén

Y, en medio de tanto silencio, ternura y paz,

José medita…José sueña…José asiente

Y, por las ventanas, pequeñas y recias

De aquel humilde hogar nazareno

Se deslizan amoríos y respuestas:

¡HAGASE! ¡HAGASE!


7.- LA FIESTA DE LA LIBERTAD

Por Ángel Gómez Escorial

1. – Esta solemnidad que celebramos hoy es, sin duda, la “fiesta de la libertad”. Dios pregunta a una doncella de Nazaret, por medio del Ángel, si quiere ser la Madre del Redentor y espera obtener su permiso. El poder y la grandeza de Dios no la coaccionan, ni Él tampoco la manipula, como no podía ser de otra forma. Y el hecho prodigioso de la salvación del genero humano comienza en el mismo momento que María de Nazaret dio su convencimiento. ¿Podría haberse negado? Claro que sí, en uso de su libertad. Hemos de meditar sobre que la justicia de Dios en su relación con el hombre esta basada en libertad. Y que esa libertad –asunto difícil de entender—forma parte de la esencia de Dios –como el amor—y que se lo ofrece a los hombres, como don principal. Es la misma libertad que nos lleva a renunciar a Dios o a desobedecerle. Por todo ello la escena de la Anunciación es tan importante y tan humana, al mismo tiempo que tan divina.

Digamos también que el versículo de respuesta al salmo 29 y la Carta a los Hebreos repiten la frase “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”, que es muy parecida a la que le va a responder María al Ángel: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. La aceptación de la voluntad de Dios es un acto libérrimo que magnifica nuestro amor y entrega al Señor. Él no coacciona, ni engaña, solo espera que decidamos estar junto a Él.

2.- Es lógico situar la fiesta de la Anunciación el 25 de marzo, nueve meses antes del nacimiento de Jesús, el 25 de diciembre. Ya en el siglo III un autor opinaba que el Verbo se encarnó en el equinoccio de primavera, en el mismo día que nació Adán. Y Jesús siempre ha sido considerado como el nuevo Adán. Nos llega, asimismo, en medio de la Cuaresma, como nos pasó la semana pasada con la solemnidad de San José, y es un motivo de alegría dentro de la austeridad de estos días. Una idea a bote pronto es que aprovechemos, inmersos en este tiempo de cuaresma, la enseñanza de esta solemnidad de la Anunciación, origen y meta y de nuestro caminar, en libertad, tras los pasos liberadores de Cristo. Porque no obstante, y como decía al principio hoy es la fiesta de la libertad.

3.- No importan mucho –aunque deban de tenerse en cuenta—estas precisiones cronológicas sobre el “primer momento” de la Encarnación del Verbo salvador, que fue, precisamente, cuando el Arcángel San Gabriel visitó a María de Nazaret. Sus fechas han ido cambiado con los tiempos. Así estaba dentro del ciclo de Navidad y hoy, todavía, la Iglesia de Siria le dedica dos domingos anteriores a la Navidad. En Occidente, la liturgia ambrosiana, situaba la fiesta en el sexto domingo de Adviento, que era el anterior a también la Navidad. Y sabemos que fue la liturgia hispánica la que introdujo la primera fiesta dedicada la Virgen, en toda la Iglesia, y que se celebraba el 18 de diciembre.

4.- Pero, repito que hoy es un día destinado a festejar la libertad. Dios nos ha creado libres. Nuestra libertad es absoluta y Dios, nunca, nos impondrá nada. Nuestra libertad debe florecer también en todo momento aunque no sea fácil. Ciertamente, Dios no nos presiona, pero si lo hace de manera muy fuerte la vida cotidiana, la gente que nos rodea, la política o la invitación a vivir sin libertad. Y ante eso hemos de luchar. Deberemos siempre elegir en libertad, y cuando esta falta y nos quieran manipular, hemos de emplear toda nuestra fuerza para que prevalezca nuestra libertad. Ya que si Dios no ha creado libres, ¿como podemos admitir la esclavitud que nos impone cualquier humano, individual o colectivamente? Pensemos pues, siguiendo el ejemplo de María de Nazaret que hoy es “la fiesta de la libertad”.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


LA ANUNCIACIÓN DESDE EL BIG BANG

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- El sol no se quería ir, hay que advertir que es un astro tozudo, poderoso e importante. Aquel día, nadie sabe cómo, se hacia escurridizo y no quería escuchar las órdenes del dios Cronos que le exigía cumplir con el horario establecido, diríase que hasta para él era imposible conseguirlo. Hoy no quiero irme pronto, decía y repetía, sin dar ninguna explicación más. Alguna cosa grande se avecina y nuestro rey no se la quiere perder, comentaban entre sí los cuerpos celestes.

La Luna, hecha impaciencia toda ella, se había levantado de la siesta antes que de costumbre. Ella que es tan perezosa, aquel día dio un bote y se irguió al darse cuenta de que había llegado el momento (¿pero de qué momento se trata, preguntaban algunos intrigados?) y se colocó estratégicamente al borde y por detrás de una suave colina. El Lucero vespertino proclamó con énfasis que en el Universo no podía haber privilegios personales, mejor dicho, astrales, así que él tampoco se marcharía. Si alguna cosa importante iba a pasar debía dar fe de ello, debía observarlo todo y no dejar, como espectadoras únicas, a las frívolas estrellas. Todo este jaleo de exigencias y caprichos que cada uno alardeaba poseer, se hacía con orden y en silencio, ya que obrar así es norma fundamental del universo.

2.- Los astros no quieren tener ningún trato con la señora Historia. Es una mujer intrigante, de la que nadie puede saber qué está pensando, ni tampoco estar seguro de sus relatos, por muchas demostraciones que aporte. Pero aquella noche la vieron llegar majestuosa por el camino del pasado, iba perdiendo sus prendas, se estaba quedando casi desnuda, pero su bello aspecto ennoblecía su porte. Uno adivinaba que estaba deseando que se la viera en su profunda realidad: un indestructible e importante presente que se repite casi siempre igual pero cada vez nuevo. Ahora bien, el presente de aquel atardecer iba a ser imborrable e iba a iluminar todas las épocas, si se cumplían sus predicciones y deseos. La Historia aquella noche, ya totalmente desnuda, también estaba en silencio.

3.- Eva salió de un hoyo que nadie hasta entonces había visto, iba acompañada de su esposo Adán. Condenada de antiguo por una vieja sentencia, reclamaba por derecho propio estar en primera fila, ante el evento que se aproximaba. Quería observar bien, y llena de esperanza, el proceder de su biznieta, la segunda Eva, inmaculada como ella lo fue en el Paraíso y que esta noche, ella lo sabía de buena tinta, se iba a encontrar con Gabriel, antiguo hermano de Satanás en antigüedades muy antiguas, pero, desde una próxima antigüedad, su mayor adversario entre los creados, como lo era también de ella.

¡Dios había imaginado una bella historia!, pero como tiene la inocencia de un niño, no había sabido mantener el secreto, se le habían escapado muchos detalles de lo que tenía planeado realizar y se lo había explicado a los profetas, cuando estos habían ido a saludarle y recibir órdenes. Había hablado ya tanto, que los hombres estaban impacientes y querían saber el desenlace de todo aquel proyecto. Pero Dios es sorprendente y nadie imaginaba que iba a llegar el más importante intento de salvación, en manos de una chiquilla, de una moza de pueblo, de la cual, hasta entonces, nadie había oído hablar.

3.- Todo el universo estaba atento; los hombres, en cambio, se entretenían en monótonas ocupaciones, en insulsos juegos o durmiendo despreocupados. La chica, María, estaba en silencio, sola, disponible, dispuesta, atenta.

- ¡Buenas noches, María! ¡Qué encantadora eres! Me habían hablado tanto de ti allá arriba, que ardía en deseos de conocerte. Te confieso que no esperaba que fueses tan hermosa. Dios me había dicho que te había llenado de su Gracia, pero no imaginaba que fuese tan precioso el resultado.

María no se atrevía a decir nada, enrojeció de tímida vergüenza, sonrió después al ángel que continuaba hablando.

- No tengas miedo. Mírame a la cara, que te traigo una buena noticia: vas a tener un hijo maravilloso. Se dirá de Él que es el Hijo de Dios, cumplidor será de los proyectos eternos que se anunciaron al rey David, tu antepasado.

- ¿Pero que dices? Un hijo yo... y así de importante...

- María, ¡si lo supieses! ¡Si te conocieras y supieras cómo eres y qué representas para el universo entero...! Allí de donde vengo todos sienten admiración por ti, sin siquiera haberte visto. No temas, serás capaz, con la ayuda de Dios, de seguir adelante. Con esta ayuda es suficiente, solo es necesaria tu generosidad y yo sé que tu benevolencia es grande.

- Si es por mí, no hay reparo. Que Dios mande y disponga, aquí estoy yo para obedecer.

Gabriel olvidó por una vez la educación, él que es de noble linaje, no obró según le exigía su rango, se fue sin despedirse, sin decir siquiera ¡buenas noches! No, no podía entretenerse, era un imperativo metafísico el proclamarlo a las cuatro dimensiones del universo. La Tierra, qué digo la Tierra, todo, todo lo existente, se iba a trastocar y debían saberlo.

4.- La Luna estaba satisfecha y reía a carcajadas, ella que se avergonzaba a veces de tener granos en la cara, iba diciendo que los quería conservar siempre, para parecerse a aquella moza de pueblo, que con su acné juvenil había estado hablando, afirmando, consintiendo, aceptando, obedeciendo, a Dios.

El Sol se abrazaba la barriga satisfecho, sus cabellos blancos y rizados, tenían tonos cobrizos aquella tarde, uno hubiera dicho que se había emborrachado para celebrarlo, por la nariz rojiza que lucía y por los brincos que daba, iluminando aquel anochecer.

El Lucero, Venus, la voluptuosa, dijo que no, que aquella noche no saldría a hacer la calle. La diosa del placer y del sexo se tornó compañera de Adán y Eva, de esta principalmente y marcharon los tres satisfechos, cantaban alegremente aquella tonadilla popular que dice: a tapar la calle, que no pase naide....Y cuando llegaron al final del firmamento, Venus reunió a los astros y asteroides, a los planetas y satélites y les comunicó la noticia trascendental como ninguna otra, la decisión definitiva, perenne, rotunda, de aquella chiquilla que había dado su conformidad con sencilla entrega a Dios y les contaba y repetía que este sí de ella, había convertido su seno santo en una cámara abierta al sí de Dios, que ya había empezado a crecer en sus entrañas, de un misterio tan recóndito nadie hasta entonces había tenido noticia.

5.- Los astros celebraron asamblea. La Estrella Polar se levantó solemne y proclamó en tono elocuente:

- Es necesario que escojamos una señal que marque el día. Es imprescindible que los hombres sepan que el firmamento no asiste indiferente a la gran intrepidez de esta chica que ha dado su total consentimiento a Dios, cuando le hizo una petición confidencial difícil y enigmática.

La iniciativa se aprobó por unanimidad. Fabricaron las estrellas un fino tul con las más diminutas, que acudieron ilusionadas por haber sido tenidas en cuenta, se agruparon danzando en torno a un desconocido núcleo luminoso, marcharon en lenta procesión hacia Belén, fue entonces cuando la inmensidad solemne de un Cometa se hizo homenaje al Niño-Dios que iba a nacer y que con sus lágrimas reclamaría la aceptación total de los hombres al plan divino, para que se dejaran salvar definitivamente.

La Historia esbelta en su desnudez, se vistió con las mejores galas. El dios Cronos paró el reloj, lo miró detenidamente, le dio cuerda, lo puso en marcha y funcionó el tiempo, como si estrenara maquinaria. Marcaba exactamente las cero horas del día uno, del primer año.

5.- ORACIÓN A DIOS AL CONTEMPLAR A MARÍA A SU LADO, UN POCO MÁS ABAJO, PERO MUY CERCA DE ÉL.

Dios-Padre, me resultas enormemente imponente.

Dios-Hijo, te has sacrificado tanto por mí,

que me siento totalmente avergonzado a tu lado.

Dios-Paráclito, me deslumbra el Espíritu inmenso que eres.

Por eso Dios-Padre-Hijo-Paráclito,

te agradezco que entre Tú y yo hayas puesto a Santa María.

Es como un escalón que en principio no hace falta,

como un paraguas que parece casi siempre innecesario,

como aquella cosa que tomas contigo

sólo por si acaso,

pero que de repente te das cuenta

de lo mal que lo pasarías si no la tuvieses.

 

Santa María...

por ella tu ternura y tú cordialidad se torna accesible;

tu poder se pone a nuestro alcance.

Tú, Dios, no eres ni masculino ni femenino,

pero siempre te imaginamos como un señor mayor

de piel arrugada y con tupida barba, siempre muy masculino.

Así que a través de ella descubrimos

que tú también eres joven elegante gracia femenina,

fecundidad generosa como la de una madre,

comprensión sin límites como la de una hermana,

protección segura como la de una tía,

amor fiel de esposa,

sensibilidad imaginativa

como la de una adolescente.

 

Gracias, Oh, Dios, por habernos dado a María,

gracias porque ella, humana como nosotros,

has querido que estuviera cerca de ti

y por tanto tenemos la convicción

de que algo de nosotros está ya a tu lado.

 

Ayúdanos a aprender de ella

a decirte siempre que sí.

Danos fuerza para decirnos no a nosotros mismos,

en momentos en que nuestro egoísmo,

nuestro orgullo,

nuestra debilidad,

cualquiera de nuestras malas tendencias,

nos apartan de ti.