PREPARADOS PARA LA SEMANA SANTA

Por Ángel Gómez Escorial

Ya en este Domingo V de Cuaresma el relato evangélico nos pone en la pista de despegue para iniciar la semana más grande la fe católica. Y por mucho que se repita, año tras año, la secuencia de todas estas celebraciones, siempre se reciben con un ánimo nuevo y renovado. La realidad es que lo que celebramos es muy grande, impresionante, no desprovisto de dramatismo y con el “final feliz” de la Resurrección del Señor.

Hemos recorrido la Cuaresma a modo de preparación, luchando para que nuestro convencimiento y conversión sean coherentes con nuestra conciencia y con el ejemplo que el mismo Jesús de Nazaret nos muestra en su especial recorrido por los últimos días de su vida mortal. Siempre habrá un momento, en sobre todo, la tarde del Viernes Santo que nos parezca, sin embargo, que no hemos hecho lo suficiente. Tal vez, ese sentimiento de pena por no tener todos los deberes hechos nos llegue en toda intensidad cuando remembremos la escena de la mirada de Jesús a Pedro, ya preso, en la casa del Sumo Sacerdote. Es más que posible que, todos, no seamos lo suficientemente entregados ante la enorme generosidad de Jesús que murió para salvarnos.

Pero también es verdad que si hemos hecho todo lo que nos ha sido posible en ese camino de reforma y de entrega al Señor, los escrúpulos no deben atenazarnos. La entrega de Jesús fue tan grande que, por supuesto, nuestros esfuerzos quedan en muy poca cosa si los comparemos con la fuerza enorme del sacrificio de nuestro maestro. Pero también asistiremos a la noche luminosa de la Vigilia Pascual. La fuerza de Dios ha resucitado a Cristo el Señor y todos estamos contentos. Hemos podido comprobar con la Resurrección de Jesús que todo se ha cumplido y que una vida nueva se inicia para todos.

Pero, en fin, nos van quedando todavía unos días para llegar al Domingo de Ramos y al Triduo Pascual. Todavía tenemos tiempos para enmendar alguna senda que aun continúa torcida. Esta Carta quiere ser recuerdo y exhortación para el cambio en estos últimos días del camino cuaresmal. Pidámosle al Señor Jesús que nos acompañe en estas horas que nos quedan y que así, luego, nosotros podamos acompañarle en las horas difíciles que se nos avecinan. Nunca como en estos pocos días la oración, el ayuno y la limosna nos ayudaran a completar el camino. ¡Echemos el resto para conseguir nuestro objetivo!