Miércoles de Ceniza
25 de febrero de 2009

La homilía de Betania


1.- EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA EN SOCIEDADES OPULENTAS

Por Gabriel González del Estal

2.- TIEMPO DE CONVERSIÓN Y PENITENCIA

Por Antonio García-Moreno

3.- PRIMEROS AUXILIOS PARA EL ALMA

Por Gustavo Vélez, mxy

4.- FELICES EN LA CUARESMA

Por José María Maruri, SJ

5.- ¿CÓMO VOY A VIVIR ESTA CUARESMA?

Por José María Martín OSA

6.- ¡AQUÍ, CON EL SEÑOR, HACIA LA PASCUA!

Por Javier Leoz

7.- SEGUIR CON LA MIRADA A CRISTO

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


ALEGRE AUSTERIDAD

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA EN SOCIEDADES OPULENTAS

Por Gabriel González del Estal

1.- En el comer y en el beber, España puede considerarse una sociedad opulenta. ¿Cómo debemos entender la mayoría de nosotros el precepto del ayuno y la abstinencia cuaresmal? Quizá la mejor respuesta está ya escrita, en un dicho antiguo que todos conocemos: no debemos vivir para comer, sino comer para vivir. Para vivir íntegramente bien, se entiende, corporal y espiritualmente bien. Es decir, que el ayuno y la abstinencia no deben ser sólo un precepto válido para la cuaresma, sino una norma para toda la vida. Comer cada día, dentro de mis posibilidades, lo que es mejor para mi salud corporal y espiritual. San Agustín, tan genial en esto como en algunas otras cosas, decía que deberíamos comer siempre lo que favorezca nuestra libertad y nuestra caridad. Libertad para el bien, por supuesto, porque a la libertad para el mal San Agustín la llama libertinaje. Y caridad, amor, en sentido evangélico, es decir, no sólo un amor vertical, hacia Dios, sino un amor horizontal, hacia los hermanos. La comida y la bebida deben ayudarnos a eliminar de nuestro cuerpo y de nuestra vida todas las grasas de pecado que nos impiden caminar resueltamente hacia el bien. No se trata de una práctica del ayuno y la abstinencia fácil de cumplir, sino todo lo contrario. Es mucho más fácil, y más perjudicial para la salud, abstenerme durante unos determinados días del año de ciertos manjares, si me permito comer desordenadamente durante muchos otros días de la semana y del año. Comer y beber cada día sólo lo que debo, sin dejarme llevar nunca por la gula o el capricho, es algo extremadamente difícil.

2.- Pero es verdad que el ayuno y la abstinencia pueden y deben tener en cuaresma una práctica y una intención especial. El ayuno, decía también San Agustín, es más cuestión de corazón que de estómago. El ayuno, practicado de manera especial en tiempo de cuaresma, puede consistir en privarme de algunos manjares o de algunas bebidas especialmente agradables para mí, pero de las que puedo prescindir sin perjudicar mi salud. Si soy muy goloso, puedo privarme hasta de los pocos dulces que como de ordinario; si me gusta tanto el chocolate, puedo dejar bien guardado, sin tocarlo en cuaresma, el chocolate; si me gusta beber mi copita de coñac después de una buena comida, en cuaresma voy a dejar la botella de coñac bien cerrada. Que cada uno ponga los ejemplos que más le convengan. Y no olvidar nunca el precepto de la caridad. Con lo me ahorre comiendo o bebiendo algo menos, o comiendo y bebiendo algo igualmente sano pero de menor coste, voy a ayudar, a dar mi limosna, a alguna persona o a algún proyecto de cáritas que necesita ayuda económica. El ayuno y la abstinencia cuaresmal no deben ayudarme sólo a mí, sino al prójimo necesitado.

3.- Y, para aludir de alguna manera al evangelio de este día, que nuestra mano izquierda no sepa lo que hace la derecha. No se trata de presumir, ni de contar virtudes propias a nuestros amigos. Nuestro Padre, que ve en lo secreto, nos lo pagará, desde luego, pero aunque no nos lo pagara. Un corazón bueno y bondadoso no necesita que nadie le pague externamente sus buenas obras; la paga de amor la tiene siempre escrita e inscrita en su propio corazón. Que durante esta cuaresma que ahora empieza cumplamos con el precepto del ayuno y la abstinencia con libertad y amor, es decir, como Dios quiere.


2.- TIEMPO DE CONVERSIÓN Y PENITENCIA

Por Antonio García-Moreno

1.- "Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, diciendo: Perdona, Señor, perdona a tu pueblo..."(Jl 2, 12-18). Sacerdotes de Dios para interceder por los hombres. Ayudándoles a estar a buenas con el Señor, dándoles a conocer su infinita misericordia y su justicia implacable. Pidiendo perdón por los pecados propios y por los de todo el pueblo, desagraviando con el propio sacrificio tanto desamor como se tiene con quien es el Amor. Rogar hasta las lágrimas y los hondos suspiros del alma que sufre, como propias, las ofensas que otros infieren a Dios. Unirse a Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, clavarse en su Cruz con serena y gozosa esperanza.

Comenzamos el tiempo de la conversión y la penitencia. Cuarenta días de desierto donde buscar a Dios y purificar el alma, tan manchada y tan inclinada hacia el mal. Quiero aprovechar estos días con intensidad y constancia, fortaleciendo mi decisión de serte fiel hasta la muerte. Ojala lo consiga... Dios mío, ven en mi ayuda. Date prisa en socorrerme.

El profeta Joel sigue diciendo: "Que el Señor sienta celos por su tierra y perdone a su pueblo" (Jl 2, 18). Perdona, Señor, perdona a tu pueblo. Colores de penitencia, el morado de la cuaresma, el clamor y los gemidos implorando piedad y compasión para este pueblo, que hace poco danzaba y retozaba en la impiedad y la burla, entre risas y borracheras, y ahora calla y llora, abatido y hambriento, vacío y dolorido... Dios mío, Tú ya nos conoces, incluso sabías al crearnos que te traicionaríamos, que te olvidaríamos, que te despreciaríamos.

Si, Señor, Tú sabías del barro que estamos hecho. Y, sin embargo, nos amaste, nos diste la vida, nos llamaste nos perdonaste tantas veces... Gracias, Padre mío, por ser tan pródigo en tu perdón, tan derrochador de amores y misericordia. Bendito seas, Señor, bendito seas. Y sigue así, sigue enamorado de este pobre hombre que quiere y no puede, o que puede pero no quiere. Yo mismo no me comprendo. Sólo estoy seguro de una cosa, de que me amas hasta los celos... Quién te amara así, quién jamás te hubiera ofendido...

2.- "Cooperando, pues, con él os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios". (2Co 6, 1). Es una lluvia torrencial la que a veces cae sobre nuestra pobre tierra reseca. El velo que oculta las maravillas de Dios se descorre un poco, para dejar entrever nada más el poder y la bondad del Señor, entonces uno comprende lo que significa la entrega generosa y la renuncia por amor a Cristo. Entonces las lágrimas acuden silenciosas, punza por dentro el desamor de tantas veces. Nace otra vez la ilusión y el buen deseo.

Quererte más y más, tratar de corresponder mejor a amor inefable. Comprometerme más seriamente en la tarea de sembrar tu palabra, en el afán de ser santo a los ojos de mi Dios y Señor. Recomenzar como si nada hubiera ocurrido. Rectificar y recuperar cuanto pueda lo pudo perderse.

3.- “Convertíos y creed el Evangelio” (Mc 1, 14). Esta exhortación la repite el sacerdote al imponer la ceniza en el rito que abre la Cuaresma. Evangelio equivale literalmente a Buena Noticia. Y así es, en efecto, pues no hay mejor noticia que la que se contiene en el Evangelio, la gran buena nueva de que Dios nos salva por medio de Cristo. El muere para redimirnos de nuestros pecados y para darnos una vida nueva, la de los hijos de Dios. Mejor que esto no hay nada en el mundo entero.

En cuanto al término “convertíos”, otros traducen “arrepentíos” y no sin motivo, pues en definitiva se trata, en primer lugar, de reconocer la gravedad de nuestro pecado y llenarnos de compunción, de dolor de corazón por haberlo cometido. Entonces, si nos arrepentimos de verdad, también nos convertiremos, cambiaremos de conducta, nos enmendaremos de nuestros pecados y lucharemos para reparar el mal ocasionado y desagraviar al Señor. Si le hemos ofendido con una mala acción, hemos de intentar responder a su perdón con una vida de entrega generosa y constante.


3.- PRIMEROS AUXILIOS PARA EL ALMA

Por Gustavo Vélez, mxy

“Dijo Jesús: Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial” (San Mateo 6, 1).

1.- Nuestros antepasados en la fe, al prepararse a la Pascua durante cinco semanas, más que renovar su fe en Cristo resucitado, verificaban su condición de pecadores. Se habían marcado la frente con ceniza y atemorizados ante la muerte, deseaban convertirse. Era un tiempo más o menos triste, de agobio diríamos, al comprobar la propia flaqueza. Hoy han cambiado muchas cosas en la forma de vivir la Cuaresma. Cuenta, eso sí un esfuerzo por convertirnos, pero apoyados ante todo en la persona de Jesús, quien ha vencido el pecado y la muerte.

2.- Los textos que trae la liturgia de estos días, nos ofrecen valiosas ayudas para este proyecto. Jesús les ha señalado a sus discípulos un ideal de felicidad, de plenitud, en el Sermón de la Montaña. Pero enseguida les sugiere varias herramientas para lograr tan codiciada meta. Entre ellas, tres muy concretas: No obrar nunca buscando alabanzas de la gente. Orar desde lo profundo del corazón. Y un estilo de ayuno, que hemos de entender desde renovados esquemas. Leemos en San Mateo: “Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre está en los cielos”. “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”, apunta el evangelista.

3.- Ésta que llamaríamos vida oculta del creyente lo enriquece sobremanera. Nos remite además a los treinta años que vivió Jesús en Nazaret, desconocido de todos, pero cumpliendo la voluntad del Padre Celestial. San Mateo nos presenta además la imagen de ese Dios bueno y misericordioso, al cual hemos de regresar en tiempo de Cuaresma. “El que hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos”. El que alimenta los pájaros del cielo y viste los lirios el campo, con más lujo que al mismo Salomón. Jesús señala igualmente la importancia de la oración, en ese mismo contexto de confianza hacia Dios y de recato: “Cuando vayas a orar entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora en secreto. Y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará”.

4.- Para los discípulos de Cristo el ayuno y la abstinencia son tradiciones respetables, pero que conviene adaptar a las actuales circunstancias. Lo que el Señor quiere no es privación de alimentos, sino que proyectemos nuestra caridad hacia los más necesitados. La templanza continúa siendo una de las cuatro virtudes cardinales, de aquellas de vida que identifican nuestra conducta cristiana. Pero por encima de ellas ha de estar siempre la caridad. Comprenderemos entonces que la esencia de la Cuaresma cristiana consiste en una revisión de vida, muy sincera y profunda, de cara a Jesús resucitado, quien ha vencido el pecado y la muerte.

Fortalecidos con estos primeros auxilios: Modestia en el obrar, oración y servicio a los pobres, nuestra fe será más viva, más segura nuestra esperanza, nuestro amor a Dios más ardiente. El Señor quiere crear en nosotros un corazón puro y devolvernos la alegría de la Salvación. Seremos entonces, como dice san Pablo escribiendo a los corintios, “embajadores de Cristo. Os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios”.


4.- FELICES EN LA CUARESMA

Por José María Maruri, SJ

1.- Hoy comenzamos la Cuaresma. Un camino hacia la Resurrección. Un camino al encuentro del Señor, que el Jueves Santo nos deja “su Mandamiento”: amaros como yo os he amado. Y el Viernes Santo nos enseña su propia muerte “cómo Él nos ha amado hasta dar la vida. Y es el Padre Dios, quien resucitando al Señor Jesús, nos dice que Él refrenda ese mandamiento y esa muerte por amor.

2.- Hoy al recibir la ceniza nos van a decir: “conviértete y cree en el Evangelio”. Conviértete al amor y cree en esa doctrina de amor que Jesús nos enseñó y el Padre refrenda.

--Vamos a reencaminar nuestras vidas por el camino de la frugalidad, austeridad, recortar gastos inútiles. Pero con un fin: podemos ayudar más a los demás.

--Vamos a recortar nuestro tiempo para tener más tiempo a los demás.

--Vamos a dar y darnos: dar cariño, alegría, oídos, compasión, compañía, ayuda económica al que la necesita.

3.- Este es nuestro ayuno, que según Isaías, Dios quiere de nosotros. Y así nuestra Cuaresma será feliz, porque es más feliz el que da que el que recibe.


5.- ¿CÓMO VOY A VIVIR ESTA CUARESMA?

Por José María Martín OSA

1.- Camino hacia la Pascua. La Cuaresma es un “tiempo fuerte” del Año Litúrgico. Pero no tiene sentido por sí misma, porque sólo puede entenderse como “camino hacia la Pascua”. Son 40 días --quadragesima dies-- en los que ascendemos al monte santo de la Pascua. Merece la pena que emprendamos este camino con ánimo y confianza. Nuestra condición humana y temporal nos ofrece la oportunidad de ir marcando el paso del tiempo con estos días señalados. Ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación, nos dice San Pablo en la segunda carta a los Corintios. No echemos a perder la gracia de este tiempo propicio para salir al encuentro de Dios. En el evangelio de Mateo, Jesús nos ofrece tres herramientas, tres actividades para renovar nuestro seguimiento de Jesús: la oración, el ayuno y la limosna. ¿Cómo y cuándo será mi oración? ¿De qué cosas ayunaré este año? ¿Qué gesto de amor haré en favor de mis hermanos, en especial de los más necesitados?

2.- Las tres herramientas para vivir la Cuaresma son igualmente importantes: oración ayuno y limosna. Sin oración no hay experiencia de Dios. Entendemos con frecuencia la oración como “pedir” ayuda al Señor cuando estamos en apuros. Orar es, sobre todo, escuchar a Dios, que nos habla a través de su Palabra, de las personas y de los acontecimientos (los signos de los tiempos)

Ayunar no es hacer un ejercicio de autocontrol para demostrar el autodominio de uno mismo o para tener satisfecho a Dios. Esto será útil sólo si nos hace amar más a Dios y a nuestro prójimo. Recordemos la Escritura: “El ayuno que yo quiero es este: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que está desnudo, y no cerrarte a tu propia carne” (Isaías 58, 6-7) No se trata sólo de privarse de comer carne, también podemos ayunar de televisión, de tabaco, de fútbol, de ordenador. ¿Para qué? Para ser más libres y dedicar nuestro tiempo al que más nos necesita.

Dar limosna puede ser relativamente fácil. Quizá tranquilicemos nuestra conciencia, pero esto no es suficiente si no nos mueve el espíritu de caridad que nos hace ser solidarios con el sufrimiento de nuestro prójimo. No basta con dar dinero, también tiempo o cariño o esperanza... Que el signo penitencial de la ceniza sea expresión de nuestro deseo de tener presente al Señor y a los hermanos.


6.- ¡AQUÍ, CON EL SEÑOR, HACIA LA PASCUA!

Por Javier Leoz

1.- La Cuaresma, en sí misma, no tiene sentido. Pero, con este miércoles de ceniza, nos proponemos seguir más de cerca a Jesús de Nazaret en su dar todo por el hombre y en obediencia hacia Dios: LA PASCUA.

¿Cambiará en algo nuestro día a día en este tiempo?

¿Nos dejaremos tocar por la gracia de Dios?

¿Viviremos intensamente desde la oración, la austeridad o la caridad, esta distancia

entre hoy y la Semana Santa?

¿Progresaremos como pueblo e hijos de Dios en su conocimiento?

Todo lo que no se prepara con antelación, corre el riesgo de diluirse. De no cobrar

la importancia que tiene.

2.- La PASCUA del Señor, nos tira hacia delante, nos seduce, pone delante de nosotros un horizonte de vida y de posibilidades. ¡El Señor subirá a la cruz por nosotros! ¡El Señor bajará al silencio de la muerte por nosotros! ¡El Señor, saldrá a los tres días, victorioso con un gran regalo: nuestra propia victoria sobre la muerte!

Esto, hermanos, no se prepara de la noche a la mañana. ¡Qué bueno sería que nos sintiéramos pueblo peregrino! ¡Qué gratificante sería que, en este miércoles de ceniza, ofreciésemos a Jesús, una promesa! (¿La eucaristía diaria? ¿Una lectura sosegada de la Palabra de Dios? ¿Una obra oportuna de caridad? ¿Abstenernos de ciertos caprichos –fumar, beber, etc.?

3.- Esta cuaresma ha de ser diferente a las demás. Entre otras cosas porque, tal vez nosotros, somos distintos a aquellos/as que fuimos hace un año. Dios es un ser dinámico y, por lo tanto, sale a nuestro encuentro curando las dolencias de nuestro hoy, perdonando los pecados que brincan y juegan en el alma de hoy, invitándonos a ver en el exponente de la cruz que va camino del calvario, su auténtico rostro: DIOS AMOR.

No es el momento de pensar y escudarnos en el hecho de que la sociedad, el mundo, la parroquia, la comunidad, mi familia, etc., han perdido el sentido del pecado. Lo importante es, ahora, hoy y aquí, ponernos un termómetro personal. Contrastar nuestra vida con la de Jesús. Dejarnos pasar por el escáner del Espíritu, y que detecte todo aquello que hemos de dejar para llegar más limpios a la Pascua.

4.- ¿Ceniza? ¡Sí! Porque queremos ser árboles cuando, en realidad, somos simples astillas. Porque decimos ser rascacielos, cuando apenas levantamos lo que es una altura. Porque afirmamos ser buenos y santos, cuando en realidad, podemos ser mejores si nos dejamos guiar por Dios.

¿Ceniza? ¡Sí! Porque presumimos de conocer el evangelio y, resulta, que lo descafeinamos utilizándolo a nuestro antojo. Porque, la fe, hoy más que nunca, exige respuestas decididas, hombres y mujeres valientes, seguidores de un Jesús que nos llama a la conversión, a volver nuestro corazón hacia Dios.

Recientemente, un escritor, decía que “Occidente está débil”. La Cuaresma puede contribuir a inyectarnos esa fuerza de Dios. Ese impulso del Espíritu. Esa humildad para encontrarnos con Cristo. Esa paz que el día a día nos roba.

¿Ceniza? ¡Sí! Porque siendo siervos, queremos ser reyes y viviendo en la tierra, algunos llegan aseverar que ya no existe más cielo. No es pues, la ceniza, un rito mágico, supersticioso. Por el contrario, este símbolo, nos esponja y nos facilita este inicio, esta andadura hacia la celebración de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Todo ello, además, lo recordaremos y haremos fuerte, con una confesión personal, con una obra de caridad, con una oración más intensa, con la eucaristía diaria y con otras tantas prácticas de piedad cristiana.

Miércoles de ceniza. El Señor nos invita a coger esta escalera de 40 peldaños que nos llevará a los Misterios de su Pasión Muerte y Resurrección.

¿Estamos dispuestos a iniciarla? (Silencio)

4.- ORACION DE CUARESMA

Señor;

un año más me convocas al ascenso hacia la PASCUA.

Soy consciente de que, tal vez, me encuentras

con las mismas dudas y batallas del año pasado:

¡Perdóname, Señor!

Quisiera rezar, y siempre encuentro mil excusas,

sacrificarme, y me digo que son cosas del pasado,

darme generosamente, y pienso que tal vez,

algunos, se aprovechen de mi buena voluntad.

 

Pero, Tú, Señor

sales a mi encuentro, para levantarme de nuevo

y recuperar las ganas de creer y de vivir en Ti.

Sales a mi paso, para que mirándote a los ojos,

descubra que merece la pena seguirte.

Caminas hacia el calvario, para hacerme entender

que la vida es grande cuando, al igual que la tuya,

se ofrece por salvar y garantizar una vida eterna a los demás.

 

¡Ayúdame, Señor! En esta peregrinación hacia la Pascua:

que tu Palabra no falte en mi equipaje, para conocerte

que el ayuno, sea un arrullo de tu presencia

que mi caridad, florezca sin demasiado ruido

que mi oración, brote espontáneamente

para nunca, por ella, dejar de buscarte y de tenerte.

 

¡Ayúdame, Señor!

A comprender que este tiempo al que tu me invitas

es oasis de meditación y de paz

de vuelta de los malos modos o ásperos caminos

y de encuentro con el gran olvidado: DIOS.

Y, si en algún momento, yo me olvido de esto, Señor;

remueve mis entrañas y mi memoria

para que nunca olvide o deje en el tintero

tantos momentos de tus dolores y sufrimientos

en rescate del hombre.

Amén


7.- SEGUIR CON LA MIRADA A CRISTO

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Estamos aquí reunidos para iniciar la cuaresma. El Miércoles de Ceniza no es una solemnidad, pero es el principio de un largo periodo litúrgico y oracional que nos llevará a la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo y, también, a la Resurrección Gloriosa del Salvador. Pero la Cuaresma es preparación para mejor entender esos acontecimientos y es en definitiva conversión. Convertirnos con el alma y el cuerpo al camino de Jesús. En ese camino de conversión es lógico que términos como pecado, penitencia y ayuno aparezcan ante nosotros sin –tal vez—saber bien su significado profundo.

Para muchos, por ejemplo, estas palabras --pecado, penitencia, ayuno-- son de difícil significado, en estos tiempos. La mayoría quiere ver en el mantenimiento de ellas un principio conservador dentro de la Iglesia. También aparecerán otros que pretenden crear un victimismo –una sacralización del sufrimiento a ultranza-- y, entonces, tampoco nos sirven. Y, sin embargo, desde la realidad más abierta y con el corazón --alegre-- abierto a Dios uno puede tener perfecta percepción del pecado. ¿Cómo? No es difícil. A veces, ciertos comportamientos con los hermanos, que ni son delito, ni falta y, ni siquiera impropio dentro de la valoración de la actual educación, quedan impresos en nuestro interior como algo penoso y malo. No entendemos su peso opresivo en nosotros. Aparece en nuestro entendimiento el concepto de pecado como lo que es: una trasgresión al amor de Dios y al amor a los hermanos.

Un amigo refería el efecto de una aventura "ligth" en su conciencia. No estaba conforme y se sentía apesadumbrado. Fue "descontando" --como dicen los financieros-- ciertos efectos negativos de su falta, tales como inoportunidad, su "falta de gravedad" respecto al concepto moral "civil" actual, sus escasas consecuencias de todo tipo, etc. Y en un momento comprendió de forma rápida y muy clara que había pecado, que, fuera de ciertas valoraciones humanas, había una falta contra la bondad de Dios y que tenía tanta consciencia de ella que no hacia falta seguir investigando. Lo de menos era ya el concepto humano y "civil" del tema.

2.- La penitencia comienza cuando tu alma no puede borrar el mal sabor de boca que ha producido la ofensa a Dios y hay necesidad imperiosa de pedir perdón y de saberse perdonado. Es cierto que el Sacramento de la Reconciliación es una ayuda fundamental. El perdón esta ahí de forma clara y hay que confiar totalmente en el efecto limpiador de la formula sacerdotal de absolución pronunciada en nombre de Cristo. Gracias a la Confesión es mucho más fácil enmendarse e reiniciar el camino. Cuando la Reforma protestante consideró al hombre como incapaz de purificarse y prescindió del confesionario abría, simplemente, un periodo inútil de inseguridad. En fin, la valoración propia e interna del pecado forma parte de nuestra Cruz y de nuestra penitencia. No se trata de mantener prejuicios y remordimientos. Se trata de obtener una conciencia plena de la ofensa a Dios. Para que luego Él "administre" el perdón y nosotros sepamos de su misericordia.

3. - Contaba una amiga que le era más fácil no comer un día por razones de un régimen de adelgazar, que cumplir el ayuno y la abstinencia del Miércoles Santo y del Viernes Santo. Personas muy ajetreadas, o en medio de un viaje, prescinden de una comida y no pasa nada. Sin embargo, no aceptan el ayuno de esas dos fechas. La comida, el engorde, los regímenes de adelgazar, el abuso en cantidad y en precio de los alimentos, son los grandes contrasentidos de nuestro tiempo. Hay hambre en el mundo. Y mucha. Y en los países desarrollados se pasa del extremo de la gula de alto coste al ayuno estético que tampoco es barato. Los "alimentos" dietéticos suelen ser muy caros y muy malos.

No sabemos si resulta oportuno inventar el régimen de adelgazamiento basado en el ayuno por solidaridad con los hambrientos. Parece como si fuera un aprovechamiento falaz de nuestras necesidades estéticas. Pero, si de la única manera que se adelgaza es no comiendo y un cierto límite de privaciones mejora nuestra mente y nuestro espíritu; y si, finalmente, el dinero que nos ahorramos por no comer --y adelgazar-- se lo entregamos a los pobres, pues algo bueno habremos hecho. Más que si nuestro dinero se lo entregamos a una multinacional farmacéutica a cambio de unos alimentos "ligths" que suelen ser, simplemente, un engañabobos. Esto tiene algo de broma, pero más risibles son esos comportamientos de búsqueda de esbeltez basados en una nueva forma de despilfarro o de "sacrificio" dirigido solo a nosotros y a nuestro espejo. El ayuno hoy tiene más sentido que nunca en función del mucho hambre que hay en el mundo. Los alimentos que nos sobran, o no se consumen, deben servir para ayudar a los hermanos.

3. - Y donde casa todo esto con los textos que hemos leído hace un momento. Pues un seguimiento reflexivo del Salmo 50 –con una cierta mala fama antes, como tremendista—nos ofrece un camino vital de la necesidad del perdón, con la alegría final que inunda cuando la conciencia está tranquila. El salmista pide a Dios que le devuelva la alegría de la salvación. Y, sin duda, el Señor lo va a hacer así. El libro de Joel nos ofrece la Palabra de Dios en la que se nos pide que no rasguemos nuestras vestiduras y sí nuestros corazones. Y nos pide asimismo que todos reunidos proclamemos estos gestos y signos de penitencia, que, en definitiva, es lo que estamos haciendo. Pero va a ser Jesús quien nos dé la orientación más llamativa, más emocionante. Nos pide, según cuenta San Mateo, que ayunemos pero que no se note. Que no tomemos nuestro sacrificio o dificultad como un motivo de presunción o vanagloria. Por ello hemos de salir hoy de aquí alegres, perfumados y ungidos como el Señor quiere. Él nos pide que en este inicio del tiempo de cuaresma, pensemos en el pecado, en la penitencia, en el ayuno y en la limosna. Y comencemos a discernir sobre muchos de nuestros errores de valoración. Para ello, como cristianos no hace falta ser ni progresistas, ni conservadores, solo seguir con la mirada a Cristo.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


ALEGRE AUSTERIDAD

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Empieza, mis queridos jóvenes lectores, este miércoles, el santo tiempo de Cuaresma. Muchos de nuestros contemporáneos lo ignorarán. De lo que si tendrán noticia, será del carnaval. De las fiestas de su pueblo que llevan este nombre y de los famosos de Venecia o Río de Janeiro, por citar algunos célebres. Dos orígenes tienen estas celebraciones grandilocuentes. Las llamadas “Fiestas de los locos”, días de inhibición jocosa, y las más concretas de prepararse a unos días de gran austeridad, por ser Cuaresma, dándose atracones. Hoy nadie piensa en ello, en estos orígenes. Es puro espectáculo, negocio y desenfreno. Pero acabada esta realidad que todavía se enmarca en las fechas anteriores al Miércoles de Ceniza, se penetra, tanto si uno está enterado, como si no, en este santo tiempo. Observarlo, es adentrarse en vivencias del primitivo cristianismo. Fue primero llamado santo, porque los pecadores públicos, públicamente se sometían a rigurosos sacrificios, esperando ser perdonados antes de Pascua. Fue santo, porque la comunidad, sabiendo la dificultad que tenían los pecadores para convertirse, rezaba por ellos y esta mismo oración les santificaba. Santa la consideramos hoy, porque sintiéndonos todos pecadores, nos sometemos personalmente a un régimen de purificación, de mejora, de progreso espiritual.

2.- Tradicionalmente el método ha consistido en practicar tres virtudes: la abstinencia o ayuno, la limosna y la oración. La cosa viene de antiguo, aunque la tengamos tan olvidada. Para entender normas de abstinencia que han ido evolucionando, hay que pensar en una cultura agrícola-ganadera, en la que se mataba un cerdo al año, se disponía de pocos animales que pudieran servir de alimento familiar, no había tiendas y solo le quedaba al fiel el pan, el agua y lo que le proporcionaba su huerta, para subsistir. Lo demás eran lujos de los que prescindía. No pretendo analizar uno por uno los productos que a los antiguos les estaban vetados. Sería demasiado largo.

3.- El ayuno es otra cosa. Excepto el agua, de la que no se puede prescindir, los que comemos, comemos generalmente en exceso, pudiendo disminuir sin peligro la cantidad de lo que nos llevamos a la boca y la calidad de lo que se pone en nuestras mesas. Abstenerse es un sacrificio que uno se procura. Ni se pretende ser masoquista, ni seguir un programa de afinamiento de la figura corporal. La abstinencia es un ejercicio de la voluntad. Están hoy en boga sistemas de control de la memoria y no los debemos rehusar, si nos conviene. Pero junto con el entendimiento, que más o menos se posee, la voluntad es la estructura que aguanta una vida coherente y la tenemos muy olvidada.

4.- Ayuno y abstinencia enriquecen el mundo. Si es suficiente que una mariposa mueva sus alas para que se desate una tempestad en el Caribe, que, aproximadamente, así se dijo, paralelamente resulta que las prácticas cuaresmales ayudan a solidarizarte con el Tercer Mundo. Cuando te abstengas de sal, te acuerdas de los que tienen dificultad en conseguirla, que son muchos los lugares. Cuando disminuyas o suprimas el aceite que añades a una ensalada, piensas en los que no pueden tenerlo por su alto precio y aliñan con grasas de poca calidad. Cuando tomes café piensa en los campesinos que, manualmente y con esfuerzo, consiguieron aquellos granos. Cuando mastiques un chicle, acuérdate que el árbol de donde salió, crece en parajes donde los habitantes son pobres. Si te gusta mucho el chocolate, domínate esta temporada y esfuérzate en que lo que compras, tenga mucho cacao, ayudarás a países pobres. Y no sucedáneos, que son productos elaborados por empresas ricas del Primer Mundo. La simple mirada a la composición que aparece en las tabletas, puede convertirse en una pequeña transformación de tu interior. Tal vez un día, estos detalles, guardados en lo más profundo de tu corazón, te encaminen al servicio directo a los más necesitados.

5.- Estoy, mis queridos jóvenes lectores, divagando demasiado y no es este el discurso del evangelio de la misa de hoy. Trataré de trasladar a lenguaje actual, las palabras de Jesús. No trates de ser bueno en busca de que te otorguen títulos de honorabilidad. Sé justo simplemente, porque hay que serlo, porque así lo quiere Dios. Aunque nadie se entere.

Se generoso cuando se organiza una campaña de la ONG más prestigiosa y honrada, y cuando se trata de ayudar a quien con vergüenza te cuenta sus dificultades. O tal vez no esperes a que lo haga. Ayuda a quien lo necesite y dándole lo que necesite. No pretendas darle lo que no le hace falta o lo que su cultura no acepta, sé discreto, da de lo tuyo, de lo que te sobra y de lo que tienes sin ser imprescindible. Da y olvídate de que has dado y a quien lo has dado.

6.- Prográmate un rato diario de oración. En cualquier sitio y de cualquier sistema. No se trata de que reces bien, es suficiente que reces. Te puede ayudar el escribir en tu cuaderno de notas la oración. Es una buena manera de dominar la imaginación, la loca de la casa, que decía la santa, pero cuando lo hagas no estés pensando en que elaboras un texto literario. Proponte, si es preciso, romper al acabar, el papel donde lo ibas anotando.

El ayuno puede consistir en dejar de fumar, si es que tienes este vicio. U olvidarte de bebidas alcohólicas o refrescos. Come lo preciso, pensando que es lo necesario para vivir. Alejándote del proceder de algunos, que parece que vivan sólo para disfrutar del placer de comer. Ve en esta práctica un ejercicio de voluntad, un entreno para el gozo del triunfo pascual y del eterno.

Examina paralelamente tu conciencia. Examínala diariamente, al acabar la jornada. No calcules calorías. Calcula mejorías, de estas, nunca anda uno sobrado. Y prepara tu confesión sincera. Todos debemos progresar hacia la Iglesia, o dentro de la Iglesia.

Se discreto en todo esto, recuerda que Dios te está observando. Alégrate de ello y sonríe a tu alrededor, que la gente sepa solo que eres feliz, y tu comprenderás que es debido a que el Señor te ama más al ver tu superación.