Hemos decidido --en este inicio de Cuaresma-- repetir, con algunas modificaciones, la reseña del último libro de Julia Merodio, que ya publicamos hace dos semanas. Ciertamente, el tema del Vía Crucis es muy apropiado para el tiempo que abrimos hoy.


EL VÍA CRUCIS DE LAS BIENAVENTURANZAS

Por Julia Merodio Atance.

Ediciones Paulinas, Madrid, España

De cara a la Cuaresma y la Semana Santa, nuestra colaboradora, Julia Merodio, acaba de publicar en Ediciones Paulinas este librito titulado “El Vía Crucis de las Bienaventuranzas”. Julia escribe en la Introducción lo que sigue que, desde luego, centra perfectamente la intención y el contenido preciso de su nueva obra.

Dice Julia: “Llevaba tiempo pensando en insertar las Bienaventuranzas en el Vía Crucis, al ir descubriendo las similitudes que parecen fusionar ambos acontecimientos y por fin, hoy, voy a cumplir mi deseo…” Sin duda la idea de relacionar el Vía Crucis con las bienaventuranzas –el genial ideario programático de Jesús de Nazaret—es de enorme originalidad y es seguro que tendrá mucho éxito entre los lectores.

Es sabido que en la estructura de la oración del Vía Crucis el comentario o meditación es libre, siempre que se relacione con el momento de la Pasión del Señor. Y han sido muchos los autores que se han lanzado a ilustrar el rezo de esta tan especial devoción. Como decía Julia Merodio ha tenido la originalidad de relacionarlo con las bienaventuranzas. Y así, y por ejemplo, en la segunda estación que es la de “Jesús Carga con la Cruz” habla Julia de “Bienaventurados los sufridos”. En la cuarta –“Jesús se encuentra con su Madre”—pues alude a la bienaventuranza de aquellos que escuchan la Palabra de Dios. En séptima estación referida a la “Segunda Caída de Jesús” se invoca la bienaventuranza de “caerse y levantarse” en toda ocasión. Y así el resto de las estaciones.

Por otro lado, y como se sabe, Julia es una excelente creadora de oraciones litúrgicas. Y mención aparte merecen –a mi juicio—las oraciones finales, las que pronuncia el sacerdote, o ministro, a final de cada estación. Son de gran importancia y provocan en quien las oye –o lee—una gran emoción.

Estamos, pues, ante un pequeño gran libro, muy original y muy propio de la forma de “componer” de Julia Merodio. Julia comenzó colaborando en Betania ya hace muchos años. Más de diez. Una parte de sus libros –y ha publicado un buen número de ellos—tuvieron base en sus escritos de Betania, por eso cada vez que sale alguno de ellos es como algo propio para todos los que trabajamos en Betania. Pero, además, Julia tiene un don muy especial en ese camino de “componer” oraciones. Su maestría es enorme y, personalmente, a mi me sigue llamando mucho la atención, como en el primer día. Julia es madre de familia e imparte cursos de oración y oraciones comunitarias en varias parroquias madrileñas. Ni que decir tiene que recomendamos este libro con ganas y mucha emoción.

 

Ángel Gómez Escorial