1.- ABRImOS UN TIEMPO DE CONVERSIÓN

Siempre es bueno recapitular un poco sobre lo que se inicia. Es como hacer acopio de argumentos para tener más fuerza para recorrer el camino. Por eso hemos de decir, cuanto antes, que la Cuaresma es tiempo de conversión. En los primeros años de la Iglesia era una etapa –también de cuarenta días—de preparación intensiva para los catecúmenos que iban a ser bautizados la noche de la Vigilia Pascual. Se dio, claro, el formato de seguimiento de los cuarenta días que el Señor pasó en el desierto. Pero es probable que antes estuviera ese factor de preparación para recibir el bautismo que otras consideraciones –que también son importantes—de tipo bíblico o histórico.

RECTIFICAR CUANTO ANTES

Por ello es bueno centrar este primer comentario editorial –en el segundo se dan otras consideraciones—en la necesidad de convertirse, de dejar los viejos temores y abrirse a un camino limpio y libre que nos afirme, totalmente, en el amor a Dios y a los hermanos. Y para iniciar un tiempo de cambio lo primero que hay que hacer es evaluar el estado actual de nuestras vidas. Siempre solemos asociar la conversión con un cambio muy drástico o con una “llegada desde lejos”. Es decir, la vuelta al redil de Cristo tras un tiempo largo de alejamiento. Por supuesto, asimismo, el cambio de aquellos que vienende otras religiones o del ateismo o agnosticismo. Pero no podemos olvidar que, en la mayoría de los casos, son los hombres y mujeres que están cerca de la fe, que acuden regularmente a la Iglesia, lo que necesitan abrirse a un tiempo más sincero y honrado respecto al seguimiento de Cristo.

LA "SEGUNDA CONVERSIÓN"

Se ha hablado mucho de la “segunda conversión”. Santa Teresa de Jesús lo cuenta muy bien. Ella tras muchos años de monja y tras un comportamiento supuestamente válido, según los demás, se encontró de golpe un la imagen de un “Cristo muy llagado” que le hizo cambiar y abrirse a la laborfundacional y renovadora del Carmelo. Es obvio que todo cambio para ella en calidad y en cantidad. Hay, pues, que enfrentarse a esas debilidades que mantenemos, desde hace mucho tiempo, respecto a nuestra vida de religión. Casi siempre es la rutina, la tibieza, el desinterés y, sobre todo, una ausencia de radicalidad para expulsar de nosotros todo aquello que nos impide ser cristianos de verdad. El pecado recurrente y repetido suele ser también una causa del bloqueo.

Por eso es bueno iniciar la Cuaresma con la idea de que necesitamos cura y que no podemos dejar pasar este tiempo –todo este tiempo largo que termina con la Pascua de Resurrección—sin hacer nada. Sería como perder una oportunidad. Y la realidad es que no siempre se presentan posibilidades de rectificación. El alma se endurece y la vida se acorcha. Como decíamos al principio, en el segundo editorial hay otras consideraciones que hemos de tener muy en cuenta para mejor aprovechar este tiempo de cura y afirmación.

 

2.- LA CUARESMA, hoy

El Concilio Vaticano II marcó indeleblemente la idea de que los cristianos deben estar muy pegados a la realidad y ser sensible al paso de los tiempos y de evolución de las gentes. No se trataba del "aggionarmiento" por una sola vez, si no que se imprimía un camino continuado de modernidad. Y ante ello hay que preguntarse sobre el significado de la cuaresma en el mundo de hoy. Pero no debemos hacerlo en la superficie o con el tópico. Hay que profundizar.

LA INCREENCIA

Por un lado la cuaresma sufre la misma enfermedad que toda la actividad católica. Tropieza aparentemente con un mundo de increencia que la ignora y los hechos más sobresalientes de la actividad humana y familiar de estos días inciden en, solamente, la preparación de las vacaciones de Semana Santa. Luego si se profundiza un poco más se aprecia que el conocimiento es mayor. Puede surgir la discusión sobre la oportunidad de los días de ayuno y abstinencia. Existe pues un conocimiento y una postura. A veces, la increencia es, sobre todo, una posición cómoda de exhibir ignorancia para no entrar en el tema.

Un esfuerzo para adaptarnos a nuestros tiempos sería comenzar por entender la realidad de la posición de nuestros vecinos. Y desde el convencimiento de que saben más que lo que dicen comunicarles nuestro parecer al respecto. Otra cosa es que quienes creemos y vivimos --por ejemplo-- la Cuaresma creamos verdaderamente en ella. Y si, puestos en presencia de Dios, recibimos el conocimiento de lo que significa ese tiempo de purificación y espera podremos comunicar con mayor facilidad el significado de la Cuaresma.

ORACIÓN, PENITENCIA Y LIMOSNAS

Oración, penitencia y limosnas. ¿Es fácil explicar este programa? Pues, si, aunque su formulación en lenguaje de actualidad lo complique. Lo que ocurre es que hablamos a personas que ya oyeron hablar de oración, de penitencia y de limosnas. Lo que habría que hacer es decirles que eso sigue teniendo sentido hoy. Cuando, a veces, por facilitar el diálogo se pierde el sentido de lo exacto, de lo que verdaderamente queremos decir se aumenta la confusión.

La oración en nuestro sistema de dialogo con Dios, con un Señor que vive y que nos enseña. La penitencia es la reflexión sobre nuestros excesos y desamores. El conocimiento de nuestro mal obrar y la búsqueda del bien y del perdón. Nos tiene que perdonar Dios, pero también deberíamos buscar el perdón de todos aquellos a los que hemos ofendido o hemos hecho mal. En cuanto al ayuno y la abstinencia --son ya solo unos pocos días al año-- es una formula simbólica de solidarizarnos mínimamente con los que tienen nada y enlaza con una tradición austera de nuestra espiritualidad.

Es obvio que el ayuno y la abstinencia no tienen sentido si no se ejercita la limosna. Los demás nos necesitan. Incluso, los que nos gustan. Los países ricos --y España lo es-- tienen su "cuarto mundo", la pobreza alojada junto a la riqueza deslumbrante. Para atender a ese mundo no hay más que alargar la mano y entregar el corazón. No hay que irse a confines geográficos con actuaciones heroicas.