TALLER DE ORACIÓN

¿QUÉ VALORES NOS ACOMPAÑAN?

Por Julia Merodio

Cuando se ponen frente a frente, el mundo actual y la época en que vivió Pablo, parece un sinsentido tratar de aunarlos y sacar, de ello, recomendaciones provechosas, para trabajar nuestra historia de salvación. Sin embargo cuando alguien se sitúa ante una de sus cartas nota que no pueden serle indiferentes, que hay algo en ellas que llega a los resortes más íntimos de su ser.

En nuestras reflexiones, comentamos una y otra vez la realidad de la sociedad en que vivimos; nos damos cuenta, de cómo está asentada en el dinero y el éxito, de cómo tira de nosotros ante lo cómodo y lo placentero, sin darnos cuenta de que no dista demasiado de la sociedad corintia del siglo primero. Los ciudadanos de aquel tiempo también tenían la vida montada sobre unos valores que cualquier cristiano de hoy no podría admitir y que además, estaban influyendo negativamente en aquella comunidad que Pablo acababa de fundar.

Por eso el apóstol no se anda por las ramas; expresa con claridad el mensaje que quiere trasmitir. El lenguaje que Jesús ha querido inculcarnos – nos dice – es muy distinto al nuestro, ha invertido nuestra escala de valores. Por eso si, nosotros, queremos vivir lo que Jesús proclama, hemos de prescindir de cualquier condición que nos esclavice para pasar a esos valores de liberación que nos ofrece:

• El valor de la esperanza, contra toda esperanza.

• El valor de la entrega generosa, frente a sacar utilidad de lo que hacemos.

• El servicio humilde y desinteresado, frente a exigir que nos sirvan y nos

reverencien.

Estos Sí; estos son los valores que cambiarían nuestra sociedad y nuestro mundo; no es extraño, por tanto, que el mismo Pablo al mostrarnos a Jesús, que vivió este estilo de vida, nos diga: “Jesús abrazó la Cruz escándalo para los gentiles y locura para los que pensaban de distinta manera que él…”

Sería bueno que orásemos, todo esto, antes de llegar a la Lectio Divina de esta semana. Podemos hacerlo con estas preguntas:

-¿Qué valores han cambiado en mi vida desde que opte por seguir a Cristo?

-¿Cómo manifiesta mi modo de actuar que la verdadera fuerza y sabiduría la encuentro en el Crucificado y no en los valores que me brinda el mundo?

-¿Cuál quiero que sea, hoy, mi respuesta a lo que el tema me plantea?

TEXTO PARA LA LECTIO DIVINA: CORINTIOS 1, 18 – 20

“Hermanos: ¡Dios me es testigo! La palabra que os dirigimos no fue primero “sí” y luego “no” Cristo, Jesús, el Hijo de Dios, el que Silvano, Timoteo y yo os hemos anunciado, no fue primero “Sí” y luego “no”; en él todo se ha convertido en un “sí” y por él podemos responder “Amén” a Dios, para gloria suya. Dios es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros. Él nos ha ungido, Él nos ha sellado y ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu.

ORANDO JUNTOS CON LA PALABRA DE DIOS

Posiblemente os resulte repetitivo que, todas las semanas, adjunte todos los pasos para la oración. Lo hago para facilitar a las personas que lleguen a la página por primera vez y para aquellas que quieran imprimirlo, porque así no tienen que estar buscando lo de semanas anteriores.

PRIMER PASO: INVITAR AL SEÑOR PARA QUE NOS ACOMPAÑE.

Si se ora en grupo, el animador –que puede ser cualquier persona del grupo- hará una oración invocando al Espíritu para que les ayude a interiorizar la Palabra de Dios; después puede dar paso a los demás para que se impliquen en la oración.

Si la Lectio se hace individualmente, también se hará la invocación al Espíritu. Para este primer momento, y por si puede servir de ayuda, os adjunto una oración:

Señor:

Nos ponemos ante tu Palabra, como el sediento ante un manantial de agua viva. Como el hambriento, al encontrar el alimento que sacia.Como la tierra que espera ser acariciada por el frescor de la lluvia.

Nos ponemos ante tu Palabra: con el corazón abierto y receptivo, con la seguridad de quien ha comprobado que tus palabra siempre están repletas de auténtica vida.

SEGUNDO PASO: LEEMOS EL TEXTO

Todos los participantes en el grupo deberán llevar la Biblia. El animador señala el capítulo y los versículos correspondientes y espera hasta que todos los hayan buscado. Después pide alguien del grupo que lea en voz alta y al acabar la lectura todos permanecen en silencio durante un rato.

TERCER PASO: NOS DETENEMOS EN EL TEXTO

Sin perder ese clima de silencio, los participantes van leyendo, en voz alta, una palabra o una frase que para ellos haya resultado importante o haya llamado su atención. Después de cada intervención se dejan unos instantes de silencio. Los participantes pueden repetir interiormente las palabras pronunciadas para que todo ello se vaya grabando en el interior.

Cuando esta forma de oración se repita varias veces observaremos que las palabras más corrientes empiezan a tener una relevancia importante.

Una vez que, haya pasado un tiempo prudencial, o ya no haya intervenciones se vuelve a leer el texto en voz alta y muy lentamente.

CUARTO PASO: GUARDAR SILENCIO

Una vez leído el texto, el animador invita a todos a permanecer en silencio e indica el tiempo que durará (tres o cuatro minutos) con el fin de prepararnos para meditar juntos la Palabra que se ha elegido.

QUINTO PASO: COMPARTIMOS LO QUE EL TEXTO NOS HA IDO DICIENDO

Se comparte espontáneamente lo que, la Palabra, nos dice al corazón. Procuraremos que hablen todos y se evitará divagar en temas ajenos al elegido.

Una semana más la Palabra de Dios, tomada de la Carta a los Corintios, rezuma actualidad.

Si hay algo que nos caracteriza a los que vivimos en esta época son los compromisos incumplidos.

¡Cuantas promesas vulneradas!

¡Cuánto dolor adornado de palabras sugerentes!

¡Cuántas decepciones acumuladas en el alma!

• Aquel matrimonio, se dijo sí lleno de amor, pero luego fue no al llegar los compromisos.

• Aquel sacerdote, religioso-a, dijo sí en un alarde admirable de generosidad, pero resultó ser no cuando llegaron los acontecimientos adversos.

• Aquellos jóvenes dijeron si al estrenar la vida, pero fue no al comprobar que los auténticos valores exigían demasiado.

• Aquel, jefe de empresa, dijo si cuando llegó a su cargo, y pensaba hacer mucho bien a los que trabajaban con él, pero luego fue no al comprobar que había motivos más atractivos ante su mesa de despacho.

Y así podemos hacer desfilar situaciones y cargos, podemos ir apuntando realidades desde, el mundo de la política, hasta la trayectoria de la iglesia; y así nos vamos lamentando de “cómo está todo” Pero ¿Y nosotros, cómo estamos? ¿Acaso no formamos parte de la sociedad?

Es importante que ante estas palabras de S. Pablo, examinemos nuestra respuesta y tomemos conciencia de nuestros “sies”, convertidos en “noes”

Queremos seguir al Señor, lo tenemos claro y llenos de:

-Esperanza decimos si a nuestras responsabilidades. Pero al pasar el tiempo nos llega el desencanto, el cansancio, el no ver los frutos deseados, el acumular desengaños… y llega el no buscando la excusa para dejarlo todo.

-Dijimos si, cuando se nos propuso trabajar por el Reino, porque sabíamos que eso era lo nuestro; pero llegó el conformismo, la rutina, la falta de estímulo… y se convirtió en un no, dada nuestra falta de creatividad y nuestra vejez de espíritu.

-Respondimos si cuando se nos propuso evangelizar y anunciar la Buena Noticia, pero pronto entramos en el triunfalismo de apoyarnos en la fuerza y el poder, en el privilegio, en la seguridad económica, en la búsqueda de influencias… y lo convertimos en el no más absoluto.

-Ello nos llevó a la ausencia de Dios, a la debilidad en nuestra fe, a pensar que Dios no nos oye, a no saber dar testimonio y a vivir nuestra vida como si Dios no existiera.

Por tanto estamos, en un momento providencial, para tomar estas pautas y trabajar sobre ellas, a fin de que nuestra vida se convierta en su SÍ auténtico que, como dice el Apóstol, responda a Dios con un sincero “Amén para gloria suya”

Dejémonos, una vez más ungir por el Señor, sellemos con Él nuestra alianza y abramos nuestros corazones para que ponga en ellos su amor, su entrega y su verdad.

Porque es necesario que nuestra fe no sea una ilusión que se desvanece sino, un Amén a Dios sin poner condiciones.

SEXTO PASO: OBSERVAMOS LO QUE EL SEÑOR NOS PIDE

En este momento se trata de ver la vida concreta de cada uno a la luz de la Buena Noticia.

Se traerán al compartir las realidades de los presentes y se mirarán formas de actuar, llevando cuidado de no entrar en temas de discusión.

SÉPTIMO PASO: TERMINAREMOS ORANDO JUNTOS PARA DAR GRACIAS

El animador invita a todos a orar de forma espontánea; también se puede elegir para terminar: un canto, una oración por la paz, el padrenuestro cogidos de la mano…. Y así se irá variando cada vez.