VII Domingo del Tiempo Ordinario
22 de febrero de 2009

La homilía de Betania


1.- QUÉ MAL GUSTO EL DEL SEÑOR: HABLA DE PECADO

Por José María Maruri, SJ

2.- JESÚS HACE POSIBLE LA CURACIÓN Y EL PERDÓN

Por José María Martín OSA

3.- LOS AMIGOS QUE NOS ACERCAN A DIOS

Por Gabriel González del Estal

4.- RECOBRAR EL SENTIDO DEL PECADO

Por Antonio García-Moreno

5.- UNA INSISTENCIA SILENCIOSA

Por Gustavo Vélez, mxy

6.- LA FE DE CINCO HOMBRES

Por Javier Leoz

7.- “¡SÁNAME, SEÑOR!”

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


INGENIO, ESPERANZA Y AUDACIA

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- QUÉ MAL GUSTO EL DEL SEÑOR: HABLA DE PECADO

Por José María Maruri, SJ

1.- “Tus pecados te son perdonados…”, qué mal gusto el del Señor hablarnos a vosotros y a mí de pecados. El Señor habla conforme a la mentalidad de su tiempo, de que del pecado se deriva la enfermedad. Y en realidad aún nuestros tiempos hay muchas enfermedades que vienen de una vida viciosa y desenfrenada, como suelen ser las producidas por el alcohol, las drogas, el desenfreno sexual y muchos etcéteras.

Siguiendo el mal gusto del Señor vamos a hablar del pecado. Dicen que hoy está descafeinado, no sólo porque los curas lo hemos arrumbado en la bohardilla, junto a otras cosas pasadas de moda.

2.- La verdad es que no sólo se habla de poco a nada del pecado, sin o que gracias a Dios se habla más de la infinita bondad y cariño de Dios a los hombres y mujeres. Y eso es un avance. Pero el que la gente no dé importancia al pecado y se confiese poco no se debe a ese avance, sino a que los curas no nos sentamos a confesar, porque son pocos los que se confiesan y nos convertimos en la pescadilla que muerde la cola, porque no nos sentamos a confesar porque no viene nadie. Y claro cada vez vienen menos, porque si vienen no estamos.

Pero esa no es la razón más importante, aunque lo sea. La razón es que, sobre todo, los jóvenes atribuyen la fabricación de los pecados a la Iglesia, sobre todo del sexto mandamiento. Dicen que la Iglesia esa muy estricta en ese punto y el resultado es que media España se acuesta con la otra media, convirtiendo nuestra sociedad en una sociedad de trotacatres. Lo mismo entre casados –y eso se llama adulterio--, que entre solteros y eso se llama fornicación, aunque sea entre novios. Y lo raro es que siga existiendo el negocio más antiguo del mundo cuando hasta en un banco de la calle Lagasca (**) he visto a dos enlazados para no pasar frío… ¡digo yo!

3.- Lo que pasa es que no es la Iglesia la exigente en este punto, sino el mismo Jesucristo, que, por ejemplo en Marcos 7, 21-25, dice: “Del corazón del hombre salen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, asesinatos, adulterios, fraudes… etc. Por eso si tenéis alguna dificultad os diré lo que el cabo nos decía en la mili cuando nos quejábamos de que el fúsil no funcionaba: “las reclamaciones al Maestro Armero”. Si hay quejas no deben ir a la Iglesia, sino a Dios Mismo. Como habéis visto el fraude también está condenado, aunque hoy le llamen pelotazo, o bufanda, por mucho que se le llame presunto.

Otra cuestión que se está difundiendo es la homosexualidad. Yo tengo unos cuantos amigos homosexuales a los que admiro por la lucha que llevan y el bien que hacen. Pero eso no quita que el vicio “homosexual” sea reprobable y uno sienta vergüenza ajena de los que salen del armario, señal de lo que tienen, porque aunque yo aunque quisiera salir de armario no podría por que no lo tengo.

4.- Y basta ya porque podríamos continuar sin límites. Existe el pecado y si quitamos el pecado del diccionario, tenemos que borrar al cristianismo del mismo diccionario, pero eso no significa que debamos estar dando vueltas al pecado como burros atados a la noria. Hemos oído a Isaías que Él ha realizado algo nuevo en nosotros. Y eso nuevo es que quita de nosotros el corazón de piedra y nos va a meter en el pecho un corazón de carne. Y es Él mismo ha sido quien por su cuenta ha borrado todos nuestros pecados.

Vamos a vivir en la alegría que da la limpieza de alma y cuerpo, en la alegría de ser hijos de la Virgen Pura, en la alegría de los bello, de los artístico, de lo no vulgar, alegría que no suena a carcajada hueca de carnaza podrida.

(** Calle Lagasca, vía del Barrio Salamanca, en el centro de Madrid)


2.- JESÚS HACE POSIBLE LA CURACIÓN Y EL PERDÓN

Por José María Martín OSA

1.- Dios no recuerda nuestros pecados. La primera lectura del profeta Isaías deja claro que la salvación es gracia de Dios y no recompensa por los méritos de Israel. No es lo que podía esperarse, pues Israel se olvidó de invocar el nombre de Yahvé. Invita a Israel a que haga recuento de sus méritos si los halla, pero sólo es posible recordar una serie de pecados. Así que la salvación que ahora se anuncia es lo que Israel no merece; es gracia y, por lo tanto, algo nuevo y sorprendente. En el principio de la liberación y la renovación del pueblo está siempre el perdón de Dios y no los méritos acumulados. Así ha ocurrido otras veces en su historia y así va a ser ahora. Además de borrar nuestros delitos, Dios no se acuerda de nuestros pecados. Podemos decir “borrón y cuenta nueva”. Pero a veces no somos conscientes de que Dios es Padre

Misericordioso y no un juez que lleva nota exacta de todo lo malo que hacemos. Muchas veces hacemos cosas incorrectas ante los ojos de Dios y nos sentimos mal. Vamos a Dios, le pedimos perdón y al rato le volvemos a pedir perdón, y le volvemos a pedir perdón una y otra vez, sin darnos cuenta que Dios nos perdonó desde la primera vez que se lo pedimos, y no sólo eso, se ha olvidado de nuestro pecado…. Si Dios ya te perdonó, ¿Quién eres tú para no perdonarte?

Esta historia nos puede hacer reflexionar:

“Llega una mujer a una iglesia por primera vez, asegurando que ella podía hablar directamente con Dios y que Dios le respondía directamente todo lo que ella le preguntaba. Los miembros de la iglesia estaban asombrados y el sacerdote estaba escéptico. El pastor la llama aparte y le pregunta:

- ¿En serio usted habla directamente con Dios?

- Si, padre, en serio.

- ¿Y realmente Dios le contesta en forma directa?

- Si, en forma directa.

- Pues para serle sincero, yo no lo creo; pero si es verdad lo que me dice, entonces vaya con Dios y le pregunta qué pecado le confesé el jueves pasado y luego viene y me lo cuenta.

- Está bien, así lo haré.

Luego de una semana, regresa la mujer y el sacerdote sarcásticamente le pregunta:

- ¿Le preguntó a Dios lo que le dije?

- Sí, le pregunté y Él me contestó.

El sacerdote un poco asombrado y con miedo de que la señora lo delatara ante la congregación, le pregunta:

- ¿Y que le contestó?

A lo que la mujer responde:

- Dice Dios que ya no se acuerda”.

2.- Jesús cura y perdona. Los judíos relacionaban necesariamente el pecado con el sufrimiento. Para ellos estar enfermo o impedido era consecuencia del pecado. Si alguien sufría era porque había pecado. Para los judíos, un enfermo era alguien con quien Dios estaba enfadado. Esta idea la tienen incluso hoy muchas personas que creen que la enfermedad es fruto de algo malo que han hecho, dicen cosas como "…yo no he hecho nada malo para que Dios me envíe esta enfermedad…" Pecado y enfermedad eran inseparables para la mentalidad de la época. Cualquier judío habría estado de acuerdo en que el perdón de los pecados era condición previa para la curación. Jesús rompe de nuevo un esquema, perdona el pecado para que la curación se realice en plenitud; pero el perdonar los pecados era un cualidad exclusiva de Dios. Sólo Dios era quien podía perdonar los pecados, de ahí que los maestros de la ley lo acusaran de blasfemo.

3.- La camilla: dejar el pasado y asumir con esperanza el futuro. Jesús cura al enfermo y hay después del milagro un acto que se nos puede pasar por alto. Dice la Palabra que el enfermo "tomó su camilla y salió de allí a la vista de todos." Este tomar la camilla bien puede significar asumir el pasado, el propio pasado de sufrimiento y soledad. Los seres humanos tenemos muchas cosas del pasado que nos paralizan, nos acobardan y nos aturden. Son cosas que nos hacen infelices. Tomar el pasado ya curado es mirar lo sucedido sin dolor. ¡Cuánto sufrimiento sin fecha de caducidad existe en muchos seres humanos! Sólo quien curado asume su pasado puede tomar su camilla y andar por los senderos de Dios. Si antes la camilla —el pasado— era quien sostenía su parálisis, es ahora la vida curada quien mantiene sus recuerdos. Nunca debemos de olvidarnos que la salvación que Jesús nos trae es una salvación que abarca todas las dimensiones de la persona: pasado, presente, sentimientos, vida social…

4.- Debemos ser colaboradores de Dios como los camilleros. En nuestro mundo de hoy también existen muchos porteadores de seres humanos enfermos de muy diversos males: físicos, morales, sociales… Los que llevaron al paralítico hicieron todo y más. Fueron creativos en la necesidad, se llenaron de constancia y fueron muy insistentes. Estas pueden ser las actitudes básicas de cualquier proceso de evangelización. Normalmente siempre encontraremos estorbos para llevar a otros a Jesús. Cada uno de nosotros podemos abrir esa parte del techo que separa a muchos de Dios y hacer que se produzca el encuentro entre Dios y el ser humano herido de diversos males. ¿Cómo podemos nosotros, porteadores de fragilidad, abrir esos boquetes en el techo para el encuentro con el Señor?

El texto de Marcos nos plantea varios interrogantes: ¿Cómo comprendo y acojo el perdón de Dios que Jesús me ofrece? ¿Siento necesidad de él? ¿Cuál es la parálisis más grande que no me permite vivir la vida con plenitud? También a mí, Jesús me dirige su mirada y dice: "hijo, hija, tus pecados te son perdonados". La Palabra de Jesús está llena de la fuerza de Dios. Escuchándola con fe podemos experimentar su perdón lleno de amor. ¿Cuáles son mis relaciones con mi familia y mi comunidad? ¿Soy indiferente a los otros, como la multitud, o quizá cerrado y duro, como los escribas? Pero podría intentar adoptar la actitud de los cuatro hombres que llevaban la camilla, que se sienten responsables de quien sufre una parálisis. Ayudando a los otros, nosotros mismos recibimos la bendición en abundancia y nos convertimos en colaboradores de Dios.


3.- LOS AMIGOS QUE NOS ACERCAN A DIOS

Por Gabriel González del Estal

1.- Los cuatro amigos que ayudaron al paralítico a encontrarse con Jesús de Nazaret le hicieron sin duda un gran favor. El paralítico no podía, por sí mismo, acercarse a Jesús, porque se lo impedían sus maltrechos huesos y sus músculos agarrotados y flácidos. Él tenía fe, él quería acercarse al profeta, pero, si alguien no le ayudaba, no podría hacerlo nunca. ¡Qué regalo tan maravilloso para él fue tener tan buenos amigos! La importancia de los buenos amigos era ayer, y es hoy y siempre, grandísima, no sólo para vivir y convivir socialmente, sino también para cultivar y mantener nuestros sentimientos y nuestra expresión religiosa. Dime con quién andas y te diré quién eres. En nuestras parroquias, y en la Iglesia en general, o fuera de ella, es importantísimo formar grupos comprometidos y solidarios, basados fundamentalmente en la amistad cristiana, en los que se pueda mantener y fortalecer la fe en un Cristo salvador y sanador. Grupos formados por cristianos dispuestos a comprender y a comprenderse, a ayudar y a ayudarse sincera y gratuitamente. El buen discípulo de Cristo está siempre dispuesto a ayudar a los demás y a dejarse ayudar por los demás. Nuestra ayuda se dirigirá, primera y preferentemente, a los que más lo necesiten, dentro del grupo y fuera de él. También en nuestra sociedad hay hoy muchos paralíticos que necesitan que alguien les ayude a acercarse a Dios. Ellos solos no pueden hacerlo, porque se lo impiden quizá prejuicios familiares o sociales, o alguna experiencia desagradable con algún miembro de la Iglesia, o la cultura y las costumbres del grupo social en el que viven, o porque no está de moda ser cristiano practicante, o la influencia mediática de la televisión y de la prensa, o qué sé yo qué otras cosas. Si nosotros sabemos presentarles el rostro de un Dios que perdona y que cura, sin exigir nada a cambio, como el Dios con el que se encontró el paralítico del evangelio de hoy, seguro que empiezan a debilitarse las telarañas y cataratas que les impedían ver el verdadero rostro de Dios y se animan a buscarle y a acercarse confiadamente a él.

2.- Mirad que realizo algo nuevo. Esto es lo que le dice el Señor a su pueblo, por medio del profeta Isaías, a un pueblo que no le invocaba, ni se esforzaba por él, a un pueblo que cansaba al Señor con sus continuos pecados. El Señor dice a su pueblo que le perdona gratuitamente, que no va a acordarse más de sus pecados, que apagará su sed en el desierto, hasta que este pueblo proclame su alabanza. Para nosotros, los cristianos, este Dios perdonador ha manifestado definitivamente su rostro en su hijo Jesús de Nazaret. Es un Dios que está siempre dispuesto a perdonar nuestros pecados y a concedernos su perdón. El Señor Jesús puede y quiere realizar en nosotros algo nuevo, quiere concedernos la salud total, la salud espiritual y la salud física, como al paralítico del evangelio. Quiere que comencemos a ser personas nuevas, con un corazón nuevo. Para eso es importante que nosotros queramos acercarnos a él. Si no podemos hacerlo solos, por nuestras propias fuerzas, pidamos ayuda a algún amigo generoso para que nos acerque hasta Jesús.

3.- Él ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu. San Pablo les dice a los cristianos de Corinto que él y sus colaboradores han sido siempre fieles a la doctrina y al evangelio de Cristo. Para ellos Cristo ha sido el sí definitivo de Dios; en Cristo se han cumplido todas las promesas de Dios. Esto es lo que ellos siempre han predicado, guiados por el Espíritu de Cristo que siempre ha estado presente en ellos. Esto es lo que debemos pedir, hoy y siempre, nosotros a nuestro Padre Dios: que sea siempre el Espíritu de su Hijo el que guíe nuestros corazones.


4.- RECOBRAR EL SENTIDO DEL PECADO

Por Antonio García-Moreno

1.- Ser de la verdad.-"Dios me es fiel testigo de que nuestra palabra con vosotros no es si y no" (2 Co 1, 18). Pablo no duda ni por un momento en poner a Dios por testigo de la rectitud de sus actos. Él ha sido siempre sincero, veraz. Él fue claro, dijo siempre la verdad. Era consciente de que Cristo obró siempre así y quiso que los suyos también actuaran de la misma forma. Por lo cual, sería suficiente decir sí o no, sin más explicaciones, para que un discípulo de Cristo fuera digno de ser creído.

Cuántas veces obramos de manera distinta. O decimos sólo una parte de la verdad, o no dudamos en paliar las cosas, en mentir más o menos solapadamente. O agregamos una serie de frases hechas que, de tanto repetirlas son auténticos tópicos: "Te digo sinceramente..., te lo digo en serio.... de verdad es así..., si quieres te lo juro...", etc. Frases que de alguna forma desprestigian lo que decimos. En realidad, lo que hace falta es una sinceridad habitual, actuar siempre con lealtad, honradez y veracidad. Si no obramos así, no somos de la verdad, no somos de Cristo.

Pablo al hablar de la fidelidad de Dios, de su lealtad permanente, recuerda cómo hemos sido confirmados en Cristo, ungidos, sellados y adornados con los dones del Espíritu Santo. Sí, Dios no ha fallado. Él nos ha ungido para la lucha, como se ungía a los gladiadores cuando salían al combate. Dios nos ha marcado con ese sello íntimo e imborrable que es el carácter bautismal y el de la Confirmación. Y, además, nos ha dado el Espíritu Santo que habita en nuestras almas y que nos empuja continuamente hacia el bien.

Y, sin embargo, todo eso puede resultar inútil, inservible. El hombre, tan débil, es libre y puede, si quiere, anular la acción de Dios en su alma si se empeña en cerrarse a la gracia, si se hace el sordo a la voz divina. El hombre, porque Dios lo ha querido así, es libre y puede decir que no, volver la espalda al Señor, aunque esto le suponga la condenación eterna.

2.- El perdón de Dios.- Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, se vio muchas veces rodeado de la muchedumbre, de esa gente sencilla y buena que tiene una especial sensibilidad para las cosas de Dios. Y al decir gente sencilla no queremos decir ignorantes. También hubo entre los seguidores de Cristo hombres instruidos e influyentes, como fueron Nicodemo y José de Arimatea. En realidad, los que buscan a Dios, entonces como ahora, son los que tienen un corazón sencillo y recto, los que saben y reconocen humildemente la limitación humana y la radical indigencia de Dios que el hombre tiene.

Nos dice hoy el evangelio de hoy, que es tanta la multitud en torno a Cristo que resulta imposible llegar hasta él. Así lo comprendieron aquellos que llevaban a su amigo paralítico y querían presentárselo a Jesús para que lo curara. Eran hombres de fe profunda, rayana en la audacia, amigos de verdad, pues no escatimaban ningún esfuerzo ni sacrificio en favor del amigo enfermo. Por eso, para ellos no existían obstáculos insuperables, y como no podían hacerlo de otra forma, se suben a la terraza de la casa y allí abrieron un hueco para descolgar, ante la sorpresa de todos, al amigo paralítico. Ejemplo de amistad sincera y de fe honda, de entrega generosa y de sacrificio abnegado en favor del amigo.

Jesús alaba la fe de aquellos hombres y se compadece del paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados". Era el peor mal que aquel pobrecillo padecía, la parálisis del espíritu. En efecto, un solo pecado es más dañino para el hombre que todas las enfermedades juntas. Ojalá lo entendamos así y recobremos el sentido del pecado, tan olvidado a veces.

Las palabras de Jesús provocan una oleada de protesta interior: Quién es éste para decir eso. Es una blasfemia, pues sólo Dios puede perdonar los pecados. Y tenían razón para pensar así, ya que no creían en la divinidad de Cristo y es verdad que sólo siendo Dios podía tener el poder supremo de perdonar los pecados. Pero Jesús tenía ese poder por ser Dios. Para probarlo cura al paralítico milagrosamente, avalando así con sus obras la verdad de sus palabras. Poder divino de perdonar al hombre y reintegrarlo a la amistad con Dios. Poder que Jesús transfiere a sus apóstoles para que ellos, y también sus sucesores, puedan perdonar los pecados del hombre. Nunca vimos tal cosa, decían admirados y glorificando a Dios. Comprendieron la maravilla de tal poder y se alegraban profundamente... Pensemos en la grandeza del amor divino que se manifiesta de modo particular con el perdón de nuestros pecados; respondamos a ese gesto de misericordia y acudamos con frecuencia al sacramento del perdón, para recuperar la gracia, la amistad entrañable y única de Dios.


5.- UNA INSISTENCIA SILENCIOSA

Por Gustavo Vélez, mxy

“Llegaron cuatro hombres llevando a un paralítico y como no podían meterlo a la casa a causa del gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, y descolgaron la camilla con el enfermo”. San Marcos, Cáp. 2.

1.- “Debemos orar con atención, humildad, confianza y perseverancia”. Como nos enseñó el Padre Astete. Pero si Dios es todopoderoso, si sabe nuestro futuro, si conoce nuestra fragilidad, ¿por qué desea que le pidamos una y otra vez, hasta el cansancio? Dos ejemplos nos trae el Evangelio de esa insistencia perseverante: La de una mujer cananea, que rogaba al Señor por su hija endemoniada. Jesús le responde que “no es justo dar el pan de los hijos a los perros”. Pero la madre insiste, desbaratando con otro argumento aquella negativa: “Los perritos reciben las migajas que caen de la mesa de los amos”. El Maestro se da entonces por vencido y sana a la niña. En otro pasaje descubrimos una insistencia silenciosa. Cuatro amigos quieren presentar al Señor a un paralítico. Allí en enfermo no pronuncia palabra, no ruega por su salud. Únicamente está. Imaginamos que algo había oído del Maestro. Le habrían contado que una mujer, con sólo tocar el ruedo de su manto, se había curado.

2.- Esto sucedió en Cafarnaún, probablemente en la casa de Pedro. Las viviendas judías de aquel tiempo tenían casi siempre un patio trasero. Desde allí subía una escalera hacia la alcoba principal, cubierta por un techo de losas, cañas y barro apisonado. Como el gentío impedía acercar al minusválido por la puerta principal, vamos a la de atrás. Si se encuentra cerrada, ganemos las escalas. Y en un dos por tres - nos lo cuenta san Marcos – los cargueros “levantaron las tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla”. Entre la turba probablemente hubo asombro, risas, disgusto por el perjuicio causado a la casa. Pero ya el paralítico está delante del Maestro. Se diría un video filmado por san Pedro, que san Marcos transmite en diferido.

El Señor se acomoda a la mentalidad judía: ¿Este hombre ha quedado paralítico? Es el efecto de sus pecados. Entonces comencemos por el principio. Dice entonces al enfermo: “Tus pecados quedan perdonados”. Seguramente aquel hombre le había fallado a Dios. Como nosotros, o quizás algo menos.

Pero unos letrados que allí estaban se dijeron: “Éste blasfema. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios”? El Señor les responde: Para mí es igual perdonar los pecados o sanar los enfermos. Es decir: Ustedes no saben quién soy yo y así pretenden atacarme.

3.- El paralítico continúa en silencio, pero con la alegría de sus ojos lo decía todo. Luego, al mandato del Señor, toma la camilla y regresa a su casa. La gente que, como dice el evangelista, se llenó de asombro, ahora les abre calle de honor al recién curado y a sus amigos. Nos gustaría haber seguido a aquel hombre de regreso a su casa. Al trabajo de la era o los rebaños, para compartir sus impresiones. Para aprender aquel estilo de oración silenciosa. Porque algunos se quejan de no tener la fórmula precisa, la oración adecuada para comunicarse con Dios. Pero esto no hace falta. Basta estar. Estar allí delante del Señor, lleno el corazón de esperanza.


6.- LA FE DE CINCO HOMBRES

Por Javier Leoz

1.- Sí, porque, ¿quién le contó al paralítico que Jesús se encontraba en una de aquellas casas de planta baja? ¿Quién le hizo llegar la noticia que su vida clavada a una camilla, como la del leproso o la suegra de Pedro, podría cambiar de la noche a la mañana? ¿A quién se le ocurrió la brillante idea, en un intento desesperado por llegarse hasta Jesús, de abrir en círculo un tejado y desprender a través de él la camilla con el paralítico?

Ni más ni menos que aquellos cuatro hombres que, haciendo de buenos samaritanos, o de jinetes del mal ajeno, transportaron con sus manos, desde la distancia de la parálisis hasta el encuentro con la vida, al paralítico.

-No era pues uno el que creía; eran cinco

-No era uno el que se fiaba; eran cinco

-No era uno el que buscaba a Jesús; eran cinco

-No era uno el que estaba paralizado; uno quería andar algo, y los otros cuatro, tal vez, un poco mejor. Porque sin la ayuda de los cuatro ¿Qué hubiera pasado?

2.- La fe se vive mejor en comunidad. Y, con fe viva, los cinco fueron al encuentro de Jesús. Y, a los cinco, reconoció el Señor la grandeza y la profundidad de su fe. Una vez más, la comunidad empuja, alienta, reza y ayuda a llevar la cruz. ¿Somos nosotros alentadores, rezadores, y camilleros de las debilidades de los demás? ¿Hacemos palanca y abrimos agujeros en los tejados de aquellas personas que necesitan un poco de aire para respirar o una ventana por la que poder descubrir un horizonte para sus vidas?

Como cristianos, como confidentes y amigos de Jesús, no podemos dejar que el personal se las apañe solo. Siempre, en una cruz, hay lugar y espacio para una mano. Y cuántas cruces que no pueden salir de sus vías dolorosas porque no encuentran personas bien dispuestas y decididas a empujar. Cuántas, de esas cruces, tan sólo escuchan lamentos o….eso no es cosa mía.

3.- Que el evangelio de este día, incluso gráficamente, nos ayude y nos estimule a abrir nuestras iglesias, y por supuesto a visitarlas. Nuestra conciencia, al ver una iglesia abierta, nos tendría que hacer sentir que, el Señor, está dentro, esperándonos, aguardándonos para curarnos de tantas cosas.

¡Qué pena los templos cerrados por mil excusas no del todo ciertas! ¿No será ya el momento de abrir los boquetes de las puertas para posibilitar encuentros con la fe, conversaciones con el silencio, posibilidades al perdón, encuentros con la oración, diálogos con el crucificado? Si; ya sé que alguno me dirá que para hablar con Dios no hace falta recurrir al templo. Pero ¿no os parece que estamos escasos de tranquilidad y sosiego en el entorno que nos movemos? 4.- ¿No os parece que es casi un milagro –por no decir un privilegio- el encontrar un espacio que nos facilite la reflexión y la contemplación? Ojala que, como esos cuatro camilleros, también nosotros –los padres de familia, los catequistas, los sacerdotes, tantos y tantos grupos comprometidos en la vida de la Iglesia- seamos capaces de tener la valentía suficiente y el desparpajo necesario para empujar a todo paralítico que salga a nuestro encuentro (tibios o fríos en la fe) y llevarles al encuentro de la palabra de vida eterna. Merece la pena intentarlo.

5.- ME LLEVAN A TI, MI SEÑOR

La Iglesia, que guarda, pregona y proclama tu Palabra

La Eucaristía, que me llena de Ti

en la que creo, ofrezco, te recibo

y me nutre con tu presencia real y misteriosa

ME LLEVAN A TI, MI SEÑOR

La oración que me funde a Ti

y me hace sentir tu compañía y tu protección

La Gracia, que desde el cielo,

me socorre cuando estoy perdido

me orienta cuando me encuentro despistado

me inspira, cuando pido la palabra oportuna

ME LLEVAN A TI, MI SEÑOR

La súplica de toda la Iglesia

La esperanza de los que creen en Ti

La alegría de los que esperan en Ti

ME LLEVAN A TI, MI SEÑOR

El esfuerzo y el sacrificio

de tantos hombres y mujeres

consagrados a tu Santo Nombre

La mortificación y el testimonio

de tantas personas que, dejándolo todo,

tiran de la gran camilla, que es el mundo,

para que, ese mundo, se encuentre con Cristo

ME LLEVAN A TI, MI SEÑOR

La comunidad creyente, la parroquia,

el grupo, el rosario meditado,

la contemplación de tu Cuerpo y de tu Sangre,

la caridad y la fe, la Palabra y el amor.

ME LLEVAN A TI, MI SEÑOR

El sacramento de la reconciliación,

los sacerdotes, la vida matrimonial,

la catequesis, el silencio, la paz,

la entrega, la generosidad y tu Espíritu.

¡CUANTAS COSAS, ME LLEVAN A TI!

Haz que nunca me olvide de pedir

la ayuda necesaria

para que, nada ni nadie,

me aparte de Ti, Jesús.


7.- “¡SÁNAME, SEÑOR!”

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Parece que el salmo de hoy nos da la pauta, o el hilo conductor de las lecturas con el mensaje profundo que Dios quiere ofrecernos en esta Eucaristía. El versículo responsorial “Sáname, Señor, porque he pecado contra Ti” lo explica bien claro. Necesitamos ser sanados por el Señor, porque muchas veces, el pecado arruina nuestro ánimo y nuestra salud. Hoy hemos oído, en el evangelio de Marcos, el famoso episodio del paralítico que entra en presencia del Señor Jesús bajado, con su camilla, por el tejado. Es, sin duda, una escena sorprendente que, desde luego, refleja la amplia fe y la gran determinación de los cuatro que llevaban la camilla del paralítico: separando las tejas y rompiendo el cañizo, hacen descender la camilla. El Señor Jesús también se asombra de ese proceder y reconoce la fe de aquellos. Entre toda la muchedumbre que rodea la vivienda actúa de inmediato sobre el paralítico y lanza la frase: “Hijo, tus pecados quedan perdonados”.

2.- Y, a partir de ahí entramos, digámoslo así, en el problema. Unos letrados, probablemente enviados, por los sumos sacerdotes de Jerusalén para ser informados de los prodigios que producía el Rabí de Galilea, se apercibieron en seguida de lo grave que encerraba la frase de Jesús, de acuerdo con las creencias judías: solo Dios puede perdonar pecados. Pero Jesús se adelanta a sus pensamientos. Realmente, ya esa capacidad de leer los pensamientos del Maestro ya tuvo que asombrar lo suyo a los letrados. Pero su frase se transforma en una gran lección en la que se igualan dos hechos desgraciados: tener pecados o tener enfermedad. Y, ciertamente, también la condición de sanar, de curar enfermedades, de manera total e inmediata, sólo puede ser obra de Dios. Pero, claro, en unas mentes muy estructuradas para el continuo cumplimiento –cumplo y miento—de la ley se apreciaba con más alarma la capacidad de perdonar pecados que el sanar las enfermedades.

3.- A lo largo de toda la vida pública de Jesús de Nazaret la presencia vigilante de los “guardianas de la ley es como una parte “repetida” del paisaje. Es cierto que, al principio, la pertinaz vigilancia parece menos obsesiva y menos persecutoria. Aunque luego la acción inquisitorial de los servidores del Templo sería una batalla terrible, cotidiana y muy dura. Pero, el evangelio de hoy parece como si se conformaran… de momento. La gente, por el contrario, daba gloria a Dios ante la curación. Y ellos enmudecieron. No cabe la menor duda que aquella maravilla tuvo que mover muchas conciencias. Es verdad que parte de esas muchedumbres que se movían tras Jesús buscaban la curación, el milagro y hasta la curiosidad morbosa por asistir a hechos tan extraordinarios. Pero tampoco podemos dudar que la fuerza y autoridad demostrada por el profeta de Nazaret hizo reparar en la cercanía del Reino de Dios que Él predicaba. Y, sin duda, mucha gente se convirtió. Jesús, sabiendo la importancia y el efecto de todo aquello, se movía deprisa queriendo llegar a todos los rincones para predicar la llegada del Reino. Por eso, al principio, los detentadores del poder religioso no advirtieron lo profundo de una revolución que se estaba llevando a cabo. Fue luego, siendo ya las conversiones fueron abundantes, cuando comenzaron los problemas.

4.- El profeta Isaías –auténtico heraldo de la esperanza—nos dice hoy que no pensemos en el pasado, y que lo olvidemos completamente. Y creo con sinceridad que es otro de los mensajes profundamente valiosos de este domingo. El Señor nos dice que no miremos a lo antiguo, que Él lo hace todo nuevo. Y es que cuando Él perdona todo queda borrado. No es posible vivir con la culpa de algo que ha sido perdonado totalmente por el inmenso amor de Dios. Sin embargo, hay muchas personas que no son capaces de admitir la generosidad divina y viven sumergidos en la pena continua que traen el exceso de culpa y los escrúpulos. Esa si es que una enfermedad grave y muy presente, todavía, entre nosotros. Puede que la peor tentación de todas es aquella que pone en duda la capacidad de Dios –y del sacramento de la Reconciliación—para perdonar. Es obvio que esta primera lectura de Isaías concuerda con el Evangelio de Marcos. Dios tiene capacidad para perdonar los pecados para siempre. Y de sanar enfermedades, también.

5.- San Pablo por su lado, en la Carta segunda a los fieles de Corinto, habla de la firmeza y continuidad de la presencia de Cristo en nuestros corazones. Si reparáis un poco en el fragmento paulino de hoy tendréis que reconocer que es uno de los más bellos y prometedores de todos los escritos de Pablo de Tarso. Y es la acción del Espíritu, presente en nuestros corazones, lo que nos da firmeza y seguridad. Ojalá en todos los momentos fuéramos capaces de disipar nuestras dudas y de vivir con la felicidad que da el conocimiento de que Jesús de Nazaret ha llegado a nuestras vidas y las ha llenado de paz y esperanza. Hemos comenzado hoy la lectura de Segunda Carta a los Corintios que seguirá en los siguientes domingos del tiempo ordinario, que recuperamos después de la cuaresma y de la Pascua. No olvidéis que el próximo miércoles ya es Miércoles de Ceniza y que iniciamos el tiempo de Cuaresma. Vamos a buscar, durante ese tiempo, la conversión que no es otra cosa que la curación de nuestros pecados y de nuestras enfermedades interiores que nos quitan la paz. Es pues, este domingo, un excelente preámbulo para iniciar la cuaresma. El versículo responsorial del salmo –con el que abríamos nuestra reflexión de hoy—sirve también de epílogo “¡Sáname, Señor!”


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


INGENIO, ESPERANZA Y AUDACIA

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Habréis observado, mis queridos jóvenes lectores, que existe hoy en día mucha gente que a todo dice sí. Que ofrece y promete mucho y que, a la hora de la verdad, ni cumple con lo dicho, ni realiza lo anunciado. Con esta manera de comportarse, queda bien con todo el mundo y va aupándose en la sociedad, pero, a la larga, se le ve el plumero. La cosa viene de antiguo, de aquí que Pablo en este fragmento de su carta a los corintios, se defina como un hombre de palabra y aproveche la ocasión para recordarnos que Dios se comporta de igual modo. Dios es misterioso, pero no engaña, dijo en una ocasión Einstein. El título habla de ingenio, se refiere al que demostraron aquellas gentes. También habla de audacia, es la que demostró tener Jesús.

Hoy en día muchos pretenden conseguir las cosas sin esfuerzo, comprándolas en un supermercado, si es posible. Exigiendo resultados inmediatos. Si alguna cosa le es ajena a Dios es la prisa, está reñida con su Eternidad. La prisa, y el estrés consecuente, es un vicio de las culturas occidentales, decadentes, no lo olvidemos, por más que presumamos de antigüedad y poderío, económico, político y armamentístico.

2.- En Cafarnaún, los recién llegados no podían avanzar por entre el gentío. No se desanimaron, se las apañarían llegando por arriba. Abren un boquete en el tejado y descuelgan al enfermo. El Maestro se quedaría boquiabierto. Le mira, comprende sus deseos de curación y, para sorpresa suya y del auditorio, le dice que le perdona los pecados. Lo primero es lo primero, pensó el Maestro y pensó acertadamente. No sabemos la reacción interior del enfermo. El evangelio nos dice que los progres intelectuales, se sublevaron ante lo que interpretaron era arrogancia. ¿Quién se ha creído que es él? Comentan ellos. ¿qué quien soy yo?, les dice el Señor, pues, os lo voy a demostrar. Si os parece insolencia lo que he dicho, ahora mando: puedes tú, paralítico aquí presente, cargar con tu camilla e irte a casa. No fue preciso decírselo dos veces: pies para que os quiero, pensaría, y salió de inmediato de la escena. Le tocó al Señor otorgar una menudencia, la curación corporal, para demostrar su poder sobre lo que era mayor, el perdón del pecador, aunque a ello le falte espectacularidad visual. Aquel hombre se curó por dentro y por fuera ¡vaya ganga!

3.- Proliferan hoy en día las ONGs. Me parece bien que las que operen desde una única dimensión social, se limiten a calmar el hambre, la sed, la ignorancia. Pero aquellas organizaciones que se declaran cristianas, han de recordar el proceder del Maestro. Repito de nuevo: lo primero es lo primero, se asevera. Primero es la obligación que la devoción, se dice. Sí, señor. Pero tengamos una ordenada escala de valores. Satisfacer el estómago, enseñar lenguas locales, procurar viviendas y no ofrecer de inmediato otra cosa superior, puede convertir al que recibe únicamente estos dones, en un desganado, un descontento, un desorientado… alguien que satisfechas únicamente sus necesidades corporales, caiga en la vagancia, acuda al delito o al crimen. O que, alcanzada una posición social correcta, desprecie a los que le ayudaron, diciendo que son unos infieles, adoradores del dios dinero. Y no les falta alguna razón. Procuremos la paz interior. Vehiculémosla con la generosidad de nuestro bolsillo, de nuestro esfuerzo, de nuestra dedicación. Es cuestión de coherencia, de honradez, de autenticidad. Pero no olvidemos encaminar hacia la Fe y la Gracia.

4.- PRECISIONES MARGINALES. Para entender el episodio es preciso conocer como hacían sus tejados las gentes de aquellos tiempos, en aquellas tierras. Alguna viga sí que ponían, pero la techumbre era de ramaje mezclado con arcilla. Material ligero, elástico y suficientemente impermeable. Un tejido así fácilmente se podía abrir y realizar la proeza de descolgar a una persona por el hueco obtenido. Ocupar platea, sin siquiera haber comprado entrada de gallinero, dicho de otra manera. Seguramente habréis visto representaciones en que aparecen cúpulas esféricas. Es un anacronismo. Por aquellas tierras este tejado aparece posteriormente. Hoy en día sí que existen, pero no entonces.