Más que un reportaje, David Llena ha escrito un ensayo. Un ensayo importante. Y merece la pena publicarlo íntegro. Por ello aparece en esta sección de reportajes dada su extensión. Nos parece, asimismo, de mucho interés saber como un hombre joven, todavía no ha cumplido los 40, entreteje estos razonamientos. Sabemos, de todos modos, que está escrito hace algún tiempo por tanto David era más joven. Eso, sin duda, aumenta su interés.


CONVIVIR, VIVIR EN COMUNION

Por David Llena

Entre los objetivos de este texto están: descubrir las condiciones de una verdadera convivencia y llevarlas a nuestra relación. Y asumir que existen conflictos en toda relación y saber convivir con ellos.

Una crónica de Salimbene cuenta el experimento que, a principios del siglo XIII, decidió llevar a cabo Federico II de Alemania, monarca interesado por conocer las más diversas ramas del saber. Mandó aislar a un grupo de niños recién nacidos, en una dependencia especial de palacio. Estos niños habían de ser esmeradamente atendidos en todos los aspectos, con esta única restricción: prohibió que nadie les dirigiera, en ningún momento, una sola palabra. Federico II no era cruel, sólo era curioso; quería saber cuál sería el idioma que los niños empezarían a usar espontáneamente, quizá el latín, quizá el hebreo, y de ese modo podría averiguarse cuál fue la lengua primigenia de la humanidad.

Pero aquellos niños no hablaron hebreo ni latín; murieron. Porque convivir es "vivir con"; no simplemente, "hospedarse junto a". Como se repetirá sobradamente en el tema, Convivir es comunicarse, habitar con amigos, participar en un mismo proyecto de vida en común. Convivir supone un respeto a las diferencias individuales, pero englobándolas en una unidad superior, que es el amor. Convivir es dar lo que uno tiene y recibir lo que los demás son. Convivir es saber gozar y sufrir juntos y por las mismas cosas, comunicarse las penas y alegrías. Convivir significa algo más que un mero coexistir. En un matrimonio roto, los cónyuges coexisten, pero no conviven: no comparten, ni se comunican, ni viven en "comunión". Son dos soledades no sumadas ni multiplicadas, sino restadas y divididas.

UN HOMBRE NORMAL

Un hombre "normal" debe reconocerse como un yo, que supone necesariamente un intercambio personal con un tú y con un vosotros. Cuando el yo considera al tú y al vosotros como algo, y no como alguien, es cuando se coexiste y no se convive. Y decimos un "hombre normal" porque, dentro del desarrollo evolutivo de la personalidad, ha de llegar un momento en que aparezca la conciencia del "yo social". ¿Para que convivir?... Para ser personas sanamente normales, Para progresar como persona. No convivir es frustrar la persona. Un yo abierto, está dispuesto a enriquecerse; cerrado está condenado al empobrecimiento. Ya que lo que nos caracteriza como ser humano es la posesión de una conciencia, la conciencia del yo personal. Pero esta conciencia, este yo, únicamente llega a formarse en la confrontación con un tú. Este tú nos limita, y, al limitarnos, nos configura, nos concede nuestra propia identidad. La conciencia de singularidad surge de esa contraposición del yo y el tú. Adquirimos conciencia de nuestro yo y del otro al mismo tiempo. La inter-subjetividad funda la subjetividad.

Toda comunicación supone una coincidencia de interpretación, una trama semántica o complejo de significaciones convenidas, un sistema codificado de vida social, es decir, un mundo compartido. Tan perfecta socialización, tan radical sacrificio de la propiedad privada, implica que mis palabras no son mías, que incluso cuando las pronuncio en soledad y silencio, en el fondo de mi intimidad, sólo es mía la voz, ellas no me pertenecen. No son mías, aunque tampoco me son ajenas. Y no basta decir que yo no las he creado, debo reconocer que ellas me han creado a mí.

Lo que parecía una consigna moral, resulta ser casi una ley biológica: vivir, efectivamente, es convivir.

EL HOMBRE NECESITA COMUNICARSE

Social no significa solamente apto para la vida en sociedad, sino también, y antes que nada, necesitado de sociedad. En primera instancia es un adjetivo que califica al hombre como un ser indigente, incapaz de autoabastecerse. No obstante, en esta deficiencia esencial radican sus mayores y mejores posibilidades, su historia progresiva, su porvenir indefinidamente abierto. Un ser completo, pero por eso mismo clausurado, sin referencia a los demás seres, sin engarces, sin deseos, no puede progresar; queda estabilizado en su perfección, es decir, queda detenido en su crecimiento. Su perfección significa impotencia para perfeccionarse más, para alcanzar otros niveles superiores. En cambio, los seres incompletos extraen todo el vigor de su propia deficiencia, de su hambre y sed. Cuando nace, el hombre es el animal peor terminado, el más inerme, el más necesitado de atenciones, que habrán de prodigársele durante un tiempo incomparablemente mayor que el que abarca la crianza de cualquier otro animal. La hegemonía de la especie humana estriba precisamente ahí, en la evidente inferioridad de sus miembros para bastarse a sí mismos. Porque somos seres incompletos, insatisfechos, inacabados, y por consiguiente interdependientes, la dificultad del acuerdo y de la puesta en común significa la importancia y la urgencia de la iniciativa de toda relación y por consiguiente de todo conflicto: vivir es amar. La dificultad de vivir es, paradójicamente, normal. (Marc Oraison, Psicología de nuestros conflictos con los demás. 3ªEdición, Pág 134, Editorial Mensajero).

EL CUENTO INDIO

Hay un cuento indio que dice así: "Había una vez un hombre egoísta, al que tocó en su día labrar un campo de arroz. Cavó la tierra, sembró su grano y el agua corría tan abundantemente por su campo que, no sólo le proporcionó la mayor cosecha hasta entonces conocida, sino que el agua se desbordó a la finca colindante y el vecino se benefició de otra gran cosecha. "¡Esto no puede ser!" -se dijo el egoísta- "construiré unos muros, haré una presa y nadie se beneficiará de mi acequia". Así lo pensó y así lo hizo. Al año siguiente, el vecino, se quedó sin una gota de agua, pero él también perdió la cosecha; porque, al estancarse el agua, convirtió la finca en un pantano fangoso y muerto".

Dos moralejas podemos sacar de este cuento:

1) El hombre es como un río de agua que tiende a ser fecundo por donde pasa. Cuando a un río se le cerca, como cuando a un hombre se le aísla, poco a poco se seca y muere empantanado. El hombre es un ser hecho para la comunicación. Cuando la persona no quiere o no puede comunicarse, se convierte en un pantano estéril, lleno de miseria.

2) Para que un río corra vivo entre las piedras, no puede hacerlo a lo loco. Debe ir, a cada paso, midiendo a solas la fuente de donde mana. Avanzará en solitario, tal vez, hasta perderse en otro río mayor, que le abra sus brazos y le conduzca a la mar. Igual que el río, el hombre necesita perderse en los otros y a esto se le llama soledad, únicamente los hombres que conocen la soledad, son capaces de ser auténticos y fecundos.

Comunicación y soledad, dos palabras que, a primera vista, parecen contradictorias, pero persiguen la misma finalidad por caminos diferentes: hacer que la persona humana crezca y se haga fecunda. La comunicación nos abre al mundo exterior y la soledad nos introduce en la más pura interiorización de nosotros mismos. Sí, la vida del hombre es como un río.

¿Creéis que es necesaria la soledad para cada uno al margen del otro? ¿Cómo interpretarías el silencio de tu pareja? Vamos a verlo

DIALOGO Y COMUNICACIÓN

Comunicarse es ante todo abrirse a los demás, abrir los ojos a lo que nos rodea. Significa también tener un espíritu curioso y no conformista. Siendo así, podremos conversar, es decir, entablar un auténtico diálogo con nuestro interlocutor. Para ello es fundamental saber escuchar,

y después saber expresarse. Así pues, debemos adaptar nuestro lenguaje al de los demás para que nos entiendan y para despertar su interés. No olvidemos que no son sólo las palabras las que hablan, sino que nuestra actitud es también lenguaje. Deberíamos cuidar nuestros gestos, el tono de voz, evitar afectación y ofensas, intentar sobretodo respetar al otro. "Es una lástima no tener suficiente ingenio para hablar bien, ni suficiente sensatez para saber callarse". "El encanto de una conversación no consiste tanto en demostrar ingenio, como en suscitarlo en los demás; aquel que sale de su reunión satisfecho de sí mismo y de su talento, también lo estará de usted".

La conversación es ante todo un diálogo y un intercambio. "Para dialogar, /preguntad primero./Después ... escuchad". Cuando digo que para saber hablar hay que saber escuchar, estoy enunciando casi una ley física, la misma que impide físicamente que los sordos de nacimiento lleguen alguna vez a hablar.

Conviene recordar aquí las reglas principales de una buena comunicación:

1. Hemos de descubrir al "otro" y reconocerlo como persona. "Un día estaba yo paseando y vi a lo lejos un animal. Me acerqué y vi que era un hombre. Me acerqué más aún y vi que era mi hermano".

2. Hemos de aceptar al "otro" tal como es. “¿Qué demonios estás haciendo?, le pregunté al mono cuando le vi sacar un pez del agua y colocarlo en la rama de un árbol. Estoy salvándole de perecer ahogado, -me respondió”.

3. Hemos de abrirnos nosotros mismos al "otro". Esto no significa que yo le "cuento" y le "digo"..., significa más bien escuchar, ser todo oídos. El arte de escuchar es el más difícil arte de la comunicación. Equivale a situarnos junto a él y sentir con él. Debemos olvidar nuestros problemas para abrirnos al otro.

4. En toda conversación existen diversos niveles de comunicación. Si queremos comunicarnos, hemos de hablar en la misma longitud de onda que está hablando nuestro interlocutor. Cuando el "otro" nos esté hablando de algo muy íntimo..., no podemos responderle teóricamente.

5. Toda comunicación supone un riesgo. La presencia del "otro" me cambia y no siempre está uno dispuesto a cambiar. Por eso se la rehuye y se la teme. Pero saber que con mi palabra serena, densa de amor y de paz, puedo devolverle la conciencia a un YO, que se halla roto y empobrecido... bien vale la pena probarlo.

Todo encuentro interhumano, sea cual sea, que en sí es un conflicto, constituye al mismo tiempo una ocasión y una oportunidad de progresar en la conciencia recíproca de sí mismo. (Marc Oraison, Psicología de nuestros conflictos con los demás. 3ª Edición, Pág 53, Editorial Mensajero).

“¿PARA QUÉ SIRVE?”

¿Hay actualmente una palabra más repetida, más frecuente, más insoslayable que la "utilidad"?. Ante cualquier cosa, la pregunta inmediata es “¿para qué sirve?” El para qué, la primacía de lo útil, la palabra más repetida y despótica. Todos los seres y todas las actividades de nuestro mundo quedan así rebajados cuando se les adjudica una definición de utilidad. Por lo visto, no tenemos ya derecho a ninguna actividad que no resulte productiva, ni a ningún tipo de descanso que no consista en la acumulación de nuevas energías para volver al trabajo, han degradado por igual el trabajo y el ocio al darles un sentido exclusivamente funcional. Las cosas valen si son útiles. Es menester reaccionar. Hace falta afirmar muy alto que los valores más importantes de la vida no tienen utilidad, ya que esto significaría que están al servicio de otro valor superior. ¿Qué utilidad puede tener la contemplación estética? ¿Para qué puede servir la amistad? ¿Y la oración? Con un criterio utilitario, cualquier otro método aventaja a la oración: para obtener agua, mejor es un buen sistema de regadío. Los grandes valores de la vida no tiene utilidad, sólo tienen sentido. El amor no es útil. El diálogo, tampoco. Ciertamente, puede ser útil por añadidura.

*) Respecto a las reglas mencionadas, ¿cuáles os resultan más difíciles de llevar a cabo?

*) La utilidad, ¿qué lugar ocupa en vuestra vida, relación?

PROBLEMAS PARA LA CONVIVENCIA. CONFLICTOS

**La forma capitalista... ha inmerso al hombre en una forma nueva de alienación, la alienación egotista. El resultado de todo ello... es la incomunicación. El hombre, entre nosotros, al renunciar a la instancia elemental de su convivencia, de su altruidad, queda solo. Es un hecho que entre nosotros, en donde hemos podido pasar de una forma clásica de producción a una forma de sociedad de consumo, hemos podido observar el retraimiento como un carácter definitorio de nuestra conducta. Más que en ningún otro momento, grandes sectores de nuestra sociedad parecen haber renunciado a la comunicación y a la confiabilidad, para quedar inmersos, todo lo más, al más estricto círculo de la familia. No es que de pronto se hayan descubierto los máximos valores que la dedicación a la vida familiar supone. Se trata de una dedicación reactiva, secundaria a la decepción que de los otros hemos, una y otra vez, experimentado. Lo que esta retracción supone es la crisis en la fiabilidad del prójimo, la conciencia de que, tarde o temprano, si los intereses están en juego, nos exponemos a ser sacrificados. Así, la amistad misma sabemos que hay que tomarla y vivirla epidérmicamente, a conciencia de la peligrosidad que una ingenua comunicación puede llevar consigo en el futuro, cuando este amigo de hoy se nos torne nuestro rival; a conciencia de que la amistad misma no es criterio suficiente para verificar la entrega que sería requerible y a la que nos sentimos instados. (C. Castilla del Pino, El humanismo "imposible" seguido de Naturaleza del saber. Ed. Taurus).

**El conflicto sorprende y desarma porque refleja que las cosas no se van a repetir ya del mismo modo hasta el infinito, sino que se transforman, y también nosotros tenemos que cambiar. Nuestra educación nos lleva más bien a repetir las mismas reacciones en circunstancias que creíamos que debían ser siempre idénticas, y tal vez sea esto lo que hace surgir el conflicto y lo que crea nuestra persona. (Marc Oraison, Psicología de nuestros conflictos con los demás. 3ª Edición, Pág 42-43, Editorial Mensajero).

**El divorcio consagra esta incapacidad de afrontar juntos los conflictos que muestran las diferencias y la razón de estar juntos y de vivir juntos algo. El conflicto conyugal... constituye la fuente privilegiada del necesario y permanente reajuste de dos seres entre sí. (Marc Oraison, Psicología de nuestros conflictos con los demás. 3ª Edición, Pág 56, Editorial Mensajero).

*) ¿Cómo pensáis hacer frente a los conflictos que se han visto en este apartado?

CASAR Y ARREPENTIRSE POR UN MISMO CAMINO

El matrimonio, como toda relación y proceso vital, va a verse constante e inevitablemente expuesto a una serie de etapas con sus consabidas alegrías, satisfacciones, conflictos, crisis y cambios. Al comenzar la vida en común van a tener lugar las primeras desavenencias y crisis normales en el desarrollo de la pareja. De la noche a la mañana, como un terremoto, todo cambia: nuestro rol, nuestra casa, nuestra cama, nuestra situación económica... Estrenamos una nueva forma de vida, una nueva convivencia con otra persona, donde nadie nos ha enseñado a ser esposa/o, ni nos han preparado a enfrentar con éxito o eficacia la infinidad de contratiempos que presenta la convivencia. Parecería que este cambio radical fuera algo para lo cual estuviéramos naturalmente preparados, cuando en realidad no es así. Vivir en pareja, vivir en común, se aprende día a día. Y quizás, si estuviéramos más preparados

para afrontar las diferentes etapas y momentos de cambio y crisis, es posible que "casarse y arrepentirse no siempre tengan que ir juntos".

Deseamos llamar vuestra atención de una manera especial sobre la lamentable decadencia de la educación familiar. Los oficios y profesiones de una vida terrenal transitoria, que ciertamente tienen muchísima menos importancia, están preparados por medio de un estudio largo y cuidadoso;

Mientras que para el deber fundamental y obligación de educar a sus hijos, muchos padres tienen muy poca, o ninguna, preparación, sumergidos como están en las inquietudes temporales. (Pío XI, Educación Cristiana de la Juventud. Texto sacado del libro, "Unidos en Cristo").

A nadie se le ocurriría convertirse de repente en mecánico o ingeniero, médico o abogado, sin un aprendizaje o preparación, sin embargo, todos los días hay un gran número de muchachos y muchachas que se casan sin haber pensado ni por un momento en prepararse para la ardua labor

que les espera de educar a los hijos. (Pío XII, Davanti a questa: AAS, 33 (1941) 451. Texto sacado del libro, "Unidos en Cristo").

SE CASARON, FUERON FELICES Y COMIERON PERDICES

Una de las ideas que nos puede llevar a una gran decepción en el matrimonio es el mito, ampliamente mantenido por la sociedad, de que el matrimonio es nuestra meta en la vida, la panacea de todos nuestros males. Sin querer, disfrazamos la realidad de la experiencia conyugal como si fuese un jardín de rosas, un seguro a todo riesgo, cuando la realidad nos evidencia que al decir "si quiero" no tenemos garantizada ni la felicidad ni la satisfacción plena. ¡No sólo el amor basta! Hay que comunicarse, escucharse, dar, recibir, pelear, reconciliarse, renunciar, y acomodarse continuamente para que la pareja crezca y merezca la pena. La trampa del matrimonio es la vida cotidiana.

*) ¿Pensáis que tendréis menos problemas estando juntos? ¿O que sabréis resolverlos?

*) ¿Qué ideas podéis aportar para no caer en la rutina en vuestro matrimonio?

EL PRINCIPE AZUL Y LA PRINCESA PROMETIDA

Cuando se es novio/a la cosa parece que va sobre ruedas, apenas hay conflictos y discusiones. La falta de tiempo, de convivencia, el querer agradar al otro, seleccionando aquellas conductas más positivas favorecen el que veamos a la pareja como alguien casi perfecto: todo lo que hace o dice es maravilloso, inmejorable. Pero tras algún tiempo de vida en común es muy difícil mantener este estado de idealización hacia la persona amada, y comienza la crisis de desenamoramiento. Aterrizamos y, con los pies más en contacto con la realidad, vemos a nuestra pareja, antes "príncipe y princesa de nuestros sueños", tal cual es: "Un hombre, una mujer", que, como todos, tiene cualidades y defectos. En este momento son varias las posibilidades y riesgos que nos presenta esta crisis. Bien podemos ir "aceptando" al otro tal como es, "adaptándonos" a la realidad en continua evolución; o por el contrario, no aceptar al otro con sus aspectos negativos, dándose la posibilidad de que le despreciemos y le abandonemos. Todo marido y mujer deben aceptar el don de la persona amada, Ha de ser aceptado como es, no como nosotros soñábamos que fuera, con toda su perfección real, su posible desarrollo, sus fracasos y faltas. El enamorado puede que vea las faltas del amado y la ayuda y el aliento que necesita para superarlas, pero, no obstante, lo recibe y acepta con plena aprobación. Un verdadero enamorado puede ser comparado con una madre que tiene un hijo de dos años. Sabe que su hijo no es perfecto, pero, sin embargo, no lo rechaza como imposible. Por muy desalentada que pueda estar con su hijo, ve sus faltas y alterna las caricias con los cachetes, es su hijo. Lo acepta. La aceptación no se consuma en un solo acto, es una repetición de actos a través de la vida.

Una clara señal de la personalidad humana es su facultad de elegir. Un matrimonio ha de elegir cada día el don de su consorte. No es posible, con un regalo, hacer otra cosa que recibirlo. Sería vulgar y descortés rechazarlo, desear que fuera otra clase de regalo, soñar que es de otra manera. Rechazar el regalo es rechazar al que lo hace. Pretender que el regalo sea algo distinto de lo que es, es demasiado idealista. Soñar con otra clase de regalo es vivir en las nubes, y no amando. En el matrimonio os completáis el uno al otro como marido y mujer compartiendo estas diferencias. Una mujer tiene su modo peculiar de expresar su afecto, de ver la belleza, la verdad, la vida en general; incluso la religión, pues vamos hacia Dios según somos. Un hombre igualmente, por educación y por naturaleza, tiene su modo distinto de abordar la vida.

En el íntimo compañerismo de la vida matrimonial cada uno tiende a "condicionar" y perfeccionar al otro. Este proceso de perfeccionamiento es duradero; a través del gozo y del dolor, del triunfo y del fracaso, de la salud y de la enfermedad, hasta la serena inactividad de la vejez, el marido y la mujer son "buenos" el uno para el otro según Dios lo proyectó. El matrimonio, vivido de acuerdo con los planes de Dios, desarrollará vuestras posibilidades más exquisitas de amor, sacrificio y servicio. Cuanto más os améis el uno al otro, y trabajéis unidos durante la vida y seáis sinceramente felices, tanto más desarrollaréis las diversas cualidades y talentos que os ha dado, y tanto más perfeccionaréis la personalidad con que os formó. Esto es lo que significa servir a Dios.

PAREJA=TU+YO+NOSOTROS

Toda pareja está integrada por dos personas con identidad propia, que desde su autonomía crean un espacio común "nosotros", expresión del amor y el compromiso de vivir juntos. Durante el noviazgo el deseo de estar juntos, de compartir el mayor tiempo posible, hace que ante una cita con la persona amada, queden en un segundo plano los amigos, actividades y aficiones personales. Pero con la convivencia, la necesidad de la presencia del otro queda satisfecha y generalmente uno vuelve a verse atraído por aquellas actividades y gustos que llenan y enriquecen a su persona. Y aquí es cuando nuevamente podemos vernos envueltos en un conflicto, sobre todo en aquellas parejas en que uno de los dos no sabe que hacer con su tiempo libre. Generalmente lo que se intenta es compatibilizar aquellos momentos y espacios, que cada uno necesita para desarrollar nuestra propia identidad, con el bienestar de la pareja.

Es importante y vital, tanto para cada miembro de la pareja como para la pareja en sí misma, que los espacios se respeten. "Sólo una tierra sembrada y cultivada es capaz de producir riqueza". Renunciar o negarnos a que el otro se enriquezca al margen de la vida en pareja, es dejar que se empobrezca la relación y pueda llegar a marchitarse.

El amor no es como una hogaza de pan. Si doy un pedazo de la hogaza, me quedará menos pan que ofrecer a los demás. El amor se parece más al pan eucarístico. Cuando lo recibo, recibo a Cristo en su totalidad. Pero no por ello recibes tú menor parte de Cristo; tú también recibes a Cristo entero; y también el otro; y el de más allá. Puedes amar a tu madre con todo tu corazón; y a tu esposa; y a cada uno de tus hijos. Lo asombroso es que el dar todo tu corazón a una persona no te obliga a dar menos a otra. Al contrario cada una de ellas recibe más. Porque si sólo amas a tu amigo y a nadie más, de hecho lo que le ofreces es un corazón bastante pobre. Tu amigo saldrá ganando si ofreces también tu corazón a los demás. Y Dios saldría perdiendo si insistiera en que le entregaras tu corazón únicamente a El. Regala tu corazón a otros: a tu familia, a tus amigos... y Dios saldrá ganando cuando le ofrezcas a El todo tu corazón. (Anthony de Mello, El canto del pájaro. 18ª edición, pág 207, Ed. Sal Terrae).

*) ¿Os habéis planteado situaciones que posiblemente aparecerán en vuestro matrimonio?. Las tareas domésticas, la comida, la cena, el tiempo de oración o rato en común, de compartir experiencias, el dinero, la televisión, las vacaciones o viajes y el tiempo libre en general.

*) ¿Todo en común, o vida privada de cada uno?

AJUSTAMIENTO

Muchas jóvenes parejas tienen otra idea del ajustamiento. Suponen que el ajustamiento conyugal ha de ser una serie de concesiones. Suponen que una de las partes ha de tener paciencia y resignarse, mientras la otra viola las leyes del buen comportamiento, o incluso las de la justicia y el amor. Para ellos, "ajustamiento" implica siempre "ceder", incluso cuando la concesión pueda ser errónea o pecaminosa. No hay duda de que existen muchas ocasiones en el matrimonio en que es necesario ceder cuando la otra parte no es lo que debiera, pero esto es sacrificio en aras del amor, con la esperanza de lograr el crecimiento y desarrollo debidos. No es verdadero ajustamiento. Este mero ceder podría convertirse en algo del todo ficticio y llevaría a la amargura, al resentimiento, y a la lucha física o mental de las partes. ¿Quién desea un ajustamiento que es una especie de toma y daca, una especie de comercio en que cada uno cede, pero ninguno crece? La palabra ajustamiento viene de las palabras latinas ad y juste: ajustar, adecuar; en el matrimonio vale tanto como que cada uno ceda al otro sus derechos. Si el amor necesita crecer en cada persona hasta su pleno desarrollo o estatura como hombre o mujer, esposo o esposa, padre o madre, entonces la unidad exige que se haga un intento por conseguir una especie de unión que echara a un lado o disimulara las diferencias. Cuando el hidrógeno y el oxígeno se unen para formar el agua, lo importante no es tanto el que se completan mutuamente, -y esto sucede-, sino el resultado de una nueva sustancia: ¡el agua, tan preciosa para nosotros!.

Aunque un buen hogar es la preparación más importante para un buen matrimonio, con la gracia de Dios se puede corregir la mala influencia de una vida familiar desgraciada. Pero existe el peligro de que puedas repetir los errores de tus padres, o reaccionar demasiado en sentido contrario. Si procedes de un hogar rígido y severo, puedes llegar a ser la persona fría, exigente, que fueron tus padres. O, por el contrario, decidido a que tus hijos y cónyuge reciban amor podrías reaccionar en sentido contrario, para llegar a ser una persona demasiado tolerante y sentimental. Felizmente, aunque es difícil fomentar un término medio, es posible el conseguirlo.

Puede ser muy importante mencionar aquí que muchas mujeres son extremadamente sensibles a la atmósfera o estética del afecto. La delicada atención de hacer un regalo, un cumplido amablemente expuesto, la elección del momento oportuno y una ambientación romántica resultan gratísimas a la naturaleza sensible de la mujer. El hombre sensato se tomará siquiera algún cuidado para satisfacer este interés natural de su esposa. Por otra parte, una mujer debe comprender y apreciar los esfuerzos, en apariencia, vulgares y sin gracia de su esposo para expresarle su afecto.

Puede que la realidad del amor esté verdaderamente presente aunque falte la finura. Pero ante todo actuar sin fingir.

LAS PALABRAS

Siendo las palabras signos de las ideas, ha de ser diferente el lenguaje de un hombre y de una mujer. Las palabras del hombre hay que tomarlas literalmente. Una mujer introducirá todos los matices ocultos posibles de significado. Para comprender lo que un hombre dice, escuchad lo que dice; para comprender a una mujer, escuchad lo que quiere decir.

-Cuando Nuestra Señora en las bodas de Caná dijo a Jesús: "No tienen vino", más bien que informarle de un hecho, le pidió un milagro. Cuando Nuestro Señor respondió:"Mi hora no ha llegado aún", simplemente expuso que aún no había llegado el tiempo de su ministerio público. No era una manera sutil de negar su petición, como los acontecimientos lo demostraron.

MATRIMONIO CAMINO DE SANTIDAD

Cuando dos jóvenes se enamoran, este amor trae consigo un enorme "ensanchamiento de espíritu". Nos llena de entusiasmo; el sacrificio se nos hace fácil. El que ama se entrega por completo al bienestar de la persona amada. Dios Padre otorga este amor al hombre y a la mujer, no sólo para que se consagren el uno al otro, sino también para que les sirva de experiencia del amor auténtico, y puedan así comprender mejor cómo amarle a El. El amor conyugal, por tanto, es sólo un paso para llegar al amor de Dios. Sois un reflejo único del Padre. Habéis sido sacados de la nada para reflejar un determinado aspecto de la divinidad. Si aprendéis a amaros el uno al otro fiel, ordenada y debidamente aprenderéis a amar a vuestro consorte en Cristo y por Cristo.

Puesto que os consagráis a la felicidad de vuestro consorte, lo cual incluye servir al Padre, por el hecho mismo le amáis a la vez por él mismo y por amor del Padre. Con vuestro amor conyugal cristiano es como amáis a Dios Padre sobre todas las cosas. El Señor ha otorgado a todo ser humano un conjunto de talentos, habilidades, circunstancias y dificultades con las que ha de enfrentarse. Al mismo tiempo que aprendéis a aceptar y seguir el plan de Dios respecto a vosotros mismos, a vuestro consorte y a vuestra familia, aprendéis a cumplir su voluntad. Si la cumplís plena y perfectamente, amáis al Padre sobre todas las cosas. Esto es la santidad. Cristo ha elevado el matrimonio a la dignidad de sacramento. En él, te ha concedido el amor al Padre que se encierra en su propia alma, con el cual os amáis el uno al otro. Mediante el Sacramento del Matrimonio ha transformado el amor humano en el mismo amor sacro que se encierra en su propia alma. La cima de la santidad se vislumbra cuando nos toca abrazar la cruz. Para nosotros, la cruz consiste en la voluntad

de Dios que crucifica nuestros personales deseos. Si aceptáis las pruebas de cada día por amor de Dios, ya habéis subido a la cruz y no necesitáis preocuparos por ninguna otra cosa. Vuestros pequeños sacrificios de cada día, unidos al sacrificio de Cristo contribuirán a salvar al mundo y os harán santos. Entonces podréis decir con San Pablo: "No soy yo ya quien vive, sino que Cristo vive en mí" (Gálatas 2, 20).

La paradoja del cristianismo mismo es que es mejor "dar que recibir" (Act., 20, 35). En otro lugar Nuestro Señor dice: "En verdad, en verdad os digo si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo. Pero si muere reporta mucho fruto. Quien ama su vida, la pierde, y quien odia su vida en este mundo, la guardará para la vida eterna". (Jn., 12, 24-26).

El matrimonio es la rendición de dos personalidades, de sus cuerpos y almas, e incluso de sus futuras vidas, lo que les permitirá presentarse ante Dios al fin de la vida con las triunfales palabras de Cristo en los labios: "He cumplido la obra que Tú me habías encomendado".

*) ¿Cómo pueden, marido y mujer, trabajar en su propia santificación?.

UN ÚLTIMO APUNTE. DIALOGO CON DIOS

La oración es por excelencia la vía de relación con Dios. La oración plantea la suposición de que se discute, de que se está en dialogo con alguien... (Roger Garaudy y Ernesto Balducci, El cristianismo es liberación, Sígueme, Salamanca, 1976, pág.94).

La oración nos acerca a la perfección de Dios, nos va perfeccionando, nos va haciendo más humanos, por ello, la oración supone una permanente escucha, repito, un permanente escuchar a Dios, para que conviviendo con El, lleguemos a convivir en El. Hemos de notar que la convivencia perfecta, la comunión perfecta, a la que estamos llamados, es un verdadero misterio, un misterio llamado Santísima Trinidad.

*) Una vez acabado el tema sería recomendable hacer una lista de esos detalles cotidianos que deberíamos tener en cuenta en nuestra convivencia, tanto positivos como negativos y tenerlos en cuenta durante nuestra relación.


BIBLIOGRAFIA

Revistas DIALOGO Familia-Colegio números 110, 138, 157. Editadas por la Congregación Mariana de San Estanislao Granada.

EL CANTO DEL PAJARO. Ed. Sal Terrae. 18ª Edición.

ESTA ES NUESTRA FE. Teología para universitarios. Ed Sal Terrae, 9ª edición.

FILOSOFIA 3º B.U.P. Ed Luis Vives.

PSICOLOGIA DE NUESTROS CONFLICTOS CON LOS DEMAS. Ed Mensajero, 3ª edición.

PALABRAS SON AMORES. Límites y horizontes del diálogo humano. BAC de La Editorial Católica.

SIN TEMOR A EQUIVOCARSE. Moderno manual de buenos modales. De Selecciones del Reader's Digest. 1ª Edición.

UNIDOS EN CRISTO. (Curso de preparación al matrimonio), Ed. El Perpetuo Socorro, 2ª edición.