TALLER DE ORACIÓN

SIGUIENDO EL EJEMPLO DE CRISTO

Por Julia Merodio

Si el tema de la semana pasada, relativo a la evangelización, abría la puerta a la semana del Hambre, ofrecida por manos Unidas, el contenido de esta semana no puede ser más apropiado para sellarla.

El texto que San Pablo nos presenta, es un modo de vida universal, no puede ser específico para nadie; sirve para los de oriente y occidente, para los del norte y los del sur, para todo tipo de culturas, para personas eruditas y personas con menos cultura… se trata de enseñarnos a hacer todo siguiendo el ejemplo de Jesús de Nazaret.

Y ¿a quién se acerco Jesús de Nazaret? A los más pobres. ¿A quién ayudó? A los más pobres. ¿Qué predicó? La igualdad y la justicia… Creo que es un programa perfecto para examinar nuestra vida a la luz de la Palabra de Dios; y, no sólo esta semana, sino cada minuto de nuestra vida.

¿POR QUÉ NO NOS DAIS LO QUE NOS CORRESPONDE?

Este es el primer grito que perciben mis oídos, al darme cuenta de que cuando comemos o bebemos, lo hacemos pensando en nosotros mismos y, rara vez, si es que hay alguna, lo hacemos pensando en los que no tienen nada para llevarse a la boca.

Por eso, ante la sensibilización, que impone la campaña del hambre, he sentido algo especial. Creo que me ha llegado más dentro que otras veces, me ha cuestionado, me ha desinstalado.

Llevamos demasiado tiempo viendo pobreza y decepción. El corazón se nos va endureciendo. Mientras la gente, que no tiene nada, espera a que llegue el día del Ayuno Voluntario, para ver si sus necesidades están acogidas en algún proyecto. ¿No os parece decepcionante y triste esta realidad? ¿No os parece inhumano tener que esperar 364 días para que nuestra sensibilidad pueda ver, sin mirar a otro lado, ni cambiar de canal, imágenes duras e imborrables mostrando la miseria que no queremos ver? ¿Acaso nos hemos planteado, alguna vez, lo que es morir de hambre?

Es verdad que, la aglomeración de noticias desagradables, nos lleva a la impotencia de creer que ya no podemos más y no nos toca a nosotros resolverlo.

Pero los planteamientos no erradican el hambre y vemos desalentados que no termina, que sigue aumentando, que nos acosa el número de parados, nos subleva, nos indigna. Vemos que cada día los ricos son más ricos y los pobres mucho más pobres. Ante esta realidad:

¿Qué hacer? De momento ponernos ante el Señor, en oración:

--Para que nos ayude a ver, con mayor nitidez, una realidad tan dura como esta.

--Para que nos ablande el corazón y seamos capaces de pedir perdón por tantas injusticias en las que hemos participado, aunque haya sido veladamente.

--Para que seamos capaces de compartir y pedir por los que, ni siquiera, pueden celebrar el día del hambre, ya que su vida es un continuo ayuno involuntario e indefinido, a veces quizá, causado por nuestro conformismo y nuestra falta de compromiso.

TEXTO PARA LA LECTIO DIVINA: CORINTIOS 10, 31. 11 – 1

“Hermanos:

Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios. No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesia de Dios. Por mi parte, yo procuro contentar a todos, no buscando mi propio bien, sino el de ellos, para que todos se salven. Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo”

ORANDO JUNTOS CON LA PALABRA DE DIOS

Posiblemente os resulte repetitivo que, todas las semanas, adjunte todos los pasos para la oración. Lo hago para facilitar a las personas que lleguen a la página por primera vez y para aquellas que quieran imprimirlo, porque así no tienen que estar buscando lo de semanas anteriores.

PRIMER PASO: INVITAR AL SEÑOR PARA QUE NOS ACOMPAÑE.

Si se ora en grupo, el animador –que puede ser cualquier persona del grupo- hará una oración invocando al Espíritu para que les ayude a interiorizar la Palabra de Dios; después puede dar paso a los demás para que se impliquen en la oración. Si la Lectio se hace individualmente, también se hará la invocación al Espíritu.

Para este primer momento, y por si puede servir de ayuda, os adjunto una oración:

Señor:

Nos ponemos ante tu Palabra, como el sediento ante un manantial de agua viva. Como el hambriento, al encontrar el alimento que sacia. Como la tierra que espera ser acariciada por el frescor de la lluvia. Nos ponemos ante tu Palabra: con el corazón abierto y receptivo, con la seguridad de quien ha comprobado que tus palabra siempre están repletas de auténtica vida.

SEGUNDO PASO: LEEMOS EL TEXTO

Todos los participantes en el grupo deberán llevar la Biblia. El animador señala el capítulo y los versículos correspondientes y espera hasta que todos los hayan buscado. Después pide alguien del grupo que lea en voz alta y al acabar la lectura todos permanecen en silencio durante un rato.

TERCER PASO: NOS DETENEMOS EN EL TEXTO

Sin perder ese clima de silencio, los participantes van leyendo, en voz alta, una palabra o una frase que para ellos haya resultado importante o haya llamado su atención. Después de cada intervención se dejan unos instantes de silencio. Los participantes pueden repetir interiormente las palabras pronunciadas para que todo ello se vaya grabando en el interior.

Cuando esta forma de oración se repita varias veces observaremos que las palabras más corrientes empiezan a tener una relevancia importante.

Una vez que, haya pasado un tiempo prudencial, o ya no haya intervenciones se vuelve a leer el texto en voz alta y muy lentamente.

CUARTO PASO: GUARDAR SILENCIO

Una vez leído el texto, el animador invita a todos a permanecer en silencio e indica el tiempo que durará (tres o cuatro minutos) con el fin de prepararnos para meditar juntos la Palabra que se ha elegido.

QUINTO PASO: COMPARTIMOS LO QUE EL TEXTO NOS HA IDO DICIENDO

Se comparte espontáneamente lo que, la Palabra, nos dice al corazón. Procuraremos que hablen todos y se evitará divagar en temas ajenos al elegido.

En los versículos tomados para hoy, de la epístola a los Corintios, se palpa que San Pablo ha madurado y va tomando conciencia de lo que significa Dios en su vida, por eso decide tomar el camino que el Señor le marca.

Lo que sus palabras me dicen hoy, personalmente a mí, es que Dios nos regala la creación salida de sus manos, pero la creación no está terminada; la vida es una constante creación y, a cada uno, nos toca una parcela que hemos de construir desde la libertad y el compromiso. Nosotros somos los únicos responsable de hacerlo bien o mal; de que nuestro trabajo sea bueno o malo…

San Pablo nos lo presenta con dos actitudes cotidianas: comer y beber y es perfecto, porque ¿qué circunstancia puede ser más habitual y más afín a todos, que comer o beber? Por otra parte ¿comer o beber puede ser malo?

Sin embargo sorprende comprobar que nosotros podemos hacerlo bueno o malo. Si no comemos o no bebemos nos morimos por inanición; pero si comemos o bebemos en abundancia podemos enfermar y hasta morir empachados o por coma etílico.

Con la particularidad de que nadie logrará tomar la decisión por nosotros; podrán aconsejarnos, pero no conseguirán obligarnos; a cada uno nos corresponde tomar la opción correcta.

En el versículo siguiente se nos alerta de que no demos escándalo. Y podemos preguntarnos: ¿Acaso puede ser escandaloso comer o beber?

Lo tenemos reciente. Acabamos de celebrar el día del Ayuno Voluntario, al que ya nos hemos referido anteriormente, y el tema traía a mi mente unas viñetas que lo parodiaban hace unos años; en ellas se veía la siguiente escena:

“Aparecían hablando dos niños, llenos de harapos y tan delgados que se los notaban los huesos de todo el cuerpo y le decía el uno al otro: Me han dicho, que hay países donde la gente se muere de tanto comer y el otro contestaba: no te das cuenta de que eso es imposible”

¿Creéis que esto no tiene aplicación a nuestra oración de hoy? “Yo comáis, ya bebáis hacedlo todo para gloria de Dios” Pero:

• ¿Acaso podemos dar gloria a Dios, desde nuestra falta de compromiso con los que sufren marginación?

• ¿Acaso podemos dar gloria a Dios, viviendo en opulencia, indiferentes ante la urgencia de solidaridad?

• ¿Acaso podemos dar gloria a Dios, envueltos en muestra “máscara” para no mirar de frente las pobrezas de los marginados de la sociedad?

San Pablo nos sigue alertando de la importancia de hacer el bien a los demás y posiblemente, sea este un buen momento para planteárnoslo:

- Revisando nuestros gastos superfluos.

- Viendo si tenemos hambre y sed de ser justos.

- Observando nuestros compromisos con los que sufren marginación.

- Comprobando si vemos en los “molestos” el Rostro de Cristo.

- Y, después, haciendo silencio para ver si hacemos todo para gloria de Dios.

¡Qué misterio tan hondo el de la libertad humana! Es duro comprobar que, el destino de los pobres, siempre depende de la dureza de los poderosos. Sólo nos queda ya ponernos en silencio delante de Dios para entrar dentro de nosotros y hacernos conscientes de nuestra vida, de esos momentos en que hemos “comido y bebido” sin acordarnos de los demás; de las veces que otros han tenido que pasarlo mal a causa de nuestra indeferencia, de los pobres que han pagado nuestra falta de compromiso.

Pongamos, también hoy, ante el Señor, a esas personas que nos ayudaron cuando nosotros nos encontramos en situaciones de dificultad.

Observemos delante del Señor, las veces que hemos pasado de largo: ante la mano tendida de los que necesitados, tan llenos de dolor; de los acosados por nuestra falta de responsabilidad.

Demos gracias, por las experiencias que todo esto nos ha proporcionado en la vida y que nos han ayudado a crecer. Y sobre todo, demos gracias, por esas personas que nos han ayudado a arrodillarnos hoy delante de Dios para pedirle perdón:

• Por el bien que hemos dejado de hacer por comodidad.

• Por las veces que, no nos hemos implicado en la realidad del necesitado.

• Por no habernos manchado de barro con aquel que estaba caído.

• Por las veces que hemos tratado de salvar una situación difícil, sin

implicarnos en ella.

• Porque nos ha dado miedo seguir al Señor, demasiado cerca, y siempre

hemos guardado la distancia justa para no darnos hasta la totalidad.

• Y sobre todo, porque nos cuesta demasiado seguir el ejemplo de Cristo.

SEXTO PASO: OBSERVAMOS LO QUE EL SEÑOR NOS PIDE

En este momento se trata de ver la vida concreta de cada uno a la luz de la Buena Noticia. Se traerán al compartir las realidades de los presentes y se mirarán formas de actuar, llevando cuidado de no entrar en temas de discusión.

SÉPTIMO PASO: TERMINAREMOS ORANDO JUNTOS PARA DAR GRACIAS

El animador invita a todos a orar de forma espontánea; también se puede elegir para terminar: un canto, una oración por la paz, el padrenuestro cogidos de la mano… Y así se irá variando cada vez.