VI Domingo del Tiempo Ordinario
15 de febrero de 2009

MONICIÓN DE ENTRADA

Os deseamos una muy cordial bienvenida a la Eucaristía. Hoy Jesús de Nazaret nos va enseñar que el amor a los hermanos, la piedad por los enfermos y por los que sufren, está por encima de cualquier ley y de cualquier precepto. Viene bien en este día las palabras de San Agustín que dicen; “Ama y haz lo que quieras”. Jesús se saltará la ley judía, tocará con cariño al leproso y le curará dedicándole una sonrisa. Pero, a su vez, el leproso tampoco respetará el precepto sobre la lepra acercándose al grupo –lo que tenía prohibido—y ruega a Jesús que le cure. Y, sin duda, esta escena del evangelio de Marco resume la gran enseñanza de este domingo sexto del Tiempo Ordinario: el amor es más importante que la ley.


1.- El libro del Levítico, que es nuestra primera lectura, nos muestra la terrible ordenación jurídica y religiosa sobre los leprosos. Ni siquiera podían vestir con decoro. Era la enfermedad más contagiosa conocida hasta entonces y la Ley ponía inhumanos medios para evitar su propagación. La venida de Cristo cambiará radicalmente esa Ley tan dura.

S.- Salmo Penitencial este número 31 que proclamemos hoy. Si reconocemos nuestro pecado seremos perdonados. Si, por el contrario, nuestra soberbia ciega a naturaleza de nuestra falta el perdón no llegará. Nos pide este salmo que dejemos la soberbia y acudamos cerca de Dios, que, como Padre Bueno, perdona y olvida todas nuestras faltas.

2.- La lección de Pablo en el breve fragmento que escucharemos de la primera Carta los fieles de Corinto es singular. Dice que todo lo que hay en el mundo es bueno y sirve para dar a gracias a Dios. Somos nosotros los que distinguimos absurdamente viendo cosas malas donde solo hay buenas. Tendríamos que hacer todo, como nos dice San Pablo, para gloria de Dios, pero no lo hacemos así. Y de ahí, los muchos problemas que sufre nuestro mundo.

3.- Jesús rompe la durísima ley que separaba a los leprosos del mundo. La curación es sin duda la solución universal al problema. Pero a nosotros la enseñanza que recibimos de este texto evangélico es que debemos reconocer nuestras limitaciones, faltas y problemas y como el leproso del Evangelio ponernos ante el Señor para decirle: “si quieres puedes limpiarme”. Encomendar a Él la solución de nuestras angustias. Y, eso sí, cuando nos veamos limpios no dejemos de dar gracias a Dios. No lo olvidemos.

 

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

Este breve oración del Santo Obispo de Hipona, San Agustín, nos acerca, en estos momentos finales de nuestra Eucaristía, a la Santísima Trinidad en la evocación muy inspirada dirigida al Espíritu Santo

 

RESPIRA EN MÍ

Respira en mí

Oh Espíritu Santo

para que mis pensamientos

puedan ser todos santos.

 

Actúa en mí

Oh Espíritu Santo

para que mi trabajo, también

pueda ser santo.

 

Atrae mi corazón

Oh Espíritu Santo

para que sólo ame

lo que es santo.

 

Fortaléceme

Oh Espíritu Santo

para que defienda

todo lo que es Santo.

 

Guárdame pues

Oh Espíritu Santo

para que yo siempre

pueda ser santo.


Exhortación de despedida

Salgamos alegres de la Eucaristía. Confiemos siempre en la ayuda de Jesús. El nos curará de nuestras enfermedades y nos acompañará por los caminos difíciles de la vida. Solo tendremos que decirle: “si quieres puedes curarme.