EL AÑO DE LA VIDA

Por David Llena

Es la hora de la Iglesia. Debemos empezar a actuar como Iglesia. Todos somos Iglesia. Hoy cuando hay cada vez más hermanos que sufren, cuando los gobiernos se ven desbordados, es hora de acercarse a la Iglesia. Como en la época de Jonás, tenemos la desgracia encima, sin saber cómo ese paraíso que nos habíamos ideado de goce y disfrute llamado “calidad de vida” se ha ido corrompiendo.

Lo que en principio era que todos tuviesen lo elemental, ha pasado a ser que unos pocos llevemos al extremo nuestro egoísmo idolátrico, como el rico Epulón, mientras millones de Lázaro se contentaban con las migajas que se disputaban con los perros. Mientras miles de millones de personas mueren, muchos otros llevaban a sus perros a las peluquerías. Mientras millones de personas morían de hambre, muchos gastábamos el dinero en pastillas para que nuestra gula no se acumulara en el abdomen.

La noche que se hizo para dormir, se ha convertido en el aliado para delinquir. Lo era entretenimiento se ha convertido en “religión”. A misa no vamos pero los sábados por la noche son sagrados, no nos reunimos en torno al altar sino en torno a una televisión que retransmite un partido de futbol. Lo superfluo, lo hemos hecho necesario, y lo Necesario lo hemos olvidado e incluso negado.

Y lo natural lo hemos pervertido, ya no se come para vivir sino que se vive para comer. Lo extravagante vende, y lo que vende es lo que se ha convertido en verdad. La mayoría (esa cosa impersonal) es lo que lleva la razón y dicta la verdad, y la mayoría atiende a sus necesidades más primitivas: el hambre y el miedo a perder. La avaricia entre en juego. El poseer otro dios al que idolatrar. Dioses que no sacian y que luego pasarán factura.

El Enemigo se frota las manos, desde aquella “victoria por engaño” del Paraíso, repetirá eternamente su infamia, el engaño y el miedo es lo único que tiene este perdedor. No es más que un pobre diablo.

¿Y las consecuencias de este desenfreno? La más trágica y cruel es el aborto. El aborto se presenta como la solución al disfrute, que si no fuese un asesinato, moralmente sería igual de reprobable que aquellas pastillas que nos ayudan a eliminar los excesos alimentarios. Pero el problema es que, el aborto además, es un crimen. A esto nos llevan, esos excesos ateos de disfrute de la vida. Disfruta de la vida eliminándola del seno materno.

Los cristianos no debemos quedarnos en reprobar este exterminio. Y las almas más cercanas al Dios de la Vida no paran de proponer ideas y llevarlas a cabo en este sentido. Caminos como las asociaciones Provida, el Proyecto Raquel (para acoger a las mujeres que tras abortar sienten un vacío interior), Red-Madre, son la respuesta callada y laboriosa, de multitud de personas que entienden que el aborto no es una solución.

Y a esto se une la campaña de la subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida, de la Conferencia Episcopal Española. Todo aquel que económicamente o con su esfuerzo material no pueda ayudar a estas organizaciones, pueden seguir esta iniciativa de la Iglesia pensad que la oración es un arma muy poderosa. La oración dice así:

María, Madre nuestra,

tú que recibiste a Jesucristo,

Luz y Vida para el mundo,

guía por el camino de la vida

a la madres que han concebido un hijo;

enséñanos a querer a los ancianos,

y a cuidar con amor a los enfermos.

Madre de la Vida y del Amor Hermoso,

ruega por nosotros.

 

Oración para los niños:

Santa María, bendito el fruto de tu vientre

donde nació Jesús nuestra Vida.

Madre de los niños,

enséñanos a cuidar el don de la vida.

Animémonos a seguir esta propuesta de la Conferencia Episcopal Española.

 

SATIRO

Por Pedrojosé Ynaraja

Desde hace años, lo he repetido más de una vez, leo diariamente un fragmento de la Biblia. No me refiero a la lectura litúrgica, sino en privado. Empecé, de esto hace muchos años, llevándome conmigo siempre un ejemplar de pequeño tamaño. Lo compré en Francia y se trataba de la traducción llamada de Jerusalén. Ese tomo lo regalé a una amiga cuando emprendía la maravillosa aventura cristiana de marchar de misionera al Congo. Aventura que continua viviéndola. Se lo dediqué con el siguiente texto: que tu vida y tu final sean con Jesús-Eucaristía en la boca, Jesús-Palabra en las manos y Jesús-Místico a tu alrededor. Hube de volver al mismo lugar para conseguir otra Biblia igual para mí. Más tarde compre una edición en castellano, que es la que ahora llevo siempre conmigo.

El segundo paso, la lectura diaria, no sé cuando lo di. Recuerdo lo molesto que me resultaba entonces, recordar donde había acabado exactamente el día anterior. Supongo que sería la quinta vez que, para evitar el inconveniente, decidí anotar con lápiz la fecha. Esta decisión me alegra ahora cada día, cuando al tomarla, compruebo las tres ocasiones que leí el fragmento.

Debo añadir que, al interés de la lectura, se le añadió el conocimiento de los lugares bíblicos, ya que en 1972, por primera vez peregriné a Tierra Santa y van quince veces que lo hago. Otrosí, he conocido a alguno de los traductores de la versión francesa y de la española. Advierto esto, porque ahora leo con atención las notas a pie de página y al ser diferentes los autores, es también diverso el estilo y el tenor de los comentarios. De alguna manera, en ciertos casos, la experiencia semeja un encuentro personal con el comentarista.

Ahora viene lo curioso. Tanto esfuerzo y tantos diccionarios consultados, no me ahorran la sorpresa de que, de cuando en cuando, me encuentre con referencias a animales o plantas que no había descubierto anteriormente. Ha sido estos días cuando he topado con el vocablo sátiro. De inmediato pensé en el género literario llamado sátira, pero en este caso se refería a la imagen de algo que no sabía definir con exactitud. Vuelta a diccionarios, especializados, generales y a Wikipedia, cibernético, útil, con reservas, y de rápido uso. Mi interés se deriva de que descubro que la palabra sale en la Biblia en 5 ocasiones: Levítico, II Crónicas y 3 veces en Isaías. Nueva sorpresa, la descripción del sátiro se parece a la del dios Pan. Recorro los más de un centenar de archivos fotográficos de Cesarea de Felipe y compruebo que los nichos de la divinidad están vacíos. ¿Dónde, pues, los he visto?, me pregunto. Caigo en la cuenta que en el Museo de Israel. Allí no permiten sacar fotos. Basta de divagaciones. Sátiro es una criatura de mitología foránea. Pertenece al séquito de Dionisio. Se le representa como del género masculino, de espesa cabellera y dos incipientes cuernos en la frente.

La Biblia se refiere a él como un ser repugnante y algo dañino. Ni afirma, ni niega su existencia. Como nuestras referencias a los fantasmas, al hombre del saco o a la mano negra, pertenecientes a nuestra cultura. Si le preguntásemos al profeta por su realidad, probablemente nos contestaría como aquello de las meigas, que no existen, pero que haberlas haylas. Mas que discutir si existen, debemos sacar lecciones de las referencias. En las dos primeras se nos enseña que cuando el hombre se aparta de la debida reverencia a Dios, cae con frecuencia en el pánico de la superstición. Y en los restantes que de donde se ha apartado al Señor, pulula con facilidad el terror. Que conste, pues, que ni es animal ni vegetal, pero que su inclusión en el Texto revelado no desentona.