TALLER DE ORACIÓN

¡HAY DE MÍ SI NO ANUNCIO EL EVANGELIO!

Por Julia Merodio

Evangelizar.- ¡Ahí está la gran tarea! Hay que evangelizar.

Hace unos días recibí un correo que, con todas esas cosas que corren por Internet, su certeza es muy cuestionable; pero en él se decía que, en un lugar concreto de España, se va a aprobar una ley de actividades religiosas. Quizá muchos ya lo habréis recibido y leído en su totalidad, pero para los que no lo hayan visto, entre otras cosas dice: “para reunirse en un lugar religioso, este necesitará licencia; una licencia que la dará o la quitará el ayuntamiento. Naturalmente el ayuntamiento podrá quitarla en el momento que lo considere oportuno; y si se aprueba la ley, cualquier alcalde podrá cerrar una parroquia porque no tiene licencia para realizar actividades religiosas, o porque a él no le parezca bien el que la tenga” Sigue mucho más, pero lo dejaré aquí.

¡Me quedé perpleja! No por la veracidad del hecho, que la desconozco, sino porque alguien intenta sembrar desconcierto y destrucción, de la peor manera que puede hacerse, dejando en los corazones un poso de resentimiento, para que mientras la discordia se adueñe de la situación, el evangelio quede relegado, olvidado y enterrado.

Parece increíble que, en un mundo tan culto todavía no se hayan dado cuenta de que, la Palabra de Dios, jamás podrá ser callada ni anulada por nadie. Lo dice el mismo evangelio: “Mis Palabras no pasarán” Y me parecía increíble que, en este momento de la historia, sea precisamente ese mundo tan ilustrado, el que más necesite de evangelización.

Observaba que, todo esto, me hablaba hoy a mí en primera persona. Llevo demasiados años compartiendo, con todos vosotros, el evangelio de Jesucristo, sin embargo me daba cuenta de que no me sentía evangelizadora; es como si esa palabra, así pronunciada, me quedase demasiado grande y sin embargo tenía claro que esta era mi opción por la que sigo esforzándome, aunque a veces me cueste tanto, y quiero ser fiel a ella mientras el Señor me dé fuerzas para realizarla.

Pero llega un nuevo interrogante: ¿No será que ser evangelizador, conlleva demasiado riesgo y requiere demasiada exigencia? Comprendí que tenía que orarlo largamente; y al ponerlo en manos del Señor, encontré demasiadas respuestas. Plasmo algunas de ellas.

Un evangelizador necesita:

--Conocer la verdad del evangelio, por lo que tendrá que llegar a él con asiduidad para ir interiorizando su mensaje.

--Necesita reconocer al Espíritu Santo como primer agente de evangelización, y tener la actitud necesaria para acoger la acción de Dios en su vida.

--Saber que la acción de Dios es una llamada a cada situación particular, por lo que deberá ayudar a los hermanos, para que ellos, también tengan su encuentro personal con el Señor.

--Un evangelizador, tiene que hundir sus raíces en la tierra viva del Evangelio, teniendo a Jesucristo como centro de su vida.

--Un evangelizador ha de vivir, profundamente, su pertenencia a la Iglesia de Jesucristo, sintiéndose activo en ella.

--Un evangelizador, ha de respetar el ritmo interior de cada persona, para hacer posible el crecimiento, de la semilla de la fe, sin forzarla ni atropellarla.

--Un evangelizador, ha de sembrar, con paz y alegría, la Buena Noticia del Evangelio, aún en medio de las dificultades, seguro de que lentamente, el Reino de Dios, se irá insertando entre los hombres.

--Un evangelizador, ha de estar siempre atento a la voz del Espíritu, sintiéndose instrumento de Dios y siendo para quienes los contemplan imagen de Cristo, capaz de llevar a Él a todos los hermanos.

Por fin había llegado a la conclusión. El mensaje de Pablo sobre la evangelización no podía ser más oportuno. Era un mensaje que incluía a todos; nadie puede quedar excluido de él. Un mensaje que llegaba en el momento más adecuado; todos tenemos constancia de ello. Un mensaje imprescindible, para que nuestro mundo pueda vivir las generosidades del Reino. Y llena de paz, decidí invitaros a llegar a él con un corazón, libre de condicionamientos, para poder acogerlo.

TEXTO PARA LA LECTIO DIVINA: CORINTIOS 9, 16 – 19. 22 – 23

“Hermanos: El hecho de predicar no es para mí motivo de soberbia. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero si lo hago a pesar mío es que me han encargado este oficio. Entonces ¿Cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación de esta buena noticia. Porque siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a todos. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes”

ORANDO JUNTOS CON LA PALABRA DE DIOS

Posiblemente os resulte repetitivo que, todas las semanas, adjunte todos los pasos para la oración. Lo hago para facilitar a las personas que lleguen a la página por primera vez y para aquellas que quieran imprimirlo, porque así no tienen que estar buscando lo de semanas anteriores.

PRIMER PASO: INVITAR AL SEÑOR PARA QUE NOS ACOMPAÑE.

Si se ora en grupo, el animador –que puede ser cualquier persona del grupo- hará una oración invocando al Espíritu para que les ayude a interiorizar la Palabra de Dios; después puede dar paso a los demás para que se impliquen en la oración.

Si la Lectio se hace individualmente, también se hará la invocación al Espíritu. Para este primer momento y por si puede servir de ayuda os adjunto una oración del Cardenal Martini, hecha deliberadamente para la Lectio: “Te damos gracias, Señor, por este tiempo que nos concedes para escuchar tu Palabra.

Te pedimos que hagas en nosotros oyentes atentos, porque en tu Palabra está el secreto de nuestra vida, de nuestra identidad, de nuestra verdadera realidad a la que somos llamados. Aleja de nosotros, Señor, todo prejuicio, toda prevención, todo preconcepto que nos impediría acoger libremente la Palabra de tu Evangelio.

María, Madre de Jesús que meditabas en tu corazón las palabras y los hechos de tu Hijo, haz que te imitemos con sencillez, con tranquilidad y con paz. Quita de nosotros todo esfuerzo, ansia o nerviosismo y haznos atentos oyentes para que nazca en nosotros el fruto del Evangelio”

SEGUNDO PASO: LEEMOS EL TEXTO

Todos los participantes en el grupo deberán llevar la Biblia. El animador señala el capítulo y los versículos correspondientes y espera hasta que todos los hayan buscado. Después pide alguien del grupo que lea en voz alta y al acabar la lectura todos permanecen en silencio durante un rato.

TERCER PASO: NOS DETENEMOS EN EL TEXTO

Sin perder ese clima de silencio, los participantes van leyendo, en voz alta, una palabra o una frase que para ellos haya resultado importante o haya llamado su atención. Después de cada intervención se dejan unos instantes de silencio. Los participantes pueden repetir interiormente las palabras pronunciadas para que todo ello se vaya grabando en el interior.

Cuando esta forma de oración se repita varias veces observaremos que las palabras más corrientes empiezan a tener una relevancia importante. Una vez que, haya pasado un tiempo prudencial, o ya no haya intervenciones se vuelve a leer el texto en voz alta y muy lentamente.

CUARTO PASO: GUARDAR SILENCIO

Una vez leído el texto, el animador invita a todos a permanecer en silencio e indica el tiempo que durará (tres o cuatro minutos) con el fin de prepararnos para meditar juntos la Palabra que se ha elegido.

QUINTO PASO: COMPARTIMOS LO QUE EL TEXTO NOS HA IDO DICIENDO

Se comparte espontáneamente lo que, la Palabra, nos dice al corazón. Procuraremos que hablen todos y se evitará divagar en temas ajenos al elegido. Al leer este trozo de la carta a Corintios, se descubre la importancia que ha tenido para Pablo su encuentro con Jesucristo. La fascinación que le dejó ese encuentro, lo lleva a pregonar las maravillas que, puede proporcionar el caminar en busca del Rostro de Dios.

Pero no olvidemos que Pablo era una persona preparada; había estado formándose para ello un tiempo considerable; por eso, de lo profundo de su corazón salen esas enseñanzas que plasma con la mayor sencillez y sinceridad. Sin embargo lo que quiere dejar claro es que no se busca a él, sino a Cristo con quien se había encontrado. Y lo dice así “el hecho de predicar no es para mí motivo de soberbia” ¡Cómo va a haber soberbia en anunciar lo que ocupa su corazón!

Es un texto muy clarificador para los que intentamos seguir ese camino y para nuestra reflexión personal, encuentro en él varios puntos importantes:

--El anuncio del evangelio ha de hacerse desde una gratuidad total.

--El anuncio del evangelio, ha de ser para llevar a los demás la Buena Noticia de Jesús, no la nuestra. Buscando la mayor gloria de Dios, no queriendo la gloria de nosotros mismos.

Teniendo en cuenta que, unas veces será fácil y otras, complicado, pero en ambos casos nuestra única pretensión ha de ser, llevar el mensaje de salvación, a cualquier rincón de la tierra.

Es elocuente y cuestiona profundamente el que pueda decir el apóstol: Mi paga es anunciar el Evangelio de balde, sin beneficio alguno, ni personal ni económico, valiéndonos sólo de la gracia del Señor.

Porque esto hace personas libres, nos sigue diciendo, ya que nada puede cuestionar; pues cuando se aparcan los condicionamientos es el mismo corazón el que trasmite, encontrando a los hermanos en tu mismo plano, iguales a ti. Es el momento en que puedes ser:

- Esclavo, con los que viven en esclavitud.

- Débil con los que, se han instalado en sus debilidades.

- Pobre, con los que se han sumido en su pobreza.

- Alegre, con los que viven la alegría.

- Bondadoso con los que necesitan compasión…

Y esto ¿para qué? Para ganar a todos –dice Pablo- Porque si, para cada uno de nosotros, participar en el evangelio es lo mejor que nos puede pasar, no podemos escatimar esfuerzos, para que el resto de las personas puedan participar, también de todos estos bienes.

SEXTO PASO: OBSERVAMOS LO QUE EL SEÑOR NOS PIDE

En este momento se trata de ver la vida concreta de cada uno a la luz de la Buena Noticia. Se traerán al compartir las realidades de los presentes y se mirarán formas de actuar, llevando cuidado de no entrar en temas de discusión.

SÉPTIMO PASO: TERMINAREMOS ORANDO JUNTOS PARA DAR GRACIAS

El animador invita a todos a orar de forma espontánea; también se puede elegir para terminar: un canto, una oración por la paz, el padrenuestro cogidos de la mano…. Y así se irá variando cada vez.