LA ORACIÓN DE Y CON JESUCRISTO

LIBRO DE LA SABIDURÍA: CONTEMPLAD SUS OBRAS

Por Antonio Pavía, Misionero Comboniano

"Se despliega vigorosamente de un confín al otro del mundo y gobierna de excelente manera el universo (Sb 8,1).

Dios anuncia su presencia en el mundo por medio de sus obras. Éstas hacen patente que Él es su creador y que han sido hechas con sabiduría. De un extremo a otro del mundo, los rasgos de Dios son perfectamente reconocibles. Digamos que su Sabiduría llena la tierra. De esta forma se expresa el autor del texto.

Podríamos afirmar, salvando las distancias, que hay una influencia entre el autor del libro de la Sabiduría y el salmo 19 cuya primera parte es una alabanza a Yahvé que manifiesta su sabiduría y sus perfecciones en la creación, obra de sus manos: "Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento anuncia la obra de sus manos; el día al día comunica el mensaje, y la noche a la noche transmite la noticia. No es un mensaje, no hay palabras, ni su voz se puede oír; mas por toda la tierra se adivinan los rasgos, y sus giros hasta el confín del mundo" (SI 19,1-5).

Es éste un enunciado fundamental y que, como ya hemos dicho, concuerda con el autor del libro de la Sabiduría: Dios es trascendente, inabarcable, mas no está oculto a los ojos de los hombres. Se da a conocer no sólo manifestándose a un pueblo, sino a todos los hombres por medio de sus obras. Éstas reflejan tanta sabiduría que cualquiera puede llegar a la conclusión de que sólo pueden ser atribuidas a un autor infinitamente sabio y poderoso: Dios. Cada pueblo y cada cultura lo llamará con distintos nombres, pero, en su esencia, todos están de acuerdo en que es creador omnipotente, e infinito en su sabiduría.

Volviendo a los pasajes del salmo que hemos citado, lo que me llama poderosamente la atención es que su autor hace hablar a las obras de Dios, de forma que sean ellas las que confiesen y proclamen sus perfecciones. De ahí la profusión de términos que, de una forma u otra, son sinónimos del verbo hablar con una referencia clara e inequívoca a Dios creador: "Los cielos cuentan, el firmamento anuncia, el día comunica, la noche transmite, por toda la tierra se adivinan sus rasgos hasta el confín del mundo". Es una confesión en sintonía con la del autor del libro de la Sabiduría, quien nos dice que ella gobierna de excelente manera el universo.

En la misma línea catequética se expresa el autor del libro del Eclesiástico. De su boca sale un himno majestuoso al sol, a quien "obliga" a confesar que su grandeza es por sí misma una entonación, una admirable aclamación al creador por haber hecho un astro tan prodigioso: "Orgullo de las alturas, firmamento de pureza, tal la vista del cielo en su espectáculo de gloria. El sol apareciendo proclama a su salida: ¡Qué admirable la obra del Altísimo...! Grande es el Señor que lo hizo, y a cuyo mandato emprende su rápida carrera" (Si 43,1-5).

La intención de los autores de estos textos es muy clara. Se trata de fortalecer la fe del pueblo de Israel en tiempos de crisis y desalientos. Tiempos a los que erróneamente se les llama de ausencia o lejanía de Dios. Israel conoce bien estos tiempos; y Dios, que no quiere que nadie se pierda, les envía a sus profetas para levantarles el ánimo. Como ejemplo de estos hombres de Dios que entraron en la miseria de su pueblo para hacer brillar la esperanza, podemos fijarnos en Isaías.

Éste profetiza a un pueblo que ya no sabe qué creer. Las promesas de su Dios están lejanas en el tiempo, y más lejanas aún en su corazón. Desterrado en Babilonia, conoce el sufrimiento indecible de la peor de las tentaciones: atribuir los acontecimientos salvíficos de Dios en su historia a meras casualidades. Y si tal vez hubo algo que valiera la pena, ya no es el caso porque ese Dios, "si es que existe," está oculto a sus ojos.

Ante una tentación tan cruel como sutil, Isaías invita a su pueblo a fijar sus ojos en lo alto como si les estuviera preguntando: ¿También los astros del cielo son causalidades? "Alzad a lo alto los ojos y ved: ¿quién ha hecho esto? El que hace salir por orden al ejército celeste, y a cada estrella llama por su nombre. Gracias a su esfuerzo y al vigor de su energía, no falta ni una. ¿Por qué dices, Jacob, y hablas, Israel: Oculto está mi camino para Yahvé, y a Dios se le pasa mi derecho?..." (Is 40,26-27).

No, las obras del universo no son fruto del azar sino de una mente inteligente.

Son obras perfectamente premeditadas, son huellas visibles de la sabiduría de Dios. Ellas gritan su presencia. Esto es lo que el profeta quiere grabar a fuego en el corazón de su pueblo, corazón cansado por tantas penalidades, corazón casi escéptico ante lo que entienden como silencio prologando de Dios.

El profeta les grita: Prestad atención, no hay ningún silencio de Dios. Fijaos en sus obras, todas ellas cantan, proclaman, anuncian y gritan su presencia. Ellas son testigos de vuestra historia de salvación. Así como no son fruto de la casualidad, tampoco vuestra historia 10 es. Yahvé, que os salvó de la mano fuerte del faraón, volverá a salvaros. De este modo lo anuncia el profeta (Is 41,8-10) en el capítulo siguiente.