V Domingo del Tiempo Ordinario
8 de febrero de 2009

MONICIÓN DE ENTRADA

Os deseamos nuestra más cordial bienvenida a nuestra Eucaristía. En este domingo quinto del Tiempo Ordinario, Jesús de Nazaret realiza un gran número de curaciones, comenzando por la suegra de San Pedro. El amor que Jesús profesa a sus hermanos transforma el dolor en felicidad, curando todas sus enfermedades. Es cierto que nadie debe buscar el sufrimiento, pero asumirlo con esperanza cuando llega. Siempre Jesús estará cerca para ayudarnos. Hoy, además, la Iglesia celebra la Jornada Mundial contra el hambre. Mientras que en muchos lugares del planeta se desperdicia o se destruye comida en otros se muere de hambre. Es una injusticia terrible que nosotros debemos, hoy, ayudar a remediar. Seamos generosos en nuestras oraciones y en nuestras ayudas económicas. Hay muchos hermanos –pero muchos—que lo esperan todo de nosotros.


MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- El relato de Job, que escucharemos en la primera lectura, parece pesimista. Sin embargo puede ser la realidad de muchos. Hemos de tenerlo en cuenta, la enseñanza de Job es que se sincera con Dios aún en los momentos difíciles. Será una buena enseñanza para nosotros, hoy. Acudir a Dios en todo momento y en toda ocasión.

S.- La replica al aislamiento que el mal o la enfermedad puede producir en nosotros nos dará cumplida respuesta el Salmo 146: “Alabad al Señor que sana los corazones destrozados”. Dios vendrá en nuestro apoyo si estamos cerca de Él.

2.- San Pablo en la Primera Carta a los Corintios, que es nuestra segunda lectura dice que es una necesidad ineludible para él predicar. ¿Y para quién no? La transmisión de la palabra de Dios no es una exclusiva de los curas, ni siquiera de los seglares comprometidos. Es labor de todos. Hemos de llevar el conocimiento de Cristo a nuestras casas, a nuestro trabajo e, incluso, al campo de fútbol o a la peluquería. No es broma, esto último. Todos tenemos el deber de dar a conocer la realidad de Cristo a quien no la sabe.

3.- San Marcos nos va a explicar, en el Evangelio, con la sencillez y profundidad de un pintor impresionista, como es una jornada de sábado de los primeros tiempos de la vida pública de Jesús. Come en casa de Pedro, tras la oración en la sinagoga. Quita la fiebre a la suegra del Apóstol. Luego se dedica, como todos sus días en la Tierra, a hacer el bien y a curar a los enfermos. A la jornada siguiente, muy de mañana, irá a hablar con su Padre. Y luego marchará a otros lugares a seguir haciendo el bien. Ese es su estilo. Nosotros no deberíamos olvidar nunca esa cotidianidad de Jesús dedicada a los hermanos. ¿Y nosotros?

 

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

Esta bella oración, llamada “Plegaria Silenciosa” circula profusamente en Internet. Nos ha parecido interesante incluirla para ser leída en estos momentos finales –de paz y de sosiego—de nuestra eucaristía de hoy

PLEGARIA SILENCIOSA

Le pedí fuerzas a Dios para llegar más lejos,

y me hizo débil

para que aprendiera la humilde obediencia.

 

Le pedí salud para hacer cosas grandiosas,

y me hizo frágil para que hiciera cosas mejores.

 

Le pedí riquezas para ser feliz,

y me dio la pobreza para que fuera sabio.

 

Le pedí poder para ser admirado por los hombres,

y me dio debilidad

para que sintiera la necesidad de Dios.

 

Le pedí todas las cosas para disfrutar la vida,

y me dio vida para disfrutar todas las cosas.

 

No tuve nada de lo que pedí,

pero todo lo que esperaba,

casi a pesar de mí mismo,

mis silenciosas plegarias fueron escuchadas.

 

Soy el más rico en bendiciones

entre todos los hombres.


Exhortación de despedida

Produce alegría y calma saber que el Señor Jesús está siempre dispuesto a ayudarnos, a calmar nuestros dolores y a curar nuestras enfermedades.