V Domingo del Tiempo Ordinario
8 de febrero de 2009

La homilía de Betania


1.- EVANGELIZAR Y SERVIR

Por José María Martín OSA

2.- ACCIÓN Y CONTEMPLACIÓN SIEMPRE JUNTAS

Por Gabriel González del Estal

3.- ¡HAMBRE!

Por José María Maruri, SJ

4.- CON LOS PIES EN LA TIERRA

Por Gustavo Vélez, mxy

5.- EL SEÑOR SIGUE INTERCEDIENDO POR LA HUMANIDAD DOLIENTE

Por Antonio García-Moreno

6.- ¿LA SUEGRA DEL MUNDO?

Por Javier Leoz

7.- EL AMOR DE JESÚS, EL DOLOR Y EL HAMBRE

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


VOCACIÓN

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- EVANGELIZAR Y SERVIR

Por José María Martín OSA

1.- Presentar nuestro corazón lleno de nombres. Job expresa sus sentimientos a corazón abierto. Sus palabras podrían firmarlas muchas personas de nuestro tiempo. No son precisamente una oración, pero lo parecen. Hay mucho en común entre la plegaria y la queja del que ya no puede más. Es otra manera de orar: ir hasta el borde de las situaciones y no negar lo que uno ve, lo que una y otra vez la experiencia nos muestra. La fe no niega lo que vemos, solo nos invita a no detenernos demasiado en lo que daña y a poner nuestros ojos en el Señor. Job deja en evidencia a los amigos incapaces de acompañar en situaciones tan dolorosas. Están demasiado preocupados por justificar la situación, tienen una imagen muy hecha de Dios y de la espiritualidad… todo tiene que cuadrar con lo aprendido. Olvidan que la vida es puro aprendizaje. Y que Dios o está en la vida o no es Dios. La teología que defiende a Dios a costa del hombre no es evangélica. Dios está a favor del hombre, por eso hemos de confiar en El, pues tiene razones que nosotros desconocemos. En un libro del hermano Roger he encontrado esta frase: “a veces, en situaciones exigentes, el ser humano llega a ser plenamente él mismo”. Job es uno de ellos. ¡Como tantos hoy! El pasaje del Libro de Job, es la meditación del hombre probado por el dolor y en diálogo con Dios: El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio, sus días son los de un jornalero; como el esclavo suspira por la sombra, como el jornalero aguarda su salario... La vida del hombre es como un soplo, pasa rápidamente, pero tiene sentido si hemos llevado una vida de servicio y al final podemos presentar ante Dios un corazón lleno de nombres, de las personas que hemos amado y hemos servido.

2.- Pasión por el anuncio del Evangelio. Celebramos los 2000 años del nacimiento de San Pablo, el “apóstol de los gentiles”. Hoy proclama rotundamente: ¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio! La Palabra de Dios es fuego dentro de El y no puede dejar de anunciarla. Él era plenamente consciente de su gran responsabilidad. A él se le confió ese oficio sin beneficio. Y así lo dice explícitamente: mi misión es dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, haciéndome esclavo de todos para ganarlos a todos. Causa siempre emoción volver a esta página suya, de la I Carta a los Corintios. La escribió como un desahogo, y para su justificación ante los fieles de Corinto: “El hecho de predicar no es para mi motivo de orgullo; no tengo más remedio y ¡ay de mí, si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi gusto, eso sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado”. La historia nos habla de los trabajos, fatigas, contradicciones y persecuciones de este gran evangelizador, hecho por el Señor luz de las naciones para llevar a todos el mensaje de la salvación. Un ejemplo admirable, pero también imitable. ¿Y nosotros? Su entusiasmo por el anuncio del Evangelio también me corresponde a mí, como sacerdote, como cristiano, como responsable de una fe que sólo se conserva y se acreciente comunicándosela a los demás. Me agrada que este domingo San Pablo nos diga “me he hecho todo a todos” A la vez defiende su libertad, la que le permite servir a los otros, débiles o rebeldes. San Pablo anuncia el Evangelio de la libertad ante intereses particulares. Intenta el diálogo con la diferencia: “Porque, siendo yo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes”. ¡Qué todos nosotros, sacerdotes y laicos, adultos y jóvenes, religiosas y mujeres del mundo, sepamos imitar este ejemplo, para servir los intereses del Reino de Dios, proclamando siempre el Evangelio, en cualquier ocupación o puesto que tengamos en la vida!

3.- “Se levantó y se puso a servirles” A Jesús lo vemos hoy en la casa de un amigo, ayudando a que una mujer sea ella misma. Da su mano para que esa mujer pueda ponerse de pie y valerse por ella misma. La respuesta de ella será ir más lejos, ponerse a servir. El final del día encontramos a Jesús sanando a otros enfermos. Estará entre los excluidos a causa de su enfermedad… escuchando quejas… plegarias como lamentos… voluntariamente se sitúa en el lugar por donde pasa la vida doliente. Dios en Jesús ha elegido el lugar social carente de esperanza, más sometido a prueba. Quiere dignificar la vida. El relato de Marcos tiene una viveza admirable. En su misma brevedad, conserva toda su frescura: ni sobra ni falta un detalle; es un buen modelo de información periodística: La suegra de Simón estaba en cama con fiebre y se lo dijeron enseguida. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Los Padres de la Iglesia, al comentar este texto suelen fijar su atención en dos de las expresiones que aquí se encierran: Jesús "la levantó"; ella "se puso a servirles". El primero de estos verbos: "levantarse" les recuerda el misterio de la resurrección. Jesús se "levantó" del sepulcro. Jesús "ha resucitado". La otra expresión se refiere al servicio. . La mujer suegra de Pedro es una de las figuras del Evangelio que, con su actitud, nos recuerdan a dónde debe llevarnos la fe, la gratitud y el amor de Jesucristo. No se contenta con ser librada de la fiebre, se pone inmediatamente al servicio de Cristo: “Le servía con sus manos, le servía con sus pies; andaba de acá para allá, y veneraba a aquél que la había curado. Sirvamos también nosotros a Jesús (San Jerónimo, Coment. in Marc. 2).

4.- Combatir el hambre, tarea de todos. Donde está Jesús hay vida, crece la vida, se lucha por la vida. Esto es lo que descubre, con gozo, quien lee esta página de Marcos o recorre todo su evangelio. Se encuentra con ese Jesús que cura a los enfermos, acoge a los desvalidos, perdona a los pecadores, sana a los poseídos por espíritus malignos, se preocupa por quienes tienen fiebre… Donde está Jesús hay amor a la vida, interés por el ser humano, pasión por la liberación de todo mal. No olvidemos nunca que la imagen primera que nos ofrece el relato evangélico es la de un Jesús que cura y sana, atento a los males y dolencias de los demás, un hombre que difunde la vida y restaura lo que está enfermo. Por eso encontramos siempre a su alrededor los desheredados de la humanidad: poseídos, enfermos, leprosos, paralíticos, ciegos, sordos, marginados…, personas a las que les falta vida. Jesús humaniza, libera, devuelve la alegría y vida a todos. Jesús siente pasión por la vida, y desde la cruz nos enseña a llevar las nuestras. Quiere que sintamos su presencia amorosa en nuestro dolor para que se convierta en Vida. En esta jornada de la “Campaña Contra el Hambre” de Manos Unidas debemos ser conscientes de que “Combatir el hambre es proyecto de todos. Nuestro compromiso brotará de la experiencia de Jesucristo. Por eso tenemos que poner siempre atención a dos peligros, contra los que hoy mismo nos previene el ejemplo de Jesucristo: El olvido de la oración y del trato íntimo con El. Jesús no lo olvidó nunca, después de una jornada agotadora “se marchó al descampado y se puso a orar”.


2.- ACCIÓN Y CONTEMPLACIÓN SIEMPRE JUNTAS

Por Gabriel González del Estal

1.- En el evangelio de este domingo se ve muy claro: Jesús de Nazaret, después de ejercer su acción misericordiosa con la suegra de Pedro y con los enfermos y endemoniados que la población había agolpado ante su puerta, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Seguro que más de una persona de esa multitud que había experimentado el gran poder taumatúrgico de Jesús le insistía y le rogaba que se quedara con ellos. Tener a un tan gran médico y taumaturgo en casa sería para ellos, sin duda, una garantía de salud. Pero Jesús que, humanamente, se gastaba y se desgastaba diariamente sanando las dolencias y sufrimientos de su gente, necesitaba de vez en cuando descansar y llenar su espíritu de nueva fuerza y vigor; esto lo conseguía mediante la oración, entrando en comunión directa con el chorro de poder y de gracia que le manaba directamente desde su Padre. Entrando en comunión directa con su Padre Dios, Jesús sentía que sus fuerzas, humanamente limitadas, se agrandaban y se confortaban. Esta lección humana y teológica que Jesús nos da en el evangelio de hoy, debemos tenerla siempre en cuenta los cristianos. No basta con trabajar humanamente mucho y hacer muchas cosas, aunque sean todas muy buenas; necesitamos detenernos un tiempo y entrar en comunión espiritual con nuestro Padre Dios y beber del manantial de gracia y sabiduría que nos reconforte y nos ilumine interiormente. Necesitamos siempre orar. Ya sé que toda buena acción es oración y que toda oración es buena acción. Pero hay que saber distinguir tiempos y necesidades, tiempo y necesidad de trabajar y tiempo y necesidad de orar. Si pretendemos que toda nuestra vida sea acción podemos caer en un activismo desgastador y desequilibrante; si pretendemos que toda nuestra vida sea contemplación y comunión directa con Dios, podemos desentendernos de las necesidades del prójimo, de nuestros hermanos. Ni una cosa ni otra son cristianas. Cristo no vivía así y seguro que prefiere que sus discípulos intenten vivir como él vivió.

2.- El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio. El libro de Job es un libro lleno de mensajes e intuiciones humanas y teológicas, que puede servirnos de libro de oración y meditación en muchos momentos de nuestra vida. ¡Cuántas veces, en las noches más oscuras de nuestro diario vivir, podríamos decir también nosotros, como Job: se alarga la noche, y me harto de dar vueltas hasta el alba! En esos momentos es bueno que pensemos, como Job, que Dios nos ha enviado aquí, a la tierra, para cumplir una misión y un servicio, y que debemos cumplir este encargo de nuestro Dios, con fortaleza y amor. Somos jornaleros de Dios y sabemos que, en nuestras jornadas diarias, unas veces brillará el sol y otras veces nos inundarán las sombras. Podremos sentir, a veces, el desánimo y el desaliento, pero siempre debe triunfar, al fin, la esperanza de que Dios vendrá en nuestra ayuda y nos dará un salario de amor superior a nuestro cansancio y a nuestro esfuerzo.

3.- ¡Ay de mí si no anuncio el evangelio! Pablo entendió, desde el momento mismo de su conversión, que Dios le había encomendado la misión de predicar a los gentiles el evangelio de Cristo. El mandato del Señor le resonaba todos los días en su corazón y se sentía como forzado por la palabra de Dios a seguir y seguir anunciando el evangelio todos los días. Sentía que no tenía más remedio, pero no aceptó el encargo del Señor como esclavo, sino como persona libre. Por amor a su Dios y con libertad se hizo esclavo de todos para ganar a los más posibles. Pablo dedicó su vida a predicar el evangelio y lo hizo con su palabra y con su ejemplo. En este año paulino, también nosotros debemos ofrecer a Dios nuestro propósito de dedicar nuestra vida a la predicación del evangelio de Cristo. Con valentía, con libertad y con amor.


3.- ¡HAMBRE!

Por José María Maruri, SJ

1.- De cuatro sentados a la misma mesa mientras yo dejo comida porque si no me sube el colesterol o tengo que someterme a un régimen para adelgazar, el de mi derecha come la mitad que yo, y el de mi izquierda me mira con envidia porque come una cuarta parte. Y el que se siente frete a mi me mira, tal vez, con odio porque no tiene qué comer. Esta es nuestro mundo actual donde 1.000 millones de personas pasan hambre.

“Toda persona tiene derecho a un nivel de vida que asegure su salud, su bienestar y el de su familia, especialmente en cuanto a alimentación, vestido, vivienda, atención médica y a los necesarios servicios sociales” dice al artículo 25 de la Declaración Universal de los derechos del Hombre, firmada por los que en un día de guerra –Iraq, Afganistán…-- gastan en destruir y matar lo mismo que Manos Unidas recoge para construir y dar vida en un año… ¡Qué caro es matar y qué barato es ayudar a vivir!. No se sabe las victimas de las pocas semanas de guerra en Gaza, pero sabemos que en una semana mueren casi 300.000 niños de desnutrición.

2.- Ya sé que la economía es muy complicada, ya sé que la economía de libre mercado obliga muchas veces a premiar a los labradores que no siembran, a que se almacene la mantequilla y se la dé de comer a los becerros, a comprar a los agricultores el trigo y tenerlo almacenado en silos, donde después se estropea, para mantener los precios dentro de unos límites.

Lo que no sabe uno es si el Señor, que no entiende de economía, o si no sabe de derecho internacional y sí sabe mucho del derecho a la vida y la felicidad que tiene hasta el más pequeño de sus hijos… Digo, si el Señor lo entenderá.

No sé que pensará el Señor, que para hacernos olvidar las leyes económicas pasa hambre el pobre y nos tiende su mano, “porque tuve hambre y me disteis de comer”. No sé cuando al fin se decidirá a decir “tuve hambre y NO me disteis comer”, con todas las consecuencias del “apartaos de mi malditos”. Ojo, que son palabras del Señor Jesús.

3.- “Parte tu pan con el hambriento y tu luz iluminará como aurora…”. Ha habido hambre siempre, en la Edad Media era endémica y los monasterios eran la única Seguridad Social para los que ya no podían trabajar. La Iglesia, muy a pesar de lo que se dice, ha sido siempre luz como de aurora para los necesitados. Manos Unidas, Cáritas y tantas otras organizaciones instituciones atienden sin distinción de raza o ideario político a todo el que tiene necesidad. Las Hermanas de la Caridad y tantas otras instituciones de monjitas, la Madre Teresa y sus continuadoras, son verdadera luz en la tiniebla del abandono y del hambre.

4.- Pero cada uno de nosotros debemos ser, dentro de la Iglesia, luz de aurora. Todos somos ricos en comparación del que no tiene nada. “Parte tu pan con el hambriento” no nos habla del pan que nos sobra, sino del pan que iba ya camino de nuestra boca… Da parte al que lo necesita más que tú...

¿No sería posible que todos viviéramos una vida más sencilla? ¿No seríamos todos más felices teniendo menos necesidades? ¿No está la felicidad en tener menos y dar más? Porque el más feliz el que da que el que recibe.


4.- CON LOS PIES EN LA TIERRA

Por Gustavo Vélez, mxy

“Al salir Jesús de la sinagoga fue a la casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama. Jesús se acercó, la tomó de la mano y la levantó. De inmediato se le pasó la fiebre”. San Marcos, Cáp. 1.

1.- En esta ocasión nos enteramos que Simón Pedro era casado. Nacido en Caná de Galilea, vivía en Cafarnaún dedicado al negocio de la pesca, habiendo acogido en casa a su suegra. También el libro de Rut nos presenta a Noemí, ayudada por su nuera en tiempos difíciles. Aunque sería el efecto de alguna afección respiratoria o digestiva, parece que “fiebre alta”, significaba entonces una enfermedad en sí misma. Y al ignorar su origen, trataban de vencerla por métodos artesanales.

El Evangelio apunta que Jesús se hospedó muchas veces en el aquel hogar. Pero no consta que el apóstol hubiera rogado por su suegra. Sin embargo, los cánones de la buena amistad y de la cortesía, nos piden adelantarnos a servir antes que nos lo pidan. Cuenta San Marcos que el Señor, al medio día, luego de asistir a la sinagoga, se dirigió a la casa de Pedro. Acercándose al lecho de la enferma, la tomó de la mano y la levantó. Ella de inmediato se puso a servirles. Es decir, quedó sana al instante. Los evangelistas no aportan más comentarios sobre el hecho. Añaden que ya por la tarde, terminado el descanso sabático, mucha gente acudió en busca del Señor, trayéndole numerosos enfermos.

2.- Descubrimos en este pasaje las comunes circunstancias de un discípulo del Señor. Pedro, en este caso. Alguien de buena voluntad, que gastaba su vida en las faenas diarias. Con su peculiar temperamento y una suegra achacosa. Pero muchos creyentes ubicamos nuestra existencia sobre dos planos distintos. Uno de ellos ideal, donde todo sería positivo, sereno, hermoso, amable. Donde ninguna tempestad nos perturbe. Y suspiramos que llegue ese día para poner por obra muchas cosas, entre ellas el seguimiento de Cristo. Es decir, la conversión personal, una vida según el evangelio, el servicio a los necesitados. Pero el Señor, para salvarnos, nos necesita en nuestro hábitat real. Sobre ese marco gris y deslucido, donde respiramos y vivimos a diario, colmados de preocupaciones.

3.- “Yo soy yo y mi circunstancia”. Así nos definió Don José Ortega y Gasset. Circunstancias no muy brillantes ni gloriosas para muchos de nosotros: El mismo deber de cada día. Los miedos, los cansancios y las enfermedades propias de un hijo de vecino. Sin embargo todo ello puede volverse historia de salvación, porque Jesús quiere llegar hasta nosotros. Abramos entonces las puertas al Redentor, como decía con frecuencia Juan Pablo II.

De la casa de un hombre adinerado, que añoraba siempre días mejores para empezar a vivir su fe, salieron furtivamente un par de sus zapatos. Recorrieron varios almacenes de calzado con una consigna sediciosa: ¡Todos al bosque! ¡Todos al bosque! Y las estanterías de muchos negocios se fueron quedando solas, mientras una abigarrada procesión abandonaba la ciudad. Sin embargo, alguno se atrevió a preguntar. ¿Qué sentido tiene esto? ¿Vamos a formar un partido político, a integrar un frente subversivo? Nada de eso, dijeron sus caudillos: ¡Todos al bosque! Deseamos que así los hombres aprendan a poner sus pies sobre la tierra.


5.- EL SEÑOR SIGUE INTERCEDIENDO POR LA HUMANIDAD DOLIENTE

Por Antonio García-Moreno

1.- ¡Ay de mí si no evangelizara! -El corazón de Pablo se expansiona con los cristianos de Corinto. En el pasaje paulino de hoy, nos aclara que la razón de que él predique el Evangelio de Cristo no está en su propia voluntad, sino en la de Dios. "No tengo más remedio, dice, y ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio".

La sinceridad del apóstol es muy grande. Confiesa que el predicar el mensaje de Cristo le cuesta, se le hace a menudo duro y difícil. Y es lógico que sea así, ya que en muchas ocasiones tendrá que enfrentarse con los hombres, echarles en cara sus negligencias, sus miserias, sus maldades. Y decir verdades que hieran, señalar soluciones que son heroicas. Hablar de la cruz cuando el hombre tiene como ley la del mínimo esfuerzo.

Pero ¡ay del apóstol si no evangelizara!, ¡ay del que calle cuando tiene el derecho y la obligación de hablar! El silencio de un enviado de Dios, además de una vil cobardía, es un gran pecado que puede ser la causa del daño más grande para un hombre, la pérdida de la fe.

Pablo hace alarde de su libertad en más de una ocasión. En la lectura de hoy, habla una vez más de su condición de hombre libre que ama la libertad. Sin embargo, dice a continuación, que siendo del todo libre, se hace siervo de todos para salvarlos a todos, se hace judío con los judíos para ganar a los judíos. Detalladamente explica cómo se hace todo para todos, para salvarlos a todos.

Es una consecuencia de su amor a Dios y a los hombres. Con tal de salvarlos está dispuesto a los más grandes sacrificios. De ahí esa enorme transigencia con las personas, esa delicadeza en el trato, esa comprensión sin límites. Con esta postura de comprensión hacia las personas, contrasta su firme intransigencia a la hora de defender los principios del Evangelio. Con motivo de esto llega a decir que si un ángel del cielo bajase y les anunciara un evangelio distinto, ese ángel sería un hereje digno del anatema. Hay cosas que son intocables para el hombre, por la sencilla razón de que Dios lo ha determinado así. El contenido de la fe es un depósito que Cristo ha confiado a sus apóstoles y que nadie puede en absoluto cambiar nunca.

2.- Acción y oración de Cristo.- Jesús fue muy amigo de sus amigos. Supo querer a quienes había elegido para que le ayudaran en la gran tarea que le había traído al mundo. Así muchas veces lo contemplamos en el Evangelio rodeado de sus discípulos, departiendo con ellos con sencillez y cordialidad. Él participa de sus preocupaciones y problemas, entra en sus casas, conoce y trata a los familiares de los suyos. Es bonito ver al Maestro que viene a la casa de Pedro a curar a su suegra, a quitar la fiebre a esa pobre viejecita que sufría, seguramente por verse incapaz de ayudar y dando trabajo a los demás.

Qué contenta debió sentirse al verse curada. Cómo sonreirían los discípulos al verla afanosa por servir al Maestro y los que le acompañaban. Es una escena entrañable de la vida familiar, que Jesús bendice con su presencia bienhechora. Lección de buenas relaciones entre quienes con alguna frecuencia hay desavenencias y celos, cuando no rencor e incomprensión. El Señor nos enseña a preocuparnos por los ancianos enfermos. La suegra de Pedro nos anima con su ejemplo a saber servir, también cuando los muchos años pesan.

Continúa el texto evangélico diciendo que la gente se agolpaba para ver a Jesús. Podemos afirmar que también ahora las muchedumbres se sienten atraídas por el Señor y acuden tras de él, ávidas de su palabra y de su consuelo, necesitadas de la curación de tantas llagas como a veces laceran el corazón humano. El Señor sigue intercediendo por la Humanidad doliente. Sus manos de taumaturgo siguen bendiciendo por medio de su máximo representante, el Sumo Pontífice, así como a través del más humilde de sus sacerdotes. Su Palabra sigue descendiendo como lluvia suave sobre nuestra tierra reseca, para limpiar y fecundar, para despertarnos a la vida y a la esperanza.

Nos dice luego el pasaje que hoy contemplamos que Jesús, aunque asediado por las multitudes, buscaba el silencio para orar a Dios por los hombres. También nosotros, a pesar de estar metidos en tantas tareas humanas, hemos de buscar el silencio para escuchar a Dios, para hablarle sin palabras quizás. De lo contrario la vorágine de los días y las cosas nos envolverá, arrastrándonos hacia la superficialidad y el vacío interior.

Aunque parezca un contrasentido, para llegar al corazón del hombre tenemos que penetrar primero en el de Dios. Y esto sólo se consigue a través de la oración, sobre todo de la mental, la que nos pone en sintonía con el sentir de Dios, la que nos alcanza su perspectiva luminosa.


6.- ¿LA SUEGRA DEL MUNDO?

Por Javier Leoz

-Sí; la suegra de los enfermos de sida (una cuarta parte de los que hay en el mundo atendidos por la Iglesia Católica)

-Sí; la suegra de miles de ancianos dignamente asistidos (un 30% cuidados por instituciones católicas)

-Si; los miles de niños atendidos en cientos de orfanatos y de drogodependencia

-Sí; los miles y miles de pobres, en misiones o en países desarrollados que encuentran en la Iglesia esa mano tendida de Jesucristo.

-Si; los miles de hambrientos que, en este día, a través de MANOS UNIDAS extienden su mano para hacernos comprender que hemos de combatir para erradicar el hambre en el mundo.

1.- Hay muchas formas de encontrarse con “la suegra de Pedro” en los tiempos que vivimos.

La debilidad humana sigue acampando a sus anchas en la tierra de los vivos. Y, precisamente por eso, la Iglesia –siguiendo la indicación de Jesús- sigue saliendo del templo al encuentro de los que, con fiebre alta o baja, horas grandes o pequeñas, necesitan palabras de consuelo, ayuda, estímulo y reconocimiento.

Si Jesús vino a reconocer y enaltecer a los sufridos, no es menos cierto que la Iglesia –siglos después- sigue estando al lado de la cabecera de millones de hombres y mujeres sufrientes.

No nos puede importar demasiado el hecho de que la amplia labor de la Iglesia no se reconozca. Nos tiene que quedar la satisfacción de que estamos en el camino correcto. Que, salir al encuentro de los que sufren, es para nosotros un motivo de gloria y de crecimiento espiritual y humano.

2.- El Reino de Dios comienza allá donde existe un surtidor de caridad, una semilla de cariño, una mano tendida al abatido.

Qué gran lección la de Jesús en el evangelio de este domingo: sale con sus discípulos de la sinagoga y, en la casa de Pedro, actúa maravillosamente. Una vez más habla con autoridad: hace lo que dice. Habla, camina, entra en casa de Pedro y cura. Las obras le acompañan. Las obras le hacen coro. No necesita más refrendo ni más marketing que su infinita misericordia. Repito: ¡sus obras le acompañan! ¡Sus obras le hacen coro!

Sólo una vida profunda es capaz de recomponer las fuerzas gastadas a favor de los demás. Miremos al Señor; se retira a un descampado. No se conforma con hacer el bien. Sabe que, de igual forma, ha de estar en comunión con el Supremo, con Aquel que es su fortaleza. La razón del surtidor de la bondad.

Tampoco nosotros nos hemos de contentar con cumplir, más o menos, con unos fines sociales. Entre otras cosas porque, tarde o temprano, la salud, el cansancio, las decepciones u otros aspectos dan al traste con nuestros más altos ideales. Es bueno, por ello mismo, descansar en Aquel que nos da la fuerza necesaria e ilimitada para seguir desviviéndonos por los demás.

Cristo no vivió ajeno a esa fuente de energía, de luz, de gracia y de consejo que es la oración.

3.- Hoy está muy de moda las ONG el altruismo, etc. ¿Durarán muchos años? La experiencia de la Iglesia, en cambio, nos dice que si se ama con amor de Dios, el amor es eterno; si se sirve con las manos de Dios, el servicio es constante; si se transforma el entorno con la sabiduría de Dios, la sociedad se hace más justa y fraternal.

Que el Señor con una oración profunda y sentida, nos haga recapacitar también hacia qué compromisos nos hemos de encaminar como Iglesia, como parroquia, como familia. Entre otras cosas porque hacer hoy el bien aquí, implica coger fuerzas para hacerlo mañana en otra parte.

Hoy, además, Manos Unidas, esta institución eclesial que tanto hace a favor de los países más subdesarrollados nos invita a ser conscientes de que, como cristianos, no hemos de olvidar aquel proyecto en el que Jesús con tanto entusiasmo se incorporó: dar pan al hambriento. Que nuestra generosidad, en este día, sea también una forma práctica y real de rebajar un poco tanta penalidad y pobreza que existe en nuestro mundo.

4.- QUE NO ME OLVIDE, JESÚS

Que puedo curar, sin ser médico

Que puedo aliviar, sin ser medicina

Que puedo hacer sonreír,

sin tener el título de payaso.

QUE NO ME OLVIDE, JESÚS

Que el cariño que se da,

es salud para el que se encuentra enfermo

Que la palabra con amor,

es inyección para el moribundo

Que una visita, más pronto que tarde,

es bálsamo que disipa la soledad

QUE NO ME OLVIDE, JESÚS

Que, si avanzo por tus caminos,

el sufrimiento humano

no ha de ser ajeno a mi sendero

Que, si digo ser de los tuyos,

he de luchar contra la fiebre

de aquel que se encuentra endiosado

de aquellos otros que están perdidos

de otros tantos que se encuentran

postrados en la cama de su aflicción,

soledad, abandono, miserias,

desprecios, humillaciones o enfermedades

QUE NO ME OLVIDE, JESÚS

Que tu mensaje se mantiene vivo

no sólo en el árbol de la palabrería

sino en el fruto de las buenas obras

Que tu mensaje se difunde con fuerza

cuando nuestras manos son alivio,

esperanza y fuerza moral

para los que se sienten desarmados

y sin más horizonte que la muerte.

QUE NO ME OLVIDE, JESÚS

Que tus preocupaciones,

han de ser las mías

Que tus desvelos,

han de contar con horas de mis horas

Amén.


7.- EL AMOR DE JESÚS, EL DOLOR Y EL HAMBRE

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Creo que, en general, hoy, en nuestra época, sorprende bastante el Libro del Job. Es un compendio de sufrimientos tolerados por el Señor y producidos por el ataque del Maligno. Vivimos en unos tiempos en los que se esconde el dolor o se disimula. Hay que tener buen aspecto para triunfar en la vida. Pero, además, el sufrimiento desmorona, destruye, hace más daño psicológico que el propio y objetivo dolor que produce. No se trata de buscar el dolor. Eso siempre tendrá algo de masoquismo. Se trata de soportar el sufrimiento –físico o moral—en la medida que sea posible. Cuando llega una enfermedad hay que hacer todo lo posible para curarla, y, naturalmente, pedir al Señor Dios que nos cure, pero jamás obviar el adecuado empleo de la medicina y de la farmacopea. Job resiste el sufrimiento. Eso es cierto, aunque se lamenta de él. También ello es razonable. A veces la queja en busca de consuelo ayuda mucho, sobre todo cuando dicho consuelo fraterno llega. Por otro lado, el fragmento del Libro de Job que hemos leído lo que nos narra es una situación habitual: un tiempo de dificultades que acontece a muchos hombres y mujeres de hoy y de todos los tiempos. Probablemente, la aceptación de que la vida es difícil y problemática nos ayudará a vivirla mejor.

2.- Como se ha dicho muchas veces, en la liturgia de la misa, siempre, la primera y la tercera lectura, el evangelio, guardan relación y tienen coincidencias. Pero, tal vez, hoy no lo sea tanto. Es verdad que Job relata una existencia difícil. Es verdad, asimismo, que Jesús de Nazaret se encuentra el mal y la enfermedad por doquier, pero lo remedia. Cambia el pesimismo en alegría. El dolor desaparece. Y todo, gracias a Él, comienza de nuevo con alegría y normalidad. El relato de la curación de la suegra de Pedro es, sin duda, entrañable. Se acerca, toma de la mano a la mujer, y la levanta del lecho. Ya estaba curada. La fiebre había desaparecido. Y ella comienza a servir a Jesús y a los discípulos. Sin duda, feliz de sentirse bien y de poder dedicarse a su habitual ocupación. Otras muchas personas, ese día, pudieron librarse de sus dolencias gracias al amor del Jesús de Nazaret. No dice Marcos cuantos curó pero debieron ser muchos. Y cuando todos le buscaban allí para, sin duda, agradecerle su capacidad de sanación, Él se marcha a otros lugares a seguir curando. No busca ni espera honores. Solo quiere llevar a cabo su misión.

Hay una parte importante de la misión de Jesús, sobre todo al principio de su vida pública, donde su acción sanadora se convierte en algo muy continuo, creando, claro está, un auténtico clamor en toda Galilea. Pero lo que Él busca es quitar la ansiedad, la pena, la incapacidad que tiene la enfermedad para llevar una vida normal. Detrás de todo aquel mal está el pecado, se decía entonces. Hoy, ciertamente, tenemos un mayor conocimiento científico sobre el origen de las enfermedades y los sistemas de curación. Pero esa misma ciencia moderna ha descubierto lo psicosomático, y como factores psicológicos pueden engendrar enfermedades y dolor. La trasgresión, el pecado, son agentes dañinos. No podemos, totalmente, decir que hayamos superado la idea de que el pecado, la cercanía continua al mal, no produzca daños y enfermedad.

3.- La Iglesia, por otro lado, mantiene en sus ritos la acción curativa. El sacramento de la Unción de los Enfermos no es algo finalista para enfermos terminales. No. Cada día es más frecuente que se celebren en las parroquias actos litúrgicos para la administración de este sacramento. Acuden enfermos de todas las edades o, incluso, personas que esperan someterse, por ejemplo, a una operación quirúrgica. Y encuentran alivio. Sería deseable que, siguiendo el ejemplo de Jesús, la Iglesia ampliara su acción sanadora, no sustituyendo, naturalmente, a la medicina, pero sí poniendo a las personas enfermas en esa órbita de su propia capacidad curativa mediante el optimismo y la alegría que comunica la acción comunitaria de los hermanos y e efecto de Gracia que comunican los sacramentos.

4.- San Pablo expresa en su primera carta a los Corintios una frase extraordinaria que todos podíamos hacer nuestra: “¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!”. El apóstol no puede hacer otra cosa que evangelizar. Se siente impelido a hacerlo por una fuerza interior –el propio Cristo que habita en él—a mostrar la Palabra en todos los lugares y todas las personas. No podemos obviar nuestra condición de apóstoles y evangelizadores. Si cada persona que vive regularmente la vida de la fe en la cercanía de Cristo Jesús se lanzara a evangelizar –o a intentarlo—a, al menos, una sola persona, las cosas irían mucho mejor. La gran mayoría de los fieles se conforman con tener la fe para ellos solos, pensando que la evangelización es tarea para los otros --para los curas, por ejemplo--, cuando no es así. Y esa incoercible necesidad de propagar la Buena Nueva de Cristo Jesús es lo que llevó a Pablo de Tarso a recorrer el mundo entero de entonces y crear un cuerpo doctrinal escrito de enorme importancia, como anexo de la misma labor evangelizadora. Es decir, asegurar con sus cartas y exhortaciones la continuidad de la labor realizada. Hoy para nosotros es un legado irrepetible, del que vive todos los días la Iglesia de Cristo.

5.- La Iglesia celebra hoy la Campaña contra el Hambre en el mundo. Y es algo que no podemos dejar pasar por alto. El hambre existe y afecta a mil millones de personas de manera permanente en todo el mundo. La reflexión en torno al hambre es imprescindible. Hay muchos puntos de injusticia en el mundo, pero, ciertamente, el de la polarización de la abundancia y escasez de alimentos rompe cualquier esquema. Sin alimentos y agua se muere. Pero, bien pudiera ser, que sin casa o sin medicinas se puede sobrevivir de alguna manera. Y mientras que en el llamado primer mundo se desperdician toneladas de alimentos, en otros lugares de la tierra fallece mucha gente –y sobre todo niños—por no poder comer nada. Dicen que el sistema que los nazis utilizaron para ejecutar a San Maximiliano Kolbe fue dejarle morir de hambre. Y es de suponer que suponía un grado de tortura bastante cruel, incluso en un medio en el que apenas se comía.

El exceso de alimentación produce sobrepeso u obesidad. Y más de la mitad de las personas que viven en países ricos están haciendo, hoy, un régimen para adelgazar. Si fuéramos capaces de comer, todos los días, pensando en nuestros hermanos de cualquier rincón del planeta que pasan hambre, seguro que no engordaríamos. Todo lo que sobra se desperdicia y, a lo sumo, sirve para alimentar animales, aunque algunas mascotas –perros y gatos—del primer mundo comen más que muchas personas del tercer mundo. Y aunque parezca un chiste trágico, también esos animales “civilizados” engordan. Hemos de tomar conciencia y consciencia del problema y actuar en consecuencia. Hemos de ser coherentes con esta jornada contra el hambre en el mundo que hoy nos está presentando la Iglesia.

Todos los sistemas regulatorios o proteccionistas para asegurar el precio mínimo de los alimentos son injustos. Totalmente injustos. Pero en el comercio mundial de las materias primas –verdadera dictadura de mercado—aparecen muchos alimentos y, entre ellos, los cereales, la soja, los zumos de fruta en concentrado, etc. La pobreza extrema, las guerras, la ausencia de desarrollo, la especulación de los autoridades locales, que, a veces, es más dura y salvaje que la aplican los países ricos y sus empresas multinacionales, conduce al hambre sin posibilidad de evitarlo. No podemos dejarlo pasar. De ningún modo. Debemos tener en cuenta las palabras, terribles, de Jesús en la escena del juicio final que narran los evangelios: “¡Malditos de mi Padre!, por que tuve hambre y no me disteis de comer…” Y es que es cierto que lo fundamental, casi lo único que tendremos que hacer un día es el examen de amor del atardecer de nuestras vidas del que hablaba San Juan de la Cruz…


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


VOCACIÓN

Por Pedrojosé Ynaraja

La melodía que subyace en el texto de Job, de la primera lectura de la misa de hoy, aparentemente, es de tono pesimista. Se trata de un libro que a unos entusiasma y a otros aburre. Escrito en forma de biografía, es en realidad, un texto sapiencial. Un relato para leer en el desierto, donde la tierra absoluta forma estrecha frontera con el cielo absoluto. Seguramente que este no es vuestro caso, de aquí que no la comentaré.

San Pablo sentía especial cariño por la comunidad cristiana de Corinto. Como la quería tanto sufría por sus desdichas, sus discusiones inútiles, sus grupitos que la desmenuzaban y otras hierbas. No cuenta, en el fragmento de hoy, éxitos y logros o excelencias personales. Les habla de sí mismo. Porque Pablo es hombre comunicativo. Expresa en sus escritos verdades cristianas, es un gran teólogo, pero, en este caso, se limita a describir algo de su postura o actitud espiritual. Me gustaría, mis queridos jóvenes lectores, que ahora mismo os preguntaseis: ¿soy de los que se esconden, haciéndose el tímido, o diciendo que es introvertido, de manera que logra que con ello los demás le dejen tranquilo y nada le exijan? Pues Pablo no es así. Explica la razón de su obrar. Si predica, no es para adquirir fama ni méritos. Lo hace por necesidad interior ¡Ay de mí si no evangelizare! Les confiesa pensativo. Quisiera que ahora mismo os preguntaseis: ¿Yo evangelizo? Si es que no lo hago ¿me quedo tan tranquilo? El no hacerlo ¿me procura felicidad? ¿estoy satisfecho de mi vida? Abundan entre vosotros, chicos y chicas actuales, los insatisfechos, aquellos que se limitan a llenar los momentos libres de cualquier jornada con entretenimientos que le eviten hacerse preguntas inquietantes, comprometedoras. Hay que ser sincero con uno mismo. No estamos en este mundo, no nos ha puesto Dios en este momento de la historia y en el terreno donde vivimos, para “ir pasando”. Es preciso no escurrir el bulto.

La semana pasada os expliqué como era la población que Jesús había escogido de domicilio y no voy a repetíroslo. Solo os añadiré que aquellas mansiones no eran pisitos cerrados. La mayor parte del tiempo la pasaban fuera de los tejados de simple ramaje, lo que les convertía en vecinos dados a la fraternidad, al compartir. Cualquier dificultad o contratiempo, era advertido por todos.

Entra Jesús y le cuentan que la anciana de la casa está enferma y de inmediato va a atenderla. No les dice: es su problema, llamad al médico. No se escaquea.

La buena mujer no es una vieja parlanchina y holgazana. La han curado, pues a servir en lo que se presente. Por mucha diferencia que haya entre ella y vosotros, quisiera que aprendierais la lección y, por muy cansados que estéis, no dejéis nunca de ayudar a quien requiera vuestra atención.

Jesús incansable, atiende a los que acuden, de nadie huye, no les dice que tiene necesidad de descansar, que vuelvan otro día…

Madruga al día siguiente. Es necesario descansar física y mentalmente, ha dormido en el domicilio, pero no puede dejar de orar. Rezar es la respiración del alma. A nadie se le ocurre decir que tiene cansada su musculatura pectoral y va a dejar de respirar. Sería morir de inmediato. Una vida espiritual sin oración es un suicidio. A la plegaria hoy en día se le llama a veces cargar baterías. Una vez recuperadas las fuerzas, del cuerpo de la mente y del alma, Jesús sale a predicar por los pueblos de la comarca: que para eso he venido, les dice a los discípulos. Vosotros debéis preguntaros ¿Para qué estoy yo aquí? O ¿qué esperan Dios y los hombres de mí?