1.- HAMBRE EN EL MUNDO, TODOS SOMOS CULPABLES

En este segundo domingo de febrero se celebra la Jornada contra el Hambre en el Mundo. Y es un problema de una gravedad extrema. Y lo es mucho más que los casos de pobreza –incluso extrema—que se puedan dar en el mundo. Es el fenómeno de quienes no tienen nada de comer, o sus posibilidades de alimentación están en ese estadio en que el hambre es continua y que puede llevar a la muerte o contraer enfermedades muy graves. En el caso de los niños es una situación gravísima: de muerte segura. Parece increíble que en pleno siglo XXI se den circunstancias como estas, más propias de los relatos bíblicos de las plagas o hambrunas o las mismas que asolaron Europa durante la Edad Media.

LAS VERDADERAS CAUSAS

Pero, sin embargo, si se maneja la cifra de casi mil millones de hambrientos permanentes podamos darnos cuenta del problema. Es obvio que las causas no pueden estar solo por las deficiencias locales respecto a la agricultura y a la producción de alimentos. Hay otras razones. Y junto, tal vez, a las catástrofes naturales y estados de guerra casi permanentes en muchos de los países donde se da el hambre, existe la injusticia y el acaparamiento de los alimentos –incluso de los provenientes de las ayudas—por parte de las autoridades de esos países. Y, además, una muy grave situación internacional en la que se trafica y comercia con las materias primas, muchas de las cuales son básicas para la alimentación.

Hace falta, por un lado, proveer de alimentos a las personas que los necesitan con urgencia. Hace falta, también, romper la cadena de la imposibilidad de autoabastecerse, al menos mínimamente, de alimentos. Pero también hay que romper otras cadenas políticas, sociales que traen el abuso contra los más débiles. Finalmente la realidad internacional, basada en el libre mercado, sin apenas correcciones para la discriminación positiva que ayude a los pueblos y países con problemas de alimentación, tampoco ayuda a paliar el hambre. Y de ahí los esfuerzos de las organizaciones ligadas a la Iglesia católica --y otras muchas de otros ámbitos—como Cáritas y Manos Unidas en, además, de ayudar con esfuerzo y puntualidad, ir rompiendo ese cerco de intereses políticos o económicos que producen, o coadyuvan, el fenómeno del hambre.

AYUDA, ORACIÓN Y CAMBIO DE CRITERIO

En esta Jornada contra el hambre en el mundo tenemos la obligación de ayudar econonómicamente en la medida de nuestras fuerzas. Pero también debemos elevar al Dios Altísimo, en nombre de Nuestro Señor Jesucristo, constantes oraciones para que el problema del hambre se erradique. Por último, es imprescindible modificar los criterios sociales, políticos o de costumbre que, en el primer mundo, se convierten en cómplices de los desajustes que traen el hambre al mundo. Y respecto a todo ello es bueno, al menos, que reflexionemos con la mayor honradez, en lo personal y comunitario, en todos estos problemas del hambre. En fin que del hambre en el mundo todos somos culpables.

 

2.- JAVIER LEOZ: EXPERIENCIA MISIONAL EN VENEZUELA

Nuestro colaborador, el padre Javier Leoz, sacerdote navarro, y párroco de San Juan Evangelista, en Peralta, Navarra, estará desde el 4 de febrero hasta el 23 en la provincia de Maracay, en Venezuela. En concreto en la Parroquia de VILLA-DE-CURA de la que es párroco un sacerdote navarro. Y aprovechará para visitar a los misioneros que hay de Navarra por allá y para ayudar en una gran peregrinación en honor a la Virgen de Lourdes que se hace en esas tierras. Javier Leoz desea, sobre todo, tener una experiencia propia misional. Antes de irse nos ha enviado todas sus colaboraciones con Betania, tanto en la sección de la Misa Familiar, como en sus habituales homilías y las oraciones finales. Esperamos y deseados que su estancia en Venezuela sea muy enriquecedora para él y para los hermanos a los que visita. Esperamos, igualmente, que, a la vuelta, nos narre aquí sus experiencias.