TALLER DE ORACIÓN

ORANDO CON LA LECTIO DIVINA

Por Julia Merodio

La situación que nos marca, esta semana, la carta a los Corintios, es un tema de máxima actualidad que está candente en cualquier trama de conversación.

En una situación, como la actual, en que las vocaciones escasean, los sacerdotes se van haciendo mayores y la gente intenta auto convencerse de que la Iglesia está estancada, no faltan voces que critiquen el que los casados no puedan ser sacerdotes y las mujeres sacerdotisas; es más apuntan, con verdad, que hay otras confesiones en que esto es así. Sé perfectamente, que yo no soy la persona idónea para hablar de este tema tan arduo, pero plasmaré lo que a mí, personalmente, me sugiere:

Si he de ser sincera diré que, a mí me molesta, el que todo el mundo pueda opinar, sugerir, ridiculizar… y hasta intentar arreglar la Iglesia. Y sé que están en su pleno derecho pues todos formamos la Iglesia. Pero cuando alguien habla de su familia, en este caso la Iglesia, para que el diálogo sea coherente, deberá reunir algunas condiciones.

-Hablar desde el amor.

-Hablar después de haber escuchado.

-Hablar cuando se haya examinado, a conciencia, los pros y los contras de la

situación.

-Hablar desde la vivencia y la experiencia, que puedan respaldar lo que

estamos diciendo…

Me parece que es precisamente aquí, donde se desmonta esa “razón” que algunos quieren imponer.

¿Qué significa para ellos la Iglesia?

¿Van a la Iglesia?

¿Ayudan para que mejore?

¿Hablan y escuchan, al Señor, en la oración?

¿Viven lo que dicen?

Pues yo creo que si no es así, el silencio sería su mejor aval.

AFINANDO LA SITUACIÓN

Creo que, todavía, podríamos perfeccionar un poco más el tema y plantearnos una dualidad de situaciones:

-Profesionales de la evangelización.

-“Vocacionales” enamorados de la evangelización.

Todo el que evangeliza y lo hace desde la verdad del evangelio es admirable y plausible; pero el mensaje no calará con la misma hondura cuando se imparte desde la teoría, por muchos conocimientos que se tengan, que cuando surge de la vida. El mensaje hay que: creerlo, interiorizarlo, vivirlo y darlo. Entonces Sí. Entonces llega y cala.

Y es verdad que, esta circunstancia, no admite discriminación puede realizarla el casado y el célibe; pero a la hora de la dedicación imposible que los dos tengan las mismas posibilidades. No ya porque se quiera o no se quiera sino por responsabilidad.

Yo estoy bastante comprometida con esta realidad. En primer lugar se lo debo a mi marido y mis hijos, a quienes nunca podré agradecer suficientemente todo lo que hacen por mí: su respeto, su manera de animarme, su ayuda… pero teniendo muy claro el lugar que ocupan en mi vida.

Yo me casé libremente, tuve hijos libremente, opte por esta vida libremente y ellos tienen que ocupar en mi vida el primer lugar. Porque la vida de casados no es una competición entre los tuyos y Dios. Cuanto más ame a Dios, más los amaré a ellos y cuanto más los ame a ellos más amaré a Dios. Mas, si por darme al Señor, interfiriera el camino para que ellos lo encontrasen me había equivocado totalmente.

Como ya vais vislumbrando, con todo esto que os he apuntado, la Lectio Divina de esta semana puede ser muy clarificadora, para cualquiera de las realidades que podamos vivir.

AMBIENTANDO LA ORACIÓN: COMO LA SEMANA PASADA

Para la oración elegiremos un lugar en el que nos sintamos sosegados, donde nos sintamos bien.

Jesús, dice la Biblia, siempre elegía un lugar solitario para orar: la montaña, la oscuridad de la noche, la barca, en un lugar retirado…

--Elige el lugar sabiendo que en él pasarás un buen rato, un momento a solas; allí escucharás y serás escuchado…

--Emplea todo el tiempo que necesites para la preparación, es de suma importancia. Ya apuntábamos unas semanas atrás que a la oración no se puede entrar de bruces y con rapidez.

Después pidamos al Señor que nos enseñe a orar y a María que nos acompañe en nuestra oración. Y cuando ya nos sintamos en actitud orante comenzaremos con los pasos que quiero adjuntaros.

ESQUEMA PRÁCTICO

Para la Lectio Divina, voy a ir seleccionando fragmentos que correspondan al tiempo que estemos viviendo porque eso ayuda a no dispersarnos. Lo copiaré entero por si alguien no tiene, a mano, la Biblia y ese trozo se leerá, varias veces, antes de entrar en la oración; lo haremos tantas veces como haga falta hasta que lo oigamos resonar en nuestros oídos con naturalidad. Después nos pondremos en oración y trataremos de seguir los pasos recomendados.

Los pasos que os brindo no son en absoluto inquebrantables, se pueden modificar siempre que eso ayude, pero como pauta sirven para tener un apoyo y un ritmo por donde comenzar el trabajo.

Si en lugar de hacerla solos podemos hacerla en grupo sería estupendo y lo que superaría ya toda expectativa es que hubiese varias personas que comunicasen su planteamiento, a la página para hacer un grupo en la red a fin de que se pudiesen beneficiar la gente que se encuentra sola.

Con este desafío quiero llegar, a todos los que me conocéis y os conozco; a todos cuantos os comunicáis conmigo , aunque todavía no nos conozcamos, a todos en general; sé que sois personas profundas y con grandes experiencias de Dios, así que no estéis ahí calladitos, sabéis que podéis hacer aportaciones muy significativísimas y valiosas, todo es empezar.

TEXTO PARA LA LECTIO DIVINA: CORINTIOS 7, 32 - 35

“Hermanos: Quiero que ahorréis preocupaciones: el célibe se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; en cambio el casado se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su mujer y anda dividido. Lo mismo la mujer sin marido y soltera se preocupará más de los asuntos del Señor; consagrándose a ellos en cuerpo y alma; en cambio la casada se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su marido. Os digo esto por vuestro bien, no para poneros una trampa sino para induciros a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones”

ORANDO JUNTOS CON LA PALABRA DE DIOS

PRIMER PASO: INVITAR AL SEÑOR PARA QUE NOS ACOMPAÑE.

Si se ora en grupo, el animador –que puede ser cualquier persona del grupo- hará una oración invocando al Espíritu para que les ayude a interiorizar la Palabra de Dios; después puede dar paso a los demás para que se impliquen en la oración. Si la Lectio se hace individualmente, también se hará la invocación al Espíritu.

Para este primer momento y por si puede servir de ayuda os adjunto una oración del Cardenal Martini, hecha deliberadamente para la Lectio:

“Te damos gracias, Señor, por este tiempo que nos concedes para escuchar tu Palabra. Te pedimos que hagas en nosotros oyentes atentos, porque en tu Palabra está el secreto de nuestra vida, de nuestra identidad, de nuestra verdadera realidad a la que somos llamados. Aleja de nosotros, Señor, todo prejuicio, toda prevención, todo preconcepto que nos impediría acoger libremente la Palabra de tu Evangelio. María, Madre de Jesús que meditabas en tu corazón las palabras y los hechos de tu Hijo, haz que te imitemos con sencillez, con tranquilidad y con paz. Quita de nosotros todo esfuerzo, ansia o nerviosismo y haznos atentos oyentes para que nazca en nosotros el fruto del Evangelio”

SEGUNDO PASO: LEEMOS EL TEXTO

Todos los participantes en el grupo deberán llevar la Biblia. El animador señala el capítulo y los versículos correspondientes y espera hasta que todos los hayan buscado. Después pide alguien del grupo que lea en voz alta y al acabar la lectura todos permanecen en silencio durante un rato.

TERCER PASO: NOS DETENEMOS EN EL TEXTO

Sin perder ese clima de silencio, los participantes van leyendo, en voz alta, una palabra o una frase que para ellos haya resultado importante o haya llamado su atención. Después de cada intervención se dejan unos instantes de silencio. Los participantes pueden repetir interiormente las palabras pronunciadas para que todo ello se vaya grabando en el interior.

Cuando esta forma de oración se repita varias veces observaremos que las palabras más corrientes empiezan a tener una relevancia importante.

Una vez que, haya pasado un tiempo prudencial, o ya no haya intervenciones se vuelve a leer el texto en voz alta y muy lentamente.

CUARTO PASO: GUARDAR SILENCIO

Una vez leído el texto, el animador invita a todos a permanecer en silencio e indica el tiempo que durará (tres o cuatro minutos) con el fin de prepararnos para meditar juntos la Palabra que se ha elegido.

QUINTO PASO: COMPARTIMOS LO QUE EL TEXTO NOS HA IDO DICIENDO

Se comparte espontáneamente lo que, la Palabra, nos dice al corazón. Procuraremos que hablen todos y se evitará divagar en temas ajenos al elegido.

Cuando leemos algunos textos de San Pablo, sobre todo los que tratan del matrimonio, parece que estemos predispuestos a verlo de forma negativa; hemos oído demasiadas veces: “San Pablo dice que no nos casemos” pero yo creo que eso no es justo.

A mí me parece, al orar con este testo, que Pablo quiere plasmar con nitidez que, la opción por Cristo, es la máxima expresión de desprendimiento y entrega. Por lo tanto hay que darle un valor sublime, pero esto no quita un ápice a que, en el matrimonio no se pueda optar por Cristo o que el celibato sacerdotal, no pueda ser adaptado y modificado, si ello es necesario para el bien de la Iglesia.

En cuanto a lo que se refiere a casarse o no, creo que Pablo en alguna de las catequesis a las que asistiría, habría escuchado lo que Jesús había dicho al hablar del matrimonio.

En Mateo 19, 1 – 12 se lee: “Y sucedió que cuando acabó, Jesús, estos discursos partió para Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán. Le siguió mucha gente y los curó allí. Entonces se acercaron unos fariseos para ponerlo a prueba y le dijeron: ¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera? Él respondió: ¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo: varón y hembra y les dijo: Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Y lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”

Creo que no puede estar más claro, aunque el celibato era altamente valorado por Jesús, Él tenía muy clara la escala de valores; de tal manera que cuando llama a los discípulos a seguirle llama a Pedro que estaba casado, pues el mismo evangelio nos dice que “Jesús curó a la suegra de Pedro, que estaba en cama con fiebre” Sin embargo Jesús no ignora el esfuerzo que supone dedicarse de lleno al servicio del Señor y cuanto facilita el no tener otras responsabilidades primordiales.

Se ve con toda claridad. Un casado puede dedicar, si lo desea, más tiempo para hacer oración que un célibe, y puede hacer más apostolado si así lo quiere, e incluso puede evangelizar mejor… pero si se le llama para un servicio, no tendrá la misma disponibilidad, ni la misma libertad que un célibe; para realizarlo en el momento preciso.

Un casado tendrá que trabajar, dedicar tiempo a su familia, a sus hijos preocuparse de sus necesidades, cuidarlos si se ponen enfermos…Y Dios, no sólo lo pensó así y lo hizo así, sino que además, lo bendijo y lo sigue bendiciendo.

Por tanto a mí me parece que el problema surge cuando queremos hacer del celibato y el matrimonio dos situaciones antagónicas, a la hora de optar por el Señor; y no solamente no son antagónicas sino que juntas pueden enriquecer el camino hacía Dios.

Hoy día hay muchos laicos ayudando en las parroquias. Se puede hacer ordenación de diáconos; se otorga el ministerio de la Palabra a solteros-as, casados-as… y, esto no resta, esto suma y engrandece a la hora de construir la Iglesia.

Pablo demuestra, que lo entiende perfectamente, cuando es capaz de terminar con estas palabras: “Os digo esto para vuestro bien, no para poneros una trampa” Es decir: no para que lo utilicéis para polemizar entre quien es mejor y peor; si no para que planteéis en serio: la opción por el Señor y el desprendimiento de esas cosas que nos atan. Y creo que esta es, una cuestión válida para cualquier vocación, tomada en serio desde la realidad de bautizados, pertenecientes a la Iglesia de Jesucristo.

SEXTO PASO: OBSERVAMOS LO QUE EL SEÑOR NOS PIDE

En este momento se trata de ver la vida concreta de cada uno a la luz de la Buena Noticia.

Se traerán al compartir las realidades de los presentes y se mirarán formas de actuar, llevando cuidado de no entrar en temas de discusión.

SÉPTIMO PASO: TERMINAREMOS ORANDO JUNTOS PARA DAR GRACIAS

El animador invita a todos a orar de forma espontánea; también se puede elegir para terminar: un canto, una oración por la paz, el padrenuestro cogidos de la mano… Y así se irá variando cada vez.