IV Domingo del Tiempo Ordinario
1 de febrero de 2009

La homilía de Betania


1.- ¿ENDEMONIADOS?

Por José María Maruri, SJ

2.- EVANGELIO ES LIBERACIÓN

Por José María Martín OSA

3.- LO QUE DA VALOR AL CELIBATO

Por Antonio García-Moreno

4.- NUESTRO PROPIO DEMONIO

Por Gustavo Vélez mxy

5.- HACIA UNA IGLESIA QUE ENSEÑE CON AUTORIDAD

Por Gabriel González del Estal

6.- ¡NO A LA PALABRA EN CONSERVA!

Por Javier Leoz

7.- LA AUTORIDAD DE JESÚS

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


NOVEDADES ASOMBROSAS

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- ¿ENDEMONIADOS?

Por José María Maruri, SJ

Si San Marcos hubiese sido un director de cine como los del Hollywood, hubiera convertido esta escena en algo terrorífico: el endemoniado vomitando verdes espumarajos, dando vueltas a su cabeza sin ton ni son, diciendo barbaridades con voz bronca de ultratumba, para acabar tirando por la venta a l pobre exorcista.

El exorcismo de Jesús es bien sencillo, dos serenas palabras. “Cállate y sal de él”. Ni siquiera agua bendita. No le preocupaban mucho los demonios al Señor. Otra cosa le preocupa.

2.- Jesús es un hombre de su tiempo, y en su tiempo muchas enfermedades como epilepsia y la locura se consideraban posesión diabólica por esa doble personalidad que suele implicar. Y, sin embargo, ya en los evangelios los mismo se habla de que “curaba a los endemoniados” o que “expulsaba a los demonios”. Y lo que se cura es una enfermedad.

3.- Este es el primer milagro que narra San Marcos y quiere mostrar con el a los recién reunidos discípulos cual es la misión que trae Jesús. Viene a curar las heridas producidas por el pecado, a dar libertad al hombre que se encuentra cautivo, como poseído y manejado por otro, incapaz de ser él mismo.

Todos tenemos la experiencia de que hay en nosotros instintos de agresión, de odio, violencia y crueldad que a veces se han manifestado en ocasiones de nuestra vida. Vosotros y yo tenemos la experiencia sencilla y diaria de que siendo personas ordinariamente pacíficas, cuando cogemos el volante del coche nos volvemos agresivos y el insulto sale a nuestros labios con facilidad. O cuando pensamos en los terroristas, qué movimientos de odio y venganza se agitan en nosotros. ¿Hemos pensado de lo que seríamos capaces en circunstancias?

¿Vamos a pensar que son producto de posesión diabólica la tortura de seres indefensos, se llamen los autores nazis, en la Torre de Londres o por la Inquisición, o las checas o en muchos otros sitios, lugares y épocas?

Nada de eso, los hombres somos capaces de horrorizar al mismo diablo, que muchas veces estará sentado en su enroscada cola, y apoyada su negruzca pezuña en su peluda mejilla y diciendo muy bajito atónito ante el proceder de los humanos: “Ni a mi se me hubiera ocurrido tal barbaridad”.

En la Historia, Grande y pequeña, de la humanidad nos ha servido el pobre diablo como chivo expiatorio sobre el que cargar nuestras responsabilidades. Con qué facilidad decimos: “me tentó el diablo”, cuando fuimos nosotros los que dirigimos nuestros pasos a ese local de alterne, o pusimos ese video, o nos recreamos en la televisión. No nos engañemos a nosotros mismos… y en esto, desde luego, somos maestros.

4.- El hombre necesita abrirse al amor, a la luz, a la alegría, a la fraternidad, para liberarse de esos bajos fondos que sólo cobran fuerza en la oscuridad, en la clandestinidad, en la tristeza, en la desesperanza, en el desamor.

Y es el Señor Jesús el que viene a ofrecernos su programa de amor, ternura cariño, luz, alegría. Y esa verdad nos hará libres, desposeídos de de nosotros mismos y de tantas cosas que nos atan de pies y manos.

Esta es la Buena Nueva que nos trae el Señor que nos quiere como somos, débiles y pecadores, pero libres; no traídos y llevados por costumbres generalizadas, no masificados, ni robots movidos por el poder de otros, por el miedo, por la amenaza, o por los bajos placeres que nos ofrecen en bandeja. El Señor Jesús viene a traernos esa libertad que nos hace dueños de nosotros mismos y nos da señorío sobre todas las cosas.

Esta versión de la función del profeta coincide con el hecho de que Dios no puede venir al encuentro del hombre sino por mediaciones. En la religión profética la mediación primordial es la del profeta, un hombre de entre los hombres. El Deuteronomio destaca aquí dos responsabilidades: la del profeta que debe anunciar sólo las palabras que reciba de Dios; y la del pueblo que debe escuchar la palabra del profeta como mensaje de Dios. A diferencia de la adivinación mágica, en la profecía es Dios quien toma la iniciativa de la comunicación; el profeta es un mensajero y los destinatarios el término de esa comunicación que provoca el responder. El evangelio de hoy presenta a Jesús como el verdadero profeta que actúa en nombre de Dios realizando la misión profética auténtica. Lo hace con una autoridad impresionante. El Espíritu habla para que se le entienda. Es moderno por necesidad. No queda anclado en formas pasadas. De ahí su fuerza vivificante: la letra mata, el Espíritu vivifica.


2.- EVANGELIO ES LIBERACIÓN

Por José María Martín OSA

1.- Discernimiento entre los verdaderos y los falsos profetas. El autor del Deuteronomio denuncia el falso profetismo y da criterios para su discernimiento. El criterio decisivo es el de la fidelidad al mandamiento capital: que no aparte de Dios ni lleve al reconocimiento de falsas divinidades. Un criterio aparentemente más sencillo es el del cumplimiento de la palabra. Responsabiliza también al pueblo en la audiencia que presta a los profetas. En verdadero oyente necesita y discierne al profeta verdadero; el falso oyente sustentará al falso profeta. Para el Deuteronomio el prototipo del profeta es Moisés, y en el futuro habrá otro profeta como él. El profeta, según eso, es un mediador de la palabra de Dios, al servicio del pueblo. Esta versión de la función del profeta coincide con el hecho de que Dios no puede venir al encuentro del hombre sino por mediaciones. En la religión profética la mediación primordial es la del profeta, un hombre de entre los hombres. El Deuteronomio destaca aquí dos responsabilidades: la del profeta que debe anunciar sólo las palabras que reciba de Dios; y la del pueblo que debe escuchar la palabra del profeta como mensaje de Dios. A diferencia de la adivinación mágica, en la profecía es Dios quien toma la iniciativa de la comunicación; el profeta es un mensajero y los destinatarios el término de esa comunicación que provoca el responder. El evangelio de hoy presenta a Jesús como el verdadero profeta que actúa en nombre de Dios realizando la misión profética auténtica. Lo hace con una autoridad impresionante. El Espíritu habla para que se le entienda. Es moderno por necesidad. No queda anclado en formas pasadas. De ahí su fuerza vivificante: la letra mata, el Espíritu vivifica.

2.- A veces el evangelio implica exigencias radicales (primera carta a los Corintios). El apóstol Pablo las expone en esta pequeña unidad literaria en referencia al celibato. El Apóstol no lo justifica por razones meramente humanas, como sería la comodidad, la vida tranquila liberada de los problemas matrimoniales. No era esa la mentalidad paulina. Lo considera necesario por las exigencias radicales del Evangelio. Sería una consecuencia para alcanzar una libertad no condicionada por otras preocupaciones. La predicación del evangelio es una tarea difícil para cuya realización se requiere la soltura del hombre no comprometido en la vida familiar

3.- Jesús enseña con una autoridad que libera, sana y salva. La primera cosa que la gente percibe es la que Jesús enseña de forma diferente. No es tanto lo referente al contenido, sino es la forma de enseñar que impresiona. Por medio de esta forma diferente, Jesús crea una conciencia crítica en la gente con relación a las autoridades religiosas de la época. Los escribas de la época enseñaban citando autoridades. Jesús no cita ninguna autoridad, sino que habla a partir de su experiencia de Dios y de la vida. Su palabra tiene raíz en el corazón. En Marcos, el primer milagro es la expulsión de un demonio. Jesús combate y expulsa el poder del mal que se apoderaba de las personas y las alienaba de sí mismas. El individuo poseído gritaba: “¡Yo te he reconocido, tú eres el Santo de Dios!” El hombre repetía la enseñanza oficial que representaba al Mesías como “Santo de Dios”, esto es, como un Sumo Sacerdote, o como rey, juez, doctor o general. Hoy también, mucha gente vive alienada de sí, engañada por el poder de los medios de comunicación, de la propaganda del comercio. Repite lo que oye decir. Vive esclava del consumismo, oprimida por los préstamos de dinero, amenazada por los acreedores. Muchos piensan que su vida no es como debería ser si no pueden comprar aquello que la propaganda anuncia y recomienda. Jesús amenaza al espíritu del mal: “¡Cállate y sal de ese hombre!” El espíritu hace revolcar al hombre, lanza un grito tremendo y sale de él. Jesús devuelve las personas a ellas mismas. Hace que la persona recupere su perfecto juicio. No era fácil, ni lo fue ayer, ni lo es hoy, hacer que una persona empiece a pensar y a actuar de forma diversa de la ideología oficial. ¡Enseñanza nueva! Incluso le obedecen los espíritus impuros. Las dos primeras señales de la Buena Nueva que el pueblo percibe en Jesús, son éstas: su forma diversa de enseñar las cosas de Dios, y su poder sobre los espíritus impuros. Jesús abre un nuevo camino para que la gente llegue a ser pura. En aquel tiempo, una persona declarada impura no podía comparecer ante Dios para rezar y recibir la bendición prometida por Dios a Abrahán. Antes, tenía que purificarse. Esta y muchas otras leyes y normas dificultaban la vida de la gente y marginaban a mucha gente como impura, lejos de Dios. Ahora, purificadas por el contacto con Jesús, las personas impuras podían comparecer de nuevo ante Dios. ¡Era una gran Buena Nueva para ellos! La gente, al contemplar la realidad, se preguntó: ¿qué es esto? Una pregunta que es sinónima de ¿quién es éste? Y nosotros debemos hacernos también la misma pregunta: ¿Quién es El para mí?


3.- LO QUE DA VALOR AL CELIBATO

Por Antonio García-Moreno

1.- Celibato y matrimonio.- "Hermanos: quiero que os ahorréis preocupaciones..." (1 Co 7, 32). Así empieza la segunda lectura de hoy. Y a continuación dice que el célibe se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentarle. Parece una contradicción querer ahorrar preocupaciones y hablar de ellas a renglón seguido. En realidad se está refiriendo a dos clases de preocupaciones distintas. Unas las que lleva consigo el matrimonio y de las que habla luego, y otras las que ha de vivir una persona consagrada totalmente a Dios.

San Pablo aconseja aquí que si uno no se casa y es llamado por Dios a vivir célibe, que no dude ni por un momento en entregarse al Señor. Indudablemente si es fiel a su vocación, será mucho mejor para él. Estará libre de las preocupaciones que supone el matrimonio y podrá dedicarse al servicio de los demás por amor a Dios. El Señor será su única preocupación, entregándose en cuerpo y alma a la realización de un sublime ideal.

"Os digo esto para vuestro bien..." (1 Co 7, 35). San Pablo explica lo dicho, para evitar que se le interprete mal. Deja bien claro no está en contra del matrimonio. Ni mucho menos. Es más, en este mismo capítulo habla de que es mejor casarse que abrasarse. Es decir que si el que es llamado al matrimonio no se casa, y se refugia en una egoísta y sucia soltería, acabará abrasándose en esta vida y en la otra. Por eso no se pueden interpretar mal las palabras del Apóstol al referirse al celibato.

Hay que tener en cuenta que lo que da valor al celibato es precisamente la entrega a Dios, el tener como exclusiva preocupación servirle y amarlo por sí mismo, y querer a los demás por amor suyo. De ahí que sea tan conveniente el celibato para los sacerdotes y los religiosos, para todo el que quiera preocuparse especial y exclusivamente de las cosas de Dios.

Dar todo el corazón a Dios, sacrificar en su honor los sentimientos más nobles del hombre. No para destruirlos, sino para sublimarlos, para transformarlos. Consiguiendo el gran milagro de que haya hombres y mujeres que, a fuerza de amar con absoluta entrega y generosidad, cooperen eficazmente a la redención de la Humanidad. Lo cual no exime a los casados de vivir su fe de forma íntegra, heroica si fuera preciso. Y por supuesto tampoco implica que el apostolado sea exclusivo de los célibes, aunque sean religiosos a sacerdotes.

2.- Solo un maestro, Cristo.- Sin duda que una de las facetas más importantes de la vida de Jesús fue la de Maestro. Siempre que los evangelistas, en especial San Mateo, resumen en pocas palabras la actividad de Cristo, destacan que enseñaba y predicaba a la multitud. Es cierto que también hacía milagros y que expulsaba a los demonios. Pero en realidad todo aquello no era otra cosa que el aval de su palabra, confirmar con obras extraordinarias el poder santificador que latía en su enseñanza. En alguna ocasión dirá Jesús mismo que ya que no creen en lo que dice, que crean, al menos, en lo que hace. También dirá que las obras que realiza dan testimonio en su favor.

Nadie enseñó en Israel, ni en el mundo entero, como él enseñó. Bien pudo decir a sus discípulos que a nadie llamaran maestro, "porque uno sólo es vuestro Maestro", ni tampoco doctores "porque uno sólo es vuestro Doctor, el Mesías". Sí, Jesús es el único que realmente tiene palabras de vida eterna. Ante esto, nosotros, como Pedro un día, hemos de reconocer que no tenemos a otro a quien ir más que a él, Maestro y Doctor, Luz y Camino para todos los hombres, incluso para los de nuestro tiempo. En efecto, él quiso seguir hablando y enseñando a lo largo de toda la Historia. Por eso transmitió sus poderes, su doctrina y su mensaje a los que él escogió como Apóstoles. Y los envió lo mismo que el Padre lo había enviado a él, confiriéndole el poder de perdonar los pecados y de hacer discípulos de entre todas las gentes, asegurándoles que quien a ellos escuchaba y recibía, a él mismo era a quien aceptaban.

La Iglesia es, por tanto, quien a través del Papa y de los obispos en comunión con él, transmite a los hombres el Evangelio de la salvación, las palabras de Jesús que comportan, en quien las cumple, la vida eterna. Es ésta una verdad que no podemos olvidar nunca, una cuestión fundamental de nuestra fe que es preciso aceptar con todas sus consecuencias, si queremos vivir cerca de Dios.

Hay que convencerse de que es imposible vivir unidos al Cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia, si no permanecemos en comunión de doctrina y de obras con quienes hacen cabeza. Con razón llamaba Santa Catalina al Papa "el dulce Cristo de la tierra". Y así es efectivamente. Por lo cual hemos de estar atentos a sus palabras, y desconfiar de quienes predican en disconformidad, aunque sea mínima, con lo que él nos enseña.

El justo vive de la fe, dice San Pablo. De ahí que si uno no se mueve por motivos de fe, corre el peligro de caminar en pos de falsos pastores, lobos con piel de oveja, mercenarios que buscan su bien personal y no el del rebaño. Dios quiera que no nos dejemos engañar y sepamos discernir la voz del buen pastor.


4.- NUESTRO PROPIO DEMONIO

Por Gustavo Vélez mxy

“Estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar: ¿Qué quieres de nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabarnos? San Marcos, cap. 1.

1.- “En esto de gigantes hay muchas opiniones”, comenta Cervantes en El Quijote. Y otro tanto podríamos afirmar sobre el tema de los demonios. Como acostumbraba hacerlo cada sábado, llegó el Señor a la sinagoga de Cafarnaún. Entonces un hombre que allí estaba comenzó a gritar: “¿Qué quieres de nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabarnos? Pero él le ordenó: Cállate, sal de él y el espíritu inmundo dando un grito, salió”. La gente se llenó de admiración. Comentaban que el Maestro hablaba con autoridad. Es decir, poseía una fuerza especial en su persona. Y además sus palabras concordaban con su vida.

2.- ¿Pero qué entendemos por ese espíritu inmundo, que atormentaba a aquel hombre? En otras ocasiones los evangelistas mencionan diablos, demonios, lunáticos, endemoniados, lo cual demuestra la influencia de las religiones vecinas sobre el pueblo judío. Ellas señalaban como personas las fuerzas negativas que acosan al hombre, tanto en el orden moral como físico. Jesús se adapta a la mentalidad de sus paisanos, que además miraban toda enfermedad como efecto de un mal espíritu.

En la tradición cristiana algunos defienden la existencia de espíritus inteligentes, enemigos de Dios y poderosos. En cambio otros autores rechazan esta posición, procurando explicar a su modo las expresiones bíblicas que hablan sobre el tema. Sin embargo una cosa es cierta: Que estos seres nunca podrán superar la bondad de Dios. Y en el caso de las llamadas “posesiones”, conviene recordar que el Señor “no permite seamos tentados por encima de nuestras fuerzas”. Lo dice san Pablo a los corintios. No se descarta, sin embargo que ciertas enfermedades nos impidan una conducta libre y responsable.

Sin embargo todos verificamos que nuestras relaciones con Dios y con los demás no siempre fluyen con la facilidad conveniente. A cada paso encontramos obstáculos. Esta situación la definen algunos como el pecado original, la pasión dominante, el vicio capital, etc. Podríamos llamarla también nuestro propio demonio. Lo cual no ha de alarmarnos, ni llevarnos tampoco a un pesimismo sistemático. Porque el poder de Jesús que hace tiempos se mostró en Palestina, desea manifestarse también en nosotros.

3.- Se aprende a ser virtuoso de la misma manera como nos capacitamos para un arte, para un deporte. Nuestra personalidad se va puliendo paso a paso, si avanzamos de la mano del Señor. Así, después de unos meses, de unos años nos alegra el haber alcanzado ciertas metas: Ya soy un hombre manso. Ya mi conducta es coherente con mi imagen social. Ya superé aquella dependencia. Ahora me comunico con Dios sin remordimientos. Ahora hago el bien de manera espontánea. He alcanzado la paz interior. Olvidé mi pasado y me siento acogido por el Señor. En otras palabras, mi demonio personal ha huido y ya soy criatura nueva.

4.- El mejor exorcismo es invitar a Jesús para que se haga presente en mi vida. Nadie, al abrir la puerta de su casa, comienza expulsar las tinieblas. Basta encender la lámpara y estas desparecerán de inmediato. Y el Sacramento de la Reconciliación ratifica esa presencia salvadora del Maestro: “El Señor te concede el perdón y la paz”.


5.- HACIA UNA IGLESIA QUE ENSEÑE CON AUTORIDAD

Por Gabriel González del Estal

1.- En los evangelios podemos leer, en más de una ocasión, que las gentes admiraban a Jesús porque veían que enseñaba con autoridad. Evidentemente, no se referían a una autoridad ejercida como poder y dominio que esclaviza y subordina al que la padece. Al contrario, se referían a una autoridad que liberaba y sanaba a los que se sentían esclavos y enfermos. Era una autoridad distinta de la de los escribas, aquellos juristas y maestros de la Ley que enseñaban en las sinagogas y en el templo. ¿Qué vieron en Jesús aquellos judíos piadosos que habían acudido a la sinagoga, para quedarse asombrados ante la doctrina que les estaba enseñando el profeta de Galilea y para decir que éste sí enseñaba con autoridad? Sin entrar ahora en detalles exegéticos, yo creo que vieron que Jesús de Nazaret enseñaba no sólo con las palabras, sino con toda su vida, con las obras. Sólo unos momentos después iban a poder comprobarlo, cuando Jesús liberara a aquel pobre enfermo que estaba esclavizado por un espíritu inmundo. Jesús predicaba y actuaba en consecuencia con lo que decía. ¿Actuamos así los cristianos; actúa hoy así la Iglesia de Cristo? Porque parece evidente que la Iglesia debe actuar siempre así. Es decir, que la Iglesia que predique pobreza debe ser pobre; la Iglesia que predique misericordia debe ser misericordiosa; la Iglesia que predique justicia debe ser justa; la Iglesia que predique acogida y cercanía debe ser cercana y acogedora; la Iglesia que predique amor a todas las personas, incluidos los enemigos, debe amar a todas las personas, incluidos los enemigos; la Iglesia que predique humildad y servicio, especialmente a los más necesitados, debe ser humilde y servidora de los últimos; la Iglesia que dice ser discípula de Cristo debe vivir al estilo y según el espíritu de Cristo. Y como todos los cristianos somos Iglesia, todos los cristianos debemos actuar así. Todos los cristianos somos miembros del cuerpo de Cristo, porque estamos unidos a nuestra cabeza, que es Cristo. Pues bien, yo creo que, si todos los cristianos actuáramos según el espíritu de Cristo, es seguro que serían muchas las personas que se preguntarían estupefactos: ¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Sobre todo reaccionarían así los últimos, los pobres, los enfermos, los marginados, los poseídos por espíritus inmundos.

2.- Un profeta de entre los tuyos, de entre tus hermanos, te suscitará el Señor. A él lo escucharéis. Nosotros, los cristianos, hemos referido siempre a Jesús de Nazaret esta frase del libro del Deuteronomio que Moisés dice a su pueblo. Jesús de Nazaret fue y es nuestro hermano y nuestro maestro. Dios, nuestro Padre, puso sus palabras en la boca de Jesús; Jesús de Nazaret es la Palabra del Padre. Si nosotros escuchamos las palabras de Jesús y las ponemos en práctica estaremos caminando por el camino recto que nos lleva a Dios. Jesús de Nazaret es nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida.

3.- Os digo todo esto para vuestro bien, no para poneros una trampa. Para San Pablo, ni el matrimonio es una trampa, ni el celibato es una trampa. Lo importante es dedicar nuestro tiempo y nuestra vida al servicio del Señor, desde la vocación a la que el mismo Señor nos ha llamado. No olvidemos la situación anímica en la que San Pablo escribe este texto, pensando que el tiempo de este mundo se acababa y que volvería pronto y definitivamente el Señor. En cualquier caso, lo que Pablo dice también nos sirve hoy a nosotros. Consagremos al Señor nuestro cuerpo y nuestra alma, dedicándole todas nuestras energías y todo nuestro amor. El amor a Dios nunca puede estar reñido o ser un obstáculo para nuestro amor al prójimo, especialmente hacia aquellas personas que tenemos más cerca. Más bien, todo lo contrario.


6.- ¡NO A LA PALABRA EN CONSERVA!

Por Javier Leoz

1.- Puede que, en los tiempos que corremos, echemos en falta un cierto aire de profetismo, de renovación dentro de la misma Iglesia. Pero lo cierto es que, hoy como en tiempos de Jesús, ser profeta es ir contra corriente.

-No es fácil anunciar y defender que la vida se inicia en las primeras semanas del seno de una mujer.

-No resulta fácil defender la vida, incluso cuando la vida ha dejado de servir a los demás

-No resulta fácil diferenciar los planos de la ética a la carta, de la ética justa y moralmente buena

-No resulta fácil, en definitiva, ser valiente y decir lo que uno piensa sin riesgo de ser tachado de antiguo, carca o insociable.

-No resulta fácil enfrentarse al mal, cuando hay muchos palmeros que lo aplauden como bien y conquista de los nuevos tiempos. ¿O no?

2.- La sinagoga de Cafarnaún, lugar por excelencia de presencias sanadoras de Jesús (curación de la suegra de Pedro, del paralítico o del siervo del centurión), se convierte en los inicios de la vida pública de Jesús en un secreto a voces: ¡Éste habla con autoridad!

La Palabra de Jesús se notaba que no era enlatada, no sonaba a hueca, a ese sonido de música metalizada que tantas veces interpretan medios sintetizadores con mucha técnica pero sin alma huma. La Palabra de Jesús, lejos de haber sido memorizada, vibraba con una fuerza que le acompañaba desde su interior y que se proyectaba en el rostro. Y todo, los ojos que lo contemplaban y los oídos que lo escuchaban, se percataban de ello: era un maestro al cien por cien. De pies a cabeza. Vivía lo que decía. No era letrado, no era docto. Entonces; ¿de dónde le venía la sabiduría? ¿De dónde procedía tan alta elocuencia celestial y a la vez terrena?

3.- Jesús comienza a guardar distancias con la tradición rabínica. Ya no repite como si fuera un loro lo que le han enseñado: ahora se nota que además El lo vive y que, lejos de poner la Palabra a sus pies, es El quien se pone enteramente a su servicio.

El profetismo de Jesús, que anuncia y denuncia, comienza a tomar cuerpo en la sinagoga de Cafarnaún. Lo que creía lo decía y, lo que exponía, no siempre sentaba bien. La libertad, como siempre, -también en Jesús- tendría un precio: la muerte.

Sabía perfectamente Jesús, que su reino no era de este mundo. Que iba a ser signo de contradicción. Que, ser el Ungido, implicaba tal vez formar parte de esa gran estela de hombres que, por haberlo dicho todo, dejaron también su fama y su piel por el camino en el Antiguo Testamento.

Los maestros de la Ley leían, interpretaban la Palabra, casi se consideraban los propietarios de la misma. ¿Y Jesús? ¡Ay Jesús! En Jesús, los presentes, observaban que era la Palabra la que le poseía. Que, el Señor, era un cauce por el que fluía con todo su esplendor la Revelación. Jesús, en Cafarnaún, pone sus labios al favor de Dios. Y, Dios, ubica en la boca de Jesús la Palabra. ¿Podían esperar más frescura y más encanto en el Gran Profeta? ¡No! Y lo apreciaban: ¡Habla con autoridad! ¡No era como esa palabra congelada y desgranada con rostros interesados o postizos que se daba a todas horas y que dejaba en el estómago una cierta acidez! Ahora, al digerir esta Palabra, veían que además producía esperanza, paz, perdón, amor y sosiego.

Tal vez Jesús, si hoy apareciese y lo hiciera de igual forma que en Cafarnaún, muchos nosotros exclamaríamos: ¡Esto ha sido un sermón de campanillas!

4.- ¡HABLAME CON AUTORIDAD, MI SEÑOR!

Para que, los tantos demonios que habitan en mí,

se dobleguen ante la fuerza de tu verdad.

Y la frescura de tu mensaje,

nuevo e interpelante, comprometido y valiente

me hagan comprender

que no existe otro camino, para llegar hasta Ti,

que el de la sinceridad

el de creer y vivir lo que uno dice.

¡HABLA CON AUTORIDAD, MI SEÑOR!

Y vea yo que, tus labios,

se mueven con la fuerza poderosa de un Dios

que, por hacerte siervo de su causa,

habla a través de Ti

bendice con tus manos

mira con tus ojos

ama con tu corazón.

¡HABLA CON AUTORIDAD, MI SEÑOR!

Pues, en medio de tanta palabra vacía,

necesito de alguna que me dé seguridad

claridad en el horizonte

firmeza en mis convicciones

convencimiento para seguirte.

¡HABLA CON AUTORIDAD, MI SEÑOR!

Pues bien lo sabes

que necesito una palabra salvadora

una fuerza que me reanime de mis males

una luz que me saque de mis noches

un mandato que se imponga y venza

sobre lo que me impide ser libre

para ponerme a tus pies y poder servirte.

¡HABLA CON AUTORIDAD, MI SEÑOR!

Pues sabes que soy débil en el camino

y que otros dioses intentan

convertirse en dueños de mi destino

Amén.


7.- LA AUTORIDAD DE JESÚS

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Enseñar con autoridad. A los que asisten a la escena del endemoniado de la sinagoga de Cafarnaún parece –y así lo hace notar Lucas—les llama mas la atención que Jesús enseñe con autoridad que la expulsión del demonio del hombre que se encontraba allí. ¿O es que es la autoridad demostrada al poder mandar sobre el espíritu inmundo es lo que eleva el prestigio de Jesús? Pueden estar ligadas las dos cosas. Los rabinos –y también escribas, fariseos y hasta los sacerdotes—basaban su enseñanza en la cita de otras personas. De maestros anteriores a ellos. No es que comentaran los textos e hicieran referencia a Moisés y a los grandes profetas. No. Simplemente utilizaban palabras anteriores de otros rabinos que habían alcanzado una cierta notoriedad. Y en el contexto de esa presencia de autoridad se produce la interrupción del hombre poseído que manifiesta quien es Jesús. Le manda callar y sale… Claro para nosotros choca la existencia de tantas posesiones diabólicas en ese tiempo. Es verdad –y se ha dicho muchas veces—que en la antigüedad se creía que algunas enfermedades, sobre todo las mentales y también la epilepsia era producto de los espíritus malignos. La ciencia ha aclarado muchas cosas, pero no siempre define la maldad que genera una trasgresión muy repetida: un pecado muy repetido.

2.- Aunque ya fue reflejado en mi Carta del Editor de la semana pasada –y esa Carta se mantiene en esta edición por ser hoy muy pertinente—escribid por correo electrónico un árabe, musulmán, que buscaba un exorcista. Al parecer había conectado con un sacerdote dedicado a estas tareas, pero había salido de viaje. Cruzamos varios correos en los que yo, antes de nada, le recomendaba que rezara al Dios, único, compasivo y misericordioso. Obviamente, yo no conocía a ningún exorcista. Y sólo se me ocurrió decirle que rezara como lo hacen cinco veces al día una gran mayoría de musulmanes. Él no me contestó que fuera a rezar, solo que necesitaba esa “sanidad” –por sanación—y alegría. Decía estar enfermo de ello desde pequeño y necesitaba la “sanidad”. Pueden imaginarse como me quedé. Podría ser un loco, claro, pero no lo parecía. Podría, también, creer que era un poseído y no serlo. No lo sé. Pero el fenómeno de la posesión no es frecuente, pero sigue cerca y la Iglesia tiene expertos en ello. Y hay casos.

3.- San Ignacio de Loyola habla de discernir espíritus y que no otra cosa que saber de donde pueden llegar ciertas inspiraciones externas. ¿Es solamente nuestro interior dañado o corrompido el que trae nuestras malas intenciones? ¿Y es nuestra bondad innata la que nos lleva a realizar grandes cosas es favor de los hermanos? Pues así debe ser. Pero a veces no lo parece. Es como si algo externo nos llevara a esos procederes buenos y malos. La Iglesia no niega la existencia del Maligno, bien al contrario. Y se dice que la tendencia a decir que el demonio no existe es el mayor favor que se puede hacer al rey de la mentira.

4.- Es obvio que la ciencia ha adelantando y la investigación científica abre casi siempre un camino de verdad y certidumbre que está muy bien. Pero es obvio que el mal no desaparece, ni la crueldad, ni el empleo de la ciencia para destruir, para dañar al hermano al prójimo. No podremos decir que la epilepsia es una consecuencia de la posesión diabólica. Cierto, pero la ciencia no nos dice de donde surge el mal. Además, el mal profundo y destructor no es una subjetividad, no es una opinión o una forma diferente de hacer o ver las cosas. Es pues muy difícil dar al mar una exclusiva respuesta humana, porque en muchas ocasiones supera el propio contorno humano y parece que se adentra por otra dimensión. Además, a algunas situaciones de enfermedad, de daño físico personal se llega por adoptar alguna conducta no necesariamente buena o ejemplar. Ahí están por ejemplo las graves consecuencias físicas –y por supuesto las morales—de, por ejemplo, la adicción a las drogas. Lo que quiero decir es que si los antiguos veían el mal metafísico como origen de las enfermedades algo nos dice que, en todo o en parte, algo así puede ocurrir hoy.

5.- Interesa pues la autoridad con la que Jesús enseñaba y ello se relaciona perfectamente, con el ofrecimiento que Dios hace a Moisés y que leemos en el en el Libro del Deuteronomio. Un profeta con tanta fuerza y autoridad como el mismo Moisés aparecerá después y que enseñará todo aquello que el mismo Dios le diga. Y eso, claro, es autoridad. Ciertamente, el pueblo judío echaba de menos la importancia de Moisés y no lo veía reflejado en lo que llamaríamos

6.- El fragmento que hemos leído de la Primera Carta a los Corintios parece una defensa a ultranza del celibato, situándole a mucha distancia del matrimonio. Pero, realmente, en ese capítulo 7 de la exhortación dirigida por San Pablo a los fieles de Corintio habla en extenso del matrimonio. Incluso define en el él lo que se llama el “privilegio paulino” y que no es otro el que defiende como válido y permanente el matrimonio de cristianos con personas que no lo son. Entiende el celibato como una forma de entrega exclusiva, pero, como digo, el mencionado capítulo siete es una excelente catequesis sobre el matrimonio. Hay que entender a Pablo en la óptica de la ciudad de Corinto durante el siglo primero. Era un poco la Babilonia de aquella zona de la Acaya, y que daba a dos mares, al Egeo y al Jónico, abierta al mundo, con más de medio millón de habitantes y con una moral pública muy relajada. La idea del matrimonio cristiano, de la fidelidad matrimonial, es como una rareza para los habitantes de Corinto. En fin, hay que ver, como decía, dicho fragmento en el contexto de todo el capítulo y toda la Epístola, aunque, sin duda, Pablo preconiza el celibato, como cuestión extraordinaria, de mayor perfección.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


NOVEDADES ASOMBROSAS

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Vosotros ya sabéis, mis queridos jóvenes lectores, que cuando compráis u os regalan un cachivache de los de ahora, al cabo de poco, queda superado y anticuado. Uno de los problemas de hoy en día, es cómo deshacerse de las múltiples maquinitas que en su tiempo fueron un prodigio y que ya no sirven para nada. Constatar continuamente esta realidad os lleva a perder el sentido del asombro. Y el que no sabe o no tiene oportunidad de asombrarse, carece de facultades espirituales más valiosas que el que es incapaz de escuchar los miles de megahertzs, que su reproductor musical le ofrece, es decir es un, parcialmente, incapacitado espiritual.

2.- En clase, muchas veces, se enseña a resolver problemas, a aplicar fórmulas para cuestiones que nada tienen que ver con vuestra vida diaria. Recordáis cosas para aprobar exámenes, pero vais por la vida sin ilusiones, sin proyectos apasionantes, sin que en vuestro horizonte se otee algo enigmático, que valga la pena entregarse a resolverlo. Os proporcionan enseñanzas, las archiváis en la memoria, como quien guarda un documento en el disco duro del PC y vais constatando que vuestra vida deriva hacia el hastío. El deporte, los idiomas, las actividades extraescolares que os pagan, no llegan a satisfaceros totalmente. No me digáis que me he puesto trágico y exagero, es una realidad que constato, con la particularidad de que el desengaño y el desinterés, yacen largo tiempo latentes, sin que uno sea consciente de ello, manifestándose en los momentos decisivos de la vida, cuando es necesario tener preparación, conocimientos, fuerza de voluntad, solidaridad humana. (alerta, chicos, que os hablo de solidaridad humana, no medioambiental, ni conciencia del cambio climático que se avecina. Problemas estos que ni ignoro ni niego, pero, ¿de qué le servirá a un hombre depositar todos los desperdicios en el contenedor correspondiente, eliminar residuos contaminantes en los lugares de depósito adecuados, respetar fechas de caducidad y no vestir pieles de animales, si es insensible al compañero marginado, a la chica emigrante que nadie mira de otra manera que como hembra apetecible, a quien quiere resolver problemas de falta de orientación humana y cristiana, con el uso expeditivo de preservativos?).

3.- Voy por un momento a abandonar el terreno reflexivo, para aterrizar en detalles geográficos. El relato evangélico de hoy, sucede en Cafarnaún. Fue esta población importante en su tiempo, pero perdió su importancia estratégica, cayó en el olvido y casi se ignoró su paradero. Compraron los franciscanos de la Custodia unos terrenos junto al lago de Tiberíades y efectuaron estudios. Dos cosas interesaban principalmente: la antigua sinagoga y la casa de Pedro, donde residió Jesús. El edificio religioso que hoy visitamos no corresponde al que fue el Señor. Es de tiempos muy posteriores a los suyos. Oí un día una hipótesis que me gustó. Decía se edificó de piedra blanca, roca calcárea que no existe en el lugar, necesariamente la trajeron de lejos, era un obsequio del emperador, para borrar la memoria cristiana del ámbito donde el Señor predicó e hizo milagros. Los arqueólogos están convencidos de que el actual sigue el perímetro del antiguo, es decir está levantado sobre el de aquel tiempo, pero no hay pruebas que lo puedan asegurar con exactitud. Las calles flanqueadas por restos de los muros de las casas de algo así como un metro de altura son sin duda las que les toco pasar a Jesús, a sus discípulos, al centurión etc. El segundo objeto de interés sí que está localizado. Los restos arqueológicos de lo que fue mansión familiar de Pedro, no hay de duda que son los que vemos. Se ha trabajado con minuciosidad. Un eminente investigador, que cuando nos encontramos preparaba su tesis doctoral sobre el asunto, mostraba sus únicas dudas, nos decía que aquellos objetos metálicos que se decían eran viejos anzuelos, el defendía que se trataba de agujas de coser o remendar redes. Sin ninguna duda, tratase de lo que se tratase, eran utensilios de aquel tiempo. Puede uno, por lo tanto, calcular desde el lugar de reunión familiar, hasta el rincón donde el Señor dormía. Es una visión fascinante.

4.- Jesús no dictaba fórmulas aplicables de inmediato, ni solucionaba problemas de convivencia. Proclamaba enseñanzas que, asimiladas y aplicadas, proporcionan felicidad y éxito eterno. Hablaba con autoridad, es decir convencido, no aprendido, testimoniando lo que decía con su ejemplo. La gente se asombraba. Su predicación no era un oficio que le proporcionase medios de subsistencia, respondía a una vocación con lealtad, es decir, al encargo que el Padre le había dado. Un día que estaba hablando en la sinagoga, sorprendió a la concurrencia un hombre que interrumpía su discurso con violencia. El texto le califica de endemoniado, podía ser un demente maniaco obsesivo, un neurótico perdido, un desequilibrado mental, como hay tantos. La orden tajante del Maestro alejó su mal. Aquellos vecinos sabían pescar, modelar cerámica, sembrar, cultivar y segar. Comerciar y pagar impuestos, como todo quisque. Nunca habían visto aquel portento y se asombraron al contemplarlo. Habían visto muchas cosas, pero una cosa así nunca la habían presenciado y fue entonces cuando, vuelvo a repetirlo, se asombraron, es decir no pasaron de él, no se dijeron a sí mismos: este es su problema. Reflexionaron y sacaron conclusiones nuevas. Y las consecuencias no se las quedaron dentro de sí, hablaron de ellas, hablaron bien de ellas, por lo que la buena fama de Jesús creció. Hacer esto es muy sencillo, no obstante, es una manera de dar a conocer al Maestro, de evangelizar. Debemos seguir su ejemplo.

5.- En la primera lectura se le dice a Israel que tendrá un profeta. Se lo dice Moisés. Creo yo que si en aquel momento le era necesario al Pueblo escogido un profeta, a nuestro mundo le conviene mucho más. Y reconozco que no le faltan. Un profeta no es una persona que adivine el futuro, en ese caso sería un vaticinador, un profeta es aquel que dice, tanto si gusta como si disgusta, aquello que conviene para progresar. Hay profetas buenos, fieles a las inspiraciones de Dios y profetas que se hacen ellos a sí mismos. Hay que examinar cada caso y arriesgarse. Es una aventura. No creáis que lo son aquellos que se lo cargan todo y que parece que son ellos los que han inventado el autentico cristianismo. Se lo cargan todo y no añaden nada positivo. Hasta que se cansan y abandonan. Sinceramente os lo digo: durante mi larga vida he conocido unos cuantos de estos. Han encandilado a muchos jóvenes que han creído ver en ellos algo fascinante y luego cuando han dejado de ser admirados, halagados y han caído en el olvido, se han alejado totalmente de aquella nueva visión de la Fe de la que se vanagloriaban. El texto de hoy a lo que os he dicho le llama arrogancia y dice que serán castigados. Pero también urge a seguir a los que son auténticos. Que os diga que la M. Teresa de Calcuta, fue profeta, es archisabido, pero seguramente ninguno de vosotros puede ahora obrar como ella obraba. Que el obispo Casaldaliga también lo es, no hay duda, pero, mis queridos jóvenes lectores, vosotros ni sois obispos, ni vivís en Brasil, de manera que os debéis en este caso limitar a leer sus escritos. Pero no es necesario acudir a eclesiásticos. Gente sencilla, como aquel viejo sacristán de la película de Bergman, que le ilustraba en sus angustias al sabio párroco, gente así, abunda. Ahora bien no los busquéis en la TV, en las discotecas, ni en los campos de futbol. Tened los ojos muy abiertos a la cotidiana realidad. Es más valioso descubrir un auténtico profeta, que encontrar un filón de oro.